Gracias a Chilly Willy por sus ideas, que tanto me están ayudando a seguir con el fic.
LA CELESTINA, PARTE II "La cita de Ron y Hermione"
La puerta de la sala se abrió y por ella salieron Seamus Finnigan y Draco Malfoy. Aquello era realmente extraño, ya que Draco y Seamus no eran dos personas que (al menos en público) se llevaran bien, y verles hablar tranquilamente era un tanto desconcertante. Raro, desde un punto inocente, claro. Las chicas siguieron observando a tan extravagante pareja con morbosa curiosidad, y tras unos segundos en los que Draco y Seamus estuvieron hablando entre susurros, el segundo le agarró con ímpetu la corbata al rubio Slytherin y le besó apasionadamente.
Ginny y Mary, con los ojos como platos, se dieron la vuelta y miraron a Neville, éste con una expresión de desconcierto mayor que la de las chicas.
- ¿Qué pasa? – Susurró el chico. Puesto que las jóvenes no contestaban, Neville decidió asomarse.
Apenas asomó la nariz, se puso totalmente blanco. Ginny, apoyada en la pared había dibujado una extraña media sonrisa, mientras que Mary, al igual que Neville, tornó a un color blanquecino y segundos más tarde, rojo escarlata de furia. Las dos chicas volvieron a asomarse justo a tiempo para ver que la puerta de la sala de los menesteres desaparecía, y el extremo de la capa de Seamus se perdía por la otra esquina. Cuando los pasos se hubieron alejado, los tres Gryffindor salieron al pasillo junto al cuadro de Barnabás el chiflado, que inútilmente intentaba colocarle unas plomizas zapatillas de ballet a un enorme y malhumorado troll.
- ¿¡Qué cojones ha sido eso!? – Exclamó Mary, enfurecida. Ginny levantó una ceja.
- ¿Cómo que qué ha sido? ¿Acaso no te quedó claro que Seamus y Draco hacen slash a escondidas?
-¡Y una mierda slash! – Chilló.- ¡Se supone que aquí, todo el mundo tiene que estar enamorado de mí! ¡Hasta las trancas! – Sorprendentemente (ejem…), su pelo empezó a cambiar de color, y se tornó lentamente de un rojo intenso.- ¡Incluidos esos dos palurdos! – Señaló con el dedo hacia la esquina del pasillo por la que los dos chicos habían desaparecido.
- Cálmate, ¿quieres? No es para tanto.- Declaró la pelirroja, dándole a Mary unas palmaditas en la espalda.- Vamos, abramos de una buena vez este nidito de amor.
Los chicos pasaron tres veces por delante de la invisible puerta y del cuadro, pensando en la torre de Astronomía. Abrieron la puerta y se encontraron ante una réplica exacta de la torre, exceptuando claro, un biombo al fondo de la estancia, un enorme armario madera y en el centro, una bonita mesa de hierro forjado para dos personas, cubierta con un mantel rojo y sobre el que reposaban dos velas y una cubertería igual a la que había en el Gran Comedor. Ginny, intrépida, se acercó al biombo, echó un vistazo tras
él y contempló una enorme y lujosa cama de matrimonio con dosel y sábanas blancas. Curiosamente, la cama estaba desecha, y sonriendo de medio lado, pensando en las últimas personas que posiblemente la usaron, agitó la varita para poner unas sábanas nuevas. Una vez estuvo todo colocado y preparado, Ginny y Neville -mandados por Mary- salieron de la sala y se dirigieron a la torre de Gryffindor para comprobar que la parejita llegaba a la cita.
La mansión Malfoy estaba totalmente en silencio. Sólo había dos personas en ella que hablaban entre susurros, en una colosal estancia llena de muebles y cómodas antiguos. En el centro, un sillón de terciopelo rojo con orejas estaba colocado enfrente de la chimenea, en la que crepitaba una alegre fogata. ¿Quién iba a ser sino su ocupante, el mago más tenebroso de todos los tiempos? La otra persona, bajita y temblorosa, estaba junto a la butaca, y parecía no poder mirar a otra cosa que no fuera el fuego.
- Esa enana… - Susurró con molestia la voz fría de Lord Voldemort. Colagusano, sorprendido de que su amo hablara así, se atrevió a abrir la boca, ya que llevaba un buen rato en silencio escuchándole.
- ¿E… enana, mi señor? – Preguntó, temeroso.
Voldemort hizo un aspaviento con la mano, y agregó, en un sonido casi inaudible: - Mary… - Colagusano suspiró con alivio.
- ¿Se refiere a Sue, mi señor? ¿Tanto le preocupa? – Voldemort emitió un bufido de fastidio.
- Ya tengo suficiente con Potter, Colagusano, para que a su "ejército de amigos" se le una ella.- Hizo una pausa, durante la cual sólo se oyó el chisporroteo de la chimenea.- Sólo es cuestión de tiempo que aparezca también ese payaso pedante.
- Creí que ya se había encargado de él, mi señor. – Comentó Peter.- Le habían asignado una falsa misión.
- Tarde o temprano ese idiota se dará cuenta de que no existe ninguna fiebre aviar gigante. – Gruñó.- Stu es tonto, pero no tanto como para dejar a su amor de la infancia sola durante tantos meses.- Dibujó una malévola sonrisa y Peter sintió un escalofrío.- Conociéndolo bien, en estos momentos estará de camino a Hogwarts, así que con un poco de suerte podremos atacar el castillo antes de que él llegue.
Se quedaron otro largo rato en silencio, y el sonido de una invernal granizada se añadió a los pequeños estallidos de la chimenea. Colagusano tenía una objeción en mente que, aunque no tenía que ver con el tema hablado hacía unos segundos, sabía que era importante. No obstante, la idea de tan siquiera comentárselo a Lord Voldemort le asustaba, ya que era un tema delicado y que pondría seguro de un humor de perros a su amo. Armándose de valor, se aclaró la garganta y habló:
- Mi… mi señor… - Voldemort gruñó de nuevo, como dándole permiso para hablar.- Quería hablarle del hijo del señor Malfoy, mi señor. Según tengo entendido, el pequeño Malfoy está dejando de lado el espionaje dentro del colegio.
- Eso es algo que ya no me sorprende en absoluto, Colagusano. – Nagini se acercó reptando desde la puerta de la estancia y se deslizó hasta los brazos de su amo.- Ya se me ocurrirá qué hacer con ese rubiales cobarde. Mientras tanto…
Hermione salió de la ducha a trompicones mientras se enrollaba una toalla del tamaño de África alrededor del cuerpo; estaba totalmente histérica, y lo peor es que apenas entendía porqué. Y que Hermione Granger no sepa el porqué de algo, la crispaba los nervios. Se enrolló una toalla más pequeña en la cabeza y salió precipitadamente del baño y, abalanzándose hacia su armario, sacó el vestido que Ginny y Mary habían elegido para su cita con Ron. Cuando abrió uno de los cajones para buscar las medias, se dio cuenta con horror que no sabía qué zapatos iba a ponerse. Abrió el zapatero y empezó a sacar pares de zapatos y zapatillas, lanzándolos hacia el otro lado de la habitación. Pero se detuvo.
"¿Qué demonios estoy haciendo? ¿¡Quién eres tú y qué has hecho con Hermione Jane Granger!?" Sacudió la cabeza justo en el momento en el que Ginny gritaba su nombre al otro lado de la puerta y entraba en la habitación.
- ¡Hermione! Mary está histérica, os quiere listos a ti y a Ronald en diez minutos.- Cerró despacio la puerta, percatándose del revoltijo de zapatos que cubría el suelo. Parpadeó.- ¿Tienes un boggart en el zapatero? – Preguntó lentamente, como quien comenta el tiempo.
- No tengo zapatos rojos, Ginny.- Contestó Hermione. Al parecer había logrado calmarse un poco.
La joven Weasley sonrió y giró sobre sus pies para salir de la habitación, dejando a Hermione arrodillada junto al zapatero y cubierta tan sólo con la toalla. Tenía un aspecto cómico: Granger, rodeada de zapatos, medio tirada en el suelo con una toalla a modo de turbante en la cabeza y con expresión ausente, como si acabaran de darle una bofetada. Ginny regresó un minuto después con un par de relucientes zapatos rojos.
- Dudo que sean de tu talla, pero se pueden agrandar. – Comentó, tendiéndoselos. Puesto que su amiga se negaba a pronunciar palabra, y mucho menos a moverse, la pelirroja se aventuró a preguntar.- ¿Cómo te encuentras?
Hermione miró a Ginny como si acabara de hablarla en pársel.
- ¿Eh? Pues… bien, bien. – Ginny levantó una ceja, mientras Hermione por fin se levantaba e iba hacia su cama, donde había dejado el vestido.
Mientras tanto, en la habitación de los chicos se vivía una situación similar. Ron, nervioso, temblaba de arriba abajo y paseaba neurótico por toda la habitación, buscando cosas en los cajones que ni si quiera necesitaba. Harry, en cambio, estaba sentando en su cama, observándole con una sonrisa dibujada en el rostro.
- ¿Y bien? – Preguntó Harry.
- ¿Y bien qué? – Ladró Ron, enojado.
- ¿No se suponía que estabas muy tranquilo? – Replicó, levantando una ceja. Ron abrió la boca para contestar, pero justo en ese momento entró Neville en la habitación.
- Mary dice que os quiere a ti y a Hermione en la Sala de los Menesteres dentro de diez minutos.- Declaró cansinamente. Harry y Ron le miraron durante unos segundos.
- ¿Hermione ya está lista? – Aventuró el pelirrojo. El chico se encogió de hombros.
- Ginny ha ido a verla.- Neville se metió las manos en los bolsillos y siguió.- Si ya estás listo, será mejor que salgas y vayas ya hacia la sala. Mary dice que los hombres tienen que esperar en las citas.- Ron bajó la cabeza, pensativo.
- Bien…- Empezó.- Pues vamos, ¿a qué esperamos? – Y se encaminó con decisión hacia la puerta.
- Yo también voy contigo.- Intervino Harry
Llevaban cerca de cinco minutos esperando junto al retrato de Barnabás el chiflado, cuando Hermione, acompañada de Ginny, apareció por el extremo del pasillo, vestida con un vaporoso vestido rojo y el pelo totalmente liso. Caminaba precipitadamente, como si creyera que iba tarde a la cita, y nada más ver a los chicos, soltó un suspiro de alivio. Sin mediar palabra, los cinco jóvenes pasaron tres veces por delante del retrato pensando en la torre de Astronomía, y una vez aparecida la puerta, Ron y Hermione entraron, dejando a Harry, Ginny y Neville fuera, deseándoles buena suerte. Una vez dentro, la pareja echó un rápido vistazo a la estancia, percatándose rápidamente de que Mary, vestida como una camarera, estaba esperándoles junto a la mesita de hierro forjado, sobre la que resplandecían dos cubreplatos de plata.
- ¡Bienvenida, parejita! – Saludó Mary, sonriendo ampliamente. Llevaba puesto un corto vestidito rosa intenso, sobre el que reposaba, atado a su delgada cintura, un delantal blanco cargado de encajes y puntillitas.
- Vas… ¿vas a quedarte aquí? – Tartamudeó Ron, incrédulo.
- ¡No, no! – Respondió, sacudiendo una mano.- ¡Sólo estoy aquí para desearos una feliz velada!
Hermione la observó atentamente. Parecía una colegiala disfrazada de camarera sexy. "Ridículo" Pensó Hermione."Si sólo está aquí para desearnos feliz velada, ¿porqué demonios va vestida así?" Se sonrojó ligeramente, imaginándose a sí misma con aquella indumentaria. Miró hacia otro lado, como si aquel pensamiento la hubiera ofendido.
Ron olisqueó el aire con gesto de desconfianza, mientras Mary les señalaba los asientos.
-¿A qué huele aquí? – Hermione y Mary le miraron. Parecía un perrillo buscando una brizna de olor a carne en el ambiente.
- ¡Ah! Supongo que será mi perfume nuevo.- Dijo Mary.
Ron acercó la nariz a Mary, que estaba cerca de él. Vainilla. No, no era eso, era otro olor, como a desodorante fuerte de tío. Lejos de querer volverse paranoico delante de Hermione, decidió desechar la idea de que había otra persona allí. Mary descorchó la botella de champán para niños, a la que había arrancado la etiqueta, y sirvió un poco en las copas de Ron y Hermione, llenándolas con un burbujeante líquido rosa pálido. Acto seguido, levantó los cubreplatos, dejando a la vista dos abundantes raciones de espaguetis a la boloñesa.
- Bueno, yo aquí ya no pinto nada, chicos.- Dijo Mary, mientras caminaba hacia atrás en dirección a la puerta.- Espero que disfrutéis mis famosos espaguetis. ¡Ciao! – Salió, cerrando la puerta con un golpe seco y dejando a la pareja en un incómodo silencio.
Llevaban unos diez minutos comiendo sin apenas decir nada; se habían llegado a preguntar el uno al otro "¿qué tal?" unas cinco veces. No se podía decir que la situación era precisamente cómoda, cuando a Ron se le ocurrió preguntar algo que removió un poco el ambiente y lo hizo más espeso y pesado que antes:
- ¿Y bien? – Hermione levantó la vista hacia él.- ¿En qué piensas? Llevas un buen rato dándole vueltas al mismo espagueti. Lo vas a marear.- La chica sonrió amargamente.
- No quieras saberlo. – Contestó, con una risa irónica.
- ¿Por qué?
Hermione se removió un poco en su asiento. Por la expresión de Ron, parecía que éste tenía ganas de saberlo, tal vez por lo aburrida que estaba resultando esa cita y dar un poco de conversación, o tal vez porque esperara que Hermione diera su opinión de él.
- En Malfoy, supongo.- Ron bufó.
- ¿En ese payaso? – En ese momento, un golpe seco, aunque no demasiado fuerte, resonó en la réplica de la torre y llamó la atención de Ron y Hermione durante unos
segundos.- Tenemos una cita y solo se te ocurre pensar en ese idiota. – Volvió la mirada a su plato y se metió en la boca una gran bola de espaguetis, furioso.
- No es lo que piensas, Ron.- Susurró Hermione.
- Ya, ya.- Aquel olor, aún persistente en el aire, le estaba poniendo de peor humor. Una idea asaltó su mente. Era una idea estúpida, pero dado el momento, y que la fuente del olor no provenía ni de él ni de Hermione, se levantó.- Tal vez sea eso… - Murmuró.
- Ron, ¿qué haces? – Ella también se levantó, mientras Ron seguía alejándose lentamente de la mesa, a medida que se acercaba a la persona o cosa que emanara aquel perfume.
El armario. El menor de los Weasley sonrió con suficiencia, ante la interrogante mirada de Hermione.
- Malfoy.- Declaró.- Me pregunto si lo que atrae a las chicas de Draco Malfoy es ese perfume de hurón afeminado que utiliza.
Con un fuerte golpe, la puerta del armario se abrió y Draco salió escopetado, abalanzándose sobre Ron. Hermione emitió un chillido, pero Ron ya se había preparado para eso y se echó hacia atrás justo a tiempo. Malfoy cayó de rodillas al suelo y Hermione se apresuró a ayudarle.
- ¡No me toques, rata de biblioteca! – Chilló Draco, enfurecido.
Hermione se apartó y Ron se escondió detrás de Hermione; o al menos lo intentó, ya que sobresalía medio cuerpo por detrás de la chica, hasta el punto de que Ron conseguía ver por encima de su cabeza.
- ¿Ves, Hermione? Por fin se decidió a salir del armario.- Dijo Ron con sarcasmo.
- ¡Te voy a dar, comadreja! – Gritó de nuevo. Ron sacó la varita.
- No te confundas, Malfoy, a ti te irá ese rollo, pero yo no soy partidario. Lo siento.- Hizo una mueca burlona y Draco enrojeció de rabia y vergüenza.
- Ron, por favor…- Suplicó Hermione.
Ron la miró sorprendido, no podía creer que ella, su cita, se pusiera parte de ese idiota. Se apartó de ella lentamente, mientras Draco se levantaba del suelo. Lo había comprendido, la solución a aquel monumental traspiés era bastante sencilla. Giró sobre sus talones y fue directamente hacia la salida, ante la atenta mirada de los otros dos. Hermione estaba confundida, las pocas cosas que se le ocurrían decir se agolpaban en su garganta, pero no lograban salir. Cuando el pelirrojo abrió la puerta, la chica sólo alcanzó a murmurar su nombre, "Ronald", antes de que éste cerrara con un portazo. Pasaron unos silenciosos segundos, hasta que la puerta volvió a abrirse:
era Ron de nuevo. Hermione alcanzó a dibujar una pequeña sonrisa, pensando que había cambiado de idea. Pero nada más lejos de la realidad, Ron se acercó a la mesita de hierro a grandes zancadas, agarró su plato de espaguetis aún a medias, y se marchó de nuevo.
n/a: Bien, pues aquí está, el capítulo siete. Antes que nada, siento no haber respondido a los anónimos, pero está muy tonto, y me desconectó temporalmente las alertas, por lo que estuve durante un buen tiempo sin recibir mensajes de aviso de review y no recibí los correos electrónicos anónimos. A la pregunta de Scar, sí, es un Harry/Ginny, pero no principalmente. Lo puse en un principio pensando en que sería la pareja principal, pero fui improvisando sobre la marcha y bueno… cambiaron un poco loas tornas. Supongo que no hay esencialmente una pareja principal, al menos por el momento. Espero haberme explicado un poco n.nU. Besitos y gracias por leer.
Aby
