" Una lagrima puede ser de tristeza o alegría... ambas son totalmente distintas y una de ellas puede llegara ser una joya... pero que pasa cuando tus lagrimas son tanto como de tristeza y de alegría?...
No importa, una lagrima es una lagrima; el reflejo de nuestras emociones. Un suspiro de nuestra alma."
Kurapika camino medio dormido hasta la escalera, dio un par de pasos y tropezó adelante, y con algo de suerte agarro su tobillo a la baranda, quedando prácticamente de cabeza colgando de la escalera de caracol. Se incorporo como pudo, y bajo lentamente, para no repetir el accidente. Y se encamino a la enfermería para ayudar. Pero eso si, decidió ponerse los lentes de contacto cafés para evitar que le vieran con los ojos escarlatados.
Al llegar a la enfermería, se dedico de la manera más disimulada posible ponerle a mayor cantidad de biombos que pudo a la camilla de Kidara. Pero de cierta forma estaba tan nervioso, que Yukina y Keiko ( Leorio no, estaba muy ocupado) lo miraban y se reían. No cometía errores pero ciertamente esta un poco torpe.
- Kurapika-san – dijo Yukina un tanto avergonzada – necesitamos un biombo para hacer una pequeña intervención.
Kurapika miró a la camilla de Kidara; ciertamente había exagerado, si quería taparla para que no se viera era necesarios solo cuatro biombos, pero por alguna razón lo había multiplicado por 7 (28). Le sonrió a Yukina disculpándose y le llevo el biombo hasta el paciente que lo necesitaba.
La enfermería esa mañana estaba con los que necesitaban cuidados intensivos o tenían mutilaciones graves. Leorio estaba en las casillas de los pupilos atendiendo por cada una las heridas leves de estos. Era la nunca manera de no saturarse.
A Leorio le toco personas que de alguna forma creaban parches con nen para que se les vieran las heridas... otros se escondían por coraje de que no les vieran las heridas.
Aunque la cantidad de pupilos no fuera grande no pudo ni terminar con la cuarta parte de los pupilos, ya que costaba mucho tratarlos a todos, a algunos les había dado gangrena ( demasiado rápido), algunos tenían fracturas, esguinces y dientes que volver a poner en su lugar, pero no permitían que los atendieran.
Leorio ya por la noche fue a dejar sus cosas a la enfermería, Keiko y Yukina se quedarían allí la mayoría de su tiempo, pues lo heridos no podían desatenderse.
Miró extrañado la masa de biombos puestos de manera ordenada en la camilla que le correspondía a Kidara.
- Keiko... yo creo que podríamos dejara Kidara en su habitación – Keiko y Yukina se miraron y rieron.
- hoy Kurapika ha estado muy nervioso por ella – dijo riéndose. – él le puso todos esos biombos.
- estaba muy nervioso – dijo Yukina apagando las luces y prendiendo de manera espontánea y con único interruptor todas las lámparas de las cómodas de las camillas.
- de todas formas la llevare, hoy encontré un chico con un corte profundo en la cadera; necesito la camilla – y miró hacía la acumulación de biombos con malicia – no creo que sea mala idea mandar a Kidara con su "hermano" – dijo poniendo énfasis en Hermano. Algo tramaba su mente.
Cuando quito los biombos y los puso todos donde debían estar, uno en cada cama. Cuando llego al interior del cascarón creyó ver a Kurapika, pero era Kidara con la ropa de Kurapika.
Dejo volar su imaginación. Y sonrió.
Cargó a Kidara en su espalda. Kurapika debería estar cenando en ese momento o en cualquier parte, menos, en su habitación.
Dejando de lado lo que haya hecho Leorio con Kidara, ( a quien dejó en el armario de la habitación que compartía con Kurapika).
Hablemos de Kein. Después del escándalo de haber estado escuchando música en vez del consejo los generales si que tomaban en cuenta a los pupilos (bien o mal, lo hacían). Leorio lo atendía a l oque estaban potencialmente sin poder moverse y a los que estaban relativamente bien, los entrenaban en esas salas especiales con paisajes artificiales, como el de la prueba que hizo Kidara con los pupilos.
Aunque la actitud fuera hipócrita, eso era exactamente lo que quería como resultado Kein. Pero todo tenía sus consecuencias, incluso may había dejado de hablar con él.
- estás muy ocupada – preguntó Kein.
- para ti, sí.
Kein no se sintió. Pero se aburría muchísimo. Era como una verdura en un saco de dulces.
Noa había desaparecido del coliseo después del ataque, pero el coliseo seguía en pie...
- déjame claro eso; si agrego el jengibre dejara de tener el olor, no? – preguntó Noa echando un raíz de jengibre al caldero
- supongo, tu eres la que esta haciendo esa cosa – dijo Valentine poniéndose una mascarilla y rociando abundantemente con aerosol.
- creo que no debí poner esos fermentados – dijo revolviendo el puré que tenía en el caldero con unos lagrimones en los ojos.
- nadie le pone fermentados a las pociones, eso solo se hace con la comida. – una gran cantidad de Kodas pasaban a nivel de los pies de ambas cargando los desperdicios de la "poción" de Noa y trayendo nuevos materiales.
- tu crees que esto funcione? – preguntó Noa echándole un par de rosas a la poción. De pronto se empezaron a marear, ahora era un perfume pesado y dulzón.
- bueno ahora huele distinto – dijo sin sentir ningún tipo de alivio. – no sé para que estas haciendo esta poción; sólo sirve como catalizador metabólico para granulositos – dijo sin darle gran importancia.
- quiero eliminar esos cristales que hiciste para Haku y Ross, supongo que para eso si se puede, no?
- si, pero, tendría que manipular lo que coman durante un mes para que los efectos no sean tan abruptos.
- con algo de ayuda de Mench lo lograre, solo tengo que lograr que esta cosa tenga buen sabor.
- estas pensando ponérselos en la comida? Que yo sepa, una mujer llamada DarkMoon les mostró los cristales a los pupilos.
- si – dijo echándole jazmines a la poción, ahora el olor era más liviano y fresco. – a Mench no le gustaba ponerle esa cosa a la comida, decía que tenía que doblar la cantidad de condimentos y hacer comida de sabor fuerte para que no se notase tanto.
. y como piensas darles eso – dijo Valentine mirando el caldero, la salsa que estaba haciendo Noa tenía un color entre café, verde y zonas amarillas.
- aquí es donde tú trabajas, yo solo te pedí que me enseñaras a hacerlo, para yo prepararlo en el coliseo. Tú lo tienes que meter en cápsulas.
- me estás pidiendo que le ponga plástico a la poción? Usar cosas tan comunes? – dijo indignada, como "mago" que era.
- seamos realistas es más fácil decirles que se tomen una pastilla a hacerlos comer comida de sabor muy fuerte – dijo Noa revolviendo pesadamente la salsa que tomaba un color naranjo.
- las pociones son pociones y hay que aguantarlas como tal – reitero testarudamente Valentine.
- me alcanzas esos cartílagos?
- para que quieres cartílagos? – pregunto con rabia Valentine. – no es una sopa; es un brebaje!
Gon seguía entrenando con Hiei y Kurama, y como siempre se habían incluido Albah, Zera, y Bisuke. Últimamente los 5 habían estado lanzándose cosas, para ver si aumentaba sus destrezas. Y a Yusuke lo habían dejado solo vigilando.
El sonido de una moto llamó la atención de Zera... Al mirar atrás le llegó un coco en la cara.
- debería darle más prioridad a las batallas que a una simple pupila – susurró el piloto de la moto.
Era una Yamaha blanca, y la piloto iba vestida de lila oscuro. Se saco el casco con algo de dificultad.
- y que haces aquí querida? – preguntó Albah devolviendo de un batazo de su nanigata una piedra a Killua.
- vine a traerles unas noticias; como todos los pupilos están muy ocupados, y yo no quiero entrenar me dedique a esto; la general Hichihara esta repartiendo esta información; " los siguientes..."
- no nos interesa – dijeron al unísono todos.
- no importa; yo quiero decirlo y me van a escuchar – dijo montándose en su moto.
- Séfora, no seas te-... – dijo Albah caminando hacía ella.
No fue una buena idea; Séfora arrancó el motor, y se dirigió fugaz contra Albah, antes de que pareciese que la iba a atropellar doblo en zig-zag. Albah se encamino hacía el frente pero choco con algo. Séfora se detuvo juntó a Killua.
- esto se trata de calcular, no? - preguntó Killua sacando un Yoyo.
- se trata de líneas – respondió bajándose de la moto. Séfora iba vestida con un traje de esos ajustados que usan los motociclistas, y llevaba pegado al cuerpo un pequeño estuche de tela negra. Estuvo apunto de sacarlo hasta que...
- te escucharemos niña; pero tienes que hacer algo respecto a esto – dijo Hiei apuntando a Albah, y el piso. Cuando Séfora habia pasado con tal velocidad la utilería que estaban usando para lanzarse cosas; melones, cocos, pelotas, piedras, discos, libros, barros, pelotas de bowling, palos, espadas, lanzas, figuras de loza; en fin nada de otro mundo; se habían quedado desparramada muy, muy, pero muy lejos.
- no tengo tiempo – dijo Séfora montándose otra vez en la moto. – May dice que tienen que ir a recibir sus asignaciones.
Y se fue, dejando aún más desparramadas las cosas.
No funciono eso de andar llamando al mundo para hablar sobre las asignaciones. Así que todo el mundo recibió de manera distinta su asignación...
May recibió una nota de Kein, del oráculo de su lado. Según esta nota, el otro bando había estado discutiendo el tema de los pupilos, y los generales por su propio lado y querían hacer un arreglo; Asignaciones, general versus general predesignado, a su vez los pupilos que estuviesen bajo la tutela de estos generales debían enfrentarse, en ese caso no importaba el número de pupilos.
Las asignaciones fueron dejadas a modo amenaza de muerte, entre Ann y Laine se dedicaron a tirar pelotas de pintura roja por todas las habitaciones. Y ya que no era cualquier pintura; el mensaje no dejaría de "insistir".
Morvern dormía profundamente en una esquina de la habitación. Ishii lo observaba sentado en la cama; no tenía nada mejor que hacer.
En el camarote continuo Reese estaba acostado pero no dormía. Llevaba así desde el ataque.
Los generales habían dejado de ser tan orgullosos y sacaban a sus pupilos continuamente para no repetir lo ocurrido en el primer ataque.
Por habitación solían meter 4 personas, solían estar con un chico que era de lo más extraño; era supersticioso a morir, pero aún así era una buena compañía... lo fue. Había muerto en el primer ataque.
- me gustaría que DarkMoon hubiese estado despierta... – dijo Reese en un balbuceo.
- por que crees que nos hubiera ayudado? – completo Ishii.
- hubieran muerto menos compañeros.
- ni si quiera los conocías Reese.
- a Nam si lo conocíamos.
- era solo un compañero de habitación.
- lo era, pero compáranos; nosotros tres nos conocimos en esta habitación y compáranos con otros! – dijo histérico Reese levantándose del camarote.
- los otros son diferentes; cada uno elige con quien estar – dijo Ishii mirando a Morvern. – míralo a él; apenas habla, pero aún así somos cercanos.
- esta bien que esto sea una guerra; pero... NO SÉ! NO LO ENTIENDO! TENEMOS DE TODO Y AÚN ASÍ FUE EL ENEMIGO QUIEN NOS DIJO; EL ENEMIGO – gritó bajando se del camarote.
- entonces no te quedes ahí pensando todo él día – dijo Morvern incorporándose. – las personas están echas para ser sociales; pero hay casos en que hay cosas más poderosas que evitan esto – se sacudió el abrigo.
- no lo entiendo; quizás viví demasiado en ese orfanato; todos se ayudaban, nunca nadie traicionó a nadie nos manteníamos unidos.
- eso es lo que cambia; las plantas pueden variar dependiendo de donde crezcan, Reese. A las otras matas puedes enseñarles otra luz; aún pueden cambiar y aún así no haces nada. – Morvern se sacó el abrigo lo colgó de la cama se saco la corbata y se acostó en la litera que estabas obre la de Ishii.
- pero Morvern...
- no te voy a oír más idiota. Si tiene salgo que decir no te lo dejes adentro. Yo nunca tengo algo que decir por que me gusta como estoy en estos momentos; todos están como quieren y son como quieren.
- ...yo creo que si funciona; Morvern lo hizo conmigo – dijo Ishii tomando un Walkman. – yo tampoco te voy a escuchar más.
Reese salió corriendo de la habitación.
- en serio gracias Morvern – dijo Ishii sacándose un audífono.
- lo que quiero hacer lo hago simplemente.
- quizás todos tengamos un Don quijote dentro; todos tienen puntos de vista distintos de las cosas, pero no siempre es correcta, pero mientras se alo que tu crees debes vivirlo fielmente; es así o no Morvern?
- si Ishii, ya déjate de molestar, anoche no me dejaste dormir con tus preguntas.
Ishii se quedo preguntando sólo.
Sorento observaba con preocupación los gráficos. Ann ingresaba datos frenéticamente.
- no hay nada más que puedas hacer? – preguntó Sorento observando la cápsula de contención de Noa.
- déjeme en paz! – dijo Ann prosiguiendo con su labor.
- pero...
- me gusta su idea, pero como quiera de que duerma si le pongo una terminal para que pueda escuchar música y ver algo interesante!
- pero...
- de verdad que no la conoce señor; ella ama poder dormir tranquila.
- y no se puede algo subliminal?
- ...no; usted esta muy raro desde que Noa se fue a preparar el inhibidor de los cristales! Esta bien que se sienta como su hermano; pero esto es demasiado! Ella ya esta grande.
Sorento se quedó mirando a la niña perplejo... Nunca iba a entender a las mujeres; bueno, tampoco fue criado para ello.
Sorento desde que Noa había salido el día del primer ataque, estaba indirectamente preocupado de ella, haciendo cosas para cuando volviese al coliseo, preparaba cosas sin sentido y vivía molestando a Ann.
Según May era un afecto hermanal acumulado por los años, pero no afectaba solo a Sorento; si no que a la gran mayoría de los familiares que hubiesen dentro del coliseo.
Alaniz se dedicaba a perseguir a su hermano, lo llenaba de dulces y le lanzaba besos a la lejanía. O de vez en cuando se veían algunas personas que parecían ser familiares por ahí llorando o dándose tiempos de calidad entre ellos "Pasa tu primero hermano... por favor, tú primero hermano... es un placer, pero quiero que tu te comas ese pastel primero... gracias hermano!" la cortesía había vuelto de repente todo color de rosas. (y todo extremadamente empalagoso que llegaban a dar nauseas)
- supongo que es la niña de nuevo – susurró Machi.
La tranquilidad era abrumadora en el bosque de arena. Ya que no podían ir a ninguna parte, debían mantenerse dentro, siguiendo un monótono itinerario. Desde la mañana, despertar, desayunar, pelear, comer, aburrirse, comer, y después unas largas miradas a la fogata.
- últimamente viene muy seguido. – advirtió Phinx.
- al menos cambia un poco los días – dijo Shizuku.
- ...no puedo?... – intento decir Feitan.
- no puedes – dijo Shalnark sonriente. – todos nos fijamos en la niña por que es lo único nuevo por estos días.
- pero no esta sola – dijo Karuto apareciendo entre los árboles.
- ves a lo que me refiero? – dijo Shalnark dando un gesto de coherencia. – apuesto que estar allí dentro es mil veces mas interesante que estar aquí...
- pero no es posible... – susurró Machi.
Laine después del ataque, y de haberse recuperado pasaba mucho en las copas de los primero árboles del bosque de arena. Se ponía a mirar el coliseo y todo lo demás; el cielo, los cambios bruscos de la geografía del lugar, de repente árido, de repente lleno de vida y a veces rojizo, a veces dorado.
- Laine! – gritó la voz ahogada de Reese.
- ah? – Laine se cayó de espaldas al piso.
Reese avergonzado la ayudo a pararse.
- ouch... – dijo limpiándose el trasero de la arena – que quieres?
- donde esta Ann? – preguntó animado.
- dijo que tenía que hacer algunas cosas, y se fue con el General Rune, Sorento – especifico.
- genial – Reese tomó aL aine del a mano, y se la llevo a rastras hacía el coliseo; Laine parecía un estropajo volando de la mano de Reese.
Llegaron al ángel de piedra, ya medio destrozado, pero aún funcionaba de ciertas formas, aún era capaz de mirar enojado. Reese pasó corriendo llevando a Laine. El chico de alguna forma sabia el camino directo hacía el laboratio de mantención de Noa.
- Annnnn! – gritó Reese empujando la pesada puerta del laboratorio.
Ann se dio la vuelta soltando una lista de cosas que pedía Sorento. Y miró con los ojos como platos a Reese y a su hermana entrar. Pero en vez de entrar en alguna clase de Shock apretó un botón rojo del tablero de control y una burbuja de Gel de color verdoso cayó sobre ambos.
- bruoogh! – gritó Reese. Laine simplemente miraba totalmente perdida.
- descuiden, no se ahogaran. – dijo Ann volviendo a su trabajo. – dime Reese, tú sabías de todo esto?
Sorento había sido echado hacia ya rato del lugar, pero logro dejar una lista de cosas a Ann, por pena, ella considero algunas cosillas.
- soy... soy entrometido – sonó claramente del Gel. Su tonó era muy sublime, y muy humilde, como pidiendo disculpas.
- pues esta vez fue demasiado, y ... la haz traído a ella – dijo con desdén. – si sabes de todo esto, sabes que no les incumbe nada de esto a ustedes! – dijo regañándolos.
Aunque la diferencia de edades era poca, Ann en esos momentos se veía mucho mayor; Reese y Laine parecían niños siendo regalados por su madre.
- ustedes son pupilos normales, no tienen nada que hacer aquí; no son sus asuntos – dijo fríamente.
Laine de pronto cerró los ojos enojada, la burbuja de Gel se reventó, el zorro dorado la rodeaba- Reese se quedó al margen. Laine miraba al piso fijamente, para no mirar la expresión indiferente de Ann.
- por esto? – preguntó con su voz sin quebrar.
- si por esto, ahora hazme el favor de irte – dijo Ann. Junto las palmas y salió un diminuto cristal de color metálico de entre ellas, lo presiono entre sus dedos, y se volvió una placa, y levitando entre las manos de Ann, empezó a desdoblarse hasta forma de un cubo con diversos diseños. Ann lo tomó y lo extendió formando dos hileras de varias placas; eran las alas metálicas que Reese hacía visto en el primer ataque. – Ekyo no es rival para mi, Laine. Yo no caí en batalla como tú. – doblo la lista de Sorento y la dejó sobre el tablero.
- sólo te pido que me digas que haces tanto tiempo aquí? Cuando puedes estar más tranquila con nosotros, más divertida, más...
- silencio – dijo Ann. – es igual que cuando papá y mamá murieron; tu no entiendes por que. No puedo confiar ni en ustedes, por que no saben nada.
Laine se quedó callada, Ekyo se disperso en el aire. Reese camino abruptamente hacia Ann, y la tiro de la muñeca.
- es tu hermana! Por que no le puedes decir nada, a pesar de que sea bueno? Deberías darle más prioridad a ella!
- Lárguense! Estoy ocupada.
Ann apretó otro botón, escondido en la parte de abajo del tablero. Bajo Reese como Laine se abrieron pequeñas compuertas redondas. Y cayeron.
Ai de vez en cuando se dedicaba a hacer lo favores que le rogaban sus compañeros de habitación.
" agua!..."!
"me pica la espalda... y no alcanzo!"
Ella tendía responder; "tu eres el que tiene sed" o "es tu espalda"
Era la única de su habitación que había salido prácticamente ilesa, solo por una pequeña hinchazón por envenamiento.
Katt la visitaba de vez en cuando, y cumplía los favores desesperados de los compañeros de Ai.
- deberías hacerles caso; si los ayudas a mejorarse rápido, no te molestaran tanto.
- creo que ya los ayude lo suficiente.
Ai era poco sociable, poco amable, poco todo. Solo obsesionada por la goma de mascar. Como si no tuviese gran interés en la vida, pero que aun así lo viviese por pasar el rato.
En cambio Katt quizás pensaba parecido, pero no hacía las cosas por pasar el rato, si no que las hacía por aprovechar el rato. Como una holgazana y una obrera en una colmena. Pero aún así se llevaban bien, por alguna razón la holgazana tenía un carácter fuerte, y la trabajadora no tenía fuerza; era muy sumisa.
- haz lo que quieras... pero más te vale que después no anden pidiendo cosas.
- claro
- me voy afuera. Y deja de sonreír así... hipócrita...
Katt siempre sonreía cerrando los ojos, pero aún así se notaba como se forzaba a sonreír.
- no le hagas caso, Katt – dijo uno de los compañeros de Ai. – es una amargada, ella no puede sonreír.
- si... que querías?
- ah, si puedes tráeme un vaso de zumo de melón.
- ...sólo te puedo conseguir agua...
- de acuerdo.
- Ahhhhhh! Ya me aburrí de este juego - dijo Killua tomando su chaqueta.
- eso es solo por que pierdes – le dijo Gon mostrándole la lengua.
- quizás ser rápidos no lo es todo en la vida – dijo Kurama sonriendo.
- También hay que ser originales – dijo Albah guardando su nanigata.
- pues a mi me enseñaron a luchar así, de una manera sigilosa y poco predecible.
- pues eres tan impredecible que puedes ser predecido.
- eso es una ironía – susurró Hiei, quien también había perdido.
El juego trataba del juego del escondite, pero sin esconderse, tenían que evitar ser vistos, quizás sentidos pero no vistos... Todos los que usaban la velocidad como arma, habían sido descubiertos sucesivamente a partir de la tercera ronda.
La verdad que cada vez que empezaba el juego, o golpeaban directamente a Killua, o a Hiei. Les lanzaban cualquier cosa; televisores, lavamanos, puestos de cabritas de maíz, etc, etc.
- aparte, ya van tres veces que me lanzan un lavabo en la cara. – dijo Killua enojadísimo, mostrando el montón de cerámica rota. – sin contar otras cosas; todas son cosas de un baño!
- me gusta como suenan cuando chocan contra alguien – especificó Zera.
- pues tiren algo más blando, que no se rompa cuando lo detenga!
- te parece esto? – preguntó Bisuke materializando una bola de hierro llena de púas.
- ...ya me aburrí!
- pues, que ahora Killua trate, ya que no haz ganado ni una vez, no te ha tocado nunca buscar – dijo Kurama.
Todos hicieron sus desapariciones...
- cinco... cuatro... tres... dos... uno...cero... – contó Zera.
- SHIMATAAA! – gritó Killua sosteniendo un mazo gigante. Killua golpeaba al aire sin dar a nada.
Hasta que otro lavabo le dio en la cabeza.
- necesitas jugar más... por eso no eres bueno – especificó Bisuke. – yo creo que Gon lo haría mejor.
- pues toma! – y le dio el mazo gigante a Gon.
Zera contó de nuevo...
Gon le dio de lleno en la cabeza a Killua.
- DAME ESO! – gritó Killua quitándole el mazo a Gon. – VAMOS!
- no entiendo por que es tan malo... – susurró Albah. – creí que sería buenísimo para esto.
- debe haber algo que él no sabe controlarlo bien aún. – le respondió Bisuke.
- aún es un poco lento, y esta demasiado preocupado por ganar – aclaró Hiei.
Un Yoyo le dio en el brazo a Albah. A continuación fue golpeada por el mazo.
- faltan 4 – susurró Killua.
- esto se esta poniendo un poco peligroso... – susurró Albah levantándose lentamente, veía un tanto borroso...
Killua rozó a Kurama. Pero le toco que una cabeza de elefante disecada lo golpeara.
- veo que estás cogiendo la técnica! – dijo Bisuke arreglándose los guantes.
- dejen te tirar cosas extrañas! – gritó Killua.
- ahora entiendo por que no podía – dijo Albah doblándose hacía atrás para esquivar un golpe del mazo. – se fija en todos los movimientos que hacemos, no en algunos. Así que no podía saber de quien era cada movimiento.
- por consecuente, no sabía como se iría a reaccionar. Y golpeaba ya cuando se adivinada adonde iba el golpe – dijo por su parte Kurama.
Esta vez cayó Gon. Después Hiei, pero a los demás no pudo. Bisuke estuvo a punto en un instante pero rompió el mazo y se escapo en el ultimo momento. Kurama era muy complicado, de un momento a otro ya no estaba donde supuestamente estaba, y Killua siempre iba un pasó detrás. A Zera nunca la pudo captar bien. Se confundía con los movimientos de los demás.
- me rindo! – dijo Killua golpeando por "equivocación" a Albah en vez de Zera.
- Ahhhhhh... tengo sueño... – dijo Albah largándose.
- entonces lo dejamos – dijo Kurama.
- tengo hambre – dijo Gon escuchando rugir su estomago.
- mañana les voy a ganar a todos! – dijo Killua con animó.
Ya era el momento donde todo anochecía.
Kurapika entró adormecido a su habitación. Se quedo mirando las manchas rojas en la pared del fondo de la habitación.
"Fuiste designado para el grupo de apoyo... gracias por su comprensión Y DarkMoon debe ir mañana a la mesa de Kyobi" Y salía un "Smile" totalmente chorreado al final, tan chorreado que no parecía un "Smile", más bien se parecía a la cara de Scream.
- realmente aquí tienen un sentido del humor muy raro – dijo sacándose la parte de arriba de su traje. Abrió el armario para guardarlo; y le cayó la cabeza de Kidara por el armario. Se echo atrás. – esto ya es demasiado – levantó la cabeza, pero se dio cuenta de que era un cuerpo completo – bonita broma – y lo enderezó con brusquedad, cerrando el armario de golpe. Escucho como se golpeaba la cabeza contra la madera al devolverse después del impulso.
- ugh!
Kurapika se dio vuelta lentamente, asustado. Salió del baño, se sacó los lentes de contacto y se acercó al armario.
- ...por que esta tan oscuro? – preguntó una voz fastidiada. Y el armario se abrió de golpe, Kidara se cayó de espaldas. – que miras? – preguntó enojada a Kurapika, levantándose
- quien te dejo ahí? – preguntó Kurapika entre confundido y enojado.
- como lo voy a saber.. y tu quien rayos eres? – preguntó aún más enojada.
Kurapika se quedó mirando.
- te preguntan que quien eres – repitió. Kurapika volvió a su estado normal, aunque muy, muy desconcertado.
- me llamo Kurapika, y quien eres tú? – dijo convenciéndose que de que debía seguir el juego.
- Suirem Brentano - dijo.
Kurapika se apresuró en encender la luz. Era cierto; no era Kidara, sus ojos eran castaños y su cabello negro. Y no tenía las cicatrices.
- que es este lugar? Esto no es Zueshia – dijo abriendo la puerta mirando con total reprobación el lugar.
- es el coliseo de los hunters – respondió. Kurapika estaba preocupado.
- para los hunters? Tu eres uno? – Kurapika asintió – que rango?
- soy de primer grado.
- que patético... coliseo; se pelean aquí los hunters por su libertad, o para entretener a algún tipo que haya pagado por esto?
- no es así... – su voz se vió ahogada por las voces de Gon y Killua.
- Kidara? Que bien que te hayas despertado! – dijo Gon con alegría.
- Kidara? Y eso que es? ...cierto! era el proyecto Nº 1 – dijo con cierta alegría. – y donde esta ese proyecto? Todavía esta en el frasco?
Kurapika se quedó mirándola con los ojos como platos. ¿quién era esa persona? El estilo, la manera de tratar con las personas era muy parecida a... pero por que estaba en el cuerpo de Kidara, y no sabía quien era Kidara?
Gon y Killua se quedaron simplemente mirando, no entendían en un cien por ciento, pero supieron que debían irse, el color en los ojos de Kurapika estaba cambiando. Supusieron que era otra de sus frecuentes y normales peleas.
- wow, tus ojos se pusieron carmesí; en el laboratorio te aplaudirían – dijo mirando con sumo interés los ojos de Kurapika.
Kurapika recupero la compostura.
- soy un Kuruta, dependiendo de cómo estén mis emociones es como cambiarán el color de mis ojos, y como ver estoy irritado. – dijo seriamente. – si me permites; te dejo, puedes dar vueltas por ahí si quieres, pero no hagas problemas.
Y salió abruptamente de la habitación.
- será... – y se dirigió al balcón para salir por ahí. – así es más interesante... este lugar si que es grande! – dijo con emoción.
- que te pasa Kurapika? – preguntó Leorio al verle bajar tan apurado. " Creo que me pase un poco con la broma"
- na-nada.. – balbuceo.
- y como es... – no termino la pregunta., Kurapika no se detuvo a escuchar.
Se encontró con un mayordomo, pero no le dijo absolutamente nada aunque le preguntara una y otra vez. Después se encontró con un par de generales, pero ni lo miraron. Hasta que finalmente se encontró con Alaniz.
- Hola, chico conservador – dijo con simpatía.
- haz visto a May? – preguntó sin aliento.
- no, pero supongo que Kein sabrá. Él esta en el último piso, y si no le preguntas a Hyo.
- gracias – y Kurapika volvió a subir las escaleras de caracol.
- Kein! – preguntó Kurapika abriendo de golpe la puerta de la biblioteca.
Hyo se despertó de golpe.
- ah? Que hora es? – y bostezó. – ya son las 7?
- sabes donde esta Kein? – Reitero Kurapika.
- debe estar arriba – dijo apuntando hacía el techo. – debe estar escuchando música, o leyendo otra novela corta venas...
Kurapika salió otra vez corriendo, si no quería romper nada, debía volver a bajar, utilizar una ventana y subir a saltos.
Entró a la habitación de Gon y Killua y pasó corriendo hacía la ventana y se lanzó.
- parece que salió mal, te toca – dijo Killua dejando un par de cartas.
- Full... – intentó decir Gon.
- House, then is a Draw boy - dijo Killua con un inglés perfecto. Dijo mostrándole también un full house.
Kurapika se encontró con otras 5 personas más en el techo. Estaba Kris, sentando en el borde, al parecer pintando el ocaso en un cuadro. Sobre el vitral que quedaba sobre la biblioteca habían dos personas tiradas, no les presto mucha atención. Y al otro lado, y donde apenas se veía estaba Samara haciendo alguna obra de costura. Al lado suyo estaba Kein.
- gritas fuerte cuando lo necesitas – dijo Kein. – que paso, por lo que se, que estés así no es muy normal.
- recuerdas que Kidara llevaba como un mes dormida?
- si, despertó? – preguntó sacándose los audífonos.
- si, la encontré en mi armario... pero... no era Kidara, se había cambiado el color de pelo y ojos; y actuaba distinto; decía que era... era... Sui... Sui...
- Sui, la sombra?
- claro... decía que se llamaba Suirem Brentano, y algo sobre el laboratorio de Zueshia. – Kein lo miró desconcertado, y después se echo a reír.
- Zueshia, el laboratorio donde clonaron a Kidara – dijo con cierta seriedad. – antes tenían guardias poderosos, pero la empresa decayó, fue en la época en que no les salieron muy bien los proyectos más importantes que se habían propuesto; armas biológicas cíclicas; lograron el objetivo y para ello sacrificaron muchas cosas; usaron a los mismo guardias como recurso, al personal en busca de "materia prima". En medio de la crisis, la dueña entro en una especie de trance, la hija con su obsesión continuo y creó 3, la primera fue de prueba, la segunda tuvo ciertas mejores que resultaron ser fallas, y el tercero un espécimen varón con el mismo defecto de la segunda, mejoras convertidas en fallas. Nunca se compró o se contrato alguno, y el laboratorio perdió al prototipo de vista. Al prototipo lo tenemos aquí, pero no quiere decir que sea una copia de la muestra prima que consiguieron; al contrario, es un ser totalmente original basado en la estructura conveniente de otro, conserva aún algo del original y algo del implante.
- original e implante; el prototipo también tenía sus fallas, no? – preguntó Kurapika con cierta frustración.
- son fallas, pero son lo que lo hacen humano. Lo que lo hacen más perfecto... Los kurutas físicamente tienen un nivel un poco mayor a otros humanos comunes y corrientes, no son personas pequeñas ni grandes, "están en la medida justa", son ágiles y aprenden rápido; lo realmente extraño es que hasta pudieron clonar el alma y aura tal y como eran. Quizás en el alma del proyecto 01, hay algunas cosas que podrías recordar y...
- gracias! – dijo elevando la voz. – el alma es lo mismo que el aura, no?
- no, el aura es el poder de vida de las personas que cambia según el flujo de nuestra mente, y alma: el alma es algo separado que mantiene nuestra personalidad, nuestros deseos y todo lo que respecta con tu actual yo; tu esencia. – Kein volvió a ponerse los audífonos – me perdí unas tres canciones que me gustaban mucho... y será mejor que cases a esa Suirem, tienes que aclararle que ha pasado con el tiempo al laboratorio, para que deje salir de nuevo a quien tu conoces. Y creo que hará sus estragos por ahí; recuerda comparte el mismo cuerpo con Kidara; aunque tenga el cabello o los ojos distintos, la reconocerán como Kidara de todas formas.
- si yo... – materializó la cadena – nada..
Y se lanzó desde el techo hacía abajo. La tarde refrescaba, Venus se notaba claramente de todas las de más estrellas, junto a la tenue luz de la luna.
Lo que estaba en "ella" en ese momento era todo lo testarudo y lo que le molestaba de Kidara, y que no sabia como la habían utilizado. Su vida se había quedado congelada en el momento en que quizás gozaba de lealtad a su trabajo.
Katt pasó corriendo a su lado, asustada.
- tú, eres el hermano de DarkMoon, no? – dijo con los ojos llorosos.
Kurapika estaba muy desconcertado, que estaría ocurriendo?
Un Chico pasó volando entre ambos, Kurapika lo agarró antes de que se destrozara contra el coliseo.
- ustedes me sirven! – dijo con entusiasmo Sui tomando del cuello a dos pupilos haciéndolos chocar, después los desecho.
Los pupilos, con muletas, vendas, yesos, y otras cosas empezaron a correr, la mujer no tenía piedad alguna. Los agarraba, y los golpeaba entre ellos como si fueran juguetes.
- Sui...Suirem! – llamó Kurapika, en cuanto ella puso atención en Kurapika, él la ató con la cadena de cabeza circular. – Zueshia cerró hace mucho, estás despedida. – dijo cortante.
- despedida, no digas idioteces – la fuerza de Suirem sobre las cadenas era mayor a la que Kurapika estaba suponiendo. Pero en vez de soltarse se siguió enrollando hasta llegar cerca de Kurapika – este lugar esta lleno de materias primas – y golpeó a Kurapika con la rodilla, la cadena desapareció. – tu también me sirves. – lo envolvió en una especie de tela, y lo ató junto a otro montón que había atrapado. – creó que hemos cambiado papeles – hizo aparecer el báculo de Kidara ató a mas o menos 4 personas, en un elegante movimiento materializó un sin fin de lazos, y como si se entendieran entre ellos, se entrelazaron en una red, metió a las presas en la sutil red, y ató cada extremo del saco al báculo.
Kurapika miró sin decir nada como Suirem hacía nacer de su espalda, de la espalda de Kidara, alas negras, las miró con ira, pero no dijo nada, no hizo nada.
Suirem tomó el báculo con ambas manos y levantó el gran bulto con sumo esfuerzo y se los llevó. Se dirigió al lugar que quizás le pareció más indicado, no se podía saber directamente que maquinaba, pero logró encontrar un lugar solitario y de difícil acceso.
Kurapika y loso tros pupilos que estaban concientes observaron como se dirigían a un desierto brillante, como si las estrellas se hubiesen caído en él y brillaran desde abajo, eran cristales gigantes que por alguna razón se había formado allí. Y Suirem en ellos veía algún tipo de refugio.
- tú eres un general, no? Ella no es Kidara? – preguntó uno de los chicos – que esta haciendo?
- esta... nada – y se sumió en si, dejo de mirar a adonde iban o que pensaba hacer Sui.
El pupilo de molesto de gran manera, y se dio la media vuelta.
Al fin sintieron el piso, Kurapika abrió los ojos... Y por alguna razón creyó conocer el lugar.. el ambiente...
..."Perdóname"
Un frío que le congelaba los huesos, un viento gélido, pero el lugar dejaba sin aliento, sin nada que respirar.
En reemplazo de los árboles, estaban enormes amatistas, en el cielo diamantes, pero no tan brillantes como aquellos, la luz de la luna se paseaba entre ellos produciendo un fulgor misterioso, era más espectacular que los cristales que escondían la cola de la isla ballena. Era una difracción muy difusa, de un color lila muy claro, como si estuviera en frente de un lago. Pero estaba en una llanura desierta, llena de amatistas. La arena parecía liviana, y delicada, fina, como un polvillo, y de un color plata.
Ahora que se daba cuenta, se había quedado dormido en una situación extraña. Lo que creyó que fue la llegada a tierra; era un golpe. Los pupilos que Suirem había tomado seguían tirados a su lado.
- a que te referías con lo de despedida? – preguntó Sui entre los cristales.
- trata de recordar; no sólo por que no estás ahora en el laboratorio, si no a que te recuerda este lugar. – Kurapika repaso con cuidado la imagen un joven sentada delicadamente cerca de un lago gélido, se arreglaba unas vendas en los pies, tratando de ahuyentar al frío, siendo ya una batalla perdida.
- por que no estoy en el laboratorio; fácil, me mandaron aquí a cazar materia prima... y yo... ya debería haber... vuelto... – de pronto, Suirem se lanzó al piso y empezó a gritar, se puso las manos en la cabeza tratando de amortiguar alguna clase de dolor. El grito era desgarrador como si la estuvieran matando por dentro.
Los pupilos se levantaron de golpe, miraron la escena, y miraban a Kurapika buscando una respuesta.
- no estamos muy lejos del coliseo, así que lárguense, esto es entre DarkMoon y yo; no le digan nada a nadie. – ordeno Kurapika soltando la cadena de su mano, por si acaso.
Los niños corrieron aún observando interrogantes que ocurría.
Suirem levantó su mirada llena de furia, generaba tanto temor como los ojos escarlatados de los Kurutas; sus ojos se habían tornado amarillos. Kurapika miró sus ojos, los ojos de un verdadero asesino.
- que ocurrió... según tú en el laboratorio? – preguntó levantándose lentamente. Tenía la cara llena de arena, y de esa forma, Kurapika notó las lagrimas que había derramado.
- eso lo debes saber tú, lo acabas de recordar, no? – Kurapika camino seguro contra ella. La luz amatista le dejo ver bien su rostro... esa expresión en su rostro era el mismo que tenía Kidara cuando hacía algo que para ella era importante, por mas ridículo que fuera. Esa mirada seria llena de orgullo y dignidad la conocía de muchas idioteces que Kidara había hecho por mantener sus palabras.
- si, pero por que estoy aquí? Esa desesperación que sentí, no era otra que la de la muerte. Zueshia me traiciono, y me uso para crear a la 01, antes de irme, lo escuche claramente; "Te usaremos para el proyecto 01" ... – después de un silencio prolongado... - donde está la 01? – preguntó.
- mírate bien. – dijo fríamente Kurapika. Suirem se observo lentamente solo con los ojos, sin mover la cabeza.
- si, este no es mi cuerpo... ya veo... que tonta – dijo poniéndose las manos en la cara, y rió y lloro al mismo tiempo. – a fin de cuentas nunca dejé de ser útil, nunca deje el proyecto... siempre estuve trabajando... como es el clon?
- no es un Clon; no es igual de quien fue creada por que tiene personalidad propia.
- tonto; a mi me implantaron en este cuerpo; el clon no tiene personalidad definida; por como van las cosas, supongo que tiene tres personalidades... – se quedó un instante en silencio y observo su alrededor, y con una alegre tristeza dijo - Que insignificante he resultado – dijo un gesto de alivio y de poca importancia. Ese gesto de Kidara también lo conocía; de las veces que sacaba palabras desde adentro hablaba suelta y aliviada de poder decir las cosas, y sin darle la más mínima importancia a lo que dice.
- ahora lo comprendo... Kidara es el reflejo de ti y de la otra... entonces donde esta la verdadera? – Suirem se mantuvo en silenció, cayó de rodillas al suelo y se desplomó. Tenía una expresión de serenidad, como cuando una persona muere de vieja; un dulce descanso.
Kurapika la tomó sin preocuparse mucho... Se dio cuenta de que estaba dormida de nuevo, como hasta hacía una hora... Entonces, saldría la siguiente; Kun o Kidara...
Todo lo que conocía de Kidara, quizás no era Kidara; quizás era el reflejo de quienes decidían dentro de ella. Una era quien lo había dado todo por la creación del cuerpo y alma de Kidara; ella misma había hablado de tres; el mismo número de auras de Kidara.. cómo habían terminado tres auras que no era de ella allí? Como se las insertaron?
Camino lentamente, casi tambaleándose con el cuerpo de Kidara en los brazos, hasta el coliseo.
Los pupilos que Suirem había tomado lo esperaban en la entrada al edificio del coliseo, pero no preguntaron nada.
Kurapika subió trabajosamente las escaleras de caracol hasta su habitación, dejó a la joven en la cama. Salió de la habitación y se dejó caer en el sillón.
- entonces... quien eres Kidara? Cual era tú alma? – dijo sacando de su bolsillo una piedra roja, la luna pasaba por la ventana donde estaba el sillón, un luz roja se proyecto a través de la gema.
Ese fulgor amatista en ese momento no se comparaba con ese débil color rojo. Ni su confusión con lo que revivió Suirem.
Entró en su habitación y se sentó junto a l acama de Kidara.
Y espero...
Reese sintió la punzada de un tacón en la espalda.
- que hiciste ahora Reese? – preguntó May ayudándolo a levantarse.
Cuando Ann había presionado el botón, no fueron hacía "abajo" fueron hacía arriba. Los lanzó a la parte de arriba del coliseo.
Laine no estaba a su lado.
- La señorita Eluria se fue a hablar con Morvern. Hoy te haz equivocado demasiado Reese... más te vale que no hagas otra de esas... ya no podemos estar ocultándote, ni tú mismo te puedes estar conteniendo.
- lo sé, pero sin o hago algo por ellas dos... no se que voy a hacer.. Necesito que ellas estén bien, para yo poder estar bien!
May no lo escucho más, y se bajo del techo.
Reese lo hizo mucho después, mucho después.
Sorento arrugó la lista que le había dado a Ann, la niña no estaba en el laboratorio. La buscó pero entre las maquinas, pero no la encontró. Al final se fue y la encontró escondida tras el ángel medio destrozado que cuidaba la entrada al laboratorio y al oráculo.
No le preguntó nada, como nunca había visto a Ann con la mirada perdida en algo, o con marcas en la cara como si hubiese llorado. Si no sabía por que estaba así la persona, no sabría como actuar y prefirió dejarlo tal cual.
- no se vaya, por favor; escúcheme – rogó Ann tirándole la toga a Sorento. Él se detuvo, la ayudo apararse.
- pero aquí no, ven – la tomó del antebrazo y la llevo dentro del coliseo. Fueron serpenteando entre los pasillos, todos llenos de puertas. Hasta que se detuvo frente a uno, que tenía solo una puerta al final. Sorento miró a Ann un instante. – como ya estás acostumbrada a ver cosas que los pupilos no deberían te traje aquí, donde supongo que nadie te escuchara a parte de mi.
Y abrió la puerta. Ann se quedó estática un instante, la puerta no daba a una habitación, daba a un prado, en medio de un bosque. El prado estaba repleto de unas flores blancas, parecidas a los nenúfares, pero mas pequeñas, crecían de unas enredaderas verdes y plateadas.
- este lugar lo escribió Hyo para Noa y para mí, se puede decir que esta es nuestra habitación. Se parece a los dominios de mi gente.
Ann no dijo absolutamente nada, camino entre las flores, había una especie de sendero de piedra entre ellas, para que no fueran pisadas. Siguió avanzando maravillada, y se encontró con un pequeño bonsái, era de hojas verde oscuro, pequeñas y rugosas, y tenía un especie de fruto entre morado y azul en forma de gancho en algunas de sus ramas; de uno de estos frutos había enganchado un pergamino. Ann lo tomó y lo abrió.
"De las lagrimas de mi hermana Luna y de los lamentos de sus hijas estrellas hice la flor de la noche. Una flor que refleja en un su puro blanco los sinceros pensamientos de la soledad. Por cuando uno esta solo, piensa su realidad, su verdad y su mentira. Son el color de la pura verdad.
Les di siete pétalos para que se vieran llenas de virtud, cada pétalo elegante como una musa, y cada flor hermosa como una diosa. Y de mi canto para tu tristeza, hermana, las flores crecieron en la tierra, que las tomó con delicadeza con sus manos verdes y plata como tú.
Les di un corazón blanco, inocente.
Quiero que cada vez que las mires te sientas en tu plenitud, que te recuerde a cuando caminábamos por los senderos de nuestra madre Gaia.
Por que nacieron de tu llanto, y ellas serán tu tristeza para que tu no la sientas, sonríeme una vez más con tu manto enjoyado..."
- "así que sonríeme una vez más hermana" – susurró Sorento tomando el pergamino delicadamente de las manos de Ann. - hay una leyenda que habla de por que la luna y el sol están en el cielo. La madre Gaia dio vida, y de la belleza de sus ojos grises, engendró a Runa o Luna, como quieras decirle, y de la fuerza de su voz creó a Ols. Ambos, hermanos caminaron por los senderos de su madre, uno y el otro distanciados por su madre, puestos en un plano para que caminaran y nunca se encontraran.
Runa conoció al hombre y a la mujer creadas por su madre para que poblaran la Tierra, y Runa vió la belleza de amar a alguien, vió a Hombre y Mujer juntos. Ols por su parte, encontró vida y belleza en la mujer. Buscando esto, ambos dieron la media vuelta a su rumbo, y se encontraron...
- no me digas que se encuentran y se enamoran, pero como era prohibido los separaron en día y noche.
- no, Runa quería ser madre, y cuando vió a Ols, supo de inmediato que era su hermano, y le pidió ayuda, para que su madre Gaia le dejara ser madre. Ols le ayudo, a costa de no poder cumplir él su sueño de conocer a una mujer que admirar y amar, pero no del a manera en que amaba a su hermana o su madre. Runa fue madre, y Gaia lo supo, y se enfureció, pues la misión de Runa no era esa; debería haber sido la benefactora y pura enviada del a Tierra a la vida. La Tierra tembló y Runa en medio del caos perdió a su hijo. Gaia se había preparado para quitarle su vida a Runa, pero Ols, que no conocía otro amor que el de su hermana y su madre, rogó a ella que le perdonase a costa de cualquier cosa de él. Gaia le dijo que debía hacer un sacrificio; debía hacer la misión que tenía Gaia, hacer todo lo que ella no, y lo puso en el cielo, para que fuera el puro benefactor que no fue su hermana, pero a costa de que nadie se pudiera acercar a él, a que nadie le pudiera ver, ni conocerle. Runa en su pena, quiso acompañar a su hermano; Gaia la puso en el cielo, con sus pequeñas hermanas, pero no se podía acercar Ols, por que se quemaría. Pero ella se conformaba con verle desde lejos. Ols también se lamentaba, por no poder acercarse a su hermana, ni si quiera sabia que lo acompañaba en el cielo... el resto no importa en este momento.- y dejó el pergamino de nuevo en uno de los frutos del bonsái.
- por que no?
- por que es lo típico.
- encontraron la manera de encontrarse en los eclipses, dejando ciega a su madre para que no les viera y no les castigase?
- sí, y tú eres Ols. Sé que aceptaste este trabajo para que dejaran a tu hermana entrar al coliseo. Se que sacrificaste tiempo con tus amigos, y con las personas que querías para que tu hermana estuviera bien. Y si te acercas mucho a ella; la dañaras. Y si ellas e acerca a ti también.
- ...Reese es un tonto – declaró – un idiota, un...
- no te alegra lo que hizo? No te hace sentir más liviana?...
- ese entrometido, ese idiota, sabe todo lo que ocurre aquí, y siempre anda metiendo las manos donde no le incumbe. Hace sufrir más a la tonta de mi hermana. – dijo con un tono ahogado aguantándose las lagrimas.
- mi gente admira a la luna, y en honor a ello, no dejaban que hombres y mujeres se acercaran mucho. Teníamos una sociedad muy poco familiar, Quizás yo sea el único sacerdote hombre de la luna... la verdad no sé como ayudarte señorita Eluria. Pero si le dices las cosas a tu hermana ella entenderá, Reese hizo eso por que debe estar muy preocupado por ustedes dos, quizás pensó que era mejor si las cosas eran precipitadas.
Noa camino arrastrando una enorme bolsa llena de un polvo de color rojo terracota. Valentine se había molestado mucho con ella respecto a lo de la "poción", por que Noa insistía en hacer píldoras. Al final lo dejaron a medias, y Noa se pudo llevar solo el polvo para las píldoras.
Leorio de repente apareció de entre una nube de polvo.
- qui-quieres ayuda? – preguntó algo nervioso.
- por favor... hubiera llegado más temprano si no me pesara tanto – dijo con vergüenza. – es para los pupilos.
Leorio se cargó la bolsa en los hombros, pero era enorme realmente, apenas podía caminar con ella encima, pero se mantenía erguido para que Noa no se preocupara, aunque sentía que la espalda iba a quebrársele, siguió así. Cuando sonaba un crack des u espalda apunto de romperse se podía a toser y decir que era un anoche muy helada. Noa simplemente dejo de preocuparse como él le decía... Leorio se ponía azul...
Lanzó la bolsa en la cocina, se despidió como pudo de Noa, y se fue moviéndose roboticámente a causa del dolor.
Noa simplemente se rió. Y se fue a su habitación. Se encontró con Ann saliendo de su habitación.
- Señorita Eluria? Está bien? – preguntó.
- no, no estoy bien, pero lo estaré... – Ann no dejó que Noa viera su rostro. Y cuando dobló el pasillo, se fue corriendo a su cabaña.
Sorento estaba frente al bonsái, tenía una expresión de decepción muy profunda en su cara.
- volviste Noa... – dijo volviendo a adopta runa expresión seria.
- que ah pasado?
- cosas de hermanas... – dijo siguiendo el camino de piedra para salir de la habitación.
El llanto de Laine inundaba la habitación. Morvern la había recibido en la puerta, y lo primero que ella había echo fue dejarse caer en su hombro y echarse a llorar. Lloraba de tal forma que le daba hipo, y se le acababa el aire, y lloraba ahogándose.
- mejor no diré nada – dijo Ishii tapándose algo molesto por el llanto.
Morvern sintió un golpe en el techo, y vió a Reese caer de el. Miraba a Laine con suma culpa.
Morvern la levanto de su hombro, tiró a Reese al lugar donde estaba él.
- creo que es mejor que llores con él. – y dejó caer a Laine en el hombro de Reese.
Entre que tomaba aire, y entre que le daba hipo, Laine no se dio cuenta de cómo la cambiaban de persona, o de si la escuchaban o no.
- yo... y-y-yo... – se limpió la cara con las mangas de la ropa.
Reese le dio un pañuelo. Ann no dejaba de mirar el piso, se sonó la nariz, y empezó a hablar en unos balbuceos que Reese apenas escucho.
- Ann siempre ha sido mejor que yo en todo... más madura, más inteligente, mejor en todo... cuando papa y mama murieron ella me dijo que yo debería haber echo algo, pero estaba muy asustada, no podía hacer nada... y-y-y tenía razón – tomó aire de a poco, en respiros cortos – yo no sé nada, siempre hago estupideces, y nunca estoy pendiente de cosas importantes... y por eso pasan... y como soy tan tonta no puedo hacer nunca nada. – apoyó su cabeza en el pecho de Reese y dejó caer un par de lagrimas. – quizás Ann si esta cansada de mi, parece que tenías razón Morvern.
- nunca fue eso, Laine. Ann no piensa que eres un tonta y una molestia. Es sol oque hace cosas que las de mas personas no entienden... A sacrificado muchas cosas por estar donde esta, pero estaba dispuesta a ello. Todo para mantener algunas cosas...
- ella es todo lo que me queda... ella lo sabe pero de todas formas... ella debe estar harta de mí. Pasa ene se laboratorio por que es mejor que estar con nosotros... no es cierto? – levantó la mirada y miró el rostro de Reese. Su rostro primero mostró confusión y después ira. Apretó los puños y empezó a golpear a manotazos a Reese. – por que no me dijiste nada? Por que? Yo querría ayudara Ann! Se que soy una molestia, pero debe haber algo que al menos pueda hacer bien! Debe de haberlo! Ayúdame... – susurró – AYÚDAME REESE! AYÚDAME! – y entre que lo golpeaba se ponía a llorar frustrada.
- la idiotez que hice hoy es en todo lo que te puedo ayudar... – dijo sin dejar de recibir los golpes sin fuerza de los puños de Laine.
- yo sé que puedes hacer más! Tu sabías porque Ann no podía venir siempre que la invitábamos, todas esas veces que nos falló!
- grita... que así dejas de llorar como una niña... – dijo con amabilidad.
Laine gritó, y lloró también a gritos.
- SOY UNA IDIOTA! – gritaba seguido.
Reese la paró bien. Tomó aire y grito: "YO TAMBIÉN! SOMOS UN PAR DE IDIOTAS GRITANDO CUANDO TODOS DUERMEN!"
- POR FAVOR VENGAN A GOLPEARNOS! – Y Laine se largó a reír.
- ni si quiera para eso puedes ser seria? – preguntó Reese viéndola reírse. – a parte de aburrida...
Y después simplemente gritó "AHHHH!" hasta que su garganta no dio más.
Nadie descargó su ira en ellos, quizás les parecía divertido a todos. Y por eso los escuchaban.
May entró al vestíbulo de Kein. Era una sala grande, enorme, llena de ventanales con cortinas de gasa color crema, o quizás que fueran blancas. El piso estaba baldosado como un tablero de ajedrez, y en la enorme sala, había en el centro un sillón negro, cerca de el, un armario, y un escritorio con un PC.
Kein estaba dormido sobre el escritorio.
May se acercó lentamente procurando no hacer ruido.
Kein dormía profundamente sobre el teclado, en sus manos estaba su Mp3, May alcanzó a observar que canción estaba escuchando en el LCD (pantalla del Mp3). Y sintió gran pena y alegría a la vez, le sacó el Mp3 de las manos suavemente, y lo apagó.
De su bolsillo de tarjetas sacó una.
- Gain! – gritó. Y una especie de tortuga enorme de color azul oscuro, con el caparazón lleno de marcas irregulares, donde se podían ver tres letras; "Cad". Cargó a Kein sobre "Cad", y lo llevó a la cama. Lo dejó pesadamente, y "Cad" volvió a ser carta en un "puff".
May sintió un crujido tras ella. Miró hacía atrás y notó tras las cortinas un bulto que resaltaba claramente de un color rosado bajo las cortinas de gasa. Estaba apunto de de tirar las cortina para ver quien era, pero sintió el golpe de cómo se cerraba el armario de Kein.
Histérica camino hacia el armario, y lo abrió, dentro estaba sentada entre la ropa de Kein, Sakura, le sonreía pidiendo indulgencia. La tiró fuera, y después movió la cortina, allí estaba Garnet sosteniendo un peluche, bastante asustada.
- que rayos hacen aquí? Saben como me asuste? – preguntó regañándolas como si fueran niñas pequeñas, y ellas la miraban como si de verdad fuesen niñas pequeñas. – no tienen que estar con Takashi?
- Takashi nos dijo – Sakura sacó unos lentes como los de Takashi, rectangulares y de marcos gruesos y negros – "después de que las haya explotado tres días seguidos, quieren dormir? - imitó Sakura con el tono serio de Takashi.
- y nosotras le dijimos que si, pero como lo conocemos, sabíamos que quería algo a cambio – continuo Garnet. – dijo que quería un tonel de café, y 20 emparedados, y como Mench no nos lo iba a dar vinimos aquí a pedirle a Kein.
- Pero cuando lo vimos así, no pudimos resistirnos y lo quisimos asustar para cuando se despertara; pero apareciste tú... – dijo con un gesto reproche muy infantil. 3
- sabiendo como es Kein, obviamente les hubiera dejado... podría haberlas matado si Garnet no hubiera estado vestida de rosado... n olas hubiera reconocido.
- Ehhhh! – exclamó Garnet feliz – soy una persona con marca personal y es rosada! – Sakura la acompaño en su celebración haciendo un bailecito con ella. May se limitó a dejar de mirarlas y se dedico a meter bien a Kein en la cama.
- sea como sea, lárguense, después de Kein, van los dos idiotas que tenemos en el calabozo, despuñes va Noa, y despuñes voy yo – dijo dándole importancia. – yo les..
- y eso a que va? Mench nos dijo que debía ser Kein – especifico Garnet.
- dijo que su café no se lo iba a dar alguien que lo tomara solamente para mantenerse despierto, decía que Takashi no era suficientemente bueno como para poder apreciar bien su sabor – dijo Sakura explícitamente.
- ya veo... – May estaba pensativa. – yo pediré un tonel de café y 20 emparedados... Y la próxima vez no hagan eso... – Garnet y Sakura se fueron muertas de la risa.
Tomó el Mp3 de Kein, y escucho la canción que él estaba escuchando, era la única canción del Mp3 y se repetía indefinidamente hasta que se acabara la batería. Y cantó con la áspera voz de mujer de la canción.
A pesar de su voz áspera su voz se mezclaba con los violines.
May cantó con ella la canción que tan bien conocía.
- De la espina de mi garganta,
a pesar del dolor puedo cantar...
De mis labios mariposas...
De mis labios verdad...
De mis labios mi alma...
Que tanto buscas que no puedes escucharme ya?
Mis lagrimas no están allí, deja ya...
Tus viejos recuerdos tampoco están allí...
Tomó el dolor y lo estrujo en mi ser...
Ya no busques... que ya no estoy allí...
- De la espina de mi garganta,
a pesar del dolor puedo cantar...
De mis labios mariposas...
De mis labios verdad...
De mis labios mi alma...
Ya no puedes darme tus manos...
Tampoco nunca las recibí...
No le di mi corazón a nadie
por que no quería gastar mi tiempo
Yo tampoco escuche...
Deja de buscar en las fotos,
No estoy allí
Deja de llorar en mi tumba,
No estoy allí.
Deja de dejar tu vida...
No me encontraras así...
- De la espina de mi garganta,
a pesar del dolor puedo cantar...
De mis labios mariposas...
De mis labios verdad...
De mis labios mi alma...
De mis labios tus labios...
Deja de buscarme ya...
Deja de buscarme...
Escúchame para encontrarme...
Escucho un débil aplauso atrás suyo.
- Vittani lo pudo haber cantando mejor – dijo Kein desde la cama. – no quería que supieras que aún la escucho. Aunque ya la deje de buscar, ya escuche su voz... eso era lo que ella pedía, que la dejara de buscar; ella sabía que pronto se iba a ir... tengo que escucharla para dejar de pensar en volver a ir a buscarla.
- pero no deja de ser triste... ya a pasado mucho tiempo desde que se fue... pensé que eras más fuerte.
- nunca e sido fuerte – dijo dándose cuenta de su propia ironía. – todo lo que hice, todas las cosas peligrosas me hacían sentir vivo, por eso las hacía, no por que fuera fuerte.
- que pasó de verdad con Vittani, nunca supe por que se fue la verdad, simplemente lo supe de ti, y nadie a parte de nosotros se acuerda de ella. – dijo May comprensiva.
- si te lo digo dejarás de estar enojada conmigo?
- no, estoy eso no tienen nada que ver, no hay ningún intercambio en ello.
Kein se levantó abruptamente, y abrió las cortinas. La tenue luz de la noche entró por los ventanales.
- Vittani estaba consumiéndose por su propia fuerza. Recuerdas que cuando cometía algún asesinato, nadie la reconocía? – May asintió. – ella podía borrar su propia existencia de las demás personas.. creo que así fue perdiendo su alma, y su identidad. Con nosotros se sentía como una persona existente...
- era callada... siempre se limitaba a mirarnos... así era feliz?
- si, se sentía como alguien. – su mirada se fue perdiendo en la inmensidad de la noche. – ella misma decidió irse, y decidió borrarse ella misma de nosotros.. creo que eso la hizo desaparecer... quizás las personas para ser alguien necesitan que las otras personas les hagan sentir como alguien... Por eso necesitamos vivir con personas. O al menos conocemos algunas. Pero ella logró que nadie la conociera...
- ella se borró a si misma? Por que? POR QUE?
- no te alteres, eso es mi culpa. Creo que cuando la olvide, también me perdí a mi mismo, algo salió mal cuando se borró. Nosotros que la conocíamos no podíamos ser sin que ella estuviera en nosotros... ella me dio su existencia, May. Su cuerpo estaba vacío, pero su alma estaba conciente de que nosotros no la podíamos ver así. Y se fue. Creo... que ella ya esta muerta, May, un cuerpo sin voluntad no es algo vivo.
- por que lo haría? Kein, hay algo más, no es así?
- no quiere herir a nadie. Bueno, no quería herir a nadie, siempre decía que cuando a uno le pasa algo con una persona, uno siempre desea no haberle conocido, por que las personas son cobardes dicen esas cosas, y después dicen que le odian para no herirse más a ellos mismos para amortiguar el dolor. Ella quizás había creado una habilidad así para evitarle el dolor a las personas...
- por eso cuando alguien moría, cuando ella era la culpable, nunca nadie lloraba a la persona, nunca nadie decía nada respecto a que una persona querida se había muerto. – May abrazó a Kein por la espalda. – deberíamos estar contentos de saber que existió?
- estamos contentos de que existió, May, y que sigue existiendo mientras alguien la recuerde.
- estamos... contentos... – Kein se tocó el hombro, miró a May, lloraba a viva lagrima. – pero también tristes de que no este...
- entonces en ese momento ella también estará triste y feliz a la vez. – dijo Kein mostrándole una sonrisa forzada.
Kein dejó a May llorar por viejos recuerdos, con la persona que también los compartía.
- Por que la persona que de verdad desaparece es la olvidada. Pero si una sola persona lo recuerda; esta bien, existe la prueba de que existió en este pequeño mundo.
May ahogo un sí en su llanto.
El sol se dio a conocer un poco más tarde lo normal, las nubes oscuras y densas lo opacaron mientras su luz era débil.
El coliseo parecía glaseado en azúcar, y la cabañas de los pupilos parecían hechos de galletas de chocolate en glasé. El pasto estaba medio congelado y cubierto de una fina capa de diamantes.
Y empezó a nevar.
Reese se sacudió la escarcha de la ropa y del cuerpo, tembló, y empezó a estornudar. Estornudo cuatro veces.
No tenía el valor alguno de presentarle la cara a nadie, se sentía mal si lo miraban con simpatía, lo saludaban con alegría o le trataban con amabilidad. Nadie le conocía de verdad, nadie.
- si sigues así te vas a enfermar y te vas a morir y no vas a hacer sentir mal – dijo Ann llevando un paraguas. – estornudaste cuatro veces... eso se pasa del amor y todo lo demás... te parece perdón como cuarto estornudo?
- que tal una conversación con tú hermana. Explícale bien por que estás tan distante; ella cree que la odias.
- si, la odio.
- entonces no hay mucho que hablar en tal caso.
- la odio por que nunca me reprocha mis errores. Ella cree que yo soy alguien cercana a la perfección, que tiene su vida controlada, que no tiene grandes problemas.
- díselo.
- díselo tú, yo no le quiero dar la cara ahora. La trataría igual que en el laboratorio.
A Reese le cayó una taza de aluminio en la cabeza.
- bésense o algo – dijo Ai llevando un termo y otras dos tazas. – ustedes son idiotas, igual como decían anoche.
- yo no dije que era una idiota. – aclaró Ann molesta.
- pues yo te digo que si eres idiota. Bueno, todos somos idiotas, no hay mucho que discutirle. – dijo Ann lanzándole una taza a Ann.
- sé que somos idiotas, y entre idiotas mayores de lo normal nos entendemos, Ai – respondió Reese acercando su taza al termo que iba abriendo Ai. El vapor salió abundantemente del a bebida.
- se acabó el café, así que es agua hervida con pasto, tiene 11 de azúcar, así que es pasable. – advirtió Ai viendo la expresión del rostro de Reese al probarlo.
- es lo que hay? – preguntó Ann acercándole la taza para que le sirviese.
- no, era para ver si se enfermaban. Recuerda; no hay comedor, por consecuente, la única cocina es la del coliseo, que en este momento está cerrada. – dijo coherentemente.
- y por que tan amable de repente? – preguntó Reese tomándose de una la bebida, acercó la taza a Ai, para que le sirviera más.
- tengo una niña inundando de lagrimas mi cabaña, y creí que seria útil utilizar sus lagrimas en algo. – dijo Ai tomándose un poco de su propia taza. – ella es más inteligente que ustedes, dice que no esta enojada, que no es nada, pero que solamente quiere llorar un momento, dice que así se va asentir mejor... No se está estrujando el cerebro con cosas sencillas que parecen complicadas. – miró el cielo – es hora de que esa otra niña le de la cosa de santa...
Ai le lanzó el termo a Reese, sacó un poco de goma de mascar de su bolsillo, y se lo echo a la boca y empezó a hacer unos globos enormes, que ella misma reventaba con sus labios. Y se fue caminando entre las cabañas.
- realmente esta cosa es mala – susurró Ann tomándosela.
- entonces no te la tomes – dijo Ai dándose la media vuelta. Le quitó el paraguas de las manos a Ann, y se lo llevó.
A Reese se le empezaba a acumular la nieve en la cabeza y los hombros. Se la sacudió y se fue a su propia cabaña.
- no seré el único en enfermarse si no te consigues otro paraguas.
Gon pateó a Killua al despertarse, al fin pudo ver el mensaje en tinta roja que parecía sangre en la pared. Killua se despertó enojadísimo, y para rematar Samara estaba en el umbral del a puerta para cuando abrieron; se le notaba que había estado bastante tiempo ahí parada, por que aún estaba en camisón de dormir. Samara esbozó una sonrisa de alegría que de verdad que la hacía ver más sombría de lo normal, extendió lentamente sus brazos para mostrarle a ambos l oque tenía; dos muñecos idénticos cada uno a Gon y a Killua.
Ambos gritaron y cerraron la puerta de golpe.
- no voy a salir con esa loca allí afuera! – gritó Killua para que lo escucharan. – Gon, salgamos por la ventana... Gon? GON?
- tiene muñecos de nosotros... no nos hará nada raro usándolos? – preguntó con los ojos brillosos del miedo.
- cla-claro que no! – dijo Killua con seguridad fingida. – salgamos por la ventana. – "tengo que conseguir esos muñecos, no me gusta la idea de que los tenga..." pensó palideciendo.
Abrió la ventana, para salir por ella, pero una del a muñecas de Samara estaba afuera mirándolo con sus ojos brillantes hechos con botones. Cerró la ventana de golpe, y se sentó en la cama.
- que vamos a hacer Killua? – preguntó Gon sentándose a su lado.
- yo no saldré hasta que la loca salga de la puerta, y queme los muñecos.
Y se quedaron esperando.
Leorio salió de su habitación, se fijo un poco en que Samara algo esperaba en la puerta de Gon y Killua, pero no le tomó mucha atención, quería saber que había pasado con su pequeña travesura.
Tocó un par de veces la puerta, Kurapika abrió, ni si quiera lo miro, y pasó del argo. Estaba vestido de una manera que nunca había visto, llevaba una camisa blanca mal abotonada, pantalones negros, de tela opaca, y un abrigo negro abierto con algunas aplicaciones en los botones.
Kurapika se le veía más serio de lo normal, Leorio se permitió decir que estaba triste.
Que tan lejos había llegado su broma?
Kurapika ni si quiera lo miró, y pasó de largo, llevaba las manos en los bolsillos, algo escondía dentro de los bolsillos. Leorio lo agarró del brazo antes de que se fuera muy lejos.
- pasó algo que estás así? – preguntó Leorio mirándolo fijamente.
- Kidara despertó – Leorio lo miró bastante impresionado, pero sin dejar de preguntarse si era su culpa.
- y como está?
- no preguntes por Kidara, pregunta por Sui, la que se despertó era Suirem.
- No conozco a nadie que se llame Sui... – Leorio se dio cuenta bastante rápido – la sombra? Te dijo algo?
- la verdad no tenía mucho que decir, estaba... congelada en los momentos antes de que la mataran, creía que aún estaba trabajando, se olvido de su propia muerte.
- explícate – Kurapika se negó con la mirada - no te quedes callado, no lo hagas como en la cuidad de York; esto no es algo solo tuyo, e salgo que a todos nos incumbe.
- Y como sabes que a todos ustedes les incumbe?
- por que somos los amigos de esa persona, no seas idiota.
- por que soy idiota hago esto Leorio, hay algo que a mí me importa que ella no tiene en este momento! – dijo casi gritando. – ella no se entiende a sí misma, al menos lo que ella no se entienda, yo quiero entenderlo...
- ...es cierto que siendo sus amigos no sabemos mucho sobre ella..
Leorio reparo en que Samara lo estaba escuchando. Dejó de observarla cuando ellas e dio cuenta de que la estaba mirando. Giró la cabeza lentamente y miró a Leorio con su único ojo normal.
- mm? – exclamó esbozando una sonrisa cuadrada.
No, de alguna manera no había escuchado nada. Y Kurapika se había escapado, ya no estaba en el piso.
Y Samara de momento a otro, como si hubieran bajado la cantidad de cuadros por segundo, fue avanzando a su habitación apareciendo y despareciendo. Leorio palideció, miró su reloj, se le había hecho tarde por cinco minutos, tomó su maleta y bajo corriendo a tropezones la escalera. Se tropezó con Kris en la bajada, pero no lo tomó muy en cuenta.
Gon y Killua abrieron sigilosamente la puerta, y salieron, trataron de entrar en la habitación de Leorio, pero estaba cerrada; la de Kurapika estaba abierta, y se metieron dentro, para esperar un rato antes de volver a salir, por si es que Samara seguía con sus muñecos. Cerraron de un portazo, y se sobresaltaron al ver como se levantaba Kidara de la cama.
Ambos le hicieron con las manos un gesto para que mantuviera silencio, ella se miró las manos, y extrañadísima hizo el mismo gesto.
- Samara tiene unos muñecos iguales a nosotros... lleva bastante tiempo esperando a que salgamos para probar si funcionan – aclaró Killua. Killua vió la silueta de una de las muñecas de Samara a través de la cortina.
- nos podemos quedar aquí hasta que dejen de vigilarnos? La verdad es que Samara me asusta, y parece que a Killua también – pidió Gon.
- no es que me asuste – mintió Killua.
- se pueden quedar – dijo Kidara seria – pero quienes son ustedes?
