Los personajes no son mios, pertenecen a Stephenie Meyer.
Quiero avisar de que este capítulo no tiene nada de subidito de tono, pero puede que a alguien le incomode mi bocavulario en alguna parte, aviso ahora que si hay alguien que no quiera leer escenas que le hagan imaginar cosas no aptas para menores que no lea este capítulo.
Por último me gustaria dar las gracias a esas personas que hacen que quiera seguir escribiendo.
Natievans14, PkanaPcosa, karyta34, giselle, Mati, Alma, artemisa black y Pirra: gracias por dejar review A partir de ahora contestaré como dios manda a los reviews al final de cada dos o tres capítulos. Un gracias en especial a karyta34 y a giselle que me han apoyado desde el principio y siguen leyéndome.
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Marido y mujer
Todos nos giramos hacia la puerta para contemplar a un enorme lobo que nos observaba sin atreverse a entrar.
Observé horrorizada como Jacob entraba lentamente a la iglesia enseñando sus afilados colmillos. Y entonces me estremecí. Sus ojos no eran humanos, ese no era mi Jacob, mi Jacob nunca había tenido esos ojos asesinos. Edward se interpuso en el camino del lobo ocultándome tras su cuerpo. No pude evitar asomarme y mirar la mirada feroz de aquel animal que se nos acercaba. La iglesia estaba en silencio, todos pendientes y aterrados por aquella escena.
Sin previo aviso, cuando estaba a escasos metros de nosotros, una silla de ruedas se interpuso en su camino. Billy le miraba a los ojos directamente. No entendí aquello, se suponía que era su padre, entonces, aquella mirada de furia?
-Vete a casa, ahora- Billy tenia un tono alto, autoritario. Nunca había oído su voz así. Sentí un gran apreció hacia aquel hombre cuando aquella extraña bestia que se asemejaba exageradamente a Jacob retrocedía hasta perderse en el bosque.
Toda la iglesia aplaudió agradecida de como se había solucionado todo. Me dispuse a darle las gracias cuando este se giró y me dedicó una mirada del mas terrible odio. Me quede quieta sin saber que hacer o decir.
-Ya podéis continuar con vuestra preciosa boda- No había alegría en aquellas palabras, tampoco tristeza.
Verdaderamente aquel lobo era Jacob? se habría ido de verdad como me dijo Billy cuando se lo pregunté?
La boda continuó finalizando muy rápido y los invitados olvidaron la interrupción con bastante facilidad. Les esperaba una gran fiesta y nada eclipsaría sus momentos de disfrute y felicidad.
Al acabar y salir de la iglesia nos llovió pétalos de rosas que lanzaban felices nuestros familiares y amigos. Edward y yo nos subimos a su coche y fuimos directamente a su casa. Estaba todo espléndidamente engalanado para la ocasión. Alice había hecho un excelente trabajo, como siempre. Los Cullen se habían mostrado muy amables al querer celebrar nuestra boda en su casa. Miré a los ojos de mi marido. Que bien sonaba aquella palabra ahora. Él me respondió con una sonrisa y me condujo hasta su habitación cuando la fiesta se dio por finalizada. Los dos sabíamos que iba a pasar ahora y al recordarlo me sonrojé. Me acarició mis mejillas con sus fríos dedos.
-Te quiero, Bella Cullen. -y me dio un suave beso en los labios.
No me supe contener y mi lengua ya buscaba la suya mientras mis brazos buscaban su piel debajo de la camisa.
Noté como si volara y al separar mis labios de los suyos para coger aire y ver porque no me rechazaba como siempre, abrí los ojos y me maravillé de lo que estos veían.
Estábamos en su cama sin saber como había llegado allí.
Miles de pequeñas velas blancas llenaban de luz y sombras la estancia. Me llegó el fantástico aroma de infinidad de pétalos de rosas repartidas por el suelo y la cama. Varias tiras de seda de distintas tonalidades de rojo colgaban del techo. Estaba tan maravillada observando semejante paraíso que me costó asimilar que sonaba una suave melodía romántica de fondo. Busque a Edward con la mirada y lo vi ya sin chaqueta y con algunos de los botones de su camisa desabrochados dejando su escultural pecho incandescente a la vista de mis estupefactos ojos. Tenia el brazo hacia mi esperándome para bailar. Me levanté y me acerque hacia él. Me abrazó y empezamos a movernos lentamente, sin despegar nuestros cuerpos. Sabia que oiría los latidos de mi corazón.
Estaba extremadamente guapo y me perdí en su mirada mas oscura que un caramelo pero con un matiz dorado encantador. Entonces vislumbre bajo esa mirada de amor otra muy diferente, la de la duda y la preocupación.
-Bella... estas segura de querer hacerlo?- su voz no dudaba, era seria y segura.
-Si. Te quiero y es lo que mas deseo en este momento. Tu no, Edward?
Esperé una respuesta que no llegó. Y si él no quería? Seguimos bailando apretados entre nuestros brazos. No se cuanto tiempo pasó. La música nunca paraba y nos obligaba a seguir. Nuestros ojos no dejaron de observarse mutuamente.
-Si quiero-su voz me sobresaltó. Hacia mucho rato que estábamos en silencio pero eso no me impidió pillarlo a la primera. Al momento mi corazón decidió que habían llegado las olimpiadas. Mi rubor empezó a extenderse por mis mejillas y con sumo cuidado Edward empezó a besarme el cuello mientras sus hábiles manos me bajaban la cremallera del vestido. Me estaba derritiendo y él lo notó. Me dedicó una sonrisa picara mientras yo decidía que él no será el único en jugar a aquel juego. Mis temblorosas manos desabotonaron con torpeza sus pantalones a la vez que él me acariciaba mi espalda hasta llegar al cerrojo de mi sujetador. Me cogió de la cintura sin ningún esfuerzo mientras nuestros labios luchaban por encontrarse. Me dejó con delicadeza en la cama mientras nuestras miradas se encontraban. Sobraban las palabras, nuestros ojos nos lo decían todo. Me estremecí cuando sus suaves labios se deslizaron cuello abajo con deliberada lentitud.
Ya no había tela que nos impidiera sentir nuestros cuerpos deseosos de sentirnos mas y mas. Cuando sus manos se acercaban a mis pechos se detuvo y me miró a los ojos. Me estaba preguntando si quería que siguiese.
Me dejaba escoger. Como respuesta mis labios se hundieron en su cuello mientras mi lengua se deleitaba con cada poro de su piel. Un leve gemido salió de su interior y ya no pudo contener sus deseos humanos.
