Los personajes no son mios, pertenecen a Stephenie Meyer.

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Los visitantes

Los días pasaron sin nada extraordinario que saliera de la normalidad, de mi normalidad. Cada día visitaba a Edward, el cual se recuperaba excesivamente rápido. Él me visitaba cada noche mientras yo dormía, abrazada, con su cuerpo contra el mío. No teníamos que mandar invitaciones, Edward ya las había enviado todas. Reconozco que me enfadé un poco cuando me lo contó, pero fué un gran alivio tener que pensar menos en la boda, casi ni me acordaba de ella. Me daba miedo pensar que habría puesto en cada invitación, en concreto en la de Jacob y Billy. No había noticias de él. Lo único que me dijo Billy cuando le llamé fué que se había ido lejos. Lo asombroso fué que Charlie ya no le hacia la vida imposible a Edward cuando este venia con muletas acompañado de Alice a casa. Ver a Edward actuar como si realmente estuviera recuperándose de un ataque que le podría a ver costado la vida a cualquier humano me hacia mucha gracia. Era un gran actor.

Aquel día no parecía que fuese a ser diferente de los demás. Edward me despertó con su habitual beso en los labios. Era una nueva costumbre de despertarme, y yo no me quejaba.

Le miré de reojo mientras escogía unos tejanos y un jersey naranja. Sonreía de forma picara, esa sonrisa que me hacia deducir que él sabia algo que yo no y no me lo pensaba contar.

-Bella-aunque quizá si que me lo contara-me voy a tener que ir ya, Charlie aún no a ido a trabajar, quiere hablar contigo. Esta abajo esperándote.

-Que quiere?-necesitaba saber de que iba la conversación para estar preparada, pero Edward nunca me decía nada concreto sobre lo que leía en las mentes. Esperaba que no fuese otra charla sobre sexo.

Me miró mi rostro asustado y preocupado, inquieto, y se le escapó una risita.

Le fulminé con la mirada.

-No te preocupes cariño, Charlie no muerde.

Le miré a los ojos sorprendida por la frase. Él se dio cuenta y los puso en blanco. Eso me hizo reír.

-En fin, cuanto antes baje, antes se irá y antes podrás volver.

-Te esperaré en mi casa

Me dio un beso infundiéndome ánimos. Cerré la puerta tras de mi. Bajé lentamente hasta llegar a la cocina. Había preparado el desayuno. Eso no era propio de él. Tenia que ser algo serio para tomarse tantas molestias. Habría encontrado a alguien que pudiese acusar del intento de asesinato, si se puede decir así, y del ataque a Edward? Me asusté solo de pensar en algún inocente pagar por algo que no había hecho.

Me senté y le miré esperando a que hablara.

-Veras Bella...-iba al grano, por primera vez desde...no se, desde hacia mucho.-faltan solo cuatro días para tu boda y...no se si mi traje debería ser blanco o negro.

Me quede quieta, pensando en lo que había dicho. Que importaba el color? A mi me daba igual, seguro que le sentaban bien los dos... empezaba a pensar mejor. Había dicho lo que había escuchado?

-Vas a venir?!-Dije esperanzada. Me inundó un gran sentimiento de felicidad y gratitud hacia Charlie.

-Quien te iba a llevar del brazo sino?

-Claro papa, quien sino?-Me sonrió agradecido.

-Pero pensaba que no querías que me casara, que era muy pronto para mi. -Me contuve el verdadero motivo que había chillado cuando se lo dijimos, que teníamos un ejemplo delante de lo que nos iba a pasar.

-Ya, bueno. Alguien que salva la vida de mi niña sin importar la suya... se merece estar a tu lado.

Unos golpecitos en la puerta de entrada nos interrumpieron. Me levanté sin saber quien podría llamar a estas horas. Quizá era Edward que había estado escuchando y pensaba que era el mejor momento de hacer aparición. Abrí la puerta. No era Edward. Dos pares de ojos me observaban llenos de emoción desde el umbral de la puerta. No podía creer lo que veía. Que hacían allí? Aún faltaban días! Ya habíamos tenido esa conversación y ellos no habían dado muestra de ningún tipo de desacuerdo.

-Quien es, Bella?-Preguntó Charlie desde la cocina.

Me había quedado sin hala. Les observaba atentamente y ellos me observaban a mi.

-Pensamos que estarías sola.