Fase 4: La Venus de Milo
- He dicho que no, Ronald.
- ¿Por qué no? Vamos Hermione, sabes que no pude resistirme al efecto soporífero de esa clase. ¿Quién iba a pensar que lo que dio de apuntes aquel día iba a ser importante para el examen? – Ron y Hermione estaban sentados en el sofá de la sala común, enfrente de la chimenea. Hermione tenía un pesado volumen en su regazo, y llevaba más de diez minutos intentando leer la misma línea, a causa de que su fiel y queridísimo amigo Ron estaba intentando gorronearle los apuntes de Historia de la Magia. Otra vez.
- ¿A lo mejor porque lo dijo al principio de la clase? Incluso Harry ha logrado tomar algo de apuntes. – Señaló a Harry, que estaba sentado en una de las mesas pasando apuntes a limpio.- ¿Por qué no se los pides a él?
Ron jugueteó con los cordones de su sudadera y miró hacia abajo murmurando algo así de que no entendía su letra. Hermione resopló fuertemente y bajó la vista al libro para seguir con su lectura. O al menos eso intentó, hasta que Ron acercó su cara a la de Hermione y quedaron a tres dedos de distancia.
- Por fa... – Suplicó, sonriendo inocentemente. Hermione, ligeramente colorada se echó todo lo que pudo hacia atrás, pero Ron siguió acercándose. Podía verle hasta los poros de la piel.
- No. – Dijo rotundamente y puso una mano en la cara de Ron para apartarla.- Esta vez tendrás que apañártelas tú solo. – Volvió de nuevo la mirada al párrafo que estaba intentando leer, pero una mano cogió el libro y volvió a cortar la lectura de Hermione.
- Vamos, Hermione, sé que en el fondo me los quieres dejar, pero te estás haciendo la dura. – Ron se levantó y escondió el libro tras la espalda.
- Devuélvemelo, Ron. – Dijo Hermione, tendiéndole la mano.
- Si me das tus apuntes, te devuelvo el libro.
- Eso es un chantaje, los apuntes y el libro son míos, no tienes derecho a que te dé algo mío a cambio de otra cosa que también es mía. – Hermione se levantó, empezaba a alterarse y estaba a punto de pegar a Ron como no le devolviera pronto el libro.
- Muy bien, si lo quieres entonces, cógelo. – Levantó la mano en la que tenía el libro, dejándolo prácticamente en un punto inalcanzable para Hermione.
- Ron, déjalo ya, pareces un niño pequeño. Devuélveme el libro.
- No, cógelo. – Hermione se estiró e intentó cogerlo, pero Ron era demasiado alto. Forcejeó un par de minutos con él, persiguiéndolo y tirándole del brazo para coger el dichoso libro, pero al cabo de un rato se cansó y se apoyó en la pared.
- ¿Qué ocurre, Hermione? ¿Ya no quieres el libro? – Sonrió burlonamente, y eso le hizo hervir la sangre a Hermione.- Te lo pondré más fácil. Dame un beso y te lo doy, ni si quiera te pediré los apuntes.
Eso ya fue el colmo. Al contrario de lo que Hermione pensaba, Ron estaba de cachondeo, jamás le pediría algo así a su mejor amiga, y seguía con la misma sonrisa burlona, pensando que seguramente Hermione no se atrevería a hacer eso por un simple libro. Sin embargo, y para sorpresa de Ron, Hermione sonrió seductoramente, de una forma que nadie había visto nunca, como una mezcla entre pasión y malicia. Comenzó a caminar hacia Ron, que se quedó totalmente paralizado.
"Lo va a hacer, lo va a hacer…" Pensaba. No sabía si ponerse pálido o rojo Weasley.
Cuando ya estuvo lo suficientemente cerca, Hermione cambió radicalmente su expresión a una de enfado trolífico y estampó su mano derecha en la mejilla izquierda de Ron, dejando cuatro grandes y largas marcas de dedos totalmente rojas. Ron soltó el libro por la impresión, y Hermione aprovechó a cogerlo rápidamente y subir a las habitaciones de las chicas hecha un completo basilisco.
Harry, que había estado observando la escena por el rabillo del ojo, miró a Ron un tanto divertido, pensando que su amigo se lo había buscado.
- Ah, Ron, no deberías ser tan descarado con las mujeres. – Dijo burlonamente.- ¿Quieres que te traiga hielo? – Ron, pasmado, asintió con la cabeza.
- Con Martini, Whisky o cualquier bebida alcohólica, por favor.
- Hombres. – Dijo Mary.- Cómo se nota que en éste colegio no sabéis manejar ésta asignatura. - Cuando Hermione entró hecha una furia a su habitación le contó lo ocurrido a Mary, que chasqueó la lengua y negó con la cabeza.
- ¿Y qué se supone que tendría que hacer la próxima vez? ¿Darle lo que quiere? – Exclamó furiosa.
- No, no. – Movió negativamente la cabeza.- Lo hiciste está bien, se lo merece. Es más, la próxima vez que te toque las narices, vuelve a pegarle.
- ¿No es eso abusar un poco?
- ¡Qué va, qué va! – Dijo, haciendo aspavientos con la mano derecha.- Aunque tratándose de Ronald, mañana por la mañana estará comiendo de tu mano y vendrá a pedirte disculpas.
"¿Comiendo de mi mano? Ni que fuera un perrillo faldero"
- De todas formas Hermione, ¿acaso nunca te diste cuenta de esa chispa especial que hay entre vosotros? – Comentó Mary, guiñándole un ojo a Hermione.
- ¿Chispa? La única chipa que he visto hasta ahora, ha sido la que ha saltado cuando le di la bofetada. – Hermione se dirigió a su baúl y empezó a buscar su pijama.
- Aaah, Hermione, Hermione, qué ingenua eres. – Se acercó a ella y la despeinó, como si fuera una niña pequeña.
- ¿A qué viene eso?
- Siendo muggle y parece mentira que no hayas oído el refrán: "Los que se pelean, se desean"
- Sí que lo he oído. – Hermione había metido tanto la mano en el baúl que casi tenía medio cuerpo dentro.
- ¿Y no te hace pensar nada? – Hermione sacó la cabeza del baúl con el pantalón del pijama y la miró incrédula.
- Pues la verdad, no.
- Ésta chica es tonta… - Murmuró Mary, de manera que Hermione no pudiera oírlo.
- ¿Dices algo?
- Que es de poca monta. – Hermione levantó una ceja.- La casa que se ha comprado una conocida mía, es un antro horrible, apenas tiene ciento cincuenta metros cuadrados. – Sacudió la mano otra vez, como quitándole importancia.
"Casi nada, y pensar que yo vivo en un piso de sesenta metros cuadrados y es de los más grandes del bloque…" Pensó Hermione, mientras tiraba de la camiseta de su pijama para sacarlo del baúl.
- ¿Qué se supone que es eso? – Dijo Mary, señalando el "trapo" que Hermione sujetaba en la mano derecha.
- Mi pijama, ¿por qué?
- Es espantoso. Casi puedo ver la etiqueta "Made in: Año de la polca".- Hermione lo miró. Era un pijama de color rosa, con los pantalones llenos de letras de color chillón, y la camiseta estaba llena de pelotillas.
- ¿Qué importancia tiene? Es un pijama, se supone que es ropa para dormir, no para un pase de modelos. – Se comenzó a desvestir para ponérselo. Mary chasqueó la lengua.
- ¿El día que te cases vas a seguir llevándolo? No quiero imaginarme cómo reaccionará R… el tío cuando vea esa aberración.
- Me quedará demasiado pequeño para entonces.- La voz de Hermione se oyó un poco amortiguada, ya que estaba luchando por sacar la cabeza por el cuello de la camiseta.- Por ahora aún me vale, así que no le veo sentido a comprarme otro.
- Ya, pues yo lo veo bastante urgente. – Observó a Hermione luchar contra su pijama durante unos minutos, hasta que consiguió sacar la cabeza y Mary pudo comprobar lo "bien" que le quedaba su pijama. Se apoyó en una pared cercana y empezó a respirar hondo exageradamente, como si le estuviera dando un ataque de asma.
- ¿Qué demonios haces? – Preguntó Hermione extrañada.
- Creo que me va a dar un aire. – Señaló al pijama de Hermione, como si fuera el mismísimo abogado de Satanás.- ¡Por Merlín, Hermione! Para mí que quedarías mucho más sexy si durmieras con un saco de artillera.
- Basta ya, Mary ¡sólo es un pijama!
- ¡Un pijama no es sólo un pijama! ¡Una mujer tiene que ser glamurosa en todo momento, incluso cuando duerme! – Hermione miraba a Mary con una expresión extraña, como si estuviera tomando a su compañera cual loca escapada de un centro psicológico.- En la próxima escapada a Hosmeade haré una reconstrucción de tu armario. – Miró al techo y puso los brazos en jarras, como si aquello fuera una misión propia de un superhéroe.
Sábado en pleno Diciembre. Diez y veintiéis de la mañana.
Lugar de encuentro: Vestíbulo de Hogwarts.
Misión: Divinizar a Hermione Jane Granger.
Dificultad: máxima.
- ¡Aaah, éstos son los días que a mí me gustan! – Decía Mary. Caminaba rápidamente por el sendero llevando a Hermione de la mano unos pasos por delante de Luna Lovegood, la cual (y no se sabe bien porqué), había decidido acompañar a las chicas.
- Por el amor de Merlín, Mary, ya tengo un armario bastante completito. – Comentó cansinamente Hermione, que se dejaba arrastrar con la más absoluta desgana.
- Completito para alguien como Pomona Sprout, Hermione. Tu armario necesita un apaño urgente, créeme. – Hermione resopló y siguió caminando.
Salieron de los terrenos de Hogwarts pasando entre los cerdos alados de piedra y siguieron caminando en dirección a Hosmeade, hundiendo los pies en la nieve virgen que había caído la noche anterior. Cuando llegaron a Hosmeade, Mary soltó a Hermione y comenzó a hurgar en su bolso, en el cual tuvo metida la mano varios minutos; empezó a sacar cosas y cosas: una lámpara, un espejo, una planta, un ordenador portátil… Luna se inclinó para mirar por debajo del bolso, pero no había nada.
- ¿Ese bolso es de Mary Poppins? – Dijo Luna con aire tranquilo mientras Mary sacaba un paraguas que tenía un pájaro en el mango.
- Sí, cuando murió me lo dejó de ajuar, digamos.
- ¿De qué conoces tú a Mary Poppins? – Preguntó Hermione extrañada.
- Ah, era la dueña del orfanato en el que me crié. – Levantó la vista del bolso y miró al cielo con expresión nostálgica.
- ¿Cómo murió? – Interrogó Luna.
- La atropelló un avión. Le está bien empleado a esa bruja por no volar en escoba. – Metió casi la cabeza en el bolso.- ¡Ajá! – Exclamó, y sacó lo que parecía un mapa.- He aquí el mejor mapa del mundo sólo para mujeres, gays o metro sexuales amantes de las compras: ¡El mapa mundial de las tiendas!
- Hermione y Luna rodearon a Mary y observaron el mapa, que mostraba completamente a Hosmeade y marcaba con un punto rosa chillón todas y cada una de las tiendas de ropa, complementos, maquillaje y peluquerías del pueblo.
- Vaya… -Murmuró Hermione, sorprendida.- Pero, ¿no has dicho que era mundial?
- Y lo es, sólo tienes que decirle el lugar en el que quieres comprar. Veamos… - Pasó un dedo por el mapa.- Estamos aquí, y nuestra primera parada va a ser ésta. – Señaló un punto rosa cerca de donde ellas estaban en el que ponía "Perfumería, droguería".- ¡Vamos allá, chicas! ¡Nos espera un día muy largo!
Pararon en todas y cada una de las tiendas marcadas en rosa del mapa, y no salieron de ninguna sin hacer su compra: perfumes, bolsos, cinturones, joyas y todo tipo de maquillaje. Llevaban tantas bolsas que a Hermione se le había cortado la circulación en ambos brazos, y se les estaban empezando a dormir. Sin embargo, aún les quedaba lo más gordo, lo cual Mary había decidido dejarlo para el final porque decía que "así no tenían que cargar con ello todo el día".
Llegaron a una tienda de ropa bastante grande en proporción al pueblo en el que se encontraban, el escaparate mostraba una variedad de vestidos "yanquilandia" que parecían sacados de una boda de película.
Entraron y un aroma floral de incienso llenó las pituitarias de las tres jóvenes, que se acercaron al mostrador y esperaron a que llegara la dueña de la tienda. Madame Rouseoix apareció por una cortina que daba a la trastienda, y al ver a Mary soltó un gritito y rodeó precipitadamente el mostrador para lanzarse hacia la joven y abrazarla estrechamente.
- ¡Oh, cariño, cuánto tiempo sin verte! – Soltó a Mary, que sonreía abiertamente.- Llegas justo a tiempo, porque tengo una colección VIP reservada únicamente para ti. – Hermione miró a su alrededor y observó la tienda. La ropa era como la de cualquier tienda muggle, tanto moderna como elegante, y de varios estilos diferentes, pero allí no había nada que pudiera considerarse VIP, por lo que resopló levantando un mechón de su flequillo.
- ¿Podemos dejar las bolsas dentro?
- ¡Claro que sí, mi amor! Ya sabes que esta tienda estará cerrada a partir de ahora para ti. ¡Richard! – De la misma trastienda apareció un hombre adulto, moreno y atractivo que, al ver a Mary, reaccionó igual que Madame Rouseoix.
- ¡Oh Mary dulce mía, te echaba de menos! – Exclamó con una extraña voz de falsete.- Ya estaba esperando yo a que te pasaras por aquí, ¡estás divina! – Hermione miró extrañada la escena, pensando porqué demonios ese bombón estaba haciendo esos aspavientos tan extraños.
- Enséñame lo que tienes, Rosy.- Madame Rouseoix asintió y condujo a Mary, Hermione y Luna a una puerta no visible desde detrás del mostrador.
Abrió la puerta y las muchachas entraron a una enorme sala pintada de color blanco, en contraste con la madera de la sala anterior, sus paredes estaban llenas de estanterías y percheros llenos de ropa, sino cubiertas por altos y relucientes espejos. En el centro de la sala había unos sillones blancos de aspecto cómodo, que estaban orientados hacia el fondo de la sala en donde se encontraban unos probadores de cortinas y alfombrillas rojas.
- ¡Mi paraíso! – Exclamó Mary con lágrimas de emoción en los ojos.- Lo echaba tanto de menos.
Hermione se había quedado completamente anonadada, estaba parada en el centro de la sala, observando atónita la cantidad de ropa que ahí se acumulaba, mientras que Luna ya había tomado la iniciativa y empezó a pulular por los armarios buscando algún trapillo de su gusto.
- Bien, Hermione, ahora viene cuando la matan. – Mary dio una palmada y se frotó las manos, cogió a Hermione del brazo, la sentó en uno de los sillones y se empezó a pasear por las estanterías cogiendo montones y montones de ropa para las tres.
Tras llenar uno de los sofás con kilos y kilos de ropa, comenzó lo que en películas americanas es comúnmente denominado "pase de modelos" al más puro estilo "Pretty Woman" solo que en esta ocasión, no vamos a contratar una doble para que haga de cuerpo de Julia Robberts en dicha escena. El cuerpazo se encargará de ponerlo Mary, y esta vez enfocaremos también su bonito y dulce rostro que ¿para qué ocultarlo, si es una auténtica monada?
Dejémonos de estupideces y vayamos al tema. ¡Música, por favor!
- Empezaremos el desfile por la señorita Sue, que en ésta ocasión ha elegido un bonito conjunto rojo bermellón de falda y chaqueta, ideal para ir a trabajar… ¿como semáforo? – Bromeó el comentador.- Ejem, la siguiente en caminar sobre la pasarela, la señorita Granger, que ha conseguido enfundarse cual chorizo de Pamplona un largo vestido de noche violeta oscuro, con un largo corte hasta el muslo que hace ver sus bonitas piernas… next, next…- Siguió el locutor, mientras Luna asomaba su rubia cabecita por la cortina del probador.- … nuestra querida y amada señorita Lovegood, que más que desfilar, parece que pasea por el campo (tú en tu pompa, corazón), falda blanca con el estampado de flores del sillón de casa de mi abuela, camiseta rosa de tirantes encima de una… ¿blusa blanca de manga corta? Cof cof, cof cof, y para rematar unas medias verdes, vamos que pasará desapercibida la muchacha.
¿Qué quién es el comentador? Ni pajolera idea, digamos que la voz se oye mágicamente en toda la sala. Para no dar más coba al pase de modelos, resumiré en que pasaron un par de horas quitándose y poniéndose, desfilando, resbalando y comiéndose accidentalmente a cierto homosexual que andaba por allí. Terminado el desfile, la renovación de los armarios de las tres jóvenes quedó cumplida, y la escandalosa cantidad de bolsas que llevaban se multiplicó por tres, ocupando una considerable porción de suelo de la sala VIP.
Y ahora vengo con que seguramente os estaréis preguntando de dónde demonios han sacado la "monstruosa" cantidad de dinero para comprarse toda esa "monstruosa" cantidad de ropa. Mejor no os lo preguntéis, por que la imaginación de la autora no da abasto como para inventarse una solución a esto del dinero, ya que si dijera que la dueña de la tienda se lo dejó gratis a las tres, cabría la posibilidad de que la pobre mujer cayera en bancarrota. ¿Que Mary es rica y lo ha pagado todo porque es un alma caritativa? Puede ser, pero estamos olvidando que Sue es supuestamente huérfana y que se ha criado en un orfanato, por lo que ¿cuántos niños de orfanatos están más forrados que Tío Gilito? Exactamente, por eso, en cuestión de dinero dejaremos una bonita e incómoda laguna.
Repasemos: complementos, joyería, perfumería, maquillaje, ropa, zapatos… la siguiente parada es el cambio de estilo (sobra comentar que el cambio va a ser mayor en Hermione y Luna, ya que Mary está buenísima como está), pelo, cejas, uñas y vello. Y empezamos por éste último, procediendo a explicar que la depilación es un laborioso y largo trabajo, a la par que doloroso, que consiste en hacer desaparecer (no por arte de magia, desgraciadamente) todo aquel pelillo de corta longitud que sea antiestético y molesto, que no sea de la cabeza ni de las cejas. Cualquiera le daría una patada en la boca al profesor de Historia por decir que a los seres humanos les ha desaparecido el pelo del cuerpo por empezar a vestirnos. Hasta un jugador de fútbol le tendría envidia a las piernas de Hermione en invierno, por no mencionar "las partes bajas, ocultas e íntimas" del cuerpo.
Madame Rouseoix y Richard acompañaron a las tres chicas a una nueva sala en el piso superior, que tenía un par de camillas, dos sillas -de ésas que hay en las peluquerías- frente a unos altos espejos, y unas estanterías repletas de toda clase de productos e instrumentos de belleza: champús y geles, cremas, cepillos y peines, planchas del pelo, mascarillas, maletines de maquillaje…
- ¡Sarah, corazón! – Gritó Madame Rouseoix.- ¡Hoy tenemos un largo trabajo con estas dos chicas, te necesitamos!
La puerta de la sala se abrió de nuevo y por ella apareció una bonita chica rubia, que portaba una grande sonrisa enseñando sus blancos y bien colocados dientes. Llevaba puesto un delantal azul oscuro, que le daba cierta pinta de pastelera.
- Bien Rosy, ¿a quién voy a pelar como si fuera un huevo cocido? – Dijo la joven abriendo aún más sus grandes ojos verdes.
- Veamos, tú te encargarás de esta chica rubia, y Richard se encargará de la otra. Yo mientras tanto iré abajo con Mary y charlaremos un rato, luego subiremos a ver qué tal está el panorama, ¿de acuerdo? – Madame Rouseoix y Mary salieron de la habitación dejando a Luna y Hermione con los estilistas.
- Muy bien chicas, no tenéis por qué asustaros, no va a doleros nada. Podéis ir desnudándoos y poneros éstas batas. – Fue hacia una estantería y les dio a las dos chicas unas esponjosas y suaves batas blancas.
- ¿Sabe una cosa, señorita? – Dijo Luna, abriendo mucho los ojos y haciéndola parecer aún más chiflada.- Los dentistas muggles y los sanadores también dicen lo mismo, y la mayoría de las veces quieres morirte del dolor antes de que vuelvan a operarte o sacarte una muela con un taladro.
Sarah abrió desmesuradamente los ojos con cierta preocupación y miedo, pensando que tal vez no fue buena idea que le asignaran a aquella muchacha. Una vez semidesnudas y tumbadas en las camillas, comenzó la sesión de tortura. La sala se llenó rápidamente de unos sonidos muy parecidos a "¡RAS!", precedidos por gemidos ahogados de dolor provenientes de la boca de Hermione. Sí, digo de la boca de Hermione porque mientras que cuando terminó la sesión Hermione estaba hecha un mar de lágrimas, Luna no produjo sonido alguno y cuando Sarah terminó con ella, tenía una media sonrisa dibujada en la cara y no dio signo alguno de que hubiera sufrido el mismo dolor que su castaña compañera. Luna miró sonriente a Hermione, y tocándose el brazo izquierdo dijo con voz de niña pequeña:
- Suaaaave, como el culito de un bebé. – A lo que Hermione respondió con el ya conocido levantamiento de ceja.
Y ahora sí, estamos en la última fase de la transformación Hermione - Venus de Milo (la de Cnido también vale): Corte de pelo y maquillaje. Mary y Madame Rouseoix subieron a la sala de estética, y mandaron a las tres chicas sentarse en las sillas frente al espejo, donde había una larga mesa llena de potingues, pinceles e instrumentos para el cabello.
Comenzamos pues con el lavado y purificado facial seguido de una relajante mascarilla de aguacate y oro (sí, sí, oro, ¿acaso no sabéis que ahora los pijos se echan cremas con oro?), y dos refrescantes rajas de pepino en los ojos mientras se procede al lavado intensivo de cabello: champú, champú, acondicionador, mascarilla, champú, toalla enrollada a la cabeza. Tras la mascarilla y la toalla procedemos al corte del cabello, para darle más brillo, volumen, intensidad, etcétera: tijeras por allí, peine-cuchilla por allá, secador después acompañado de un cepillo de rulo para dar forma y… ¡tachán! Corte magnífico-de-la-muerte finalizado, precedida por la sesión de maquillaje.
- ¡Voilá, chicas, estáis estupendas! – Exclamó Richard y las tres chicas se miraron al espejo satisfechas con el trabajo que con ellas habían hecho.
Teniendo en cuenta la gran inmensidad de bolsas que tenían que cargar, Madame Rouseoix conjuró un enorme carrito volador y metieron todas las bolsas dentro para llevarlas más fácilmente al castillo. Una vez en la puerta (ya he mencionado que omitiremos la escenita del cobro por el pase de modelos y la sesión de belleza), los ahora Ángeles de Charlie se despidieron de Rosy Rouseoix, Sarah y Richard, con quien Luna había hecho muy buenas migas.
- Te agradezco la ayuda que me has prestado, Rosy, creo que no lo habría conseguido sin vosotros tres.- Dijo Mary mientras abrazaba a Madame Rouseoix.
- No hay de qué querida y volved pronto.
Cuando Mary, Hermione y Luna caminaban por el sendero nevado en dirección al castillo se encontraron con varios alumnos de Hogwarts, especialmente con un numeroso grupo de séptimo de Slytherin que iba liderado (cómo no) por Draco Malfoy y sus dos gorilas guarda espaldas tipo "puerta" de discoteca, los cuales no se cortaron un pelo en parar en seco cuando las tres chicas pasaron por su lado. Hermione, algo avergonzada, no puedo evitar fijarse en Malfoy quien, extrañamente, estaba dirigiéndole una seductora mirada…
Espera… ¡ése no es Draco! Pero si da igual, en un fic suesco Malfoy siempre va a perder la compostura y su cannon se va a ir al traste debido siempre al cambio de imagen, en ésta ocasión, de Hermione.
n/a: Bueno, ésta vez he tardado menos, ¿verdad? P Siento que éste capítulo ha sido un poco coñazo, pero lo he visto necesario para el capítulo siguiente ¡muahahaha! risa malévola Bueno quería avisar que si hay alguna palabra que no entendáis me lo digáis, porque hay veces que escribo y no me doy cuenta de éstas cosas (así que lo digo por si acaso). Hay que estar contentos porque ¡Ya han empezado las vacaciones de invierno! Por eso quiero desearos a todos ¡Feliz navidad y próspero año nuevo!
