Fase 2. El ultra-mega-súper patronus guay-de-la-muerte
Lunes, ocho y media de la mañana, el ahora "cuarteto de oro" se dirige hacia la primera clase del curso: Defensa Contra las Artes Oscuras.
Teniendo en cuenta que estamos en séptimo curso, habrá que considerar un UA (Universo Alterno) en el que Snape es el profesor de Pociones y Alastor Moddy, que es un hombre muy majo, pues va a dar clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Porque sí, porque me cae bien, ¿a vosotros no?
Éste verano, Dumbledore había recibido una petición por parte de Ojoloco Moody para dar las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras que no había llegado a dar tres años antes, por lo que ahora, volvían a tener de profesor a aquel chiflado que, a pesar de no ser el farsante que los alumnos tuvieron en cuarto curso, siguió dando las clases de la misma forma que su impostor.
Harry ya estaba sentado y sacando sus libros y su varita de la mochila, y Ron iba a sentarse a su lado, cuando ágilmente Mary le dio un codazo en las costillas y aprovechó para posar su bonito culo en la silla que estaba al lado de Harry. Ron, confundido por la mancha marrón y negra que había pasado ante sus ojos (véase cabello y túnica respectivamente) y que además le había roto medio costillar, parpadeó y miró detrás de Harry, donde se encontraba Hermione igualmente sacando sus enseres escolares, se encogió de hombros y se sentó junto a ella.
- ¡Silencio! – Gritó el profesor Moody desde la puerta, justo detrás de los alumnos. Avanzó cojeando hacia uno de los pasillos de pupitres, y en cuanto tuvo a Seamus lo suficientemente cerca, le dio una sonora colleja justo en el centro de la nuca. - ¡Bien, damas y caballeros! Puesto que ustedes ya cursan séptimo, deberían saber a la perfección la teoría de los hechizos defensivos avanzados, por eso y en ésta primera clase, voy a pasar a la práctica. – Moody cojeó hasta su mesa y se sacó el ojo azul eléctrico provocando un desagradable sonido de succión y una expresión de asco por parte de los alumnos. Soltó el ojo dentro de un vaso de agua y, puesto que flotaba, lo empezó a empujar con el dedo hacia el fondo, como siempre hacía desde que Barty Crouch Jr. se lo devolvió.
- ¿Alguien sabe qué es un patronus y de qué podría defendernos? – Su pregunta fue recibida al instante por la ya rápida mano de Hermione, que se alzó agitadamente al aire seguida, sorprendentemente por una segunda mano perteneciente a Mary, que la agitó a los lados con tanto ímpetu que acabó dándole un guantazo a Harry en la mejilla izquierda.
- ¡Auch! – Gimió Harry.
- ¡Señor Potter! - Harry pegó un brinco en su asiento.- Venga aquí.- El muchacho se levantó apresuradamente y caminó hacia donde se encontraba el profesor Moody, pensando que seguramente le haría lo mismo que su impostor, y le utilizaría como cabeza de turco para enseñarles cómo deberían defenderse cuando les están cortando el fémur sin varita.- ¿Por qué no nos da usted primero una demostración?
Harry suspiró algo aliviado y las dos chicas bajaron la mano, algo decepcionadas. El chico se colocó un poco más lejos del profesor Moody y se aclaró la garganta, pensando en un feliz recuerdo, pero lo único que en ese momento le vino a la mente fue... "¿Mary? ¡¿Qué?!" , y en su gesto apareció una fugaz mueca de terror a la vez que gritaba:
- ¡Expecto Patronum! – De su varita salió una neblina plateada que rápidamente se transformó en una bonita cornamenta. El animal comenzó a galopar por la clase alegremente, acompañado por los animados aplausos de los alumnos de Gryffindor, hasta que se esfumó en una débil nubecilla blanca y plateada.
- Y bien, señorita Sue, ya que usted ha sido la única en levantar antes la mano como respuesta a mi pregunta, usted va a explicarme qué es un Patronus. – Ante ésta injusticia, Hermione abrió la boca, sorprendida, la volvió a cerrar y se cruzó de brazos totalmente enfurruñada.
- El patronus es una especie de fuerza positiva, una proyección de las mismas cosas de las que el dementor se alimenta: esperanza, alegría, deseo de vivir… y no puede sentir desesperación como los seres humanos, de forma que lo dementores no lo pueden herir. – Dijo Mary de carrerilla. ¿Hace falta señalar que se ha leído "El prisionero de Azkaban"?.
- ¡Excelente, señorita Sue! Diez puntos para Gryffindor, pues. – Dijo Moody, mientras Hermione, detrás de Mary hacía muecas en forma de burla, aún con los brazos cruzados. - ¿Alguien más, aparte del señor Potter, sabe convocar un patronus? – Más de media clase levantó la mano.- Un patronus corpóreo. –La mayor parte de los alumnos que habían levantado la mano, la bajaron decepcionados, exceptuando a Ron, Hermione y Mary, que volvía a agitar exageradamente la mano.- Bien señorita Sue, veamos de qué es capaz.
Hermione volvió a cruzarse de brazos, como si fuera una niña pequeña a la que le niegan un caramelo, mientras que Mary se levantaba de su asiento con la barbilla en alto, mostrando su orgullo. Pero tan alta tenía la frente, que no vio el escalón que había delante de la mesa del profesor y tropezó, mostrando también su estupidez y un bonito golpe en el puente de la nariz. Algo avergonzada, se colocó en el extremo opuesto a Harry y cerró los ojos para recordar algo feliz…
¡Dios mío! ¡Pero si Mary no tiene ningún recuerdo feliz! Pero vamos a ver, si el "cuatrojos" tiene la vida más desgraciada del mundo, y la vida de Mary tiene que ser igual de negra para que el pobre se sienta identificado con ella para luego así poder acabar juntos, ¿Por qué Mary no iba a crear un patronus súper-ultra-mega-guay-de-la-muerte mejor que el de Harry, si sus vidas han sido igual de miserables? Ah, amigo así que ahora viene cuando Mary saca su único y realmente feliz recuerdo para hacer aparecer un patronus súper-ultra-mega-guay-de-la-muerte mejor que el de Harry.
Entonces Mary sonrió de oreja a oreja, porque a la autora se le había ocurrido un recuerdo feliz súper-ultra-mega-guay-de-la-muerte –mentira- para así poder hacer aparecer un patronus corpóreo:
- ¡Expecto Patronum! – Gritó, y de su varita salió un chorro de vapor plateado que se transformó en un reluciente Pegaso. El animal cabalgó por la clase al igual que la cornamenta de Harry en plan: "Yo soy un Pegaso porque tengo que ser más poderoso que el Bambi ese al que voy a dar una patada en el trasero". El caballo alado dio un par de vueltas por la clase, provocando una exclamación de admiración de los alumnos, y cuando pasó por delante de Harry despegó las alas para echar a volar y una de ellas se fue a estirar justo en el estómago del joven, lanzándolo hacia atrás. Cuando el Pegaso de Mary desapareció, Harry se levantó con dificultad y escupiendo un par de plumas que se desvanecieron al mismo tiempo que el patronus de la chica.
Y aquí hay una pequeña aclaración, o más bien, una pregunta: ¿Qué sentiría Harry, el verdadero Harry hijo de J.K. Rowling, si en Hogwarts apareciera una joven, que además de ser tan estudiosa como Hermione, crea un patronus que tiene toda la pinta de ser mucho más poderoso que el de Harry? Exacto.
Se sentiría como si le hubieran dado un golpe en el estómago, aunque no fuera capaz de reconocerlo porque su masculino orgullo se lo impide de sobremanera, creando una gruesa y fea barrera que no le deja tragárselo, provocando un nudo en la garganta que la autora de una Mary Sue oculta porque Harry y Mary van a acabar juntos y tienen que llevarse bien. No, bien no. Tienen que llevarse súper-ultra-mega-guay-de-la-muerte.
La clase terminó y el cuarteto salió al alborotado pasillo, que acababa de llenarse de alumnos que se apresuraban hacia sus clases de la mañana. Las siguientes dos horas: Pociones. Sí, a las nueve y veinte de la mañana y los profesores tienen la feliz idea de poner a los alumnos de séptimo delante de un humeante caldero para jugar a las cocinitas durante dos horas. Como si no lo hicieran ya fuera del colegio, no te fastidia -nótese el sarcasmo. Eso, por no mencionar a la fábrica andante de grasa cabelluda que tienen como profesor. Además de insoportable, borde y amargado, tiene preferencia con la casa Slytherin, sacando a relucir el intenso peloteo proveniente de la lengua viperina de Draco Malfoy, arrastrando las palabras como si se creyera Aquiles restregando a Héctor por el suelo en la última adaptación de la película de Troya.
Y cómo no, no iba a ser excepción que en aquellas dos horas de Pociones, Draco Malfoy peloteara, y Severus Snape revoloteara por la mazmorra como si fuera la versión paliducha y gargólica de Batman, acosando a Neville y a su "cocido madrileño" de color rosa, y lanzando desagradables y maquiavélicas miradas a Harry.
Concluyendo esas dos horripilantes horas de tortura a las que algunos llaman "clases", los cuatro jóvenes volvieron al Gran Comedor dispuestos a arramplar con todo lo que tuvieran a su alcance. Tras la comida, y durante la hora libre que tenían después de ésta, Harry, Ron y Mary salieron a los aún verdes terrenos de Hogwarts y se sentaron debajo del haya que había junto al lago para tomar un rato el aire. Sin embargo, los dulces minutos de tranquilidad de los que apenas habían podido disfrutar se interrumpieron.
¿Qué por quién? Pues ya os enteraréis, aunque no es difícil de adivinar.
