Segundo Ataque X
Canciones Sin Melodía X
Blanca
Muerte
Kris vió a Samara en el inicio de la escalera y le saludo con cariño. Samara lo miró, no le saludo y le envió una mirada fría mientras se dirigía a su habitación. Kris la siguió contento, como si fuera a jugar a la casa de un amigo.
La habitación de Samara no tenía papel tapiz como otras habitaciones, las paredes eran de piedra como las de un castillo, había un única ventana; rectangular y estrecha. Los únicos adornos, si es que se le podían decir adornos eran una cantidad enorme de muñecos semejantes a algunas de las personas del coliseo, clavadas con unos clavos enormes y negros a la pared. En una de las paredes había una cama de prisión, o sea una placa metálica sostenida a la pared con cadenas. Y una cantidad de lanzas puestas para sostener la ropa de Samara. Por ultimo bajo la cama habían tres sarcófagos pequeños; para las muñecas de Samara.
- que tiene de divertido venir aquí? – preguntó Samara tomando una peineta de hierro de una mesilla que estaba a modo de velador al lado de la cama, tenía un jarrón de vidrio, roto, con rosas secas.
- me gusta tu habitación – dijo sentándose en la cama y jugando con sus pies.
Samara no le respondió y se peinó.
El niño había tomado esa costumbre de pasar el día con ella, o al menos estar en la habitación de ella.
Era un poco distinto a la demás escoria del mundo.
Chi corrió tras Kurapika, pero no lo alcanzaba.
- que te pasó? – lo alcanzó gritando.
- no es tú culpa – confirmo. Y Chi se quedó parada viendo como se alejaba, se dirigía fuera del coliseo.
Zera la tomó por el hombro.
- manda a alguien, no debe ir al bosque de arena. – advirtió Zera, y siguió caminando hasta el comedor.
No entendía por que había cambiado así, de repente su ropa, ni por que había salido del coliseo sin buscar nada ni tampoco teniendo un destino concluso. Simplemente se quería alejar.
Siguió caminando, como estaba nevando se le hacía complicado caminar sobre la arena, hasta que finalmente se detuvo frente a un bosque. Quiso entrar, pero se detuvo, el suelo se agito, y una llovizna de arena le cayó encima; un árbol acababa de ser derribado. Se sacudió un poco la ropa, y desistió de seguir; no era un buen lugar para pensar o practicas teniendo a Anna Kyouyama gritando a Yoh Asakura, mientras derribaba árboles, y derribaba otras cosas.
Se dirigió hacia el otro lado, donde había una laguna de un tamaño poco significante, pero que poseía un panorama mágico; como un alma cristalina en sus aguas profundas y verdes esmeralda podía ver el fondo y ver que escondía. Pero para su decepción en el fondo solo habían blancos esqueletos de un enorme árbol.
Rodeó a un pasó lento y poco seguro la orilla de la laguna. Se detuvo y observó una figura encapuchada que jugaba con la arena de la orilla; la empujaba dejándola caer a la laguna. La figura movió la cabeza a donde el estaba; y Kurapika pudo ver sus ojos negros. La persona, que era una mujer, se bajo la parte de la capucha que le tapaba la boca, tenía una sonrisa de alivio.
- pensé que eras otra persona – dijo parándose y dejando caer una piedra al lago. – te pareces a ella, pero no eres parecido a ella. – explicó caminando hacía el con el elegante ondear de sus ropas.
- a quien? – preguntó Kurapika creyendo saber la respuesta.
- a una joven de cabello tostado, y ojos azules oscuros con un brillo sangriento, no sé como se llama, pero se que está aquí – dijo con melancolía.
- y que relación tienes con ella?
- Ella me atrapó – dijo finalmente con una sonrisa. – y me liberó... – Kurapika mantuvo silencio – si vez estoy totalmente tapada, pero al menos puedo ver y sentir. Antes no podía, quizás veía, pero estaba ciega.
- te liberó de...
- quizás uno cree que esta libre, pero esta encadenado a lo que uno mismo a creado – dijo con un tono alegre en su voz – ella...
- ella no es así como tú dices – dijo fríamente Kurapika.
- ...eso fue lo que vi en ella... al menos – dijo Mitarai Sumire, la Obsoledora, con tristeza.
- Ella ni si quiera sabe que esta encadenada y crees que esta libre... y ni si quiera podrá descansar en paz nunca! – dijo Kurapika enojado. – que clase de libertad es esa! Donde vives encadenado para poder vivir!
- para ella eso es ser libre – dijo Sumire mirando con tristeza y pena a Kurapika. Se dio la media vuelta y dijo – mándale mis saludos si la conoces, por favor - y se fue caminando hacía un gran árbol, que había en el horizonte.
Kurapika se dejó caer en el piso. Tomó una piedra, la lanzó al lado; y dio 4 rebotes antes de hundirse.
Ahora sabía por que había echo ese cambio esa mañana, ahora sabía por que no se había puesto ropas que podrían ser alusivas a la tribu; era por que en ese momento no se quería preocupar de la tribu exactamente... Y se sintió miserable; si su razón de vivir estaba en vengarse, aunque fuera por un instante lo había olvidado. Sus sentimientos le habían dado una mala jugada...
-Kurapikaaaa! – escucho un grito muy distante, la voz de esa persona era totalmente desconocida para Kurapika.
Se dio la vuelta levantándose y mirando sin mucho interés a quien se acercaba; era una niña baja, o quizás no, quizás solo tenía el aspecto de una niña... y ahora que la miraba de más cerca, estaba muy desarreglada, ojeras de cansancio extremo, y el cabello opaco, quizás de un tiempo sin asearse.
Antes de que pudiera estar a unos cincuenta metros de Kurapika, la niña se cansó. Avergonzada corrió medio avergonzada, medio desfallecida a Kurapika.
- por favor... no andes por aquí... sin avisar a nadie – dijo en un balbuceo.
- no creo que sea peligroso, o sí? – preguntó dándose lentamente la media vuelta.
- no lo es, pero no debes. Supongo que lo entiendes – dijo sacudiendo su ropa. Tomó aire lenta y profundamente – hace mucho que no salía del coliseo...
Kurapika la volvió a mirar de reojo, y se dio cuenta de quien era; no la había reconocido por que su cabello estaba un poco diferente y no tenía la misma mirada inteligente que había visto ese día de san Valentín. Y el día anterior, pero no se había fijado si era ella o no.
- en serio eres la niña de la computadora? – preguntó Kurapika un tanto impresionado. El cabello de la niña en las puntas se había desteñido, no era opaco, era como si se lo hubiera teñido constantemente. Y sus ojos ahora reflejaban serenidad, no inteligencia, aunque la hacían ver más somnolienta.
- computadora? - dijo dándose cuenta en una reacción muy lenta – cierto! Tengo una computadora – dijo riéndose sola.
- te llamabas...
- Hyo – dijo con una expresión de reproche. – que mal que no te acuerdes.
- ... bien. Hyo, entonces, diles que estaré por aquí durante el día; supongo que eso vale como avisar – y caminó hacía el gran carbol que había en el horizonte, donde había ido la joven de la capucha.
- no puedes ir allí! – dijo gritando estruendosamente. Kurapika se dio la vuelta con un gesto de dolor.
- gritas demasiado...
- ve para el lado de la barrera, pero no para ese lado... es que... – Kurapika se quedó mirándola.
- por la manera en que me detienes, puedo saber que hay algo que no debo ver o algo que esconden. – Hyo se quedó callada. – soy un general sin número designado supongo que puedo ir.
- si número designado significa sin rango, no tienes derecho de ver nada!
- se lo que significa, pero sigo siendo el general que reemplaza a mí hermana.
Hyo se quedó mirándolo desafiante.
- veo que de verdad es incorrecto que siga... – dijo apiadándose. – estás cosas son del tipo que Kidara revisaría sin preguntar, supongo que ya te hubiera noqueado.
- gracias.
- no hay de qué dar gracias, descubriré que hay allí a mí modo... si fuera algo correcto no tendrían problemas en mostrárselo a nadie – y de repente corrió desviándose un poco.
La laguna estaba en el comienzo de un prado un poco escabroso, y el árbol gigante donde había ido Mitarai estaba solitario, si seguía hacía el este rodeaba el lago, y pasaba hacía sábana que había terminando el prado. Pasó corriendo el borde de la laguna hacia la sábana de continuaba tras este.
Miró hacía atrás, riéndose de la su imprudencia; si Kidara estuviera totalmente conciente hubiera hecho eso... aunque de una manera más drástica.
Y se detuvo...
¿qué estaba haciendo? Tanto habían cambiado sus ideales? Que...
- Kurapikaaaa! – gritó Hyo tras él. Parecía extremadamente cansada, pero seguía corriendo a más no poder... y se cayó en la tierra antes de estar lo bastante cerca de Kurapika para no tener que gritarle. – por favor! No puedes ir allí!
Kurapika no la escuchaba, sus gritos nublaban sus pensamientos y no sabía nada en ese instante. Estaba a cuatro pies en el piso, sus ojos escarlatados dejaban caer lagrimas sin pestañear si quiera.
Sentía un dolor profundo en el pecho, en el lado izquierdo. Apretó su mano contra su pecho como para amortiguar el dolor.
Sabía que ese dolor era justo! Como podría olvidarlo! Si era su mayor temor!
- Aún en la oscuridad, sabes a donde ir por que hay una luz al final; Hatsu No restringido, Lúmina! – escuchó una voz tras suyo... no podía ser Hyo...
Hyo escribió con su dedo en la tierra después de ver lo que le ocurría a Kurapika y recitar esa frase.
Lo escrito era un símbolo que contenía todas las letras de Lúmina en un dibujo que parecía "brillar". A Hyo siempre le quedaban las mangas de la ropa largas; se subió las mangas hasta los codos, golpeó sus manos una con otra, y con su Hatsu marcó una especie de signo, que de alguna forma complementaba perfectamente con las palabras dibujadas en la tierra...
Killua y Gon se quedaron un instante mirando a Kidara.
Ambos se acercaron a ella, inspeccionándole con la mirada como dos sabuesos.
- no es Kidara – dijeron ambos como si fueran Sherlorck Holmes.
- Kidara? Y quien es? – preguntó sin inmutarse – me parezco a esa persona?
Gon corrió hasta el ventanal y abrió las cortinas para que entrara algo de luz.
- oye! La psicópata puede es... tar... afu... era... – Killua se quedó mirando a Kidara impresionado. Ahora poco le importaban las muñecas de Samara.
El cabello de Kidara era de un rubio cenizo casi gris, y sus ojos eran de un azul blanquecino, casi blancos. Su mirada no era la típica mirada fría, altanera y desafiante que tenía Kidara, se parecía más a esos momentos en que ella estaba triste, o realmente seria; Una mirada entreabierta, con algo de dolor y algo de misericordia.
Pero la expresión que tenía la hacía parecer casi adormecida, incluso torpe.
- quien es usted? – preguntó Gon con el ceño fruncido.
- lo mismo me pregunto – dijo con serenidad.
- ...sabes que rayos estas diciendo, no? – le preguntó Killua.
- claro. Estoy segura de que estoy aquí parada, no se quienes son ustedes, y no soy quienes ustedes creían. Esta claro que no nos conocemos. Estoy segura de todo eso, menos el por que estoy aquí.
- ... Killua... es Kidara... pero como un trozo de ella...
- de casualidad no te llamas Kun? – preguntó Killua pensando en la sombra de Kidara.
- no, puede ser. – dijo parándose de la cama, arremangándose la ropa de Kurapika, que le quedaba bastante grande. – sea como sea, ahora sé que necesito otra cosa para ponerme. – y se empezó a desvestir.
Gon y Killua empezaron a correr por toda la habitación, abrieron la puerta, pero entraron inmediatemnte, una muñeca de Samara los miraba con sus enormes ojos plásticos y al final se precipitaron dentro del pequeño baño de la habitación de Kidara.
- no debería ser ella la que se meta aquí dentro! – reclamo Killua medianamente sonrojado.
Gon estaba medio rojo todavía.
- por que? – preguntó Kidara.
- por que eres chica, y nosotros niños! – dijo Killua.
- ...oigan.. esta nevando! – dijo la voz de Kidara un tanto soñadora. Pero no salieron a ver, aún se notaba que estaba en cueros por la habitación a través del vidrio opaco del baño.
- ya lo veremos! Pero ponte ropa!
Cuando notaron que ya se había puesto algo. Salieron; llevaba el vestido negro que había usado para el examen de cazadores para conseguir nuevos rangos.
El negro le quedaba extraño con sus actuales tonos de cabello, y ojos.
Gon sonrió, era Kidara y a la vez no, y le gustaba la idea de poder conocerla, un poco más de lo que ya la conocía.
De vez en cuando uno piensa que conoce a la persona, pero la verdad solo conoces lo que ella deja que conozcas, pero de todas formas la conoces, solo lo que ella deja que veas. Y cuando te das cuenta te preguntas por que no te dijo todas esas cosas, y tienden a herirte, no? Pero en el caso de Kidara ella te respondería; por que no preguntaste?
Gon sabía que Kidara era natural, no se guardaba nada... solo que no hablaba mucho, y si no preguntabas no te decía nada sobre lo que querías, y si te decía algo era por que le consultaste o era de suma importancia. Y lo que creía que no tenía nada que ver contigo, no te lo mostraba, pero si lo veías, y al final te interesabas en ello, ella te inmiscuía en el tema. Así era; era, Kidara.
- en serio no sabes quienes somos? – preguntó Killua sentándose frente a ella en la cama contigua a la de ella.
- no, es la primera vez que los veo – dijo sin inmutarse.
- y no te preocupa estar en un lugar lleno de personas que no conoces? – reitero Killua.
- los conoceré
- ni el no saber quien eres?
- tú lo sabes.
- sabes en lo que estar metida?
- lo averiguare.
Killua no quiso continuar, si seguía, todas las respuestas eran externas a ella, y por consecuente todo tenía respuesta.
Todo lo respecto a ella lo sabían las de más personas, sólo debía quedarse con esas personas.
- me desespera que sea así – dijo Killua, y salió de la habitación saltando por la ventana.
- wow, puedo hacer yo también eso? – pregunto "Kidara" a Gon.
- si puedes, incluso puedes volar – dijo Gon sonriente.
Y antes de que Gon le explicar como, ella se lanzó por la ventana. Tal y como lo había hecho Killua. Gon la siguió, si no sabía nada, podría...
- corran! Es la Psicópata de ayer! – dijeron varios pupilos viéndola y corriendo.
Kidara se quedó mirándolos correr, miró a sus espaldas, creyendo que se referían a otra persona.
Entre los pupilos que corrían caóticamente de un lado a otro, como hormigas cuando uno les pisa, se quedó parada observando Laine.
- DarkMoon! Estás despierta! – dijo alegre caminando hacía ella.
- si no estoy dormida – dijo mirándola fijamente.
- es cierto... Gon! Cuando despertó? – preguntó Laine viendo a Gon venir desde el coliseo hacía ellas preocupado.
- hace unos momentos... y tiene un hoyo en su memoria! – dijo Gon agitando los brazos, con la emoción de un niño pequeño al ver algo nuevo.
- un hoyo en la memoria? – Laine se largo a reír – se llama amnesia!
- tengo un hoyo en la memoria? – preguntó DarkMoon.
- siii, y uno muuuy grande! - respondió Gon.
- ya veo – y los tres se miraron unos a otros...
- ey! – gritó una voz, los tres se sobresaltaron – practican a ser estatuas? – era Ai.
- no.. mira! Es DarkMoon!
- no soy tonta – dijo fríamente Ai.
- yo tampoco! – dijo Laine incoherentemente.
- que miras? – dijo agresivamente a Gon.
- nada! – dijo Gon sobresaltado.
- solo me exasperaba que estuvieran parados así – dijo Ai. Llevaba un termo en la mano, y en la otra una bolsa llena de pasto.
Gon y Laine se fijaron de que Kidara ya no estaba parada con ellos, Ai los había distraído demasiado.
Kidara daba saltos enormes, y gritaba como una niña pequeña en un parque de diversiones con cada salto, la sensación del viento, las nauseas de la caía, y al dar un nuevo salto, esa sensación de pesar cero le estaba fascinando.
Hyo tenía el don de las palabras, pero no tenía fuerza... corrió al bosque de arena, cortó la rama que encontró más cerca del piso, y saltó hasta cortar una del porte de una cama, la arrastro hasta donde estaba Kurapika inconsciente, lo levanto como pudo y lo puso sobre la rama, y empezó a arrastrarlo.
Recordó como la habían enviado por Kurapika; Chii pidió a Rei que pidiera que alguien fuera por Kurapika, y fue pasando de boca en boca hasta llegar a Kei; quien recibió el pedido de May quien estaba demasiado ocupada como ir a algo así, y Kein tenía otras cosas que hacer y justo pasaba por la habitación de Hyo, abrió la puerta, y miró el despelote de libros, y a Hyo dormida sobre una pila de libros. Habían tantos libros, que podría haberlos usado como lego y hacer una casa pequeña... habían torres, y torres, tantos libros, que Hyo había sacado todos los muebles y estaba usando los libros de mesa y silla.
Viendo eso, Kein le dijo : "despierta, anda al lago ese que esta cerca del árbol de apoyo, por ahí debe andar Kurapika, ya sabes que hay más allá de ese árbol, y que pasa si alguien lo ve. A parte, tienes horrible aquí adentro, deja que los Kodas de Valentine hagan su trabajo, y camina un poco, ventila tu habitación y todo lo demás; Sale!" Y Kein seguía reclamando y reclamando, y no se callaba! Así que prefirió hacerle caso.
Y ahora estaba arrastrando a un tipo que medía 20 centímetros más que ella, en la arena; no era nada fácil mientras tú te hundes y la persona que llevas también, por consecuente no puedes parar o se empiezan a hundir ambos. Por que era tan fina la arena?
Siguió caminando inconscientemente medida que le faltaba el aire, y solo se podía decir a sí misma que podía. Si hubiera traído lápiz y papel las cosas serían distintas... y usando el "Lúmina" en Kurapika, había acabad las pocas reservas de aura que tenía, pues el escribir esos pergaminos para hacer paisajes realidad consumía constantemente aura por cada palabras que usaba.
Una joven caía del cielo...
De repente la arena explotó frente a ella. Y la cubrió.
Poco a poco podía volver a respirar, hasta que finalmente pudo respirar el frió aire de ese día nublado. Miró a su alrededor para ver quien le había ayudado a salir de la arena, era una joven que la miraba con curiosidad, con unos ojos azul blanquecino llenos de preguntas.
- estás bien? – preguntó la joven.
- ahora si – y se dio la vuelta para ver como estaba Kurapika... pero Kurapika era un montículo de arena – Ahhhhhh! – gritó y empezó a excavar para sacar a Kurapika de ahí, detrás suyo la joven empezó a toser, toda la arena le llegaba encima – perdona!.. ayúdame! Tu hiciste esto! – y la joven camino directamente al montículo, se sentó frente a el, y empezó a sacar arena lentamente, tomaba un poco con las dos manos y la movía al lado suyo, delicadamente. En cambió Hyo parecía un perro por la manera en que escarbaba.
Hasta que finalmente lo destaparon completamente, Hyo se lanzó a la arena. No le importo que la joven estuviera enterrada hasta la cintura, por estar sentada tanto tiempo en la arena, y por haberse puesto la arena que sacaba tan cerca de ella.
No era que no se diese cuenta, si no que el rostro de Kurapika le parecía familiar; por fin algo familiar!
- quien es él? – pregunto apuntándolo.
- se llama Kurapika... – Hyo miró fijamente a la joven – pero no tu eres DarkMoon? Como te cambiaste el cabello? – le pregunto caminando hacia ella extrañada, olvidando preguntarle que como no sabía quien era a quien tenía en frente.
- varios ya me han llamado así... así me llamo?
- creo, yo tampoco te conozco, llevo los últimos dos meses en una biblioteca, no tengo tiempo para conocer a la gente.
Y DarkMoon no le respondió se quedó hay mirándola, esperando a que le dijera algo más. Pero Hyo no dijo nada, tomo Kurapika por la ropa y trato de moverlo, pero aún estaba medio enterrado. Y DarkMoon solo observaba.
Hyo busco una rama, y trato de hacer palanca, pero no había donde apoyar la rama; después empezó a escarbar, pero la arena se escurría, y ella también se hundía. Y DarkMoon seguía mirando.
- ojala si escribiera "fuerza" me volviera más fuerte... – dijo dejándose caer pesadamente en la arena, rendida.
- si escribieras "fuerza"? – preguntó al fin DarkMoon.
- jejejeje... – dijo avergonzada – Kein me dijo que no usara mucho mis habilidades o me debilitaría mucho... – DarkMoon se quedó mirándola fijamente, no estaba respondiendo. – ah! Cierto... perdona – dijo riéndose – me encanta escribir, y con el nen puedo hacer palabras verbo. – pero DarkMoon seguía mirándola fijamente con la interrogante; ella no había entendido. - lo que escriba se vuelve realidad, pero depende, se aplica a la realidad no de manera concreta... esto... es como una ilusión! Pero no es una ilusión! – trató de explicar, pero se enredaba sola.
- ...o sea todo depende de lo que escribas...
- algo así, las palabras tienen poder si las dices; el mundo se adapta a tus palabras, pero yo hago que "uno" se adapte a mis palabras. Aunque hay dos tipos de cosas que puedo hacer; adaptar el mundo, o a "uno". Pero no es que lo cambie... es como guiarlo, manipularlo un poquito – dijo un tanto avergonzada.
- si yo te pidiera que me ayudaras con tus palabras a saber algunas cosas podrías? Escribir lo que me falta! – dijo DarkMoon abalanzándose sobre Hyo, quien no respondió, miraba fijamente las manos de Kidara apoyadas sobre ella.
- no me toques! – dijo Hyo empujándola, Hyo miró a DarkMoon, quien no parecía entender lo que pasaba, como cuando un niño ve una película muy compleja que solo los adultos pueden entender. – no me gusta que me toquen... el tacto con otras personas me es... muy desagradable. – dijo calmadamente y comprendiendo que con quien trataba no sabía por que ella se enojaba, ni por que ella misma se había abalanzado sobre otra persona al oír ciertas palabras. – ves? Por lo que dije tu reaccionaste; algo así es mi habilidad – dijo cambiando de tema.
- por que? Por que? – dijo DarkMoon caminando a cuatro patas hacía Hyo, tambaleándose a punto de caer. – no puedes ayudarme con tus palabras?
- yo no te conozco lo suficiente como para poder ayudarte. – dijo Hyo mirando asustada como se acercaba DarkMoon hacia ella; esta totalmente fuera de si, guiándose por su mente, por lo que más necesitaba en ese momento. DarkMoon la miraba suplicante, de pronto se sentó y se dejo caer de espaldas. – DarkMoon? – preguntó Hyo después de un rato, ya no respondía, ni decía, ni hacía nada.
Y se dio cuenta de que tenía dos personas que no podían moverse por si mismas en ese momento, y que las dos eran más grande que ella ( en estatura), y que se hundían en la arena.
Leorio movió los biombos de manera que pudo separar la enfermería en la gran sala que era, y en una habitación pequeña.
Hyo era tratada delicadamente por Yukina.
- tienes suerte de que haya empezado a nevar – le dijo Yukina contenta – o si no los hubiera podido sacar.
- estaba entre que se me hundían y entre que yo me hundía con ellos Yukina – Hyo se había quemado con la nieve, la baja temperatura le había "quemado". Hyo miraba con una cara de hostigada a Yukina, quien parecía muy contenta con el clima, había nevado en la mañana, en la tarde no, y ahora había una tormenta.
- bueno, sea como sea, los trajiste; tenía a dos niños muy preocupados buscando a Kidara – dijo Leorio revisando una tarjeta médica. – y respecto a Kidara, era normal su estado?
- no lo sé, la conocí muy poco, pero ahora esta distinta físicamente, su personalidad no sé como sea, por que... – ahora que recordaba solo la había ayudado a salir de una pista de baile, y eso. – no la conozco, nunca he hablado con ella.
- Kidara puede cambiar sus rasgos con nen, es relativamente normal. – Hyo no estaba satisfecha.
- interrumpieron mi trabajo para mandarme a decirle a Krapika que no fuera al cementerio – Leorio la miró con los ojos muy abiertos.
- no querrás decir al tiradero, o no? – preguntó con un tono indiferente.
- parte de mi trabajo en convertirlo en un cementerio Leorio – le respondió Hyo indignada.
- pero tendrán donde descansar, no es así? – preguntó Yukina tímidamente, pero sus ojos mostraban una gran pena, estaban brillantes.
- por favor no llores – dijo Keiko dejando una pomada en el velador de un paciente cercano a ellos. Le pasó un pañuelo por los ojos y le miró insinuante. – Señor Leorio, no hable de eso ahora – avisó Keiko amenazante.
Leorio se levantó enojado, y se fue a zancadas a la salida de la enfermería, la vena le saltaba en la frente.
- ESOS NO PODÍAN SER CUERPOS DE PERSONAS HUMANAS! – gritó Leorio sobresaltando a algunos convalecientes.
Yukina y Keiko miraban cualquier cosa que no fueran personas. Yukina tomó el pañuelo de las manos de Keiko, se tapo los ojos, y empezó a sollozar ahogadamente, tratando de tragarse su llanto. Y Keiko simplemente miraba el piso, con la mirada perdida, recordando algo.
- Keiko... en que estado estaban los cuerpos? – pregunto Hyo... Keiko continuó mirando el piso, ignorándola a pesar de escucharla .
- eso no es un problema ahora Hyo; los cuerpos fueron restablecidos... pero muchos no se podían llamar personas – Keiko se tapó la boca por nauseas, tomó a Yukina por los hombros, y ambas se dirigieron a la oficina que había dentro de la enfermería.
Lo normal cuando uno come, es que no se hablen cosas desagradables, en especial si estaban dentro de un cuerpo y después... salieron... pero esto no se comparaba con el asco; era el horror y la pena de ver transformaciones sobrenaturales... cuerpos que no...
Cloud caminó lentamente entre los pasillos de piedra, cada paso hacía un eco... era un panorama interesante para el. Al final del pasillo hacía una puerta enorme única con barras de metal, como en los castillos de la era media. A cada lado de la puerta, habían filamentos de hierro que sostenían una especie de piedras transparentes y cristalinas del tamaño de un huevo que producían un fulgor rojo.
Cloud introdujo su licencia de Hunter en la ranura que había entre las dos partes que formaban la puerta, y como si fueran de papel, giro la tarjeta de manera horizontal y la puerta de abrió lentamente.
La habitación que seguía de la puerta era una sala con dos esferas enormes flotando dentro, de ellas salían cadenas que estaban incrustadas entre las piedras, la esferas eran tan oscuras que producían una oscuridad en la habitación, de manera que no se podía ver prácticamente nada, la luz roja de las piedras del portón iluminaban de manera que se podían ver las sombras de todo lo que había en la habitación, de manera que todo se podía ver o rojo o negro.
Cloud guardó la licencia, y se dirigió hacia las esferas, y con solo tocarlas reventaron como burbujas, pero la oscuridad no se disipo. Pronto pudo ver a dos personas teñidas de luz color rojo, paradas frente a el mirándolo fijamente, desafiándolo a que dijese algo.
- Mi nombre es Cloud DarkCreek; vengo a hacer un interrogatorio a ambos.
La oscuridad empezó a tomar forma, pronto los filamentos fueron notorios a la luz roja y envolvieron a los dos individuos, cualquier movimiento agresivo sería detenido.
- ...ya saben que hacer si se les dice el nombre del interrogador; díganme sus nombres. – ninguno de los dos levanto la cabeza; los filamentos se escurrieron hasta sus cabezas y las levantaron.
- Ross... – el filamento se tenso en su cuello – Ross ShadowManager.
- Haku.
- me gustaría saber tu apellido Haku – pidió Cloud.
- no tengo.
- después averiguare eso; no se hizo un interrogatorio antes por que los hechos eran relevantes en frente de muchos de los generales según tengo entendido, pero este interrogatorio no tiene nada que ver con eso, es una única pregunta; Lucharan en el segundo ataque?
Ross miró a Cloud con sus ojos afilados y sonrió con sus carnosos labios; - Naturalmente – susurró.
- si aceptan después se podrá negociar su estadía en el calabozo; pero hasta el día del ataque permanecerán aquí, eso era todo lo que queríamos saber
Antes de que alguno de los dos pudiese decir algo, Cloud se retiro, y cerró el portón. Ondeantes formas negras ahogaron tanto a Haku como a Ross, como una flor carnívora hasta volver a sumirlos en la oscuridad.
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Inicialmente pedí a Hyo que ideara un cementerio, pero no le dije para que era exactamente, ella simplemente me dijo que terminando lo que le pedí anteriormente lo escribiría.
La razón de pedirle algo así, fue por que se que muchos no volverán después del primer ataque... estos niños... no saben que es el sufrimiento, ni la competencia; la desesperación de que al no ser más útil; te mataran; no la conocen.
Después de mi decisión logré que todos se enojaran, y tomaran más en cuenta a los pupilos. Fue un dolor justo, aunque el hecho de que nadie me hable me duele un poco aún.
Pero algo horrible ocurrió; el otro lado de la isla tiene habilidades terribles; muchos de los cuerpos se deformaron, otros se congelaron y por alguna razón su piel se quemó con el hielo, otros sufrieron mutaciones, hubieron zonas donde los mismo pupilos se auto flagelaron y se arrancaron, atacaron y mutilaron a ellos mismo.
Pedí a Valentine que armara nuevamente los cuerpos destrozados y los deformados que fueron amputados de sus deformaciones. A los que tuvieran el rostro desfigurado se les fueron puestas mascaras.
Todos los cuerpos... ordené a los Kodas de Valentine que los dejara en la sabana que había entre la cuidad y los alrededores del coliseo, donde será el cementerio.
Que bien que hayan aprendido...
Garnet cerró el archivo y se tapo la boca para evitar exclamar algo. Tanto Sakura, Takashi, Chii, y May habían leído el documento.
- ahora sabemos donde quedaron todos esos cuerpos... – dijo Takashi arreglándose los lentes.
Todos estaban agrupados y juntos para conservar el calor, la temperatura había bajado abruptamente a causa de la tormenta de nieve.
- Kein debe escribir un resumen desde su punto de vista de las cosas que ocurran, para que el oráculo. – dijo May tomando el disco que contenía esos archivos de la palma de Kein.
- es un desgraciado; debería haberles advertido, ellos hubieran escuchado. – dijo Garnet tomando un peluche con forma de jirafa.
- solo lo hubieran escuchado – susurró Chii.
- Pero... por que tomo una medida tan drástica? – preguntó Sakura.
La habitación donde estaban era la de Takashi, que en ese momento era la más pequeña, por consecuente la más fácil de calentar con un computador en funcionamiento y varias personas. Y estaban muuuy apretados, Takashi tenía esa habitación solo para leer, escuchar música, su PC y su cama, nada más, la habitación no superaba los 4x4 metros.
- Kein tiene una mente cambiante, frente a las cosas cambia los puntos de vista constantemente. – respondió May.
- en parte fue lo mejor – opinó Takashi. Garnet le golpeó con su paraguas.
- ellos no sabían!
- ahí está el asunto de puntos de vista... – dijo May saliendo de la habitación. – tengo que ir a renovar la carta que mantiene a los cuerpos embalsamados, con el frío puede ocurrir algo.
- ...quiero verlo May – dijo Takashi en un leve susurro.
- mejor quédate con los lentes puestos Takashi. – le dijo May acomodándose sus propios anteojos. Y salió de la pequeña habitación cerrando lentamente la habitación tras ella... esperó un momento, y se fue cuando escucho a Garnet preguntar el significado que acababa de decir May. Debía estar segura de que nadie, nadie le siguiese.
Si, era horrible lo ocurrido, las decisiones, la manera en que se plantearon las cosas, como se idearon... y lo que ocurrió al final. Pocos generales sabían bajo que circunstancias y que clase de presión había ocurrido el incidente del primer ataque... y ahora se acercaba el segundo; según había averiguado el intervalo entre un ataque y otro era muy corto, y todavía no recibían las asignaciones que había hecho el otro lado.
Contaba con 3 semanas para poder organizar todo con la gente que aún le quedaba y poder reclutar nuevos pupilos.
May se puso lentamente una capa blanca, y con el cuello de este se tapo la mitad de la cara, se soltó el cabello de la cola que solía usar; guardó sus lentes, y saltó por la ventana de su habitación camuflándose con los copos de nieve que caían y el inmaculado color que había tomado el suelo...
La tarea que tenía en frente era de por sí muy dramática, según su punto de vista...
Llegó en un instante a la sabana nevada, si una sabana era un tipo de terreno que solo se presentaba en un lugar seco y caluroso como África, entonces esto era algo soñado; la nieve caía lentamente, como las semillas de un diente de león, y soplaba algo de viento. La hierva se movía como una ola brillante que soltaba escarcha cada vez que se movía, como si fuera polvo de estrellas... Los tristes árboles deshojados hacían contraste con el color gris del cielo, con su profundo color negro en la oscuridad de la noche, habían muy pocos de ellos, y hacían ver todo mágicamente desolado. Pero lo más bello de todo quizás, eran varias estatuas con diversas formas; ángeles, bellas damas, demonios, si era posible, todas y cada una abrazada o tomada gentilmente con una persona.
- Gain! Sweet Death! – gritó May, y las estatuas levantaron la mirada hacia ella. Lentamente cada estatua, mirando con cierta tristeza y ternura a quienes sostenían en sus brazos los bajaron al frío suelo, las estatuas, todas tomaron poses, como si volvieran a ser parte de una exhibición, y lentamente de deshicieron fundiéndose en copos blancos con la nieve, pero dirigiéndose en una petulante danza hacía la mano de May, y condensándose formaron lentamente una tarjeta de color verde.
May miró la tarjeta y sonrió. Tenía la imagen de una niña sentada en un sillón, dormida. Abajo en la especificación de la tarjeta decía; "La dulce muerte... dormir eternamente en los brazos de a quien más querías". Hichihara guardo con cariño la tarjeta en su estuche, y sacó otras tarjeta; "Seventh Heaven".
- Gain! – Pronto los cuerpos fueron cubiertos por una especie de bruma tan pronto como la tarjeta desapareció de sus manos, a su vez los cuerpos fueron envueltos por una cantidad enorme de plantas de hojas plateadas, enredaderas que los cubrían a gran velocidad. – El séptimo cielo; puede ser lo que tu quieras, y la tierra te dará su protección divina.
La dulce muerte, quizás era muy poderosa, pero las estatuas bajo el frió podían quebrarse, y los cuerpos estropearse; lamentaba haber sacado a los durmientes de los brazos de la imagen que ellos habrían creído como sus protectores o como quienes más los querían. Pero ahora, la bruma evitaba que los pudieran ver directamente, y tenían la protección divina de la tierra que los mantendría intactos hasta que pudiese tener un ida al otro mundo más digna que amontonarlos en un hoyo o mantenerlos sin descanso a sus cuerpos.
Para May Hichihara, al morir lo más importante era que quedara la prueba de que exististe en este mundo; las lagrimas. Para eso necesitas una lápida.
Para cuando Kurapika habia despertado, Kidara estaba también despierta; bien, pero cubierta de vendas, la frialdad de la nieve le había causado algunas llagas. Parecía la primera vez que veía unas vendas en su cuerpo, u olía el aceitoso aroma del ungüento para sus heridas, ahora parecía muy niña, no tenía esa mirada avispada, ni esa expresión fría; era casi alegre. No era ni seria ni alegre, era una especie de punto intermedio, donde si algo le daba risa esbozaba una sonrisa, y si era triste o de cierta importancia mantenía su compostura.
Kurapika pasó algunos días metido en la enfermería, junto a ella, pues ella al parecer sentía curiosidad sobre él, de vez en cuando le decía; " tú eres algo mío?". Pero él no le respondía y le ordenaba que se quitara la bacinica de la cabeza y que la devolviera a la estantería, o cualquier otra cosa que no debería, por que cada vez que Kidara tomaba algo que no debía, Kurapika la miraba de manera reprobatoria, y por consecuente ella le preguntaba eso.
La herida de Kurapika fue un tipo de Shock interno producido por la cadena que estaba alrededor de su corazón, por alguna razón presiono su corazón y produjo algo así como un ataque, pero no fue tan grave; quizás la habilidad de Hyo para guiar con sus palabras le había ayudado a recordar sus prioridades y la cadena lo había perdonado. Se había dejado llevar demasiado por la preocupación.
Pero ahora se reía de haberse preocupado tanto; cuando conoció a Kun como sombra no hablaba mucho y era muy indiferente. Pero con quien estaba tratando era una chica de 18 años bastante inmadura.
Al tiempo al que volvieron a su habitación, Kurapika reemplazo a Kidara en su labor de general, pero Kidara siempre iba detrás de él, como una hermana pequeña ( demasiado pequeña la verdad); siempre curiosa. Y eso avergonzaba de vez en cuando a Kurapika, por que cuando explicaba algunas cosas a los pupilos para las practicas y entrenamientos, ella aparecía detrás de él, saludaba a los pupilos o les mostraba alguna cosillas que había encontrado en el coliseo; siempre con el semblante serio, pero inocente, muy inocente ( algunas de las cosas que llevaba partían desde cosas tan comunes como un calcetín, hasta alguna planta con tentáculos que a veces terminaban amarrándola por el cuello con sus tentáculos, y era allí cuando todos se empezaban a preocupar...).
De alguna manera todos se habían dado cuenta de que la persona que tenían en frente no era Kidara, si no que alguien más; según Samara era un mal augurio y que contenta haría un exorcismos a Sangre ( Dios sabría que era eso, pero por alguna razón al decir eso, Samara llevaba un puñal, y parecía muy contenta de solo poder hablar de poder hacer ese exorcismo...), por otra parte se llevaba muy bien "de nuevo" con Gon y Killua, tendía a pasar mucho tiempo con ellos, y cuando estaba con Leorio siempre le preguntaba cosas; y cada vez que ocurría Leorio le devolvía a Kidara a su habitación hostigado y enojado de tantas preguntas. Y como se trataba de preguntar, cuando se unía a Ishii no había quien los controlara...
Fueron unas semanas muy extrañas; los pupilos se llevaban mejor entre ellos, tenían una relación más fuerte. Los generales no era tan indiferentes, y se dejaban conocer más por los chicos. El simple hecho de no haberse dignado a entrenarlos hizo la distancia más larga pero no tan difícil de recorrer... formando una controversia con las ideas originales de Centro, pues no querían que formaran lazos con otras personas, para evitar sentimentalismos y héroes innecesarios. Pero eso era con Haku y Ross al frente...
Pero Kein veía todo muy distinto; había activado la reacción en cadena que creó una especie de mini comunidad.
Con el tiempo, Zera partió de nuevo a la cuidad para recoger nuevos pupilos y llevarlos al Centro. Se adaptaron rápido; todo era muy distinto al inicio de todo. Pero el hecho de todo fuera tan maravilloso, lo haría más terrible... al fin y al cabo estaban en una guerra.
Kris corrió desesperadamente por la escalera de caracol, detrás se escuchaba un canto desafinado, pero muy alegre que lo perseguía a la misma velocidad; Alaniz perseguía a su hermano con una katana.
Todos estaban tensos esos días y ver cosas como Kris escando de Alaniz alivianaban un poco los ánimos, pero no era muy alentador; al día siguiente sería el segundo ataque... todos preparan sus armas, probaban cosas, era un ambiente pesado.
Todos estaban muy poco seguros, comían las píldoras que Noa les daba para poder deshacerse de los dañinos cristales que aumentaban sus auras dañando sus cuerpos. Si eso era lo que los hacía más fuertes... entonces ya no sabían cual eran sus verdaderas fuerzas. Los pupilos tenían la moral muy baja.
Por otra parte, en el árbol de apoyo los hunters que residían allí de desperezaban y se aceitaban un poco; varias semanas de "vacaciones" no les sentaban muy bien. Al igual que al Genei Ryodan; Phinx desde que supo que día era el siguiente ataque y que podía luchar sin restricciones pasaba el día tarareando canciones antiguas, o Karuto se dedicaba a jugar más como una niña más normal.
Y quizás a quien le tocaba una de las cosas más difíciles era a Kurapika...
- escúchame bien; si sientes que te van a atacar corre, pero no luches... bueno... si el enemigo esta demasiado cerca o se ponen las cosas muy peligrosas lucha...
- y como sé eso? – preguntó rápidamente, sin perder una expresión seria de como si le estuviera tomando el pelo a Kurapika.
- pues... – Kurapika estaba anonado, pues encontraba ridículo estarle dando ese tipo de instrucciones a Kidara.
- pues... mejor hagamos esto; serás también un pupilo.
- Deacuerdo. – y se quedó mirando a Kurapika fijamente – hay algo más... no?
- ciertamente no quiero que vayas, pero yo no puedo luchar a muerte contra nadie que no sea del Genei Ryodan.
- entonces yo lo haré – dijo sin perder su seriedad.
- no puedes, yo debo cuidar de todos ustedes – dijo Kurapika comprensivo.
Y Kidara empezó a preguntar respecto a otras cosas sobre el ataque...
El cielo "crujía", y pronto, antes de que él sol saliese, pero cuando el cielo se podía considerar en el momento del amanecer, granizó abruptamente despertando a una gran cantidad de personas.
- que nunca un día antes de un ataque nos podemos despertar tarde! – gritó una voz.
Pero el caso era que no paraba de granizar, y las partículas de hielo eran cada vez más grandes.
Una voz atronadora aviso; " El límite Detro ha desaparecido, prepárense..."
Con el solo poder de sus auras, los granizos se derretían antes de poder tocarlos. Y caminaron lentamente hacía el límite separándose progresivamente en diferentes grupos; los generales a su vez formaban partes de grupos superiores, y ellos con sus pupilos formaban un grupo. Pero el grupo que había armado Kidara era algo totalmente separado.
Killua camino con su capucha puesta, que era la ropa que les habían entregado para el grupo "Odume". A Gon y a Leorio los habían asignado en apoyo; o sea que no tendrían que tener un encuentro directo con los atacantes... y de todas formas quizás ellos nunca antes habían matado a una persona.
De pronto el granizo se detuvo... y una fuerte ráfaga acompañada de una densa bruma los envolvió, y grupo con grupo se perdieron.
El miedo los envolvió poco a poco, en especial a los que habían sobrevivido del ataque anterior; sabían algunas habilidades del enemigo, pero solo algunas... los nuevos simplemente estaban tensos, tenían la mentalidad de que todo era como un tipo de entrenamiento, pero con algunas cosas más que perder, nada más.
Pero la tensión no lo era todo; aún quedaban algunas dudas del ataque anterior en algunos... por que los habían dejado morir tan cruelmente?
- aquí es donde todo empieza! – escucharon algunos el grito de Alaniz mientras esta se perdía entre la niebla alzando su látigo de aniki.
- para mí aquí es donde todo termina... – susurró un pupilo al lado de Reese; el chico sostenía unos chacos tan fuerte que le temblaban las manos y le sangraban levemente.
Sería un poco mejor esta vez? Se irían menos personas?... que pasará? Que pasará? QUÉ PASARÁ? Ese el gritó de su voz.. con todo su sentimiento y alma, pero nadie lo escuchaba...
Quizás cuantos estaban pensando cosas distintas, quizás cuantos querían llorar en ese instante, gritar, abrazar a alguien, o simplemente irse...
De pronto todos pudieron escuchar a medida que avanzaban cautelosos a través de la niebla un grito desgarrador, como cuando a una niña se le asusta o se le golpea... pero en vez de ver una escena espantosa al acercase al lugar se encontraron con una sombra con una forma difusa, que tenía tres orificios blancos en la parte angosta y pequeña de su silueta; la sombra gritaba.
- es una trampa! – gritaron algunos.
La sombra se movía de un lado a otro gritando, cuando encontraba a un pupilo con cara de pocos amigos llegaba y le gritaba encima, resulto casi divertido...
De pronto pasó algo sobrevolando por sus cabezas; era una niña de cabello corto y brillante color negro, vestía con ropas largas, de color gris perla y estaba montada en un dragón blanco; que era alargado pero no tanto como una serpiente, y tenía unas enormes y membranosas alas que se agitaban lentamente al aletear, dio un giro elegantemente sobre ellos y la niña descendió lentamente.
- esa es la letra de sus cantos – dijo apuntando con su mano a la sombra que gritaba. – pero no tiene melodía...
Reese pronto se dio cuenta de que esa niña la conocía... esa baja altura, esos ojos oscuros... y el hecho de que no era una niña si no que tenía cara de serlo...
- Reese... es Hyo... – le susurró Laine.
- lo sé.. pero no parece ella... es como si...
- se agregó a ella misma en su escritura puesta en este lugar; ella es nuestro apoyo moral... – dijo Ishii.
El dragón gruño para hacer silencio.
- Yo soy la mensajera de lo blanco, buscare en ustedes en esta lucha sus melodías; y la sombra se volverá no sólo letra, si no que canción y melodía...
Hubo inquietud... no esperaban algo así...
Continuó explicando lo mismo en una especie de cántico y mientras lo recitaba con una voz que producía resonancia la bruma la envolvió junto al dragón y vieron como ellos o ella se alejaban.
- supongo que es una especie de apoyo moral para perdedores – dijo Ai reventando un globo de goma de mascar.
- probablemente – apoyó Ishii.
- al menos el ambiente es un poco más liviano – advirtió Ann. No era muy cierto, sólo lo aliviaba esa sombra parlante que le gritaba a casi cualquier cosa... pero pronto sus fritos histéricos y graciosos se fueron ahogando dentro de la niebla... podía la niebla amortiguar el sonido?
- hay algo muy raro en esta niebla – dijo un pupilo.
Katt, Ann y Laine se pegaron, como todos los pupilos.
Kurapika dirigía... se había mantenido en silencio a cada instante atento a todo... esa niebla no era manipulada, sino creada por nen... y como no les favorecía a ellos, quería decir que en cualquier momento les atacarían y no se podrían dar cuenta fácilmente.
- vienen! – gritó Kidara manteniéndose al margen de donde la podían ver en la niebla. Pero era fácil de distinguir por su ropa roja y un abrigo negro que estaba usando. Kurapika la tomó por el abrigo y la dejo junto a los pupilos.
- si estamos juntos y aparece un grupo o uno sólo será más fácil defendernos... – aconsejo Ishii.
- No es cierto; el que venga luchara conmigo y con Kidara, y traerá a sus pupilos con él y deberán luchar; todo esta asignado. – corrigió Kurapika. – debemos estar distanciados, pero no separados, Si llega alguien con una habilidad destructiva masiva, que harán?
Encontraron más razón a lo que dijo Kurapika que a lo que aconsejo Ishii y se alejaron cautelosamente entre ellos, lo suficiente para poder defenderse sin dañar a otro si se defendía, pero lo bastante para verse entre ellos en la bruma...
Bisuke se arregló el abrigo después de destrozarle el rostro a un tipo que podía manipular la tela de la ropa de sus enemigos; en definitiva un pervertido.
Todos los del árbol de apoyo iban juntos persiguiendo cualquier signo que pareciera alguien que no fuera del mismo bando de ellos en la bruma y si los encontraban lo aniquilaban por turnos. (uno por vez, primero le tocaba a Kaito el primero que saliese, y después Kuwabara, y así sucesivamente.)
Sin que lo sintieran, de la sombra de Mitarai apareció un joven moreno de mirada inexpresiva, y sin ningún miramiento ató un filamento negro, que quizás era la sombra que alguna cosa que había encontrado por ahí, al cuello de Mitarai.
- de quien era el turno esta vez? – preguntó con tranquilidad Murai, el manipulador de espadas.
- creo que era el turno de Albah – advirtió Kuwabara.
- te cambio el turno Albah – susurró Mitarai Sumire. Albah se mantuvo en silencio, le dio la espalda al resto y en signo de que aceptaba.
Mitarai Sumire, desapareció de entre el filamento de sombra y las manos de su atacante, quien se quedó sosteniendo enojadísimo la capucha negra que usaba Sumire, Sumire a su vez; ataviada con un espectacular vestido de encajes negros corrió hacía él haciendo tintinear los adornos de su elegante traje, saltó y se detuvo un instante al lado de él; nadie se fijo en lo siguiente pues era en tiempo congelado; tomó el brazo de su atacante y lo doblo totalmente, tomó su otra mano en un elegante flote en el aire y le rompió dos dedos y finalmente estiró sus brazos hasta el piso y con sus piernas lo lanzó hacía arriba...
Al volver el tiempo a modo activo; escucharon el crac del torcerse del brazo del atacante, Y Sumire no estaba allí... el joven se retorció de dolor e inmediatamente su otra mano empezó a crujir con el romper de sus dedos medio e índice, y al encogerse de dolor pudieron ver como una rosa negra del vestido de Sumire moverse contra la gravedad y dejando ver sus piernas cubiertas por unas botas largas de cuero, llenas de hebillas, agarrar el cuello del joven y romperle el cuello contra el piso.
- bonitas ligas – susurró Itazu Murai devolviéndole su capucha.
- gracias – dijo volviendo a taparse de manera que sólo se le podían ver los ojos.
Y siguieron caminando... pero el sonido de algo deslizarse por el piso les llamó la atención; se dieron la media vuelta y allí estaba Yoh sosteniendo a Anna entre sus brazos, quien parecía muy empeñada en soltarse. Yoh tenía una flecha enterrada en su espalda, y el detalle que llamo la atención de los del grupo de apoyo era que las plumas de la flecha estaban hasta la mitad rojas.
Anna tenía un par de rasguños, y como quería, Yoh pronto la soltó. Ella sin decir nada tomó la flecha y se la arranco de la espalda en un solo movimiento. Y en vez de ayudar a Yoh le dio un golpe con un enorme abanico de papel.
- eres un idiota! Debiste irte y ganarle! No preocuparte de mí! – dijo con reproche mientras se le resbalaba una lagrima. De pronto miró a los presentes; no se había fijado y se enojo aún más – por esto! Por esta vergüenza! Ya verás...
- pero sin ti como podría seguir entrenando, Anna? – preguntó Yoh levantándose lentamente. – Todo estará bien – dijo riéndose con su sonrisa despreocupada.
Anna lo volvió a golpear con el abanico y le empezó a tratar la herida con nen de manera muy poco delicada.
Unos instantes después apareció Rei con una flecha rota enterrada en el brazo.
Los del grupo de apoyo recurrieron a preguntar que había ocurrido y a ayudarles.
- luche con un tipo tan inferior! – reclamó Rei mientras le veían la manera de sacarle la flecha rota...
- cállate un momento – le dijo Albah. – Sumire, mira esto. – de la flecha rota brotaba sangre en cantidades... pero en vez de ser delicada, Sumire arrancó la flecha del brazo de Rei.
- estamos frente a una habilidad muy peligrosa – advirtió Kaito al ver la flecha. (Mientras Rei gritaba histérica).
- sabes quien lanzó la flecha? – preguntó Bisuke a Yoh.
- por la niebla es obvio que no lo vimos, si lo hubiera visto lo hubiera esquivado de seguro – dijo Anna molesta.
- las flechas absorben la sangre de quien lleve la flecha, una vez enterrada – veredicto Murai.
- y no sabemos donde esta persona... – susurró Albah.
- tenemos problemas – dijo Mitarai – los pupilos...
Un crack en el piso, como si se tratara de una galleta, se rompió y de él salió un pez negro y brillante; al volver a bajar el pez se tragó a un pupilo. Kurapika no los pudo detener; todos se separaron de manera que no se podían ver unos con otros.
- Kidara.. necesito que vueles – rogó Kurapika. Ella lo miró con una gran interrogante, Kurapika la miro fijamente, y se detuvo; no había caso. Frustrado le dijo que le siguiera para empezar a juntar de nuevo a los pupilos. Si usaba nen era muy peligroso...
El pez volvió a atacar, Kurapika tomó a Kidara de la mano y la tiró hacía para escapar; pero pronto la joven empezó a sangrar... el pez logró tomar la ropa de Kidara y se la llevó con el.
- KIDARA! – dijo estirando su mano manchada de sangre. – rayos! – no estaba muy preocupado, que Kidara no se acordase de nada no quería decir que había perdido sus destreza... Dejó caer la cadena esférica y detecto a la presencia más cercana... era riesgoso pero era lo más practico; no conocía las auras de todos los pupilos...
Laine se encontró con Séfora, quien atrasada al ataque había entrado con su moto a la bruma. La había detectado por el sonido del motor... Laine usando un casco enorme para ella y abrazada medio asustada a Séfora avanzaron buscando a otras personas que les encontraran por el sonido del motor.
- Hey! Séfora! Ayuda! – y de entre la bruma apareció Reese acompañado por Katt, a medida que se acercaban notaron que iban corriendo a la par con ese gran pez negro y que en su boca llevaba enganchada a Kidara.
- acércate por favor! – pidió Laine a Séfora, ella le hizo caso y antes de que dijera algo Laine se lanzó con el pez, y junto a ella pareció Ekyo; el zorro dorado, soltó a Kidara que fue agarrada por Ekyo, y esta después saltó por sobre el pez antes de que este de sumergiera nuevamente y tomó a Laine.
Séfora frenó y de la moto sacó un botiquín para Kidara.
- no es nada grave – dijo lanzando el botiquín hacía la moto que de alguna forma, como si tuviesen imanes se pegó perfectamente a la máquina. – estará un poco ahogada pero esta bien...
Y pronto llegaron Reese y Katt corriendo a duras penas hacía ellos. Pasado unos instantes, prendieron los focos de la moto de Séfora esperando que pareciese alguien por ellos, no creyeron que pareciese alguien no deseado, pues se suponía que estaban rodeados por sus compañeros...
Esperando a alguien despertó Kidara, muy sobresaltada, quien en vez de preguntar alguna cosa, miró la moto y gateo directamente hacía ella.
- ten cuidado con los bolsos – dijo Séfora sentada al lado de su vehículo, mirando junto a los demás que hacía esta vez Kidara.
Kidara no dijo nada, se paró, tosió un poco, se acercó a la silla de la moto y...
- no puedes montarte así.. – pero Séfora de pronto se quedo sin habla; Kidara había arrancado el cuero del asiento de la moto y lo estaba usando de pañuelo.
Séfora miró a sus amigos con interrogante de "la mató o no la mató?" y ellos simplemente se reían falsamente pidiendo que le perdonara, igual que cuando un bebe rompe algo ajeno y los padres se disculpan diciendo que el bebe no sabía...
Un zumbido rozó sus cabezas; Séfora se abalanzó sobre la moto, apago las luces y se echo a tierra junto a Kidara.
Ekyo apareció repentinamente, Séfora montó a Kidara tras suyo, y Laine montó al zorro junto con Reese y Katt, y empezaron a escapar...
Una sombra apareció frente a ellos...
La moto choco...
y la sangre plateada de Ekyo baño el piso por un instante para después desaparecer en una llamarada blanca, y los que montaban salieron despedidos por el aire...
Séfora tomó a Kidara para escapar con ella de un extraño golpe, que se veía como un fuego fatuo negro transparente. Séfora corrió en zig-zag contra el personaje oscuro y de alguna manera las llamas chocaban contra los movimientos que había echo Séfora, llego donde este ser e hizo un elegante movimiento con sus brazos y sin tocarlo, lo golpeó. La persona se defendió roboticámente de los ataques tomó a Séfora y la azotó contra el piso. Después la levanto de la pierna y su otro brazo se alargó hasta formar una especie de hoz y le cortó el brazo a Séfora...
- AAHHHHHGGGG! – gritó... no, gritar queda corto... por que la herida no sangró; si no que se "quemó" y se cerro inmediatamente, sin quedar un muñón si no que la forma exacta que había dejado el corte de este ser.
Desecho a Séfora y fue hacía donde estaba Reese, quien corrió ágilmente perdiéndose entre la niebla y atacándolo de puntos diversos lanzándole sus agujas... las agujas caían al piso, inútiles contra la defensa de este personaje. Reese escapaba magníficamente... pero sus intentos eran demasiados repetitivos... como si no tuviera nada mejor que hacer en ese instante; su último intento fue lanzarse contra el ser... lo tomó del cuello y un poco antes de poder matarlo ahogándolo apareció envuelto en un fuego fatuo transparente y negro el brazo de Séfora , que envolvió el cuello de Reese y lo mantuvo elevado en el aire.
Kidara miraba fijamente, presa del terror, sin poder moverse... Y ahora iba por Katt...
Al principio por poco esquivaba los golpes, pero después rápidamente sus movimientos se fueron agilizando... pero no logró mucho; lograba luchar a un nivel espectacular; pero no dañaba para nada a este personaje... Katt corrió de frente hacía él, desapareció y volvió a aparecerse frente a él, se apoyo en los hombros de esta persona, tomó impulso en un instante y girando sobre si misma le golpeo en la cabeza con sus dos piernas en serie. Pero ni si quiera se tambaleo, simplemente logro que girara un poco la cabeza... Katt saltó sobre él, se dio impulso con las piernas y girando en una voltereta hacía atrás tomó por el cuello a su adversario y lo lanzó contra el piso... mas al volver a pararse para continuar el ataque él seguía donde mismo... tomó con una sola mano a Katt de las dos manos, y con su otra, ya transformada en una hoz; le cortó los brazos...
De los ojos pasmados de Katt brotaron varias lagrimas... pero no gritó, si no que dio un gemido ahogado... no podía gritar del dolor. Él tomó a Katt por el pelo, quien indefensa por el dolor, le escupió en la cara, y la lanzó frente a Kidara.
- Estos no son oponentes como vez – dijo la voz jovial de un hombre. Y acercó peligrosamente su brazo transformado a la pierna de Katt – no sirven – alzó su brazo y le arrancó la pierna a Katt.
El brazo del hombre volvió a la normalidad, y la capa de oscuridad se disipo, dejando ver a un joven de menor tamaño que la sombra negra que parecía ser, y relativamente joven.
La pierna de Katt fue acompañada de un chorro de sangre que se precipito sobre Kidara. Kidara abrió grandes los ojos, acababa de darse cuenta en que situación estaba...
- esto es un chiste; ya prepare los brazos y todo para poder luchar contigo y resultas ser una niña miedosa... Ja! – el joven camino hasta Séfora que se retorcía aún en el piso y lo miraba con pánico, movía sus piernas desesperadamente tratando de escapar.
Todo lo de la figura oscura era una simple ilusión; el joven de verdad llevaba una guadaña e iba vestido con una túnica negra, y llevaba grilletes en sus muñecas, arrastraba los pies al caminar y su rostro... su rostro... expresaba una tranquilidad infinita. Su cabello era negro, y contrastaba con su piel blanca, igual a la de un cadáver, igual de flácida y de textura de goma como la de un cadáver.
- te quedaste ya sin aliento DarkMoon? Sabes cuanto me costo encontrarte? Dios! Eres una niña muy mala! – dijo alzando una vez más la hoz; arrancándole otro brazo a Séfora, quien ni si quiera pudo llorar o gritar esta vez; demasiado dolor, demasiado terror le dejaron descansar al quedarse inconsciente.
- de-de-DETENTE! – gritó Reese apenas siendo presionado por el brazo mutilado de Séfora. – ella no es DarkMoon!
- lo es! Concuerda con lo que me dijeron y lleva el signo que me indicaron – camino hacía Kidara, era muy delgado y alto, levantó a Kidara presionándole el rostro, quien seguía mirando con los ojos muy abiertos, pero con la mirada totalmente perdida. Le tiró el abrigó negro, y la llevó como una muñeca hacía Reese; en una esquina de la túnica roja tenía bordada la silueta de una luna menguante con las puntas hacía abajo y un triangulo delgadísimo con la base redonda partiendo desde el centro del espacio que quedaba dentro de la luna menguante hacía abajo entre las crestas de esta. – eso quiere decir que es DarkMoon! ESTOY EN MI DERECHO! – gritó... y Kidara no dijo absolutamente nada después de cerrar los ojos al escuchar el grito, Reese cerró los ojos también, el hombre había levantado la hoz como para trozarla, pero en vez de eso la lanzo como basura a un lado y se fijo en Reese, deseoso de cortarle algún miembro.
- con 4 utilerías más y podré acabar con una cuadrilla fácilmente... y así podré aumentar la cantidad de utilería... – Reese tragó saliva...
La hoz se abalanzaba peligrosamente hacía su cuello. Pero se detuvo después de hacer un profundo corte... el brazo de soltó a Reese, y volvió a abrir los ojos; esos ojos verdes eran de Laine. La túnica negra cayó en jirones al piso, y Laine cayó al piso; de sus ojos salían rojas gotas de sangre, y en sus muñecas habían cortes tan profundos que prácticamente le habían cortado hasta la mitad dejando prácticamente sus manos colgando, Reese rasgó su camisa y le amarró las muñecas a Laine en un inútil intento; Laine estaba muerta.
Como no se había fijado que cuando Ekyo fue herido ella cayó dentro de la figura negra? La habían usado como un cuerpo! Y Ahora estaba muerta! Estaba demasiado preocupado de la forma que los había frenado! Todo estaba pasando demasiado rápido...
Sus ojos anegados de lagrimas notaron que Katt estaba viva, y también lo estaba Séfora... Al menos estaban fuera de peligro... las heridas estaban cerradas, pero sus miembros arrancados habían desaparecido...
Vió a Kidara incorporarse y tomar el abrigo negro que Laine le había arrancado, y tapo a Laine con él al pasar.
Y Kidara se perdió en la bruma...
- ojos escarlatados... – susurró Reese un instante después...
Y escucho un cántico... sin letra, sólo la melodía...
