Los personajes no son mios, pertenecen a Stephenie Meyer.

----- ---- ---- ---- ---- ---- ---- ---- ---- ----- ----- ----- ----- ----- ---- ---- --

La boda

Ese era el gran día. El día anterior todos habían estado excesivamente cariñosos y atentos conmigo; tampoco me iba a escapar, no hacia falta tanta vigilancia, porque si, eso es lo que era, vigilancia. Tan poca fe tenían en mi?

Decidí que no podía seguir durmiendo. Me fui al baño y me metí en la ducha. Dejé que el agua me calmara los primeros nervios que empezaban a asomar.

-Bella?-la voz de Alice me llego desde abajo.

-Estoy en la ducha Alice, quedamos que vendrías a las 10, que hora es?

-Ya pero... te tengo que arreglar bien, nada puede ir mal, así que he vendió un poco antes.

Salí de la ducha y me cubrí el cuerpo con una toalla. Mire mi reloj. Las 6. Eso era un poquito pronto??!! Debí de haberlo supuesto siendo Alice quien me iba a preparar para la boda.

Ya me esperaba en mi cuarto con una bolsa de tela donde debía estar el vestido.

Cuando Alice lo sacó me dejo alucinada. Ya lo había visto una vez antes pero... no podía acostumbrarme. Era digno de una princesa. No encajaba conmigo, pero ya no había vuelta atrás. Con sumo cuidado me puse el conjunto interior, blanco, con encajes azules. En realidad me daba vergüenza que me viesen con esa ropa, era demasiado...sexy. No pude contener a Alice que se me abalanzó para ponerme rápidamente el vestido y ver por fin con sus ojos lo que sus visiones le habían enseñado.

Tantos metros de ropa y me sentía desnuda.

El traje era sencillo, liso y la falda con distintos encajes haciendo pequeños dibujillos de rosas en relieve, de un tono azul cielo muy suave o. La verdad es que Alice tenia mucho gusto para estas cosas. Me puse unos zapatos blancos con un brillantito en la cinta que me sujetaba el pie mientras cierta vampira rebuscaba entre su bolsa. Por fin encontró aquello que quería. Un hermoso collar de plata con pequeñas rosas incrustadas. Al ponérmelo me di cuenta de que realmente realzaba mi figura. El pecho quedaba en una bonita forma con el pequeño escote que el vestido tenia, y con el collar, realzaba el color de mi piel. Cogí los pendientes que me había regalado mi madre, unas bolitas azules con alargues plateados. Alice saco sus utensilios de belleza y me horroricé al pensar lo que podría tardar en conseguir el efecto deseado por ella en mi pelo. Para mi sorpresa no tardo mucho. Me hizo un recogido con trenzitas de forma que dejaba caer mi pelo detrás. Puso un par de adornos en mi cabello y se preparó para la difícil tarea de maquillarme. Nunca pensé que se necesitasen tantas cosas para una boda. El maquillaje era sencillo, casi no se notaba que iba maquillada.

Cuando me mire al espejo no me lo podía creer. No parecía yo. Me pregunté si Edward seria capaz de reconocerme.

Alice se empezó a poner su traje. Un bonito vestido color crema que la hacían aparentar mas años de los que realmente aparentaba. Que ironía, ella, tan joven y mayor a la vez. Me pregunté si yo seria diferente, si cuando me transformase cambiara, si envejecería... tonterías, me quedaría con la misma apariencia que ahora, y mejoraría mi aspecto, eso si era un regalo para Edward.

Había insistido tanto en ir yo sola a la iglesia que todo se habían marchado ya. Alice me miró y se dirigió resignada por no poder acompañarme hasta su coche. Esa era la parte que no le gustaba de mi boda. Edward no había parado de reír cuando se lo dije. Iba a ir en mi Chevy, ella también merecía asistir, y nada mas y nada menos que transportando a la novia. Aun faltaba mas de una hora para que empezara, y se suponía que yo tenia que llegar tarde. Decidí dar una vuelta para despejarme. Fui recorriendo la carretera, viendo los arboles a mi alrededor, el cielo azul, la brisa que me acariciaba la piel se colaba por la ventanilla...Perdí la noción del tiempo. Cuando me quise dar cuenta ya pasaban 20 minutos del inicio de mi boda. Apreté el pedal del acelerador y me dirigí a la iglesia sin poder pensar claramente lo que hacia.

Cuanto mas cerca estaba mas coches había. No habíamos enviado tantas invitaciones, era un punto importante que habíamos aclarado para no hacer una boda rápida en Las Vegas. Deje mi Chevy encima del arcén y baje corriendo.

Charlie iba de un lado a otro delante de la puerta de la iglesia mirando al suelo. Levanto la mirada y me vio. Vi como se tranquilizaba un poco al momento. Corrí con el final del vestido en la mano hasta llegar a su lado.

-Bella... tendrías que ponerte el velo ya.

Me lo puse rápidamente mientras le observaba en el sitio. Iba muy guapo, con su traje negro con una flor en la solapa. La corbata azul realzaba esa juventud escondida que pocas veces sacaba a relucir.

-Estas muy guapa cariño.-Dijo mirándome apreciativamente.

-Tu también papa.

Me tendió el brazo justo cuando empezaban a repicar las campanas. Me arme de valor y di el primer paso. Rápidamente Charlie me alcanzó para ir a mi lado. La iglesia era pequeñita y daba un calor familiar, pero estaba llena, no podía ver ni un solo asiento sin ocupar. Vi muchas caras conocidas y otras no tanto; pero eso dejo de importar en cuanto vi al ser mas perfecto que habia visto en mi vida. Edward se encontraba contemplándome desde el altar, de pie, mas guapo que nunca. Con su traje blanco y su corbata negra parecía todo un modelo. Sus ojos resaltaban por encima de todo, ese color dorado que me undia en mil sueños. Me dedicó la mas maravillosa sonrisa en su rostro angelical. Valía la pena casarse si podía verle relucir de felicidad.

Ese pequeño pasillo me pareció infinito, y supongo que para Edward también, ya que bajo y acortó la distancia que nos separaba. El final de la alfombra roja lo recorrí junto a él.

La ceremonia fue sencilla. Estaba decorada con lirios blancos y florecillas azul cielo a conjunto con mi ramo.

-Si alguien aquí presente tiene algún motivo por el cual esta pareja no puedan ser marido y mujer que hable ahora o calle para siempre.

Un aullido profundo lleno de dolor que taladraba el corazón invadió toda la iglesia. Todos nos giramos hacia la puerta para contemplar a un enorme lobo que nos observaba sin atreverse a entrar.