Basado en el universo de Harry Potter de J.K. Rowling.
Nacer por ti, Morir por él
Capítulo cuarenta y tres: "Se que estás en buenas manos".
Por Jane. Camui
-Annie! Qué pasa?!-preguntó Henry una vez más sosteniendo el rostro lleno de sufrimiento de Annie.
-Quiero salir de aquí, por favor. Llévame contigo!-pidió con algo de desesperación.
Henry negó con la cabeza con fervor. Annie comenzaba a hacerle las cosas más complicadas y no podía aceptar que ella se marchara del lugar donde estaba más segura, por mucho que deseara que ella estuviese con él.
Para que nadie los viera, la llevó dentro del bosque prohibido. Hizo aparecer una silla donde la sentó y le entregó un baso con agua que también hizo aparecer.
-Tranquila Annie-le dijo. La contempló. Se veía tan bien sollozando.
Muy pocas veces lloraba y era porque cuando lo hacía sus energías se consumían. Su magia, que debía alimentarse de alegrías y buenos sentimientos, se debilitaba cuando ella sufría o sentía una sentimiento cercano al odio. Eso Henry lo entendía muy bien, el mismo le había ensañado que su magia más que una bendición sería una carga.
-Qué fue lo que pasó?-le preguntó agachándose junto a ella y tomándola de su mano. Le corrió su largo cabello negro liso hacia atrás para poder contemplar mejor su perfil que estaba pálido y alicaído.
-Este lugar me hace mal...-fue todo lo que respondió. Bebió un poco de agua y cerró los ojos tratando de concentrar sus energías en algún recuerdo familiar y alegre. Estaba comenzando a sentirse muy cansada y era porque su pena estaba actuado sobre sus poderes. La voz de Henry, que llegaba dulce como el más preciado de los regalos, la ayudó considerablemente.
-Estabas tan ansiosa de volver.
-Pero me equivoqué. Estoy poniendo en riesgo la vida de mis amigos y de todo el colegio. Es difícil vivir con eso.
Henry no creyó que esa fuera la única razón, pero no preguntó más. Ella parecía demasiado triste como para hablar sobre aquel tema que la estaba torturando.
-Siento mucho que hayas tenido que verme tan mal...-dijo Annie secando sus lágrimas. Trató de sonreír.
-Te vi cuando pequeña armar tu primera y última pataleta, con eso creo haberlo visto todo-Annie dejó salir una pequeña risa. Se hizo un minuto de silencio en el cual Annie se obligó a si misma a pensar en otra cosa. Henry la contempló con excesiva preocupación. Annie, notando su mirada sobre ella, le dedicó una sonrisa forzosa. Decidió cambiar el tema.
-Qué era lo que tenías que decirme?-preguntó la chica antes de beber un poco más de agua.
Henry suspiró. Ya no estaba muy seguro si era tan buena idea contarle la verdad a Annie cuando la chica se encontraba tan triste y apesadumbrada. No quería darle más razones que la motivaran a tomar un decisión precipitada.
-No, ya no tiene caso-Dijo tratando de quitarle importancia.
-Pero... creí que era algo urgente!
-Y lo era, pero ya te diré algún otro día...
-No, Hermano...
Henry se puso tenso. Annie lo notó pues apretó el puño con excesiva fuerza. Se levantó, alejándose de ella con un paso rápido, como si de un momento para otro hubiese desarrollado una extraña alergia a la castaña.
-por favor!!-susurró con enojo y tristeza-no me llames hermano!
Annie se quedó callada. Ya muchas veces le había escuchado aquellas mismas, pero no lo podía evitar. Desde que tenía memoria que lo llamaba así. Además, se le hacía muy extraño llamarlo Henry. Desde pequeña sus padres la habían acostumbrado a que le dijera hermano y no de otra forma.
-Mi nombre es Henry, Annie. No Hermano!-resopló con indignación.
-Lo sé, lo siento...-dijo la chica en voz baja. El silencio fue incómodo. Annie fijó su triste mirada en su vaso con agua que giraba en sus manos con lentitud.-Por qué no te gusta que te diga hermano?-preguntó Annie en un susurro rompiendo el hielo.
Henry se detuvo, dándole la espalda y contempló el lago que se encontraba tranquilo y hermoso, con el reflejo de la luna en sus aguas cálidas. Suspiró con la mayor lentitud posible tratando de hacer mucho más larga la pausa. Era difícil hacer que una decisión tomada con tanta impulsividad se llevara a cabo cuando luego de aceptarla se pensaba un poco más. Y más aun, cuando su mayor temor era que Annie decidiera hacer alguna imprudencia.
Quiso decir esas palabras que se detenían en su garganta. Esa palabras que le darían un impacto quizá mucho más grande que saber que el innombrable andaba tras ella. La estaba condenando a una tristeza segura y a juzgarlo, a él y a los señores Dahl. Se obligó a creer, para tener un poco más de fuerza y confianza, que la culpa era de ella por no notar todo aquello que estuvo ante sus ojos. Por no ponerse a pensar, si quiera por un segundo, que las posibilidades de que ocurriera lo que ella pensaba que había pasado, eran posibles. Era absurdo, cualquiera se habría notado aquello! Y más aun ella, que se crió escuchando la tradición en la familia y el poder de la magia.
Era, simplemente, estúpido que ella no lo hubiese notado antes. Y aquello le irritó. Ahora Henry tenía la responsabilidad de abrirle los ojos. ¿Por qué él¿Por qué debía sacrificar él a la persona que más quería en el mundo¿Por qué debía darle motivos para que le repudiara?.
-Henry...-dijo Annie. Se había levantado y estaba detrás de él mirándolo de forma curiosa, quería saber que era lo que estaba pasando. Podía notar como la energía y el aura de su hermano se trastornaban, confundiéndola.
-Olvídalo, Annie...-pidió el hombre. Se dio vuelta y la miró, tratando de ocultar su angustia.
Fue una mala idea. El cabello de Annie, levantado por el viento y sus ojos, que volvían a ser igual de azules que siempre, lo mortificaron.
-Gracias por venir-susurró la chica y le dedicó una sincera sonrisa. Annie quiso abrazarlo, pero él dio un paso hacía atrás. Tenía la vista seria y penetrante.
"Dios, Annie! Porque no te das cuenta de la verdad, porque tengo que ser yo quien te cuente todo. Tienes las herramientas. Deberías haberte dado cuenta sola!!" pensó con algo de desesperación. Pasó junto a Annie casi pasándola a llevar y apretó sus puños conteniendo sus ganas de gritarle de rabia y reprocharle su falda de cuidado.
-Cómo es posible que no te hayas dado cuenta?!-preguntó más al aire que a ella...
-Darme cuenta de qué?
-Annie! No creo que seas tan necia, tan poco cuidadosa!!
Annie lo interrogó con la mirada. Dejó el vaso en el suelo y se acercó a su hermano buscando alguna respuesta en sus ojos. Sentía como el aura de él cambiaba rápidamente de calor a frío y como de un momento para otro se volvía más caliente que antes.
-Con todos tus conocimientos de la sangre... con todo aquello que has escuchado!
-De que estás hablando?!
Ella lo miró confundida. Henry se obligó a correr la vista casi con brusquedad, apartando la figura de ella que parecía seducirlo y motivarlo a que la tomara. Lo dejó furioso. Con un golpe brusco se corrió de ella y la fulminó con la mirada.
-Eres una torpe!-dijo casi gritando, incapaz de contener por un segundo más su irritación-Acaso jamás te diste cuenta...-Había llegado el momento. Aquel momento que había estado evitando durante tanto tiempo. Había llegado el momento de decir esa verdad que lo ahogaba tanto como una cuerda alrededor de su cuerpo.
-Qué pasa, Henry?
-No somos hermanos, maldita sea!!-gritó Henry a unos pocos pasos de Annie.
-Qué?...-preguntó con voz débil. La pelinegra se quedó desconcertada.
-Sabias que un hombre solo podía tener un hijo de magia blanca si tenía una esposa del mismo tipo de sangre y si ambos eran puros! Explícame como podía ser que mi supuesto padre diera dos hijos de diferentes esposas con magia blanca?! Solo habría podido ser yo, pero jamás tu Annie, aunque tu madre fuera virgen. No habría sucedido nunca. ¿Cómo no te diste cuenta?
Annie abrió la boca tratando de decir algo, pero le fue imposible. No encontraba las palabras ni el aliento necesario. Su cuerpo se había quedado petrificado e incapaz de reaccionar. Sus ojos, que había logrado volver al azul, nuevamente se tornaban agua marina y dentro de ella miles de pedazos de su alma la agujereaban como si fueran cuchillos.
Henry sabía que ella no tenía la culpa, pero no podía hacer nada más que echarle toda la responsabilidad por no haber notado antes que ellos jamás podrían ser hermanos. Si era necesario, para librarse él de toda culpa, la acusaría de todo. Desde su desconocimiento, hasta el haberlo enamorado.
Annie supo que lo que su hermano le estaba diciendo era verdad. Sabía, y notó en ese momento, que todo aquel asunto de la sangre y la magia era imposible para la condición de ambos. ¿Cómo no se dio cuenta antes? Si era obvio!. Nunca pensó en ellos. Jamás cuestionó la verdad ni nunca se esforzó en buscarle tampoco una explicación que jamás concordaban. Ella sabía aquella información, sabía que la magia blanca se transmitía solo de forma pura ¿Por qué no se dio cuenta?
Se agachó tratando de buscar el vaso con agua y ver si con un poco de líquido lograba hacer que sus cuerdas vocales reaccionaran. Solo notó que tiritaba cuando levantó el vaso y fue conciente también, de una extraña energía que la apoderaba. De algo que nunca había sentido, de una fuerza que le nublaba los ojos y le exigía hacer cosas que no deseaba hacer realmente. Sintió una fuerza que la empujaba hacia una lado que ella desconocía y que le era repugnante. Sintió asco de lo oscuro que su corazón comenzaba a volverse.
Henry no hacia más que mirarla, conciente del cambio en su mirada y en su cuerpo. Se pasó la mano por la cara y respiró buscando tranquilizarse. Annie estaba sintiendo odio. Levantó su varita y apuntó directo a su pecho. Susurró unas palabras y ella calló al suelo completamente desmayada.
o.o.o.o
-Estás Segura de que quieres hacer esto ?
-Remus, por favor...-Sophie se quedó callada en medio de su oración. Sintió que algo la quemaba en el pecho. Metió la mano y sacó la piedra que Annie le había regalado. Brilló durante un momento. Igual de rápido como se prendió, se apagó. Era la segunda vez que lo sentía en menos de diez minutos. Se preguntó si algo malo estaría ocurriendo. Estuvo apunto de levantarse y salir en busca de Annie, pero recordó que estaba con Henry. Nada malo le podría pasar si estaba con su hermano. Él siempre la había cuidado con excesiva preocupación. Quizá lo que la piedra estaba mostrándole no era más que el cariño tan intimo que la chica estaba sintiendo al estar junto a aquel ser tan querido.
-Sólo digo que te estás arriesgando más de lo necesario! Pero descuida, me mantendré cerca de ti por si James decide que prefiere matarte antes que hacerte caso.
-Te estoy advirtiendo! Una palabra más...
-De acuerdo, de acuerdo.
Terminaron de subir la escalera. Sophie abrió la puerta de su habitación. Esperaba encontrar a James y Lily, dispuesta a contarles que tenía todo listo para la boda. Las flores, la cita con madame Malkim, la comida, la música, visto el lugar, los vestidos de los padrinos, casi todo lo necesario para la boda de los futuros esposos Potter. Pero allí, en la habitación, no había nadie. Estaba completamente vacía. Remus, miró la hora de su muñeca. Era bastante tarde como para que Lily esté dando rondas de prefecta por el colegio y mucho menos se la imaginaba paseando por su propio placer. Sophie se acercó al baño y golpeo tres veces con suavidad. No recibió respuesta. Giró el pomo de la puerta y la abrió con curiosidad. Nadie. El baño, tan ordenado como siempre estaba completamente vació.
-Quizá James la raptó-aventuró Remus que había sido a Sophie.
Sophie se encogió de hombros. Dejó todas las cosas que llevaba en sus manos sobre su cama dispuesta a ordenarlas. Si Lily no estaba allí, la esperaría. Estaba tan ansiosa de contarle que no debía preocuparse de nada, porque ella ya lo estaba haciendo.
-La esperaré-dijo Sophie revisando unos cuantos pergaminos.
Sintió que algo la rodeaba por la cintura. Remus la había aprisionado con posesión. Sophie sonrió tratando de contener su risa deseosa. Se sentía tan feliz, tan querida nuevamente que incluso hacer los deberes se le hacía mucho más llevadero. Claro, con Remus a su lado era difícil no sentir la dicha dentro de su corazón. Y más aun cuando no lo ocultaban, cuando eran libres de expresar lo mucho que se querían sin temor alguno. Podían ir por el pasillo hablando amenamente y tomados de la mano, aunque Sophie se sentía un poco incómoda cuando descubrió que un par de chicas la fulminaban con la mirada y murmuraban entre ellas. Ahora entendía un poco del nerviosismo de Lily y los acosos de las otras chicas. Y eso, esa sensación de ser tan afortunada por estar con un chico tan inteligente, guapo y caballero, no hacía más que aumentar su felicidad. Remus era el único hombre al que había querido realmente, él único que había sabido tratarla. Él que, a pesar de todo, se siguió preocupando por ella.
-Nunca volveré a hacer lo que hice-dijo Sophie cerrando sus ojos y apoyando su cabeza en la de Remus, que la había posado sobre el hombro de la castaña.
Remus se limitó a sonreír y asistir con la cabeza levemente para no molestar a la chica. Siempre existiría ese temor, pero prefería arriesgarse, para luego no sentir que se le había pasado la escuela sin poder pasar un solo momento más con aquella a la que amaba. "¿Amar?" se preguntó algo sorprendido.
Escuchó el suspiro de los labios de la chica y la giro con cuidado, para poder situarla frente a él y poder ver en sus ojos lo que él mismo estaba sintiendo. "Sí, amor" dijo una voz dentro de él confirmando su pregunta. Sophie apoyó su frente en la de él mientras volvía a cerrar los ojos y respiraba el adorado aroma que se formaba entre el perfume de él y el de ella.
-Lo sé, sé que no volverás a hacerlo-dijo Remus apretando sus manos en la cintura de ella.
Confianza. Era todo lo que necesitaba.
o.o.o.o
Lily entró con tanta prontitud en la habitación de los chicos que no se dio ni el tiempo de golpear. No se fijó si había alguien durmiendo, sino que pasó de largo hasta llegar al baúl de James, a los pies de su cama. Lo abrió haciendo un golpe sordo y se hincó a su lado removiendo todas las cosas que encontraba. Paquetes de bromas, túnicas, bolsas de comida, un libro que quizá nunca había abierto, más paquetes de bromas, un comics, un montón de calcetines y más bromas y comida, hasta que finalmente lo encontró. El mapa del merodeador.
-Qué se supone que estás haciendo?-preguntó James que se había levantado y sentado junto a su baúl mientras levantaba una ceja.
-Algo le pasó a Annie!-susurró la chica al tiempo que le tendía el mapa a James.
James la miró durante unos segundos extrañado, pero luego tomó su varita de su mesita de noche.
-Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas-dijo en voz baja.
Al instante, pequeñas líneas se trasladaron por todo el pergamino arrugado. Las oficinas, las aulas, las mazmorras, las salas comunes y el gran comedor, junto con todos los lugares más desconocidos del colegio se fueron dibujando con rapidez. Finalmente, cuando el mapa de Hogwarts ya estuvo en la hoja, muchos y muchos diminutos puntos se fueron dibujando en algunas partes en particular. La mayoría de los alumnos estaban en sus cuartos descansando. Lily y James recorrieron con la vista el mapa buscando.
-Ahí está!-susurró con emoción Lily-Está con Henry!
-Qué están haciendo?-preguntó James fijándose con la frente fruncida. Los dos puntos estaban demasiado cerca mientras avanzaban por el pasillo cercano al despacho de Dumbledore.
-No sé-respondió Lily ida. Buscó su piedra y la miró. Tenía un mal presentimiento. Su piedra había brillado con mucha intensidad e incluso le había quemado la piel. Aun sentía como su piel ardía, allí donde había estado reposando la piedra.
-Qué pasó?-preguntó James. Lily negó con la cabeza preocupada.
-Iré a buscar a Annie...
-Iré contigo
-No es necesario!-dijo Lily con sinceridad-Estás en pijama. Además no debe ser nada grave, si está con Henry simplemente deben ser emociones muy fuertes, pero de todas formas me gustaría asegurarme de que está todo bien.
-Iré contigo-repitió James dejando muy en claro que no admitía una negación.
La pelirroja asistió con la cabeza. Contempló durante un momento el pijama de James. No lo parecía, era un pantalón viejo de buso color burdeo con una camiseta blanca de manga corta. Se calzo las zapatillas con prontitud. Lily le tendió la bata, pero el dedicó una sonrisa irónica y negó con la cabeza. Lily se encogió de hombros y lo esperó junto a la puerta de la habitación. Sus ojos se desviaron a la cama de Sirius que estaba desierta y en el último momento, cuando James ya estaba su lado, observó la cama de Peter.
-Dónde está colagusano?-preguntó la chica recordando el sobrenombre que sus amigos le habían puesto.
-Ha tenido que pasar las últimas noches fuera, su madre estaba enferma o algo así.
-Ah... ya veo.
James la tomó de la mano de forma posesiva. Ella simplemente se dejó tirar por él a medida que bajaban las escaleras.
-Sabes que va a pasar si nos atrapan fuera de la cama?-preguntó James antes de que Lily cruzaba la abertura del retrato de la dama gorda-Un tiempo gratificante quizá limpiando de forma muggle unos cientos de trofeos o quitándole una asquerosa acumulación de quien sabe que cosa en el fondo de unos calderos.
Lily se estremeció de solo pensar en eso. Era increíble lo asqueroso que podía ser el fondo de un caldero.
-Estoy después a aceptarlo-respondió la pelirroja.
-No esperaba menos de ti, Lilita
Caminaron procurando no encontrarse con nadie. Cada sonido alarmaba a Lily que saltaba y apretaba la mano de su novio temiendo que alguien apareciera por la esquina. James ponía los ojos en blanco y le aseguraba que el mapa jamás mentía.
-Si alguien vine, lo veré en el mapa Lily!-le susurró con voz casada la quinta vez que Lily soltó un grito ahogado.
Ella asistía con la cabeza, pero parecía que a los dos minutos no recordaba nada de sus palabras, pues volvía a sobresaltarse por el susurro del viento o el sonido de alguna madera en la oscuridad. Aburrido de que le tirara de la mano por nada, deteniéndolo a cada momento, se puso detrás de ella. Le pasó el mapa por el hombro, puso sus manos en la espalda y la empujó.
-Fíjate que no venga nadie! Si?-le dijo con algo de sarcasmo-Sería muy tonto que ahora que tu llevas el mapa alguien nos atrape.
-James!-se quejó Lily en voz baja-yo puedo caminar sola!
-Si, claro-respondió el chico de anteojos asistiendo con la cabeza, pero sin detenerse mientras la presionaba para que avanzara-el problema es que a tu paso llegamos al amanecer.
-La señora Norris!-Susurró Lily alarmada.
James miró hacia todas partes. Tomó a Lily de la mano y la tironeó dentro de un aula. La cerró, pegando la oreja a la puerta.
-Está afuera!-susurró Lily apegada a James, como si él la ocultara en caso de que la gata pudiese abrir la puerta, mientras estrujaba el mapa en sus manos.
James torció sus labios en una sonrisa. Lily no lo notaba, pero su exagerada proximidad le provocaba la necesidad de buscar un espacio cómodo donde nadie pudiese molestarlos y enseñarle aquello que ella tanto temía.
-Se ha ido?-preguntó el chico tratando de centrar sus pensamientos.
Lily, con sus manos torpes, abrió el pergamino y buscó con la mirada el punto que decía señora Norris. Asistió con la cabeza, evidentemente aliviada.
-Se marchó hacia el otro lado del castillo-James miró el papel por el hombro de ella.
-Annie está a la vuelta, en alguna habitación según me parece.
-Esa es la parte de las habitaciones de visita. Quizá está en la pieza de Henry.
Salieron, no sin antes de que Lily le prometiera a James que no se detendría por nada. Ella, a regañadientes, aseguró que sus miedos eran fundados.
-Como no!-le susurró James en el oído. Lily sintió como se le ponía el pelo de punta.
Se calló sonrojada por sus instintos. James se veía tan apuesto con ese pijama. Ahora lo notaba a la perfección. Casi podía ver su bien formado pecho marcando sus adolescentes músculos que de seguro había conseguido con los entrenamientos de quiddich y con su afán de correr por todo el castillo haciendo broma tras broma.
Llegaron delante de la habitación donde el mapa les indicaba que estaba Annie. La puerta cerrada y el poco iluminado pasillo estremeció a Lily. A veces pasaba por ahí, cuando iba a la clase de runas antiguas, pero jamás le había prestado atención a lo terrorífico que podía ser un cuadro colgado un poco más allá. Estaba segura que representaba una constante casa de brujas, donde una mujer atada no paraba de moverse escandalizada cuando un hombre con una gran sombrero negro la amenazaba con una antorcha, como si fuera a prender la paja a los pies de la mujer.
James golpeó un par de veces. Mientras esperaban por una respuesta, miró el mapa para asegurarse de que no había nadie más cerca. Se lo tendió a Lily la cual lo tomó sin poder desviar la mirada del cuadro.
Al poco rato, luego de escuchar un movimiento dentro de la habitación, la puerta se abrió. Lily por fin pudo desviar la vista y posó sus asustados ojos en el rostro inexpresivo de Henry. Lily siempre lo recordó como una persona demasiado alta. De hecho, una vez, para ponerse a la altura de él ponerse de puntillas no fue suficiente. Ahora, años después de la última vez que lo había visto, notaba que había cambiado. Su rostro Joven aun, pero con pequeños matices de adultez. Sus ojos, que siempre parecían sonreír, mostraban una creciente preocupación y enfado. Sus labios, que siempre estaban mostrado alegría, estaban serios. Incluso su piel parecía más vieja. "Y ya no es tan alto" pensó. De hecho, estaba casi a la par con James. Solo lo pasaba por unos dos centímetros. Aunque, a pesar de que ya no tenía el rostro juvenil de antes, su nueva forma adulta le parecía igual de guapa. Henry era, en todo sentido, el hombre con el que toda mujer soñaría, pero que jamás tendría.
-Quienes son?-preguntó Henry con voz fría. James alzó una ceja. Iba a responder pero la pelirroja se le adelanto.
-Soy Lily Evans, amiga de Annie-respondió al tiempo que se tocaba el pecho buscando su piedra.
-Lily?!
James fue conciente de que los ojos de Henry abandonaron el matiz molesto, pero l se enfureció cuando notó la meticulosa mirada del hombre recorrer el cuerpo de su novia. Cerrando el puño se puso delante de Lily fulminando a Henry con la mirada.
-James Potter-se presentó de forma cortante. Henry estaba apunto de decir algo cuando una débil voz procedente del interior de la habitación lo interrumpió.
-Hermano?
Lily sintió como la piedra en su mano se iluminaba débilmente. Pasando casi por encima de ambos chicos, entró en la habitación y buscó con la mirada a su amiga. Estaba acostada en una cama de madera muy antigua.
-Annie!-dijo hincándose a su lado con urgencia y tomando su mano. Estaba caliente.
-Tiene fiebre-susurró Henry apenado.
-Qué pasó?!-preguntó Lily recordando que su amiga, aquella tarde, estaba en perfectas condiciones-Qué le pasó a Annie?!
-Creo que...-Henry no supo que decir. Suspiró-pasó por una emoción muy grande y su cuerpo y corazón no fueron capaces de soportarlo.
-Debemos llevarla a la enfermería-inquirió James. Lily asistió con la cabeza.
Annie parecía hablar en sueños, moviendo su cabeza para todos lados y dentro de sus parpados cerrados movía sus ojos velozmente. Su frente, que Lily tocó al tiempo que posaba la otra mano en la suya, estaba surcada de pequeñas gotitas de sudor.
-Tiene mucha fiebre!-se escandalizó-Henry! Tienes que llamar a alguien!
-Ya lo hice. El profesor Dumbledore viene en camino.
Estaba apoyado en la pared, con los brazos cruzados y la vista fija en Annie. Su mirada volvía a ser adolorida. James estuvo seguro de que aquel estado tan grave de la chica tenía que ver con alguna cosa relacionada con ese hombre. Si el mismo había visto lo entusiasmada que estaba, feliz por primera vez en el año.
o.o.o.o
Sirius entró de forma tan precipitada en la enfermería que sobresaltó a la pobre Madame Pomfrey que en ese momento se alejaba de una camilla en el centro de la blanca sala. La mujer le miró de forma reprobatoria y se puso un dedo sobre los labios indicando silencio. Sirius pasó por alto cualquier disculpa, se deslizó con rapidez y llegó junto a la camilla conteniendo la respiración.
-Annie...-susurró con la mirada enternecida.
James le acababa de avisar, en medio del desayuno y cuidado en que no armara un escándalo, que la joven de negros cabellos había sufrido una fuerte recaída. Sirius rompió el vaso que sostenía entre sus manos y lo apuntó con un dedo buscando alguna palabra que expresara su molestia. Adivinando lo que su amigo quería hacer, se le adelantó y le informó que Annie estaba en la enfermería. "Luego, tu y yo vamos a tener una muy sería conversación cornamenta" dijo apretando los dientes y saliendo a toda velocidad del gran salón.
Ahora, estando frente a ella y notando su acompasada respiración pudo sentir tranquilidad. Tenía las manos cruzadas sobre la sábana blanca que cubría su cuerpo hasta su pecho. Su piel estaba pálida. Pasó su mano sobre la mejilla de la chica, estaba espantosamente fría. Su largo pelo, que caía sobre su lado parecía sin vida, menos negro, algo pajoso. Sus labios, que tanto le gustaban, ya no estaban sonriendo como solía hacer, ni mostraban ese color rosado que acompañaba tan bien sus ojos azules. No, ahora estaban casi del mismo color que su piel.
-Sirius...
Lily se puso a su lado y le sonrió apenada. Tenía sobre sus manos un paño que mojó en una fuente que descansaba sobre la mesita de noche. La estrujó con fuerza y lo dobló con cuidado. Asegurándose de que no chorreaba agua, la puso sobre la frente de su amiga. Tomó otro paño, pero esta vez seco y secó las pequeñas gotas de agua que había caído sobre la blanquecina piel de Annie.
-Ayuda a aliviar sus dolores-susurró sin apartar los ojos de la chica.
-Qué pasó?-preguntó Sirius apretando las mantas con fuerza. Sus ojos se habían oscurecido.
-Aun no lo sé. Henry no respondió ninguna pregunta.
-Dónde está?!-preguntó Sirius corriendo su vista por primera vez. La enfocó en Lily y notó la mueca de desagrado en su rostro.
-Se marchó...
-Perdón?!
-Dejó una carta para Annie y se fue sin dar ninguna explicación-terminó encogiéndose de hombros-Parece que el único que sabe que fue lo que ocurrió es el profesor Dumbledore. Me imagino que no habrá dejado que se marchase sin explicar que ocurrió anoche.
-Y él no nos dirá ¿verdad?-Lily negó con la cabeza lentamente.
Sirius estuvo tentado de golpear la pared, solo para descargar su rabia.
-Por qué demonios nadie me dijo nada cuando ocurrió?!-preguntó sobresaltado y comenzando a pasearse. Tenía que concentrarse en otra cosa, pero ver a Annie tan indefensa lo angustiaba. Sentía impotencia.-Por qué esperaron hasta el desayuno?!
La pelirroja se acercó a él. Le puso una mano en el brazo que pretendía ser tranquilizado, pero Sirius, que no estaba para que lo tranquilizaran con cariño, se corrió con más brusquedad de la que deseaba.
-Ella va a estar bien-susurró Lily comprendiendo la brusquedad de su amigo-Sé que estás preocupado, pero Madame Pomfrey y Dumbledore aseguraron que se pondría bien.
-Disculpa, pero su estado-dijo apuntando a Annie-no me indica lo mismo. Parece... Parece...
-Muerta?-preguntó Lily en un susurró. Sirius asistió con la cabeza-Según Dumbledore Annie está pasando por una especie de transición. Algo pasó y creo que tiene que ver con Henry que hizo que Annie sintiera alguna emoción que jamás había experimentado. Aquello la nubló. Henry tuvo que aturdirla para que no se descontrolara su magia.
-Qué?!-gritó Sirius.
-No, no-se adelantó Lily-no es malo. Hubiese sido peor si Henry no lo hacía. La magia de Annie se abría desmandado. Podría haber muerto si aquello ocurría.
Sirius se detuvo a los pies de la camilla, sopesando lo que Lily le decía. Le parecía lejano el momento de la noche anterior cuando Annie se había golpeado la cabeza buscando la capa de invisibilidad y él, agradecido de tener una oportunidad inocente para estar junto a ella, buscó alguna herida.
-Su cuerpo está tratando de reponer fuerzas-continuó Lily detrás de Sirius-está muy débil, por eso no puede despertar. Madame Pomfrey me dijo que seguramente seguirá así durante un par de días más.
-Tanto?
-Sí, la emoción que la invadió era muy fuerte.
Sirius asistió con la cabeza dando a entender que comprendía. Tomó una decisión. Se giró y contempló a la pelirroja delante de él con una mirada llena de determinación.
-Vete a clases, yo me ocuparé de ella-Lily estuvo apunto de replicar, pero Sirius la detuvo-me haré cargo de cambiarle el paño húmedo en cada momento. Descuida, no la dejaré sola ni un solo instante.
Lily lo pensó durante un momento, no muy segura, pero finalmente asistió con la cabeza con lentitud. Se acercó al chico y lo abrazó con cariño.
-Se que estás preocupado-susurró-Estoy segura de que ella se pondrá bien mucho antes de lo esperado y que estará feliz de verte a su lado.
Le dio un lento y dulce beso en la mejilla. Le sonrió por última vez con su evidente tristeza antes de salir de la enfermería y dejar a Sirius Black velando por el bienestar de su muy querida amiga.
"Sé que estás en buenas manos, ahora lo sé" le dijo en sus pensamientos a su amiga.
o.o.o.o
Los días pasaron tan lentos como las horas en el aula de historia de la magia. La mayor parte del tiempo se la pasaban en la enfermería, contemplando el pálido rostro de Annie, buscando alguna señal que les diera esperanzas. No había cambio alguno. Annie seguía en la misma posición inicial, con sus ojos fuertemente cerrados. Lily podía quedarse horas cuidándola apretando su mano y esperando que la moviera. Sophie insistía en contarle hasta el chisme más insignificante con la esperanza de que en cualquier momento su amiga abriera los ojos motivado por algún cotilleo. Remus se sentaba junto a ella y la miraba con desazón e inquietud. James preguntándose que era lo que le había pasado para llegar a un estado de impacto. Peter, que luego de llegar se enteró de lo de Annie solo pudo quedarse lo suficiente para horrorizarse con su imagen, ya que a la mañana siguiente informó que volvería a marcharse.
Y mientras todos hacían su rutina junto a ella, Sirius no se separaba de Annie. Podía ver como Lily tomaba con aprensión la fría mano de Annie. Podía escuchar a Sophie contarle, con la voz tomada, los murmullos que estaba recolectando por la escuela solo para contárselos a ella. Estaba cuando Remus se sentaba junto a la chica y le transmitía su cariño solo con su dorada mirada, implorándole para que se pusiera bien. Podía sentir los pensamientos de James, buscando alguna explicación lógica a todo aquello.
Tenía tantos castigos acumulados, tantas detenciones, tantos sermones que tendría que haber hecho una gran lista para no olvidarlos todos. Al comienzo los profesores mandaron mensajeros amenazando a Sirius por su inasistencia a clases, pero luego, siendo concientes de la despreocupación del chico comenzaron a ir personalmente, incluso la profesora McGonagall fue a buscarlo. Pero él no se separó más que para dormir y comer. E incluso, los chicos estaban seguros, que de haber podido evitarlo lo habría hecho.
Cuidaba de ella insaciablemente, asegurándose de que Madame Pomfrey le administrara las pócimas en el la hora justa. También se ponía como perro guardián cuando comenzaban las visitas que él, muy receloso de todos, las hacía cumplir al pie de la letra. Nada de ruidos, nada de brusquedad, ni mucho menos risas.
-Esto parece un velorio!-exclamó una chica de Ravenclaw cuando salía de la enfermería. No lo dijo lo suficientemente bajo para que Sirius no la oyese.
Aquella chica fue compañera de Annie en la enfermería durante esa noche. El profesor Dumbledore tuvo que bajar de su despacho a petición de los profesores para tratar de dominar al lobo vigilante que Annie Dahl tenía.
-Sirius-dijo con su tranquila voz-necesito hablar un momento contigo, si eres tan amable.
Le indicó una camilla. Sirius, a regañadientes, se sentó sobre ella y contempló los amistosos ojos del director de Hogwarts, quien había hecho aparecer una butaca delante del pelinegro.
-He recibido algunos reclamos con respecto a tu labios de enfermero. Aunque Madame Pomfrey se siente bastante tranquila con tu presencia. Asegura que eres un muy buen ayudante-hizo una mueca-pero los profesores me han dicho que no has ido a clases en los últimos días.
-Ni lo haré-soltó Sirius con su voz ronca-no al menos hasta que Annie despierte.
-Es muy gentil de tu parte cuidar de tu amiga y créeme que lo comprendo. Ella necesita mucho de ti.
Le dio un apretón en el hombro y se levantó, dando por finalizada la conversación. Sirius frunció el entrecejo, algo confundido. A la defensiva, se puso en pie con gran agilidad y siguió al anciano hombre.
-Eso es todo?-preguntó incrédulo.
-Sí-asistió Dumbledore deteniéndose durante un momento delante de la camilla de Annie-Tengo la esperanza de que tu compañía traerá a la señorita Dahl de vuelta.
-No me a...-se detuvo creyendo que sus oídos lo estaban traicionando-pedir-continuó no muy seguro-que me marche a clases, ni nada por el estilo?
-No, no... claro que no. Sé que debe ser difícil para ti tener a la persona que amabas en un coma profundo. Permitiré que te quedes junto a ella, siempre y cuando luego me asegure que se pondrá al día en las materias. Este año tiene EXTASIS.
Sirius se quedó de piedra. Quiso negar, quiso mover la cabeza, quiso levantar una mano solo para pedirle que se callara, pero no podía. Lamentablemente, Dumbledore pocas veces se equivocaba.
-Cualquier cosa señor Black-dijo antes de salir de la enfermería-estaré en mi oficina-Le guiño un ojo.
Una fracción de segundos antes de que el directos saliera completamente de la blanca sala un sobre amarillento calló de su bolsillo. Sirius se acercó con la intención de devolverlo. Frunció el entrecejo y leyó, una vez más, el destinatario. La giró con rapidez.
-Henry Dahl...-leyó en un susurro.
o.o.o.o
Lily corrió lo más rápido que pudo tratando de no chocar con nadie y sosteniendo con fuerza su bolso sobre el hombro. Pidió disculpas con un fuerte grito cuando golpeó, sin querer, a un chico de primero de Slytherin. Cuando estaba apunto de entrar en el gran salón para el almuerzo, se detuvo, tomando aire y arreglándose el cabello. Se puso bien la correa del bolso sobre el hombro y entró caminando con tranquilidad, simulando que su llegada hasta allí había sido un placentero paseo. Cuando unos cuantos ojos se posaron en ella, pensó que era pésima actriz.
Llegó junto a sus amigos, preguntándose por qué la miraban tanto. De hecho, hacia bastantes días que la gente se detenía a observarla, como si trataran de comprobar algo o con la intención de encontrar en ella la respuesta a alguna interrogante. "Quizá tiene que ver con Annie" pensó.
-Cómo sigue?!-fue lo primero que escuchó de Sophie
-Está estable-No le parecía que "Bien" fuese una calificación para el estado de Annie.
Aquello no tranquilizó a Sophie, que tapó su pequeño grito de angustia y abrazó a Remus buscando reconformación.
-Ya ha pasado mucho tiempo!-exclamó Sophie con voz tomada-debería haber despertado!
Remus la reconfortó con un abrazos al tiempo que le susurraba tiernas palabras al oído, tratando de convencerla de que todo saldría bien. Sophie parecía apunto de sufrir una crisis nerviosa.
-Creí que te quedarías con ella-le susurró James a Lily luego de haciéndole un espacio en la banca.
-Sirius se ha quedado...
-El buen Sirius ¿eh?
-Sí-soltó un cansado suspiro.
-Ahora si ya estás segura de que le quiere realmente?
Lily movió la cabeza de arriba hacia abajo mostrando su afirmación.
-Que bueno-aceptó James poniendo una brazo alrededor de los hombros de su novia.
Lily suspiró nuevamente y apoyó su cabeza en el hombro de él mirando como Sophie y Remus aventuraban alguna posibilidad sobre lo que le había ocurrido a la pelinegra. Ella misma barajaba algunas ideas. Apretó la piedra en su pecho esperando que su energía se transmitiera a su amiga por medio de ella.
-Se pondrá bien-le aseguró James en un tierno susurro.
-Quiero que abra los ojos pronto. Sophie tiene razón, según lo que dijo la enfermera ella debería haber despertado ya. Y cada día parece más un... -no pudo decir la última palabra. "Cadáver"-¿Has visto la mirada de preocupación de Sirius?. A veces está quieto y con su vista contempla el pálido rostro de Annie, pero luego, como que pierde el control de si mismo. Creo que en cualquier momento la tomará de los hombros, sacudiéndola. Exigiéndole que se levante!
-Le quiere...-susurró James apretándola más para sí-Le quiere tanto que no puede aguantar no tenerla a su lado. No mirarla, aunque sea a la distancia. No poder escuchar su voz, ni contemplar sus ojos...
-Yo...-Lily se acurrucó más en James-no sabes cuanto lo comprendo. Es... tan...
-Aterrador pensar que la persona a la que uno ama se podría ir en cualquier momento.
Lily levantó la cabeza. Le sorprendió ver la mirada de James tan entristecida y al mismo tiempo molesta. Durante los últimos días trataba de mantener el buen humor, solo lo suficiente para no empeorar los estados de ánimos, pero al parecer la preocupación también lo agobiaba. Por más que le dijera que Annie se pondría bien, todos sentían aquella punzada molesta que les decía que algo no podría mejorar...
-Quieres, luego de finalizar las clases, pasear y hablar?-preguntó James tiernamente y la obligó a volver a su hombro
-Si, realmente lo deseo-contestó Lily-Realmente lo deseo. No me deja acercarme mucho-se quejó la pelirroja tratando de sacarle una sonrisa a su novio- estorduné una vez y casi me tiró fuera de la enfermería. Por cierto, si me enfermo será tu culpa...
o.o.o.o
Sirius estaba comenzando a perder la paciencia. Siempre le habían dicho que tenía una facultad increíble, la de permanecer tranquilo y la mente fría, pero eso era antes... antes de conocer a Annie Dahl y su increíble capacidad para atraer todo problema que estuviese en un radio de diez kilómetros. Sirius ya se estaba cansando de tener que estar pendiente de aquella chica, y realmente se sorprendía al pensar que Annie simplemente hacía absolutamente nada. Era como si los problemas y situaciones difíciles se apegaran a ella como imán, buscándola para cubrirse con su ingenuidad.
Soltó la carta que fue incapaz de seguir sosteniendo con sus propias manos. La carta que Henry había dejado para su Annie... Cerró los ojos de tan solo pensar en ello. Ya no lo iba a evitar más. Sí, era su Annie y jamás dejaría que volvieran a hacerle daño.
-Despierta-pidió contemplando el rostro dormido y pálido de la chica-Vamos!! Necesito que abras tus ojos...
-No lo hará-susurró la enfermera que estaba al otro lado de la cama preparando una pócima-No lo hará a menos que tenga una muy buena razón para abrir los ojos, cariño-tenía un tono de voz triste.
-Cómo?-preguntó Sirius desconcertado.
-Me temo que su situación es más complicada de lo que parece. Nuestra querida Annie se comienza a rendir.
-De qué está hablando?-La enfermera notó la tensa mandíbula del chico.
-Lo siento cariño-se disculpó-pero nosotros ya no podemos hacer nada. Ya no se puede hacer nada, Annie será traslada al Hospital y con un poco de suerte...-no terminó la frase.
-De que demonios está hablando?!-gritó Sirius levantándose con violencia.
-Annie no quiere despertar... Es como si prefiriera seguir dormida... para siempre...
o.o.o.o
Las clases habían llegado a su fin y los alumnos se iban a sus habitaciones para dejar sus cosas. Todos, menos algunos rezagados que insistían en salir al patio para disfrutar un poco del buen tiempo que comenzaba a hacer.
James esperó a Lily fuera de el aula mientras se despedía con la mano de Remus y Sophie que casi corrían por el pasillo camino a la enfermería. Apoyado en la pared y los brazos cruzados, con la mochila colgando de su hombro derecho.
Un grupo de chicas saludó a James amenamente con la mano y cuando miraron a Lily dibujaron en sus labios una curiosa sonrisa. Pasaron rápidamente hablando entre ellas en silenciosos susurros.
-Listo-dijo Lily algo despeinada que no notó nada de aquello porque iba guardando una pluma en su bolso.
La tomó de la mano y la guió hacia el exterior. Un rebosante sol iluminaba los terrenos de Hogwarts, reflejando sus rallos en el agua. Lily se sentó junto al extenso lago, mientras James se apoyaba en el grueso tronco de un árbol.
Le bastó echarle una sola mirada para saber que en cualquier instante comenzaría a llorar.
-Annie se pondrá bien-aseguró con cariño.
Lily asistió con la cabeza tragando con fuerza toda su pena. Estaban siendo unos días horribles. No encontraba explicación en ninguna parte. Por más vueltas que le diera al asunto, buscando alguna pista que la guara al lugar donde Annie se perdió dentro de su inconciencia. ¿Qué había pasado¿Qué había estado hablando con Henry?.
-Tengo la fe de que en cualquier momento escucharemos un grito de júbilo de Sirius-sostuvo la chica con su mirada perdida-De que Annie abrirá por fin los ojos...
James se acercó hasta su novia y la rodeo por atrás. Ella se aferró a sus brazos, apoyó su cabeza en la de él y le dedicó una placentera sonrisa.
-James...-dijo al cabo de un momento.
-Mmm..?
-Si Annie no despierta, podremos posponer la boda?.
-Claro-susurró con cariño-Hasta que Annie abra sus ojitos.
o.o.o.o
Hola! Feliz año nuevo a todos! Espero que este 2008 sea realmente bueno para todos ustedes, mis queridos lectores: )
Lo sé, lo sée... de demoré un poco... y no sé por qué, si ya tengo escrito el fanfic... supongo que las fiestas de fin de años, la universidad y las obligaciones de hija mayor me agotaron. Les pido disculpas!!
Muchas gracias a los reviews del capítulo anterior:
Pali Evans, Rebex-Potter, Saiyury11, ivenus-valens, GinNyLu, Mara-Evans, ARYAM, monse evans, Francesca, Desiré (Jejeje... n.n), clau malfoy, Lucía, karla Black, luna712, Piby Weasley, JulesRichards (Hahaha, que linda! Muchas gracias), coniita, monika, lyliann, liliatenea, Juupotter (Claro que me acuerdo!), emotivejoy (También para ti y para todos! Gracias), Karina (No creo que en algún momento Voldemort haya sido un choco normal. El ya era un verdadero mago oscuro antes de que Lily y James murieran. Es la primera guerra contra él en este periodo, así que supongo que realmente si era de la forma en que lo describor, aunque puedo estar equivocada, obviamente. Aun no leo el séptimo libro completo, pues preferí esperar a la versión de salamandra).
Muchas gracias a todos! (Espero que no se me haya pasado nadie :S)
Me gustaría responder a todos, pero el tiempo me mata y más a un el calor que me imposibilita a pasar mucho rato delante del pc... :S
