2) Encuentros.
Ronald Weasley siempre había sido un chico tranquilo… demasiado para su propio beneficio.
Tenía un solo hermano, mayor, con el que se llevaba más de 10 años, y no veía desde que se había ido del país a Bulgaria, para volverse un profesional sobre el cuidado de los dragones mágicos. No había vuelto jamás… y era entendible, ¿quien quisiera volver a encontrarse con su madre y su padre después de todo?.
No se podia decir que no hubiera tenido una infancia feliz porque estaría mintiendo, eran todos felices hasta que un día cuando él tenía tan solo 9 años su padre perdió su trabajo en el Ministerio de la magia, por una supuesta estafa (en la cual el no dudaba en lo absoluto que estuviera realmente involucrado), y tuvieron que vender su propiedad y mudarse al mundo muggle.
Es que, sin lugar a dudas, el único trabajo que un hombre como Arthur Weasley después de lo que había hecho podia tener sería denigrándose a la par de los sin magia, y todavía éste se dignaba de ser en un alto grado féliz por lo que le tocaba hacer en su nueva vida… era inconcebible para Ronald.
Tuvieron que abandonar su casa rodeada de amigos magos, parientes magos, casas mágicas, barrios mágicos, todo lo que él amaba, para esconderse entre los mugrosos muggles, que se creían que eran el centro del mundo… si tan solo supieran lo que eran, todo lo que les faltaba para de veras conocer el mundo, la ignorancia en la que vivian…
Ronald se había prometido que eso algún día iba a cambiar, cuando él pudiera volver al mundo real y modificar algunas cosas…
Mientras tanto no tenía más opción que resignarse a lo que le tocaba,
transformándose en un ser cada vez más y más reprimido, guardando en lo más profundo el rencor que sentía hacia su familia por haberlo arrastrado con ellos hacia su mayor desgracia.
Sin embargo un día las cosas cambiaron. Ese sábado su madre lo había obligado a realizar las compras semanales por ella, ya que supuestamente estaba indispuesta y no se sentía bien (en el fondo Ronald sabía que era solo un invento para que por una vez saliera de su habitacion y conociera algo más que esas cuatro paredes grises), pero en fin, aunque no le hacía gracia salir a comprar a la par de lo muggles no tenía otra opción.
Se puso su abrigo que tanto odiaba (porque pertenecia a su hermano y le quedaba más de 3 talles grandes), y salio a la calle cara al viento londinense de comienzos de diciembre… respiró profundo y se autoconvenció de disfrutar los minutos en soledad que tenía en ese futuro próximo.
Se dirigió al supermercado del barrio… no tenía ganas en lo más mínimo de juntarse con tanta gente en uno de los grandes mercados de la gran ciudad.
Empezó a elegir productos… algo que su madre sí le había enseñado era a valorizar correctamente el dinero, y a saber aprovecharlo, después de todo no se encontraban en una situación en la que pudieran darse muchos gustos o cometer equivocaciones… tenian que ser cuidadosos si deseaban cumplir con todas sus necesidades básicas.
Antes de llegar a la caja unas risas juveniles llamaron su atención, se trataba de dos niñas, una de su edad y la otra tal vez dos o tres años mayor, que acompañadas por su madre reían mientras charlaban.
La menor, castaña con el pelo muy enmarañado y grandes ojos marrones había llamado su atención… tenía algo tan especial. Ronald se sorprendio a si mismo ya que no le interesaba ver niñas en lo absoluto… nunca habia jugado con ellas y ese no sería precisamente el momento indicado para un cambio de opinión. Siguio caminando con rumbo a la caja de pagos, pero un golpe abrupto en el brazo izquerdo lo interrumpió.
-Hermione!, Vegas!, dejen de correr por los pasillos niñas, van a lastimar a alguien!. –dijo la madre de las dos chicas que había observado hace tan solo un minuto atrás.
"Tarde", pensó Ronald, sin embargo siguió caminando sin darle mayor importancia hasta que una de las niñas, precisamente la más bonita de las dos se acercaba a él y tímidamente le comenzaba a hablar…
-Perdón, es que con mi hermana Vegas estábamos corriendo a ver quién llegaba antes a la caja para comprar caramelos, y no te vimos…
-Mmm.. no importa, yo tampoco las vi correr hacia mí… -Dijo Ronald sin reconocer de dónde habían surgido esas palabras.
-Mi nombre es Hermione Granger, y ella es mi hermana mayor Vegas. Vivimos a tres cuadras de acá, en Glaston Avenue, enfrente al parque.
¿Cómo te llamas?
Ron observó cómo la hermana mayor le dirigía una mirada de soslayo, sin mucho interés y se iba hacia el lugar donde permanecía su madre observando desde lejos para elegir por su propia cuenta los ansiados caramelos.
-Mi nombre es Ronald Weasley, vivo, a una cuadra del parque en Parrow Street.
-Genial!, nunca te había visto Ron!, Te molesta que te diga Ron? Podés llamarme Herms, todos los que me conocen me llaman así!
Ronald se quedó sin poder contestarle porque la madre la llamó ya que había terminado de abonar su compra.
En su caja venía su turno, pero el chico se quedó paralizado sin saber que hacer cuando la niña se despidió.
-Adios Ron!, puedes venir a visitarnos… todos los días al mediodía vamos a jugar a la plaza.
Y sin más se acercó y le dio un beso en la mejilla.
Al llegar a su casa Ronald, dejó las compras en la cocina y se dirigió directamente a su cuarto.
Tenía muchas cosas en las que pensar, que no le habían quedado claras… como su propio accionar frente a la niña… o el interés que ésta le provocaba aún cuando la había escuchado y sabía que por su forma de conversar era realmente molesta… No sabía qué era exactamente, pero algo en ella capturó su atención… y eso era algo que no sucedía todos los días.
