13. PREPARADO PARA LUCHAR

Severus notaba la tensión que habitaba en el ambiente. Cada segundo que pasaba el Señor Oscuro estaba más nervioso y como consecuencia de ello sus mortífagos también, la presión a la que eran sometidos era insoportable, cada misión exigía su cumplimiento perfecto, sino esperabas una tortura, una dolorosa tortura y eras afortunado si podías salir del castillo caminando, sino te tenían que arrastrar para sacarte.

El único mortífago con motivos para esbozar una pequeña, por muy pequeña que fuera, era Severus. Quizás el Señor Oscuro lo había notado, había notado como poco a poco su alma era destruida, quizás había ido perdiendo fuerza, quizás había dejado de ser el mago mas poderoso de la historia con esas pequeñas pero importantes derrotas. Quizás estuviera llegando el momento, el momento de acabar con esa maldita guerra que solo había creado desgracias tanto en la comunidad mágica como en la muggle. Pero eran demasiados quizás y ninguna respuesta segura, todavía había que seguir trabajando para que las dudas dejaran de impregnar el ambiente, para estar seguro de que bando era el que iba a cantar victoria y cual era el que iba a ser sometido. Había que luchar por sobrevivir.

Severus sintió un conocido quemazón en el brazo. Salio del salón, en busca de Colagusano, necesitaba saber si le había llamado a el también, si esa iba a ser la última llamada. Por fin encontró a Colagusano, estaba en su cuarto, vistiéndose, cogiendo el abrigo, preparándose para lo que muchos ya sospechaban que iba a ser la batalla final, la que decidiría todo.

"¿Te ha llamado también a ti?" Pregunto Colagusano atónito.

"Si" Contesto él sin nervios. Despacio se dirigió a su habitación e hizo lo mismo que estaba haciendo el traidor con el que tanto tiempo había convivido. Cogió una capa con la que abrigarse y se guardo su varita. Sin mas preparativos, se desapareció, acudió a la llamada de su Señor.

Al llegar al castillo se asombro de la cantidad de mortífagos que había reunidos, muchos eran conocidos, antiguos compañeros de otras batallas, pero también había algunos que jamás hubiera sospechado que pudiera encontrar allí. Magos respetados por la comunidad mágica, magos que nunca habían defendido la pureza de sangre, magos que se suponía que estaban del lado de Dumbledore, magos que se suponía que deberían estar en sus casas preparándose para defenderla, no preparándose para atacar la de los demás.

Sintió otra quemazón en el brazo. Miro a su alrededor para comprobar que a todos sus compañeros les había pasado lo mismo ya que todos miraban a su alrededor para comprobar que era lo que había sucedido. El antiguo profesor de Hogwarts vio miradas que reflejaban miedo, que reflejaban obligación, que reflejaban decisión, que reflejaban odio. Rápidamente aparto sus ojos de las miradas ávidas de los demás ya que no sabia que era lo que reflejaba su mirada y por si acaso prefería que el resto no lo supieran, que no indagaran en su mente ya que era demasiado peligroso y no había llegado hasta ahí para no terminar lo que había empezado.

De repente ante ellos apareció, el Señor Oscuro, estaba encima de un gran escenario para poder hablar con claridad, para que todos sus siervos pudieran escucharle bien. Severus sintió repugnancia ante la escena que estaba presenciando, ante la escena que estaba protagonizando. Decenas de mortífagos sirviendo a un simple hombre, nadie podía negar que era poderoso pero al mismo tiempo era cruel, era diabólico y más que nada, era un simple hombre y ni siquiera eso, ya no era un hombre como él, como las decenas de mortífagos que le miraban atentamente, no tenía ni siquiera un cuerpo joven del que presumir, no tenía un alma completa de la que alardear. Su alma había sido dividida, dejando algunos trozos en objetos inertes, algunos de ellos incluso habían sido destruidos debilitando al que muchos habían osado llamar el mago más poderoso de los tiempos. A pesar de su debilidad que muy pocos afortunados conocían la mirada del Señor Oscuro era altiva, expresaba la seguridad que se sentía ante una victoria inminente. Una idea cruzo la mente de Severus, a lo mejor estaba seguro de que no habían sido destruidos todos los horcruxes porque ante el tuviera uno, porque la serpiente que siempre le había servido, había sido utilizada para algo más que lo evidente. Esos pensamientos dieron una nueva esperanza al que seguía siendo fiel a Dumbledore a pesar de que estuviera muerto, a pesar de que él mismo se hubiera convertido en su asesino. Su nueva misión dijera lo que dijera su amo era destruir a la serpiente y entonces quizás así el Señor Oscuro podría ser derrotado por fin. Rápidamente contó en su cabeza: el diario que Harry había destruido en segundo, uno; el anillo del que Dumbledore se había encargado hacia dos veranos, dos; el guardapelo que le dio a Lupin, tres; la copa de casa de Parkinson que había ayudado a conseguir al trío, cuatro; la serpiente de la que se iba a encargar en cuanto tuviera la mas mínima oportunidad, cinco; Voldemort, seis; faltaba una, una parte de su alma, Voldemort había divido su alma en siete, o al menos esas eran las sospechas de Dumbledore, y solo era posible destruir seis, en ese momento y por primera vez en su vida Severus rogó, rogó porque Potter la hubiera encontrado, rogó porque una casualidad del destino le hubiera impedido a Voldemort la séptima división, rogó porque alguien, en algún momento hubiera destruido ese pedacito de alma que podría impedir la victoria, la llegada de la tan ansiada paz.

"Queridos mortífagos" Empezó a hablar Voldemort haciendo que Severus saliera de su ensimismamiento "Queridos amigos, os he llamado ante mí para comunicarnos una gran noticia. Quiero deciros que lo que habéis estado esperando con tanta impaciencia esta a punto de llegar, el fin de la guerra, una guerra cruel en la que muchos de los nuestros han caído injustamente, luchando por la supremacía de la raza mágica frente a la inferioridad de los muggles. Hoy va a ser la batalla final, la última batalla, las últimas muertes. Os pido que luchéis con valentía para ganar, para poder gobernar, para poder llevar a nuestro mundo a un futuro mejor" En ese momento hizo una ensayada pausa para que todos los mortífagos llegaran a la misma conclusión, a la conclusión de que él tenía razón, que luchaban por el bien. Después sin vacilar continuó "Tras muchos esfuerzos hemos encontrado a mi máximo enemigo, Harry Potter, tras mucho trabajo hemos dado con él y ahora solo hay que acabar con esto, solo tenéis que encontrarle, solo le tenéis que traer ante mí para acabar con él, acabar con esta lucha para siempre. Ellos todavía no lo saben pero nos están esperando en el valle de Godric." Ya estaba dicho, ya estaba decidido, el lugar en el que tendría lugar la última batalla, el último escenario de esta cruenta guerra. "Y recordad Potter es mío, el resto son vuestros premios, vuestros juguetitos"

Sin esperar más palabras los mortífagos empezaron a desaparecer, unos se dirigían al valle y otros a avisar a sus familias, a avisar al ministerio ya que había llegado el momento en el que no era necesario tener dos caras, los pocos espías de la Orden que habían conseguido entrar a las filas enemigas ya no necesitaban mas información, tenían que entregarla, volver a su verdadero bando, luchar por lo que consideraban justo. Al igual que hizo Severus, esperó a que ningún mortífago quedara en la estancia, a que el propio Voldemort hubiera desaparecido, a que el único ser vivo que le acompañara en la estancia fuera una serpiente mientras recordaba la última reunión que había tenido antes de una batalla cruel como esta, hacia ya un año pero había sido una reunión muy diferente a la que acababa de presenciar.

--Flash back--

Estaba dirigiéndose hacia Hogsmade, había quedado con Tonks en las Tres Escobas. Iba tranquilamente, feliz porque iba a pasar toda la tarde con ella. La vio en la puerta, estaba esperándole fuera, no entendía porque no había entrado. Se acercó y le dio un suave beso en los labios.

"¿Por qué no has entrado?" Le preguntó él mientras la miraba, estaba preciosa, con su pelo rosa chillón, el colgante que tiempo atrás la había regalado y la cara de preocupación que tan bien conocía él. No había pasado mucho tiempo desde que le había declarado su amor pero Severus tenía que reconocer que habían sido los días, las semanas más felices de toda su vida y estaba temblando temiendo que se acabara, porque no pudiera evitar que esa felicidad llegara a su fin.

"Remus me ha mandado un mensaje" Dijo ella como toda explicación.

"¿Qué pasa?" Preguntó Severus intentando no dejar traslucir los celos que sentía ante el licántropo ya que nunca podría olvidar que antes había estado enamorada de él y que había sido él quien la había rechazo, siempre tendría la duda de si pudiera elegir entre los dos si sería él el elegido.

"Tengo que ir al castillo, ¿no sabes nada?" Preguntó ella interesada.

"A mi no me han dicho nada y eso que me he cruzado con McGonagall al salir de allí" Contestó él tan confuso como ella. Sin dar tiempo a que Tonks añadiera nada sintió una dolorosa quemazón en el brazo, él también estaba siendo llamado. La metamorfomaga notó el gesto que no pudo evitar hacer Severus.

"¿Te llaman?" Le preguntó preocupada.

"Sí" Contestó mientras se acercaba y la abrazaba con fuerza.

"Ten mucho cuidado" Dijo ella pegada él.

"Tú también" Los dos se habían dado cuenta de que esas llamadas no eran un buen augurio y ninguno de los dos quería separarse, querían ir juntos, fuera cual fuera su destino.

"Volveré lo antes que pueda" Le dijo Severus mientras la separaba lentamente y la besaba dulcemente. "Te quiero, no lo olvides nunca" y sin dejarle tiempo para que respondiera desapareció.

Severus se apareció en el castillo en el que sabía que estaban esperándole, para su sorpresa no había nadie en la sala en la que le estaba aguardando el Señor Tenebroso a excepción de la compañía que siempre tenía, la serpiente gigante, Nagini.

"Hola Severus" El profesor de defensa se arrodilló ante su señor. "Supongo que te asombrará esta llamada, solo quiero avisarte de algo que va a pasar en Hogwarts esta noche" Un escalofrío recorrió a Snape de arriba abajo, la Orden debía saber que algo iba a pasar en el colegio, por eso habían avisado a Tonks, pero… ¿por qué no le habían avisado a él? ¿Por qué se tenía que enterar por el Señor Oscuro? A pesar de todas las dudas que cruzaban su mente la mantuvo cerrada, practicando la oclumancia que tiempo atrás había intentado enseñarle a Potter sin éxito. "Por fin hemos encontrado la manera de entrar en el colegio y esta noche van a atacar, no quiero que te involucres, quiero que te encierres en tu habitación, todavía es demasiado pronto para ti, me sirves más como espía que como mortífago. ¿Está claro?" La orden asombró al profesor de Hogwarts pero seguía arrodillado sin mirar a la cara a su señor. Por fin dijo:

"Sí, mi señor" Severus hizo el amago de incorporarse pero la voz de Voldemort le detuvo.

"Solo quiero que actúes en un caso, quiero que me atiendas bien y que no falles, solo en el caso de que Malfoy no lo logre, de que Malfoy no sea capaz de llevar a cabo su misión quiero que actúes, quiero que seas tu el que lleve a cabo su trabajo en el caso de que el chico no pueda" Esta orden asombró aún más a Severus pero aún así volvió a repetir.

"Sí, mi señor" Ya se pudo levantar puesto que Lord Voldemort no volvió a hablar, no volvió a sorprenderle.

Lentamente salió del castillo. Muy al contrario de lo habitual el lúgubre castillo estaba prácticamente vacío, apenas se oía nada excepto los pequeños elfos domésticos que sin importar la situación en la que se encontraran seguían trabajando, cumpliendo órdenes.

Una vez fuera en los tristes jardines que rodeaban al castillo se desapareció para volver a aparecer en la habitación que Tonks tenía alquilada en Hogsmade. Había ido allí con la esperanza de que ella no hubiera ido todavía al castillo para impedírselo, para que no se metiera en la boca del lobo. Pero la pequeña habitación en la que en esos últimos días había pasado tan buenos momentos estaba desierta. Muy lentamente la abandonó, apenas podía caminar, sentía como sus pies pesaban mucho más de lo habitual, todo su cuerpo sabía que había llegado el momento, el instante en que tendría que cumplir promesas, la que había hecho a Narcisa ante Bellatrix, la que había hecho a Albus delante de Lupin, el instante en que tendría que cumplir órdenes, la que le acababa de dar el Señor Oscuro, sabía que Malfoy no sería capaz de culminar su misión, era todavía un crío que no sabía lo difícil que era matar.

Mientras volvía lentamente al castillo donde había pasado tantos años de su vida tenía miedo, miedo de hacer lo que debía hacer, miedo de lo que los demás iban a pensar de él, terror de la cara de Tonks, de sus pensamientos cuando descubriera que él no era más que un asesino, que había matado a quien representaba la esperanza para el mundo mágico. Terror al odio de Tonks, terror a volver a mirarle a esos ojos cambiantes que siempre cuando le miraban tenían esa misma expresión, esa mezcla de travesura, de fastidio y de amor.

Ya podía ver el castillo, todo estaba en calma, la mayoría de los chicos estarían en sus salas comunes haciendo los deberes, echándose unas risas, ajenos a lo que les esperaba, ajenos al peligro que corrían, quizás era cierto esa frase que decía que la ignorancia era la base de la felicidad.

Muy despacio entró en el castillo, observándolo como si fuera a ser la última vez que lo viera desde esa posición privilegiada de profesor de defensa contra las artes oscuras, ese puesto que tanto tiempo había codiciado y que Dumbledore no le había dado hasta que estuviera preparado, hasta que hubiera cumplido su misión.

Muy pronto, mucho antes de lo que a él le hubiera gustado, llegó a su despacho, quería cerrar la puerta y no salir, quería olvidarse de lo que iba a pasar fuera de ella pero no podía hacerlo, se lo debía a quien le había querido como un hijo y a la mujer que amaba que estaría jugándose el cuello en la cruenta batalla que él sabía que se iba llevar a cabo en su castillo, en su hogar.

Se permitió cerrar los ojos durante unos segundos pero unas rápidas pisadas le sacaron de su ensimismamiento, había llegado la hora de actuar, de dejar que todos vieran al mortífago que habitaba en él.

--Fin del flash back--


Tras muchísimo tiempo he regresado, sé que no tengo perdón por hacerme tanto de rogar pero entre que estoy muy ocupada y además desde que salió el último libro cualquier historia me parece sin sentido (si ya sabes el verdadero final, ¿Por qué inventarte otro?) Pero voy a acabar esta historia, no sé si tardaré dos semanas o dos años más pero lo haré, la verdad es que no queda mucho y espero poder ir subiendo algo de vez en cuando.

Me gusta el resultado del capítulo porque aunque no pasa gran cosa expresa los sentimientos de Snape a lo que sabe que es inevitable y realmente me gusta el resultado, espero vuestras opiniones. Quiero decir que este capítulo me he puesto a escribirlo porque me ha llegado un review inesperado y que me ha subido la moral, así que ya sabéis, los reviews ayudan a que continúen las historias.

Muchas gracias por la paciencia, un beso muy grande a todo el mundo.