Lamento el retraso! Respondo al llamado de mislectores fieles (un parcito que deja review, nótese que hago la diferencia) y publico este nuevo capítulo... que por lo visto no tiene intenciones de acabarse hasta por lo menos otros 6 ó 7 más. Pero no garantizo esa cantidad, pueden ser más o menos, mis pronósticos no siempre son acertados...
A Kagome-Higurashi 13, le doy muchas muchas muchitas gracias por confiar en mi modesto estilo de escritura y animarme a seguir adelante... probablemente se venga un nuevo proyecto, pero en la sección de Slayers y a aquellos que siguen este fic y no dejan review, les invito a dejar aunque sea una línea y decir si les gusta o no... prefiero darle las gracias personalmente.
Y por supuesto, a mi querida amiga, socia creativa y mecenas, Filia-chan... infinitas gracias por todo el apoyo. Por ti este fic sigue en línea ;) Así que eleva la palabra gracias a una potencia decimal sobre otra potencia decimal y sobre otra y otra y así. Tú me entiendes, no?
Y así comienza un nuevo capi. Enjoy it!
IV
La atención del Universo se centró esta vez no en el campo de batalla, sino en la monumental Sala de Reuniones del Senado Galáctico. Sus dimensiones eran impresionantemente escalofriantes. Vista desde una perspectiva privilegiada, podía observarse que las butacas móviles que colmaban la Cámara de cabo a cabo formaban la gigantesca y colorida cola de un pavorreal en pleno cortejo...
De pronto, apareció en el centro de la Cámara, en una butaca más grande que el resto, el Supremo Canciller Hitomi Tatewaki, mucho más repuesto de su ya olvidado secuestro, poniéndose manos a la obra y recuperando el tiempo perdido en la arena política debido a su ausencia.
Sango Windu Y Miroku Kenobi, miembros del Consejo Hanyou, presencian los movimientos del Canciller, en una de las innumerables naves - butacas donde los miembros del Senado debatían, o más bien, oían y acataban. Miroku bostezó y se estiró.
- Sabes que no me gustan estas sesiones, Sango. Si hay algo que detesto tanto como volar es a los políticos.
- Y Ud. sabe tan bien como yo, Houshi-sama, que debemos vigilarlo – le regañó, tapándole la boca -. Cada vez sus jugadas son más sospechosas.
Tal y como había mencionado Inuyasha, Miroku y Sango no sólo luchaban juntos cuando la situación así lo ameritase, sino que también eran compañeros de trabajo constantemente. Se conocían desde que eran padawans, cuando la Maestra Kaede la trajo al templo desde el planeta Musashin, hace más de 20 años aproximadamente, para continuar con su entrenamiento Hanyou. Sin embargo, su apariencia era la de una muchacha de 18.
Algo que Miroku no podía dejar de notar. Aprendió muy bien de Mushin Jinn todas esas mañas que por lo general retrataban la palma de Sango en las mejillas del Houshi.
Se miró la mano derecha, herida en batalla, y cubierta por la misteriosa muñequera oscura, estrechando los ojos con la molestia que le causó encoger los dedos. Sango se preparaba a interrogarlo, pero desvió su atención indicándole con el índice que Tatewaki tenía algo importante que comunicar:
- Si bien es cierto que el líder separatista Sesshomaru ha sido eliminado, el sanguinario General Hakudoshi aún permanece impune, hecho que como Máximo Representante del Senado no puedo tolerar. Es imperativo que el actual emblema del poder de los Youkai reciba un castigo ejemplar por atentar contra la estabilidad de nuestra amada República. Por lo tanto, he decidido ampliar mi mandato hasta que este conflicto sea por fin resuelto. Una vez que Hakudoshi haya sido por fin desterrado de la faz del Universo, abandonaré dichos poderes y seguiré ejerciendo el humilde cargo de Canciller que defiende hasta las últimas consecuencias el bienestar de la galaxia y no permitirá que criminales como éste se refugien en las sombras que su funesto amo les ofrece!
Sí... Kenobi tenía su lado prudente, el que salió a brote después de la declaración de Tatewaki. Prudencia que compartió su compañera cuando un aplauso unánime se extendió por todo el Senado. Todos vitoreaban al comprometido Canciller Supremo, quien ahora tenía un cúmulo de poderes ejecutivos que los Hanyou jamás creyeron que poseería. Más bien, parecía un...
- Sabes algo, Sango? – Miroku rompió el estupor en el que ambos Hanyou estaban sumergidos.
- Qué?
- Hay que reconocer que es un orador muy convincente – luego sonrió. Sango le dio una suave palmada en el hombro, regañándolo.
- O los burócratas están muy bien adiestrados. Ningún político ha tenido semejante arrastre jamás. Es como si tuviese una influencia sobre ellos más allá de sus palabras.
- Quisiera tener esa retórica con Inuyasha. Tal vez así me haga caso de una vez por todas, no crees?
- No diga tonterías, Houshi-sama. Debemos reportar esto al Consejo. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras Tatewaki sigue acumulando más y más poderes... Y deje de mirarme así, Hanyou libidinoso – Sango se giró hacia el otro lado cuando advirtió los penetrantes ojos azules de Miroku mirarla con detención.
- No puedo evitarlo. Me encanta cuando te pones seria.
Entre la creciente algarabía producto de la medida adoptada por el Canciller, no se apreció con claridad la sonora bofetada que Sango le plantó en la mejilla, la que Miroku se fue sobando todo el camino de regreso a la cabina del Consejo.
Horas después de haber sido solicitado por el Consejo en pleno, luego de las frescas noticias que los reporteros estrella del Monasterio, Miroku y Sango, llevaron, Inuyasha Skywalker hizo acto de presencia ante sus superiores.
- Qué ocurre? Cuál es la urgencia? Vine en cuanto pude porque me dijeron que requerían de mi presencia con apremio.
El anciano Maestro Myouga tomó la palabra, en representación de los presentes, reinando el silencio en la selecta cámara. Un absolutamente necesario silencio, porque el sabio pequeñín tenía la particular costumbre de hablar sintácticamente al revés. Muy poético... Una mínima distracción y cualquiera se arriesgaba a ser el hazmerreír preguntando qué diablos había querido decir... como le pasaba al principio a Inuyasha en su niñez cuando conoció al "enano decrépito que hablaba raro"... pero con la práctica constante y el entrenamiento Hanyou recibido, ya era tema dominado. Suerte para él que no encabezara discursos como los de Tatewaki...
- Noticias circulan por el Monasterio y el Senado, que su período de mandato Tatewaki ha ampliado hasta que el problema de Hakudoshi no sea solucionado.
- Y?
- Tatewaki está acumulando poderes ejecutivos que no necesita o que no le corresponden – intervino Sango – Si esto continúa, seguirá tratando de inmiscuirse aún más en los asuntos de los Hanyou. Eso no lo podemos permitir. Tenemos nuestras reglas y regidores, no aceptaremos a terceros que intenten controlarnos como sus peones en la batalla.
- Y? Está preocupado por el porvenir de la Galaxia. Qué tiene eso de malo? – Inuyasha se mostraba reacio a los comentarios sobre Tatewaki, levantando los hombros en señal de desinterés, poniendo caritas de adolescente caprichoso. Myouga intentó controlar una pequeña venita que amenazaba aparecer en su sien.
Inuyasha afiló su mirada sobre el Maestro Myouga.
- Nuestro espía serás, y lo que se trae entre manos descubrirás. Como político ambicioso, mucho más allá que este simple Senado Galáctico su meta debe estar. Averiguarlo y comunicárnoslo tu misión será...
El Consejo sabía que Inuyasha guardaba simpatías por el Canciller. Pero se llevarían otra gran sorpresa con lo que Inu estaba a punto de confesarles.
- Pero... – reunió fuerzas para continuar, dudando si era correcto decirlo o no - el Canciller me ha pedido recientemente que sea su representante en el Senado. Si hago lo que me piden, estaría traicionándolo.
El diminuto Maestro Myouga movió la cabeza de un lado hacia el otro, angustiado por la reciente revelación. Volvió a hablar:
- Y traicionando al mismo tiempo al Consejo estás cuando las propuestas de Tatewaki logras asentir. Autorización al Consejo en primer lugar, Inuyasha, pedirás para dicha labor realizar. Aún suficiente experiencia no tienes para ese rol asumir. Por lo tanto, lo que nosotros te indiquemos hacer deberás...
- QUÉEEEE? – un indignadísimo Inuyasha se abalanzó verbalmente sobre el Consejo – Es la primera vez que alguien verdaderamente confía en mí y me toma en serio y ustedes me están frenando esa posibilidad? Ustedes dicen llamarse Hanyous y sin embargo, son tan egoístas como los políticos a quienes tanto critican? Utilizan tácticas tan sucias como espiar a los demás, siendo que es totalmente contrario a la ética que ustedes mismos me han inculcado?
Nuevamente el silencio despuntó entre los Hanyou. Todos sabían que Inuyasha era un chico impulsivo y valiente, pero de ahí a desafiar al máximo representante de su orden... ni siquiera los más veteranos miembros del Consejo se atrvían a ponserse a la altura de su mentor.
Miroku se levantó, y como un padre comprensivo, trató de calmar a su pupilo, ahora camarada:
- Entiendo cómo te sientes, Inuyasha, pero el Canciller no se trae nada bueno entre manos. Sus movimientos son cada vez más truculentos, y si alguno de nosotros se entromete más allá en sus planes, éste desconfiará y se produciría un quiebre irremediable en la estabilidad del poder ejecutivo y los Hanyou, y ya estamos suficientemente segmentados con todas las bajas que hemos tenido en nuestras filas. Por eso, tú eres el único que puede ayudarnos – Inuyasha lo miró, incierto, no sabiendo qué hacer – Sé que tú también quieres que todo esto termine y por fin desenmarañar toda esta red corrupta y oscura que hay detrás de las Guerras Sengoku. El destino de la República depende de ti, Inuyasha. Te encargamos esta misión porque confiamos en tus habilidades, y ésa es una responsabilidad aún más grande que ser representante de un senador.
Sango lo miró orgullosa. En su juventud, Miroku solía ser impetuoso, mañoso, despistado, aprovechado, etc. etc., pero los años no pasan en vano. Lo habían convertido en un Hanyou responsable, preocupado de enseñar bien a su aprendiz. Esta era una muestra de la sabiduría que Mushin le había entregado... Sí, aunque no lo crean, Mushin también tuvo su lado serio alguna vez...
Girándose hacia Sango, Kenobi le dio una sonrisa juguetona y luego miró a Myouga:
- Permítale a Inuyasha ser el representante de Tatewaki en el Senado. Así no sospechará de nuestro plan. Es mejor que el Supremo Canciller encuentre en el muchacho toda la confianza posible. Lo que más necesitamos en este momento son respuestas concretas y no suposiciones. Si alejamos a Inuyasha de Tatewaki con la excusa de que pasó por encima nuestro, podría cambiar de estrategia y despistarnos.
- Maestro Kenobi, la orden del Canciller pretende acatar según lo que Ud a entender da?
- Si lo frenamos, sospechará.
- Incluso por encima de mi autoridad pasando está.
- Con todo respeto, Maestro Myouga. Confíe en mí.
- Y pensado ha en que si no lo detenemos, también sospechará? Una de sus tantas provocaciones inmiscuirse en nuestros asuntos es. Si con libertad lo dejamos actuar queramos o no sus reglas impondrá.
- Tal vez. Pero contando con la confianza de Inuyasha, probablemente lo pase por alto. Es arriesgado, pero opto por lo segundo.
La idea de Miroku no era mala, pero Myouga se sentía pasado a llevar. Y al parecer no había opción aparente. Los Hanyou del Consejo se miraban unos a otros. Nadie quería oponerse ante la autoridad intachable de Myouga. Hasta que...
- Estoy de acuerdo con el Maestro Kenobi. Es necesario correr el riesgo. Somos Hanyous, no políticos – Sango se puso de pie - Si hay que luchar por estabilizar la correcta marcha de la República, mi sable siempre estará dispuesto a protegerla – espetó, oprimiendo fuertemente su arma contra su puño – Hemos entrenado arduamente por largos años. Ya es hora de demostrar lo que aprendimos.
Miroku fijó su atención en ella, con el pecho henchido literalmente, al ver la actitud de su compañera. Inuyasha lo advirtió y le dio una mirada maliciosa a su maestro, la cual el afectado no notó.
Myouga sonrió sutilmente. Sango y Miroku eran sus Hanyous predilectos, y estaba satisfecho de sus logros. Miroku era una leyenda viviente, por todas las batallas en las que había luchado: junto a Mushin Jinn, solo, cuando venció a Darth Kagura en el palacio de la entonces Reina Kagome en Naboo, y junto a su pupilo Inuyasha en las Guerras Sengoku. Sango por su parte, ya traía currículum desde Musashin. Kaede la había entrenado de tal manera que se hizo Taijiya Hanyou incluso antes que el mismo Miroku, gracias a su astucia, estrategia y fuerza en la batalla, demostrando mucho más agallas que varios de sus "hermanos". Y así se ganó la confianza del líder de su orden, quien la convirtió en su mano derecha. Lo tenía absolutamente merecido. Ambos.
Murmullos eran intercambiados entre el resto de los miembros del Consejo.
- Veo que nadie en desacuerdo con los Maestros Kenobi y Windu se pronuncia. Entonces decidido está. De esta manera entonces se procederá: Inuyasha – saltó al oír de pronto su nombre –, de vigilar a Tatewaki entonces te encargarás, mientras tu rol de representante cumplirás.
- pero... ni siquiera me han pedido mi opinión! – se erizó Inuyasha.
- Perfecto. Con tu misión comenzaremos apenas Tatewaki tu presencia solicite. Retirarte puedes ya.
- Pero... pero... PERO!
- Ya tranquilízate Inuyasha. Mejor conversemos las estrategias afuera – le empujó Miroku antes de que hiciera algo que le comprometiese más de lo que ya estaba.
- Lo que estás haciendo espero sepas, Maestra Windu.
- Créame, Maestro Myouga. Confío en Inuyasha tanto como el mismo Houshi-sama. Es como si fuese mi pupilo también.
- Terminando al parecer mi período está... por este Maestro ningún respeto entre sus discípulos infundir logra ya... – suspiró resignado el sabio anciano, mientras se retiraba a meditar.
Sólo un par de minutos fueron necesarios para desalojar la cámara del Consejo. Sango se quedó sola, observando la butaca donde Miroku solía acomodarse en las reuniones. Mirando hacia todos lados, se acercó para tomar asiento, pero titubeó. Qué rayos!- se dijo, y se sentó. Lentamente cerró los ojos y poco a poco su cuerpo se fue relajando, cada vez más adaptándose a la sedosidad del terciopelo que vestía el sitial de un índigo profundo... como sus ojos..
- Miroku... – dejó escapar un susurro, sin prevenir en su sosiego la presencia de alguien muy cerca suyo.
- Me ausento por unos segundos y ya estás suspirando por mí? No creí que te hiciese tanta falta... – dijo Miroku con una seductora voz, pasándose la mano a través de la creciente barba que adornaba su bien faccionado rostro, y acercándose peligrosamente al rostro de la Taijiya... – siendo que aún no conoces mi mejor lado...
PAF!
Disculpen mi falta de cortesía! les deseo a todos una Feliz Navidad... (lo sé... muy atrasado pero la intención es lo que cuenta, no?). y como sé que no publicaré antes de esa fecha, también os deseo un Feliz 2006 y que logren alcanzar sus metas con éxito. Yo he librado el primer paso de la mía. Sólo me quedan unos 4 ó 5 y seré libre... espero.
Cuidado con las fiestas de fin de año. Moderen las llaves y pasen el trago... digo! moderen el auto... no! esperen... hip! uds. me entienden no? Saayonara, nos vemos en un nuevo capi!
