Nacer por ti, Morir por él

Capítulo Cuarenta y Uno: "Dime que está pasando!"

Por Jane.Camui

Por fin había llegado el fin de semana. Los días anteriores habían sido casi un calvario para los Gryffindor. Primero, Lily y James estaba peleados y no se hablaban. Las cosas se volvían tan complicadas que Sophie estuvo a punto de tirar un jarrón lleno de jugo de calabaza a James cuando este pasó junto a Lily y la golpeó en el hombro a propósito. Y lo peor de todo era que la mitad del colegio, específicamente todas las chicas, estaba encantadas.

-Sabes lo último?! James Potter rompió con Evans!

¿Cuántas veces Sophie había entrado en el baño de chicas y escuchado una desagradable conversación con respecto a su amiga pelirroja y su "sin juicio" novio?. Ya estaba cansada de repetir, una y otra vez, que James no había terminado con nadie.

-Entonces Lily terminó con Jemsy?!!-preguntó escandalizada una chica de cuarto como si la idea de que alguien dejara a su adorado James fuera inaceptable.

-No! No tienen nada mejor que hacer?!-espetó Sophie exasperada.

Y es que la verdad, no habían roto. Estaban tan molestos el único con el otro, que ni siquiera se hablaban para terminar. Aunque Sophie estaba segura de que aquella no era la opción de Lily. Ella seguía cuidando y llevando su anillo en el dedo. Mientras James, sin que Lily se diera cuenta, espantaba a la otra mitad del colegio, la masculina, que al parecer tenía un nuevo interés por la gryffindor.

-Qué demonios les pasa?!-preguntó molesto James la tarde del viernes a sus amigos, cuando observó a lo lejos que un chico de Ravenclaw coqueteaba con Lily.

-Dime una cosa, cornamenta-preguntó Sirius-Tú y Lily siguen siendo novios?-James lo fulminó con la mirada y caminó por un pasillo perpendicular al que estaban.

-Va a esterar a ese tipo al otro lado ¿verdad?-preguntó Sirius. Remus asistió con la cabeza.

-Vamos-dijo el castaño haciendo una seña-evitemos que lo mate.

Por otro lado, estaba Sirius con sus nuevas ideas. Su número de bromas semanales había aumentado escandalosamente y los profesores le intentaban dar de caza. El problema era que el pelinegro no dejaba pruebas que lo culparan, aunque los profesores estaban seguros qué el ratón de tres metros en la sala común de Hufflepuff, los vestidos en las armaduras del pasillo del cuarto piso, la alarma invisible que sonaba cada tres horas de forma escandalosa en el aula de adivinación y la calva temporal de algunos chicos de Slytherin, tenían como autor al mismo alumno de ojos grises y pelo oscuro. Lo único que les faltaba era encontrarlos con las manos en la masa. Sirius agradecía que el Director del colegio pusiera como norma la presencia de pruebas al momento de la acusación de algún estudiante por parte de los profesores. Sabía que estaba actuado como cuando tenía catorce años, pero en algo tenía que ocupar su tiempo. Además, cada vez que veía a Annie sentía la extraña necesidad de hacer explotar algo.

-Fue buena esa última broma-dijo James sentándose junto a él en la clase de pociones, bastante lejos de las chicas-Creo que Helena no podrá salir de su habitación en los próximos tres días.

-Hasta que pase el efecto-sonrió Sirius recordando la escandalosa hinchazón de rostro de la Ravenclaw.

Sentada al otro lado de la sala, Annie se sentía malhumorada. Volvía a utilizar la poción del cambio de aspecto, pero al ir por el pasillo generalmente utilizaba la capa para volverse invisible. Malfoy y otros Slytherin parecían guardias, pendiente de cada movimiento que daba. Estaba segura que ya habían atado cabos y sabían que Annie Dahl era la nueva Megaera Lupin. La tranquilizaba tremendamente notar la alta presencia de auroras. Ahora había siempre uno muy cerca. La seguían con bastante distancia, pero cuidando que nada malo ocurriera. Era una advertencia muy clara para los alumnos mortífagos. Cualquier acción sería altamente enjuiciada. Además, los profesores hacían rondas cuando no tenían clases, por lo tanto Annie tenía la certeza de que los mortífagos alumnos no actuarían dentro de los terrenos del colegio. Sería demasiado riesgoso.

Pero incluso así a los chicos les parecía poco, pues las seguían a todos lados, de lejos claro.

Además, a todo lo relacionado con la amenaza constante que sentía, se agregaba el dolor de cabeza que significaba Sirius Black y la absurda conversación terminada en nada, pues nuevamente volvía a evitarla. Sumándose a todo eso, tampoco sabía si su plan había dado resultado. Esperaba con ansias alguna señal, pero los días pasaban y sus esperanzas se iban disipando. Quizá Henry no había recibido la carta.

Remus y Sophie no iban mejor. Ahora que por fin había decido estar juntos no encontraban el momento de decir lo que ocurría entre ellos. Lily se negaba a estar cerca de James, mientras que James miraba sobre Lily como si no la viera.

-No quiero que caigamos en lo mismo de la vez pasada, así que tendremos que decirlo por separado-dijo Sophie cuando se topó con Remus fuera del aula de transformaciones.

Remus esperó hasta estar los cuatro en el dormitorio. Allí, entre nervioso y expectante, contó que volvía a estar con Sophie.

-Vaya!-dijo James realmente sorprendido-bueno...-miró a Sirius de reojos-te felicito amigo. Sé que la quieres, así que... tienes que estar con ella...

-Sí-dijo finalmente Sirius levantándose y dándole la mano a Remus-aunque tienes que dejarles las cosas claras desde ahora ¿si? y que bueno que nos has dicho, por merlín!

Sophie, por su parte, no fue capaz de esperar hasta la noche, sino que en medio de la clase de Aritmancia, a la cual asistían las tres, les acercó un papel con la noticia. Tal fue la sorpresa de Lily que dejó caer todos sus cálculos y abrazó feliz a su amiga ante la molesta mirada de la profesora Vector. Annie sonrió. Aquella noticia le había provocado una insólita satisfacción.

-Quizá ahora puedas hablar con James-aventuró Sophie-tratar de arreglar las cosas? Podríamos volver a ser un grupo, como antes.

-Yo no tengo nada que arreglar-gruño Lily agachándose y recogiendo sus pergaminos-James "poco tino" Potter es el que me insultó.

Sophie cuestionó con la mirada a Annie. La pelinegra si encogió de hombros sonriendo de forma cansada. Lily estaba actuando de una forma tan exagerada que comenzaban a agotarse.

Y así el fin de semana se les presentaba como una bendición. No tendrían que toparse en clases. Al fin cada uno podía hacer lo que se le antojaba. Las chicas habían decidido pasar el día estudiando para los EXTASIS de final de año que ya se les venían encima, mientras que los chicos se dieron el lujo de ir al campo de Quiddich para volar.

-A todo esto-preguntó Annie cuando la escoba de Sirius desaparecía a través del retrato-Ya no hay partidos?

-No, creo que se suspendió el campeonato-respondió Lily levantando la vista de su pergamino-El ataque del dementor y la entrada del mortífago a comienzo de año-explicó.

-No he visto a Peter-dijo Sophie-no va con los chicos al campo?

-Sí, siempre anda con ellos.

-Es verdad-apuntó pensativamente Annie-Hace días que no veo a Peter. ¿Cómo es que le llaman las chicos?

-Los idiotas?-preguntó Lily arrugando un papel. Sophie puso los ojos en blanco-Le llaman colagusano.

-No entiendo por qué aun no arreglas las cosas con James!-se quejó Sophie-Es una tontera que peleen por eso!-dijo de forma significativa.

-No es solo eso!-Las mejillas de la pelirroja se sonrojaron levemente pero fijó su vista en el libro que había estado utilizando-Ustedes no entienden-susurró.

-Inténtalo!-exigió Sophie ya molesta por lo orgullosa que se estaba volviendo su amiga-Creo que el no dijo nada muy ofensivo la verdad.

Annie pasaba la vista de una a otra mientras un mal presentimiento se apoderaba de ella. ¿Acaso se iban a poner a pelear? Parecía que sí. Lily la miraba de forma reprochadora, como si la acusara de algo y Sophie parecía no estar dispuesta a entender las razones de indignación de la pelirroja.

-No puedo creer que aún siendo mi amiga, elijas no apoyarme!-reclamó Lily levantándose.

-Te apoyo, por algo sigo estando a tu lado ¿no? Pero no lo entiendo. ¿Qué es lo que te molesta?

-Chicas, por qué no...-pero no la estaban escuchando. Annie soltó un suspiro.

-No es mi culpa-continuó Sophie-qué seas tan apegada a la moral y las buenas costumbres. Lo único que queremos es que Annie deje de estar en riesgo las veinticuatro horas del día! ¿Acaso no lo entiendes?

-Claro que lo entiendo!-Lily golpeo la mesa con la mano extendida provocando un golpe sordo-Pero ustedes parecen pasar por alto lo que ella puede estar sintiendo-dijo apuntando a la pelinegra sentada delante de ellas-Le están exigiendo que se acueste con una persona sin quererlo! Eso es horrible!

-Chicas, no deberían...

-Dónde demonios has estado todo este tiempo?!-exclamó Sophie sorprendida y levantándose también. Ambas se miraban con los ojos entrecerrados, molestas. Annie estaba segura de que podría sentir el enojo de cada una si se acercaba mucho-Es su vida!

-Lo sé, pero yo apelo a sus sentimientos. Al amor.

-EY!!-gritó Annie apenada de que ellas hablar como si ella no pudiera escuchar, o como si no estuviese allí-Esto no tiene que ver conmigo ¿si?

-No, obvio que no-Sophie se puso las manos en la cintura-Tiene que ver con que Lily tiene miedo.

-Ah?-preguntó desconcertada la pelirroja-De qué estás hablando?!

-Es eso!!-dijo con aire triunfal la castaña-te da miedo pensar en tu primera noche de casada!

Lily se quedó callada y apretó su mano conteniendo las ganas de responder, pero prefirió guardar silencio. Ella sabía que si abría la boca podía ser muy hiriente, y aunque estaba muy molesta por todo lo que Sophie decía, ella era su amiga.

-Me voy-dijo reuniendo sus cosas-Tengo que entregar un libro en la biblioteca. Te veo luego-dijo a Annie al tiempo que apretaba sus libros en el pecho y se dirigía a la salida.

-Lily...-dijo Sophie, pero era demasiado tarde. El retrato de la dama gorda volvía a ocultar la entrada a la torre Gryffindor-Lo siento-susurró al tiempo que se sentaba con la cabeza gacha.

Annie que tenía los labios levemente abiertos se acercó hasta Sophie y le puso una mano en el hombro, tratando de reconfortarla.

-No quise decir lo que dije-se justificó. La voz le tiritaba como si hiciera considerables esfuerzos por no llorar-pero... tu sabes... me descontrolo cuando me molesto.

-Lo sé-Annie se sentó en el puesto que momento antes había usado Lily-pero también tienes que comprender la situación en la que se encuentra ella. Está a poco de casarse y es lógico que tenga algo de miedo, no debiste atacarla con eso.

-Lo siento-se disculpó una vez más.

o.o.o.o

Lily caminó por el pasillo recordando lo que Sophie le había dicho. Parecía que nadie la entendía. Parecía como si todos prefirieran que Annie se acostara con el primero que se le cruzara ¿Acaso nadie podía pensar un poco el los sentimientos de ella? ¿Acaso no les importaba?. ¿Y por qué Annie no decía lo que pensaba? ¿Por qué dejaba que ellos decidieran sobre su persona?.

-Me estoy metiendo donde no me llaman de nuevo-susurró mirando sus pies.

"-No, obvio que no-Sophie se puso las manos en la cintura-Tiene que ver con que Lily tiene miedo.

-Ah?-preguntó desconcertada la pelirroja-De qué estás hablando?!

-Es eso!!-dijo con aire triunfal la castaña-te da miedo pensar en tu primera noche de casada!"

Se detuvo cerca de un gran ventanal que tenía una pequeña ventana levemente abierta. Sintió la brisa alzar su rojo cabello y recorrer su rostro con delicadeza. "Mi primera noche de casada" pensó. Un leve tiritón le recorrió el cuerpo. Había aceptado casarse con James porque sabía que lo amaba. Estaba segura de que jamás querría a otra persona como quería a ese idiota de anteojos. A pesar de todas las diferencias ella había elegido estar con él. "El matrimonio es para toda la vida" se recordó.

Lo sabía, y era aquello la que la hacía tan feliz. Estar con James Potter para siempre, hasta que la muerte los separara. Deseaba realmente compartir las experiencias del futuro a su lado, conocer la vida real de su mano. Se sentía segura con él. Sabía que jamás la abandonaría. ¿Pero ella? Tenía miedo y estaba molesta con Sophie porque lo había notado...

-¿Qué hago?-se preguntó apoyándose en la fría pared de piedra.

-Lily, tengo que hablar contigo.

-¿Qué?-Lily levantó la cabeza tan rápido con los ojos llenos de sorpresa que sintió un fuerte golpe en su nuca.

Allí, frente a ella y mirándola con unos extraños ojos inexpresivos estaba Severus Snape. Sus manos en los bolsillos de la túnica y su pelo negro cayendo a ambos costados de su rostro la perturbaron.

-No..-susurró negando con la cabeza con lentitud, pues estaba inmovilizada por el miedo. No estaba lista para hablar con él, no estaba lista para enfrentarse a Snape. Lo deseaba, sí quería poder entender sus razones, pero no esperaba encontrarlo en medio de un pasillo y para desgracia de ella, desierto.

-Necesito que me escuches-dijo Snape con su voz cargada de algo que ella no la tranquilizó.

-Vete, James vendrá en un momento-mintió.

-Sé perfectamente bien que tu y Potter no se hablan. Igual que en los viejos tiempos ¿no?

-Estate lejos de mí!-gritó Lily asustada.

-No te voy a hacer daño, maldita sea!-Snape se alejó un paso de ella-pero si lo prefieres. No me acercaré, pero escúchame. Hazlo por la amistad que tuvimos en algún momento.

-Cómo??...-Lily se mostró indignada. Algunos libros se le resbalaron pero a ella no le importó-¿Cómo tienes cara para hablarme de la amistad?

-Escúchame! Evans!

Lily se mordió el labio y contuvo las lágrimas. ¿Qué tan mal podía salir si aceptaba hablar con él?. Si tan solo alguien estuviera con ella en ese momento. Tenía miedo, demasiado miedo.

-Lo que tengas que decir, dilo rápido-susurró la chica-pero mantente lejos de mí.

Snape asistió con la cabeza. Seguía con sus manos en los bolsillos, Lily se preguntó si estaría aferrando la varita, dispuesto a utilizarla.

-No te equivocas, soy un mortífago. Lo soy-Lily ahogó un gritó con sus manos que en el instante soltaron ya los pocos pergaminos que afirmaban cayendo también a sus pies-pero no porque lo desee en estos momentos. En algún minuto sí, fue algo voluntario. Nadie me obligó a entrar a ese grupo...

Lily escuchaba atenta de cada palabra. Era lo que había estado esperando. Escuchar de sus propios labios la explicación que tanto había esperado... Algo que la incitara a pensar que él no era la persona que todos creían "Porque yo lo conozco, sé que no es así" pensó.

-Pero el tiempo pasó y mis razones se fueron anulando. Necesito que entiendas, que jamás te haría daño.

-Por qué?-preguntó la pelirroja ahora sintiendo que el medio se desvanecía siendo reemplazado por una renovada sensación de esperanza-Por qué eres un mortífago?

-La vida-fue todo lo que dijo. Lily no comprendió. Ladeó la cabeza confundida y abrió los labios con la intención de hablar.

-No-la detuvo Snape-solo quería decirte eso. No tengas miedo de mí, Lily.

-Lily...-repitió ella. Hacía mucho tiempo que no la llamaba por su nombre.

-Pase lo que pase, yo jamás te haré daño-Snape la miró por última vez y se giró, yéndose.

-Severus...-susurró Lily siguiéndolo con la mirada.

Le costó un tiempo asimilar lo que había pasado. La conversación con Severus la había hecho olvidar sus otros problemas y la tranquilizó. A pesar de todo lo que había ocurrido, confiaba en él, pues jamás había faltado a su palabra con ella. Con lentitud y recordando la conversación recogió sus cosas.

Caminó en sentido contrario al de él demasiado perdida en sus pensamientos. Miraba hacia el piso y apretaba más de lo necesario sus libros. No tenía un rumbo fijo, solo cruzaba pasillos y subía escaleras sin estar pendiente de lo que ocurría a su alrededor. Los sonidos no le llegaban y las quejas de algunas personas, a las que pasaba a llevar con el hombro, jamás llegaron a ocupar un espacio en su cabeza.

Snape había hablado con ella y en ese momento, aquel era el único pensamiento que podía sostener. No le había dicho sus razones para formar parte de las filas de innombrable, solo le había dicho "la vida" como si aquello fuera lo más importante ¿A qué se refería?.

-Esa no es Lily?-preguntó Sirius viendo a lo lejos una cabellera roja al otro lado del pasillo. James se giró al instante y la miró momentos antes de que fuera oculta por una pared.

-Sí, es ella. ¿Adónde irá?-preguntó. Frunció el entrecejo. No le gustaba que anduviera sola por el colegio. Le pasó su escoba a Sirius y corrió sin importarle de que no se hablaba con ella.

Lily dobló una esquina y se mordió el labio. Quizá jamás supiera a que se refería. Snape solía ser una persona demasiado introvertida que pocas veces daba razones. No hablaba de sus sentimientos y no le importaba ser juzgado.

-Lily?-preguntó James, pero ella no lo oía."¿Adónde va?" se preguntó.

Dobló por una esquina para encontrarla al otro lado del corredor. Cuando llegó al otro corredor ella seguía caminando con su paso lento con la vista fija en el suelo. James estaba seguro de que no se fijaba por donde iba y decidió ponerse delante de ella para darle un susto.

Lily chocó con el cuerpo de James sin saber que pasaba. Estuvo a punto de caer de espaldas si no fuera porque la mano ágil de James la atrapó.

-James-se sorprendió la chica aferrando sus libros tratando de que no se le cayeran. Por un momento estuvo tentada de abrazarlo para quedarse junto a él para siempre-Lo siento.

Pasó por su lado. Lo miró por un instante a los ojos y siguió su camino. James le dio la espalda por un momento no muy seguro de lo que debía hacer.

-Lily!-gritó. Lily se detuvo sin volverse pero giró la cabeza hacia él. James dudó, pero se acercó hasta ella y le quitó los libros-caminemos ¿si?

Lily se detuvo un momento, y lo miró con el entrecejo fruncido. Sintió como dentro de su estómago miles de maripositas revoleteaban. James se giró, y la miró. La pelirroja sintió la necesidad de abalanzarse y abrazarlo con todas sus fuerzas, pedir disculpas por ser tan exagerada y... y... ¿Qué es lo que realmente deseaba saber? ¿Qué es aquello que le da tanto miedo?.

"¡Te da miedo pensar en tu primera noche de casada!"

Lily deseó tener sus libros en los brazos para abrazarlos y refugiarse en ellos. Dio un paso hacia atrás, de forma instintiva horrorizada de lo que se había dado cuenta. Era verdad, tenía pánico que aquella noche. Tenía un miedo terrible de lo que podía sucederle, o... "De lo que él llegue a sentir" pensó mordiéndose su labio inferior.

James se giró completo y la miró de arriba hacia abajo, preguntándose que era lo que ella estaba pensando. Parecía asustada y precavida.

-Qué pasa Lily?-preguntó.

Lily sintió ganas de llorar, de admitir que tenía miedo. Que deseaba con locura estar con él, pero que no sabía como actuar. "No me puedo comparar con las otras con las que estuvo" pensó mirándolo directo a los ojos. James frunció el entrecejo, quería acercarse, pero temía que ella se fuera. Los libros comenzaban a estorbarle y no sabía que hacer con ellos. Sabía que la pelirroja quería decirle algo, que algo la estaba atormentando. Lo podía ver en sus ojos, que se mostraban afligidos y ahogados. ¿Por qué no lo decía? ¿Por qué se guardaba aquello?.

"Algo no está bien, por favor Lily, Dime que está pasando"

Lily dejó de sostener su vista y la bajó hasta toparse con sus manos que jugaban nerviosas con un botón de su túnica.

-Tengo que irme-dijo finalmente. Con lentitud, como si su cuerpo se opusiera, se giró sobre sus talones y caminó dándole la espalda. James deseó gritarle, pedirle que no se marchara y que le dijera que estaba pasando.

-Tus libros?-susurró con una voz cargada de algo que a Lily le sobre cogió el corazón ¿Pena, rabia, seducción?

Cerró los ojos con fuerza. Apretando los labios comenzó a correr lejos de él.

-Lily!!-gritó James. Soltó los libros, los cuales produjeron un ruido sordo.

"Dime que esto no se acabó por favor, dime que aun estoy a tiempo de aprender" Lily sacudió la cabeza alejando sus pensamientos. Deseaba que él la entendiera, ¿pero cómo? James había estado con muchas chicas, con muchas...

"te da miedo pensar en tu primera noche de casada!"

-Es verdad, me da miedo...-se detuvo. Sin saber donde meterse, se adentró en una habitación que poca gente utilizaba. Estaba sin iluminación y tenía telarañas colgando de las velas inutilizadas quizá desde hace cuanto tiempo. Parecía un deposito de viejos muebles.

Se sentó en el piso lleno de polvo recogiendo sus piernas y abrazándolas. Tenía que pensar... Estar sola y saber que hacer con su temor.

"Soy inexperta, no sé como actuar, como... como..."

-Qué vergüenza!!-dijo en voz alta mientras sus mejillas se encendían.

-Lily?-la puerta se abrió iluminando una parte de la habitación oscura. Lily se apegó a la pared conteniendo la respiración y apretando sus piernas-Lily, sé que entraste aquí!

James cerró la puerta y sacó su varita, susurró un hechizo y la varita se prendió con una pequeña pelota de luz. Lily cerró los ojos y esperó que no la encontrara.

Caminó por la habitación levantando polvo. Lily agradeció internamente el haberse sentado al lado de un gran armario gris. Con un poco de suerte, James no la vería y se marcharía para buscarla en otro lugar.

-De qué demonios te estás escondiendo?-escuchó que decía James con enojo. A través de sus ojos cerrados, pudo distinguir una luz distinta. Los abrió con lentitud y levantó la vista siguiendo el cuerpo de James hasta llegar a su rostro.

-Hola...-susurró débilmente.

-Qué está pasando?!-preguntó James.

-Nada, yo...-Lily trató de actuar con normalidad-Estoy aquí...-miró a su lado buscando algo-Descansando?

-Descansando de la carrera que hiciste?-preguntó James alzando una ceja.

-Ehh... tuve que correr por qué... bueno...-balbuceó-me... me dio un calambre!

James la fulminó con la mirada. Lily apoyó la cabeza en la sucia piedra y trató de sonreír, pero lo único que logró fue ensuciarse el cabello, pues su sonrisa parecía más una mueca que otra cosa.

-Dime que está pasando, Lily-Ordenó James sin cambiar su mirada.

Lily rozó su anillo cuando desentrelazó sus manos sobre sus piernas. Se concentró en la pequeña rosa de pétalos rojos, observándolo con determinación. Estaba intacto, igual de hermoso que el día en que James se lo regaló, tan florecido y reluciente como siempre. Aquel anillo representaba todo para ella. El amor que sentía por James, su fidelidad, la lealtad y la amistad. "Es mi futuro" pensó "él es mi futuro".

Escuchó un movimiento a su lado y sintió el cuerpo de James junto al suyo.

-No te molesta que me siente, verdad?

-No, supongo...-susurró la chica sin mirarlo-Es un mundo libre.

Se quedaron en silencio un momento. James escuchó un pequeño suspiro y la miró de reojos. Ella parecía petrificada. Miraba hacia el frente, poco iluminado gracias a la varita de James. Seguramente, pensando y pensando.

Lily no quería moverse. Sabía que él la estaba observando. Sintió un golpe en su costados. James la había golpeado con su codo.

-Eso fue apropósito?-preguntó

-Sí-dijo con simpleza.

Otro suspiro y otro silencio. ¿Por qué la había seguido? ¿Para sentarse junto a ella y mirar el vació?. De repente, la misma oscuridad de cuando ella entró se hizo presente. James había terminado el hechizo y guardado la varita.

-Por qué...?-alcanzó a preguntar la pelirroja. Sintió una mano en su mentón que le giraba la cabeza con fuerza pero de forma delicada, y al instante los labios de James sobre los de ella acariciándolos con la dulzura de siempre.

Lily quiso protestar, pero al parecer su cuerpo no pues rodeó a James con su brazos y lo atrajo más a sí misma. Cuanto había extrañado aquella intimidad, cuanto había necesitado sus caricias y sus besos. Sintió como la recorría con su mano, dejándola posada finalmente sobre su cintura. Se les estaba acabando el aire, pero pequeñas pausas se los devolvía y seguían con aquella experimentación que ya tanto conocían.

Lily ladeó su cabeza permitiendo que James le besara el cuello.

-Dime que está pasando, por favor-pidió en un susurro James con voz ronca.

-No... Me da vergüenza...-respondió Lily abriendo los ojos siendo traída nuevamente a la realidad.

"te da miedo pensar en tu primera noche de casada!"

-No es verdad!!-gritó exasperada-no me da miedo mi primera noche de casada!!

Con un movimiento rápido se zafó de James y se tapó la boca con las manos. Rogó internamente para que él no haya oído, aunque tendría que ser sordo para no escuchar un grito como aquel. Se detestó a si misma por ser tan impulsiva, y más aún a sus labios, por actuar más rápido que su cerebro.

No lo veía, estaba demasiado oscuro. No pudo ver la expresión de su rostro ni como la miraba. Se pasó una mano por su roja cabellera como si aquello la ayudara a tranquilizarse, pero fue en vano. Se comenzó a desesperar ante la negrura y el silencio. Hubiese deseado que la tomara por los hombros y la zarandeara con enojo. Prefería que la regañara por ser tan torpe y miedosa, pero ¿Silencio?. No sabía que estaba pesando y peor le era no tener idea de la expresión de sus ojos.

Y ante su sorpresa, la imponente risa de James llenó el aire. Lily ladeo la cabeza confundida y entrecerró los ojos tratando de sobreponerse ante la oscuridad. Escuchaba su risa clara y sincera, reacia a acabar. Se mordió las uñas siendo devorada por la vergüenza.

-De qué te estás riendo?!-preguntó con los labios apretados.

-De ti!-respondió haciendo que las carcajadas de hicieran más intensas.

-Por Merlín! No fue eso lo que...

Los brazos de James la rodearon atrayéndole. Lily se quedó sin aliento por un segundo, pero al sentir la respiración del chico, alterada por la risa, se tranquilizó. En otro momento, ella se habría molestado. Se habría levantado y soltado algún insulto, pero... aquella reacción, aquella naturalidad la tranquilizó. Se seguía sintiendo muy tonta, pero que el la abrazara con dulzura la ayudó al menos, para levantar un poco la cabeza, con algo de timidez y estar segura de que él no estaba molesto con ella.

-Te da miedo lo que va a pasar esa noche?-preguntó con algo de picardía.

Lily se mordió el labio inferior y lo golpeó con delicadeza en el hombro.

-No!-Aseguró-Eso lo dijo Sophie, yo...

-Lily, si de verdad tienes miedo me lo tienes que decir-Detuvo su risa. Se impuso un tono mucho más serio y la tomó por los hombros.

-Es solo que...-Lily no estuvo muy segura de decírselo.

-Si?

-Tu has estado con muchas chicas? Digo, lo has...-movió la cabeza de forma significativa-con muchas?

James soltó una pequeña risa. La abrazó nuevamente apoyando su cabeza en la de ella. Miró la oscuridad. Ahora comprendía el miedo de ella. Ahora sabía porque le había afectado tanto que él no le prestara la atención debida. Él lo sabía, estaba seguro de que Lily era virgen y que él sería su primer hombre, pero jamás se puso en el lugar de ella. En los miedos...

-No, no con muchas-respondió siendo sincero.

-Pero si has estado con chicas así...-susurró Lily no siendo aquello una pregunta.

-Aquello te preocupa? Te molesta?-preguntó James acariciándole la espalda.

-No... supongo-mintió.

-Lily...!-dijo con voz de advertencia-Sé perfectamente bien que estás mintiendo!-la regañó James.

Lily suspiró. Cerro los ojos y aspiró el aroma de él. Olía tan bien. No sabía si era el perfume que utilizaba o un conjunto de aromas que a ella le encantaba. Le parecía varonil y la embelezaba. Una mezcla entre menta y pino. Se acurrucó aun más entre los brazos de él y aspiró más profundamente.

-Adoro tu perfume-susurró.

-Lily...

-Es verdad-admitió la chica sin separase ni un milímetro de él-me da miedo aquella primera noche. Me da mucho miedo no saber como actuar, como mirarte o como tocarte. Me da miedo la situación misma, porque soy inexperta, porque no sabría como... como... como entregarme completamente a ti.

-Lo deseas?-preguntó James. Lily alzo la vista y se topó con la mirada penetrante de James. Estaba serio y veía aquella seguridad que la tranquilizaba en los peores momentos.

-Sí-susurró Lily. James torció los labios en una seductora sonrisa.

-Sabrás como actuar-aseguró él. La besó en la frente y ella volvió a apoyar su cabeza en su pecho-Cuando llegue ese momento sabrás que hacer... y yo te ayudaré.

-De verdad?-preguntó sonrojada.

-Claro que si!-aseguró James riendo levemente-Te enseñaré. Aunque me demore toda la semana, tendré mucha paciencia contigo. Te lo aseguro!!

-James!-lo regañó ella con cariño notando el tono libidinoso.

Se quedaron abrazados durante largo rato. Cada uno en sus pensamientos.

James sabía que podía ser difícil e incluso él se preguntó si podría ser capaz de estar con Lily sin sentir una punzada de remordimiento. Siempre la había visto tan dulce, tan pura... tan delicada que deseaba con todas sus fuerzas tomarla, pero sin dañarla... "Tendré que ser muy fuerte".

Lily sabía que podía ser difícil e incluso ella se preguntó si podría ser capaz de estar con James sin sentir una punzada de remordimiento. Siempre lo había visto tan viril, tan masculino... tan hombre que deseaba con todas sus fuerzas que la tomara, pero sin dañarla... "Tendré que ser muy fuerte".

A James le hubiese gustado profundizar en el tema, pero sabía que eso podría muy nerviosa a Lily... "Ya habrá tiempo para eso" pensó de forma lujuriosa.

o.o.o.o

Sirius caminó por el pasillo que lo conducía a la sala común de Gryffindor. Con dos escobas, una a cada hombro, caminó con tranquilidad a medida que acompañaba sus pasos con un silbido poco armónico. Saludó a unas chicas con la cabeza, moviéndola de forma caballerosa y entró por el orificio del retrato. No había mucha gente en la sala común, salvo unos cuantos chicos de quinto y séptimo que estudiaban incesantemente para los exámenes.

Al final de la sala común, la lado de una gran ventana, vio a dos de sus amigas. Se encontraban sumidas en libros y pergaminos, cogiendo las plumas y remojándolas en tinta para anotar algún dato extra que podría serles de utilidad. Sirius fijó sus ojos en Annie que parecía confundida. Le tocó un brazo a su amiga y le mostró algo en su pergamino. Sophie frunció el entrecejo negando con la cabeza y buscó en su mochila. Sacó un libro que abrió con rapidez mientras decía quien sabe que cosa. Annie parecía no estar de acuerdo con ella, pues le hacía señas a otro libro mientras hablaba. Finalmente, cuando Sophie se dio cuenta de que Annie tenía razón, cerró el libro de un golpe y tomó su pluma. Tachó algo y se lo devolvió a su amiga sonriendo.

Sirius estaba deseando acercarse y asustarlas. Hacia mucho tiempo que no las molestaban, que no les hacía perder la paciencias con alguna broma. Parecía que todo había cambiado mucho.

Se sentó en una butaca dejando las escobas sobre una pared. Contempló por ultima vez a Annie que releía el pergamino en voz alta. ¿Desde cuando que le daba inseguridad acercarse a una muchacha? ¿Cuándo perdió su personalidad, su carisma y su galantería?.

Toda chica en Hogwarts quería estar con él. Incluso sabía que chicas de Slytherin lo miraban medio babosas. Cuando pasaba, las estudiantes le sonreían de forma coqueta y le saludaban con la mano, otras que ya habían tomado confianza, lo abrazaban con entusiasmo. Aquello había logrado que los chicos del colegio lo detestaran, ya que cuando Sirius Black pasaba, la atención y las miradas se concentraban solo en él, olvidando todo el resto...

¿Pero Annie? Ella actuaba distinto al resto de las chicas. Sirius sabía que la pelinegra sentía algo por él, eso era más que evidente, pero... ella parecía saber ocultar sus sentimientos. No se pone nerviosa en su presencia e incluso a veces, ni lo mira, pasando por alto al chico.

"Me trata como si fuera su amigo". ¿Y no es eso lo que son?

Las cosas si habían cambiado mucho...

Sentía que se estaba volviendo loco. No sabía como actuar con ella, no sabía como proceder con ella. No tenía la menor idea de cómo demonios mirarla, tocarla y hablarle. Sin contar que últimamente parecía de entre ellos había un evidente tema pendiente, ¿y cómo no? Si la había besado dos veces. Parecía que cuando estaban solos no podía controlarse. Perdía completamente la razón y las ganas de abrazarla se hacían muy fuertes.

Se pasó la mano por el pelo, casi tirándoselo. Estaba perdiendo la poca paciencia que tenía y no quería actuar con ella de forma impulsiva. Annie no era como el resto de las chicas, jamás mostraba sus emociones, salvo a Lily y Sophie. Siempre sonreía y buscaba el lado positivo de todo. Era muy tolerante y defensora de todo aquello que fuera vida. ¿acaso una chica así podría estar con un chico como él?. Eran casi todo lo contrario...

-y está el problema de la sangre...-susurró mirando el juego crepitar débilmente.

La sangre que tan distintos los hacia. Punto en el que radicaba su principal problema. Quizá, si no fuera por eso, el se habría arriesgado un poco más, pero no podía. La magia de ella se lo impedía y de seguro, luego de un tiempo la de él le provocaría problemas a ella.

La miró de reojos. Parecía cansada, con los ojos agotados de tanto leer, aunque aquello no le quitaba la perfección de su posición. Con la espalda bien apoyada en el respaldo del asiento y la cabeza levemente inclinada mirando un libro que tenía sobre su rostro. A pocos centímetros de la mesa y con las piernas juntas, muy femenina. Frente a ella y de forma muy deferente, estaba Sophie. Medio echada sobre la silla y con la impresión de que no podría estar mucho más tiempo sentada, movía los pies de forma nerviosa, cambiándolos de posición una y otra vez.

¿Por qué tenía que ser precisamente Annie? ¿Por qué Voldemort la había elegido precisamente a ella? Estaba seguro que no era la única virgen de sangre blanca que iba caminando por el mundo mágico. Habían bastantes chicas, mucho más fáciles de conseguir que Annie. ¿Acaso ella tenía algo de especial que a ellos se les estaba escapando?.

Pensó en Sophie y en la "maravillosa" conclusión a la que había llegado. El mismo la había descubierto bastante días antes, cuando vislumbró que era la más rápida alternativa que tenía la chica de cabellos oscuros. Aunque, a diferencia de Sophie, había decidido quedarse callado. Como había pensado, era tan absurdo como obsceno. La idea era completamente desechable si Annie decidía aceptarla pensando en otra persona que no fuera él. Alzó una ceja de incredulidad dirigida a él mismo...

Tenía que controlar sus pensamientos.

Corrió la mirada enfocando nuevamente la chimenea. Realmente, no sabía que hacer... Ni siquiera tenía claro sus sentimientos ¿o no lo quería admitir?

o.o.o.o

Sophie se estiró con cansancio dejando salir un gran bostezo que ocultó con su mano al instante. Le estaba costando concentrarse y es que no podía dejar de pensar en Lily y en lo tonto que había dicho.

-Ya deja de pensar en eso-le dijo Annie adivinando sus pensamientos-más valdría disculparte lo antes posible, así no dejas pasar mucho tiempo-aconsejó.

-Si, lo haré cuando la vea-aseguró asistiendo con la cabeza. Volvió a mirar el pergamino frente a ella y soltó un resoplido-detesto esto! Tanta materia!

-Es nuestro último gran examen. Tenemos que prepararnos!

Se quedaron el silencio. Annie seguía leyendo su libro mientras que Sophie se debatía entre continuar con la lectura o arrugarla y tirarla por la ventana. Llevaba siete años con el mismo debate. Desde primero, cuando tuvo su primera tarea, pero desde ese día que había contado con la ayuda de Lily o Annie. Siempre hacían los trabajos juntas y los deberes eran tan comunitarios que las chicas se sorprendían que los profesores no las regañaran por tener respuestas tan parecidas.

¿Qué iba a pasar después de la tercera semana de junio? ¿Qué iba a ocurrir cuando se acaba el curso? ¿cuándo ya no tuvieran que volver nunca más a Hogwarts?

-Annie?-preguntó en un susurro. La pelinegra levantó la cabeza-qué pasará después de que salgamos de Hogwarts?.

-Tendrás que buscar trabajo, o especializarte en algo.

-Vamos!!-le recriminó-Sabes a lo que me refiero.

-Creí que eso estaba más que claro, Sophie! No creí que fuera necesario aclararlo-exclamó Annie dejando su libro sobre la mesa y regalándole una gran sonrisa-siempre seremos amigas, en eso quedamos ¿no?.

Sophie sonrió y soltó una risa de alivio. Sí, juraron ser amigas para toda la vida... y el que la escuela se acabara para ellas no lo iba a impedir. La seguridad que mostraba su amiga, decidida en que serían intimas para siempre le devolvió la tranquilidad. No sabría que hacer sin ellas. Eran su pilar, las que le ponían los pies en la tierra y la que la ayudaban cuando comenzaba a desesperarse con alguna situación. Como en toda amistad, había momento difíciles, pero lo importante era poder sobreponerse a ellos. Estaban juntas en todo momentos y, aunque se enojaban, "cómo ahora" se dijo recordando la mirada dolida de Lily "siempre estaremos la una para la otra".

-Siempre...-susurró volviendo a tomar su pergamino

o.o.o.o

Se sentó en la fría piedra de su habitación contemplando sus manos llenas de sangre. Las apretó con fuerza aguantando el dolor que le provocaba. Tiritaba completamente y su cabello tenía pequeños fragmentos de cristal roto. Miró sus muñecas inundadas con el líquido rojo y rozó con sus labios las heridas que el mismo se había hecho. Sintió junto a su lengua el calor y el sabor de su sangre y cerró los ojos disfrutando de aquella agua de vida. Luego, cuando tragaba con lentitud su saliva ahora medio oxidada con el sabor único, dejó caer las manos a su costado y alcanzó el pequeño cuchillo que había robado de las cocinas. Se corrió la empapada camisa roja y se profirió las mismas heridas que hace un momento atrás.

Lo disfrutaba de una forma incomprendida. Sintiendo el frío filo del cuchillo sobre su piel y como penetraba sin escrúpulos dejando una fina línea roja a su paso que luego se iba agrandando más y comenzaba a caer por un costado dejando sobre las piedras del suelo pequeños charcos de sangre. Repitió aquel ritual dos veces en cada brazo y soltó el cuchillo ya sin fuerzas en las manos.

Sonrió y sintió la locura en su corazón y mente. Estaba tomándole tanto cariño a su propia sangre que pensó, se convertiría en vampiro. La observó medio hipnotizado conteniendo las ganas de pasar su lengua para saborearla. Siguió una gota de sangre en particular, girando su brazo.

-La marca...

contempló la calavera y la serpiente graba a fuego en su piel y unas locas ganas de arrancárselo lo inundaron. Con una mano temblorosa volvió a tomar el cuchillo y lo levantó poniendo la punta hacia la marca. Se la iba a quitar, se la quitaría para no sentir como esta quemaba su piel. Para no tener que ser llamado, para no ir y ver aquellos rojos ojos.

Pero no tenía la fuerza, no tenía la fuerza ni física y psicológica para hacerlo. Sentía que la cabeza le comenzaba a dar vueltas, mareado y confundido. Y unas locas ganas de comenzar a reír se hicieron presente igual que sus ganas de llorar.

Su fría risa llenó la habitación. Demente. Estaba volviéndose loco. Incapaz de tomar una decisión por su cuenta. Traicionero, con una fuerte convicción, pero sin objetivo claro. Completamente perdido y sin tener la posibilidad de volver a su camino. Ni las palabras, ni ninguna explicación podrían justificar jamás lo que había hecho. Nada.

Su risa fuerte y clara, era encolerizada y maniática. Llenando todos los espacios de aquella espaciosa habitación de Slytherin.

Severus Snape hubiese deseado acabar con su vida, pero no podía. En el infierno no iba a estar más tranquilo que allí.

-Los demonios como tú no tienen derecho acabar con sus vida.

Snape levantó la cabeza tan rápido como pudo. Sintió ganas de vomitar, pero se quedó petrificado viendo unos ojos fijos en él.

-No...-negó con la cabeza-no puede ser!-Esa mujer no podía estar frente a él, era imposible.

-no tienes derecho a terminar con una vida que ya no te corresponde. Tu alma, tu corazón, tu mente, todo tu cuerpo le pertenece al señor de las tinieblas. Tu ya no eres dueño de tu organismo, ya no decides como actuar, ni como pensar. Eres una marioneta.

Quería hablar, quería poder decir algo, pero estaba horrorizado. Sentía el corazón latir dentro de él con una fuerza que le hacía daño.

-Un muñeco del amo al que le juraste lealtad y tendrías que estar orgulloso de eso, pues tú lo quisiste. Tu contribuyes a la construcción de un mundo perfecto, como tu querías. Sin asquerosos sangre sucias, ni traidores a la sangre, como tu los llamabas. Eres parte del futuro. Con tu poder y la mente de aquel mago oscuro, lograrás aquello que tantos otros quisieron, pero que no fueron capaces de conseguir. Siente como la sangre te recorre, y como esta inunda tu ser de energía. Es algo tan maravilloso como torturar y matar ¿no?. Te sientes extasiado...

La mujer se acercó a él y se hincó. Le tomó una de sus manos con fuerza y le hundió los dedos en las heridas, sin apartar su penetrante vista de sus ojos. Snape quiso quitar su mano pero no podía, ellos lo tenía inmovilizado, ni siquiera era capaz de apartar la vista.

-Es el precio que debes pagar por tu traición-susurró cerca de su oído-Recuerda esto y jamás lo olvides, por que yo seré tu tortura. Jamás te podrás librar de mí. Te seguiré donde sea que vayas, te recordaré una y otra vez el mal que has causado y te impondré mi figura aunque la aborrezcas, recordándote una y otras vez lo que pasó hace ya tanto tiempo. Y cuando mueras, cuando ya no estés en este mundo, iré contigo. Jamás podrás irte sin mí...

- cómo... tu deberías estar muerta!-susurró Snape con los dientes apretados-Maldita!

Ella negó con la cabeza agitando su larga cabellera azabache. Sus ojos, alargados y diferente a los ingleses lo miraron odiándolo. Su piel, blanca como la nieve recién caída se manchó en su mejilla de sangre cuando rozó su mejilla con la de él.

-No te confundas. Aquí el único maldito eres tú-lo miró por última vez y cerró los ojos-yo soy tu peso muerto

y desapareció, dejando a Snape solo y sintiendo como perdía la completa movilidad de su mano. La que ella había tocado.

-Kasumi Yami... Ella... ella... ella debería estar muerta...

-Y lo estoy-susurró la voz de la mujer en su oído.

o.o.o.o

Hola!

Les digo que la historia tiene cincuenta capítulos, así que se vienen los últimos capítulos muy pronto!

El capi esta bastante largo, solo espero que les haya gustado!

Muchas gracias a:

RebexPotter, Saiyury11lordaeglosCcii Tnks, monse evans,

liliatenea, luna712Judith Malfoyivenus-valens

angelikilla, angelikilla, Pali Evans