Basado en las novelas de J.K. Rowling, Harry Potter!

Nacer por ti, Morir por él

Séptimo Capítulo: "Mi pequeña obsesión"

Por Jane.Camui

El silencio inundaba cada uno de los rincones de la sala donde un chico de anteojos descansaba. Aquella noche James no pudo dormir, se desveló con aquel extraño sueño. Cada vez que cerraba los ojos no veía más que tinieblas y muerte, un pesadilla que lo molestaba cada vez más firmemente y por más que tratara de evitarlo no podía dejar de sentir la sensación de preocupación, aunque su conciente le repitiera una y otra vez que no era más que una pesadilla y que no tenía que tener necesariamente relación con la realidad.

Suspiró y retiro las mantas que cubrían su cuerpo. Derrotado por la pesadilla se puso de pie en busca de un vaso con agua. A su lado, en el piso y muy quieto, se encontraba su mejor amigo, Sirius Black. Un poco más allá y con las mantas hasta el cuello se encontraba su otro amigo, Remus Lupin. Cada uno de ellos significaba una parte importante en su vida, las personas que lo hacían ser quien era.

Pasó cerca de la escalera que llevaba a los pisos superiores, sonrió tristemente al recordar los sucesos de la noche anterior. Cada una de las lágrimas de la mujer parecían grabadas en su corazón, cada lamento, cada congoja le partía el alma de una forma lenta y dolorosa. "Si yo me siento mal, ella se debe sentir morir" pensó dirigiendo su vista a la escalera al detenerse delante. Pensó en ella, en como dormiría con pequeños sollozos derribando el silencio de la habitación que James y Sirius le habían cedido. La pensó recostada con los ojos cerrados, siendo poseída por el sueño... con los ojos rojos de tanto llorar... con sus manos apretando la de James, siendo invadida por la soledad y con un aire de fragilidad.

-Lily...-susurró.

-No podemos hacer nada...-dijo la voz de Sirius desde la sala.

-Lo sé...-respondió Lupin.

El muchacho de anteojos entró a la cocina, tomó un vaso y con cierta brusquedad lo llenó con agua. Volvió al pasillo que daba a la sala y se apoyó en la pared mirando nuevamente la escalera, como si esperara que en cualquier momento ella bajara con la sonrisa fija en aquel hermoso rostro que tenía, con la felicidad que desde hacía unos meses parecía haber perdido. Desde que Annie se marchó, desde que Él le comenzó a quitar todo lo que para ella era importante. Apretó cada vez con más fuerza el vaso... sintiendo como el odio se apoderaba de su cuerpo, como el enojo se reflejaba en sus ojos... el vidrio parecía ceder ante la fuerza... Una mota de rencor emanaba de su piel, trastornando sus pensamientos y alterando sus sentimientos de manera profunda y romántica...

Un ruido de cristal roto llegó a los oídos de los dos chicos que se encontraban en la sala. El sonido los sacó de un salto de la bolsa de dormir y con agilidad llegaron al inicio de la escalera con las varitas en las manos y listas para lanzar el primer maleficio. Al ver a James con la mano ensangrentada y el charco de agua junto a pequeñas gotas rojas que manchaban el piso, ambos no pudieron evitar un suspiro de alivio.

-Pensé que había entrado alguien-dijo Sirius al mismo tiempo que hacía aparecer un paño de la nada.

-Lo siento-fue todo lo que dijo el pelinegro mientras sostenía el paño que Sirius le tendía.

-Qué ocurre James?-preguntó Lupin mirando a su amigo con preocupación.

-Nada...-respondió vagamente.

Sirius miró a Lupin encogiéndose de hombros. Movió la cabeza en señal de resignación, le dio unas palmadas en el hombro a su amigo. Lupin movió la varita y limpió el agua, el cristal y las gotitas de sangre. James seguía apoyado en la pared, limpiando vagamente su herida. No muy conciente de lo que estaba pasando a su alrededor.

-Ohh! Vamos!-Dijo Sirius poniendo los ojos en blanco. James levantó la vista hasta la de Sirius y pudo ver la cara que su amigo ponía-Deja de estar aquí mirando como idiota el vacío. Ella está arriba, sola y triste... te necesita¿No la escuchas sollozar?

James se quedó en silencio, agudizando el oído. Y lo escuchó... Lily, Lily estaba llorando. Con un solo impulso subió toda la escalera, tratando de hacer el menor ruido y al mismo tiempo causando tanto estrago a su alrededor que pensó despertaría a toda la cuadra, pero aquello no le importó, solo quería llegar junto a la chica. Acurrucarla junto a él, quitarle todo el dolor y transmitirle tranquilidad. Cuando llegó junto a la habitación, puso el oído junto a la puerta para escuchar lo que ocurría dentro. El llanto de la chica era inconfundible...

Se propuso entrar, había puesto la mano en la manija y la giró con cautela, pero luego se sintió como un idiota. Era obvio que ella iba a llorar, no era para menos... sus padres habían muerto, se encontraba en medio de la nada, su mente no la dejaría descansar durante días recordándole una y otra vez que estaba abandonada en un mundo cruel y triste... Cerro silenciosamente. Se dejó caer junto a la pared. Se quedó allí escuchando los lamentos de la muchacha, velando por ella en secreto.

A la mañana siguiente, Lily no salió de su habitación. Sirius no paraba de recibir a todas las personas que visitaban la casa, profesores, aurores, miembros del ministerio, brujas desconocidas, magos paradójicos y bichos extraños.

Lupin contaba a todos lo que había ocurrido mientras Sirius gritaba de la puerta uno que otro dato que Lupin estaba pasando por alto. La señora Lupin servía tazas de té a todos y el padre de Remus hacía todo lo posible por mantener el orden dentro de la sala.

Hacia el medio día, Lily seguía encerrada en la habitación sin dar señales de vida. James estaba desesperado. Se paseaba delante de la puerta como un perro esperando a su presa. Apoyó, como ya había hecho la noche anterior, el odio en la puerta esperando escuchar alguna señal. Pero todo parecía muerto. Sin pensarlo dos veces, abrió la puerta y develó lo que no había dentro de ella...

-Lily!-Preguntó James mirando la ventana de la habitación abierta y las cortinas ondeando por causa del viento. Su mente trabajo el doble de rápido de lo que correspondía. Corrió escalera abajo y tomo a Sirius de un brazo, lo arrastró hasta la habitación de la colorina.

-No está! No está, Sirius!

-Qué quieres decir con eso que no está?-le preguntó al mismo tiempo que intentaba no caer por la escalera.

-Ella no está, se lanzó por la ventana!-Dijo James apurando el paso de manera sorprendente.

-QUÉ!-gritó Sirius abriendo mucho los ojos.

Ambos chicos entraron el la habitación. James se quedó junto a la puerta, mirando la ventana abierta. Sirius se paró a unos centímetros de esta, temiendo mirar hacia fuera. Lupin, que apareció segundos después atraído probablemente por el grito de Sirius miró a sus dos amigos buscando una explicación. Solo le costo un par de segundos más entender lo que ocurría. Con la mirada buscó a la chica por la habitación...

-Dónde está?-preguntó pálido.

-Salto...-fue todo lo que dijo Sirius.

-Saltó?-preguntó en un susurro Lupin.

Vio como Sirius asistía con la cabeza lentamente. Lupin dirigió su mirada a James que parecía a punto de caer muerto. Remus pensó que hacía considerables esfuerzos para contener las lágrimas. Fue conciente de que apretaba sus puños más de lo que un ser humano en condiciones normales haría. El mismo no sabía que hacer o que decir. ¿Lily había saltado por la ventana¿se había matado?

-No... no es verdad...-dijo el castaño moviendo la cabeza de un lado para otro.

-No está Lupin-dijo Sirius aún mirando hacía la ventana.

Así los encontró Peter, los tres chicos casi hipnotizados por la imagen de la ventana abierta, mientras unas blancas costinas parecían danzar junto al viento. Ninguno con la suficiente valentía para mirar por ella y constatar si el cuerpo de la colorina estaba enterrado en la nieve. Quizá con un charco de sangre y más blanca que la nieve misma. Peter frunció el entrecejo y se paró junto a James, miró hacia la ventana con aire de no entender lo que ocurría.

-Qué se supone que estamos mirando?-preguntó con cautela.

-Li...-Logró decir James.

-Li...?-repitió el muchacho haciendo una mueca, como si eso le permitiera atar cabos-Li qué?

-Ly-terminó Sirius.

-Lily-Apuntó Lupin caminando hacía la ventana, pero lo suficientemente lejos para no ver lo que no deseaba saber.

-Lily? Qué tiene Lily?-preguntó el regordete aún sin entender.

-Lily saltó!-Gritó Sirius perdiendo toda la paciencia.

Peter se quedó petrificado, pero al momento siguiente salió corriendo escalera abajo gritando a los cuatro viento.

-LILY EVANS SE MATÓ!-reveló a todos los presentes. Se escucharon gritos ahogados, el ruido sordo de la porcelana rota, el eco de sillas arrastrándose, el caminar apresurado de alguna que otra persona.

Todo iba demasiado rápido, gente corriendo de un lado para otro, sin saber como reaccionar ante los hechos, tropezando unas con otras, una mujer llorando desconsolada en una esquina de la habitación, la mitad de las tazas rotas en el suelo. Peter había caído desmayado en medio de aquel tumulto. Dumbledore entró en medio del desorden, miró a todos lados...

-Disculpe-dijo a un hombre que escribía apresuradamente un nota-usted podría...

Pero el hombre se hizo a un lado al terminar de escribir la carta. Dumbledore se acercó entonces a la mujer que lloraba.

-Lamento molestarla...-dijo con voz leve-podría decirme donde...

-Ahhhh!-dijo la mujer sollozando aun con más fuerza y tapando su cara con las manos. Dumbledore pensó que sería mejor no seguir intentando con ella. Finalmente, un poco más allá, cerca de la puerta de entrada, vio al señor Lupin.

-Lupin-dijo con voz potente para que lo escuchara-Me harías el favor...

-Es horrible-dijo el hombre moviendo lo cabeza en señal de negación.

-Lo sé...-respondió el mago de edad con paciencia-pero necesito que tú...

-Quien lo iría a pensar...-suspiró el señor Lupin.

-Lupin, por favor!-dijo Dumbledore al mismo tiempo que levantaba las manos.

-Era un tan buena chica...

-Alguien aquí sería tan amable...

-Cómo pudo terminar así?

-Necesito que alguno de ustedes...

-Tenía tanto que hacer aún, una vida fabulosa...

Haciendo gala de los buenos modales que tenía, se retiró resignado y pensando que todo aquello tenía muy poco de sentido. Nadie conocía a los señores Evans que él supiera, y le sorprendía que se tomaran la muerte de la pareja como algo tan personal. Se sentó en una de las escalas y sacó el tan ansiado sorbete de limón. Todos estaban medios locos, sordos y escandalosos. No le prestaban atención, así que pensó que esperar a que alguien tomara la cordura como actitud para poder conseguir lo que tanto ansiaba saber era la mejor solución. Escuchó unos pasos aproximándose. Miró hacia arriba y vio a Remus Lupin pálido como el pergamino y con los ojos inexpresivos.

-Señor Lupin?-dijo levantándose, ayudo a Lupin a terminar de bajar las escaleras-que le ocurre?-preguntó mirando evaluadoramente sus ojos.

-Lily...-dijo casi sin voz.

-Qué tiene la señorita Evans?-preguntó guiándolo a una silla vacía.

-Esta... esta...-dijo Lupin mirando sus manos temblorosas-muerta?

-Es una pregunta?-dijo Dumbledore poniéndose serio-tenía entendido que la señorita Evans estaba aquí, y si no me equivoco esta tu casa Remus.

-Lo... lo sé...no, no era una pregunta.

-Está afirmando que la señorita Evans está muerta?

Lupin terminó asistiendo con la cabeza. Dumbledore, que se había hincado al lado de Lupin, se levantó lentamente. Miró a todos lados, comprendiendo lo que ocurría. Suspiró con ímpetu y caminó con paso firme hacia la escalera. Subió por ella sacando la varita mágica. Llegó junto a la habitación donde Sirius y James estaban. Los encontró afuera de la pieza, demasiado tristes como para bajar al primer piso. Tensó el rostro, pues un amago de sonrisa parecía haberse formado. También, al igual que todos, fijó su vista en la ventada de la habitación. Pero ahora había algo diferente, una lechuza rojiza había aparecido. Miraba con ojos tristes, movía el pico de modo que un leve sonido salía de su garganta, quizá lloraba, quizá estaba dando una señal de cansancio. Dumbledore le hizo una leve reverencia con la cabeza. James y Sirius miraban el suelo... El profesor nunca los había visto tan abatidos. Dio un apretón en el hombro a cada uno.

-Qué pasó?-preguntó en voz baja.

-Ella saltó-dijo Sirius con voz tomada.

-Saltó...-repitió James abriendo los ojos, parecía un poco demente. Dumbledore carraspeo y fijó su vista nuevamente en la lechuza que ladeó la cabeza.

-Quien de ustedes vio el cuerpo?-Dijo el profesor al momento de mirar nuevamente a sus alumnos.

-Ver el cuerpo?-dijo Sirius levantando la vista hasta el anciano hombre-Usted de verdad cree que podríamos acercarnos siquiera unos metros a su cuerpo?

-Pues si me está diciendo que ella saltó y si el señor Lupin me apunta que Lily Evans está muerta, alguno tiene que haber visto el cadáver.

-Dumbledore!-Dijo Sirius algo alarmado. Albus pasó por alto el hecho de que Sirius lo había llamado por su nombre sin anteponer la partícula "profesor"-Ella saltó por la ventana, no estaba en la habitación, solo la ventana abierta... no necesitamos nada más para confirmar lo que es verdad.

La lechuza soltó un chillido. Dumbledore movió la cabeza en señal de negación. Creyó que quizá el frío les afectaba las neuronas o que los sucesos del día anterior les había alterando las realidades.

-De acuerdo...me acercaré para ver el estado del cuerpo-

-NO!-gritó Sirius poniéndose entre la puerta de entrada a la habitación y el profesor.

-Por qué no señor Black?

-Ella era nuestra amiga...

-y eso que tiene que ver?-preguntó con paciencia.

-James!-dijo Sirius mirando a su amigo, buscando apoyo. El muchacho de anteojos se encogió de hombros y se hizo aun lado, dándole la espalda. No había sido capaz de mirar por le ventana, solo imaginar el cuerpo frío de la muchacha le hacía desear la muerte. No podía imaginar una vida sin ella, sin sus duras palabras, sin su grosera forma expresarse con él. Sin aquel aire soñador, con esos hermosos ojos verdes, sin su pelo rojo ondeando en el viento...

-Esta muerta...-dijo en voz alta para si mismo, tratando de convencerse.

-Muerta eh?-dijo la voz de Dumbledore a su espalda-muerta... me preguntó si los muertos tienen la costumbre de caminar... Claro, eso puede ser, si es un Inferi, pero no creo que ella lo sea ¿o sí?

-De que está hablando?-dijo Sirius.

Una risa femenina rompió la tensión del grupo. James creyó que se volvía loco, escuchaba su risa tan real y tan cercana. La sentía cerca... Se giró y miró a su amigo. Sirius tenía los ojos como plato. Él también había escuchado la risa de la muchacha... eso quiere decir que...

-vaya! Tampoco ríen ¿verdad?-dijo Dumbledore notablemente divertido-y temo que ella se está partiendo de la risa.

-Tu no viste el cuerpo...-Susurró Sirius a James, frunciendo en entrecejo-y Dumbledore, cuando entró en la casa, tampoco.

-Debo decir, antes de que el Señor Black le quite los ojos a su compañero de clase, que la señorita Evans, que en estos momentos se destornilla de la risa, estaba teniendo una conversación conmigo.

-Idiota-dijo Sirius con los ojos grises fijos en los de su amigo.

A James no le importó la molestia de Sirius, no le importó que Dumbledore lo considerara un torpe, no le importó que todo el revuelo causado fuera culpa de un error cometido por él. Solo quería abrazar a la chica, no apartarla nunca más de su lado, protegerla y darle todo lo que ella quería. Sintió tal alivio al verla al otro lado de la puerta, partida de la risa en una cama, que no fue plenamente conciente de sus movimientos. Cerró la puerta con un solo golpe, se dirigió a la muchacha y con la fuerza que solo un experto jugador de Quidditch puede adquirir, la tomo de una mano y la abrazó. Lily abrió los ojos hasta más no poder de la sorpresa. Sentía nuevamente sus cálidos brazos en rodeando su cuerpo, de manera afectuosa y algo posesiva. Las mejillas le ardían e imaginó el rojo de su rostro. No sabía donde meter las manos, que en esos momentos parecían sobrarle. Sin saber donde ponerlas o donde ellas misma podría esconderse, sintió como James la apretaba con más fuerza. Podía sentir su corazón palpitando junto al de ella de manera descontrolada. Sentía su respiración, algo sobresaltada, junto a su odio. Su cuerpo perdió la movilidad, atontada, extrañada, sobresaltada... Los labios levemente abiertos causa de la sorpresa.

-Estúpida...-susurró James cerrando los ojos con fuerza.

-Ja... James?-dijo la colorina entorpecida.

-Tonta-dijo aún en voz baja-por qué eres así?

-No... no...-Dijo Lily tratando de mantener la calma y rogando por qué él no notara lo agitado que estaba su corazón-No entiendo... James?

El no habló, se quedó allí, abrazándola... durante largo rato, sin prestar atención a los gritos del exterior, quizá de euforia, quizá de rabia, molestia o alegría. Perdido en el cabello de la chica, sintiendo el estallido de su corazón, conciente de que ella estaba junto a él, con vida. El temor de perderla, de saberla lejos y de no poder verla nunca más, aunque fuera lejanamente, le traicionó los pensamientos, llevándolo a conclusiones apresuradas. Pero estaba contento por eso, feliz de saber que no era cierto, que su pesadilla no se había hecho realidad. El constate idea de que su visión se podría volver un hecho existente lo volvía loco... Pero no, allí estaba ella. En sus brazos, viva...

-Por qué eres así conmigo?-preguntó con voz más firme y alejándola un poco de él para mirarla a los ojos. A eso hermosos ojos verdes. Tomo sus brazos para que no se apartara.

La miró serio, directo a los ojos. Lily se quedó petrificada al sentir como sus penetrantes ojos castaño claro la hacían sentir vulnerable. Le soltó un brazo y con su mano corrió uno de los mechones de su rojo cabello, despejando una desus mejillas. La acarició de manera suave y cuidadosa. Lily sintió un escalofrío al sentir el contacto. El estómago dando vueltas dentro de ella, saltando, y su mente que le pedía a gritos que reaccionara, pero ella estaba absorta en sus ojos, perdida en el mar castaño que tenía delante de ella. Sintió como la otra mano de James acariciaba su otra mejilla, y él aún allí, pendiente de su reacción... Se acerco lentamente a su labios, y los rozó, logrando un sobresalto de la colorina, pero no fue suficiente para que la alejara de él. Ni ella misma deseaba alejarse. Cerró los ojos, dejándose llevar por sus cariños.

-Lily...-susurro en sus labios-Lily Evans...

¿Por qué¿Por qué tenía que mencionar su apellido? Los verdes ojos de Lily comenzaron a llenarse de lágrimas... Cuando James notó esto ya no esperó más... Posó los labios en los de Lily. La besó tiernamente al comienzo, presionando con cautela sus labios, tratando de demostrarle con aquel simple gesto todo lo que su corazón sentía, todo lo que ella no creía. Tratando de transmitirle lo que ninguna otra chica le hacia sentir, enseñándole que todo en ella era perfecto, su forma tímida de responder al beso, la forma virginal que tenía de tomar sus labios entre los suyo. Infantil en algún grado, tratando de pedirle que jamás la dejara sola, y el tratando de hacerle entender que ella era su mundo y sin su mundo el no existía. Entregándole el goce que experimentaba al verla sonreír...Lily posó sus manos sobre las de James, que aún aferraban el rostro de la chica. Sintiendo aún la profundidad del beso... Hasta que finalmente, la necesidad de aire, los separó.

James no despego sus ojos, tratando de gravar aquella sensación en su mente. Lily bajo la vista hasta sus pies, avergonzada. Pero cuando escuchó la risa de James, la vergüenza incrementó. Lo miró, reía placidamente, aún con los ojos cerrados, y sus manos junto a las de Lily. Ella quiso salir de allí, esconderse y rogar para que nunca la volviera a ver.

-Tranquila...-dijo James al parar de reír y la atrajo hacia si-No me rió de ti, no...-Lily apoyo su cabeza en el pecho de él, escuchó su corazón palpitando. Sonrió, feliz...

-Entonces de qué?-preguntó tímidamente.

-De lo mucho que te quiero, de lo estúpido que me siento a tu lado, lo que eres capaz...

-Qué quieres decir?-preguntó la colorina, dijo levantando un poco la cabeza.

-Lily, Siempre creí que era impasible, una persona a la que los sentimientos del resto no le afectaban. Incapaz de amar tanto a un ser humano-Lily se sorprendió un poco al escucharlo hablar de esa manera-pero cuando me di cuenta de que estabas allí, junto a mí en una sala de clases, mi mundo se derrumbó. Descubrí que no era todo poderoso, que era un sujeto endeble, con defectos y cualidades como el resto y sobre todo que tenía una debilidad, extraña por cierto, pero que podía hacer de mi vida un infierno o, en el mejor de los casos, un sueño.

-Sigo sin entender la parte graciosa...

-Jajajajja! Lily, tú eres aquella debilidad, mi pequeña obsesión...