Me excuso x la eterna demora! Para todos aquellos quienes siguen este fic, un montón de disculpas! La excusa de esta entrega: falta de PC, un síntoma común pero que no siempre es detectado a tiempo, jejeje! Las vacaciones me exigieron dejar mi PC embalado en mi ciudad adoptiva y no había podido actualizar x lo mismo... pero gracias a algunas movidillas x aki y x allá... akí está por fin, el 5° capítulo de esta apasionante (ni tanto :P) historia de acción, aventuras y amor (y un tanto de humor... x aki y x alla xD).
Los animo a dejarme un review! Y de paso les aviso que pueden revisar mi humilde arte gráfico en mi page www(.)fotolog(.)com(slash)hjmaps para los que les interese ver cómo dibujo... fanarts hechos x este pechito... xD y si tienen alguna idea o pedido especial de algo que quieran que dibuje (personaje o serie en particular), todas las ideas son bienvenidas. Y si pueden, un post en mi guestbook PLIIIIIIIIIIISS:´(
Enjoy it!
V
- General Kenobi! Llamando al general Kenobi! Responda, General!
Miroku sintió la voz de un jovencito saliendo del comunicador holográfico que traía en su muñeca. De un salto que le produjo el sacarlo de sus pensamientos, contestó calmadamente:
- Aquí Kenobi. Qué sucede, Comandante Kohaku?
- Señor, tenemos noticias de… qué le pasó en la cara, General?
En efecto, la bofetada de Sango aún permanecía clamando su presencia en la mejilla de Kenobi - cómo se dio cuenta Kohaku de la bofetada? Digamos que el comunicador holográfico tiene sensores térmicos... y digamos que Sango siempre deja huellas por donde pasa :P- . Miroku carraspeó para contestarle:
- eee... algo sin importancia, Comandante. Mejor hablemos de...
- No me diga que de nuevo peleó con Ane-ue?
Era un secreto a voces el hecho de que las diferencias de pensamiento entre Miroku y Sango acababan siempre en golpes... claro que quién los recibía era siempre él. En varias oportunidades habían sucedido frente a los ojos del Comandante de las Tropas Sengoku, Kohaku. Con el tiempo se había convertido en un buen amigo de la pareja, tanto que Kohaku veía en ella el reflejo de la hermana que nunca pudo tener, y así aprendió que la Taijiya no es precisamente de las chicas que ocultan su enfado si algo les molesta...
- Ya te dije que es algo sin importancia – Sus mejillas estaban rojas, y no debido a la cachetada – Qué noticias me tienes?
- Oh! Cierto... Hemos localizado al General Hakudoshi, Señor...
Hubo un pequeño silencio... una gota de sudor frío se deslizó por la mejilla golpeada del Hanyou, la que tuvo una corta travesía debido a la alta temperatura de ese sector de la piel.
- Al fin ese bastardo retardado da señales de vida! Voy de inmediato, Kohaku. Prepara una nave en el intertanto. Tengo algo que hacer antes de irme.
Y la conversación acabó. Prestamente Miroku dirigió su paso para buscar a Sango y que ésta fuese la portadora de las buenas nuevas al Consejo.
Y hablando de la Taijiya, ésta en su irritación, topóse con el final del largo pasillo del Monasterio. Levantó la vista para encontrarse frente a una gran fachada completamente blanca, pulcra, sin huellas de que el tiempo pasó por aquella estancia, con discretas marquesinas rojas atravesando las puertas de entrada aproximadamente a los ¾ de puerta de arriba hacia abajo, dejando el trecho entre las puertas y la pared con una marquesina de color azul a la misma altura de las rojas, como un camino bicolor. Las puertas eran de un material similar al metal, pero mucho más liviano y a la vez resistente, mientras que las asas de la puerta estaban fabricadas de una madera especial, que nunca se opacaba ni deterioraba, firme como el roble, y de agradable aroma como el eucalipto, dándole al lugar una fragancia particular que no se encontraba en ningún otro lugar del sagrado recinto del Monasterio.
En la parte superior, letras enchapadas en oro rezaban al que lo leyera:
" ENFERMERIA "
- Creo que hablar con él me hará bien un rato. Sus palabras siempre me levantan el ánimo – y con este pensamiento decidió entrar.
Un muchacho de oscuro cabello largo, atado en una coleta alta, de rostro afable y cortesía que emanaba de sus poros estaba a cargo del periódico "chequeo médico" de cada miembro de las filas Hanyou. Apenas divisó a la recién llegada su rostro se iluminó, y una dentadura perfecta curvó de lado a lado sus labios.
- Maestra Sango... qué agradable sorpresa! – revisó unos papeles que estaban en el mesón, al alcance de su mano – según esto no esperaba su visita hasta la próxima semana...
- Discúlpeme, Kuranosuke. Si está ocupado, puedo volver en otro...
- Su presencia no es ninguna molestia para mí. No sabe cuánto me alegra su visita, y que no se deba precisamente a un mero asunto rutinario... espero...
Kuranosuke Takeda, el médico jefe de los Hanyou, también se sentía fuertemente atraído por Sango. Pero sus intenciones eran totalmente opuestas a las del lascivo Kenobi. Él era todo lo que una chica esperaría de un hombre: atento, tierno, inteligente y apuesto - sí... definitivamente esto es un fic, no? ;P - .
Sango se sonrojó por el cumplido. En unos segundos el enfado había desaparecido y fue reemplazado por una sonrisa cálida y sincera.
- Así está mejor. No se imagina la energía que puede transmitir una sonrisa. Hay un menor gasto de energía y ocupa menos músculos en ella que los que utiliza en una mueca de enfado... sin olvidar por supuesto lo hermosa que es su sonrisa...
Sango trató de hacer caso omiso del comentario de Kuranosuke, y sólo dejó escapar una risita, pero no pudo evitar abochornarse. Ya se había creado el ambiente de confianza necesario. Sango tomó asiento en uno de los sillones de la sala de espera, mientras Kuranosuke arreglaba un poco el desordenado escritorio. Su asistente estaba en el descanso de la hora de almuerzo y esperaba pacientemente a que llegara con el suyo.
- Veo que ha tenido una mañana agitada, no?
- En realidad sólo tuvimos un paciente, que nos dio bastante trabajo. Venía del rescate del Canciller, y no había podido venir antes pues dijo que estaba en una sesión del Senado y...
Sango levantó una ceja.
- M... Miroku?
- Sí, así es! Kenobi-san... pero, cómo lo sabe?
- Qué le pasó? Es una herida muy grave?
Kuranosuke dejó de ordenar papeles, acomodar objetos y carpetas, y sentándose frente a Sango le miró seriamente.
- Para serle franco, en mis años de experiencia como médico, tratando heridas de todos los tipos, producidas por las más inimaginables armas y criaturas, jamás había visto algo semejante a lo que Kenobi-san tiene en su mano derecha...
Sango sintió un escalofrío que recorrió su espina dorsal como un shock eléctrico. Entonces recordó la expresión de Miroku en la sesión del Senado...
Vaya forma de relajarme...
Éste, mientras tanto, recorría cada recodo del sagrado recinto buscando a su querida Taijiya, interrumpiendo entrenamientos Padawan, conferencias, acuerdos, y a uno que otro en algún quehacer íntimo y personal. Pidiendo las más sinceras diculpas, no todas tan bien recibidas, salía de cada embrollo angustiado, pensando en que ésta vez se le había pasado la mano siendo tan directo.
Hasta que llegó al final del pasillo, desde cuya esquina se divisaba la amplia entrada de la Enfermería.
- Es el único lugar que me falta por revisar, pero... qué podría estar haciendo allí? – encogiéndose de hombros, apresuró su paso para entrar a la salita de espera y preguntarle al Dr. Takeda si había divisado a Sango.
Kuranosuke cubrió las manos de Sango con las suyas, aclarándose la voz para las palabras que pronunciaría:
- No puedo dar un diagnóstico exacto porque se trata de algo totalmente desconocido para mí... algo que supera mis expectativas de Médico... pero le sugiero mantener la calma.
-Pero Kuranosuke-san...
Kenobi se acercó a la puerta...
El Dr. Takeda se arrodilló ante ella, no accediendo a las súplicas de una más que una avergonzada Sango, insistiéndole que se levantara.
- En caso de que algo le sucediera a Kenobi-san, sabe que estoy aquí para lo que necesite. Tengo que serle sincero, ya no puedo ocultarle más lo que siento: usted me...
Las puertas se abrieron de golpe, y tras el estruendo pudo verse a Miroku cayendo de bruces al suelo, estrellándose su cara con la maceta de un raro especímen vegetal traído desde una galaxia lejana y que el Hanyou logró poner en extinción. Al intentar asirse de algo y frenar la caída, liberó una reacción en cadena que dejó como saldo un sinnúmero de tubos de ensayo y vasos de precipitado rotos, muestras orgánicas estropeadas y papeles revueltos. Todo al tratar de espiar la conversación de la pareja, apoyándose en la puerta para escuchar mejor...
Sólo que olvidó con que la puerta de la Enfermería era con vaivén muy sensible...
El par contempló la escena con aturdimiento, sin hacer ningún gesto. Tanto que las manos de Kuranosuke seguían cogiendo las de Sango en la impresión. Al darse cuenta de ello, de inmediato Kenobi se puso de pie, dignamente sacudiéndose la tierra de su túnica oscura, y mirando recriminatorio a Sango. Cuando ésta se dio cuenta de la agresiva mirada de Miroku, se soltó de Kuranosuke, momento que Kenobi aprovechó para tomarla de la muñeca bruscamente y llevársela de ahí.
- Carga los daños a mi cuenta, Takeda... Sango y yo tenemos una República que defender... lamento no poder quedarnos a ayudar...
- Pero, Houshi... – alcanzó a pronunciar Sango antes de desaparecer de los territorios del médico.
Kuranosuke observó desconsolado el desastre, y sólo pudo suspirar por la oportunidad perdida y volver a su trabajo. En eso estaba cuando la puerta volvió a abrirse, entrando la asistente del Dr. Takeda con el ansiado almuerzo que casi se une al desastre con la sorpresa que se llevó.
- No me digas... – sonrió débilmente - terremoto grado Kenobi... – dijo, dejando el almuerzo sobre el mesón central, intentando organizar el desorden - acabo de verlos volar en dirección contraria...
Kuranosuke asintió resignado, dejándose caer sobre un sillón.
- No te preocupes. Yo ordeno aquí mientras tú almuerzas. No se puede suspirar por la persona amada con el estómago vacío.
- Gracias Koharu. Supongo que ya almorzaste, verdad?
- Claro. Recuerda que estamos juntos en esto.
Ambos sonrieron.
- Qué sucede? Por qué la brusquedad, Houshi-sama? – Sango reclamó, soltándose de Miroku, intentando aliviar su adolorida muñeca – Vaya capacidad para el caos, eh?
A paso raudo se perdían por entre el laberinto de corredores que el Monasterio Hanyou poseía, en dirección a la plataforma del hangar.
- Es el Poder de Shikon... en fin, tengo buenas noticias. Kohaku me informó de la localización del General Hakudoshi.
- Quééééééé? Lograron dar con su paradero?
- Así es. Por fin tenemos a ese imbécil donde queríamos. Necesito que avises al Consejo sobre esto, y pongas a todos los Hanyou en alerta.
- Y qué hará Ud.?
- Enfrentarlo, por supuesto. No permitiré que vuelva a escabullirse otra vez.
- Quiero acompañarlo, Houshi-sama. Juntos lograremos derrotarlo.
Miroku se detuvo en seco. Sango le imitó.
- Sabes qué es lo que pasa cuando Hakudoshi aparece...- dijo sin mirarla, con la vista gacha.
- Ataca en varios frentes a la vez, lo sé...
- Necesito que estés aquí y comandes las Tropas Sengoku que defienden Coruscant. Presiento que este movimiento de Hakudoshi tendrá una repercusión de proporciones sobre el Monasterio...
- Pero no puedo dejar que vaya solo. Es muy peligroso! No puede luchar con esa mano lastimada!
Miroku abrió los ojos como platos. Takeda habló de más, pensó. Se giró para enfrentar a su decidida mirada. Sango no pudo evitar sentir un cálido estremecimiento acumulado en su garganta al verse perdida en esos avezados zafiros.
- Por qué no me dijo nada acerca de eso, Houshi-sama? Acaso no confía en mí?
- Es una larga historia, Sango. Pero te prometo que cuando vuelva con la cabeza de ese cretino hablaremos en detalle sobre ello.
Se miraron fijamente por varios segundos.
- Y si no vuelve?
- Tan patético me crees como para dejarme vencer por un perdedor como él?
- No permita que la soberbia nuble su juicio, Maestro Kenobi – Sango volvió a reprenderle, martillando el índice de su diestra contra el pecho de Miroku. Éste tomó su mano con la suya ilesa, y tiernamente le dijo:
- Tranquila, Sango. No te quedarás viuda antes del matrimonio... – y elevó su mano, besándola delicadamente.
Un nuevo PAF! le devolvió la reverberancia a los pasillos del Monasterio.
- Sí... ve.a.alertar.al.resto... – mencionó por lo bajito Miroku cuando nuevamente una Sango envuelta en una profusa llama se dirigió hacia la Cámara del Consejo, dejando a su paso profundos cráteres en vez de huellas...
- Debo aprender a cerrar la boca de vez en cuando. Como dijo una vez Mushin: "la comunicación es el epicentro del malentendido".
Dándose cuenta de lo aplicable que resultó ser la expresión, le avisó a Kohaku que pasaría a visitar a alguien antes de partir.
- Pero General... hace 20 minutos que lo estoy esperando... El reactor de la nave se fundirá si sigue en marcha...
- Entonces no te molestará esperarme unos 20 más, sí? – Miroku puso cara de perrito Hush Puppies, con lo que Kohaku no pudo negarse, ganándose la aprobativa carcajada del muchacho.
- Quería verme, Canciller?
- Asiento, Inuyasha. Te estaba esperando.
Tatewaki había preparado un lugar especial al lado de él, para que pudiesen conversar privadamente en la Cámara del Senado, sin interrupciones causadas por los Hanyou. Ninguna otra alma estaba presente en ese momento en el principal centro político de la galaxia. Sin embargo la siempre iluminada cámara no cesó sus funciones estéticas por la presencia del joven Houshi Hanyou. Su magnitud estratosférica hacía sentir insignificante a cualquier otro ser que lo contemplase.
Excepto a ellos.
- Dígame, Canciller... de qué se trata? Acaso de mis deberes como su representante?
Tatewaki le miró, intentando sonreír.
- A mí me parece que eres tú quien tiene algo que contarme.
Inuyasha se quedó mudo. Tragó saliva y titubeó.
- Bueno... esteeee... yo...
- Puedo verlo en tus ojos, Inuyasha. Hay algo que te perturba y que pretendes ocultar como si nada pasara. No es bueno que acumules todas esas preocupaciones, recuerda que aunque eres un Hanyou, sigues siendo humano, a pesar de que tus maestros te hayan enseñado a reprimir tus emociones. Debes confiar en aquellos que somos tus amigos.
- Pero... señor, yo...
- Es algo grave? Tiene que ver con tus sueños?
Inuyasha se sentía como un libro abierto. Cómo era posible que se diera cuenta de lo que le sucedía, si era sólo un simple político? se preguntó. Acaso este hombre es capaz de leer las mentes? Sus pupilas azabaches titilaron vacilantes en sus órbitas.
- Pero cómo...?
- Lo sé? – completó Tatewaki, dejando aún más catatónico a Inuyasha. Hitomi tomó aire – Cuando eres un político destacado como yo, debes aprender a ponerte en el lugar de los demás, identificándote con sus problemas para así poder ayudarlos en la arena política, representando sus intereses de la manera más afín posible. Esto es aplicable a todo contexto, incluyendo a mis cercanos como tú. Es lo que comúnmente conocemos como empatía...
Inuyasha sonrió complacido. Cómo el Consejo puede desconfiar de un hombre tan comprometido como él?
- Así es... Al principio resulta complejo, pero con la experiencia te acostumbras...
El político sonrió por fin. Inuyasha le miró, esbozando una sonrisa fingida y desviando la vista rápidamente. Acaso es esta capacidad del Canciller la que preocupa al Consejo? O realmente este hombre se trae algo entre manos? Podré confiar en él?
Confiar...
- Se trata de alguien a quien quiero mucho, Canciller. Temo el peor de los destinos para ella...
- La senadora Amidala?
La premonición de este hombre le estaba dando escalofríos a Inuyasha. Pero por otro lado, sentía que podía contarle lo que pasaba. Podía confiar en él. Tatewaki siempre creyó en él, poniéndose de su lado cuando el Consejo le daba la espalda, animándolo a seguir adelante, elogiando sus habilidades y reconociendo sus logros, sin desmerecerlo de ninguna manera, a diferencia de sus pares, de sus hermanos. El mismo Kenobi, su padre, su mentor, su guía a seguir, estaba más preocupado de sus amoríos con la Taijiya Sango que de sus problemas y sus sentimientos.
Sí. Tatewaki creía en él. Y se lo demostraba constantemente. Suficiente motivo para él.
Para creer... y confiar...
- Soñé que ella moría... – sólo se limitó a contar la mitad de la historia. Si alguien se enteraba de Kagome en estado de gravidez...
El largo cabello de Hitomi le cubrió los ojos cuando giró su vista hacia los luminiscentes palcos del Senado. Se puso una mano en la barbilla y reflexionó acerca del tema que su representante ponía al tapete – Hum... tus sueños... una forma peculiar de predecir el futuro... temes que ellos te comuniquen un irremediable suceso, no es así? Temes perderla...
- Así es... quisiera hacer algo para ayudarla, para evitar tan cruel destino...
- La muerte es nuestro destino último, Inuyasha. Si bien es cierto eres un ser con habilidades privilegiadas, no puedes ignorar tu origen mortal...
- Sé que puedo remediarlo! La hora de Kagome Amidala aún no ha llegado! Juré protegerla, y eso es lo que haré hasta mi último soplo de vida! – Inuyasha dio un salto en su butaca, dándole un puñetazo al descanso, defendiendo a su amada. Él no se quedaría de brazos cruzados sabiendo que la persona que más quería en este mundo se encontraba en peligro. Él era un Hanyou... no un simple ser humano. Y ella no era una simple ser humana tampoco. No sólo lo demostraba la fortaleza de su carácter, sino también su mentalidad fría para analizar las situaciones en las que se veía envuelta. Siempre trataba de mantener el control, pues así lo exige su cargo de senadora...
Nunca dejarse vencer, como el resto...
Hitomi Tatewaki sonrió astutamente tras los rizos, gesto que su interlocutor no advirtió.
- Supongo que tienes el derecho a saberlo... no me sorprende que tus maestros no te hayan enseñando el milenario conocimiento del Poder de Shikon en su absoluta complejidad... pues ni siquiera ellos están completamente enterados de su magnificencia...
Skywalker dio un respingo. Acaso su altísimamente desarrollado sentido del oído le estaban traicionando? Tatewaki conoce el Poder de Shikon... más que los mismos Hanyou?
- Imposible...
- Para aquel que domine a la perfección el Poder de Shikon nada es imposible. Y según mi punto de vista tú estás capacitado para aprender los designios que dicho Poder reserva para ti... el Elegido...
Inuyasha desvió su vista por un momento de la instigadora mirada del Supremo Canciller. Cómo alguien exterior a los Hanyou podía asegurar un conocimiento superior de aquella fuerza presente en los cristales de la legendaria Perla de Shikon? Era un disparate. Pero la convicción del político llegaba hasta límites insospechados por él.
- Sé que posees el fragmento que el Conde Sesshomaru perdió en la batalla dentro de la "Invisible Hand". Eso aumenta tu poder, tus habilidades... pero no es suficiente conservarlos... poseer más de un fragmento requiere un entrenamiento...
- Lo sé... por eso Miroku se hizo con él...
- Qué dices? – Tatewaki se sorprendió con la respuesta del Hanyou. No era la que esperaba oír.
- Miroku me dijo lo mismo que usted... por eso sólo se nos permite sólo portar uno a los que no somos Maestros Hanyou... él afirma que para alguien con mi temperamento poseer más de un fragmento sería sentenciarme al Lado Oscuro...
- Tu maestro sólo intenta apartarte del camino que quiero mostrarte, Inuyasha. Tal vez porque él ya ha sido seducido por el Lado Oscuro al poseer esos fragmentos...
- Pero él es un Maestro Hanyou...
- Pero no por eso deja de ser un mortal, un ser humano vulnerable a los sentimientos que cualquiera podría experimentar... su falta de control no tiene porqué verse reflejado en ti, mi estimado Inuyasha. Su incapacidad no debe limitarte: recuerda que el discípulo supera al maestro... así lo demostró el Maestro Kenobi en su tiempo, pero ahora eres tú quien debe ocupar su lugar.
Inuyasha estaba más confundido que antes. No podía negar que las palabras de Tatewaki acertaban en los blancos. Miroku había descuidado un tanto sus deberes como Hanyou, y tal vez por eso el General Hakudoshi se le escapó de las manos cuando supuestamente lo tenía todo bajo control, al contrario de él quien logró acabar con el peligroso Sesshomaru en un abrir y cerrar de ojos...
Acaso era éste el ocaso de Kenobi, tal y como Tatewaki predecía?
Inuyasha se puso de pie y se retiró del lugar lleno de dudas...
Otra vez...
Sin olvidar la oferta de Tatewaki... por supuesto.
En el planeta Utapau, una voz ahogada hizo conexión con un enclave en el planeta Coruscant.
- Todo listo parrrrra la fase final, mi Maestrrrro – y apenas terminada la frase tosió sin descanso por unos 10 segundos.
- Excelente, General Hakudoshi. Proceda de acuerdo al plan – un hombre de voz grave y envuelto en una siniestra capucha contestó desde el otro lado de la línea – El fin de los Hanyou se acerca raudamente. Y de manos de quien menos se lo esperan, jajaja.
- Como usted orrrrdene, mi Amo. Cambio y fuerrrrraa… cof cof cof cof coooooooof cof cof cooooooooof!
Y nuevamente la señal volvió a su silencio habitual.
Y bueno! Eso ha sido todo x ahora. Prometo que pronto (AHORA SÍ) subiré o el 6° capi o el primero de otro que está en proyecto, y que verá la luz de la www en la page de Slayers. Un pequeño aviso! Visiten mi flog www(.) fotolog(.)com(slash)hjmaps y háganme llegar sus comentarios, pliiiiis!
Gracias x soportarme x estos lares! Muxos cariños a toooos!
"A splendid time is guaranteed 4 all"
(The BeaTles – Being 4 the Benefit of Mr. Kite)
