HhEeLL0o!!!! xDDD Nadie puede llegar a imaginarse el valor k he necesitado reunir para comenzar de nuevo con todo esto xD Necesito acabarlo, aún sin saber yo misma como (eso viene sobre la marxa xD). Intentaré cada semana pero NO prometo nada (lo más seguro esk el tiempo vaya fluyendo xDDD)
Aviso: EL CAPITULO ESTÁ PRÁCTICAMENTE DEL TODO NUEVO. He hecho algunas mejoras jojojojojo ¬v¬
-When you saw the light-
2. El cerezo en flor
Aquella mañana la muchacha de cabellos rosáceos salió de casa, en sus ojos de esmeralda alojada la promesa de un día tranquilo y un cielo de cenizas. Pese al fresco de finales de otoño, ella se sentía resguardada bajo un abrigo tupido y caliente, a merced de la brisa otoñal y el paisaje dorado. Pisó las hojas caídas, que crujían bajo sus pies al caminar. Pronto llegaría el invierno. Un invierno largo y frío, que congelaría los rincones oscuros de las avenidas vacías de la Villa, que haría de la brisa un viento cortante sobre la piel.
Se paseó por las calles de Konoha, que apenas comenzaba a despertar a aquellas horas de la madrugada. Los primeros olores a café y pan crujiente recién hacho afloraron desde las tiendas, que recién empezaban a abrirse. En el aire se advertía una sensación agradable y Sakura pensó que, cuando volviera de camino a su casa, podría pasar por la tienda de Ino para comprar un ramo de flores. ¿Cuales? Estuvo un rato pensando mientras avanzaba a paso tranquilo. Había de muchas clases...
Había quedado con las chicas en un refinado café para conversar. El café solía verse ocupado por mujeres, principalmente por su fino estilo, era el lugar perfecto para que un grupo de mujeres de apenas unos veinti-pocos se reunieran para hablar de sus asuntos. Últimamente solían tener muchas misiones y si en algún momento podían arrancarles a sus atareadas agendas algo de tiempo libre, aprovechaban sin dudar ese espacio en blanco para verse.
Cuando llegó, todas estaban allí. Habían cogido una mesa en una esquina, al lado de la vidriera. Al verla venir levantaron los brazos indicándole que se acercara rápidamente. Se repartieron saludos, sonrisas y, sobretodo, chismes. Tras veinte minutos de charla Ten-Ten, con una sonrisa, dejó ver lo que traía en su mochila. Varios catálogos cayeron por la mesa, todos de portadas impresas con vestidos de novia, ramos, y todo el resto. En menos que canta un gallo todas estaban inmersas en "ooohs" y "awwws".
-¡¡¡¿¿¿Oh, Kami, has visto ese???!!!- gritaba Ino
-¡¡¡Lo veo, lo veo!!!- decía Sakura
-¡P-parecen princesas!-tartamudeó Hinata con los ojos brillantes.
-¡De verdad que no me pude resistir!- exclamó Ten-Ten riendo.
-¡¡¡¿¿¿Oh, por Dios, y has visto ese, lo has visto???!!!- volvía a estallar la rubia
-¡¡¡Lo veo, lo veo!!!- repetía Sakura-¡y también veo al morenazo que tiene al lado! xD-
Todas rieron. Al cabo de un rato los ánimos se calmaron un poco.
-...Oye, Hinata, tu y Naruto cuando vais a hablar de lo vuestro?- preguntó Ino repentinamente y se formó un silencio sepulcral a su alrededor, seis ojos pendientes de la Hyuuga.
Hinata abrió increíblemente los ojos y su cara cambió de color al rojo vivo, cual si la hubieran puesto al fuego para hervir. Sakura se la miró curiosa, podrían freírse huevos en su frente.
-¿¿¿EHhhh???- dijo ahogando un grito
-¡No te hagas la sueca¡Te tenemos clinchada!-
-¡Eso!-
-Ehh...y-y-y-yo...yoooo!!!-Hinata se iba poniendo cada vez más nerviosa y las insistencias de sus compañeras iban creciendo. Al final la Hyuuga desplomó su cabeza contra la mesa, el rostro escondido entre sus manos.
-Ahhh...pero si se os ve de lejos! Aún no entiendo como no ha ocurrido nada!- exclamó Ten-Ten- ¿Sakura, tu has hablado con Naruto?- preguntó a la pelirosa, a lo que ésta bufó de descontento.
-Intenté darle varias indirectas pero no sabría decir si no se enteraba de nada (cosa que no nos puede extrañar viniendo de ese merluzo) o, por lo contrario, me evadía muy bien. Al final no sé si le quedó demasiado claro porque se fue corriendo- explicó bastante molesta
Todas suspiraron decepcionadas, Hinata aún con la cabeza muerta sobre la mesa.
-¿Y tú qué Sakura?- inquirió Ino
-¿Qué?-
- ¡¿Como que qué¡Quiero decir que para cuando te buscarás un macho men que te ponga las ideas en su sitio!- dijo la Yamanaka
Sakura miró a la mesa, una expresión entre triste, pensativa y extrañada. No había pensado mucho en ello, al menos desde hacía meses. Es más, prefería no pensar en esas cosas, la ponían triste. Una mirada nocturna y cabellos de seda negra pasaron por su cabeza una vez más. Miró a sus compañeras...
-Ah...ah...no sé. xD -
Gota general.
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Caminaban lentamente hacia la floristería. Sakura pensativa, Ino mirándola de reojo de tanto en cuando. La Yamanaka suspiró.
-...Deberías olvidarte de él- dijo
Sakura se sobresaltó y miró a su compañera, la cual tenía un triste mirada.
-n-no te preocupes! si no me pasa nada Ino! de verdad!- Sakura intentó reír agitando las manos, quitándole importancia.
Ino atrapó las manos zarandeantes de Sakura para que parara. La miraba tan fríamente que la pelirosa se asustó.
-Te lo digo muy en serio, Sakura. Ya has sufrido suficiente por él, ya es hora que pienses un poco más en ti misma y en tu vida. Estás echando a perder tus mejores momentos por una persona que ni siquiera tienes idea de donde está o si volverá jamás, cosa que yo, muy personalmente, empiezo a dudar, y mucho.- la soltó.
Sakura bajó la mirada y siguieron caminando. Sabía perfectamente que Ino tenía razón y que sólo se preocupaba por ella, pero no era tan fácil como levantarse un día y hacer ver que jamás había existido. No era tan fácil.
Anduvieron un rato más por las calles entumecidas de viento frío hasta que se encontraron en frente del cartel de la floristería Yamanaka. Cruzaron el umbral de la puerta pasando a un mundo colorido, moteado de arco iris. Sakura sonrió y, como una mariposa que pasa de largo, también se fue su pesimismo. Tanto Ino como su madre se las arreglaban para tener flores en todas las épocas del año y en grandes cantidades, nunca desde que pasaba por delante de la tienda había visto que estuviera con escasez de aquellas plantas alegres y de delicada belleza natural. Recientemente la muchacha rubia había ampliado el negocio y la tienda era ahora más grande que antes y les iba muy bien.
La joven de ojos azules desapareció tras la puerta del almacén, aún con cara de ogro.
-Uhhh...aún está enfadada...-pensó Sakura.
Y en un abrir y cerrar de ojos salió de nuevo del almacén ya sin abrigo y con el delantal de la tienda con una gran sonrisa.
-¡Buenos días Sakuraa!- saludó con alegría
La muchacha al principio puso la cara más rara del mundo, como si estuviese viendo lo más raro que pudiese existir en el mundo. Luego rió de buena gana y saludó de la misma forma.
-Buenos días Ino- contestó devolviéndole la sonrisa.
- ¡Enfadarse no es bueno para la piel y forma arrugas en la frente¡Es mejor que tú no te enfades demasiado a menudo frentuda o se te notarán mucho! jojojojojo-
Sakura puso los ojos en blanco.
-¡Pues no te rías mucho o se te abrirán los visillos de la nariz más de lo normal y aún parecerás más Ino-cerda que de costumbre!- dijo con una sonrisa arrogante
-Ugh!...Ajem, en fin, qué quieres?- le preguntó de mala manera
- Encima que vengo en calidad de cliente...-dijo Sakura mirándola con una ceja alzada.
-Oh! Entonces no he dicho absolutamente nada!- rió agitando los brazos como si estuviera espantando las palabras echadas al aire cual si fueran moscas invisibles.
Sakura rió también y le dio una ojeada a su alrededor. Buscó entre las flores, había muchísimas. Rondó los estrechos pasillos entre nubes floreadas, entre joyas pintadas de colores varios y abrumadores. Pronto encontró las que buscaba e hizo un pequeño ramo, el cual le entregó a la rubia. Se trataba de unas ramas con pequeñas espumillas en sus puntas, todas juntas formando una nube blanca y esponjosa.
-Vaya...¿Gypsóphilas? Nunca habías comprado...-comentó Ino mientras buscaba entre unos rollos de papel para envolver.
-...Si, no sé, pensé que quedaban bien con el otoño- contestó la muchacha pelirosa Ino paró sus labores unos segundo y se la miró en silencio.
-Que rara eres- dijo volviendo a su tarea.
Sakura puso los ojos en blanco.
-Toma- Le entregó el ramo.
Sakura agradeció, le entregó el capital a la Yamanaka con otra sonrisa y salió del establecimiento despidiéndose con la mano.
-¡Vuelve pronto!- oyó antes de cerrar la puerta. Ella le hizo otro saludo desde fuera.
Torció a la derecha de una calle sin nombre, amparada por la compañía de varios gatos abandonados que frecuentaban la basura para llenar algo su vacío estómago. La muchacha de cabellos rosados observó con aire compasivo.
-Pobrecitos...-pensó
Sakura suspiró con pesadez y su mirada se entristeció. Se veían obligados a vivir abandonados, forzados a luchar entre sí sólo para sobrevivir. Igual que ellos, como los shinobis. Un dolor agudo y fugaz pasó por su pecho y unos ojos negros como la noche, un cabello azabache y una piel blanca como la nieve atravesaron su cerebro provocándole un haz de impotencia y desconsuelo. Suspiró. Hacía ya tanto tiempo desde aquello...y aún no encontraban ningún arreglo. Se dedicaban a ir de misión en misión, buscando pistas y realizando trabajos sin nada que ver con el problema que les asolaba, persiguiéndole hasta en sueños.
Se pasó una mano por el rostro, preocupada. Exprimía su cerebro como a las naranjas para hacer zumo pero nada se le ocurría. Nada.
-No debería enfrascarme tanto, cuando llegue el momento ya se verá. Por ahora, lo principal es encontrarle- pensó intentando mitigar su alma inquieta.
Alzó la vista. En uno de los extremos del pequeño bosque que habitaba muro de Konoha adentro se alzaba un camino angosto que llegaba a una pequeña colina. Se estuvo allí parada, con los pies arrelados al suelo, cavilando durante unos segundos que le parecieron eternos. Con el ramo de gypsóphilas ceñida entre sus brazos avanzó hacia el sendero terrenoso aún con aires meditabundos.
Recorrió el camino con pausa, admirando la belleza anaranjada de los árboles de hoja perenne, envolviéndose entre el ambiente con olor a resina, el silencio vagando entre cada espacio vacío. Y sin mucha prisa subió largo rato por el caminito hasta que, al fin, vislumbró una imponente figura.
Abrió mucho los ojos, deslumbrada.
Una efigie grandiosa, de una hermosura tan sin igual, de una belleza tan extrema, que la joven quedó petrificada en el sitio bajo la gran sombra que proyectaba. Su tronco rugoso era tan alto que tenía que alzar la cabeza en su máxima potencia, sus ramas se diversificaban en otras cientas, de más gruesas a más finas y delicadas. Al final de cada ramificación extensa como una biblioteca de pergaminos, lucían miles de flores rosadas.
Sakura se aproximaba poco a poco, sus piernas a penas reaccionaban, sus ojos atrapados sin remedio por aquel esplendoroso cerezo.
Los pétalos caían dando pequeños giros sobre sí mismos hasta caer tardíamente a los pies de aquellas raíces opulentas, de una madera fuerte y centenaria, arreladas a la tierra buscando los nutrientes del subsuelo. El cerezo ostentaba una copa inmensa. Tan espléndida, tan descomunal, tan magnánima...una copa salpicada de millones de flores de sakura. Una visón que jamás había imaginado.
Cuando al fin, y tas mucho esfuerzo que había usado para conseguir caminar un poco, llegó al torso. ¿Cómo era posible que no se viera desde la villa? Acarició suavemente la corteza y levantó de nuevo la cabeza a la copa. Varias lágrimas bajaron por sus mejillas. Se sintió pequeña y, también emocionada. Una sensación extraña. Apretó su mano contra el tronco y sintió como una descarga en su corazón. La imagen de un muchacho de ojos como la noche y piel de marfil pareció llegar hasta su corazón, como si se infiltrara por algún resquicio de una herida abierta e, irremediablemente, se puso a llorar.
Estuvo allí mucho rato sentada en las raíces, desahogándose, y las palabras de Ino volvieron a su mente como terribles martillazos.
...Deberías olvidarte de él...Ya has sufrido suficiente...Estás echando a perder tus mejores momentos... ni siquiera tienes idea de si volverá jamás... yo empiezo a dudarlo, y mucho...
Los labios le temblaron y más lágrimas le corrieron por las mejillas. Aquellas duras palabras resonaban sin parar y la desgarraban, oía aquellas palabras en su cabeza como una verdad dura y fría, una verdad de hielo. Ya no había ninguna esperanza, ese Sasuke que habían conocido ya había muerto, no podían salvarle, había quedado atrás. Una risa irónica escapó entre sus sollozos. ¿A esas alturas aún conservaba aquella ilusión tan estúpida?, era rídiculo, ella era ridícula. Poco a poco, su cuerpo empezó a quedar sepultado bajo los pétalos. Otro sollozo escapó de sus labios.
-Ya...ya no me queda nada...-
Y, como si el gran cerezo quisiera reconfortarla, otra escena apareció en su mente.
-Sakura...gracias.-
Sakura abrió los ojos. Gracias. Eso dijo Sasuke antes de marcharse. Apretó las manos contra su vestido y se levantó. Apretó el ramo contra su pecho, aún con los ojos abiertos. ¡Gracias¿¡Santo cielo, cómo podía olvidar algo así?! Sí, debía creer en que aún quedaba algo de esperanza, no podía rendirse tan fácilmente! No debía amedrentarse! No podía dejar atrás todo el esfuerzo y todas las ilusiones atrás sin hacer nada! Se alejó del cerezo, abrazada al ramo, una nueva convicción en el alma y la duda borrada de su corazón.
Volvió la vista atrás.
Sí, mientras ese gracias permaneciera, aún podrían salvarle.
--Continuará--
REviews pleaseee!!! Los anónimos, los no anónimos, los frikis k me conocen...kualkiera jaja xD Kisses
