Después de casi 3 años, retomo este fic... la verdad, este capítulo ya lo tenía escrito el 2005 y no me había dado cuenta que lo tenía... sí, esas cosas suelen pasar más a menudo de lo que uno cree.

Probablemente a estas alturas ya todos se han olvidado de este fic, pero decidí subir este capítulo de todos modos para no quedarme con esa espinita clavada... de todos modos, estoy pensando seriamente en reescribirla totalmente apenas pueda. Espero les guste está última entrega.


VI

- Pero qué inesperada visita tenemos el día de hoy!!

- No tanto como las noticias que os traigo, Senadora.

Miroku Kenobi entró con paso decidido en la sala de la cámara privada de la Senadora Kagome.

- Dígame, Miroku-sama, a qué motivo debo el honor de verle sentado en mi sala?

Miroku sonrió ante tanto halago.

- Motivo? Yo hablaría en plural, Senadora.

- Soy toda oídos.

Miroku tomó aire. Disponía de poco tiempo y debía comunicar a la senadora las últimas noticias acaecidas en el ambiente.

- Pues... la primera noticia que tengo para sus oídos es que...

- Déjeme adivinar... – le interrumpió, poniéndose de pie y sentándose al lado del Houshi Hanyou – Tatewaki amplió su mandato y consiguió nuevos poderes ejecutivos hasta que Hakudoshi aparezca muerto, no es así?

- Eh... - Miroku quedó con dos puntos en vez de ojos por la sorpresa.

- El Senador Organa se adelantó a usted, Miroku-sama. Tal parece que su rol de reportero del Consejo está siendo opacado por el de un informante más astuto.

Lo había olvidado por completo. Kouga Organa, representante de Alderaan, era uno de los más fervientes detractores de la autoritaria voluntad de Tatewaki. Conoció a Kagome en una de las tantas sesiones del Senado Galáctico, antes de que se reencontrara con el adolescente Inuyasha, y se enamoró perdidamente.

Ella admiraba su tenacidad, su pasión para defender sus causas, su honestidad y sus firmes principios... pero nada más.

- Eso me hace ganar tiempo. Seré breve.

Le contó lo de Hakudoshi, y tras la sorpresa y los comentarios que dejaron al afectado con alergia, Miroku fue al grano:

- Estoy preocupado por Inuyasha.

Kagome le miró. Puso sus manos sobre las del Hanyou.

- Es un sentimiento compartido, Miroku-sama. Estos últimos días ha estado inquieto y consternado – Inconscientemente, se llevó las manos a la barriga. Miroku fijó su mirada en ese punto (tratando de desviar su vista del generoso escote de la senadora) y habló:

- Y quién no estaría preocupado con ésas... digo! esa criatura que se forma en tu vientre, Kagome?

Kagome le miró en estado de shock. Abrió la boca para hablar, pero ningún sonido articuló sus palabras.

- Puedo sentir el poder de Shikon a través de ti – sonrió, poniéndose de pie y dándole la espalda. Kagome le siguió con la vista – Yo estoy de acuerdo en que sean jóvenes y hayan encontrado el amor... pero un hijo es algo serio, y compromete sus carreras al punto de la expulsión.

La senadora Amidala lo sabía. Inuyasha también. Pero decidieron correr el riesgo por el amor que se profesaban.

Bajó la vista. No tenía salvación. No podría ocultar su estado por mucho tiempo. Cuando su barriga comenzara a expandirse...

- Sin embargo, tienen suerte en que yo sea el tutor de Inuyasha.

Miroku se voltéo para enfrentar la expresión de desconcierto de la futura madre.

- Mushin me enseñó que debemos mantener un equilibrio entre nuestras emociones y la razón, y no someter una u otra a una jerarquía arbitraria. Él fue el impulsor de una rebelión que los demás Hanyou rechazaron. Pero yo pienso seguir su ejemplo. Ya me conoces: yo soy un tanto halagador de la belleza femenina... – Kagome levantó la vista, sonriendo -, pero no he tenido el valor para finalmente rebelarme ante mi propia orden, no de un modo violento, sino a través de actos pequeños, como por ejemplo...

...El matrimonio para los Hanyou...

Kagome se quedó de una pieza. Acaso lo sabe... pero quién...

- SoThreePO... – una venita surgió en las sienes y en el puño de la senadora.

- Ustedes me han enseñado una gran lección: debo luchar por aquello que quiero... Cómo quisiera ser unos años más joven y arriesgarme como ustedes lo hicieron, solos contra un mundo hostil y lleno de reglas?

- Pues entonces qué está esperando? Dígale a Sango que quiere hacerla su esposa y asunto arreglado.

Definitivamente Miroku no se esperaba ese comentario. Kagome sonrió cuando el Hanyou se quedó sin saber qué decir.

- O es que le tiene terror a comprometerse, Hanyou mañoso?

- ... este... Kagome... yooo...

- Gracias a usted Inuyasha está conmigo - Kagome se puso de pie como un resorte - Lo ha hecho fuerte para sobrevivir a todas las adversidades que se nos han presentado.

Miroku sonrió, llevando una mano afectuosamente a la barriga de Kagome.

- Mushin me está dando la oportunidad de imponer su voluntad. Este es el principio de un nuevo orden – Kagome le miró, orgullosa de ver a Miroku Kenobi tan abierto para confesarle sus emociones. Hasta que cierta mano cambió de posición a una más trasera.

PAF!!

- VAYA INMEDIATAMENTE CON SANGO!! TIENE SUERTE DE QUE INUYASHA NO ESTE AQUÍ!! – una nueva bofetada le dejó las mejillas parejas. Miroku desapareció raudo argumentando tener que derrotar a Hakudoshi.

Un poco más calmados los ánimos, Kagome Amidala sonrió.

- Quién lo creería? Después de todo, el pervertido también tiene su corazoncito...


Una enome nave descendía perezosamente en la plataforma del Monasterio Hanyou. Una comitiva de destacados miembros de la orden, encabezada por el minúsculo Myouga, esperaban a los nuevos refuerzos traídos desde el lejado planeta Musashin.

- De quiénes se trata, Maestro? – un adolescente Miroku interrogó a su mentor.

El legendario Mushin Jinn se pasó la mano por la barba.

- Según se nos ha informado, se trata de la Maestra Kaede, quien trae a su pupila para su entrenamiento final.

- Maestra? PUPILA?? – Miroku se imaginó la posible anatomía de las pasajeras. Mushin Jinn seguía impávido observando el lento descender de la nave, como el resto de los presentes.

Unos 10 tediosos minutos después, tocó suelo. Las compuertas se abrieron, tan lentamente como el crucero aterrizó. Miroku intentó mantener su temple.

Tras una escenográfica nube de polvo, abandonaron la nave dos siluetas encapuchadas.

Mushin le dio un codazo a su padawan. Antes de que dijese palabra, le indicó:

- Te toca recibir a la padawan. Yo me encargo de Kaede.

Miroku se encogió de hombros cuando notó un brillo de esperanza en los ojos de su maestro. Luego miró a Myouga y éste asintió.

Ambas mujeres descubrieron sus identidades.

La Maestra Kaede resultó ser una anciana con unos varios kilos de más y albos cabellos. Al parecer la decepción fue mutua cuando Kaede divisó bien a su "hermano" de orden: Jinn era un hombre más bien cincuentón, de contextura ídem a la propia, y con cabello en todo el cuerpo menos en su cabeza.

Miroku se burló interiormente cuando el brillo en los ojos de Mushin desapareció sin dejar rastro.

- Los años no pasan en vano, Mushin.

- Tal parece – rió, cuando ambos se abrazaron.

Miroku, a su vez, enfrentó a la mujer más bella que había visto en su vida. La aprendiz de Hanyou tenía un par de castañas por ojos, del mismo color que su sedoso cabello, atado en una cola alta. Traía puesto bajo la capucha un ceñido traje negro con terminaciones rosas, en cuyo cinto, también rosa, se podía observar colgando su sable.

- Hola. Mi nombre es Sango Windu.

Miroku se quedó boquiabierto. Su hermosura era innegable. Cuando volvió en sí unos segundos después, hizo una reverencia, para luego observarla intensamente.

- Miroku Kenobi. Un placer conocerte.

Desde ese momento, Miroku Kenobi se sintió atraído por Sango. Y a través del incesante correr del tiempo, sus sentimientos hacia ella se hacían más intensos. Por un tiempo, intentó sepultar sus ilusiones por medio del entrenamiento constante y la meditación. Pero entonces...

- Miroku Kenobi, tu fragmento de Shikon un altísimo nivel ha demostrado tener. Por eso, listo consideramos que estás para al entrenamiento final asistir...

Había estado esperando ese momento desde que Mushin lo descubriera como él único sobreviviente del asesinato de sus padres por un Youkai menor, intentando obtener su fragmento de la perla. El Consejo en pleno miraba aprobatorio al joven padawan.

- Qué debo hacer, Maestros?

- A la padawan Sango Windu asistirás en su entrenamiento final. Un duelo.

Su corazón dio un vuelco.

- QUÉÉÉÉÉÉÉ??

- El Consejo decidió que, como ambos se encuentran por dar el mismo paso, un enfrentamiento entre ustedes sería lo adecuado para probar su fortaleza, su estrategia y su poder – Mushin le informó a su pupilo.

Dejando en pausa sus memorias, Kenobi logró llegar al hangar.

- Su nave está lista, señor – Kohaku se cuadró cuando el Hanyou inspeccionó la pequeña nave – el Kogitsune Droid de su nave es un prototipo, pero según los técnicos es muy efectivo.

- Reúne dos escuadras que vayan conmigo. El resto esperará órdenes de la Maestra Windu. Todos alerta, de acuerdo?

Kohaku activó un botón de una diminuta esfera que sacó de su cinturón. Unos compartimientos se separaron, apareciendo rayos de luz que formaron una figura tridimensional que iluminó el lugar donde estaban.

- Este es el mapa que envió nuestro espía. Supuestamente Hakudoshi está preparando un ataque masivo en varios frentes. Esto comprendería cierta cantidad de sistemas del escudo exterior...

- Sí??

- Excepto Coruscant, señor.

Ambos hombres se miraron en silencio por varios segundos.

- Motivo aún mayor para mantener las tropas en alerta roja, Comandante.


Y llegó el ansiado día. Por fin averiguaría cuál era el nivel de su rival. Y aunque en cierta medida no quería pelear contra él, era el precio para convertirse en Taijiya Hanyou.

Y estaba dispuesta a pagarlo...

Vio a Miroku llegar a la plataforma acordada por el Consejo. No podía ver su semblante oculto en las sombras de la capucha. Pero eso no la desalentó. Todas sus esperanzas estaban puestas en esta batalla.

Myouga explicó las reglas. El duelo se realizaría hasta que uno de los dos se rindiera... o muriera. Toda técnica estaba permitida. Podían usar tanto sus sables como sus habilidades con el poder de Shikon.

Ambos padawan se pusieron en guardia. A una señal, comenzó el duelo.

Sango atacó primero. Miroku sólo se defendía, así que optó por presionarlo con una lluvia de sablazos, que Miroku bloqueaba con reflejos felinos. Estuvo a punto de desequilibrarlo, pero logró reponerse de un casi irremediable corte a su cabeza. Sango estaba peleando en serio. Se separaron unos 5 metros. La capucha de Miroku se deslizó para por fin revelar su expresión. Sango notó tristeza en sus ojos, y un deseo incontenible de acabar con todo esto, pero en el fondo también veía la chispa de la batalla y de vencer al enemigo. Estaba dolido, pero también se jugaba su futuro, por el que había soportado los arduos entrenamientos desde la infancia. Y no iba a dejar que una oportunidad sí se le escapara como agua entre las manos.

Fue el turno del Houshi en potencia para sorprender a su enemiga. Rápidos movimientos comenzaron a desorientarla, pero estaba atenta. Sus reflejos eran excelentes. Destellos de luz volaron por los aires, algunos que rasgaron las ropas, otras que alimentaron sus ansias de lucha.

Y así estuvieron por horas.

Ninguno se dejaría vencer. Pero ya era tiempo.

- Eres una excelente oponente. Presentí tus capacidades desde el momento que te vi. Te admiro por ello – Miroku reconoció la fortaleza de su enemiga.

- Tu maestro hizo un buen trabajo en ti, Kenobi. Pero quien gane este duelo seré yo.

- No me subestimes, Sango.

- En ningún momento lo he hecho, Miroku.

Y era cierto. Sango siempre había confiado en las habilidades de Miroku, y en esa batalla aprendió más de lo que Kaede le enseñó jamás. Él había luchado en más batallas que ella, hecho que no cambió con el tiempo, pero por algún motivo que desconocía, en aquella ocasión...

- Maestro Myouga – Sango llegó aceleradísima al encuentro con su segundo mentor – Las tropas Sengoku han localizado al General Hakudoshi.

Myouga sintió un dolor en el pecho. Un presentimiento proveniente de lo más oscuro de sus premoniciones. Algo muy malo pasaría. Pero no podía asegurar qué.

- La tropas en alerta están?

- Todas nuestras filas lo están.

Sango desapareció del rango visual de Miroku por unos segundos. Este intentó no perder la calma, y estaba en eso cuando lo atacó por detrás. El sable rasgó su brazo izquierdo, pero no tuvo tiempo de lamentarse por ello pues un nuevo ataque le emparejó el otro brazo. Sus terminaciones nerviosas no le respondían, y se vio obligado a soltar su sable. Sango lo pateó lejos, asegurándose de que no pudiera alcanzarlo, mientras Miroku se dejaba caer sobre sus rodillas para aplacar un poco el molesto dolor de los certeros cortes. La sangre entintó sus vestiduras, y se fundió con su sudor cuando Sango le hizo levantar la vista para quemar sus muslos. El dolor que experimentó era indescriptible.

- Te rindes, Kenobi? – no podía creer la frialdad de Sango, pero estaba en su justo derecho. Miroku decidió imitarla.

- Te dije que no me subestimaras.

No supo cómo, pero Miroku dio un giro en el suelo, atrapó el pie de Sango con los suyos, haciéndole perder el equilibrio, momento que él aprovechó para hacerse con su sable con ayuda del poder de Shikon, amenazando su garganta.

- Tú tampoco deberías hacerlo, Kenobi.

En otra fracción de segundo, Sango se hizo con el sable de Miroku y le amenazó con la incandescente luz lo que en ese momento estaba a su alcance...

... sus partes nobles...

Miroku tragó saliva.

- Podemos dejarlo como un empate?

- Lo tomaré como tu derrota.

Kohaku usó un radio que tenía en el cinto y llamó a las escuadras que acompañarían a Kenobi.

- Sección Azul. Reúnanse en el Hangar 18. El General Kenobi será su líder. Su misión: derrotar a Hakudoshi.

Una oleada de soldados vestidos con armaduras blancas y cintos azules portando armas láser corriendo al mismo paso se movilizó rápidamente a través del Hangar 18, abordando la nave de transporte que los llevaría hacia la localización de Hakudoshi.

Utapau, planeta del Escudo Exterior...

Kenobi dirigió una arenga final a su equipo.

- Si bien hemos estado antes en ocasión de atrapar a Hakudoshi, esta vez es diferente. Estoy seguro de que este ataque encierra algo más; el líder de esta rebelión maligna planea dar un golpe de gracia, pero nosotros moveremos nuestras piezas primero, y estoy seguro tendremos éxito. La República cuenta con nosotros, soldados. No la defraudemos!!

El Hangar se estremeció cuando la nave comenzó su ascenso hacia la salida superior, mientras la llamada de alerta ululaba por todo el Monasterio Hanyou.

Desde la Cámara del Consejo, mentor y discípula observaban las naves alejarse a su destino. Sango apretó los puños, sintiéndose inútil desde su posición. Ella quería destruir con sus propias manos al enemigo, ese enemigo común que acabó con su familia, que asesinó a tantos de sus "hermanos" y que diseñaba tales intrigas con tal de derrocar el establecido régimen democrático.

Pero, más que nada, temía por la vida de su más cercano hermano.

La calma conservar debemos, Sango – se pronunció el diminuto anciano de blanquecinos cabellos – trabajo que hacer nosotros también tenemos.

Maestro? – Sango le miró confundida, apartando por una momento su mente de la nave que se perdía en lotananza.

No hay mucho más que decir... simplemente espero sus comentarios en la sección de reviews o dirigidos a mi mail. Los espero!