Fase 5: Campanas de Boda

Disclaimer: Los personajes y lugares son propiedad intelectual de Jotaká.

Gracias a Charlotte Standers (A.K.A. Chilly Willy) por betearme de nuevo en éste capítulo.

Fase 5: Celestina

El nuevo look aspectual de Mary, Hermione y Luna causó sensación en el castillo en el momento en el que las tres pusieron un pie en el vestíbulo. Sensación, levantamiento de pasiones, fantasías húmedas y todo tipo de cosas "malas" que pasaban por las pervertidas mentes de los alumnos de Hogwarts, ya sabéis lo que quiero decir. Mary, había estado investigando días antes sobre qué color de pelo debería llevar una persona como ella; ¿la solución? Una bonita y brillante melena de color negro violáceo con tintes carmesí en las puntas. Llamativo, ¿verdad? Además sus bonitos ojos verdes con motitas violetas hacían juego perfectamente.

¿Cómo? ¿Qué dije que Mary tenía los ojos marrones? Ah, ya lo entiendo, es que olvidé mencionar que el color de ojos de Mary cambia a placer suyo (quién pudiera), es lo que tiene.

Hermione había sufrido un cambio bestial en cuanto a su cabello: ahora ya no era encrespado tipo estropajo de vitrocerámica, ahora era lacio desde las puntas y, curiosamente, acababa en un bonito tirabuzón al final de sus brillantes mechones. Además, con el remodelado de armario, Hermione podía lucir sus sinuosas curvas, que antes, y debido a su anticuado ropaje y a la continua y aburrida túnica del colegio, nadie podía apreciar. Ni si quiera J.K. Rowling.

Luna, por su parte, vestía igual de estrambótico de siempre, con la diferencia de que ahora solía llevar un complicado peinado a lo Paris Hilton, que "contrastaba" con su excéntrico atuendo. Bueno, contemos que, como sólo iba de acompañante, apenas había sufrido cambios físicos, y después cada mochuelo a su olivo, olvidémonos del tema. Luna Lovegood es Luna Lovegood y me veo incapaz de cambiarla, lo siento.

Sigamos. Las proposiciones de citas habían aumentado en la ex-ratita de biblioteca de forma bastante notable, tanto en el sector masculino como en el femenino, y eso había empezado a preocupar a Hermione.

- Mary… - Llamó Hermione con voz temblorosa.

- Mande.

Hermione agarró el pico de su nueva camisa violeta y comenzó a retorcerlo entre sus dedos, nerviosa.

- Eh… ejem. – Se aclaró la garganta – Verás… es que me resulta incómodo que también las chicas me pidan citas… Me siento mal rechazándolas.

- Bah, bah, Hermione. – Contestó Mary, sacudiendo la mano.- De eso tú no te preocupes, no va a haber femslash por el momento, se supone que con quien tienes que acabar es con Ronald.

- ¿Qué? – Exclamó Hermione.

- ¿Acaso no te enteras? Así es la vida de una MS.

Hermione analizó esa última frase, y se quedó pensativa durante varios minutos. Aquél fragmento le sonaba de algo, pero no sabía dónde lo había oído antes.

- Un momento, yo no soy una… una… - Dijo señalando a Mary.

- ¿Una?

- Tú eres la Mary Sue aquí ¿verdad?

- Cierto, tesoro mío, pero como canon Sue que eres, debes hacer bien tu papel. – Alargó un brazo y lo pasó por los hombros de Hermione, mirando al infinito como si de un glorioso futuro se tratase.

- ¿Que es…? – Alentó Hermione.

Mary se llevó el dedo índice al mentón, y se quedó pensativa, aún en la misma postura. Puesto que era mucho más baja de estatura que Hermione, ésta tenía que encorvarse ligeramente para que Mary llegara a sus hombros. Aquella inclinación de columna vertebral no era lo que se dice precisamente cómoda, y le estaba empezando a doler la espalda.

- Dejémoslo en:"Ex-Ratita de Biblioteca necesitada del amor de un dulce y tontito pelirrojo" – Extendió una mano y acarició el aire, nuevamente como si la imagen de un próximo porvenir apareciera delante de las chicas.

Hermione puso los ojos en blanco. El hecho de que Mary estuviera empeñada en que Hermione y Ron acabaran juntos, le causaba un nudo bastante incómodo en el estómago.

- Duh… - Murmuró Hermione.

De repente, una mano activó el interruptor que encendía la bombilla de la cabeza de nuestra Sue, iluminando su brillante coronilla recordemos: de color negro violáceo con tintes carmesí en las puntas.

- ¡Ya está! – Exclamó, soltó a Hermione y salió cual relámpago de la Sala Común, dejando a ésta última un tanto desorientada.

- Entonces, ¿se supone que los Tornados han perdido sus dos mejores jugadores por un lío personal? – Ron asintió con la cabeza.

- Adulterio, creo. Un despelote impresionante con la mujer de uno de ellos. – Comentó el pelirrojo sacando la cabeza por una camiseta de manga corta.- Pero los cotilleos son deporte profesional de las mujeres, a lo que quería llegar es que en el próximo partido contra los Chuddley Cannons van a tenerlo chungo…

El sonido de la puerta de los vestuarios del campo de quidditch se abrió de golpe con un hueco sonido, sobresaltando a los chicos que aún se estaban duchando tras el duro entrenamiento del equipo de Gryffindor. Una voz femenina se alzó por encima del ruido del agua de las duchas:

- ¡Tapaos lo que no queréis que os vea, chicos! - Automáticamente, los recién salidos de la dulce y calentita cascada de agua, se llevaron manos, pies, toallas, camisetas o lo que tuvieran más a mano para cubrir sus intimidades, a la vez que Sue pasaba de forma altanera por entre las filas de bancos de los vestuarios.

- Mary, ¿dónde se supone que estabas? – Exclamó Harry, molesto.- Hemos tenido que entrenar sin ti, y sin una cazadora es difícil que el equipo aprenda una estrategia.

La joven se hizo la loca ante el comentario y se abalanzó sobre Ron.

- ¡Ronald, tesoro! – El aludido se sobresaltó.- Tengo que hablar contigo.

Miró a Harry de forma inquisitiva, indicándole con una caída de párpados que se alejara para poder hablar a solas con Ron. Harry asintió y se alejó de ellos, sujetando aún una toalla alrededor de la cintura, señal de que hacía poco que había salido de la ducha.

- ¿Y bien? ¿Qué es eso que quieres decirme? – Ron se levantó, y aunque tenía puesta la camiseta, aún estaba con los "ciruelitos" al aire, y se sujetó fuertemente la toalla para poder ponerse los calzones sin que Mary viese nada que él quisiera enseñar.

- Vengo a hablarte de Hermione. – Mary ocupó el hueco que Harry había dejado, y observó atentamente cómo Ron hacía malabarismos para subirse los calzoncillos por debajo de la toalla.

- ¿Qué la pasa? – Gruñó él. Mary tardó unos segundos en contestar; había pasado su atención de Ronald a sus uñas de porcelana nuevas.

- Quiere salir contigo. – Comentó Mary despreocupadamente. Ron, que ahora estaba intentando ponerse los pantalones apoyado sobre un solo pie, perdió el equilibrio y cayó hacia el lado derecho, a los pies de Mary, produciendo un ruido sordo que llamó la atención de sus compañeros de equipo.

- ¿C… c-c-conmigo? – Tartamudeó sorprendido.

- S… s-s-sí – Contestó Mary, imitándole.- Este mismo sábado tenéis una cita, y yo – Se puso la mano derecha en el pecho.- Seré la organizadora de tan gran evento.

- ¿Y por qué no te organizas una cita a ti misma? – Preguntó Ron desde el suelo.- Porque, sinceramente, creo que tú la necesitas más que yo.

Mary, ofendida y enfadada se levantó del banco y, mirando desafiante a Ron puso su pie derecho sobre el brazo del pelirrojo, y comenzó a presionar lentamente.

- Para tu información, zanahoria de pacotilla. – Rugió, apretando más el brazo de Ron contra el suelo y cortándole la circulación. El torturado empezó a hacer muecas de dolor, a la vez que intentaba ahogar los chillidos que sobrevendrían si Mary seguía pisándole.- Las citas se me organizan solas. ¿Acaso olvidas que todo Hogwarts está enamorado de mí? Vamos, Justin Finch-Fletchey, Hanna Habbot, Hagrid e incluso Dumbledore…

- ¡Dumbledore es gay! – Interrumpió Ron con voz ahogada. La chica levantó una ceja.

- ¿A qué viene esa chorrada? ¿Acaso Dumbledore te mola o algo así? – Dijo Mary, incrédula.

- ¡No, pero la verdadera autora dijo que lo era! – Gritó, desesperado por soltarse.- ¡Mary por Merlín, afloja el pie, que ése es mi brazo de bloquear!

- Dejaremos pasar ése pequeño detalle… - Comentó la joven, pensativa. Cuando recuperó el hilo principal de su conversación con Ronald, y el por qué de que le estuviera pisando el brazo, sacudió un poco la cabeza cámara lenta, melena al viento y volvió a preguntar: - Bueno, ¿qué? ¿Quieres o no salir con Granger?

- ¡Sí, si eso consigue que me devuelvas el brazo! – Mary levantó el pie, lo que hizo que Ron resoplara de alivio y se levantara del suelo, con el brazo semi-cangrenado. Como pura imitación de un jovencísimo Sr. Burns en femenino, Mary sólo comentó, antes de salir de los vestuarios:

- Excelente…

- Esa zorra me lleva evitando tres días. – Exclamó.- ¡Tres días! Pero hoy no se libra, no señor.

Ginny caminaba rápidamente por uno de los pasillos del segundo piso en dirección al campo de quidditch, acompañada por un fatigado Neville Longbottom que estaba siendo arrastrado por la fuerte mano de la pelirroja.

- Tal vez es casualidad, Ginny. – Pronunció, temeroso y jadeante, mientras esquivaba una estatua de piedra.

- ¡Y una mierda casualidad, Neville!

Desde la ventana de la sala común de Gryffindor, Ginny había visto cómo Mary salía disparada del castillo hacia el campo de quidditch, y no se lo pensó dos veces al ir a buscarla y darla su merecido. En consecuencia, el pobre Neville, que estaba tranquilamente haciendo sus deberes de Herbología, había sido obligado a acompañar a Ginny a lo que sería una nueva pelea de gatas.

El bochorno sufrido aquellos últimos tres días había sido agotador: algunos de los alumnos más mayores no tenían reparo alguno en conjurar una especie de red gigante y echársela a Ginny cuando la lograban pillar desprevenida, por no mencionar que los dichosos cartelitos de "Se busca perra calentorra" estuvieron pululando hasta en las manos de los profesores. Hasta tal punto llegó la situación que Dumbledore llamó a Ginny a su despacho para hablar con ella y pedirla que "solucionara sus conflictos con la dulce señorita Sue". ¿Eso quería el viejo? Pues Ginny Weasley se lo iba a dar.

Bajó precipitadamente unas escaleras y giró una esquina, cuando una cabellera de color negro violáceo con tintes carmesí en las puntas que relucía al final del pasillo le resultó familiar.

- ¡¡Tú!! – Chilló Ginny.

Mary, que se había olvidado por un momento del percance con los carteles de se busca, y a su vez de que la pelirroja andaba buscándola desesperadamente, se giró lentamente (cámara lenta, melena al viento), y al distinguir a la ya mencionada, trató de escabullirse tras una esquina. No obstante, la fama que precede a los Weasley de deportistas natos no era excepción en Ginny, que soltó a Neville y corrió hacia Sue, que apenas tuvo tiempo de dar tres zancadas. Agarró la túnica de Mary con ímpetu, derribando a su paso una armadura cercana, que produjo un gran estruendo metálico. La agarró por el cuello y la estampó contra la pared, acorralándola.

- Vamos, tranquilízate Weasley, podemos llegar a un acuerdo. – Trató de tranquilizarla Mary.

- ¿Acuerdo? ¡Acuerdo el que te voy a meter…!

- ¡Ey, ey! ¡Cálmate, sólo fue una broma! Además, deberías evitar las palabrotas. No cuesta un huevo y además quedas cojonudamente.

- ¿Una broma? ¿Compararme con un chucho en celo es una broma? Esto – Se sacó uno de los panfletos de "Se busca" del bolsillo de la túnica, ya bastante arrugado, y lo sacudió ante las narices de Mary.- Es una venganza por lo de los mocomurciélagos, ¿verdad?

- Puede. – Contestó.- Pero no me mates todavía.

- Ah, ¿no? Dame una buena razón para no hacerlo. – Dijo apretándola un poco el cuello. Mary estaba empezando a ponerse roja, pero apenas daba señales de dolor.

- Porque voy a juntar a tu hermanito y a Granger de una vez por todas. – Ginny aflojó la mano y la sangre que se acumulaba en el rostro de Mary empezó a bajar de nuevo por su cuello.

- Me sorprende ver – Habló Ginny, observando a la otra chica con curiosidad.- que por fin haces un bien a la comunidad, Sue.

Puso los brazos en jarras mientras Mary se alejaba un poco de ella: no quería que su suave y delicado cuello quedara con más marcas de dedos.

- Te equivocas en eso, Weasley. Con el sólo hecho de existir, ya le hago un bien a la comunidad, tanto masculina como femenina. – Dijo altanera mientras sacaba del bolsillo "Doraemon" su maquillaje para retocarse el punto donde la pelirroja la había agarrado.

- ¿Trabajar como puta vale? – Preguntó inocentemente Ginny.

La aludida omitió el comentario, cuando a lo lejos se oyó un jadeo; ambas giraron la cabeza (cámara lenta, melena al viento) y divisaron a Neville, que se había quedado atrás peleando para sacarse el yelmo de una armadura con la que, al parecer, había chocado.

- Mi próxima buena acción será quitarle un par de kilos a ésa bolita de saque, antes de que le confundan con un cerdo.- Comentó Mary para sí misma.

Ginny, que había oído perfectamente esa última frase, se dirigió cariñosamente a Neville:

- No hagas caso a la pelandrusca, Neville, tú estás muy bien así.- Se acercó a él para ayudarle a quitarse el casco metálico, pero sólo logró levantarle la visera. Por suerte para el joven, el yelmo tapaba la parte de su rostro que se había vuelto colorada.

- Muy bien, Weasley, ahora que tú y el pachonchito sabéis lo de la cita, no tengo más remedio que obligaros a ayudarme.

- ¿Ayudarte con…? – Preguntó Ginny, forcejeando aún con el casco.

- Con los preparativos, tontita. – Respondió secamente.- Ya sabes, ayudarme a elegir el sitio, comprar comida y bebida para la cena, arreglar a Herms…

- Hermione.- Saltó Ginny. Harta de tirar de la cabeza de su amigo, puso un pie en su hombro y tiró con todas sus fuerzas, provocando un chillido de dolor metalizado del chico.

Mary suspiró.

- Joder, Weasley… - Sacó la varita de su manga derecha y apuntó a la cabeza de Neville.

Con un grácil movimiento de su muñeca, el yelmo salió disparado cual pastilla de jabón, tirando también a la pelirroja al suelo.

Lo dicho, el sábado Mary mandó a Neville a buscar un buen sitio para la cita; Ginny estuvo toda la tarde ayudando a Hermione y Ron a elegir la vestimenta adecuada, y Mary salió a Hosmeade a comprar. Neville anduvo pululando sus horas libres del sábado para al final diagnosticar que sólo había dos lugares íntimos en Hogwarts: la torre de Astronomía y la sala de los Menesteres. ¿Conclusión? Pedirle a la sala de los Menesteres una torre de Astronomía.

- ¡Es estúpido! – Exclamó Ginny.

- Pues yo lo considero muy ingenioso.- Respondió Mary, dejando tres bolsas llenas de comida sobre la mesa del profesor.

Habían quedado a primera hora de la tarde en verse en el aula de Adivinación, para informarse de cómo iban los preparativos para la cita. Apenas eran las ocho de la tarde, Ginny había dejado a Hermione duchándose y Neville había preparado una elegante mesa y unas sillas en la sala de los Menesteres.

- ¿Porqué elegir un lugar tan sumamente… cliché? – Se exaltó la pelirroja, remarcando la última palabra.

- Es lo bueno que tiene el cliché, querida. Siempre funciona. – Abrió las bolsas y empezó a sacar su contenido.

Ginny, curiosa, abrió la bolsa que contenía las bebidas, y lo que se encontró fue algo desconcertante. Metió la mano y sacó una de las botellas, que tenían un color verde claro y una pegatina un tanto infantil.

- ¿Champán…? – Murmuró.

- ¿Algún problema? Es la mejor marca de champán que existe, guapa. – Dijo distraídamente, mientras observaba los ingredientes de una pizza de microondas.

- Vamos, una marca de lujo – Comentó la pelirroja, sarcástica.- "Champin, delicioso sabor fresa"- Leyó, sorprendida.- Sue, has comprado champán para niños… sin alcohol.

Mary levantó la vista y le arrebató la botella a Ginny, observando atónita la etiqueta. Un segundo después, lo único que se oyó en el castillo fue una blasfemia del tamaño de Rusia, dejando un ligero pitido en los oídos de los alumnos más cercanos a la sala.

- ¡Nadie estafa así a Marie Ariadna Garauspicia Antártica Wilbourne de la Aspirina Sue sin pagar las consecuencias! – Gritó enfurecida mientras tomaba la botella y salía de allí como un huracán, dispuesta a estampársela a alguien a la cara. Ginny y Neville se quedaron solos.

- ¿Habría sido buena idea avisarla de que puede ir por la sala de los Menesteres a por una botella de champán sin hacer mucho escándalo? – Preguntó Neville un poco alarmado mirando a Ginny. Ésta se encogió de hombros.

- Me gustaría saber cómo logra decir ese trabalenguas que tiene por nombre sin siquiera tomar aire.- Comentó la pelirroja distraída mientras metía de nuevo la mano en la bolsa y sacaba el resto de las compras.

- ¿Qué cojones…? ¡¿Qué se ha creído ésta pervertida?! – Exclamó repentinamente Ginny, mientras sacaba una caja de preservativos de la última bolsa, con la cara roja de rabia y vergüenza. – ¡Ni que fueran a follar en la primera cita! ¡Esto no lo tolero, Hermione no es como ella!

Para que la joven se calmara, Neville decidió coger la caja y tirarla a la chimenea. Ginny se quedó mirando al fuego, mientras pensaba inocentemente que, en cierto modo, aquel gesto de su amigo había supuesto un desperdicio de seguridad sexual. Doce desperdicios, para ser más exactos.

- Por otro lado…- Dijo la chica en voz alta.- Sólo gente como ella puede gastarse diez galeones en leña para el fuego.

Perdió la mirada en la cajita, y en cómo las "protecciones" de látex se consumían poco a poco.

- Bueno, Neville, sé un chico bueno y ve a buscar a la loca esa. – Señaló la pelirroja. Neville asintió.- Dile que vaya a ver a Hermione para los últimos preparativos…

- De acuerdo. – Dio media vuelta y salió de la clase.

Ginny se quedó sola un rato, pensativa. Se sentó en la butaca con orejas de la profesora Trelawney, junto a la mesa donde había esparcido la cena de Hermione y su hermano, y notó un extraño olor. Un olor fuerte, como a incienso de pachuli, pero más desagradable, como si se hubiera mezclado con un caro perfume de anciana. Olisqueó y fue acercando poco a poco la nariz a la fuente del olor, que provenía del mismo sillón en el que estaba sentada. Se levantó rápidamente y estiró la parte trasera de su camiseta para acercársela a la nariz, comprobando con horror que aquel asqueroso perfume se había pegado a su camiseta preferida.

"Joder"Pensó, con expresión de asco. Se quedó nuevamente transpuesta durante unos segundos, cuando una pequeña idea la asaltó, y se preocupó levemente. Pero sólo levemente.

"Si esa trastornada se ha puesto como un dragón en celo por una estafa alcohólica, lo mismo termina asesinando al pobre Neville sólo por recibir órdenes indirectas de mí…"

Dibujó una media sonrisa y sacó la varita, y con un movimiento de la muñeca volvió a meter la cena en las bolsas. Salió de la clase seguida por la comida, que flotaba danzarina a un metro del suelo. Bajó al vestíbulo y se encontró a Mary y Neville, la primera totalmente enfurecida y con la botella de champán de fresa aún en la mano.

- ¿Y bien? – Preguntó Ginny.

- La tienda estaba cerrada.- Respondió secamente.- Tu hermano y su novia tendrán que beber champán para niños, a no ser que lo saboteemos.- Se llevó una mano a la barbilla, dándose un aspecto más interesante.

- Nah… no queremos que se emborrachen y cometan errores.- Comentó la pelirroja, mientras, seguida de los otros dos subía las escaleras de mármol.

- Precisamente ahí está la gracia, Weasley.- Contestó con obviedad.- Se supone que es un tópico, el alcohol los hace ver borroso, se enrollan, e incluso en un caso extremo echan un …

- Sí, claro, y al día siguiente: "Oh, Hermione, perdóname por lo de ayer, fue un error" "No te preocupes, Ronald, lo mejor que podemos hacer es olvidarlo, aquí no ha pasado nada."- Interrumpió teatralmente la otra joven. Mary frunció el ceño.

- Como quieras, Weasley, no quiero discutir contigo.

Caminaban por los pasillos en dirección a la torre de Gryffindor, para concluir los preparativos de la cita, pero entonces Mary paró en seco y giró sobre sus talones (cámara lenta, melena al viento) en dirección contraria sin siquiera mediar palabra.

- ¿Qué mierda haces ahora, Sue? – Ginny empezaba a ponerse histérica.

- Vamos a ir primero al séptimo piso. – Dijo mientras caminaba, mirando por encima de su hombro.- Quiero comprobar que no ha entrado algún gandul en la sala de los Menesteres.

Ginny puso los ojos en blanco y la siguió a paso cansino. Cuando llegaron a una de las esquinas que daban al pasillo del cuadro de "Barrabás el chiflado", se pararon en seco al oír unas voces masculinas, que al parecer provenían del otro lado de la puerta oculta. Mary, descarada como ella sola, se asomó por la esquina para observar la extraña pareja. Ginny, que no quería ser menos, se asomó también, justo debajo de la cabeza de Mary.

n/a: Joder, ¿cuánto he tardado? Meses, por lo menos. Lo lamento mucho, pero ya advertí que por los exámenes tardaría en actualizar, avisads estabais P Mmm… tal vez sea un capítulo un poco flojo, pero no se puede dar siempre todo…

Charlie-Sama, ya sé que los últimos párrafos no los leíste, pero no hay nada nuevo para ti. En un principio este capítulo iba a ser más largo, pero he decidido cortar los últimos capítulos.