Capítulo10: Sabbath

Arrastró los pies por el piso de madera de su habitación, sonrió pesadamente antes de encender la luz para que el lugar se llenara de luminosidad. El sol se ocultaba en el horizonte, siempre había tenido una buena vista desde la ventana de su habitación; la misma ventana que ahora la hacia recordar a aquel "hombre".

Se sentó en la silla que estaba colocada al frente de su pequeño escritorio sintiéndose derrotada. Miró de re ojo el reloj que se encontraba sobre la mesa…La tarde daba paso a la noche y con ello a su miedo más profundo.

Simplemente se desvistió sin ánimo para ponerse la ropa adecuada antes de dormir, tratando de pensar lo menos posible en el demonio y haber si con una buena noche de sueño podía poner su mente en orden y en claro; si es que él había desistido de hacerla asistir al Sabbath.

Cuando la mullida cama acogió a su cuerpo se rindió en los brazos de Morfeo evitando por el momento que más lagrimas formaran sus ojos. Una sensación de paz la envolvió, aunque sea por ahora; pero por lo menos descansaría.

Se revolvió inquieta y abrió de golpe los ojos por el sobresalto, se reincorporó rápidamente bañada en un frío sudor. Se pasó una mano por la cara para apartar los mechones de pelo. Poco a poco su respiración volvía hacer normal…Solamente había sido una pesadilla, una horrible pesadilla.

Se rió un poco para darse ánimo y despejar aquellos fantasmas, no entendía porqué había soñado aquello, pero tampoco quería averiguando. Cerró los ojos por un momento y suspiró hondamente recordando quién era y en dónde estaba, eso siempre la hacia sentirse mejor cuando pesadillas como aquellas la atormentaban en las noches.

—Señorita.

La voz de un intruso en la habitación la hizo abrir los ojos de golpe fijándolos plenamente en aquella persona que parecía casi etérea e irreal frente a ella. El hombre al frente sonrió y extendió con ambas manos una túnica de color negro.

—El señor ordena que utilice ésto para el Sabbath de esta noche —siguió comentando aquel demonio tranquilamente al no ver ninguna reacción por parte de la humana. Ya la había visto en el palacio de su señor, con aquella mujer se había profesado amor eterno. No entendía bien el porqué de la reacción de Satán, pero él solo era un fiel súbdito y nada mas—. Alguien vendrá a buscarla cerca de una hora.

Y sin más, luego de dejar la túnica a los pies de su cama, desapareció de la misma forma en la que había llegado. Kagome la observó con minuciosidad antes de animarse a tocarla, era suave a tacto a pesar de la primera impresión. No podía dilucidar bien con qué tela estaba confeccionada pero proviniendo del Manmaden podía esperar cualquier cosa.

No quería ir, se negaba a participar de aquella fiesta a pesar de no saber bien cuál era el motivo, pero tenía una leve sospecha. Inuyasha algo le había mencionado con respecto a su amante y al Sabbath la primera noche que el pacto fue cumplido; si sus cálculos estaban en lo correcto él ofrecería ese tipo de espectáculo al frente de ella. Se tapó el rostro con ambas manos y sollozó, tenía que verlo y sufrir en carne propia lo que era que la persona que más amaba tomara como suya a otra que no era ella.

Estaba pagando por desconfiar de él, por ser tan ingenua y dejarse manipular por aquella vil mujer. Ahora nada más ella era uno de los trofeos que había en la repisa de Inuyasha.

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Se cubrió la cabeza con aquella capucha, las manos le temblaban y la sensación de soledad y miedo era constante. El lugar estaba completamente cubierto por una espesa neblina impidiendo una clara visión del mismo. Tenía la sensación de sentirse constantemente asechada desde que había puesto un pie nuevamente en este lugar y ¿cómo no sentir aquello?, si era una simple humana en un lugar poblado de criaturas sobrenaturales.

Caminó con cuidado tratando de no tropezar, midiendo cada paso que daba; tampoco ayudaba mucho que la noche sea completamente cerrada. La primera impresión que tuvo cuando vio el infierno por primera vez con sus propios ojos le resulto un lugar muy diferente a como era descrito en las sagradas escrituras, o por lo menos a lo que la gente comúnmente creía.

Sí, la sensación era escalofriante y provocaba que sus sentidos se pusieran alerta al cien por cien pero, ¿dónde estaban las llamas que supuestamente tendría que haber? Esas todavía no las habían visto, además no conocía el territorio completamente para responder aquella pregunta.

Se sintió un poco más tranquila y al parecer sus manos dejaron de temblarle, al pensar en algo inverosímil o banal logro que su cuerpo un poco se tranquilizara, aunque no dejaba de estar alerta a algún ruido que no sea sus pasos en la tierra totalmente seca y quebrada.

El espeluznante castillo del señor de los infiernos se volvía cada vez grande conforme a su avance. A pocos metros de ese lugar la niebla parecía haberse disipado por completo dejando a la vista la imagen de cientos de personas o seres igualmente vestidos que ella. Una caldera se encontraba ardiendo un poco mas halla destilando un olor algo nauseabundo para su gusto. Agachó la cabeza y se cubrió un poco más con la capucha, ella no pertenecía a este lugar y mucho más por ser humana, tenía la certeza que si llegaban a descubrir que no era bruja, hechicera o algún ser endemoniado terminaría muy mal.

Se abrió paso en lo que creyó ser un grupo de brujas o hechiceras y demonios totalmente deformados que lo único que hacían era tocarlas. Compendio por fin el significado del Sabbath, aquella fiesta que celebraba Satán y donde él junto con alguna otra mujer era el espectáculo principal y seguramente cierre del mismo.

Ahora ella tendría que presenciar aquello en primera fila.

Una mano se apoyó en su hombro sobresaltándola un poco, ladeó lentamente el rostro para encontrarse cara a cara con Kikyo con la cabeza descubierta y al parecer disfrutando el espectáculo.

—Kagome —casi había arrastrado su nombre al pronunciarlo. La miró con cinismo y sonrió de la misma forma, la joven parecía totalmente descolorida a la escasa luz del lugar; seguramente por no estar demasiado acostumbrada a este tipo de fiestas—. Como amante de él no podías faltar.

La sonrisa en aquel rostro se agrandó y sus palabras resonaron en su mente logrando hacer eco. ¿Amante?, cierto, ahora seguramente era su amante, tal y como lo era la mujer que seguía apretándole el hombro en señal de algo. La voz no le salía para contradecirla en lo absoluto, se sentía sucia bajo aquel calificativo. Los ojos de la mujer mitad ángel y demonio se despegaron de los suyos y se concentraron en las altas puertas a un par de metros donde estaban.

Muy pronto lo único que se escuchaba eran los suspiros anhelantes por la llegada del anfitrión. Un nudo se formo en su estomago cuando la figura imponente de Satán hizo su aparición. Instantáneamente bajó la cabeza y trató de que el grupo de mujeres que la rodeaban la hagan invisible.

Murmullos llegaron a sus oídos argumentando que Kikyo seguramente seria la elegida como tantas otras veces. Se convenció que era lo más seguro, pero no se quedaría a verlo. Ya había pisoteado su orgullo al cumplir a su mandato, estaba en la bendita fiesta pero no se quedaría a ver el espectáculo tan bajo que sería capaz de brindar a todos los espectadores por hacerla pagar su desconfianza.

Se giró, sería fácil escabullirse entre medio de ese mar de seres. El corazón se oprimió en su pecho cuando alguien la sujeto del brazo haciéndola girar completamente. Volvió a tenerlo frente a ella con ese aire de superioridad irrompible como un campo de energía.

—¡Ella! —exclamó en voz alta mirando fijamente los consternados chocolates de la humana. Sonrió antes de comenzar a arrástrala sintiendo el cuerpo de ella totalmente liviano, como si no opusiera resistencia a sus mandatos. Tal vez ella todavía no caía en la cuanta lo que acaba de pronunciar pero pronto lo haria…Pagaría por traicionarlo de esa forma.

Kagome fue arrojada bruscamente sobre una mesa, se quejo cuando su cuerpo chocó contra la madera y volteó a verlo desesperado ¿Acaso ella seria el…?

—¡No puedes!—gritó Kikyo colérica por encima de los murmullos. Satán le devolvió una mirada fría y sólo provoco que la sangre en sus venas se desbocara por la cólera—. No puedes, ¡es una simple humana!—volvió a gritar enajenada y los murmullos se hicieron más notorios ante la revelación de la verdadera esencia de aquella mujer.

Kagome se reincorporó un poco sobre aquella mesa y el rostro de Kikyo denotaba enfado y frustración. No podía entender cómo esa mujer, si la podía llamar de ese modo, prefería estar en su lugar; siendo la baja atracción de ese grupo de seres. Un espectáculo bajo al cual ella no pensaba participar.

—¿Te atreves a contradecirme?

La pregunta de Satán calló los murmullos, dejando absolutamente todo en el más absoluto silencio. Solamente podía observar como los fieros ojos de Kikyo y la tranquilada que aquellos ojos rojos despedía se hablaban al parecer en silencio. La pregunta de él también había sido en un tono sumamente calmo, algo completamente nuevo en el rey de los infiernos.

Kikyo ladeó el rostro indignada y no se atrevió a soltar palabra, no podía ponerse en contra a la persona que le interesaba por una simple humana. Ahora Kagome ocupaba su lugar, un lugar privilegiado para muchas hechiceras, brujas o seres de la misma esencia como la de ella. Siguió en silencio cuando volvió a mirarlo nuevamente, Satán sonrió sádico y volteó a su pequeña presa que estaba estática sobre esa mesa. Kagome pagaría por aquella humillación.

Los murmullos volvieron hacerse presente conforme al avance del anfitrión de la fiesta. Abrió la boca para suplicar que se detenga pero cuando intentó hacerlo notó como ningún sonido salía de su garganta. Lo miró horrorizada al notar como lo ojos de él brillaban en demasía clavados fijamente en ella; él estaba impidiendo que hablara.

—Espero que disfrutes siendo el espectáculo —le dijo en un tono burlón antes de obligarla a recostar su espalda en aquella mesa, sujetando sus manos al lado de la cabeza de ella para impedir que pudiera zafarse. Sonrió de lado y la besó, haciendo más presión sobre el cuerpo de Kagome. Notó como ésta movía con desesperación las brazos para zafarse de su agarre. Ante la notable desesperación de la chica ondeó el beso volviendo a probar el sabor de una boca que ahora también había sido tocada por un ángel.

Cerró los ojos y las lágrimas cayeron por sus mejillas al tiempo que sus brazos eran cruzados por sobre su cabeza para que él pudiera sostenerla con una sola mano. La mano libre de él la sintió en su pierna subiendo poco a poco aquella túnica de color negro. Sollozó aún más fuerte manteniendo con mayor fuerza los ojos cerrados, no quería ver a su alrededor. Tenía sufriente con escuchar como los murmullos cada vez eran más claros a medida que Satán la tocaba.

Ellos lo estaban disfrutando.

Abrió los ojos de golpe llevando su cabeza para atrás al ser barrida por aquella onda que provocaba en todo su cuerpo ser tocada tan íntimamente por él. El agua salada en sus ojos lograba que viera turbio aquel trozo de color azul oscuro como la misma noche que había en su mundo. ¿Por qué no se detenía?, su mente no lo entendía y también se resignaba a no entenderlo.

—Inu..yasha —lo llamó de su forma humana en un sollozo entrecortado, notó que esta vez su voz si había obedecido a las ordenes de su cerebro—.Detente —le pidió al sentir el desgarro de una parte de su ropa, su corazón se encogió y con cada actitud de él las fuerzas de su cuerpo parecían querer abandonarla.

Pronto el color rojo de los ojos de Satán abrazó a los suyos que intentaban también suplicar. Notó la ira en ellos mezclado con un sentimiento nuevo que nunca antes había visto en él

—¡Te besaste con un ángel! —le demandó a gritos tratando de mitigar aquella sensación de dolor que sentía al ser engañado por aquella humana. Detestaba ese sentimiento humano, detestaba que aquella mujer lo hiciera perder la cabeza de aquella forma y mucho más al ser una simple humana. La odiaba a ella y se odiaba al sí mismo por ser débil ante todo lo que representaba Kagome.

—No lo bese —respondió calmada volviendo a sollozar, no apartó la vista de aquel mirar ni por un segundo a pesar de lo mucho que le pesaba. La mano de él apreso su cuello cortando su respiración.

—¡Maldita sea! ¡Podrías haberte negado! —ejerció más presión dejándose llevar por la ira. Los ojos de la humana volvieron a empañarse y siguió apretando con mayor fuerza su cuello al notar como le costaba respirar.

Antes de que las lágrimas en sus ojos le impidieran ver el rostro de la persona que acabaría con su vida, le sonrió con pesar entendiendo completamente cuál era el precio que tenía que pagar por defraudarlo. El agarre pareció aflojarse un poco y antes de que finamente acabara con su vida, o se decida a hacerla nuevamente suya sobre aquella mesa, quería que sepa solamente una cosa, algo que nunca se lo diría por ser nada más que el nuevo juguete de él. Eso le pesaba, pero estaba dispuesta a comprenderlo para seguir a su lado.

—Te amo —susurró, y las lágrimas volvieron a rodar marcando nuevamente ese camino por sus mejillas hasta perderse definitivamente. Ladeó el rostro fijándose en los seres que los observaban fijamente. Ahora él podía hacer lo que quisiera con ella, ya no se negaría.

Sus pupilas se concentraron en aquel rostro pálido, el cuerpo de ella se había sumido y relajado por completo a sus dominios. Algo entraño lo invadió cuando las palabras dulces de ella llegaron a sus oídos, no pudo evitar sonreír complacido al saber por fin los sentimientos que la humana le profesaba. Rodeó el casi tieso cuerpo con sus brazos y la ayudo a ponerse de pie.

—El Sabbath se termino —hablo con voz clara notando como las pupilas color chocolate de ella se posaban intrigadas en las suyas—. Nunca más lo festejare.

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No entendía el comportamiento de él y mucho menos la actitud que estaba tomando, simplemente luego de esas palabras la cargo en brazos y la trajo hasta la habitación para recostarla en la cama. Vio como se trasformaba en humano antes de volver a observarla por largo tiempo en un mutismo absoluto.

Los ahora dorados ojos de él parecían perdidos y tristes. Como si se arrepintiera de lo que estuvo a punto de hacerle, pero ella sabía muy bien que él arrepentimiento no era algo del demonio.

Se giró dándole por fin la espalda y dejándola sola en aquel lugar. Sus ojos no se despegaron de las grandes puertas de la habitación, su mente pasaba como una diapositiva las imágenes una y otra vez. ¿Acaso él…?

Bajó de un salto de aquella cama anhelando que las sospechas sean ciertas. Corrió por el pasillo siendo más conciente del camino que debía tomar para alcanzarlo, no podía dejarlo ir así como así.

—¡Inuyasha! —gritó cuando por fin lo diviso bajando las escalares para salir del castillo. Sonrió complacida cuando él se giro a verla algo extrañado. Retomó su carrera sin importarle que un tras pie pudiera hacerla caer provocando graves consecuencias.

Solamente lo abrazo hundiendo su cabeza en aquel pecho musculoso llenando nuevamente todo su cuerpo de un calor reconfortante. Sintió como era sujetada de la cintura y ante eso sólo se alejo un poco de él para verlo fijamente

—¿Me quieres? —se atrevió a preguntar para averiguar si sus sospechas y conclusiones apresuradas eran ciertas. La cara de él pareció contracturarce procesando las palabras de la chica.

Suspiró pesadamente envolviéndola aún más en ese abrazo. Los ojos de ella brillaban esperando una respuesta y tampoco podía negar algo que se había vuelto más que obvio no sólo para la humana. Chocó su frente con la de ella y sonrió como era de costumbre, total de ahora en adelante Kagome estaría completamente a mercedad de él y él de ella. Por fin tenía que reconocer que la pequeña quinceañera era todo lo que quería en su vida, aunque por ahora no se lo diría.

—¿Tengo que responder esa pregunta? —le dijo en un murmullo juguetón rozando los labios de ella con los suyos. La escuchó suspirar ante la efímera caricia, entre lo dispuesta y lo molesta.

—Pero… —Intentó quejarse pero los labios de él apresaron los suyos en una caricia correspondida de inmediato. Se aferró con mas fuerza al abrazo cuando poco a poco el cosquillo en su estomago volvió sumiéndola en una atmósfera de ensueño. Lo amaba con su alma y a pesar que él no se lo dijera con palabras sentía aunque sea un cariño por ella—. Te amo —le repitió cuando logro separarse de sus labios antes de que definitivamente en sus brazos perdiera la cabeza.

Escuchó una risita arrogante y volvió hacer presa de un beso cargado de deseo y ternura que le resulto completamente efímero.

—Ha,y pequeña…Tendría enserio que matarte por tenerme a tus pies —se quejó fingiendo molestia mientras besaba el cuello de la mujer presa en sus brazos—. Pero no es lo que tengo en mente.

—¿Y qué es lo que tienes en mente? —siguió el juego de Inuyasha olvidando por un momento lo rápido que su cuerpo despertaba a una simple caricia de él.

—Hacerle el amor en mi habitación —sentenció mirando las pupilas algo brillantes de la humana al igual que las suyas. Se rió ante vista de aquella tonalidad roja que formaban sus mejillas cada vez que se avergonzaba.

La besó con ahínco provocando que nuevamente Kagome se vuelva tan sumisa y relajada en sus brazos como lista para obedecer cualquier mandato.

Sonrió ante el beso cuando comenzó a subir las escaleras sin separarse de ella.

No la quería…la amaba.


Bueno gente recien salido de mi compu este capi, el penultimo... El fic ya se nos termina en el proximo capi, aunque estoy en duda si hacer un epilogo o no; eso mas que de mi depende de lo que ustedes quieran... Gracias como siempre por los reviews leo todos y cada uno

Con el comentario de la cajita feliz de "Peko-chan" me mate de la risa xD

Bueno ya saben que si quieren un epilogo eso es a votacion, sino cierro el fic el proximo capi...

Nos vemos

Lis-Sama