Capítulo cuarenta y seis:

Nacer por ti, Morir por él.

Capítulo cuarenta y seis: "Una despedida"

Por Jane.Camui

Lucius Malfoy no mostró compasión alguna. No se detuvo ni un segundo a meditar lo que estaba haciendo y mucho menos se suavizó con su víctima en el suelo, llorando de puro dolor. Estaba actuando como siempre deseó. Mostrando el orgullo y la vitalidad de un miembro de la casa Slytherin, y más aún, dejando en alto el apellido Malfoy. Sirviendo a una causa que él creía perfecta. Estimulante, necesaria y que le brindaba un poco de lo que él más quería: Poder.

"Un poco de poder a cambio de mis servicio" pensaba mientras apretaba su varita haciendo que la intensidad del maleficio aumentara "Me parece algo lógico" y dibujó una malvada sonrisa. Sin piedad alguna, tomó del pelo a Sophie Langford obligándola a ponerse de pie. La chica, sollozando, se levantó a duras penas, tratando de afirmarse de la pared. Sentía que las costillas le agujereaban los pulmones haciendo que le doliera respirar.

-Si no haces lo que te digo, tus amigos moriran...-dijo Malfoy disfrutando cada palabra. Acción, eso era lo que había estado necesitando. Se sentía tan vivo como la primera vez que se vio con la marca tenebrosa.

Sophie sintió asco de que la tocara. Estuvo apunto de escupirle en la cara, pero sospechó que aquello solo empeoraría la situación. Desvió su vista incapaz de seguir contemplándolo. Sentía nauseas y necesitaba con urgencia sentarse.

-La señorita traidora va a entregar a sus amigos!-se burló Bella con una voz chillona al ver que Sophie no respondía.

-Harás lo que te digo?-preguntó Lucius afirmándola con más fuerza. Sophie sintió, una vez más, la punta de la varita del chico en su costado.

Sophie cerró los ojos con fuerza. Sus opciones eran tan reducidas que parecía imposible poder encontrar alguna tercera. Quiso tener tiempo para pensar, buscar alguna salida, pero Lucius Malfoy no parecía querer esperar más. Le enterraba la varita cada vez más fuerte, haciendo que la chica soltara un leve jadeo, reprimiendo un gemido.

-Qué decides Sophie Dahl?-preguntó Bella acercándose-O vas a tu asquerosa torre Gryffindor, haces el baúl, te despides rápidamente y desapareces... o, mañana por la mañana ninguno de tus amigos estará vivo... aunque, quizá eso traiga alguna víctima extra...-Sintió la presencia de Bella junto a ella, demasiado cerca- Quizá tu madre se vea... un tanto perjudicada-dijo con voz saltarina.

-¿Qué?-dijo Sophie sintiendo una opresión en el pecho. Sintió un terror que la hizo marearse más de lo que estaba.

-Sí, Langford!-rió Bella-Tenemos a tu traidora madre! Le vendría bien pasar una temporada con nosotros. Así aprendería a respetar su sangre.

-No!!-gritó Sophie desesperada-Por favor...

-Quieres mi opinión?-Bella sacó su varita y la posó sobre la mejilla de Sophie lentamente-Me gusta la segunda-le susurró al oído-y adivina con quien comenzaré... Uno de tus compañeritos...

-Remus!-soltó la chica inconscientemente.

Bella sonrió maniaticamente al tiempo que asistía lentamente con la cabeza. En su mirada había una maldad que jamás creyó posible. Incluso superando a la de Malfoy, que se mostraba calculadora y fría. Él era crueldad, pero ella... ella era maldad pura.

-Sí-asistió la pelinegra soltando una estrepitosa risa. Malfoy se limitaba a mirar a Sophie, pendiente de cada detalle-primero lo mataremos a él. Luego, seguiremos con mi asqueroso primo y el idiota de Potter. A Dahl y Lily no las necesitamos muertas. No al menos por el momento. Por alguna razón el señor de las tinieblas...

-Bellatrix!-la detuvo Malfoy. Bella se calló al instante sobresaltada. Al parecer, había hablado de más-Basta de palabrerías! Elige maldita...!

Sophie supo lo que tenía que hacer. Lo supo y le dolió como nunca antes le había dolido algo. Era tan claro como el agua y tan horrible como ninguna otra cosa, pero sus prioridades habían decidido por ella. Había comprendido que para mantener bien a aquellos a los que quería, era necesario sacrificarse... Y su madre... tenía que hacer algo...

-Haré lo que quieren...-aceptó con la voz temblorosa.

-Perfecto!-Susurró Lucius Malfoy.

o.o.o.o

Lily no recordaba haber corrido tan rápido en ningún otro momento de su vida. Nunca había cruzado los pasillos llenos de estudiantes tan arduamente como lo hacía, cuando corría aferrando su bolso en el pecho, pasando a llevar a sus compañeros sin disculparse y casi tropezando con los escalones. Resbaló al detenerse delante del despacho del director. No notó la piedra que sobre su pecho brillaba con gran intensidad, ni siento lo caliente que estaba pues sus ropajes se lo impedían.

-Necesito ver a Dumbledore!!-gritó a la gárgola delante del pasadizo secreto.

Pero su petición no sirvió de nada. La estatua no se movió un solo centímetro. Se paseó desesperada buscando cualquier señal en la pared que le permitiera acceder a la oficina del director. ¡¿Cómo demonios uno hablaba con el Director en momentos de urgencia?!

-Por favor! Por favor!-rogó al borde de la histeria. Tiró su bolso al suelo y comenzó a golpear la pared. Sintió sus lágrimas correr por su mejilla y escuchó sus ahogados sollozos.

-Señorita Evans!-exclamó una voz al doblar la esquina. La profesora McGonagall la miró asustada.

-Profesora!-exclamó Lily corriendo hacia ella-Henry! Henry Dahl!!

-Qué pasó?! Tranquila, señorita Evans!

-Está... Está mal! ¡Tiene que llamar a alguien, hay que ayudarlo!

-¿Pero... cómo?, ¿Dónde está?-preguntó la profesora apurando el paso hasta el despacho del profesor. Sin que Lily pudiera oír, dijo la contraseña y la gárgola les dio el paso.

o.o.o.o

-Tienes una hora-susurró Bella despidiéndose burlónamente con la mano-Te vemos en un momento

-Sabes lo que pasará si no llegas. Y te conviene estar bien calladita.

-Cómo los encuentro?-preguntó Sophie en un hilo de voz.

-Descuida querida-dijo Bella irónicamente-nosotros estaremos muy pendientes. ¡Muy cerca!

Sophie caminó lo que le faltaba hasta el cuadro de la dama gorda casi por inercia, con paso lento. Se sentía mal. Mareada. Se tocó la cara, llena de sudor, poco antes de llegar junto a la entrada secreta. Dijo la contraseña y no respondió a las preguntas que la mujer del cuadro le hacía con preocupación. Gran parte del cuerpo le dolía, incluida la cabeza que parecía ser la víctima de un martillo.

Subió hasta su habitación sin notar que detrás de ella, James y Sirius, entraban a la sala común. Cerró la puerta de su habitación agradeciendo que esta estuviera vacía. Parecía no tener conciencia de lo que pasaba. Como si no entendiera lo que estaba a punto de hacer.

Abrió su baúl, y sintió un tirón en el hombro. Metió todo, desordenadamente, y recogió las cosas que sus amigas le habían tomado prestado. Una bufanda, un par de guantes, unas plumas... y se detuvo. Se detuvo en seco faltándole el aire. De un momento para otro se sintió vacía, perdida. Su respiración se alteró... y todo estaba delante de ella. Tan claro como estremecedor.

Cuando había sacado un chaleco del desordenado velador de Lily, vio una fotografía de sus amigas. Delante de ellas...

"¿Qué estoy haciendo?" se preguntó aterrada. Comenzó a tiritar y soltó las cosas, incapaz de poder mantenerse en pie más tiempo. Se dejó caer con gran estruendo y se tapó la cara con las manos, llorando con desesperación. Los sollozos se agolpaban en su garganta dolorosamente y las lágrimas se precipitaban mojando su rostro, blanquecino.

Se precipitó hacia su cuello sosteniendo el colgante que, meses atrás, Annie le había obsequiado. Se lo quitó con desesperación y lo tiró lejos, temiendo que alguna de sus amigas pudiera aparecer. Se detuvo observando la piedra que había dejado de brillar. Las lágrimas seguían corriendo ahora en silencio.

"¿Qué estoy haciendo?" se repitió una vez más. Pero la pregunta le parecía vacía. Se levantó apoyando las manos en el suelo. El dolor de los muchos maleficios crucios que Lucius le hacía lanzado seguían estando presentes, haciéndole soltar un gemido cuando logró incorporarse. No recogió las cosas del suelo, pero se acercó hasta la fotografía que Lily tenía en el velador y la tomó con los dedos temblorosos.

Se vio a si misma junto a sus dos amigas, sonriendo y saludando a la cámara. En el centro, Lily con su melena pelirroja hacía chistosas muecas y Annie se reía en una silenciosa carcajada de las ocurrencias de su amiga. Tan felices, tan alegres, sin mayores preocupaciones que los deberes. ¿Por qué las cosas no podían seguir siendo igual?, ¿Por qué tenían que vivir con temor, con preocupación, con pena?.

Se mordió el labio y rozó con sus dedos el rostro de sus dos mejores amigas. ¿Estaría tomando la decisión correcta?. ¿Estaría yendo por el camino que correspondía?.

Pero no tenía alternativa. Su madre, la vida de su madre... la mujer que más amaba en el mundo. La persona que siempre velaba por ella, la persona que sin importar lo que pasara, siempre estaría a su lado... su madre estaba en juego. La vida de su madre. Y era tan terrible creer por un solo segundo que ella pudiera dejarla para siempre, que no dudó más...

Miró a su alrededor con la intención de grabar en su memoria cada detalle de aquella habitación. Se metió la fotografía en el bolsillo con una renovada fuerza.

-Es lo que tengo que hacer-dijo cerrando el baúl. Le lanzó un hechizo para que este bajara sin que tuviera que cargarlo. Recogió su abrigo del perchero y se enfundó en él. Agradeció internamente que ninguna de sus amigas estuviera allí. No quería despedirse. Odiaba las despedidas y la inevitable pregunta de si las volvería a ver se colaría en su cabeza egoístamente, pues no tenía otra opción.

-Adiós...-dijo a la habitación.

o.o.o.o

-Será mejor que vaya con los chicos-dijo Lupin mirando su reloj-Estoy seguro de que Lily querrá repasar los apuntes que le prometí.

-Es verdad-asisitó Annie-muchas gracias por venir.

-Seguro las chicas vendrán luego-se acercó y besó con cariño la frente de Annie-estás preciosa.

-Gracias-rió levemente Annie-supongo que me ha hecho bien la dosis de odio.

Remus se detuvo mirándola con la frente fruncida. No le parecía que fuera un tema para bromear. Todos habían estado tan preocupados, tan alterados, que le molestó que ella lo usara para la ironía.

-Lo siento-se disculpó la chica-pero es verdad. Eso fue lo que pasó. No hay caso que lo oculte.

-De todas formas...-pero se detuvo. Lo pensó un momento y prefirió seguir por otro lado-Sé que es difícil, pero ya pasó. ¿De acuerdo?-dijo Remus con dureza-se supone que estás recuperándote. No pienses en esas cosas-Annie soltó una risa fría que jamás se le había escuchado.

-Es un poco complicado ¿no crees?-Pero negó con la cabeza-Verdad, tu no sabes que pasó.

Remus se mordió la lengua para no echarse al agua. Annie había cambiado, no era tan visible, pero él lo intuía. Podía percibirlo en los silencios, cuando la pelinegra se quedaba mirando un punto fijo, como maquinando algo. O cuando le hablaba y ella mostraba despreocupación. Pero también había momentos en que ella volvía a ser la de antes, cuando su sonrisa sincera lograba camuflar cada rastro de odio. Era como si dentro de Annie existieran dos chicas. Una mala y otra buena. Dos personalidades que se debatían...

-Tu colgante te salvó la vida-dijo Lupin recogiendo su túnica-Lily logró saber que algo andaba mal por que su piedra le avisó.

-Ah...-Annie metió la mano bajo camisa de dormir y miró la piedra, tan blanca y tranquila.

-¿Nos contarás que pasó esa noche?-preguntó el chico. Deseaba conocer la versión de la pelinegra.

-No aún. Según Madame Pomfrey y el Profesor Dumbledore debo evitar las emociones fuertes y creo que seguiré su recomendación.

-Claro...-aceptó Remus.

o.o.o.o

Sophie bajó lentamente la escalera seguida muy de cerca por su baúl. Se había cambiado de ropa y llevaba colgado de su hombro el bolso con las cosas que consideraba importante. Sintió las miradas de los alumnos de Gryffindor en la sala común sobre ella, pero intentó mantener la vista firme y fija en un punto. Cada paso le parecía una hazaña, cada paso era el último. Secó una lágrima que intentaba escaparse y agachó la cabeza tratando de que su cabello ocultara su rostro.

Se sentía sola, sin nadie a quien poder recurrir en ese momento de terror. Nadie a quien contarlo que estaba pasando, nadie a quien poder preguntar si estaba cayendo en una trampa o si su madre realmente estaba en manos de los mortífagos. Nadie en la sala común podía saber que ella estaba marchando a la salida, que no podría dar vuelta a tras. Que caería en manos enemigas, perdida en quien sabe donde. ¿Qué sería de ella?, ¿Sería capaz de rescatar a su madre?, ¿Qué querían los mortífagos?.

-¿Sophie?-preguntó James-¿qué haces?

La castaña sintió como su firmeza flaqueaba. Se detuvo al llegar junto al orificio del cuadro de la dama gorda y aferró su bolso con fuerza, conteniendo las ganas de salir corriendo. Intentó hacer como que no había escuchado la voz y continuó su camino. Cruzó el orificio con una rapidez poco elegante.

-Qué haces?-repitió otra voz. "Sirius y James" reconoció.

Sintió que alguien la tomaba del brazo. Cerró por unos leves segundos los ojos y trató de dibujar una conciliadora sonrisa. Giró el rostro y se mostró sorprendida.

-Hola chicos...-dijo detectando en su voz un leve temblor. Se sintió incapaz de mantener la mirada de James, así que la corrió tan rápido la posó sobre él.

-¿Adónde vas? ¿Por qué estás con tu baúl?-preguntó James preocupado. Seguía afirmándola del brazo, quizá sospechando que la chica podría salir arrancando. Estaba alerada y en sus mejillas se veía el rastro de las lágrimas-está todo bien?

-Qué pasa?-inquirió Sirius frunciendo el entrecejo.

-Nada... nada!-respondió Sophie moviendo las manos nerviosamente. Miró al final del pasillo, temiendo que Lucius o Bella pudieran estar observándola.

-Nada?-dijo Sirius cruzándose de brazos y mirándola incrédulo-Sacas a pasear a tu baúl entonces?.

-Eh... bueno... es que...-miró con desesperación a su alrededor-tengo que marcharme por un tiempo ¿saben?. Es que... mi madre... está.. enferma-terminó en un hilo de voz.

"Enferma es decir poco" pensó derrotada. Quiso pasar, pero James se puso delante de ella deteniéndola. La miraba evaluándola.

-Enferma? Qué tiene?

-No lo sé...-respondió rapidamente-chicos, lo siento. Debo irme...

Intentó pasar pero ahora fue Sirius el que le cerró el paso. Sophie se detuvo sin alzar la vista, mirando los zapatos de sus dos amigos. Apretó la mano alrededor de la correa de su bolso con impaciencia. ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado?... ¿Por qué?. Sirius parecía simplemente querer fastiadarla, pero James la miraba como si pudiera percibir que algo malo estaba pasando.

-Quieres que a te ayudemos con las cosas?-preguntó con voz fría. Intentó tomar el bolso, pero la castaña le empujó la mano con fuerza.

-No!-respondió Sophie asustada. Sirius y James la miraron sorprendidos-digo... no, no es necesario. Yo puedo...

-Nos estás ocultando algo?-preguntó Sirius incrédulo.

Sophie se preguntó como demonios sabían siempre que algo estaba pasando. Tomó aire, perdiendo la paciencia. Mientras ella estaba allí, conversando con los dos, su madre podía estar pasando por quien sabe que cosa. Los mortifagos no tendrían piedad de ella, la torturarían igual que Lucius Malfoy a ella.

-Me dejan pasar por favor-pidió alzando la vista-necesitó irme!

-Que pasa Sophie?-preguntó James-tienes los ojos rojos.

-Dejenme pasar-pidió la chica apretando los dientes.

-Sabe Dumbledore que te vas?-preguntó Sirius.

-Déjemne pasar!!-exclamó Sophie exasperada-maldita sea! Muévanse!

Sirius miró a James con un gran signo de interrogación en la cabeza.

-Qué te pasa?!-preguntó James advirtiendo que su amiga quería sacar la varita.

-Pasa que mientras me entretengo con ustedes, mi madre esta...-pero se detuvo. La respiración hacía que su pecho subiera y baraja-escuchen... ya les avisaré que pasa ¿si?, Pero ahora necesito que me dejen pasar. Por favor.

James lo pensó durante un segundo. Algo raro estaba pasando, de eso no había duda, pero su amiga estaba tan nerviosa que decidió cortar por lo sano. Se hizo a un lado, dándole espacio. Sophie no reaccionó al momento, pero finalmente agachando la vista una vez más y pasó junto a ellos.

-No nos vas a decir que pasa?-preguntó James cuando Sophie pasó junto a él.

-No pasa nada...-respondió en un susurro Sophie-todo está bien. Todo... está... bien...

Pero James sabía que era mentira. ¿Cómo podía estar todo bien si ella estaba queriendo lanzarles una maldición por no dejarla pasar?, Sophie no reaccionaba de esa forma. Jamás imaginaron encontrarse con que la castaña cambiaría su naturalidad coqueta por una impulsividad amenazadora. Esa no era Sophie...

James recordó cuando Narcisa Black había suplantado a su novia. No le había costado nada. La poción multijugos y un cabello habían bastado para darle a los mortífagos tiempo para aterrorizar a sus amigos. ¿Podía estar pasando ahora lo mismo?.

-¿Hablarás con Remus?-preguntó Siruis. Se había metido la mano en el bolsillo de la túnica. James sabía lo que eso significaba. Estaba aferrando su varita. Él también sabía que algo estaba mal.

-Con Remus...-susurró Sophie y los ojos se le llenaron de lágrimas-Supongo que... debo... hablar con él.

-Supones bien!-dijo con frialdad el chico de ojos grises-permítenos que te escoltemos hasta lunático-dijo con ironía.

-No es necesario!!-volvió a escandalizarse-Puedo encontrarlo sola!

-Algo está fuera de su orden Sophie-dijo James también tomando la varita-y si no lo quieres decir tú, lo tendremos que averguar por nuestra cuenta.

-No se metan!!-gritó Sophie perdiendo la paciencia. Le dolía terriblemente lo que ocurría, pero su temor hacía más que ella. Sin darse cuenta había sacado la varita y amenazaba con ella a sus amigos... "Mis amigos" pensó horrorizada viendo como actuaba-Por favor... no hagan esto más difícil!

Sirius y James también habían sacado las varitas y apuntaban con ellas a Sophie, sólo que a diferencia de la castaña, ellos apuntaban a sus costados, para que, en caso de tener que utilizar un hechizo, este no le llegara de lleno. James miró a Sirius.

-Bájala-le dijo haciendo lo que decía.

-No me sigan-pidió Sophie sin mover la varita-no me sigan porque será peor. Yo ya tomé la decisión y no voy a cambiar de parecer.

-Qué se supone que es esto?-preguntó Sirius resistiéndose hacer lo que James le pedía.

-Una despespedida-sollozó Sophie.

-Sophie?-preguntó una voz sorprendiendo a todos. Detrás de Sophie, con los ojos como platos, estaba Remus Lupin. Acababa de doblar la esquina-Qué pasa?!

Sirius no apartó la vista de Sophie, pero bajó la varita ocultándola. No creía que a su amigo le gustara mucho la idea de que lanzara un hechizo, aunque le rozara, a su novia.

Sophie se giró sacando fuerzas de no sabía dónde. Se paró con la espada erguida queriendo demostrar toda su valentía, mientras el alma se le caía a pedazos. Dejó de respirar por un momento para que él notara lo acelerada que estaba. Y dibujó una sonrisa en sus labios, una sonrisa que temblaba tanto como sus piernas. Con rapidez secó las lágrimas que ya se asomaban.

Soltó el bolso y corrió hasta él. Se lanzó sin importarle nada más, pues su mayor deseo era abrazarlo. Le rodeó el cuello con los brazos tomándolo completamente por sorpresa, pero le correspondió al abrazo mirando interrogativamente a sus amigos.

-Lo siento mucho!-sollozó Sophie no pudiendo aguantar más las lágrimas. James y Sirius se sintieron entrometidos contemplando la situación. Se alejaron de la pareja y le dieron la espalda, con la intención de darles un poco de privacidad.

Lloró aceleradamente, llena de desesperación, de temor, de incomprensión. Llena de arrepentimiento, por lo que había hecho, por lo que hacía y por lo que iba a hacer. Toda su vida se redujo a ese momento, al último segundo que podría compartir con él. Necesitaba esa magia que él le entregaba, la fuerza que sentía de ser capaz de todo. Estaba perdida, tan perdida... desesperada...

-Qué pasa Sophie?-preguntó Remus asustado. La separó de él para observar su rostro. Pero ella se negó a mirarlo a la cara.

-Lo siento mucho...-volvió a decir la chica tapándose la boca pues temía soltar algo más. "Por favor" rogó internamente "ayúdame!, ayúdame a salvar a mi madre". Pero jamás tendría el valor para pedírselo. No podía poner la vida de él también en riesgo. No podía... ¿Entonces por qué estaba en sus brazos, llorando?. ¿Por qué no se marchaba de una buena vez?

-Qué es ese baúl?-dijo Remus viendo el equipaje de la castaña-qué significa esto Sophie?!-Remus se escandalizó e intentó una vez más separarse de la chica, pero ella no lo permitió.

-No!-rogó ella-Lo único que quiero que sepas, es que te amo... te amo como nunca antes podría llegar a amar a alguien.

-Adónde vas?!-preguntó Remus apretándola por la cintura. Una parte de su corazón se sobrecogía dolorosamente. ¿Qué estaba pasando?.

-Dónde mi madre...-respondió.

Y no mentía... Iba donde su madre... ¿Por qué ella? ¿Por qué la querían sacar de Hogwarts?... ¿Por qué?... Había tenido que elegir, había tenido que optar por una de las dos opciones... Ahora lo comprendía... Sus amigos estaban en peligro, por algo la iban a sacar de Hogwarts ¿¿Por qué??.

-Debes irte!!-rogó Sophie-vete de Hogwarts.

El corazón se le detuvo al igual que el aire. Al final del pasillo había visto a Narcisa, escondida tras una armadura. La estaba vigilando. Se soltó de Remus escondiendo la cabeza bajo su largo y ondulado cabello castaño. Sus ojos pardos, llenos de lágrimas, se cerraron por uno par de segundos y cuando los abrió, estaban tan secos como siempre.

-Qué pasa?-preguntó Remus con ímpetu-por qué me dijiste que debo marcharme de Hogwats?! Adónde vas? Dímelo Sophie!

-No pasa Nada-dijo Sophie mirándolo a los ojos con una voz extrañamente tranquila.

-Nada?-repitió Remus frunciendo el entrecejo-de qué estás hablando?!

-Lo siento-se disculpó Sophie encogiéndose de hombros-a veces soy un poco... demente... te ruego que olvides lo que sucedió. Yo me voy por unos días a ver a mi madre enferma. Nos veremos luego.

Se alejó de él, buscando sus cosas. El baúl volvió a flotar detrás de la chica que caminó hacia el final del pasillo seguida de la perturbada mirada de Remus.

-Qué pasó?!-preguntó James corriendo hasta llegar junto a su amigo.

-Se va...-dijo Remus petrificado-se marcha...

-Para siempre?!-preguntó Sirius.

-Por unos días... dijo que... su madre estaba enferma.

-A nosotros nos dijo lo mismo!-apuntó James-debemos seguirla! Algo anda mal. Ya vista como reaccionó.

-No!!-se adelantó Remus cuando sus amigos emprendían la marcha-Déjenla.

-¡¿Qué?!-preguntaron al únisono.

-Déjenla-Remus se sorprendió a si misma al escucharse-de seguro esta tan nerviosa por lo de su madre.

-Estás loco o te golpeaste en la cabeza?!-preguntó Sirius haciendo un gesto exagerado con la mano-Puede ser peligroso!

-Si fuera peligroso ya lo habríamos sabido!-contradijo Lupin-Recuerdan las piedras de Angel que Annie les regaló a las chicas. Pues la de Annie estaba normal y tranquila, por lo tanto todo está bien. Si seguimos a Sophie, se pondrá más nerviosa. Debemos dejar que se vaya, ya nos avisará ella lo que ocurre.

-Es tu novia!-Dijo James plantándose con determinación delante de su amigo-Es tu novia y vas a hacer como que nada ha pasado!

-Por eso mismo!-Remus habló con los dientes apretados-Es mi novia y quiero que la dejen en paz.

o.o.o.o

-Profesora McGonagall-dijo Dumbledore-vaya con madame Pomfray a ver a Henry. Ya saben donde está.

Las dos mujeres salieron de la oficina del director apresuradamente. Lily, sentaba de una butaca delante del profesor, tiritaba de pies a cabeza. Había explicado todo al profesor Dumbledore, tratando de no olvidar ningún detalle.

-Lamento mucho que haya tenido que presenciar eso-dijo el profesor haciendo aparecer una pócima-Beba esto-le tendió la copa-la calmará.

Lily no dijo nada, simplemente se tomó lo que el director le había pasado. Inmediatamente sintió como todo su cuerpo se relajaba. Había dejado de temblar y podía moverse tranquilamente. Dejó la copa sobre la mesa y sonrió al director levemente.

-Gracias-dijo-me siento mucho mejor.

-Eso es!-festejó el hombre y tomó asiento-Me gustaría, si no es mucho la molestia, que me repitiera lo más importante. Según lo que me ha dicho, Henry parecía confundo y mostraba querer decir muchas cosas.

-Así es-asistió Lily enderezándose-Estaba acelerado, como si quisiera decir todo de una vez. Dijo que Annie corría peligro y que... que yo también.

-Ya sabemos que Annie-apuntó el director juntando la punta de sus dedos-Lord Voldemort anhela a Annie para sus egoístas fines. Pero ¿Por qué te desea a ti?-preguntó el hombre frunciendo el entrecejo-¿Dijo algo con respecto a eso?

-No-respondió aceleradamente la pelirroja-Lo único que dijo cuando le pregunté fue que tenía que ver con Voldermort.

-Era de suponer-dijo el anciano más para sí que para Lily-qué más?

-Dijo que él ya había cumplido su misión y que ahora el turno era de nosotros. Especialmente de...

-De ti-terminó Dumbledore-es extraño. ¿Por qué fue a hablar contigo en lugar de venir junto a mí?.

Lily se encogió de hombros. Las palabras del hermano de su amiga le llegaban asustándola y haciéndola estremecerse. La imagen desvalida del hombre se le colaba en la cabeza tan fuertemente como sus palabras.

-También dijo algo...-recordó Lily-algo sobre un traidor, pero no mencionó su nombre. Sólo dijo que entre nosotros había un traidor.

El anciano asistió con la cabeza. Parecía abatido, como si de un momento para otro todo el peso del mundo hubiera caído sobre sus hombros. Se levantó y miró por la gran ventana tras su escritorio. A Lily le dolía verle así. Dumbledore siempre había sido un hombre de buen corazón, dispuesto a escuchar cualquier opinión. Era difícil ver, en sus ojos azules, el sufrimiento que todo el mundo mágico debía soportar.

-Profesor...-dijo la pelirroja tímidamente-¿Qué está pasando allá fuera?, ¿Qué tan mal están las cosas?

El director no respondió inmediatamente. Se tomó su tiempo para meditar una respuesta. Temía que cualquier información acelerada asustada a la pelirroja. Aunque no dudaba de su valentía, saber mucho podía hacerla tomar alguna decisión fundada en malas respuestas.

-Me temo, Señorita Evans, que afuera las cosas no van mucho mejor-dijo el hombre girándose por fin para mirarla a la cara-Las muertes y desapariciones que el Profeta menciona no son más que un cuarto de la realidad. Lord Voldemort está ganando cada día más poder y más partidarios. Y las palabras de Henry no hacen más que afirmar el problema de que uno ya no sabe en quien confiar. La gente está bajo el maleficio Imperius o prefiere pasarse al otro lado para salvar sus vidas actuando como espías.

-Debe haber algo que se pueda hacer-exclamó impulsivamente.

-Claro!-respondió Dublemedor motivado por la energía de Lily-siempre están los que darían su vida con tal de librar al mundo de esa amenazadora maldad. Aunque él sigue consiguiendo nuevos partidarios, nosotros no nos detenemos.

-Nosotros?-preguntó Lily. Estaba sentada al borde de su silla-Quienes?

-Una asociación que pelea contra la magia negra todos los días. Que le sigue el paso. Es un grupo de magos, entre ellos aurores y profesores, que unen sus fuerzas buscando la forma de debilitar el poder de Voldemort. La Orden del Fénix.

-La Orden del Fenix!-dijo Lily recordando haber oído ese nombre-Usted los lidera ¿verdad?

-La Orden no cuenta con lideres. Somos abiertos a todas las opiniones y a todas las proposiciones, Pero a veces sí, me toca asumir un papel decisivo.

Lily no lo pensó por más de dos segundos. En lo que duraba su asombro vio pasar ante sus ojos todo lo que había ocurrido ese año. La partida de Annie y la noticia de su muerte. La despedida de Sophie, que también se marchaba por el temor de su madre. La muerte de sus padres... La amenaza constante de los mortífagos. Las luchas. La vuelta de Sophie, buscando refugio donde creía no lo encontraría. Annie, que finalmente no resultó estar muerta, pero que tenía un futuro tan oscuro como la mismísima. Sus padres... la muerte de sus padres... Snape convertido en mortífago. La desaparición de gente... el dolor de sus compañeros... la esclavitud de su mundo... sus padres...

Se levantó con gran estruendo, haciendo vacilar la butaca a punto de caer. Apoyó las manos en el escritorio del director, mostrando una decisión que pocas veces se veía en ella. Dumbledore no se inmutó, era como si hubiese esperado aquella reacción.

-Quiero unirme a la orden!-dijo con determinación-Quiero luchar activamente contra Voldemort!

Pero Dumbledore no llegó a dar una respuesta, pues la puerta se había abierto. La profesora McGonagall, despeinda y pálida se dirigió al escritorio del profesor.

-Ha muerto-dijo con la voz tomada-Estaba muerto cuando llegamos, Dumbledore.

o.o.o.o

James se paseaba de un lado para otro. No dejaba de lanzarle miradas furibundas a Remus quien se mantenía junto a la apagada chimenea, con la mirada perdida. No podía creer que su amigo se negara a ir junto a algún profesor para averiguar qué había pasado con Sophie. Era completamente inexplicable su actitud y lo ponía furioso que Remus no llegara a comprenderlo. Quizá se debía a que él no la había visto blandiendo la varita, dispuesta a hechizarlos.

-Tenemos que hacer algo-dijo finalmente Sirius poniéndose de pie. No le hablaba a Remus, sino a James.

-¡¿Qué quieres que hagamos?! ¿Que la agarremos y la encerremos en una habitación bajo siete llaves? Quizá Remus tenga razón. Quizá solo se deba a su madre enferma.

-¡Por favor!-exclamó Sirius exasperado, diciendo justo lo que James había sentido al finalizar sus palabras-Sophie es emocional al punto de volvernos locos. Ella jamás se habría mostrado tan amenazadora cuando lo único que queríamos era ayudarla. Habría corrido junto a Lily...

-Dónde está Lily?!-interrumpió James recordando a su novia. De un momento para otro sintió un temor acelerado nada que ver con Sophie.

-Quizá donde Annie?-aventuró Sirius encogiéndose de hombros.

-No, al menos cuando yo me fui no estaba allí-apuntó Remus.

-Remus-dijo James apelando a su amigo-no es normal! Sophie no está actuando de forma normal. ¿Cómo vas a dejar que esto quede así?

Remus no respondió. Debió la vista hasta el escudo de la casa Gryffindor. El León, de pelaje rojizo, alzando sus patas delanteras. No sabía que pensar. En un comienzo había creído que dejar a Sophie tranquila era lo mejor. Pensó que todo se debía a la causa de la enfermedad de su madre, pero ahora que escuchaba a sus amigos la chispa de la incertidumbre se prendía dentro de él. Quizá ellos tuvieran razón. Quizá algo había pasado, algo que nada tenía que ver con la explicación que ella había dado.

¿Qué debía hacer?

Mientras tanto, James había subido la escalera hasta su habitación para conseguir el mapa del merodeador. Se sentó en su cama con la varita en mano y golpeó un par de veces el arrugado pergamino.

-Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas

y el limpio pergamino se llenó de líneas y puntitos que representaban las paredes del castillo y sus habitantes. Buscó con la mirada aquel punto que dijera "Lily Evans" y cuando lo encontró se levantó con rapidez. Cuando llegó junto a sus amigos, Remus ya había tomado una decisión. La misma que James tenía en mente.

-Vamos-dijo Lupin finalmente prefiriendo hacer caso a sus amigos-Vamos donde Dumbledore!

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Annie jugó con el colgante de piedra blanca, dándolo vuelta y observándolo despreocupadamente. Estaba aburrida. Nunca había pasado tanto rato sin que uno de sus amigos viniera a verla. Sobre todo él...

Dejó de jugar con la piedra de Angel, dirigiendo sus pensamientos al punto que más le dolía. Y resopló, indignada. Se sentó refunfuñada, tomando la almohada para acomodarle. Estaba tan molesta que en lugar de darle los pequeños golpes que solía darle, le plantó sendos puños cerrados.

Toda su vida: Una mentira.

Todo lo que ella creía: Una mentira.

El engaño que la mantenía con la mente en un lugar demasiado peligroso.

Tenía tantas preguntas que hacer. Tanto que averiguar, pero sobre todo el Por qué. Por qué le habían mentido desde el momento de nacer. Por que nadie fue capaz de decirle tal verdad. Por qué mantenerla engañada diecisiete años. Por qué sus padres, que solían actuar por el bien de ella, le mintieron. Por qué tenía ella que correr esa suerte. Por qué todo parecía tocarle a ella...

Las ideas pesimistas se asomaban en su mente como una tortura que no la dejaba actuar con completa realidad. Unas ideas que la podían motivar a actuar de forma impulsiva, pero sentía que no tenía poder sobre si misma. Le habían quitado la varita, quizá creyendo que atentaría contra ella. La enfermería estaba cerrada, no se admitían a otros pacientes. Sus padres, que tanto deseaba ver para preguntar, no habían hecho acto de presencia y Annie se preguntó si ellos sabrían lo que había pasado...

Pensando en sus padres se incrementó su enojo. Ese enojo que se alimentaba de los recuerdos felices y satisfactorios que había compartido con Henry. Henry... Él...

No sabía que pensar de él y, de cierta forma, agradeció que se hubiera marchado. No se creía capas de verle la cara. De sólo pensar en sus ojos, el estómago se le agujeraba dolorosamente. Pero estaba esperando desesperadamente alguna respuesta. Alguna fuente de información que calmara sus temores...

Había estado en un lugar tan tranquilo. Tan lleno de una paz interminable. Se había sentido liviana, sin preocupación alguna. Volando, soñando, descansando. Era un lugar lleno de luz, infinito. Místico. Tan agradable que deseó nunca salír de allí. Quedarse para siempre entre esa fuerza agradable que la hacía olvidar cualquier problema. No tenía conciencia de si misma y por eso era capaz de disfrutar la brisa, quizá artificial, que arremolinaba su cabello, que rozaba su rostro con delicadeza y que despejaba su corazón. Por primera vez en la vida notó lo que era respirar. De cómo el aire entraba hasta sus pulmones cuan vital esencia y se esparcía por su cuerpo hasta que finalmente, votaba. Se había resistido muchas veces a salir de ese estado de felicidad. Se había aferrado a la idea de permanecer tranquila, sin que nadie la perturbarse.

Hasta que... le fue imposible ignorar una voz. Se coló dentro de su interior hacienda volver a la realidad. Cómo una droga que es imposible de dejar, así le pareció su voz en medio de la fantasía.

"-Necesito decirte que te quiero... Por Merlín, Annie, abre los ojos, por favor. No te vayas de mi lado... Te necesito".

Y sin siquiera proponérselo del todo había salido de su calma. Había abierto los ojos sólo porque él se lo había pedido. Sólo porque su voz, tan apetecible, la hacía ser una tonta esclava, incapaz de tomar sus propias decisiones.

-Ya no soy dueña de mi misma-dijo apoyándose con pesar sobre la almohada que había abrazado-él ha terminado por atarme...-susurró cerrando los ojos con fuerza.

¿Tenía que siempre terminar llorando?, ¿Tenía que pensar en él y sentir que la vida se le escapaba de las manos?... Por culpa de él estaba en mundo lleno de maldad, asqueroso, con egoísmo, con resentimiento. Por culpa de él había dejado atrás una tranquilidad que jamás iba a lograr consciente.

Por culpa de él...

o.o.o.o

siete, ocho, nueve... cincuenta! Y el prólooogo! : )

Ya queda tan pooquuuito que me pongo nerviosa!

Muchas gracias por los R.R. sigan mandando! Muuchos, muucho!!

Yap, besiiitos a todos!

Nos leemos en el próximo capítulo!