Historia basada en las novelas de J.K Rowling

Nacer por ti, Morir por él

Capítulo treinta y tres: "James, sálvame".

Por Jane.Camui

-Sophie! Por favor, amiga...-decía desesperada Lily. Aferraba el cuerpo inerte de la castaña como si su vida dependiese de ello. Estaba asustada y tenía una pésima corazonada. Golpeó las mejillas pálidas de Sophie no consiguiendo nada, salvo aumentar su nerviosismo.-despierta!-rogaba.

Decidió dejarla allí y correr para pedir ayuda. Dejó el cuerpo con delicadeza sobre la tierra y se levantó.

Se giró.

El corazón se le detuvo. Frente a ella y con la varita apuntando directamente a su corazón, estaba unos diez magos, todos con capuchas y máscaras cubriendo su rostro. Lily dejó salir un grito ahogado.

-Buenas Tardes, Lily Evans-dijo una voz que le resultaba terroríficamente familiar. El cuerpo encapuchado que parecía presidir al grupo se acercó mientras los otros formaban un circo alrededor de ellos.

No muy lejos de allí, oculto tras unos arbustos, estaba Severus Snape maldiciendo por no haber sido lo suficientemente rápido. Quizá, si hubiese llegado cinco minutos antes, podría haber logrado que Lily escapara sin que se notara que él la ayudaba, pero ahora era prácticamente imposible. Los mortífagos tenían ordenes muy claras: Atrapar a Lily, hacerla presionara.

Snape observó como la pelirroja incapacitada por el miedo, avanzaba lentamente hacia atrás, tratando de alejarse del hombre que se acercaba a ella. Lily negaba con la cabeza y Snape pareció percibir el destello de unas lágrimas en sus mejillas.

-Ven Lily-dijo el hombre tendiendo su mano hacia ella-Ven con nosotros y tu amiga no tendrá que pagar con su vida.

Lily sentía que las palabras no le salía. Aquella voz... era inconfundible. La atormentaba en sueños, la seguía cuando estaba sola y parecía oírla cuando la noche caía. Era Adolf. Los ojos dorados que sobresalían por la máscara lo afirmaban. Era, en pocas palabras, su peor pesadilla. Sus mayores temores se hicieron realidad. Ella, atrapada, siendo obligada a hacer quien sabe que cosa. James... muerto... Igual que sus padres... No, no podía ser verdad.

-No seas tímida, Lily-dijo el hombro acercándose más, lentamente-únete a nosotros. El señor tenebroso puede ofrecerte mucho más que Dumbledore y toda la gentuza que frecuentas. Mi Lord es capaz de concederte riquezas-se acercó un paso más-puede incluso, darte poderes inimaginables-ya estaba a poco centímetros de ella y Lily se había detenido bruscamente cuando casi tropieza con el cuerpo de Sophie-pero sobre todo, puede devolverte lo que más quieres...-Se acercó hasta el oído de la pelirroja y haciendo desaparecer su máscara con la varita susurró-tus padres.

Pareció, que al escuchar esas palabras, Lily se quedó sin aire. Adolf la miró atentamente mostrando una sonrisa malvada. Los ojos cristalinos de la chica imploraban por una salvación, por cualquier cosa que la ayudase a no sucumbir ante lo que él le decía. No rendirse ante la tentación...

-Eso no es verdad...-logró decir débilmente. Adolf no la tocaba, pero estaban muy cerca. Sin apartar sus ojos de los de ella.

-Lo es-aseguró-lo es. Yo he sido testigo del gran poder del amo de las tinieblas. Si vienes conmigo, esta misma noche podrás tener a tu papá y mamá junto a ti. Incluso él, en agradecimiento de tus servicios, podría entregarte una vida eterna.

-No...-negó la chica. Se resistía, pero los recuerdos dentro de su cabeza la estaban torturando. Era como si alguien le hubiese echado un encantamiento para que ella no pudiese pensar en otra cosa que en el rostro sonriente de los señores Evans. Lily se tapó los oídos, como si aquello le impidiese escuchar las voces de sus padres.

-No seas necia, Lily-le decía cada vez más fuerte Adolf-prefieres morir?!

-SI!-gritó. Se estaba sintiendo débil y las piernas parecían no poder sostenerla más. De a poco fue cayendo al suelo, con sus manos en sus oídos y la cabeza refugiada en sus brazos.

-Aun muerta servirías a mi amo...-le dijo Adolf. Se había agachado, siguiendo a Lily. Tenía los ojos fuerza de sus orbitas y apretaba los dientes mientras hablaba-aun muerta...

De un momento para otro, Lily sintió un dolor terrible, como si miles de cuchillos ardientes la atravesaran. Alguien estaba utilizando contra ella el maleficio cruciatus. Sentía que perdería la cabeza, nunca en su vida había experimentado dolor como aquel.

Snape, contemplando como Lily se retorcía de sufrimiento y gritaba, apretó una rama. No era capaz de salir de allí y ayudarla. No podía hacer nada por la chica que durante tanto tiempo había sido su alegría, su única esperanza. No podía ir y detener la tortura. Sus ojos se llenaron de lágrimas por unos segundos. Sentía impotencia, de haber sido uno de los cómplices, de estar metido en todo eso. De causarle daño a algunas de las personas a las que más apreciaba. Partiendo por Lily y terminando en...

-Llévensela!-exclamó Adolf contemplando con furia como la chica, que luego del maleficio imperdonable, quedaba sentada en el suelo con la respiración agitaba y gimiendo de vez en cuanto.

Lily nunca había sentido tanto dolor en su vida, jamás había deseado que la mataran para evitar aquel terrible sufrimiento, porque eso era lo que se pasaba por su cabeza cada vez que el hechizo caía sobre ella. Era como si la muerte fuese la única salvación

-enciérrenla!-Antes de que dos de los mortífagos se acerca para tomarla por los brazos, Adolf se acercó hasta rozar los labios de ella-te guste o no, serás mía y servirás al mago más grande de todos los tiempos...

Lily se estremeció ante sus palabras y apretó más sus oídos para que la voz de ese hombre no llegase a ella. Sintió como dos personas la tomaban con brusquedad causándole daño. Antes de que cayera inconciente, vio el cuerpo de Sophie tendido sobre aquel páramo.

"James, ayúdame por favor" fue lo último que pensó "James, sálvame"

o.o.o.o

-Cómo que Voldemort tiene a Lily?!-vociferó Sirius sosteniendo con fuerza el espejo.

-No sé como, pero han conseguido atraparla. Narcisa se estaba haciendo pasar por ella, pero James la descubrió de inmediato y por lo que Narcisa dice también tienen a Sophie. Tenemos que encontrarlas. James está fuera de si!

-Dónde están?-preguntó Sirius con decisión, pero vio una imagen difusa y luego el rostro con anteojos de James lo observó desde el otro lado del espejo.

-Hay que avisar a Dumbledore. El tiene que saber encontrar a Lily y a Sophie!-dijo pasando por alto la pregunta de su amigo.

-Calma, Cornamenta-Sirius pensó rápido, en los momentos más extremos su mente trabaja muy deprisa-escucha, dile a Remus que vaya a Hogwarts. Solo le creerán a él. Si va alguno de nosotros dos, de seguro pensarán que es una broma-a pesar de lo rápido que hablaba, se le entendía fuerte y claro.

-Pero Meg?-intervino Remus-dónde está? Puede estar en peligro.

-Ella está conmigo... Oh! Demonios!-dijo Sirius observando a la chica sentada en la cama-está con su imagen normal. Se ha transformado en ella.

-Que quieres decir?!!-gritó James-Que meg...?

-Ha vuelto a ser Annie-terminó Sirius.

-Es demasiado arriesgado-dijo Lupin-no se puede quedar sola estando los mortífagos cerca. Si la atrapan... ella es la que corre más peligro.

James le quitó el espejo a Lupin y miró a Sirius con una mirada que nunca antes le había dirigido. Era la más decidida que en su vida había visto, pero al mismo tiempo daba miedo.

-Debes quedarte con ella. Si es posible, llévala a Hogwarts y si es más posible incluso, déjala junto a Dumbledore. Remus se queda conmigo y tu avisas.

-Pero...-no quería dejar a Annie, pero tampoco deseaba que James y Remus fuesen a la pelea sin él. Ambas cosas eran peligrosas y las personas... demasiado importantes.

-No te preocupes-dijo Remus tratando de entregar seguridad-no ocurrirá nada malo. Estaremos a salvo.

Sirius asistió con la cabeza. La imagen del espejo desapareció y volvía a reflejar el atractivo rostro de Sirius. Miró a Annie que se aferraba a uno de los pilares de la destartalada cama, parecía pálida y cansada.

-Lo siento...-dijo Sirius ayudándola a ponerse de pie, pero Annie se hizo a un lado con notable esfuerzo.

-No importa-respondió Annie evitando mirarlo a la cara. Pareció meditar por unos segundos, mientras Sirius se extrañaba. Al fina, habló, pero su voz denotaba una renovada determinación-Tienes que ir donde James y Remus. Debes ayudar a Lily y Sophie.

-No!-dijo Sirius sin pensarlo-Tú y yo iremos donde Dumbledore. Allí estarás segura. Ellos están buscándote a ti¿Para crees que vienen?

-Por eso mismo!-trató de hacerle entender-Si ellas deciden no hablar, no delatarme, pondrán su vida en riesgo. Ellas te necesitan más que yo en estos momentos. Yo puedo avisar en Hogwarts-pero Sirius negaba con la cabeza.

-No, no, no!!-decía reiteradas veces. Se levantó de la cama-Deja de hablar estupideces y levántate!-la reprendió.

-Tienes que hacerme caso!-imploró la pelinegra.

-Estás loca o qué?!-decía exasperado-No te voy a dejar!!

-Sirius, por favor!! Es que acaso...-pero Sirius le tapó la boca con la mano. La tomó y con brusquedad y la hizo quedar detrás de él. Había escuchado un ruido, algo que se rompía. Annie, con temor e inconcientemente, se aferró a Sirius. El chico de pelo negro afirmaba su varita sin temblar, manteniéndola en alto y con seguridad.

Era como si alguien estuviese intentado entrar en la casa de los gritos, como si estuviesen forzando la madera para crear una entrada. Sirius, soltándose de Annie, se dirigió a la puerta de la habitación con paso lento y tratando de que fuera suave, para no provocar ruido. El polvo acumulado que cubría el suelo era de gran ayuda. Al llegar junto a la puerta, la abrió despacio. Annie se tapaba la boca con las manos y tiritaba levemente. Sirius rogaba para que solo fuesen estudiantes que, creyendo en la leyenda del fantasma furioso que habitaba la casa de los gritos, estuviesen jugando con su valentía.

Ahora se escuchaban apresurados y el sonido de una cadena. Algo que caía fuertemente, unos cuchicheos y nuevamente pasos.

-silencio...-dijo Sirius en un susurro. Ya no se escuchaba nada. Se acercó rápido a la ventana y vio como dos hombres salían y se metían en el bosque. Al parecer, la casa de los gritos, había vuelto a quedar vacía, salvo por Sirius y Annie.

-Por favor...-susurró Annie tomándole una mano-ve donde James y Remus, ayuda a Lily y Sophie.

-No Annie-dijo con decisión. Aquellos dos hombres habían sido mortífagos, estaba seguro. Llevan capuchas y la cara enmascarada. No había dudas. Miró a Annie y viendo sus ojos que le rogaban para que le hiciera caso, negó con la cabeza.

Annie retiraba la mano que había aferrado la de él, pero Sirius se lo impidió. La tomó con fuerza, pero sin causarle daño. Sirius no la miró y Annie solo suspiró.

o.o.o.o

Se movió.

Se sentía débil, con un fuerte dolor de cabeza. Todo su cuerpo era como si la hubiesen golpeado sin piedad. Prefirió quedarse quieta, el dolor era menos intenso. No forzar a sus músculos. Sentía que tenia los labios húmedos, como si alguien le hubiese dado agua o algo.

Abrió los ojos.

No asimiló donde estaba. La vista estaba borrosa y desde su posición tampoco podría haber visto mucho. A medida que su vista se iba definiendo, pudo contemplar un suelo mugriento y muebles destrozados. Madera por todos lados, basura esparcida por el suelo y una cadena muy gruesa. La ventana, no muy lejos de ella, no dejaba entrar la luz. Sus ventanas tapas por la suciedad estaban cerradas impidiendo que el aire fresco entrara, dejando que el espesor del oxígeno en aquella habitación la ahogara. Lejos y de espalda a ella estaba un cuerpo. Al verlo, la pelirroja recordó todo.

-Sophie!-dijo levantándose. Dejó salir un pequeño grito ante el esfuerzo y lo lastimado de su cuerpo. Intentó levantarse y no tomar en cuenta el incontrolable dolor, pero al mover una pierna vio, con horror, como una cadena la retenía. La cadena la atrapaba por el pie y llegaba hasta la pared.

Observó, mientras se apoyaba en la pared, a Sophie. Tenía miedo. Sophie se había desmayado y lo peor, no sabía si seguía desmayada o si su inmovilidad se debía a otro factor más poderoso. Quería llegar hasta ella, solamente para poder poner una mano en su pecho y asegurarse de que estaba viva, pero no podía. Su cuerpo se lo impedía y la cadena seguramente no era lo suficientemente larga como para que ella llegase a Sophie.

El dolor de cabeza se hacía más intenso y las ganas inútiles de llorar se reflejaban en su rostro. Las lágrimas, que cruzaban sus mejillas manchadas con el polvo, terminaban junto a sus labios, donde ella se las limpió.

-James...-dijo cerrando los ojos-Por favor, James...-rogaba.

Las últimas palabras de Adolf llegaban a su cabeza como una tortura más en ese infierno. "te guste o no, serás mía y servirás al mago más grande de todos los tiempos". Le gustase o no¿Acaso él la iba a...? No fue capaz de pensar en ello. Aun sentía el roce de él en sus labios y se limpió la boca, buscando alejar la sensación de asco que llegaba a su estómago y garganta. No podía concebir la idea de que él la tocase, no podía llegar a creer que él fuese capas de hacerle daño. Siempre, desde que lo conoció, creyó que era un hombre preocupado y fuerte, que era sincero, pero sobre todo de buen corazón ¿Por qué había llegado a eso¿Por qué se había convertido en mortífago?...

Se acercó lo más que pudo a la pared y encogió las piernas, abrazándolas. Le dolía, le dolía todo el cuerpo y su cabeza giraba mientras la atormentaba con el pánico.

"tranquila" se dijo a si misma.

Pero era muy difícil, sobre todo cuando su captor estaba desequilibrado y obsesionado con ella y más aun, cuando su amo era el mago más malvado del mundo mágico.

-James...-susurró...

En una habitación, no muy lejos de ella, Sirius pensaba. No podían salir de la casa de los gritos. Los mortífagos estaban cerca y tampoco podía permanecer mucho tiempo allí, ya dos de ellos habían entrado y posiblemente volverían. Tampoco estaba seguro de que no quedase ninguno en la casa, como para conducir a Annie hacia el pasadizo.

-Quédate aquí, y pase lo que pase no salgas. Iré a ver si el pasadizo está libre.

El sonido de unas cadenas lo detuvo. "Están aquí" pensó. Se pasó la mano con el rostro sin saber que hacer. Se sentía desesperado. En aquel momento su mayor preocupación era mantener a Annie a salvo, fuera de los ojos de los mortífagos. Si la encontraban, se la llevaban y luego... No lo pensó. De solo imaginar que alguien pudiese poner un solo dedo en Annie se le hervía la sangre. "Tengo que sacarla de aquí, tengo que sacarla de aquí" pensaba mientras se movía de un lado para otro. Las ventanas estaban cerradas, Dumbledore lo había estipulado así. Era imposible romper los vidrios y de todas formas, de haber podido, el sonido de vidrios rotos llamaría a los mortífagos.

Annie no se movía. Tenía entre sus manos el colgante. El color fuerte que había adquirido había llegado a sus ojos, recordándole que estaba allí, entre su bufanda. Lo miró sintiendo como su corazón se aceleraba. Estaba celeste. "Lily" pensó mientras lo aferraba con más fuerza con ambas manos. "Por favor, que nada malo les pase" rezaba en silencio.

La sentía cerca, pero no sabía si era por el calor que comenzaba a emanar el colgante o su imaginación le estaba jugando una mala jugada, pero la sentía muy cerca. Creía escuchar su respiración asustada y estaba segura de poder sentir sus movimientos débiles. Por un segundo, creyó ser conciente de sus sollozos y como rogaba por James en susurros.

-Sirius...-dijo ella en voz baja, pero el chico no la escuchaba. Todos sus sentidos estaban puestos en busca de una escapatoria.

Annie miró hacia la puerta anhelante. Aun afirmaba el colgante y pero sentía una energía que ya conocía. Volvió a llamar a Sirius, pero este parecía fuera de su mundo, demasiado ocupado tratando de abrir una ventana que sabía no podría mover.

-James...-volvió a escuchar Annie. La voz era de Lily. La misma femineidad, la misma forma de decir el nombre de su novio.

-Sirius!!-llamó Annie alzando un poco la voz. El chico la observó frunciendo el entrecejo. Estaba apunto de regañarla por el tono cuando el grito desaforado de alguien lo asustó.

-JAMES!!

Lily movió la cadena con desesperación, intentando con su debilidad quitarla. Había gritado por James y la risa cruel de un mortífago que hacía guardia fuera de la casa de los gritos fue lo único que obtuvo como respuesta.

Sirius y Annie, al escuchar, se quedaron petrificados. Lily estaba cerca de ellos, en la casa de los gritos. Sirius sintió el impulso de correr hasta encontrarla, pero lo detuvo Annie al tomarlo con ímpetu. La pelinegra había visto como el chico avanzaba unos pasos y, al comprender lo que se proponía, lo agarró de la túnica.

-No puedes ir como un energúmeno!-le susurró-avisa a James, por el espejo.

Sirius hizo lo que la chica decía. Por primera vez no era él el que daba las instrucciones. Estaba un tanto aturdido, como si el grito de Lily le hubiese dejado medio torpe. Estaba desorientado, pero sobre todo terriblemente asustado. Tenía que hacerse cargo de Annie, pero ahora, que habían "descubierto" el calabozo de Lily, sentía la necesidad de salvarla el solo lo antes posible. Era inconcebible para él, que una de la chicas que más apreciaba y que durante tantos meses intentó proteger, incluso de James, estuviese en peligro. Era eso lo que lo aturdía, la injusticia de la vida, quizá el no entender como personas tan buenas como Lily y Annie debían ser las víctimas o, mejor dicho, el blanco de planes tan perversos como los de los mortífagos. El grito de Lily, cargado de miedo, le había causado una pena que jamás había llegado a sentir antes. Era angustioso y al imaginar el terror que sentía James al saber que su novia corría peligro, le motivaba aun más a actuar de forma imprudente. Algo, que de seguro, habría puesto en riesgo la vida de Lily, la de él mismo e incluso, la de Annie.

-Debemos actuar tranquilamente...-susurró Annie tratando de impedir que Sirius corriera hacia la pelirroja. Annie sentía también unas ganas locas de hacer algo, pero sabía que debía ser de forma meticulosa, de lo contrario, las consecuencias serían catastróficas.

Sirius sacó el espejo de su bolsillo, nombró a su amigo con nombre y apellido. Pasados unos segundos, la imagen de Sirius desapareció para mostrar a Remus Lupin una vez más. El castaño tenía un aspecto enfermizo, más de lo normal. Al parecer, la presión y el pánico estaban teniendo sus afectos en él, y sobre todo, las fuerzas monumentales que debía utilizar para evitar que James entrara a todas las tiendas de Hogsmeade, lanzando hechizos y destruyendo todo a su paso.

-Está en la casa de los gritos-dijo Sirius. Habló en voz baja, pero su voz había salido más ronca de lo normal.

-Estás seguro?-preguntó James. Sirius no logró verle la cara, ya que no hizo como la vez pasada y no quitó el espejo de las manos de Lupin.

-Sí-respondió Sirius-la escuchamos.

-Bien-dijo Lupin-vamos para allá.

Y su cansado rostro desapareció.

Sirius miró hacia todos lados, como buscando algo. Luego, cuando vio la cama, se acercó y miró bajo de ella. Annie, no entendiendo que hacía, lo siguió procurando no causar ruido alguno. Repentinamente, Sirius la tomó con fuerza.

-Te vas a esconder debajo de esta cama, no quiero que salgas de aquí a menos que yo te lo autorice...-dijo Sirius muy cerca de sus rostro.

-Pero...-intentó decir Annie.

-Cállate-ordenó Sirius-Por una maldita vez en tu vida, hazme caso a la primera. No quiero perderte. No podría soportarlo.-apretaba los dientes y parecía que se contenía ante sus propias palabras.

-Qué?-Annie estaba anonadada.

-Escucha...-Sirius se acercó peligrosamente. Annie sentía su pecho agitado y sus brazos muy junto a ella-No es por ti, es por mí. Si te vas, si desapareces, pero esta vez para siempre... no podría.

Annie no sabía que decir o quizá, simplemente no era necesario hablar. A lo mejor, si lo hubiese intentado, tampoco habría logrado decir alguna palabra. Al menos no lo pretendió... su cabeza trataba de entender las palabras del chico, pero no podía.

-Es por mí, no por ti-repitió una vez más, aunque Annie no logró saber porque lo decía.

-Yo quiero ir donde Lily-fue todo lo que supo decir. Trató de hacer como que Sirius no la estaba acercando a él, aunque parecía que la cercanía ya no podía ser más. Trataba de hacer como que Sirius no le observaba los labios, aunque ella también observaba los suyos. Trataba de hacer como que no notaba que Sirius la rodeaba con los brazos, aunque ella posó sus manos en su pecho. Trató de hacer como que no sentía la respiración de Sirius junto a sus labios, aunque cerró los ojos perdiendo la cabeza. Trató de hacer como que no era conciente del tacto de los labios de Sirius sobre los de ella... como que no la besaba suavemente sobre sus labios, aunque ella misma deseaba que la besara más profundamente.

Fue un beso corto, demasiado corto para ambos, pero significó todo. Era como si la barrera entre ambos se hubiese roto. Sirius jamás había disfrutado un beso tanto como en ese momento, aunque había sido simple y aunque solo había besado los labios de ella sin que esta pareciera reaccionar, lo había disfrutado como si fuese el primero en su vida. Annie, que tenía los ojos cerrados, sintió la mirada de Sirius en su rojas mejillas.

-De acuerdo-dijo abriendo los ojos y fijándolos en los grises de Sirius-me escondo.

o.o.o.o

James y Lupin corrían tan rápido como podían. Estaban cansados, pues habían recorrido gran parte del pueblo buscando a Lily y a Sophie, pero nadie parecía saber donde se encontraban. Quizá hubiesen podido ir más deprisa de no ser porque una chica de falso pelo rojo debía ir con ellos. Narcisa Black aun no recuperaba su aspecto normal, pero daba lo mismo. Ya la habían descubierto y ahora, los dos merodeadores, sabían donde se encontraba a la verdadera Lily Evans.

Narcisa Black se resistía a correr con los chicos, pero James había puesto un encantamiento entre ambos. Cada vez que él avanzara más de dos metros, ella debería ir junto con él a no ser, que la fuerza del hombre la botara y la arrastrara. En pocas palabras, estaban unidos por una cuerda invisible. Era un encantamiento que no enseñaban en la escuela, ya que los alumnos podían hacer un mal uso de él y por ello, durante unos segundos, Narcisa se preguntó donde demonios James Potter sacaba hechizos, maleficios y encantamientos que probablemente solo los profesores sabrían realizar.

Mientras corrían, a Narcisa le inundaba el turbación. De solo imaginar el rostro de Lucius Malfoy cuando los viera llegar sentía que todo su cuerpo se estremecía. Le quería, pero no sabía por qué. El no hacía otra cosa más que tratarla mal, fríamente, pero sobre todo, la hacía sufrir descaradamente estando con otras cuando ellos dos tenían un compromiso. No es que él lo hubiese establecido. No, jamás se acercó con propuestas de su parte. Fueron los padres de ambos los que estipularon el contrato matrimonial cuando ellos solo cursaban cuarto. Consideraban que era lo mejor, debían casarse ya que los dos eran de familias "puras", no por amor. "El amor, en realidad, no existe" le había dicho su madre una tarde cuando Narcisa aun era pequeña "Cómo puede ser amor aquel que te causa tanto daño?" preguntó para luego soltar una risotada "es pura basura". Ahora ella lo comprendía. Lucius Malfoy no iba a detenerse por que ella fuese su futura esposa, no le iba a dejar de dar un castigo por ser Black... No, estaba segura de que él la iba a torturar hasta que se sintiese satisfecho, hasta que considerara que había pagado por su descuido y, lo peor, es que su descuido había sido tan grande, que seguramente... Era en esos momentos cuando envidiaba a su hermana Andrómeda. A ella no le importaba que su familia fuese sangre pura, que por sus venas corriera la herencia de miles de años mágicos establecidos en su familia. Andrómeda estaba enamorada de un hijo de muggles, ella lo sabía. Los había descubierto dos años atrás cuando él terminó la escuela. Su hermana le había pedido que no contara nada, y ella lo había hecho, después de todo, aunque fuese una maldita traidora a la familia, era su hermana. ¿Cuántas veces Andrómeda no la había encubierto ante sus padres cuando hacía alguna maldad? Muchas, ya casi no podía recordarlas todas. Aunque desde ese entonces no se hablaban mucho, Narcisa había cumplido su palabra y con creces, ya que no había acusado a su hermana cuando esta escondió su embarazo el año anterior. Nadie en la escuela lo sabía, salvo Narcisa, Andrómeda, algunos profesores, el novio de su hermana de apellido Tonks y ahora que lo pensaba quizá su detestable primo Sirius, pero cuando estaban cursando sexto año, en el mes de Mayo, Andrómeda dio a luz a una niña. Aun recordaba la sonrisa radiante en los labios de Andrómeda y creía que jamás la había visto tan feliz en su vida. Junto a su novio, que la abrazaba mirando con dulzura a la criatura entre los brazos de su madre, la cual besaba la frente de la bebé. Fue la primera vez que sintió algo extraño en el corazón, como una punzada de "alegría pura". Por lo que duró la imagen, ella también quiso algo parecido, también quería a un hombre que la amase con tanta devoción como aquel que besaba a su hermana. Ella también quería tener junto a ella a una niña que cada vez que abría los ojos cambiaban de color y ante ello, el grito de alegría de su madre. Pero, cuando volvió junto a la sala común de Slytherin y vio a sus compañeros riendo por la paliza que le habían dado a uno de los jugadores de Gryffindor antes del partido, supo que aquel mundo no estaba abierto para ella. Cuando se sentó junto a Malfoy, supo que esa alegría que sentía su hermana no estaba reservada para una mujer que comenzaba a firmar contratos de oscuridad y maldad, solo porque quería que ese, contiguo a ella se sintiese a gusto, quizá orgulloso. Sabía que jamás podría sentir la plenitud que Andrómeda experimentada al sentir los labios de su novio junto a su mejilla.

-Te quieres apurara?!-exclamó James cuando Narcisa aminoraba la marcha entristecida.

-Potter-dijo esta con desprecio-Espero que nunca salves a tu idiotizada novia!-vociferó. Algunos alumnos que pasaban por allí, la miraron extrañados. Sentía tanta envidia de él y lo que era capaz de hacer por su novia. ¿Haría algo parecido Lucius? No... probablemente no. En cambio, James, era capaz de ir hacia su propia muerte contar de salvar a Lily...

-Por tu bien, espera que si lo haga-le dijo tomándola con fuerza de un brazo y obligándola a caminar.

o.o.o.o

Cuando Sirius salió de la habitación donde segundos atrás había besado los labios de Annie, sentía que había cometido un grave error. Arrepentimiento era lo único que cabía en su mente. Sacudió la cabeza, intentando alejar los pensamientos, pero sobre todo el tacto de los labios de Annie.

-Lily...-dijo recordando porque estaba allí.

Con la varita alzada, preparada por si algún mortífago aparecía repentinamente, avanzaba con mucha cautela por los sucios pasillos de la casa de los gritos. Escuchaba el sonido de cadenas más fuertemente a medida que se acercaba a la entrada. Iba pegado a la pared, tratando de camuflarse con las sombras. Aunque sentía su corazón acelerado, se mantenía firme y seguro. Tenía que actuar rápido, pero muy sigilosamente: Rescatar a Lily, tomar a Annie y salir de allí. Un plan simple de decir, pero casi imposible de realizar.

Cuando llegó junto a la puerta principal, observó hacia todos lados. Escuchaba unos sollozos que acompañaban el sonido de cadenas. Lily debía estar en una de las dos habitaciones más cercanas a él. "Si Lily está aquí, debe haber un mortífago custodiándola" razonó inteligentemente. Y no se equivocaba. Pudo ver, por un orificio que daba al exterior, como un hombre alto, corpulento y que ocupaba una capa, estaba de espalda a él. Tenía la varita en la mano y miraba hacia el bosque. Sirius caminó lentamente, casi de puntillas para llegar junto a la primera habitación. No había nada.

-Demonios!-susurró. Sentía que cada minuto que pasaba era vital.

Se dirigió con sigilo hacia la habitación siguiente, que era donde se encontraba el pasadizo secreto hacia el sauce boxeador en los terrenos de Hogwarts. La habitación estaba más oscura que las otras, pero no hubo necesidad de convocar el hechizo de luz en su varita. Allí estaba la pelirroja, sentada, con las piernas encogidas y apoyada en una pared. Tenía la respiración agitada mientras intentaba, con las manos, quitarse la cadena. Su rostro, lleno de polvo y tierra, tenía marcado el camino de sus lágrimas.

Sirius se acercó con urgencia, y cuando Lily lo vio, estuvo a punto de soltar un grito de alivio. Jamás se había alegrado tanto de ver a Sirius Black con una varita en la mano. La pelirroja lo abrazó casi con desesperación y sollozó tratando de hacer el menos ruido. Sirius le acarició la sucia cabellera intentando tranquilizarla.

-Te sacaré de aquí-aseguró mirándola a los verdes ojos. Lily asistió rápidamente, con brusquedad. Hizo una mueca de dolor-qué pasa?-preguntó el chico con preocupación.

-Cruciatus-susurró la chica.

-Malditos!!-exclamó Sirius-Los voy a matar a todos! Yo...

pero no tuvo tiempo para continuar. Alguien se acercaba. Lily le indicó, con desesperación, que se fuera. "escóndete" movió los labios. Sirius, que conocía muy bien esa casa, sin dudarlo dos segundos se ocultó tras la madera que lo llevaría al castillo. Desde allí nadie podría verlo.

Lily miró, asegurándose de que su amigo estuviese fuera del alcance de la vista de quien se acercara. Tenía miedo, pero al menos estaba con Sirius. Aunque no podría hacer mucho el chico, pues moriría al enfrentarse a mortífagos el solo, podría avisar en Hogwarts y, si llegaba a pasar lo peor, denunciar a los culpables. Ser testigo. "Por favor, que no vaya a salir de allí" pedía Lily. Quiso decírselo, pero ya era demasiado tarde.

-Lily...-dijo Adolf asomándose por la puerta. Lily trató de alejarse de él, pero la cadena se lo impidió. Adolfo sonrió malvadamente.-No podrás ir a ninguna parte. Está cadena está encantada.

Lily no respondió. No iba a hablar. No diría ninguna palabra, aunque se vida dependiese de eso. Sería valiente, como ella sabía James lo sería. No iba a implorar por su vida, ni mucho menos se iba a pasar para el lado de Voldemort. Si tenía que morir, que fuese así, pero jamás se rendiría. Lucharía hasta más no poder... "si tan solo tuviese mi varita" pensó.

-Espero que tus amigos no vengas-dijo como si tal cosa. Estaba apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y la varita en la mano-Si llegan, me temo que tendré que... eliminarlos... a menos que tú, sepas aceptar mi ofrecimiento.

La pelirroja trató de alejar de su mente a James. Siguió mirando al hombre de pelo plateado, fiel a su decisión de no hablar. Al ver que la chica no tenía intención alguna de responder, se acercó. Se agachó hasta quedar a la altura de ella, pero un metro más lejos. Sirius, se preparó para atacar.

-Lily, estamos haciendo esto por las buenas-Levantó una mano y la acercó hasta la mejilla de la pelirroja. Lily trató de alejarse pero ya no podía más, la pared se volvía un obstáculo. Pero él no la tocó, simplemente movía su mano, con algo de deseo, cerca de su piel sin palparla-De todas formas, cuando atrape a Annie, tú serás mi recompensa.

-No!-gritó Lily sin poder evitarlo-Jamás atraparás a Annie!

Adolf retiró su mano con brusquedad. Había cambiado su expresión de maniático, por una seria con ojos profundos, pero luego y para desconcierto de Lily, por una sonrisa de satisfacción. Sirius, en su escondite, sentía hervir sus sangre. Controlaba los impulsos de abalanzarse sobre Adolf y destrozarlo. Lily, que no lograba entender los cambios anímicos del hombre, buscó con la mano cualquier cosa que le permitiera defenderse. Un pedazo de madera, una botella... cualquier cosa.

-Estás conciente-habló Adolf lentamente y en voz tan baja que solo Lily podía escucharlo-del error que acabas de cometer...

-Qué?-preguntó Lily olvidando su anterior propósito.

-"Jamás atraparás a Annie"-repitió él como saboreando las palabras-Me decepcionas Lily Evans. Creí que eras un poco más cuidadosa-se acercó más, pero sin tocarla-Supuestamente, para ti, Annie Dahl está muerta, pero por tus palabras deduzco que sabes perfectamente que ella no fue asesinada, como sus padres querían hacer creer. Yo te acompañé al cementerio¿recuerdas?. Y en ese momento, si lo creías. Creías que mi Lord la había matado, pero ahora... curiosamente, me dices que no atraparé jamás a alguien que, según tú... es residente del cementerio de los magos en Londres... ¿Por qué Lily?...-hablaba con tanta calma que era escalofriante-Justo cuando habíamos descubierto el paradero de ella, desaparece y luego de eso, tu sabes que ella no estaba realmente muerta-hizo una pausa, solo para deleitarse con el rostro de sorpresa y pánico que de Lily-Te diré lo que a mí me parecer-continuó-Me parece que sabes donde está y que ella, está en Hogwarts.

-No!-negó la chica moviendo la cabeza de un lado para otro-ella está muerta-intentaba retractarse, pero sabía era demasiado tarde. Había cometido un grave error.

-Demasiado tarde, Lily-Adolf puso rostro de falsa pena-Ya no puedes ayudarla. Ella cumplirá con su destino y tú con el tuyo. Ahora, puedes cooperar y decirme-La miró directo a los ojos-Dónde demonios está Annie!-terminó gritando.

-Puedes matarme-dijo Lily casi sin voz-pero nunca te diré donde está ella...

-O...-dijo Adolf pensando en otra alternativa-te llevo donde el señor tenebroso y se lo tratas de ocultar a él.

-Por qué haces esto?!-preguntó Lily-Tú no eras así...

Adolf se quedó callado. Se levantó y la observó desde su altura. La apuntó con la varita, como queriendo lanzarle un maleficio. Le temblaba la mano. Lily estaba segura de que sería el blanco de otro Cruciatus y cerró los ojos con fuerza, preparada, aunque no existiese preparación para aquel dolor, para recibir el rayo de luz, pero no lo hizo. Adolf salió de la habitación dejando a Lily acurrucada en el suelo y la pared. Con un Sirius que solo había escuchado el final de la conversación.

Sirius estaba apunto de salir cuando nuevamente tuvo que volver a esconderse. Una nueva figura, más baja que la anterior y con pelo negro había aparecido. Lily se quedó petrificada, incapaz de creer lo que sus ojos veían. Era pálido, delgado y vestía de negro.

-No...-dijo débilmente Lily negando con la cabeza-no puede ser...

-Lo siento-respondió Severus Snape mirando hacia el piso.

o.o.o.o

Hola a todos! Un capítulo bastante largoo... espero que haya sido de su agrado.

Lo único que me queda, es agradecer los reviews del capítulo anterior:

Delirando/Clau Malfoy/Sus-Lupin-HHr/monse evans/Mi-x-LuBrE-x-CaLa/Karla Black/Lily Evans/Luna 712/Rai-Potter/Desiré/Thata/Juupotter/GinNyLy. Muchas gracias a todos!

A pocos días de la salida de Harry Potter and the Deathly Hallows, 2 días para el final!

Nos vemos leemos en el próximo capítulo!

Hasta entonces...