Basado en las novelas de J.K. Rowling.
Nacer por ti, Morir por él
Capítulo treinta y nueve: "No seamos amigos"
Por Jane.Camui
Annie no quería salir de la habitación. No quería tomar la pócima. Lo único que le daba un poco de satisfacción era observar el cielo mientras una suave brisa sacudía las hojas de los árboles del bosque prohibido. A lo lejos vio a Hagrid entrar entre la mata de árboles con su ballesta y seguido de su gran dogo negro, Fang. Un poco más allá, el profesor de cuidado de criaturas mágicas impartía su clase práctica a sus pequeños alumnos de cuarto.
Miró su reloj. Las clases estaban por acabar y pronto sería la hora de la cena. Su estómago rugía pidiendo algún alimento, pero no le hacía caso. Tenía cosas más importantes por las cuales preocuparse. Apoyó la frente en la fría ventana y cerró los ojos. Tenía una idea, una idea un tanto arriesgada pero que al menos era la mejor que se le ocurría. Suspiró. Detestaba tener que hacerlo, pero no veía otra solución.
Se levantó y buscó entremedio de sus cosas. Entró un pergamino y una pluma. Volvió junto a la ventana y apoyando el pergamino en su pierna. Untó la punta de la pluma en la botellita de tinta que le había sacado a Lily. Escribió con su acostumbrada letra ordenada y delicada unas cuantas líneas. Releyó el contenido y soltó un nuevo suspiro. Volvió a su cama y buscó la capa para hacerse invisible que James le había pasado y el mapa del merodeador. Se puso la capa y se observó en el espejo. No estaba.
Salió de la habitación y cerró con cuidado.
Cuando Lily entró en la habitación media hora más tarde para dejar sus cosas se asustó. No había rastro alguno de Annie. Corrió escalera abajo hasta encontrarse con Remus.
-No está! No está!-exclamó casi con histeria.
-Tranquila!-dijo Remus levantándose de la butaca-Qué cosa? Qué no está?
-Annie! Annie no está en la habitación!
-De seguro le ha dado hambre y bajó-respondió pero de todas formas frunció el entrecejo-vamos. Iremos a buscar a la cocina.
o.o.o.o
Había pasado una hora y Annie aun no aparecía. Lily estaba al borde de la histeria. Sophie no hablaba y parecía perdida en alguna parte de sus pensamientos, como si allí pudiese encontrarla. Remus y James se paseaban de un lado para otro. Sirius no estaba allí ya que cumplía un castigo de la profesora Sprout.
-Dumbledore actúa como si fuese lo más normal!-exclamó James pateando su mochila-claro "tranquilos, no debe estar muy lejos". Cómo si fuese normal que la gente aparezca y desaparezca!
-Pero donde podrá estar?-logró gesticular Lily por enésima vez en media hora. Se mordía las uñas y más de una vez James le había quitado una mano de la boca.
-Dumbledore tiene que saber algo-apuntó Remus-no está preocupado, así que nosotros no deberíamos estarlo! Además, tiene la capa invisible y el mapa, Lily dijo que no estaba ninguna de las dos cosas en su baúl.
-Disculpa, eso no me deja más tranquilo!-dijo James.
Sirius entró en ese momento en la sala común y vio a sus amigos. Estaban tensos y lo miraban con la esperanza de que pudiera darles alguna buena noticia. Solo le bastó echar una mirada para comprender que no estaba ocurriendo nada bastante bueno.
-Annie está contigo?-preguntó James.
Sirius negó con la cabeza. Pasó la vista entre todos. La única que parecía ida era Sophie, completamente sumergida en sus pensamientos.
-Desapareció?-preguntó lentamente, como si tratara de procesar la información.
Sus amigos asistieron con la cabeza. Sirius soltó un resoplido de indignación y partió hacia la escalera de las chicas. Apretó el ya conocido botón para que la escalera no se transformara y subió seguido por sus amigos.
-Qué estás haciendo?-preguntó Remus cuando entraban en la habitación de las chicas.
-Tiene que haber algo que nos indique donde demonios se metió esa tonta!-respondió con los dientes apretados. Removió las cosas de Annie. Libros, ropa y utensilios de aseo de repuesto quedaron esparcidos por todos lado.
-Sirius, Lily ya revisó. Lo único que falta es la capa invisible y el mapa.
Pero Sirius no lo escuchaba. Acababa de fijar su vista en un pedazo de pergamino y una tinta cerca de la ventana.
-Quien lo utilizó?-preguntó con urgencia.
-Pues-Lily no había notado aquello-no lo sé. Sophie?
Remus le dio un codazo y la chica volvió en sí.
-Tú ocupaste eso?-preguntó Sirius indicando el pergamino.
-No, no...-respondió distraída. Sirius sonrió con actitud de triunfo. La señal que había estado buscando aparecía ante sus ojos mucho antes de lo esperado.
-Ya sé donde está!-exclamó-en la pajarera! Seguramente enviando una carta.
-Y se demora una hora en hacerlo?!-preguntó James alzando una ceja.
-Quizá sigue allí-dijo Lily con esperanza-vamos!
-No!-dijo James atrapando a su novia que iba camino a la puerta-que vaya Sirius. No podemos ir todos.
-Sirius?-preguntó Sophie-por qué Sirius?
-Dejen-intervino Remus captando la mirada de James-Sirius ha estado con ella mucho este tiempo y, no creo que sea muy seguro que vayamos todos...
-No me parece conveniente!-exclamó Lily mirando a Sirius con los ojos levemente cerrados, mostrando su desacuerdo rotundo-Annie necesita a sus amigas, que estamos a su lado siempre. No que vaya...-se calló. Sirius alzó una ceja y la miró desafiante-no que otra persona vaya...-terminó.
-Sirius es un amigo, Lily!-contradijo James acercándose a su novia-por qué dices esas cosas?
-Pues por que...
-Ya basta!-dijo Sirius interrumpiendo a Lily-No se van a pasar toda la maldita noche discutiendo ¿verdad?-se dirigió a la puerta y miró a Lily, la cual corrió la vista molesta-iré donde Annie porque yo soy la persona a la que necesita. En contra de tu aprobación madame Evans-ironizó-No voy a jugar con ella.
-El mundo no gira entorno tuya, Black!-gritó Lily.
Sirius la apuntó con un dedo acusador y la miró entornando los ojos. Era como si tratara de decirle algo con la mirada, pero Lily se resistía y no lo observaba. Ella tenía las mejillas sonrojas causa de la rabia y frustración que sentía cuando veía que nadie la apoyaba. James estaba confundido. Sentía que se había perdido un capítulo importante, mientras que Remus miraba expectante. Sophie, volvía a estar encerrada en sus pensamientos.
-Iré Lily!-dijo finalmente Sirius-si quieres luego me torturas, pero no me voy a quedar aquí aunque hagas una pataleta.
-Ja-ja-ja-soltó mordazmente Lily-tu sabes lo que espero.
-No le voy a hacer daño!
-Si? pues creo haber escuchado eso antes!!
-Cuando vuelta, tú y yo vamos a tener una seria conversación Evans
y salió de la habitación, dejando a una enfurecida Lily Evans apretando los puños mientras soltaba resoplidos de indignación.
-Bueno-dijo James con voz cautelosa-me explicas que pasó?
o.o.o.o
Annie se preguntaba cuanto tiempo más iba a estar parada allí mirando a lo lejos el bosque prohibido. Una hora o más, ese era el tiempo que ya llevaba apretando la nota que había escrito. Un montón de lechuzas de todas las clases y colores, la observaban moviendo su cabeza como si esperaran que ella se decidiera de una vez. La capa de invisibilidad se había resbalado por su espalda y el mapa de los merodeadores seguía estando en el bolsillo de su túnica negra.
Levantó la carta y la abrió. No era muy larga, pero decía lo que estaba necesitando hacer con una desesperación angustiosa.
"Querido Hermano.
Sé que prometí que me quedaría en Hogwarts, pero esto está llegando demasiado lejos. No solo pongo en riesgo la vida de mis amigos, sino a todo el castillo. No sería capaz de vivir con la idea de que por mí culpa gente inocente está muriendo. Espero que seas capaz de entender y me ayudes con esta decisión que he tomado. Cuando tu hayas leído la carta, yo quizá esté muy lejos. Me comunicaré contigo apenas me sienta segura. Te ama, Annie Dahl."
Estaba segura de que su hermano se moriría de valor y correría a buscarla, solo esperaba que entendiera la señal. Muy en su interior, era lo que estaba esperando. Estrechar a un ser amado... "que no me hará daño". ¿Pero por qué aun seguía allí sin saber que hacer? En la habitación había tomado una decisión, pero en la pajarera de las lechuzas se sintió tan débil y triste que no se sentía capaz de enviarla. Pero tenía que hacerlo.
Asistió con la cabeza, comprendiendo que aunque no le gustara la idea, era lo que debía hacer. Se paseo por la redonda estancia buscando una lechuza, mientras se repetía una y otra vez que debía hacerlo. No fue conciente de unos pasos apresurados que se acercaban por la escalera. Cuando la puerta se abrió con gran estruendo, Annie dio un paso hacia atrás asustada.
-Aquí estás!-dijo Sirius entre aliviado y molesto.
-Oh...-fue todo lo que pudo decir Annie. Su estómago se dio vuelta y sintió como pequeñas mariposas revoloteaban dentro de ella.
-Todos están preocupados-dijo Sirius desde la puerta. Era una situación incómoda. Por primera vez, desde el beso, se hablaban.
-Mmm...-dijo Annie tomando una lechuza cualquiera y dirigiéndose hacia la ventana.
-No vas a decir nada? Algo con qué defenderte?!-Sirius la siguió viendo lo que ella hacia: atar una nota con dedos torpes a la pata extendida de una rojiza lechuza.
Annie se encogió de hombros. Le estaba costando atar la nota. "tengo que hacerlo, tengo que hacerlo" pero le daba miedo. Sirius la miró con atención y luego observó la nota. Sintiendo un mal presentimiento, le quitó la nota de las manos. La lechuza soltó un chillido molesta. Salió volando y Annie comenzó a forcejear para que Sirius le devolviera la carta.
-No puedes hacer eso!-le grito mientras él abría el pergamino y se ponía de espaldas a ella para que no pudiese quitársela.
Sirius comenzó a estudiarla con rapidez. Cuando Annie estuvo a punto de quitársela de las manos, Sirius la alzó y terminó de leer. Finalmente, cuando la pelinegra comprendió que ya no sacaba nada con seguir peleando, dejó caer las manos enfadada.
-Detesto molestarme Sirius!-exclamó levantando la mano extendida. Le estaba pidiendo la carta.
-Estás loca o qué?!-preguntó Sirius irritado. Lo único que le faltaba que Annie decidiera marcharse. Arrancar. Ocultarse y lo peor, sin que él supiera donde estaba-Qué demonios pretendes hacer?
-No es asunto tuyo!-dijo Annie moviendo la mano extendida frente a él-dámela!
-No!-se negó Sirius alejándose de ella-Es que acaso perdiste la cabeza o tienes problemas?
-De vuélveme la carta por favor!!-Annie trataba de mostrarse segura, decidida-De nada sirve que me grites!
-Ah! Pero si va a servir que te encierre ¿verdad?. Sí, Annie. No nos va a quedar otra que enclaustrarte, así no podrás marcharte!
Annie abrió la boca, sin saber que decir. Frunció el entrecejo y movió la cabeza en señal de negación. Sirius había adoptado una actitud de superioridad y determinación.
-No seas tonto-dijo Annie. Suspiró buscando paciencia-No me voy a ir. Nunca lo ha sido mi idea-Sirius le mostró la carta con una mirada de "no es lo que dice aquí"-Ay! Sirius. Mi idea es otra-admitió.
Le quitó la carta de las manos aprovechando que Sirius se confundía por momentos.
-Lo que quiero es que los mortífagos piensen que ya no estoy en Hogwarts. Una falsa pista ¿entiendes?
-No-dijo secamente el pelinegro.
-Verás, si yo envió esta nota diciendo que me iré de Hogwarts y dando una razón por ello, los mortífagos creerán que de verdad me he ido, pero en realidad yo sigo en el castillo.
-Eso no funcionaría!-dijo Sirius quitándole la nota-Sabes perfectamente que hay mortífagos entre nosotros! Snape, por ejemplo. Mis asquerosas primas y quizá todos los Slytherin.
-Ya lo pensé. El profesor Dumbledore cree Megaera Lupin puede seguir ayudando con eso.
Sirius soltó una risotada cruda y verdadera. Le causaba mucha gracia.
-Eso sería peor que estar de prisionera en esta torre. Además, ellos ya deben de saber que eres Annie-dijo. Annie crispó los labios y le quitó la carta.
-No pretendo que me ayudes!-exclamó ofendida-además, el director dijo que mi idea era muy buena. Dijo que no hay forma que se puedan comunicar con el exterior. Todo lo que entra y sale esta siendo vigilado, muy en especial aquellas personas sospechosas. Además, no pierdo nada con intentarlo-Annie corrió su vista ocultado la preocupación persistente en sus ojos. Sí, había una persona que podía en riesgo, pero que necesitaba con todo su alma y sabía que él preferiría que se lo dijera antes que seguir tan angustiada.
Sirius sonrió con suficiencia y le hizo una seña a la chica para indicarle que prosiguiera. Se cruzó de brazos y la observó. Annie comenzó a sentirse algo tonta ¿Su idea era un poco tonta?.
-Tu hermano te matará-dijo cuando ella tomó la lechuza-se preocupará.
-Nunca leerá la carta-mintió Annie de espalda a Sirius-Está muy bien oculto y esta preciosa lechuza jamás podrá encontrarlo-dijo cuando le lechuza salió volando por la gran ventana sin vidrio. La observó tratando de pasar por alto el bufido de Sirius.
-Estás subestimando a esa preciosa lechuza. Ellas siempre encuentran al destinatario.
-No lo hará!-mintió Annie.
-De acuerdo, como quieras. Deja que te felicite-hizo una inclinación de cabeza de forma irónica-ha sido una magnífica idea. ¿Pero sabes que sería mejor? Que te marcharas de verdad o-se emocionaba de forma falsa-mejor, entrégate a Voldemort.
-Eres un payaso que se hace llamar mi amigo. No necesito tu apoyo, yo me las arreglaré sola-Annie pasó por su lado dispuesta a salir, pero Sirius la detuvo tomándola de un brazo y haciendo la girar. Quedaron frente a frente. Como Sirius era más alto que Annie, la pelinegra tuvo que alzar la cabeza para mirar a los ojos a Sirius.
El chico vio una nunca vista determinación. Sabía que ya no podía evitar que esa carta llegara a quien sea que la fuera a leer: Hermano o Mortífagos.
-Ya lo hice Sirius-dijo ella en un susurro-ya no se puede detener a la lechuza.
La vista de Annie se desvió un momento hasta los labios el chico. Recordó aquel pequeño beso que le había dado hacia unos días atrás y luego, el cuadro imaginario de Sirius besándose con Sophie le llegó a la cabeza. Trató de soltarse, pero Sirius la apretó con más fuerza.
-Sirius, debo volver donde los chicos-dijo Annie tirando de su brazo-dijiste que estaban preocupados.
-Lo siento-dijo Sirius, pero no la soltaba. Annie frunció el entrecejo-Siento haberte besado-dijo finalmente en un susurro.
Annie abrió los ojos con algo de sorpresa y su corazón, que ya latía con rapidez, aumentó su velocidad. Bajó la vista y se mordió el labio inferior.
-No importa-dijo en voz baja-Supongo que lo haces siempre ¿no? Besar a todo el mundo que use falda-trataba de sonar desinteresada, pero estaba herida.
-Me estás juzgando igual que Lily-dijo él. Su voz se había vuelto tormentosamente seductora. Annie creía escucharla más varonil que nunca ¿o era porque estaba muy cerca?
-Yo ya lo olvidé, Sirius-trató de sonreír Annie-sigamos siendo Amigos ¿sí?
Sirius negó con la cabeza sin apartar la vista de ella. Le gustaba lo que sus ojos le mostraban. Ella con su piel blanca y sus mejillas manchadas de dulce rojo, exponiendo la incomodidad que sentía. Sus ojos observando un punto del pecho de él y largo pelo cayendo con delicadeza por su rostro. El contacto con su brazo le indicaba que estaba tensa y nerviosa.
-No-dijo. Sabía que tenía que alejarse de ella o cometería el mismo error: besarla. Se preguntó como sabría un verdadero beso de ella y deseo poder averiguarlo.
-No qué?-preguntó Annie notando que ya no podía quitarse y se obligaba a no levantar la cabeza.
-No quiero ser tu amigo. No puedo-Annie abrió los ojos más nerviosa que antes. La otra mano de Sirius se había posado sobre su cintura y Annie temía que fuera a pasar lo que ella tanto deseaba que ocurriera una vez más, pero que sabía no tenía que pasar.
-Pues... no seamos amigos-dijo Annie.
-Sería peor para ti... No me sentiría mal al hacer esto.
Annie no pudo preguntar que cosa, pues Sirius la había acercado y levantado desde su cintura. Le soltó su brazo y con su mano, levantó la barbilla hasta la altura suficiente para que la mirara a los ojos. Annie perdió su batalla interna y miró a Sirius... tenía sus ojos tan grises como siempre o quizá un poco más claros.
-No-pidió Annie con voz débil-No, por favor...
o.o.o.o
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