Historia basada en las novelas de J.K. Rowling
Nacer por ti, Morir por él
Capítulo treinta y cinco: "Hay que salvar a Annie!"
Por Jane.Camui
Annie no puedo ver quien era el que se acercaba. Alguien la había obligado a inclinarse y la tapaba con su cuerpo. Miró hacía arriba con cautela y vio la larga cabellera de Sophie, quien con los brazos extendidos, intentaba protegerla. Sirius, como un verdadero guerrero, se puso delante de sus amigas con la varita en alto y preparada. No tenía miedo, todo se había esfumado. Lo único que le importaba era que ellas salieran con vida.
Lily se había quedado quieta y al parecer fue la única que se dio cuenta de que algo, o mejor dicho alguien, faltaba. Cuando un hombre con la piel marcada con cicatrices y ojos oscuros muy profundos entró en la deteriorada habitación, Snape desapareció. Se había desvanecido...
Sirius, pasando por alto quien había entrado, lanzó el primer hechizo que llegó a su cabeza tomando por sorpresa al recién llegado. El hechizo de desarme llegó de lleno en el pecho del hombre que salió despedido hacia el otro lado del pasillo. Sin esperar, Sirius apremió a las chicas para que se levantaran. Se giró para observar a Snape y amarrarlo, pero..
-Qué?!!-dijo. Lily no dejó que Sirius se quedara cultivando su rabia ante la perdida del mortífago. Lo apuró tirando de su capa.
-No hay tiempo!-exclamó apremiante. Sirius sintió el impulso de salir tras Snape, pero sabía que hacerlo sería una idiotez. De todas formas, Snape estaba condenado. No se podría salvar de esa...
Sirius hizo señas a sus amigas indicándoles que pasaran hacia el pasillo secreto que los llevaría de vuelta al castillo. Esperaba, pendiente de la entrada para que nadie pudiese impedir el escape, que todas entraran. Annie era la última en pasar y si hubiese sido un poco más rápida, quizá habría logrado ir junto a Lily y Sophie, pero sin que ninguno de ellos se percatara, sólo cuando ya era demasiado tarde, algo tomó los tobillos de la chica y tiró de ella hasta botarla al suelo. Annie, a medida que era arrastrada, gritaba con desesperación pidiendo ayuda. Sirius alcanzó a tomarla de una mano y forcejeó, pero la fuerza que tiraba de Annie era mucho más poderosa y pocos segundos después ni la ayuda de Lily y Sophie lograron rescatar a Annie.
La pelinegra estiraba los brazos tratando de agarrarse a Sirius. El chico no sabía que hacer. Lanzaba hechizos a pocos palmos de los pies de Annie, pero nada era útil. La fuerza invisible que tiraba de la pelinegra no se detenía con nada.
-ANNIE! ANNIE!!-gritaba Sirius corriendo tras la chica.
Lily, débil y llena de dolor, siguió a Sirius mientras Sophie buscaba su varita, pero no estaba. El pelinegro seguía gritando el nombre de Annie con impaciencia y fuerza. Parecía que cada uno de sus gritos estaba lleno de un incontable sufrimiento mientras veía y seguía a la muchacha. La fuerza llevaba a Annie fuera de la casa de los gritos. Cuando llegó en medio del terreno frente a la imponente mansión, se detuvo. Annie se levantó horrorizada y corrió hacia Sirius. No fue necesario que corriera mucho, ya que Sirius estaba a unos palmos de ella. La abrazó mientras Annie lloraba desesperada. Pero la tranquilidad del momento no duró mucho.
-Annie Dahl-dijo una voz detrás de ellos. Sirius se giró tan bruscamente que casi botó a Annie.
Sirius no fue conciente de en que momento los mortífagos había llegado. Miró hacia todos lados. Aparecían mortífagos en donde mirara y no logró ver a Lily y Sophie en ninguna parte. Annie abrió la boca con horror y sus ojos, llenos de lágrimas, le mostraban el mayor de sus pesadillas. No podía soltar sonido alguno, era como si Sirius le hubiese vuelto a lanzar el hechizo silenciador, pero no era así. Su incapacidad para hablar se debía al miedo: Voldemort con sus ojos rojos y sus largos dedos, sonreía con maldad a pocos metros de ella.
o.o.o.o
Dentro del bosque, James y Remus combatían a los seis mortífagos que los habían descubierto. Adolf peleaba con James mientras Remus lo hacía contra un encapuchado que había perdido la máscara gracias a un oportuno maleficio del chico de pelo castaño. Los otros cuatro se paseaban de un lado para otro y de vez en cuando lanzaban algún encantamiento a favor de sus compañeros mortífagos. James estaba herido, tenía un profundo corte en el brazo. Todo parecía ocurrir muy rápido.
-Crucio!-gritó Adolf.
James no fue lo suficientemente ágil y sintió como la luz caía limpiamente en él. Él dolor le nubló la mente y calló de rodillas sobre la húmeda tierra del bosque. La risa de Adolf perforaba sus oídos provocando un extraño sentimiento pero no desconocido para él: Unos deseos incontrolables de destruirlo con sus manos, sin la necesidad de utilizar la varita. Odio.
Se levantó con la respiración entrecortada y con un fuerte dolor punzante en un costado. Se tocó la herida en un brazo y notó la sangre caliente que corría manchando su ropa. Tuvo el impulso de lanzar la varita a un lado, de lanzarse sobre él y golpearlo con toda la fuerza...
-JAMES!!-el grito de Lupin le advirtió su descuido. Los segundos pasaban mientras él meditaba sobre sus planes de cómo torturarlo. Algo que no se podía permitir en un momento como ese.
El chico de anteojos se movió justo cuando el maleficio imperdonable pasó por su lado. El rayo de luz verde casi lo rozó. Inmediatamente, comenzó nuevamente a lanzar hechizos, maleficios y encantamientos, pero Adolf era muy hábil con la varita. Con simples movimientos de esta lograba evitar que llegaran a él, desviándolos o absorbiéndolos.
-Vamos, Potter-dijo Adolf sonriendo con aire de locura-deja de perder el tiempo!! Crucio!
James levantó la varita justo a tiempo y aunque el encantamiento escudo no era muy poderoso, no al menos con uno de los maleficios imperdonables, disminuía considerablemente su efecto. Lupin no iba mucho mejor que James. Su contrincante era muy rápido y Lupin tenía la sensación de que era capaz de lanzar dos hechizos al mismo tiempo, pero la resistencia era mucho más grande en Lupin. Su fuerza de hombre lobo lo ayudaba a soportar cada uno de los maleficios que el hombre lanzaba.
Y aunque Lupin y James luchaban con toda la ferocidad, no eran capaces de contrarrestar la fuerza de los mortífagos. No solo tenían que pelear contra el mago delante de ellos, sino también esquivar los hechizos que de vez en cuando les llegaba de los otros cuatro magos que iban de un lado para otro, dificultando la situación para ambos chicos.
Cuando estaban a punto de perder, ocurrió algo que Adolf no esperaba: Su brazo derecho ardía. El tatuaje de una calavera con una serpiente por lengua le quemaba avisándole que su amo estaba cerca. James, aprovechando el descuido momentáneo de su contrincante, lanzó el hechizo de desarme. Adolf cayó contra un árbol y quedó tendido en el suelo con la espalda apoyada en el tronco.
James estaba a punto de descargar toda su furia con un maldición imperdonable. Por primera vez en la vida la iba a utilizar. Adolf estaba esperándolo, con una sonrisa en el rostro, como invitándolo a que lo hiciera. James avanzaba con lentitud hacia él, apuntando hacia el pecho del chico.
-Lo vas a hacer o no, Potter?-dijo casi escupiendo las palabras.
Lupin, quien había perdido la varita, estaba hincado en el suelo con la varita del mortífago en su cuello, amenazador como un cuchillo. James deseaba hacerlo, tenía que hacerlo...
"Acepto..." recordó James súbitamente. Era la sonrisa de Lily, sus mejillas con pecas, sus ojos verdes, su sonrisa y su forma de hablar... Era el recuerdo de la chica el que le rogaba que no lo hiciera, pero por otro lado, era tanta la furia que sentía que su cabeza e incluso su corazón le exigían que pronunciara ese maleficio.
-Lily...-susurró. La mirada de James se suavizó levemente. Lupin lo observaba con atención mientras su respiración subía y bajaba con violencia. Trataba de resistirse a su captor, pero cada vez que se movía la varita en su cuello le causaba más dolor.
James, sin poder quitar la imagen de Lily de su cabeza, alzó nuevamente la varita notando la risa de victoria de Adolf.
-No lo harás-dijo el mortífago desde el suelo-Eres débil. No puedes pronunciar el maleficio sin vacilar... Sin contar, que si lo haces, los otros mortífagos se encargaran de que sea lo último que hagas-los mortífagos a su alrededor rieron-Dime, Potter. Y si lo haces ¿qué le dirás a tu amada Lily Evans¿Qué torturaste a un hombre?...
-No-dijo en voz baja, pero Adolf lo escuchaba-Le diré que torturé a un mortífago. Al traidor que entregaría a su prima contar de tener un poco de poder.
Adolf negó con la cabeza con lentitud.
-No...-respondió igual de bajo-No un mortífago que entregaría a su prima con tal de tener un poco de poder... No. Yo soy el mortífago que entregará a su prima con tal de tener a Lily Evans solo para si... ¿quieres que te diga lo que planeo hacer con ella James Potter?...
James olvidó la sonrisa de Lily, olvidó por completo su dulce rostro. Aquella imagen fue remplazada por una que él no era capaz de concebir. Movió la cabeza con la intención de alegar la imagen de Lily encerrada en una habitación mientras Adolf se le acercaba con una malévola sonrisa. El grito de Lily, aunque en su imaginación, le parecía claro y real.
-Lily!!-dijo Lupin. James comprendió que aquel grito no había sido imaginario.
-Uuhh...-exclamó Adolf fingiendo pena-que lástima... parece que no podrás salvarla. Ahora si es demasiado tarde.
-Lo que es una lástima es tener que llegar a esto Adolf-James y los demás giraron la cabeza con tanta brusquedad que de haber podido muchos se abrían sobado el cuello.
Albus Dumbledore con unos diez aurors y otros profesores estaban un poco más allá. Todos con las varitas alzadas y apuntando directo a cada unos de los mortífagos. James, entre aliviado y consternado, agradeció el no tener que utilizar el maleficio.
-Ahora-dijo Dumbledore con voz firme dirigiéndose a los mortífagos-suelten las varitas por favor.
-Ya es demasiado tarde-exclamó Adolf. Su sonrisa perversa había vacilado, transformándose en una expresión de nerviosismo. Nunca esperaron que Dumbledore se presentar con aurors-Mi señor está aquí...
-Tom? Tom va venido?-Dumbledore frunció el entrecejo. Por un momento miró a James. El chico había apretado el mango de su varita con fuerza. Lupin lo quiso detener, pero era muy tarde. James había salido corriendo dirección a la casa de los gritos. Dumbledore hizo una seña con la mano y los aurors lo siguieron. Iban en la misma dirección de James.
James, con la respiración entrecortada, se detuvo casi con el corazón en la mano. Una pelirroja y una castaña estaban atrapadas en brazos de unos mortífagos. Lily forcejeaba con desesperación mientras Sophie, llorando, lanzaba golpes a diestro y siniestro.
-Lily...-dijo James. Sentía a su corazón latir con ferocidad y comenzó a correr. Al principio muy lento, sin poder apartar los ojos de Lily tratando de librarse. A medida que el miedo iba aumentando comienza a aumentar la velocidad. "Lily... Lily..."
-LILY!!-gritó.
-JAMES!-respondió la aludida. Había escuchado su nombre y no lo había dudado. Reconocería esa voz aunque fuera un susurro en medio de una tormenta. James Potter había llegado...-Noo!-dijo Lily comenzando a llorar-No, James!-le gritaba-vete, vete!!!
El miedo que la había ahogado semanas atrás volvía a estar presente. El miedo incontrolable de perder a James. Una idea que ella no era capaz de soportar, ni siquiera en su imaginación. Con mayor fuerza trató de zafarse, sólo con la intención de sacar a James de allí. No importaba si Adolf se la llevaba, lo único que deseaba era no perder a quien más amaba.
-James!-le gritaba-No, por favor. Vete, vete!
James hacía como que no la oía o quizá realmente no la estaba escuchando pues no se detenía ni mostraba signo alguno de vacilación. Los gritos de Lily eran fuertes e incluso Sophie había dejado de gritar pendiente de James.
-CUIDADO!-gritó la castaña cuando un mortífago se puso en su camino. James lo a puntó con la varita.
-Desmaius!
El mortífago cayó al suelo y el chico de anteojos pasó por encima de él. El hombre que tenía a Lily se notó un poco nervioso cuando vio a James venir. No podía pelear y sostener a Lily al mismo tiempo y fue peor su desconcierto cuando vio que detrás de él diez aurors corrían hacia ellos. Haciendo caso a su instinto de supervivencia, soltó a Lily hacia un lado y preparó la varita. A su lado, el otro mortífago, soltó a Sophie, pero solo para agarrarla por la muñeca cuando la chica hizo un ademán de salir corriendo. Se acercó a Lily, quien no alcanzó a levantarse y la tomó con la otra mano del pelo.
James no necesitó enfrentarse al mortífago que había tenido a Lily, uno de los Aurors se había adelantado e iniciaba una batalla con el hombre. James junto con otros tres fueron directo hacia las dos chicas y lo apuntaron con las varitas. James luchaba dentro de si para no lanzar un hechizo. Lo único que lo detenía era que el hombre aferraba a Lily y Sophie y un lanzamiento equivocado podía herir a una de las dos chicas.
-Suéltalas!-gritó James.
-Suelta a las jóvenes!-dijo uno de los Aurors.
El mortífago no respondió. Pero viendo sus posibilidades tiró a Sophie a James y agarró con más fuerza a Lily. Tomándola del pelo la levantó y la tomó por la cintura. Lily alzó su rostro tratando de disminuir el dolor que le causaba el tirón de sus cabellos. James sostuvo a Sophie y la ayudó, con toda la delicadeza que era capaz, a incorporarse.
-Toma tu varita-dijo James en un susurro.
-No la tengo, nos las quitaron!-exclamó con la voz a penas audible. James, sin entender de que hablaba la chica, le apuntó el bolsillo de su chaqueta: sobresalían dos varitas.
-Pero...-se extraño Sophie. No logró terminar la oración, un grito de sorpresa salió de sus labios cuando detrás de ella casi la rozaba una maldición. A sus espaldas, mortífagos y Aurors peleaban. James no pudo aguantar más, se lanzó hacia el mortífago sin utilizar la varita. Lily gritaba, aunque Sophie no estaba muy segura de porque. Si por el miedo que sentía o por el cabello que el mortífago aun no soltaba. Sophie, conciente de que su impulso la estaba llevando a cometer una locura, se mordió el labio y corrió hacia Lily. Mientras James golpeaba al mortífago, el cual había perdido la varita, Sophie tomó su varita y apuntó a la mano del hombre.
-Expelliarmus!-el hombre dejó salir un alarido de dolor y soltó inmediatamente a la pelirroja.
Dos de los aurors que estaba allí habían comenzado a pelear con otros mortífagos que se habían acercado para atrapar a Lily. James, sin darse cuenta de que Lily estaba libre, seguía embistiendo contra el hombre. El auror que quedaba lo tomó y con mucha fuerza lo quitó. Lily corrió tras James y lo abrazó. James, parpadeo durante unos segundos medio desconcertado, pero luego soltando un gran suspiro de alivio agarró con fuerza a la pelirroja.
Ella estaba bien, esta viva y en sus brazos... Cómo él había deseado...
Él estaba abrazándola, con aquella fuerza característica, con cariño y protección... Cómo ella había deseado...
Lily se separó un poco de él para asegurarse de que estaba bien. Tenía algunos rasguños y salía sangre de su labio. "Nada que madame Pomfrey no pueda solucionar" pensó aliviada mientras James volvía a apretarla hacia él.
Era como si ellos estuviesen en una especie de burbuja. Sin conciencia de que a solo pocos metros de ellos mortífagos y Aurors se peleaban a muerte. Era como si no hubiese otro mundo que ambos...
-Tienes herido el brazo!!-exclamó Lily horrorizada al percatarse del profundo corte de James. La sangre caliente manchaba a la chica, aunque esta no hacía nada para impedirlo.
-No importa-respondió James, pero Lily le aferraba el brazo tratando de detener la hemorragia-No importa Lily!!-Exclamó James perdiendo la paciencia. Lily lo miró durante unos segundos sorprendida.
A James no le importaba. Podría estársele cayendo el brazo, pero para él lo más importante en ese momento era ella. Abrazarla... tenerla junto él. La ciñó con mucha más fuerza y por un segundo Lily casi se quedó sin aire. James la besó en la cabeza y Lily comprendió que aquel arrebato, en el cual le había gritado con impaciencia, no había sido un indicio de su miedo y nerviosismo.
-Lo siento!-dijo Lily mientras ocultaba su rostro en el pecho de James- Y siento haberme molestado contigo en el desayuno!
-Qué?!-James no recordaba.
Parecía que el incidente en Hogwarts donde Lily se ponía celosa porque unas chicas iban donde James había ocurrido días atrás y no solo horas antes. James quiso reir...
-Vamos!-apremió el auror. El mortífago golpeado estaba inconciente en el suelo y parecía que los aurors tenían controlada la situación. La mayoría de los mortífagos estaban atados con cuerdas mágicas. Sólo quedaban unos tres mortífagos que se resistían, pero al cabo de unos momentos fueron reducidos por los aurors
-Noo!-dijo Sophie-Annie! Hay que salvar a Annie!
-Nosotros nos encargaremos de eso!-dijo el Auror. Sin escuchar los alegatos de los chicos hizo aparecer de la nada una viejo zapato. Movió la varita susurrando algo.
-Tóquenla-dijo con urgencia. A lo lejos se venían acercando más mortífagos-Ahora!!
James no esperó más. Tomó la mano de Lily y la de Sophie y tocaron los tres juntos el traslador. Cuando los tres desaparecieron, Dumbledore apareció. Se giraron y esperaron a que los mortífagos a lo lejos terminaran de acercarse.
-Quiero que Alastor y dos aurors más vengan conmigo. Tenemos que rescatar a Annie y Sirius...
o.o.o.o
-Ya están aquí!
James cayó en la fría piedra del despacho del profesor Dumbledore. Se hizo daño en la rodilla pero no le importó. Lo que se moría por hacer era asegurarse de que la pelirroja junto a él, estaba en perfectas condiciones. Sophie, al otro lado se levantó con urgencia.
-Estás bien?-preguntó James a Lily. La pelirroja estaba pálida, sucia y despeinada, pero abrazó a James una vez más como rogando para que jamás la soltara. Tiritaba de pies a cabeza y no podía hablar-Tranquila. Estás a salvo-trató de tranquilizarla James. Intentaba hablar con dulzura, pero su voz ronca y cargada de ferocidad aún, no logró calmar a la pelirroja.
Sophie, que se había levantado con mucha rapidez, se sintió mareada y estuvo a punto de caer. De hecho, si no fuera por unos brazos que la rodearon, se habría golpeado fuertemente contra una de los sillones de maderas.
-Remus...-fue todo lo que dijo Sophie antes de soltar un sollozo de angustia.
La profesora McGonagall se afirmaba de la mesa del escritorio y se conmovía por la escena...
-Pero...-dijo al cabo de un momento-donde están el señor Black y la señorita Dahl?
Lupin alzó el rostro. Interrogó con la mirada a James.
-Dumbledore y los aurors se harán cargo. Ellos los traerán.
o.o.o.o
-Annie Dahl
La pelinegra negaba con la cabeza mientras sus ojos bañados en lágrimas eran cerrados con fuerza. "No, no, no..." rogaba internamente. Sirius no se apartaba de ella, pero se sentía desorientado nuevamente. Sabía que nada de lo que sabía podría salvarlo si Voldemort estaba allí.
-No te resistas-dijo el mago oscuro. Annie abrió los ojos y se quedó sin aire. ¿En que momento él se había acercado tanto? Miraba con sus ojos rojos directo a los azules de Annie. Sirius, una vez más, se puso delante de la chica tratando de protegerla.
-Veo que tienes guardián...-dijo el mago haciendo una mueca de sonrisa.
-Déjala en paz-dijo Sirius. Voldemort dejó salir una risa fría y cruel.
-No me digas que serás lo suficientemente estúpido como para enfrentarte a mi!-Los mortífagos que había aparecido los rodeaban y cerraban un circulo mientras reían con la misma crueldad de Voldemort-Pudiste salir con vida una vez. Créeme cuando digo que no lo harás una segunda.
Una fuerte luz amarilla inundó el lugar. Sirius, instintivamente, empujó a Annie hacia el suelo y la cubrió con su cuerpo. Un grito desgarrador, un sinfín de destellos y golpes sordos le llegaban a medida que los sollozos de Annie aumentaban. Estaba aterrorizada y él también. Sentía que en cualquier momento un hechizo asesino le llegaba de lleno, pero a pesar de la perspectiva de morir, su mayor miedo era otro: No poder proteger a Annie. Deseaba que Dumbledore, al cual había visto acercase por atrás de Voldemort, lograra sacar a Annie de allí. Ya no importaba si ellos sabían que era Megaera o que estaba en el colegio, sino que tenían que sacarla de allí. Y de repente, Sirius recordó algo que él mismo podría hacer. Esperaba tener la fuerza necesaria para lograrlo, ya que aunque podía solo, esa vez tendría que llevar junto a él a la chica. Levantó un poco la cabeza. Dumbledore se batía a duelo con Voldemort, mientras los otros mortífagos intentaban detener a los aurors. Nadie les prestaba atención.
-No te sueltes de mí-dijo Sirius mientras cerraba los ojos. Ella, asistió con fervor y lo imitó. Mentalmente contó y al llegar al número cinco recordó las tres "D" que en sexto, el profesor de aparición, les había enseñado.
o.o.o.o
-Será mejor que vayan a la enfermería. Aquí no podrán hacer mucho. Profesora Sprout, podría hacer el favor de llevar a los alumnos...
-Vayan ustedes-dijo Lupin interrumpiendo a la Auror que había hablado-Yo de aquí no me muevo hasta que vuelvan Sirius y Annie-James asistió con la cabeza apoyando a su amigo.
-Ve a la enfermería-le susurró a Lily. Ella, que lo miraba con sus ojos verdes asustados, negó con la cabeza-Por favor, Lily-dijo casi implorando-necesito que la enfermera te vea. Aquí estás a salvo. En Hogwarts no te ocurrirá nada malo. No te preocupes, Lily.
-Es cierto, Lily-dijo la profesora McGonagall-Yo misma las acompañaré-Con delicadeza ayudó a Lily. Sophie, que recibía la ayuda de la profesora de Herbología, quiso quedarse allí, pero se sentía muy frágil como para resistirse. Lily no quería soltar la mano de James, pero este la besó en la frente.
-No te preocupes-dijo una vez más-Apenas estén de vuelta, corro para estar contigo ¿si?
Solo entonces la chica asistió y se fue con las profesoras y su amiga.
Lupin, que tenía un feo tajo sobre la ceja, se dejó caer en una de las butacas delante del escritorio de Dumbledore. James entre aliviado y consternado, se sentó a su lado.
-Al menos Lily está bien...-dijo Remus pasando su mano por su pelo con nerviosismo.
-No estará todo bien hasta que Annie y Sirius vuelvan-dijo James con voz firme-y lo harán, Sirius va a volver... estoy seguro de que Annie y él jamás se darán por vencidos.
-Eso espero-dijo Remus.
o.o.o.o
Sirius contempló su alrededor y quiso dejar salir un grito. Annie no alcanzó a abrir un solo ojo cuando Sirius la tomaba por la cintura y la giraba con alivio. Habían aparecido justo donde él quería que aparecieran. Estaban fuera de los terrenos de Hogwarts.
-Lo... lo lograste!!-dijo Annie. Quiso saltar de alegría, pero no podía. Se sentía muy mal. Las piernas de dolían y la cabeza le daba vuelta.
-Sí, lo logré!!-exclamó Sirius abrazándola.
Annie reía mientras que Sirius la levantaba en el aire. Se miraron a los ojos y a ambos les llegó el recuerdo de un fugaz beso. Sirius soltó a Annie y quiso decir algo, pero no supo que. Annie, notando la incomodidad creada, sacó su varita y sonrió alejándose de Sirius. Caminó hasta legar junto a la reja. Se puso de espalda al chico. Sirius no podía ver lo que hacía. Movía la varita y de vez en cuando salía una fuerte luz blanca.
-Qué estás haciendo?!-preguntó Sirius luego de unos segundos. Annie simplemente abrió la reja-No entiendo...
-No importa Sirius-sonrió Annie débilmente.
El chico ayudó a Annie a que se apoyara en él. Caminaron durante largo rato, sin decir absolutamente nada. De vez en cuando Sirius la miraba de reojos asegurándose de que ella iba bien o certificándose de que la ojos azules iba realmente a su lado, sana y salva. Annie estaba confundida, aun no estaba muy segura de todo lo que había pasado. Cuando ya estaban cerca del castillo, Annie decidió romper el silencio.
-Qué va a pasar ahora?-preguntó en voz baja. Sirius lo pensó durante un momento.
-Dejemos que Dumbledore vea que hacer...-fue lo que respondió. Annie asistió con lentitud.
Pocos minutos después, Sirius corrió la gran puerta que daba al gran Hall. Estaba deshabitada, algo que no les extraño. La mayoría aun estaría en Hogsmeade y los cursos menos se encontrarían en sus salas comunes respectivas.
-Vamos a la enfermería-dijo Sirius tomando a Annie de un brazo. La guió a través de los pasillos hasta llegar junto a la enfermería.
Abrió la puerta y no faltó más que una visión para aumentar su alegría. Lily y Sophie estaban sentadas en una camilla. Ambas intentaron levantarse, pero las profesoras se lo impidieron. La profesora McGonagall avanzó con rapidez hacia ellos y con una fuerza insospechable tomó a Annie. La puso delante de sus ojos y la observó a través de sus anteojos de montura cuadrada. La enfermera, Madam Pomfrey, estaba atónita.
-Pero si Annie...!-dijo antes de par su boca con las manos. Ella estaba segura de que Annie había muerto. ¿Cómo era posible que estuviese allí?
-Luego te lo explicaré-dijo la profesora sonriendo satisfecha. Con ayuda de Sirius la llevaron hacia una camilla. Inmediatamente la enfermera corrió para socorrerla. Sirius quería ver que le iban a hacer, pero la mujer se lo impidió. Puso uno de los grandes biombos impidiendo que los chicos pudieran ver lo que ocurría.
-Sirius!-Llamó Lily desde la camilla. Sophie miraba con los ojos muy abiertos. Lily, antes de que aparecieran Sirius y Annie, había estado relatando todo lo que sabía a la profesora McGonagall. Sophie, que parecía tener una fuerte laguna mental, no podía dejar de pedir disculpas y solo se calló cuando Annie apareció.
Sirius abrazó a las dos chicas al mismo tiempo, pero se separó de ellas al instante. Observó hacia todos lados, iba abrir la boca cuando Lily respondió.
-Están en la oficina del profesor Dumbledore. Dijeron que no se iban a mover de ahí hasta que Annie y tú volvieran
Sirius suspiró con alivio. Se dirigió a una de las muchas camillas libres que quedaban y se recostó. Estaba agotado. Sólo descansaría un momento antes de partir hacia la oficina del director. A pesar de todo, se sentía mucho más tranquilo. Aunque quedaba un largo camino por delante. Los mortífagos sabían que Annie estaba en Hogwarts y harían hasta lo imposible por tratar de conseguir el útero virgen de las ojos azules y de paso, llevarse a una pelirroja comprometida con James Potter.
-Solo descansaré un momento...-dijo al tiempo que se levantaba-pero luego.
-Adónde vas?!-gritó Lily. Intentó ponerse de pie, pero le era casi una tarea imposible. La enfermera le había dado una pócima que le adormeció los músculos más adoloridos. Había asegurado que sus efectos pasaban al cabo de una hora llevándose los dolores. Era mucho mejor que la poción reconstituyente, aunque notablemente más lenta.
-Iré a ver a James y a Lupin.
-Espera-imploró cuando Sirius estaba apunto de salir. El chico se giró y la miró sorprendido-Yo sólo, quería pedirte algo-Sirius se acercó y asistió con la cabeza-Te ruego que no le digas a nadie que Snape es un mortífago...
-Qué?!-grito Sophie-Qué es Snape es un mortífago?!
Nadie le respondió. Sirius estaba demasiado ocupado contemplando a la pelirroja y Lily trataba de sostener su mirada. En otro momento, quizá, se hubiese negado a sabiendas de que la pelirroja se molestaría, si fuese realmente Sirius Black se abría lanzado a reír de forma sarcástica y salido de la habitación dejando muy claro que lo primero que haría al ver a Dumbledore sería decirle que Snape no es más que un asqueroso mortífago, pero el tono de voz de la chica, algo suplicante y lleno de miedo y pena, lo retuvo...
-Lily, él está de parte de aquellos que querían entregarte a Voldemort y Adolf-dijo en un susurro.
-Lo sé, créeme que lo tengo más que claro-respondió la pelirroja luego de suspirar-pero antes de que lo expulsen o lo manden a Azkaban, prefiero entender. Yo sé que puede ser algo difícil para ti asimilar que desee dejar fuera de todo esto a Severus, pero en el fondo el no iba a entregarme. Recuerda que gracias a él logré escapar. Él soltó las cadenas que me hacían prisionera.
-Aun así!!-exclamó Sirius comenzando a negar con la cabeza-es un mortífago¿Sabes lo que eso significa? Está de parte de aquel mago que busca matar a todos los que son como tú, Lily! Tu crees que en la primera oportunidad, Voldemort no te habría lanzado el maleficio asesino? Sí, lo abría echo! Es tú vida la que está en juego y la de Annie, por cierto! Él vio a Annie en su forma natural...
-IGUAL QUE VOLDERMORT!-alzó la voz Lily. Se sentía exasperada-Qué él la haya visto o tocado o cualquier cosa no los deja ni más adelante, ni más atrás.
-Es verdad-apoyó Sophie-No ganan nada. Quedan igual.
-Sirius, por favor!-Pero al ver que Sirius se negaba con la cabeza lo tomó de las manos-Escucha, dame dos semanas, no... mejor tres. Si me das ese tiempo y yo no logro saber por qué está haciendo esto, te prometo que no impediré que entregues a Severus... pero dame tres semanas. Por favor!-pidió.
Sirius la observó entre horrorizado y maravillado. Por una parte, le horrorizaba la idea de que Lily quisiera buscarle una explicación a lo que ya lo tenía: Snape era un maldito mortífago que lo único que quería era tener un poco de poder, sin importar lo que eso conllevase. Pero por otro lado, lo maravillaba el corazón de la chica. Era sorprendente la fuerza que tenía esta... hasta el punto de pensar que Snape realmente no era malo...
-Tres semanas-aceptó Sirius-Ni un día más...-Lily asistió sonriendo tristemente-Yo no diré nada, pero si James se entera de esto, tú y yo, y de paso también Sophie, estaremos en mayor peligro que estando bajo el cuidado de Voldemort. Cornamenta nos matará... y estoy seguro de que Remus lo ayudaría.
Miró a Lily y luego a Sophie. Parecía molesto, pero cuando se disponía a girarse, se volvió hacia ellas y las besó en una mejilla.
-Ahora, si me disculpan y no se les ofrece nada más complicado-dijo haciendo una sarcástica reverencia, logrando que Lily y Sophie rieran-iré a ver a Remus y James
-Recuérdale-dijo Lily, con un cierto dejo de timidez, antes de que Sirius saliera completamente de la enfermería-que prometió vendría a mí cuando Annie y tú volvieran.
Sirius sonrió y asistió con la cabeza... Aún quedaba un largo camino por delante.
-Aún queda mucho por luchar-dijo antes de cerrar la puerta de la enfermería.
o.o.o.o
-Por qué demonios demoran tanto?!-dijo de repente James levándose con exasperación.
Había tratado de mantener la calma. Había intentado no mostrarse más asustado de lo que realmente estaba. Por una parte, su inquietud por Lily había disminuido, aunque no acabado, al saber que la chica se encontraba fuera del alcance de los mortífagos. Y aunque deseaba ir con ella y no perderla de vista, primero necesitaba que Sirius y Annie volvieran.
Se comenzó a pasear de un lado para otro, conteniendo sus ganas de gritarles a los aurors que lo miraban sin inmutarse y los impulsos ya muy conocidos de comenzar a patear los muebles. Nadie decía absolutamente nada. Era un silencio desesperante y tenso que lo estaba volviendo loco. Apenas sentía su brazo, pero no le importaba. En aquel momento Sirius era lo único que le preocupaba.
Habían sido amigos desde que pisó por primera vez esa escuela. De hecho, en el expreso de Hogwarts. Era su mejor amigo, su compañero en las buenas y en las manos, un verdadero hermano. Jamás se perdonaría si él no volvía con vida...
Lupin, por su parte, parecía perdido en su mundo. Miraba un punto fijo detrás de la oficina del director, pero su mente había viajado a un lugar un poco más alejado: Sirius y Annie.
-Tenemos que ir por ellos-dijo James en voz baja.
Sacó su varita dispuesto a pelear con los Aurors si era necesario. Lupin, con el movimiento que se produjo alzó, la cabeza. James pretendía salir de la oficina, pero los magos le cerraban el paso.
-No puedes salir de aquí hasta que Dumbledore vuelva.
-A menos que vayas a la enfermería-dijo otro.
-No me voy a quedar aquí mientras Sirius pelea con los mortífagos!-dijo James apretando los dientes.
-Lo único que lograrías sería empeorar las cosas!-exclamó una joven auror.
Lupin se levantó y con fuerza obligó a James a sentarse. Le quitó la varita e hizo aparecer un vaso con agua fría y una barra de chocolate.
-Bebe y come-le dijo. James no quería aceptar lo que Lupin le estaba ofreciendo, pero al cabo de unos segundos tomó el vaso y bebió toda el agua-No sacas nada corriendo hacia Hogsmeade-Lupin se sentó a su lado mientras partía la barra de chocolate en tres partes.
-Quiero que Sirius vuelva
-y va a volver!-aseguró Lupin entregándole un muy generoso pedazo de chocolate-Deberías ir a ver a Lily. Ella está débil y preocupada por ti. Se nota en su mirada...Ya sabes-dijo como respuesta a la cara de James-mi instinto lobuno me entrega ciertos instintos aun cuando faltan quince días para la luna llena-susurró para que los otros no lo oyeran.
-Sé que debería estar con Lily ¡Es lo que quiero! Pero no voy a moverme mientras Sirius y Annie estén de vuelta-sentenció con decisión.
Lupin, comprendiendo que no iba a conseguir absolutamente nada insistiendo, asistió con la cabeza. Saboreo un pedazo de chocolate. Le encantaba... No sabía que tenía el cacao que lo hacía sentir tan bien, pero siempre que se sentía muy mal solo tenía que morder un poco y dentro de él se creaba un extraño calor que lo reconfortaba.
De repente, cuando James había logrado permanecer sentado y no patear nada, unos fuertes golpes en la puerta los sobresaltaron. Se levantaron con urgencia y los Aurors, que había permanecido muy quietos y alejados, se acercaron con rapidez. Abrieron con una leve mota de inseguridad, alzando las varitas. "Nunca se está seguro" pensó la joven auror...
Pero no era nada más y nada menos que un chico de pelo negro y ojos grises: Sirius Black, tan campante como siempre, saludaba con la mano a todos los presentes. James y Lupin soltando resoplidos de alivio se le lanzaron encima abrazándolo y dándole golpes en la espalda de alegría.
-Que me tenían fe-dijo Sirius mientras sonreía y abrazaba a James.
-Sabíamos que volverías-respondió su amigo tomándolo por los hombros-pero no estábamos seguros si iba a ser por lo pies por delante o caminando-Sirius alzó una ceja y rió con ironía. Sabía que su amigo estaba bromeando. Aun notaba la preocupación en su semblante, al igual que Lupin.
Iba a dar el mensaje de Lily cuando la chimenea se prendió con un potente fuego amarillo rojizo. Iluminó toda la habitación y transmitió un agradable calor. Igual de rápido como se había prendido, se apagó y todo lo que quedó fue un hermoso pájaro. Con sus resplandecientes plumas batiéndolas, el fénix de Dumbledore se paró en el respaldo de la silla alta del director. En el pico llevaba una nota. Con urgencia los aurors se acercaron y rodearon al fénix. Quitaron la nota... James vio los ojos del auror que leía en silencio la nota ir de un lado para otro con rapidez. Todos estaban muy quietos, esperando que el auror terminara de leer y dijera que era lo que Dumbledore informaba.
-Los han perdido, El-que-no-debe-ser-nombrado logró escapar. Consiguieron atrapar a unos cuantos mortífagos. Pero el innombrable logró escapar
-Mierda!!-dijeron al unísono Sirius y James.
-Dumbledore viene enseguida, está en el ministerio dando un informe de lo que ocurrió. Los Aurors están siguiendo el rastro, aunque es poco probable que logren dar con el paradero de Voldemort sin salir muertos...-dobló la nota y se la guardó en el bolsillo. Hizo algo con la varita y finalmente también la guardó en el bolsillo de la túnica-Rossien, quédate con los alumnos. El resto nos vamos a ayudar. Alastor debe estar interrogando a los detenidos.
Cinco aurors salieron y solo la más joven se quedó allí. Cuando la puerta estuvo cerrada, la joven les sonrió y se sentó al fondo. Tenía la varita en la mano. Ahora James pudo notar lo linda que era. Tenía el pelo rizado y tomando en una coleta desordenada. Su piel blanca era lisa y sus mejillas estaban sonrojadas. Era alta y se veía algo graciosa: Su túnica de Auror le quedaba un poco grande.
-No se preocupen. Yo me quedaré tranquilita esperando que vuelva Dumbledore. Estoy un poco cansada, pero todo va a salir bien chicos-dijo sonriendo.
-Ey!-dijo Sirius recordando lo que Lily le había pedido-tienes que ir a la enfermería. Cierta pelirroja se muere por verte...-dijo dándole un golpe con el codo.
-Sí, pero tenemos que hablar con Dumbledore. Explicar todo lo que pasó, todo lo que vimos.
-Es verdad-apoyó Remus-Sirius, viste algún mortífago? Alguien a quien poder reconocer? Será necesario informar a Dumbledore de todo lo que ocurrió.
Sirius hizo un gesto extraño. Entre asistiendo con la cabeza y encogimiento de hombros. Optando por no mirar a sus amigos, se les adelantó y se puso a mirar por la ventana que estaba junto a la silla del director. Había prometido a Lily que no delataría a Snape. Se le revolvía el estomago pensando que, aunque no le gustara, estaba protegiendo a ese asqueroso de pelo grasiento, pero sólo sería por tres semanas. Aunque a él también le daba mucha curiosidad ¿qué motiva a alguien a formar parte de las filas de Voldemort?... "Vamos ¿por qué te sorprende tanto?, si en el fondo todos sabíamos que era aliado de Voldemort" pensó Sirius entrecerrando los ojos y fijándolos en el bosque prohibido. Aquella era la oportunidad que tenían de ponerlo en Azkaban, no podía zafarse de esa. Un mortífago, Snape era un mortífago declarado y no se iba a salvar por más de tres semanas... En tres semana se iba de cadena perpetua a la prisión de los magos.
-Qué ocurre?-preguntó James acercándose hasta él-En qué estás pensando?
Sirius salió de sus ensimismamiento y se giró con lentitud. No quería ocultarle aquella información a su amigo, pero decirle sería traicionar la palabra que le había dado a Lily, y Sirius Black jamás traiciona. Por otro lado, cuando James se enterara de que Lily quería evitar que Snape fuese a Azkaban, sería capaz de derrumbar todo Hogwarts...
-Nada-dijo finalmente-Nada...
o.o.o.o
Lily llevaba más de media hora acostada en un camilla de blancas sábanas. El sol se iba ocultando de apoco y la enfermera se encargaba de prender las velas con un movimiento de la varita. A su lado, Sophie dormía plácidamente. Su respiración acompasada le indicaba lo tranquila que se encontraba. Un poco más lejos, aun tapa por los biombos, se encontraba Annie. Lily no sabía si estaba despierta o dormida, quizá sedada, pero no había movimiento ni sonido tras las cortinas. Se preguntó por qué razón la habían apartado. Aquello la intrigaba, pero la no era capaz de levantarse. Ella misma se sentía medio adormecida. Los ojos se le iban cerrando e inconcientemente se acomodaba entre las almohadas.
Pero al darse cuenta de que comenzaba a quedarse dormida, abrió los ojos inmediatamente. James había prometido que iría a verla en cuanto apareciera Sirius y, aunque había pasado ya mucho rato, ella seguía esperando. Sentía que en cualquier momento el chico de anteojos atravesaría la puerta de la enfermería y llegaría hacia ella con su típica sonrisa varonil que tanto le gustaba... Bueno, quizá no siempre. Cuando la ocupaba con otras chicas, francamente la odiaba.
¿Por qué estaba demorando tanto¿Estaría aún en el despacho del profesor Dumbledore?. Comenzaba a sentir un poco de nerviosismo ¿Acaso habría pasado algo? No, no debía preocuparse. Siempre escuchó que Hogwarts era el lugar más seguro de toda Inglaterra, incluso más que el banco de los magos, así que de seguro estaban hablando con el director. "Claro, por eso demora" dijo convencida "están explicando todo lo que pasó".
Se giró haciendo una mueca de dolor, aunque no era mucho. Más que dolor, lo que sentía era un pequeña incomodidad. El maleficio Cruciatus, a pesar de haberlo utilizado una vez, la había afectado más de lo esperado. Al parecer, su cuerpo tenía una sensibilidad al dolor superior que al de un chico normal de su edad... "Genial" pensó con ironía. Observó a Sophie que seguía durmiendo. Lamentaba que Sophie se hubiese visto involucrado en todo eso. Era una chica muy buena, a veces un poco confundida, pero buena de todas formas. Inmediatamente se acordó de otra persona, no confundida, si no algo extraña que también ella consideraba una buena persona. ¿Se habría equivocado tanto con Snape¿Acaso no había sido capaz de darse cuenta de la persona que tenía delante de sus ojos?. Ella sabía que Severus era un maniático de las artes oscuras, que lo volvían loco, pero jamás llegó a pensar que él podría ser parte de un grupo tan macabro como lo son los mortífagos.
-Que no le diga, que no le diga-susurró cerrando los ojos con fuerza.
Necesitaba tiempo. Eso era todo. Buscar una explicación a la elección del Slytherin, incluso llegar a ayudarlo. Severus no es de la clase de personas que mata a otras por placer, algo tiene que haberle ocurrido. Algo muy malo para optar por un camino tan oscuro... y lo peor, sin retorno.
o.o.o.o
Se escabulló por entre el retrato de la dama gorda sintiendo el dolor en el brazo. Se lo aferró con la idea de llegar al baño lo antes posible e intentando de que los alumnos en la sala común de Gryffindor no lo vieran. Algo que en parte, no era tan difícil.
Peter nunca fue y nunca será el más popular de su casa. Ni siquiera ser amigo de los cabecillas de la clase lo ayudaba. No al menos de la forma que a él le gustaría. No lo molestaba, lo dejaban tranquilo o lo que era peor, ni lo tomaban en cuenta. Siempre estando tras los merodeadores debía acatar ordenes y soportar las risas burlonas de ellos. ¿Hasta cuando era capaz de soportar todas esas humillaciones?. James se encargaba de ideas bromas donde siempre él salía perjudicado, Sirius utilizaba todo lo que decía en su contra y Remus simplemente no lo tomaba en cuenta como a James y Sirius. ¿Por qué? Si él era igual de merodeador que los otros... ¿o no?
"Porque en el fondo, ellos saben lo que eres" dijo una voz en su cabeza.
Se encerró en el baño y levantó la manga de su camisa. Allí, resplandeciendo, estaba la marca tenebrosa. Recordó el día en que "él" le tatuó aquella calavera y sintió una punzada en el estómago. ¿Era por venganza, por envidia o por qué? Pues no estaba muy seguro, lo único que si sabía era que al menos, en aquel grupo nadie se mofaba de él. Allí era alguien... se sentía importante entre los mortífagos. Era parte significativa dentro de un sistema... Allí nadie se burlaba de él...
Pero tampoco nadie lo ayudaba cuando tenía problemas con una materia, como lo hacía Lupin. Tampoco nadie lo ayudaba cuando se sentía algo triste, como lo hacía James y tampoco, nadie lo defendía, como lo hacía Sirius. A pesar de todas las burlas o bromas, ellos seguían a su lado...
"¿Por qué¿Por qué somos amigos?
Se sentó en el retrete sin poder resistir lágrimas de arrepentimiento. "¿Dónde demonios me metí?"
O.O.O.O
Hola!
Creo que este es el capítulo más largo de toda la historia hasta el momento! De apoco pretendo ir atando los cabos y explicar algunas cosas que quedaron el tintero. Sé que ahora no he publicado muy seguido... pero se me ha venido difícil (pero a mal tiempo, buena cara ¿verdad?).
Agradesco los Reviews:
lordaeglos, Judith Malfoy, nena-prongs, GinNyLu, Mi-x-LuBrE-x-CaLa, Desiré, emotivejoy, luna712, clau malfoy, Cami, Lily Evans, monse evans
Muchas gracias chicaas!!
"Hasta siempre mi niña hermosa... una de mis mejores amigas, parte de mi familia.
Estarás para siempre en nuestros corazones. Incondicional y cariñosa... Te amo, Canela, Avellana. Para siempre y para siempre"
Porque la muerte no es más que otra nueva gran aventura...
