Nacer por ti, Morir por él.
Capítulo Cuarenta y cuatro: "El mismo Sirius Black de siempre"
Por Jane.Camui
-¡¿Recuerdas a Adalghisa?! Esa chica tan alta de Slytherin. Si ¿verdad?, pues bueno¡ella esta saliendo con Bergen¿No te impresiona? Yo casi morí de la risa imaginándome esa parejita. Él es tan bajo, sin contar que no es precisamente una obra de arte griega, mientras que ella es tan esbelta que ganaría el concurso a portada de corazón de bruja.
-¿Por qué sigue creyendo que le escucha?-preguntó Remus a Sirius.
-Tu novia necesita ver a alguien que la ayude a ordenar las ideas...
-Ebba te manda mucha fuerza, dice que tienes que ponerte bien porque le debes un favor-Sophie pereció pensar lo que decía-mejor olvida eso-decidió-Ellery, aquel chico guapo de Slytherin, quiere venir a verte, pero no se atreve-se acercó más a Annie para que los chicos no la escucharan-de seguro Sirius tiene algo que ver...
-¡¡Te oí igual Sophie!!
-Da igual, lo bueno querida amiga es que todos están ansiosos por volver a verte. Emil siempre me pregunta por ti y Jarvia realmente esta preocupada... Ay! Annie, por favor despierta pronto...-se quedó en silencio pensando en sus palabras-aunque... ellos no extrañan a Annie... extrañan a Megaera... Es curioso, Meg conoce más gente que Annie…-hablaba más para sí que para su amiga.
Remus se levantó al creer ver una lágrima por los ojos de su novia, pero se volvió a sentar cuando ella la secó con fuerza y continuó hablándole sobre todo lo que ocurría en el colegio. Se fijó en su amigo, que contemplaba la escena con los brazos cruzados y una mirada más irritada que lo acostumbrado.
-Ey, Canuto-dijo con sumo cuidado-¿pasa algo?.
Sirius soltó un resoplido y se levantó con gran Agilidad. Remus sonrió levemente ante la acción. Era en esos lapsos cuando comprendía porque Sirius Black, a pesar de ser engreído y molestoso, se ganaba la admiración de las personas. Su altura, sus movimientos, sus gestos, la forma en que hablaba cuando la seriedad caía sobre él. Todo su porte. Aquello era lo que hacía de Sirius una persona llena de la elegancia digna de los Black. "Al fin y al cabo, aunque no quiera, él hace honor a su apellido" pensó Remus.
Sirius, dándole la espalda a Sophie, le hizo una seña a Lupin. Lo condujo hacia el final de la enfermería y se ocultaron tras un biombo.
-Se llevarán a Annie a San Mungo esta noche-dijo sin preámbulos.
-¿Cómo?!-preguntó Remus asustado.
-Esta empeorando...-Sirius parecía realmente angustiado. Remus estuvo seguro que por un momento toda su fortaleza se quebró-La enfermera me dijo que Annie...
-¿Qué?
-Annie no quiere despertar y realmente no la culpo.
Remus frunció el entrecejo, mirándolo con extrañeza. Sirius le alcanzó la carta que había guardado en el bolsillo de su túnica. Remus la recibió sin comprender a que se refería su amigo.
-¿Qué es esto?
-Es la carta que Henry dejó a Annie antes de marcharse.
-¿De dónde la sacaste?-preguntó sorprendido observándola embelezado. Allí quizá estaba la respuesta a por qué Annie estaba inconciente en la camilla.
-Eso no importa!-Exclamó Sirius exasperado. No quería escuchar una represión de su amigo.
-¿La leíste?
-Sí. También deberías leerla. Esta la explicación al por qué Annie se encuentra inconsciente en una maldita camilla-"Justo lo que había pensado".
Sirius salió de detrás del biombos dejando sólo a Remus sin decir nada más. Se sentó sobre la camilla, abriendo con lentitud mientras sentía que estaba a punto de hacer algo imprudente, pero las palabras de su amigo lo habían convencido. Si allí estaba la respuesta al estado de Annie, más valía leerla que guardarla.
La carta estaba arrugada, seguramente por culpa de Sirius. Podía imaginarlo leyendo la pulcra letra color negro al tiempo que arrugaba el papel lleno de impotencia.
Suspiró y estiró el pergamino.
Querida Annie:
Espero que no haya pasado mucho tiempo desde que escribí esta carta hasta que por fin la has podido leer. Sé que esperas que esté a tu lado en el momento de tu "despertar", cuando abras los ojos luego de superar tu enredo de sentimientos que fluctuaron al momento de mi confesión, y cuando despiertes de esa pequeña burbuja que de seguro fue la culpable de que no vieras la verdad antes.
Te ruego me perdones por no estar allí en este momento. Sé que tienes mil y un preguntas que hacerme, que deseas escuchar la explicación que tanto anhelas dormida, pero espero que luego de leer esta carta llegues a comprenderme y sobre todo, perdonarme. Pero no me pidas que te ruegue perdón por decirte la verdad, pues no me arrepiento de hacerte conocedora de aquella información que de hecho, siempre supiste.
Ahora, cuando ya te encuentras tranquila y a salvo, cuando de seguro deseas estrujar estas palabras y quemarlas, pues has conocido un sentimiento tan horrible como el odio y el desprecio, sé que podrás diferenciarlo más adelante, cuando vuelvas a experimentar aquellos defectos humanos, pero no te avergüences. Ya que los conoces, te sientes mucho más viva que antes ¿no es verdad?. Ahora eres más humana que hace unos minutos, mi querida Annie.
No encontrarás en esta carta las respuestas que buscas, mas la explicación desearía dártelas frente a frente y contemplar tus ojos con adoración, tan bella como tu sonrisa y aquellos cabellos que enmarcan tu blanca piel. Ahora, que él tiempo pasa como mi mejor amiga y que estoy más lejos que los miles y miles de kilómetros que pudiese recorrer, me puedo sincerar completamente contigo.
Realmente espero que la verdad no te impida seguir leyendo, pues mi confesión es más cobarde de lo que realmente soy, es sólo que no me creo capaz de verte directo a la cara cuando la sepas, aun cuando deseo poder verte.
La verdad llegó más impredecible de lo esperado, más rápido de lo que todos hubiésemos querido, pero estuvo a tu disposición siempre. No pretendo justificarme... sería estúpido de mi parte.
No sé como comenzar. Supongo que te habrás dado cuenta de las miles de vueltas que me he dado solo para decirte algo tan simple como que te amo.
Remus se detuvo en ese punto, releyendo el párrafo con determinación, como si esperase encontrar algo que pasó por alto en la primera leída. Luego, cuando comprendió que había captado cada palabra correctamente, buscó el final de la carta. Vio la firma. "Henry" leyó con un nudo en la garganta. "De acuerdo, es su hermana, la puede amar de forma fraternal, yo mismo amo a mis padres" se tranquilizó a si mismo. Volvió al punto donde había quedad, aun sintiendo desagrado.
Y ahora que sabes lo que no somos realmente, ahora que sabes que tu y yo no tenemos ningún lazo de sangre, sino más el tipo simplemente, que en estos momentos me parece una maravillosa coincidencia, me siento no sólo con la fuerza, si no también con la necesidad de expresarte un sentimiento que me tortura desde que te contemplé como mujer, y no como niña.
Desearía poder decirte que es un sentimiento pasajero, que se parece tanto a los que de seguro tú experimentas en tu adolescencia, pero me temo que no es así. No pasa un solo día sin que me pregunte como estás, ni que pase por alto el recuerdo de tu rostro, tu sonrisa o tu voz...
Remus no se sintió capaz de seguir leyendo. Aquella era una declaración tan profunda que si Annie se llegaba a enterar de que ellos conocían sentiría que profanaron su diario de vida. Se pasó la mano con fuerza por la frente, con algo de nerviosismo, tratando de ordenar las ideas.
Se sobresaltó cuando Sophie apareció al lado del biombo con su ya típica sonrisa melancólica. Había terminado de contarle los chismes a Annie y se encontraba lista para ir a cenar. Remus la contempló como si la viera por primera vez en mucho tiempo. La carta de Henry le había hecho comprender lo profundo que podía llegar a ser un amor. Y ella, Sophie, era el amor en persona.
-¿Vamos?-preguntó con suavidad la chica moviendo la mano para que él se la tomara.
Asistió con la cabeza y la tomó con fuerza, tratando de hacerle entender con un simple gesto, lo perfecta que era ella para él...
o.o.o.o
Lily llenó su vaso con el frío jugo de calabaza y lo disfrutó como nunca antes lo había hecho, tan sedienta como hambrienta. Dejó con fuerza el vaso y se dispuso a llenar su plato con aquel pastel de papas que tanto le gustaba. Vio, con alegría, los pequeños pedazos de carne y sobre esta el puré de las sabrosas papas. La boca casi se le hacía agua, ansiosa por disfrutar de la comida caliente y reconfortante.
James, a su lado, puso los ojos en blanco al contemplar como su pelirroja novia ponía con tanta devoción un más que generoso pedazo de pastel. Cuando Lily terminó de llenar su plato, el chico se preguntó si sería capaz de comer todo aquello sin devolverlo. Pensando en esa asquerosa idea, miró a su lado asegurándose de tener espacio, en el caso de que Lily sintiera nauseas.
Lily levantó el tenedor con efusividad. Iba a sacar un poquito de su pastel y llevárselo a la boca para aliviar su hambre. El servicio estaba a pocos centímetros de su plato cuando una voz la olvidó completamente de su objetivo.
-Jimmy!!
Lily perdió el hambre con tanta rapidez con el sonido de esa voz chillona y mal intencionada, que estuvo tentada de tirar su plato en el despreciable rostro de Mary McDowell. Su fastidio hecho persona. No lo sólo había interrumpido lo que de seguro sería un momento de gloría, si no que miraba a su novio de forma seductoramente inapropiada.
James se movió incómodo, pero divertido. Sin siquiera mirar a su lado, sintió la tensión en el cuerpo de Lily. Sonrió de forma complacida. De vez en cuando, le gustaba saber que ella lo celaba, que no le gustaba que otras chicas le hablaran. Tratando de recompensar a Lily giró su cabeza a Mary dispuesto a echarla, pero antes de poder despedirla, se quedó sin habla.
-¡¿Que tal¡¿Te gusta mi nuevo color de pelo?!
Lily golpeó a James en el hombro con fuerza cuando vio su rostro anonadado. Delante de él, una pelirroja de largo pelo lizo hasta las caderas le guiñó un ojo coquetamente. James quiso decir algo, cualquier cosa a su favor pero estaba completamente sorprendido. ¿Lo había hecho por qué su novia era pelirroja?
-Wow, Mary...-dijo sintiendo la mirada de advertencia de Lily-Digo, el... el negro te quedaba mejor... en serio...
-¡No te creo!-dijo de forma juguetona la falsa pelirroja-¡Me quedaste mirando embobado!-y rió con gran elegancia.
-Esta maldita arpía...-soltó Lily roja de furia-¡¿Cómo se atreve?!
-Oh, Evans-dijo Mary observándola con desprecio-no te vi.
-¡No me extrañaría¡¡De seguro lo que sea que te echaste en la cabeza terminó liquidando a las pocas neuronas que te quedaban!!-Nunca actuaba de esa forma, pero Mary la hacía olvidar toda su educación.
Aún tenía muy presente el beso que la chica de Ravenclaw le había dado a James de vuelta de vacaciones de invierno en el expreso de Hogwarts. Jamás lo iba a olvidar. "Nunca, nunca, nunca" pensó furiosa.
-¿Acaso te molesta que Jimmy mire?-preguntó con picardía.
-No, claro que no¡¡lo que me molesta es tener que estar yo presente cuando a ti se te ocurre dártelas de inteligente!!
Mary se desconcertó por momentos, no comprendiendo. James sonrió para sí.
-Lo que quiso decir es que te estás tratando de parecer a ella...-le hizo entender sin mirarla.
-¿Perdón?
-No me digas que no, porque el color de tu pelo me dice exactamente lo contrario.
-¡Eres una embustera! Yo jamás querría parecerme a ti. Eres aburrida, insociable y, lo peor, prefecta! Aunque si, tienes razón en una cosa, podemos decir que…-soltó una pequeña sonrisa casi diabólica-envidio tus formas de pago.
Lily se levantó indignada, no pudiendo controlar sus instintos asesinos, y a pesar de no haber entendido a que se refería, supo que era un insulto. James, que en un comienzo le había parecido de lo más divertido, la sujetó por la cintura, deteniéndola.
-No vale la pena, Lily-le dijo James molesto.
-¡¿No sabes lo que los chicas andas diciendo por hay?!-exclamó Mary con maldad-dicen que de seguro tendrías que haber hecho algo muy... como decirlo... "sucio" para conseguir a James Potter como novio, porque de gracia no tienes ninguna.
Ahora, el que estaba dispuesto a golpear a alguien, era James. Se levantó dejando de sujetar a su novia que se quedó petrificada a su lado.
-¡¿Qué dijiste?!-preguntó James echando fuego por los ojos. Mary, advirtiendo el peligro, dio un paso hacia atrás.
-No es lo que yo digo-se defendió-es lo que todos andan diciendo! Las chicas de Slytherin están seguras de que Lily pasa por alto todas tus travesuras. Las de Ravenclaw me contaron que escucharon que tú te quejabas porque ella no cumplía su parte del trato.
-¡¿De que trato estás hablando?!-preguntó Lily con los dientes apretados. James, al notar lo quebrada de su voz, le tomó una mano.
-¡Pues que James se hiciera pasar por tu novio!-respondió Mary como si aquello fuera lo más obvio del mundo-Además, las de Hufflepuff insisten en que todas las noches tú-dijo apuntando a Lily-le pagas a James acostándote con él...
James tomó aire, una y otra vez, contando hasta diez. Concentrando toda su fuerza en no romperle la nariz a Mary. "Es una chica, es una mujer. A ellas no se les golpeaba".
-¿Te doy un consejo?-preguntó con voz ronca-desaparece si no quieres pasar el resto de lo que te queda de vida en San Mungo, que no sería mucha. Te lo aseguro.
Mary no necesitó escucharlo dos veces. Miró por última vez a Lily que se sentaba en la banquita con los ojos llenos de lágrimas. La fulminó con sus azules ojos y se giró con la gracia de una bailarina, haciendo sonar sus zapatos caros.
James se sentó junto a su novia con la intención de dejarle muy en claro que él se encargaría en ese mismo momento de darle su merecido a todo aquel que fue capaz de decir tal estupidez de ella, pero no esperó ver una sonrisa en los labios de su novia.
-No te preocupes-susurró tratando de controlar las lágrimas. Se secó una lágrima solitaria que corrió delatándola por la mejilla-No, en serio-dijo negando con la cabeza con convicción.
-Pero¿no quieres que les diga algo¡¿Que les prepare alguna sorpresa?!-a pesar de la furia en sus ojos, el tono le salió anhelante y juguetón. Lily rió forzadamente.
-No, dejémoslo así-le pidió tomándolo de una mano-Al fin y al cabo, nosotros sabemos que eso no es verdad. Ahora entiendo por qué me miraban tanto...
-Pero no dejaré que hablen así de ti. Que digan lo que se les de la gana de James Potter, pero a Lily Potter no la tocan ni con una pluma de fénix-dijo con determinación. Se levantó obligándola a que también lo hiciera-mañana mismo se arrepentirán de lo que dijeron... créeme, ese tributo a tu cabello que hizo Mary me trajo una rojiza idea a la cabeza.
A Lily no se le pasó por alto que James había cambiado su apellido Evans por Potter. Al escuchar sintió un millón de mariposas revolotear en su estómago. "Lily Potter". Aquello bastó para disipar todas sus penas.
o.o.o.o
Remus entró en la enfermería con su característico caminar pausado. Contempló, con una triste sonrisa, a Sirius sentado junto a la inconciente Annie. Aunque lo esperaba, le impactó ver un baúl con dos flores de papel pegadas a un costado. El baúl de Annie, con todas sus pertenencias. Aquella noche se marcharía a San Mungo, donde intentarían traerla de vuelta. "¿Realmente lo lograrán?" se preguntó.
Sirius se giró advertido por los pasos de su amigo. Lo saludo con un movimiento de la mano. Lupin hizo un gesto con la cabeza. Tomó una silla y la llevó junto a Sirius. Pasó un largo rato hasta que por fin hablaron.
-¿Leíste la carta?-preguntó Sirius.
-No completa, pero si lo más importante-apuntó Remus con sus dorados ojos fijos en el dormido rostro de su amiga.
-¿Qué te parece?.
-Esclarecedora y escalofriante.
Sirius asistió con la cabeza, de acuerdo con él.
-Cuando le dijo la verdad debió detestarlo. Por eso está así...
-Se pondrá bien-le aseguró Remus.
-Ja!-soltó Sirius fríamente. Se levantó con impotencia-¡Tu y yo sabemos perfectamente que eso no va a pasar!. ¡¿Sabes lo que me dijo Pomfrey?! Que Annie no quiere despertar, que prefiere seguir dormida, por eso aun no abre sus malditos ojos. Pero claro, ella es tan egoísta que prefiere dejarme aquí. ¡Maldita seas Annie!
A medida que había estado hablando fue alzando la voz y mirando con profundo enojo a Annie, como si realmente la detestara por estar inconciente. Remus no supo que decir, las palabras parecían completamente inútiles tratándose de Sirius.
-¡¿Por qué demonios tiene que elegir seguir dormida?!-preguntó con impaciencia-¡¿Por qué no se levanta de una buena vez?!. ¡¿Acaso no sabe que tenemos temas pendientes?! Necesito...-se detuvo en ese punto, fijándose en los labios entreabiertos de Annie-necesito...-le rozó la piel con dedos temblorosos, dándose cuenta de que a pesar de haber estado con ella todo ese tiempo, jamás la había tocado. Remus se había acercado, esperando que su amigo terminara la frase, pero no lo hizo, ahogó las palabras.
-Iré por los chicos, para que se despidan de Annie-fijo finalmente Remus dándole a su amigo un reconfortante apretón en el hombro-se pondrá bien, lo sé.
Sirius esperó a que Remus saliera de la enfermería. Las palabras tan simples le dolieron "para que se despidan de Annie". El mismo creyó que ese sería el último momento ¿La volvería a ver sonreír¿La volvería a escuchar hablar¿La volvería a ver caminando¿La volvería a sentir a su lado¿La volvería a besar?.
Y desde que la vio en ese estado y sobre todo luego de escuchar a Madame Pomfrey las ganas de llorar se le presentaron como una acción necesaria. Sus ojos, tan oscuros como hace días parecían humedecerse con cada roce de su dedo contra la fría piel de Annie.
-Necesito decirte que te quiero...-terminó por fin.
Se dejó caer en la silla, incapaz de mantenerse más tiempo de pie y derrotado por sus sentimientos. Apretó su puño con fuerza y ocultó su rostro entre sus brazos que hicieron un ovillo delante él. Contuvo las lágrimas sintiendo como su cuerpo casi lo obligaba a que las dejara correr.
Había desperdiciado tanto tiempo pensando, dándole vueltas a un asunto que desde un comienzo no debió evitar. Lo que, evidentemente, su corazón le estaba tratando de hacer entender, que amaba a Annie Dahl con la misma fuerza con la que James adoraba a Lily. No lo supo reconocer, y ahora pagaba las consecuencias. El amor... el amor que tanto se había esforzado en evitar estaba predestinado de forma dolorosa.
-Por Merlín, Annie...-susurró con los ojos cerrados con fuerza-abre los ojos, por favor. No te vayas de mi lado... Te necesito.
Pensó que haría una vez que Annie se marchara, cuando en una media hora vinieran por ella para llevársela a San Mungo. No podría soportarlo. Antes de acaba la semana él se habría ido de Hogwarts con la intención de visitarla. No concebía su lejanía, no ahora que había aprendido lo que significaba sentir algo por alguien que no fuese si mismo o sus amigos. Cuando aquel sentimiento le quemaba el corazón con su lejanía, como se lo acariciaba con su presencia. No cuando por fin sabía que podía querer a alguien, no cuando aquella a la que amaba era una mujer que estaba prácticamente prohibida para él.
Conciente de que aquel era el último momento, levantó la cabeza con lentitud tratando de alargar los segundos. Le tomó la mano mirando lo pequeña que era. La aferró con fuerza y se quedó muy quieto cundo comprobó que no estaba tan fría como su rostro. Sintiendo su corazón acelerado siguió el contorno de su brazo, palpando con la mano. Era verdad, era como si el calor volviera al cuerpo de Annie y el pudiese sentirla a través de su bata. Recorrió su hombro... y pasó la mano por su cuello, conteniendo las ganas de adelantar sus ojos. Su cuello tenía la calidez que él mismo había sentido al rozarlo con sus labios.
Cuando por fin llegó a su rostro, Annie Dahl, miraba el techo con unos profundos ojos azules.
Había despertado.
o.o.o.o
-¡¿Se irá de todas formas a San Mungo?!
-¿Está bien?
-¿Es momentáneo o definitivo?
-¡¿Por qué demoró tanto?!
-¡¿Podemos verla?!
-¡Tranquilos!-exclamó la profesora McGonagall alzando sus manos para callar las preguntas de los chicos-el profesor Dumbledore y Madame Pomfrey están evaluándola. Ahora, si son tan amables¿podrían no hacer tanto ruido? Ella necesita descansar y creo que más de uno de ustedes también. Vayan a sus habitaciones, mañana podrán verla.
Y caminó con su característico paso firme y resonante hasta la enfermería. Cerró la puerta detrás de ella conciente de que Sophie se ponía de puntillas para ver que pasaba dentro. Lily, que no aguantaba su alegría, casi saltaba sobre la punta de sus pies ansiosa de abrazar a su amiga, pero comprendiendo que aquella noche sería imposible. James y Remus pensaron lo mismo y mirándose asistieron con la cabeza. Sophie reía con nerviosismo cuando su novio tiró de ella para que caminara. James los guió hacia la sala común preguntándose donde estaría Sirius. Luego de darles la noticias a gritos, había desaparecido misteriosamente.
James entró en su habitación seguido de sus amigos y su novia. Allí estaba. Echado sobre su cama completamente dormido. Un leve ronquido se escabullía de su garganta, delatando su cansancio y falta de sueño.
-Pobre...-susurró Lily sonriendo levemente.
-Debe estar agotado-agregó Remus.
-Seguro, todo ese tiempo...-suspiró Sophie mirándolo con cariño.
-Se lo merece-indicó James.
Lily asistió con la cabeza. Avanzó hacia su amigo tratando de hacer el menor ruido posible. Tomó una frazada de la cama de James y con ella cubrió a Sirius
-Dejémosle descansar.
Salieron y se dejaron caer en los cómodos sillones de la sala común. Ninguno dijo algo. Todos agradecían internamente que Annie por fin había despertado de su largo sueño. James sostenía la mano de su novia, que apoyaba su cabeza en su hombro. Sophie soltaba leves suspiros acompañados de las caricias que Remus le daba en la espalda.
Ninguno de ellos se dio cuenta cuando los ojos se les cerraron y se perdieron en el sueño... Cuando sueño que luego de varios días... fue tranquilo.
o.o.o.o
-ANNIE!!
-Tranquila, Tranquila!-pero no lo escuchó. Las palabras de James fueron inútiles para Lily.
-POR FIN ANNIE!
-Por favor, dile a tu novia que se calme…-pidió Sirius preocupado.
-Estoy tan feliz de que hayas abierto los ojos!!!
-Relájate Lily, por favor. Nos echarán de la enfermería.
-Al menos dejó de saltar...-susurró Remus.
-Tuve tanto miedo!!
Lily no era capaz de contener su alegría. Al verla se abalanzó sobre ella, abrazándola, y sólo se separó de la chica cuando Sirius y James la quitaron a la fuerza. Annie se los agradeció con una sonrisa. Aunque había despertado, seguía sintiéndose muy débil. El cuerpo le dolía con cada movimiento que daba.
-Por qué demoraste tanto?!-preguntó indignada Sophie.
-No lo sé...-susurró a duras penas. Durante un fugaz segundo las miradas de Sirius y Annie se toparon.
-¿Cuando te darán de alta?
-Aún no lo saben-respondió Sirius ayudando a Annie. Madame Pomfrey le había advertido de que era muy probable de que se viera imposibilitada de dar respuestas largas-pero de seguro será en una semana-dijo más para tranquilizar a las chicas.
-Eso espero!-exclamó Lily-Todo es tan aburrido sin ti.
James levantó una ceja y tosió significativamente.
-Ya sabes a qué me refiero...-sonrió tímidamente Lily.
-Si, claro...-respondió irónico el chico de anteojos.
-¿Cuanta gente me ha visto?-preguntó Annie en voz ronca. Había sido una de sus mayores preocupaciones desde que recuperó la conciencia.
-Nadie querida-Lily la miraba como si ella fuese su hija-Todo a sido muy cuidadoso para que la gente realmente creyera que era Megaera y no tú.
-Ya veo...-James estuvo seguro de notar un tono de desilusión.
-Te ves muy cansada-dijo James-mejor te dejamos un momento...-miró de forma significativa a Remus.
-Si, es verdad-Tanteó en el bolsillo la carta que el día anterior Sirius le había hecho leer. La carta de Henry hacia Annie-Además las chicas tienen que tomar desayuno. Vamos...-sin que nadie se diera cuenta, le pasó el sobre nuevamente sellado a Sirius.
Sophie y Lily reclamaron, pero Remus y James fueron mucho más fuertes. De un sólo empujoncito ambas estaban fuera de la enfermería.
-Volvemos en un momento!! -gritó Lily.
Atraída por el grito, la enfermera salió de su despacho con mirada molesta. Con su caminar elocuente se acercó hasta la camilla de Annie y controló su temperatura con la mano, sin antes recriminar a Sirius con la mirada, como si el tuviese la culpa de que Lily gritara desde la puerta.
-No te canses mucho Annie-le aconsejó con cariño-si necesitas cualquier cosa, estaré en la enfermería.
Annie asistió con la cabeza levemente. Cuando la enfermera cerró la puerta de su oficina estando dentro, Sirius se giró hacia su amiga. Annie tenía los ojos cerrados. El chico comprendió que la pelinegra necesitaba descansar. "Mi labor ya terminó" pensó entre satisfecho y malhumorado.
Se disponía a desfilar hacia la puerta cuando recordó el sobre en su mano. Lo miró preguntándose si debía o no entregárselo. Temía que leer la carta le produjera una nueva conmoción. No estaba dispuesto a ser responsable de una nueva dosis de odio en los ojos puros de Annie. "Pero... ella tiene derecho a saberlo" dijo una voz en su cabeza. Se recriminó a si mismo por lo buena persona que se estaba convirtiendo. Finalmente, desistió con su pelea interna. Ya luego tendría tiempo de pensar en todo eso...
Caminó hacia la puerta de la enfermería, pero una voz débil lo detuvo en medio andar.
-¿Adónde vas?-preguntó Annie. Había abierto los ojos y los tenía fijos en Sirius.
El chico se encogió de hombros, no muy seguro de lo que debía decir. Por su cabeza cruzó el recuerdo de la noche anterior. Cuando le había lo que sentía... "Lo que siento" pensó incrédulo. Aquello sonaba casi ridículo, como una broma pesada de sus sentidos.
-Necesitas descansar-le recordó deteniéndose a pocos pasos de la puerta.
-Vaya...-dijo algo sorprendida. Alzó la cabeza pero inmediatamente volvió a apoyarla en la almohada. Aquel simple movimiento le había causado un fuerte dolor en la espalda. "Demonios" pensó haciendo una mueca. Sirius contempló preocupado como Annie fruncía el entrecejo y dejaba salir un débil gemido de sus labios. Pero se mantuvo firme. No se acercó aunque estaba deseando hacerlo.
-Será mejor que me vaya- dijo finalmente dándole la espalda.
-No sé por qué creí que podrías actuar de otra forma-susurró Annie con su voz frágil-Debería haber supuesto que eras el mismo Sirius Black de siempre.
-A qué te refieres?- preguntó el chico desconcertado. Se había vuelto hacia ella interrogándola con la mirada.
-No importa- susurró- El único problema es que no logro acostumbrarme. Ya te conozco-dijo, pero aquello parecía más decírselo a si misma que al chico-sé como eres. No debería creer en las cosas que dices. Tienes razón. Necesito descansar.
Un tono acusador en su voz, un evidente desprecio y la frialdad lo detuvieron a pocos metros de la puerta. La forma en que ella decía sus palabras le dolió. Le dolió al punto de estar dispuesto a rebatirlas aún sabiendo que nada conseguiría. Le dolía saber, sobre todo, que ella tenía razón. Porque en pocas palabras le dijo que era un cobarde. Un maldito cobarde que no era capaz de aceptar que amaba con una extrañeza sabrosa a aquella chica. Ella lo sabía y le daba una terrible vergüenza. Le dolía la forma en que ella se desinteresaba de él, cómo aceptaba sin reproche alguno que se marchara... Estaba acostumbrada a todo lo que ya había hecho Sirius con anterioridad. Dejarla en medio de un pasillo completamente confundida o perdida con alguna mirada que había ido más lejos de lo que había esperado. ¿Podía marcharse ahora¿Ahora que ella esperaba quizá algunas palabras con relación a la noche pasada¿Podía irse sin sentir que estaba actuando como un niño¿Podía irse sin reprimirse a sí mismo, sin sentir que le estaba faltando a alguien?.
Annie no iba a luchar más contra la marea.
Se acercó hasta la camilla donde Annie había vuelto a cerrar los ojos. Titubeó por un segundo pero finalmente comprendió, al estar tan cerca de ella que había perdido la posibilidad de estar cuerdo. Entendió que estaba tan perdido como la primera vez que la vio hecha una mujer, con su característica sonrisa, con su peculiar forma de ver las cosas, con su maravilloso sentido del tacto. Suspiró y al mismo tiempo se arrepintió. Se arrepintió por haberse enamorado de la única chica que le estaba prohibida. La única que jamás podría tener, la que se alejaría de él causándole un dolor que jamás pensó llegaría a sentir. Era ella, Annie Dahl, la única mujer que estaba completamente fuera de su alcance.
Annie sonrió levemente cuando Sirius cruzó su mejilla con la punta de sus dedos. Él también sonrió.
-Al menos no te vayas aún-pidió la chica mostrando sus ojos azulinos. Sirius asistió sabiendo que de todas formas no se iría nunca. Aunque Annie Dahl le fuera prohibida podría seguir a su lado... como amigo... quizá…
o.o.o.o
Lily aspiró el tibio aire del día. Entre flor silvestre y tierra. Ahora los días de sol se presentaban tan seguidos como en invierno las lluvias torrenciales. "Un buen augurio" pensó contenta. Estaba segura que se avecindaban buenos acontecimientos. Miró al chico junto a ella que conversaba tranquilamente con su amigo. Todos con una resplandeciente sonrisa. "Por Annie" se regodeó. Sí, definitivamente venían cosas mucho mejores. Al fin y al cabo, si la tormenta pasó lo único que se podía esperar era el reconfortante sol matutino.
Sintió unos golpecitos en el brazo. Sophie trataba de llamar su atención. Le sonrió dándole a entender que la escuchaba. Iban camino a la primera clase del día. Una clase práctica de Hechizos en los jardines del colegio. Aquel día intentarían levantar cosas pesadas.
-¿Podemos hablar a solas?-le preguntó su amiga con una cómplice sonrisa.
Lily asistió una vez más y se soltó de la mano de su novio. Inmediatamente, James se giró preguntándose por qué su pelirroja lo había soltado. Ella le dijo, en un pequeño susurro, que se atrasaría unos segundos.
-¿De verdad?-preguntó James incrédulo.
-Ya, ya...-dijo Lily poniendo los ojos en blanco-Sophie quiere hablar un momento conmigo. Iremos detrás de ustedes-le explicó.
James le guiño un ojo y continuó con su andar seguro junto con Remus, hablando sobre el partido de Slytherin y Gryffindor de hace tres años atrás.
-Los temas se les están acabando-dijo Sophie alzando una ceja.
-Ni que lo digas-rió Lily. Entrelazó el brazo con el de su amiga y caminaron lento por el prado, siguiendo al resto de sus compañeros-¿Qué pasa?-preguntó esperando que no fuera nada malo.
-Les tengo una sorpresa-dijo ansiosa la castaña.
-¿Una sorpresa?-preguntó Lily casi aplaudiendo-¡sabes que me encantan las sorpresas!
-Pero primero una pregunta-se adelantó Sophie-¿ya tienes las cosas listas para la boda?. El tiempo se te está viniendo encima.
Aquella pregunta fue como un tronco caído sobre su cabeza. ¡La boda era en tres semanas y no habían hecho nada!. ¡¡Nada!!.
Bueno, se entendía. Las cosas que había pasado podían perfectamente ser una excusa por la despreocupación. Pero aun así, tratando de justificar el no comprar siquiera las flores, le parecía una terrible falta de cuidado. Ahora que Annie había despertado la boda era mucho más real que el día anterior. Quizá podía hacer los preparativos con un margen de tiempo tan ajustado¡pero las invitaciones serían un problema!.
-No...-dijo haciendo una mueca-nada.
-Pero Lily!!-la regañó con la mirada Sophie-¿acaso no te quieres casar?
-¡No digas eso!-se quejó Lily-pero tienes que entender... Este año no hemos tenido mucho tiempo para ver los arreglos y aunque quiera una boda simple con pocos invitados, creo que no tenemos el tiempo suficiente para organizarla-se lamentó-tendré que hablar con James. Quizá lo más sensato sería aplazarla-se quejó con una mueca.
-Pues quizá no sea tan así-le dijo con una mirada misteriosa.
-¿De qué hablas?-preguntó Lily frunciendo el entrecejo. Se detuvieron un poco antes de llegar junto al pequeño profesor Flitwick.
-Esa es la sorpresa-se regodeó Sophie-¡Yo ya la he organizado!
Y ante la impactada mirada de Lily, sacó de su mochila un grueso cuaderno color rosa con pequeños voladitos. Se lo tendió a su amiga quien lo recibió con la boca abierta y los ojos tremendamente abiertos.
-Pero... pero...-dijo contemplando la adornada cubierta. Lo giró casi esperando encontrar alguna broma pesada.
-Ábrelo-dijo Sophie dando pequeños plausos.
Lily, con unos dedos temblorosos abrió el cuaderno y se quedó sin aire cuando descubrió, al pasar las páginas, que Sophie había hecho hasta lo imposible.
-El lugar lo elegí tratando de ponerme en tu lugar. No sé si será realmente lo que quieren, pero me pareció que era el mejorcito...-dijo Sophie de forma pensativa.
-Pero... Pero...-intentó decir Lily.
-Y si quieres cambiar algo debes decirme a más tardar el viernes. Esta empresa de magos es muy...-pero Lily no llegó a saber lo que eran pues se había lanzado sobre su amiga, rodeándola con los brazos y apretándola con fuerza.
-Gracias! Gracias! Gracias!-decía una y otras vez al tiempo que daba pequeños saltos-Gracias, gracias!
Las miradas de todos se fijaron en ambas chicas. Incluso el profesor Flitwick se detuvo en medio de su discurso de inicio de clase para preguntarse que demonios estaban haciendo las dos alumnas de Gryffindor.
-Ejem, Ejem...-dijo el profesor llamándoles la atención.
-Gracias!-dijo nuevamente Lily soltando a su amiga y apretando en su pecho el cuaderno rosa que James contemplaba con una pequeña sensación de que aquello no le iba a gustar.
o.o.o.o
Severus Snape cerró los ojos con fuerza. A su lado, Draco Malfoy lo contempló frunciendo el entrecejo, completamente extrañado. Le golpeó con el codo, pero Snape no respondió al golpe. Parecía concentrado en algún asunto que escapaba de su conocimiento.
-Ey-le susurró tratando de no llamar la atención de la profesora-¿qué demonios te pasa¿Tienes que ir al baño?-bromeó.
-Ojala fuera eso-dijo Snape abriendo finalmente los ojos. Contempló a su izquierda. No estaba. Ella no estaba. Al menos aquello funcionaba. Si deseaba no verla más, lo único que tenía que hacer era cerrar los ojos con fuerza y la japonesa dejaba de sonreírle con burla. Pero se estaba comenzando a desesperar.
Aparecía en medio de la noche riendo cruelmente, espantando su tranquilidad. Lo invadía en pleno pasillo, lleno de alumnos que reían y caminaban. No podía comer pues ella se lo impedía susurrándole palabras desagradables. Lo molestaba cuando más sediento y hambriento se sentía. Cuando sus energías estaban al mínimo.
Miró a su alrededor, sin prestar atención a la profesora McGonagall. Recorrió la clase con la mirada. Nadie parecía notar que entre ellos había una presencia sobrenatural. Ninguno de ellos se inmutaba cuando Kasumi Yami se reía con estridencia maldita. ¿Eso significaba que era producto de su imaginación?.
Se acomodó en la silla nerviosa. Sin importarle que la profesora pudiera reprenderlo desvió la vista de la pizarra para contemplar el cielo despejado. El clima estaba cambiando. Maravillosamente el sol abrigaba y alumbraba con un aire que llenaba de tranquilidad. Estuvo seguro que de no estar tan atemorizado, él mismo sentiría la suavidad del sol como una energía revitalizadora. Pero no podía, estaba día y noche pensando en lo mismo.
De repente, se sobresaltó botando las cosas sobre su pupitre cuando el reflejo de Kasumi apareció en la ventana. Giró la cabeza asustado, pero allí no había nadie. El pasillo estaba tan despejado como la última vez que lo había visto.
-Qué le pasa Señor Snape?-preguntó la profesora enfadada porque acaba de interrumpir su clase.
-Me siento mal-respondió. A McGonagall no le quedó ninguna duda. Él pálido rostro de Snape estaba más descolorido de lo normal. Temiendo que se fuera a desmayar en medio de su clase le pidió que fuera a la enfermería.
Snape asistió aliviado de poder salir de allí. El aula le sofocaba y esperaba que pudiendo tomar un poco de aire lograra tranquilizar su pulso. Recogió sus cosas con manos torpes y abandonó la clase seguido por la atenta mirada de la profesora McGonagall. Caminó por el pasillo arrastrando su mochila. No iba a ir a la enfermería. Sabía lo que le pasaba, no necesitaba que nadie se lo aclarara.
Llegó a la Biblioteca con la esperanza de poder pasar el tiempo restante allí. Aún quedaban un poco más de una hora de clases. Se dejó caer en una de las mesas más alejadas de la horrible bibliotecaria con cara de buitre. Estaba seguro de que ella sabía que no debería estar allí. Soltó la mochila descolorida sobre la silla junto a él. Miró a todos lados una vez más, igual como hiciera segundos atrás en la sala de transformaciones. Esperaba encontrarla a lo lejos, entremedio de los estantes, parada con su traje de escuela, con una mirada escalofriante...
-Snape?-preguntó alguien tras él. Snape se sobresaltó pero se tranquilizó cuando vio que el dueño de aquella voz no era Kasumi, si no Robert Rigby-No deberías estar en clases?
-¿Y a ti que te importa?-le espetó molesto.
-De acuerdo, lo siento-se disculpó el Ravenclaw-Malfoy había dicho que eras bastante agradable. Se equivocó con creces.
-¿Sí?-preguntó casi sin voz. Allí estaba. Kasumi Yami. Detrás de Robert pálida como la cera.
-Sólo quería decirte...-pero se interrumpió cuando Snape agarró sus cosas con rapidez-¿Adónde vas?-preguntó.
-¡¡Déjame tranquilo maldita sea!!-gritó Snape. Salió de la Biblioteca justo cuando Madame Pince se disponía a regañarle.
-¿A quien le dijo?-preguntó Robert en voz baja. Curiosamente, no había gritado en su dirección.
o.o.o.o
En toda la clase Lily no había logrado quitarle la sonrisa de la cara. Estaba radiante. Perdida en la felicidad que su amiga acababa de darle. Aunque James le pidió que soltara el dichoso cuaderno, ella no lo hizo. Temía que de dejarlo en su mochila esta se la tragara. Y es que allí, entre esas páginas coloridas y armoniosas, estaba el día más esperado de su vida. Su próxima boda con James Potter. Él día en que sus sueños de niña se materializaban maravillosamente ante ella vestida de blanco. No, definitivamente no soltaría aquel cuaderno. No lo perdería de vista.
-Qué es eso?-le preguntó James temiendo una posible respuesta que no le gustaría. El libro era demasiado rosa para parecerle lindo.
-Un regalo de Sophie!-exclamó Lily sin poder contenerse-Ven!
La clase, que ya finalizaba, se dispersó por los terrenos del colegio. Algunos iban dentro del castillo para dejar sus cosas, otros se perdieron en los terrenos junto a la casa de Hagrid para disfrutar del soleado día. Lily guió a James hasta encontrar una banca junto a un árbol que les brindara sombra.
-Y bien?-preguntó el chico. Lily le tendió el cuaderno.
No necesitó más que una hojeada para comprender el lío en el que estaba metido. Flores, bandas blancas, sillas con cinta dorada y una embabosa música. Sí, aquello era lo que había estado esperando.
-Sophie?-preguntó pasando las hojas. Era increible. La castaña se las había dado de coordinadora de bodas. Suspiró.
-No te gusta?-preguntó Lily sorprendida.
-No es eso...-dijo James dejando el libro a un lado. Tomó ambas manos de su novia y la miró a sus pequeños ojos verdes.
-Entonces?-preguntó temerosa.
-Tenía la esperanza...-pero tan rápido como había empezado a hablar, se detuvo.
-Qué?-preguntó Lily.
-No, nada-dijo-Si a ti te gusta, por mí está bien.
-No!-exclamó Lily medio molesta-Anda, dime lo que querías decirme-pedió sonriéndole.
James miró fugazmente el cuaderno.
-Había pensado que... bueno... que... Sophie eliguió un lindo lugar para la boda ¿No crees?-dijo levantando el cuaderno y abriéndolo en la primera página.
-Ajá...-asistió Lily.
-Pues, aunque es muy lindo y de seguro superará tus espectativas, a mi me gustaría que nos casáramos en la antigua casa de mis padres.
-En la antigua casa de tus padres?-preguntó la pelirroja asegurándose de haber escuchado bien.
-Sí, en el Valle de Godric. Mi madre siempre quiso que me casara entremedio de sus rosas-Dijo como si la idea le fuera tonta.
Lily sonrió y se sonrojó. Asistió casi con fervor.
-Claro!!-respondió-me encantaría.
-De verdad?-preguntó James sorprendido-Porque el lugar que eligió Sophie es mucho más lindo...
-No me importa-lo detuvo la pelirroja. James contempló fascinado la seriedad en los ojos de su novia-sería un honor casarme en el patio de la mansión Potter.
James besó a Lily con cariño. Un beso que no se detuvo hasta que le asaltó una duda. Se separó de Lily mirándola con los ojos entrecerrados.
-Cómo sabes que es una mansión?-preguntó.
-En cuarto me dijiste que si me casaba contigo viviríamos en la mansión Potter-rió la pelirroja.
-De verdad dije eso?-preguntó lleno de vergüenza.
-Sí! No me digas que no recuerdas todas las cosas que me decías, James...
-A veces uno olvida sabiamente.-dijo con solemnidad, pero aquello eran solo palabras. ¿Cómo podría olvidar todos los años anteriores?.
o.o.o.o
No había escondite. No había forma alguna de ocultarse. Ella aparecía maldiciendo su vida. Haciendo que deseara más que nunca acabar consigo mismo. Estaba al borde de la desesperación. Al borde del precipicio que lo separaba de la cordura. Ya no aguantaba más. Estaba dispuesto a lanzarse de la torre de la astronomía si aquellas alucinaciones no se detenían.
-Ey!!-dijo una voz delante de él cuando impactó con alguien-Severus!
-Lo siento...-se disculpó rápidamente. Concentró su vista en el rostro delante de él. Tratando de no desviar la vista.
-¿Estás bien?-preguntó Andrómeda Black-te noto enfermo
-Sí... si...-dijo distraídamente. Estaba más preocupado de la presencia que sabía estaba cerca de él que de responder a las preguntas de la Slytherin.
-Quieres conversar? De seguro encuentro la forma de ayudarte...
-Ayudarme?-preguntó irónico.
-Estás actuando extraño-dijo Andrómeda realmente preocupada-tiene que ver con tu sabes quien?.
Snape negó con la cabeza con tanta rapidez que Andrómeda estuvo apunto de no creerle.
-Severus, me preocupas-dijo la chica-Todos comentan que estás muy despistado. Incluso Lucius está "preocupado"-dijo haciendo especial énfasis en la última palabra. Era casi ridículo decir que Malfoy se preocupaba por algo que no fuera si mismo.
-No es nada...-dijo. ¿Era idea de Andrómeda o notaba un tono triste en su voz?.
-Escucha, si necesitas hablar tú sabes dónde encontrarme-le sonrió con simpleza y le guiño un ojo-no le diré a nadie si es lo que quieres.
-Gracias...-susurró. Andrómeda se encogió de hombros y le dio la espalda. Ya era lo suficientemente raro que una chica se le acercara para mostrarse amable. "Aunque, pensándolo bien, no es tan raro que sea Andrómeda" razonó. Ella siempre se comportaba de forma muy respetuosa, incluso con aquellos que no eran de su simpatía.
Pero lo que más le molestó fue que deseaba hablar con ella...
-Ey!-gritó-Andró.
o.o.o.o
-No pude hablar con él. Me gritó y se marchó.
-Sí, últimamente está muy esquivo. Me pregunto que le pasará.
-Nada bueno, de seguro. ¿Has notado su rostro?
-Sí, totalmente demacrado.
Se quedaron un momento en silencio. Cada uno metido en sus propios pensamientos. Malfoy sentado en la butaca que tanto le gustaba, cerca de la chimenea que estaba completamente apagada. En el brazo del mueble, sentada y haciéndose una trenza, estaba Narcisa Black. Frente a ellos, Robert Rigby movía sus manos nerviosamente. No le gustaba entrar en la sala común de Slytherin pero Lucius Malfoy se lo había ordenado.
-En fin-dijo Lucius Malfoy corriéndose un mechón de pelo del rostro-habrá que prescindir de Snape.
-Prescindir de Snape?-preguntó una voz llena de gozo-esa es una buena noticia. No te había escuchado decir nada más sensato Malfoy.
Bellatrix Black bajaba en ese momento las escalaras que daban a su habitación. Se sentó en una butaca, cruzando las piernas con una elegancia característica.
-De que hablan?-preguntó mirando a uno y a otro.
-El nuevo plan...-respondió Narcisa dejando por fin su trenza-Está listo.
-Listo?-preguntó Bellatrix irguiéndose.
-El Señor Tenebroso quiere que lo pongamos en práctica lo antes posible, pero Snape está algo raro.
-Sí-afirmó Robert-intenté hablar con él hoy. Quería explicarle algunas cosas, cosas que esperaba pudieran quedar claras.
-Cómo qué?-preguntó Bellatrix fijando su oscura mirada en el chico.
Robert se movió incómodo en el asiento. Escuchó la risita de Narcisa. Una risa para nada simpática. Todo lo contrario.
-Ustedes saben por qué me uní-comenzó diciendo, pero una horrible carcajada lo detuvo. Bellatrix Black casi se afirmaba el estómago.
-Por tu queridísima Sophie Langford, obviamente
-Sí-dijo Robert ruborizándose-Sólo quería que Snape supiera que ella queda fuera del plan.
-Y el señor tenebroso lo sabe?-preguntó Narcisa. No la miraba, pero notó el tono escrupuloso.
-Él solo quiere a Annie Dahl-se le adelantó Malfoy-y si podemos, también a Lily Evans. Aunque Adolf haya caído, El señor de las tinieblas siente un especial interés por los poderes de ella. Además de que está bastante vulnerable.
-Es una asquerosa Sangre impura!-gritó Bellatrix indigna.
-No oses meterte en los planes del amo!-respondió Narcisa con aire amenazador.
Bellatrix no respondió, pero la fulminó con la mirada. La varita de la chica, en su bolsillo, fue apretada por su mano dejando salir pequeñas chispas que reflejaron su molestia. Narcisa, impávida, corrió la vista de su hermana.
La más pequeña de las hermanas Black había cambiado mucho. Desde el último plan que se mostraba poco habladora y cuando se ponían a organizar algún nuevo proyecto ella simplemente asistía con la cabeza. De hecho, era más parecido a lo que Malfoy deseaba de ella de lo que Narcisa hubiese deseado. Bellatrix se preguntó si Lucius tenía algo que ver, o simplemente se debía a que su hermana había comprendido que para conseguir al heredero Malfoy debía mostrarse dócil y sumisa.
-Si el señor de las Tinieblas quiere a Annie Dahl, eso debería ser fácil. Está en enfermería ¿no?. Podríamos...
-No! No podemos!-dijo Malfoy hastiado-Dumbledore no es ningún idiota. Que no te extrañe que la enfermería sea el lugar más seguro de Hogwarts en este momento. Él viejo se encargó especialmente de eso.
-El sabe que nosotros somos mortífagos?-preguntó Narcisa desarmándose la trenza.
-No tiene la certeza, pero estoy seguro de que lo sospecha-respondió Malfoy-¿Debemos suponer, una vez más, que Andrómeda no participará?-ocultó sus ojos azules con sus párpados.
-Alguna vez lo ha hecho?-preguntó Bellatrix en un turbio susurro-Esa está a apunto de transformarse en una traidora.
-Así que Megaera Lupin resultó ser la esquiva Annie Dahl-se regodeó Lucius-Eso me parece... delicioso...
Narcisa Black, lo miró de reojo. Siempre decía lo mismo. Desde que descubrieron que la que se suponía era la prima del Remus Lupin no era otra que la que ellos tanto buscaban. Parecía disfrutar la idea con un especial deseo que a Narcisa se le escapaba. Algo, que de seguro estaba ante sus ojos, pero que ella no quería ver.
-Delicioso-repitió Lucius.
o.o.o.o
-Una alucinación?-preguntó Andrómeda cuando Snape terminó de contarle lo que le pasaba-Estás seguro de que estás alucinando?.
-Qué más podría ser?-preguntó Severus levantándose de la piedra en la que ambos estaban sentados-un fantasma?
-Lo dudo. El resto debería poder verlo.
-Entonces, estoy alucinado-le dijo molesto.
-Pero...-pareció indecisa por un momento-pero, quien es ella? Kasumi Yami no me suena para nada. ¿También es un invento?
Severus Snape levantó la vista al cielo. Aquel sol tan radiante parecía una invitación a sincerarse. Una invitación a contar toda la verdad. Se sentó nuevamente al lado de Andrómeda. Esperó un momento, con la esperanza de que ella cambiara la pregunta. La contempló por el rabillo del ojo. Tenía la vista fija en sus manos. Su largo pelo negro caía como cascada por su espalda, completamente lizo. Tan lizo como nunca antes había visto. Sus ojos, de un color tan llamativo como único recorrían la piedra con la que se entretenía, esperando una respuesta. Era la más hermosa de las hermanas Black, sin duda. "Y la más desencajada".
-Yasumi Kami era una japonesa que conocí hacia algunos años-dijo corriendo la vista cuando ella levantó la vista-Era una estudiante de secundaria. Muggle y vino a Gran Bretaña a pasar sus vacaciones haciendo un curso de inglés. Se hospedaba en la casa de una familia japonesa cerca de la mía-agregó. Andrómeda asistió con la cabeza-Siempre nos topábamos en el anochecer. Ella volvía de sus clases, caminando por el parque. Yo volvía de típico paseo por la ciudad. Sabes que no me gusta pasar mucho tiempo en casa.
-Sí
-Bien, un día ella me habló. Su gramática era horrible. Apenas pude entenderle. Creo que fue gracias a las señas que me hizo que capté el mensaje. Resultó ser muy agradable tener a alguien con quien poder conversar. Ella me explicó un montón de cosas sobre su cultura, y esperaba que yo pudiera hacerlo con la mía. Pero no creo que haya satisfecho su curiosidad. Resulta que nosotros, los magos, no tenemos muchas cosas en común con los Muggles ingleses ¿verdad?.
-Tienes razón-aceptó Andrómeda entendiendo a la perfección a que se refería.
-Por primera vez sentía que tenía a alguien con quien desahogarme. Decirle las cosas que me pasaban...
-Ella... te gustaba?-preguntó
-No-su respuesta pareció sincera-pero la quise tanto como una amiga.
-¿Qué le pasó luego?
-Ella regresó a Japón, pero volvía cada año y a medida que ella pasaba el tiempo aquí, su inglés mejoró y bastante. Sólo tenía problemas con algunas letras, como la "R" y la "L" que su lengua no diferencia, pero todo lo demás era bastante entendible... Disfrutábamos mucho paseando por ahí... hasta que un día...
"-Disfruté mucho la parte del helado-rió Kasumi.
-Si? Yo no tanto-gruñó Snape. Miró la mancha en su camisa.
-Lo siento mucho-se disculpó una vez más la japonesa-te aseguro que no fue mi intención.
-Sí, eso dices siempre-la regañó Snape.
Cruzaron el parque hablando sobre lo que habían hecho ese día. El Museo de Cera de Madame Tussaud se había llevado todos los aplausos de Kasumi, pero Snape, que había visto cosas mucho más impresionantes en su vida que a la Reina de Inglaterra de cera se limitaba a sacar fotos con la cámara que la japonesa le había pasado.
-Tendré muchas fotos que mostrar este año?-dijo alegremente Kasimi poco antes de llegar al final del parque.
-Detente-dijo Snape poniendo un brazo delante de la chica.
-Qué pasa?-preguntó. Siguió la vista de Snape.
Fuera la casa de Slytherin habían dos personas. Una con una capucha y otra de pelo rubio. Ninguno de los dos había notado la presencia de Snape, si no que se dedicaban a mirar hacia la casa esperando que alguien saliera.
-Tienes que irte-le susurró a Kasumi con rapidez.
-Por qué?-preguntó sorprendida.
-No pidas explicaciones!-se exasperó el chico-solo vete!
-Pero... pero...-dijo la chica sin entender nada"
-El señor Tenebroso la vio. Creyó que era buen momento para mostrarle mi lealtad.
-Te pidió que la mataras?!-se escandalizó Andrómeda.
-Sí... quería saber que tan bueno era utilizando el maleficio Avada. Bueno, al menos descubrí que era bastante bueno.
-No lo puedo creer...-Andrómeda se topó la boca con las manos-mataste a tu amiga!
-No quise hacerlo!!
-Pero... pero...
-Tienes que entender!!-Snape se levantó, una vez más, desesperado. Se pasó la mano por la cabeza, por su negro cabello con fuerza-él me obligó! Me dijo que si no lo hacía mataba a mi madre!
-No tenías elección-susurró Andrómeda apenada.
Allí la vio. Al lado de Andrómeda. Mirándolo con rabia, con furia. Ella, con su largo cabello. Con su piel espeluznante bajo los rayos del sol. Demasiado pálida, demasiado transparente.
-Dije que me arrepiento!!-le gritó sobresaltando a Andrómeda-No quería hacerlo!!
-Pero lo hiciste-dijo su voz. Demasiado cerca de él-No te costó nada levantar la varita mágica y matarme.
-Él iba a matar a mi madre...-Dijo derrotado el chico-la iba a matar...
Andrómeda se levantó, mirando hacia donde lo había hecho Snape.
-Sí pudiera retroceder el tiempo... Juro que haría cualquier cosa para evitarlo-dijo tapándose el rostro con las manos. Casi no se podía el cuerpo.
-Está muy arrepentido-dijo Andrómeda no muy segura de a quien-Él no tenía opciones.
-Si pudiera retroceder el tiempo... volvería incluso al día en que...-pero se detuvo. La marca tenebrosa le dolía. No tanto como para sentir que él lo estaba llamando, pero lo suficiente como para darle miedo.
Cuando levantó la vista. Kasumi Yami ya no estaba. Sólo Andrómeda, junto a él.
o.o.o.o
Lo siento!!
Mil disculpas por los casi dos meses sin nuevos capítulos! Espero que no estén muy molestos.
Tuve problemas con la computadora (lo puse en mi bio). Se echó a perder y no pude rescatar la información. Me la de volvieron hace poco, pero sin nadita! Así que tuve que reescribir todo el final!!!
Bueno, espero poder subir el siguiente capítulo dentro de una semana, de cualquier forma no se preocupen que no dejaré el fic inconcluso.
Y la espera se acabó. El Jueves de la semana pasada (21 de febrero) se lanzó en habla Hispana la séptima y más esperada parte de la saga de Harry Potter. Por fin, luego de años y años siguiendo la apasionante historia, sabemos como acaba la historia contemporánea más cautivadora. Yo, que ya la leí, la declaro mi libro favorito de la saga.
Pero las sorpresas no se acaban! Recuerden que Rowling prometió una enciclopedia y según información que me ha llegado de por ahí, estaría pensando en escribir un octavo libro (aunque este no tendría como protagonista a Harry… quizá a alguno de sus hijos "Albus Severus y la piedra perdida" xD!) de todas formas, aunque el rumor sea cierto, nos queda un largo rato para entretenernos con fanfics.
Quiero adelantar que mi siguiente fan fic es sobre Lily y James, para variar xD… aunque me surgió una idea sobre Harry, Ron y Hermione "post" Hogwarts (que no los engañe el post!)…
Bueno, no les hago perder más tiempo… Agradesco muchísimo los R.R del capítulo anterior! Y les pido especiales disculpas a todos ustedes por haberlos hecho esperar tanto (sobre todo a una chica que me mandó un r.r llamándome la atención!! T.T).
Besos a todos: ) Feliz inicio de clases Chile!
