Curar

X La Simple Vida

X Regeneración

El portón de piedra se cerró estruendosamente tras el estrambótico traje de Alaniz. Una especie de vestido de colores azulados de varias capas y plagado de cintas.

- Estos somos los que estamos en condiciones de poder entablar una conversación? – preguntó Rei decepcionada.

- si, lo somos – respondió Hizoka sentado relajadamente en su silla al final de la sala. Aparentemente ileso y bastante contento.

- ...fuera de eso, permití entrar a la araña dentro del coliseo... – hubo cierto estremecimiento de parte de los generales cuando Kein avisó del hecho.

Una especie de vitral tras Kein se partió siguiendo la forma de su diseño abriéndose lentamente, tras él estaban los pocos integrantes del Ryodan que había ido, aburridos y hartos. Entraron de mala gana, y se quedaron al extremo de la sala donde estaba Kein arrimados en las paredes dispuestos a escuchar.

- estamos todos los que podemos estar – susurró Kein... – eso es lógico... perdonen – dijo nervioso.

- El recuento y resumen es este; murieron el 60 de los pupilos que nos quedaban; todos a medio entrenar – dijo poniendo énfasis a esa última frase mirando de manera acusadora a los que estaban sentados con aires de grandeza en sus sillas escuchándola - y de los generales cerca del 35... los heridos superan el 70 del total de personas de todo el coliseo, contando a los pupilos. – Se arregló los lentes dando vuelta la hoja llena de gráficos de su carpeta – resultamos ser patéticos, si más de la mitad está herida quiere decir que cumplimos sólo un 40 de las expectativas impuestas... Estamos muy debajo de la línea, cazadores. ¿Algo que decir antes de continuar el recuento? – consultó May mirando sin interés las caras de indignación de varias personas.

- Soy el general 69, Tam Argentum; es una ridiculez, no a todos nos asignaron pupilos – reclamó cruzándose de piernas y brazos mirando con una sonrisa de "yo estoy bien, tú no".

- no te los asignamos por que no estabas y sigues sin estar en capacidad de poder entrenar aunque sea un pupilo. – replicó Ross, a ella y a Haku se les había puesto a cada uno encadenado a una silla en las esquinas del final de la sala.

- tú eres un persona de la otra parte; tú voz no interesa – dijo volviéndose a May - estoy en capacidad; hay generales de menor categoría que yo, y les dieron pupilos. – dijo como si hubiera encontrado el punto al tema.

- pues, en primer lugar, Ross está aquí por que ella tiene derecho a opinar; fue mucho más útil que tu, sabes? - Takashi tomó su notebook y lo deslizo por la mesa hacía May, ella tecleó un par de cosas, y dio la media vuelta al laptop; Garnet bostezando apuntó distraídamente su paraguas al Notebook, y el video que se reproducía aumento su tamaño considerablemente y su sonido se escucho a mayor magnitud. – como ven aquí; el bolso gigante al parecer de coco channel que vemos en la pantalla es la habilidad de la señorita Argentum; una espectacular manera de escapar de unos niños – tomó su lápiz y apunto donde estaban los pupilos del otro lado cortando el enorme cuero de la cartera con unas dagas; muertos de la risa. – supe que resultaste herida señorita; los niños te alcanzaron dentro de tu carterita y tú en tu desesperación los dejaste dentro – el video iba mostrando todo lo que May decía – tomaste tu perfume, aumentaste su tamaño, lo rociaste en la entrada que hicieron a tu cartera, y después le prendiste fuego y corriste despavorida al bosque de arena donde no pudiste con una niña desesperada. – el video se cortó de repente en el momento en que Garnet estirándose quitó el paraguas del notebook. – lo demás resulta una patética y despreciable manera de matar a una niña, Tam. – en el video Tam usada la correa de su celular para ahorcar a la niña mientras ella miraba a cualquier otra parte creyendo algo que la señorita Argentum decía. - ...no te deberíamos dejar en el puesto 500 por esto? – preguntó May con sabrosa malicia.

Tam la miró con los ojos muy abiertos, al igual que su boca, dio un respingo, dejó su silla y se largó de la sala.

- votación por que Tam baje al nivel 200? – preguntó May sabiendo la respuesta. Todos levantaron la mano sin pensárselo cuantiosamente. – continuando... tenemos serios problemas con la habilidad de un arquero del bando contrario; los pupilos fueron diezmados por sus flechas... como muchos pudimos ver, las flechas absorbían la sangre de a quién de enterraban. Y al parecer uno no se puede quitar la flecha de encima... y son tapadas con Zetsu. – Todos la observaban y escuchaban con total atención – continuando; otra habilidad peligrosa fue la de un personaje que aparecía como una llama negra que poseía cuerpos de pupilos, los mataba y usaba como vehículo para matar a los de su alrededor. Al final del ataque todos los cuerpo que fueron mutilados por esta llama desaparecieron en llamaradas del mismo tipo – May cambió algo en el notebook de Takashi y varias imágenes empezaron a mostrarse en proyección mientras Sakura movía el brazo adormecido de Garnet hacía el PC. – los cortes producidos por este personaje queman las heridas evitando la muerte de la persona, pero de alguna manera esta no se puede mover más. Y puede usar a voluntad los miembros cortados... durante el ataque hubieron 4 ataques simultáneos de su parte, que terminaron a diferentes tiempos y nunca apareció él verdaderamente; todos eran pupilos muertos usados como vehículo con diferentes imágenes... si Kay? – decidió May.

- ...DarkMoon era su blanco? – preguntó.

- si hablas de lo que paso después de que él atacara a los pupilos que la acompañaban; sólo sabemos que persiguió al cuerpo manipulado que quedaba vigente en ese momento, y la venció... pasando a otro tema...

- quiero que me lo pasen a mí – estableció.

- ...Kidara te matará para poder matarlo ella misma – susurró Kein moviendo su mano al ritmo de la música que escuchaba en ese momento. – de todas formas... es cierto, tú terminaste con lo que se te pidió...

- Después habla de eso, déjame terminar el recuento. – Kein volvió a cerrar los ojos y a sentarse en el fondo de la silla mientras le subía a la música. – Si bien Kidara no termino con él, lo intentó... ahora... si Phinx? – preguntó May irritadísima.

- Que rayos era esa niebla?

- tenemos una manipuladora que puede crear terrenos con sólo idearlos y escribirlos, y después hacerlos realidad...

- no hables de eso con orgullo; fue una estupidez, por eso todos se separaron... por eso tienen tantas bajas – enjuició.

- ya sabemos que nos equivocamos con eso... – dijo May en un tono más somero.

- pero yo tenía entendido que fue el enemigo – musitó Chi.

- ... tengo que admitir que a todos les dijimos cosas distintas... – de pronto la sala se llenó de reclamos e insultos, manotazos contra la mesa y gritos de furia.

– PERDONENME! – gritó entre el tumulto Kein, parándose y dándoles una reverencia. – necesitamos más información de la torre así que lo hice para poder mandar a Takashi más seguro... y para poder averiguar muchos datos sobre ustedes y sobre el enemigo usando a Hyo.

- y ella sabe que la usaste así? – preguntó Albah dejando su nanigata sobre la mesa.

- cuando despierte se dará cuenta... ahora están extrayendo los datos de sus recuerdos...

- podrías haber hecho eso el primer ataque idiota – espetó Bisuke.

- yo...

Hubo un silencio un instante, el moverse de los brazos nerviosos de los generales resaltaba en el silencio... hasta que una taza le cayó a Kein en la cabeza desde el portón de entrada.

- idiota! – Era Ann, llevaba una bandeja con varias tazas y venía seguida de Kris quien llevaba un termo enorme.

- hermano! – exclamó encantada Alaniz acercándose a la entrada arrancándole el termo de las manos y tirándolo del brazo hacía el asiento que ella ocupaba.

- ...yo no sé si estuviste allí! O si estuviste el primer ataque... nosotros somos los que sufrimos por que no nos han instruido... y así se llaman "Maestros"! Acabo de perder a mí hermana y unas palabras no me sirven! Perdí a varias amigas... – la voz se le iba quebrando pero no se doblegaba bajo las lagrimas que le corrían lentamente por sus mejillas rojas de ira. – prefiero tener a las personas a mi lado... a tener información... si están a mí lado puedo hacer lo que sea... pero ahora estoy sola... – lanzó la bandeja sobre el mesón, las tazas se desparramaron como si fueran plumas, y en el lapso del tintineo del quebrarse de algunas tazas Ann se largó seguida por un portazo.

Nadie dijo nada... los generales se fueron retirando partiendo por Kaito, Hizoka, y otros que preferían irse a decir algo más... no les servía revivir lo que había pasado, ni ponerle nombre o dar explicaciones...

Las caras de reproche se fueron desapareciendo de la sala. Hasta que quedaron solo May y Kein.

- tenía todo arreglado May... pensé que la bruma los ayudaría... pensé... pensé tanto... – dijo dejándose caer sobre la mesa apoyando el peso de su culpa en su cabeza y brazos.

El sonido del Mp3 era claramente audible bajo el silencio...

"Dicen que los sueños son gratis..."

- Hyo terminó antes de ayer la descripción del cementerio... mañana iré con Valentine, Machi del Ryodan y Noa a enterrarlos... te parece cerca del lago? – Kein no respondió, ahora se tapaba los ojos con las manos.. Como si le fueran a servir de tapón.

"Pero no solo ellos...

También lo son las pesadillas..."

- ahora me voy a ver como siguen los heridos más graves... y tengo que disculparme con Leorio, Keiko y las otras personas que estuvieron en la enfermería... y Kein... ya pasó... no lo puedes cambiar...

"Si miro en tus ojos...

No veo más que oscuridad...

Como puedes ver a través de ellos?

Si por ellos no entra luz..."

Kein se echó atrás, empujo la silla, se apoyó en ella y se quedó en el piso mucho tiempo...

"Un terreno desolado será mi alma...

No puedo soñar bajo la luna o el sol...

Si camino por un prado se esta incendiando...

A ojos vendados eso puede ser verdad

Y sin boca no puedes pedir ayuda

Que harás?"...

- si se puede May... Se pueden cambiar los errores...

"Creerás lo que te permita ver

Tu pequeño mundo

Bajo una venda tan liviana

Que el viento se la lleva..."


- No voy a escucharte May! – gritó Leorio cerrándole la puerta en la cara a May, cerró con el pestillo y le ofreció con una sonrisa forzada un pañuelo a Yukina.

Le había costado mucho entablar una conversación con la niña, primero Hiei que no paraba de seguirlos de un lado a otro, y una cantidad de generales que no paraban de preguntarle datos y curas contra diversas dolencias. "Ni si quiera soy médico..." se repetía Leorio de vez en cuando.

- perdona... ojala no te moleste estar en la habitación de un hombre – se disculpó.

- no hay problema – dijo con una voz muy apagada.

En realidad la habitación de Leorio era bastante pulcra, quizás tenía un montón de fichas desparramadas en un par de mesas, pero fuera de ello estaba ordenado. Los papeles, lápices, instrumentos, y la chaqueta colgada en la silla junto a una corbata sin anudar daba cierto aire de oficina.

- pues... continuando... no fue tu culpa – dijo tratando de ordenar un poco las fichas.

- pero es que si yo... si yo fuera más fuerte podría haber evitado que pasara eso... – su voz sonaba más pequeña de lo normal. Yukina le devolvió el pañuelo a Leorio; el pañuelo había quedado enjoyado con las lagrimas cristalizadas de Yukina.

- yo tampoco lo sabía; no eres la única que se siente así; Keiko también. – Leorio golpeó los papeles contra la mesa para alinearlos – la próxima vez lo haremos mejor; estoy seguro que esta vez no nos mentirán! – dijo enérgicamente.

May alcanzó a escuchar fuera de la habitación el "No nos mentirán"... Leorio estaba enojado pero debía ser optimista para poder mantener la moral de sus dos compañeras de trabajo. Ahora le tocaba hablar con Noa, Con Samara no valía la pena, ella debía de estar bastante contenta con la labor que le había dado. Y Keiko no la escucharía, hay debía hacer algo Leorio por su cuenta...

Camino por el largo pasillo que llevaba al jardín con las flores blancas de Rune. Toco la puerta nerviosa, si la llegaba a recibir Sorento estaba preparada para obligarlo a dejarla entrar, pero si era Noa debía estar lista para disculparse a distancia.

- quien es? – no era ninguna de las voces que esperaba; era la voz de Ann.

- May Hichihara. – balbuceó.

- ninguno de los tres quiere verte; si te vienes a disculpar, estás disculpada... pero no queremos verte – dijo serenamente la voz de Sorento.

- no quiero una disculpa si no me van a querer hablar más; es lo mismo a que estén urgidos conmigo.

- pues no, eres la secretaria de Kein, no? – Dijo Noa con una voz cargada de ira – lo que te digamos llegara a él de una manera u otra.

- no soy una chismosa – dijo May empezando a molestarse.

- no tiene nada que ver con eso; estamos juzgando tu deber; si logras algo en el próximo ataque quizás considere devolverte la palabra. – reitero la voz de Noa.

- ... no es mi culpa! – estalló. – tampoco de Kein!

- Ustedes son los encargados; deben responsabilizarse – dijo mordazmente Ann.

- Nos equivocamos; todos lo hacemos!

Nadie le respondió.

Bien, con Noa no hubo caso... estuvo otra media hora esperando en la puerta, hasta que le empezaron a doler los pies sobre sus tacones.


Si alguien decía que los hombres eran fríos, o que los hombres no lloran es una gran e idiota farsa; Reese llevaba sollozando de la tarde anterior, desde el momento en que Laine había desaparecido de sus brazos. Y sin contar que Morvern llevaba decaído bastante tiempo, lo único que había dicho cuando Ishii le preguntó fue "Extraño desde hace mucho tiempo su sonrisa... y ahora ya no tengo posibilidades de volver a ver su sonrisa" y tras esto Ishii se quedó mudo ( algo muy extraño para él) y llevaba todo el día sin decir una palabra; estaban los tres solos en la habitación. Desde hacía una hora que los lamentos de Reese se habían mezclado con hipidos.

- Oigan, ustedes no comen? – preguntó una chica que siempre tenía aspecto de estar aburrida, y usaba lentes de media luna que la hacían ver como jefe de oficina, es más, se vestía formalmente.

Ninguno le respondió y cerró con un portazo.

Una hora y media después Ai entró a la habitación de los depresivos con sus cosas.

- al fin se murieron todos mis compañeros de habitación – Reese, Morvern e Ishii la miraron con odio y volvieron a sus facetas tristonas. – que? – preguntó instalándose. Otra vez llevaba el termo, con quizás qué te dentro, y 4 tazas de cobre. – Venía por que es aburrido estar sin que alguien te pida algo... o ver a alguien que haga lo mismo que tú... – dijo sentándose en la cama mirando las tablas del camarote de arriba. – todos estamos tristes; incluso yo. Ann esta ocupadísima sacándole información a la niña del dragón blanco, y en vez de venir a nosotros se va con Noa.

- ya lo sabemos – susurraron los tres.

Pasó un instante, y los 4 se juntaron entre las dos literas y se sirvieron té de "dios sabrá qué".

- cuantos quedamos del grupo? – preguntó al fin Ishii.

- pues, contando a los que ya no veo, y los que están en las enfermerías; yo diría que quedamos unos 10 con suerte 12. – informó Ai tomando un sorbo de "dios sabrá qué".

- y de los que nos conocíamos bien, quedamos nosotros... y Ann – musito Reese echándole 4 saches de azúcar a "dios sabrá qué".

- ...recuerdo que vine aquí por que Morvern venía aquí – susurró Ishii – y para hacerme más fuerte, y saber más cosas.

- me estaba muriendo de hambre... necesitaba algo que me diera mi sustento... por eso vine – declaró Morvern – No entiendo para que viniste si eras un niño rico, tenías un muy buen maestro nen y todo y me seguiste.

- quería aprender lo que ese maestro no me enseñaría...

- pero si ustedes se fueron con Takashi y tomaron supuestamente el camino más seguro... no debieron de ver nada – insinuó Ai.

- Cuando llegamos a la torre... pues no fuimos lo únicos que tratamos de llegar aprovechando el caos; un grupo del otro lado había llegado primero y... – Ishii abrió grande sus ojos... Ai le pisó el pie. – gracias...

- en cuanto se acercaron a la torre aparecieron varias estatuas como la que había aquí para evitar que bajáramos al oráculo... ellos no pudieron hacer nada; y nosotros tampoco hubiéramos podido hacer algo. – completó Morvern.

- tan terrible fue para que al fin te quedaras callado? – inquirió Ai a Ishii.

- esos no eran ángeles; eran demonios – aclaró Ishii.

La puerta se abrió de golpe.

- ustedes 4! Tienen como reglamento comer! – era Mench, venía con un cuchillo de cocina enorme en una mano y con el golpeaba un sartén enorme que tenía en la otra mano. Golpeó con fuerza ambos y los miró con ira. – que es eso que toman? – los 4 lanzaron las tazas bajo las camas mientras Ai empujaba el termo debajo del velador de manera abierta ( osea que se veía) pero Mench no lo noto. – Dios sabrá que era... muévanse! – dijo echa una fiera.

Ishii se rió entre dientes al escucha el nombre de la bebida. Y caminaron de mala gana pero de cierta manera más contentos al comedor de los generales.

May avanzó pesadamente sobre la nieve hasta llegar al glaseado bosque de arena. Se desvió hasta llegar al claro donde estaba la cabaña de Valentine. Golpeó con pocas esperanzas el portón de madera. No había ningún Koda recogiendo plantas; las plantas se habían muerto congeladas.

- no quiero nada! Vete! Por tu estúpido ataque murió mi jardín!

- puedo arreglarlo! – dijo May con cierta desesperación. – pero ayúdame mañana! Con los cuerpos!

- no! Tengo que hacer mi propio velorio aquí! -.

Nadie le había aceptado la palabra... Machi simplemente le había dicho que sí, aunque no tenía que obedecer ni nada. Y no quería pedirle a ningún pupilo...

Ella no tenía la culpa...

Busco sus cartas en su cintura; pero estaba sin el cinturón que las llevaba.

Se devolvió lentamente y desganada hacía el coliseo, bajo por la escalera de caracol hacía la sala de Kyobi, camino hasta el final de la sala buscando su cinturón con las cartas.

Y se encontró con Kein tirado junto a su propia silla tirado en el piso escuchando música. Dio un gritito ahogado y tomó a Kein del brazo para ayudarlo a pararse.

- que haces aquí todavía? – le preguntó. Kein parecía un muñeco, se movía como ella quisiera.. Lo sentó y trajo otra silla cerca para sentarse cerca de él.

- ...si dicen que los sueños son gratis... – cantó en un susurro junto con una mirada perdida a May.

- Kein.. Kein! KEIN! – gritó, y le arrancó el mp3 junto con los audífonos. – hoy nadie me quiere escucharme así que al menos déjame creer que tú sí.

- ... a ojos vendados... – musitó nuevamente. May lo miró indignada y caminó frenética hasta el portón. – May... las cosas si se pueden cambiar – dijo de manera cantada.

Hichihara se dio la vuelta lentamente y lo miró como si estuviese loco.

- el libro May; todo el mundo te escucharía con solo escribirlo... – dijo tambaleándose hasta ella.

May se quedó con la mano en el pomo de la puerta mirándolo, aún, como si estuviese loco.

- nada es tu culpa si lo cambias... – dijo Kein con una sonrisa.

May camino lentamente hacía él, se quitó los lentes e hizo un ademán de darle la mano, pero en vez de eso, al acercarse la esperanzada mano de Kein le propino una patada y aprovecho de aventarle un puñetazo en el rostro.

- espabila; quizás fallamos una vez, pero aún podemos enmendar! – dijo a media voz.

- todo esto es una falla – dijo Kein riéndose mientras se limpiaba un hilillo de sangre de su boca.

- no todo; no puedes decir que falló hasta que se termine todo.

- todo ya se terminó! Ya sabemos que pasará! Antes de eso podemos rescribirlo; píensalo... podemos terminar esto en el tercer ataque; Hyo estará dispuesta a escribir lo que le pida, y tendremos algún otro factor que nos cubra: entramos a la torre y rescribimos!

May lo escuchó distantemente, simplemente se limitó a salir de la habitación lentamente mientras Kein seguía hablando, solo.


El campo era bellísimo... pero no podría disfrutar de el, se acercaba un tormenta... si sólo tuviese una cámara cerca... no lo recordaría; lo sentía pero no podía recordarlo... donde lo había visto eso antes?

- Hyo... Hyo? – preguntó una voz familiar.

- tienes un lápiz? – preguntó desconcertada de que el siniestro y a la vez bello paisaje hubiese desaparecido.

- no tengo – dijo seriamente Takashi desconectando una sería de cables de la cabeza y brazo derecho de Hyo.

- ...perdona... se mezcló mi sueño...

- suele pasar, en especial si estuviste soñando despierta todo un ataque... – dijo enrollando los cables y envolviéndolos en una bolsa de nylon.

- ...usaron un pergamino? – preguntó bajándose de la mesa metálica donde le habían depositado mientras buscaba sus zapatos y algo con que abrigarse.

- ten – dijo lanzándole una bata blanca de médico y empujando con sus pues unas zapatillas. – puedes irte a descansar... los datos fueron muy útiles. – le indico sin prestarle mayor atención.

Desconcertada y obedeciendo salió de la habitación, saliendo a un pasillo de piedra que desconocía. Una tenue luz blanca titilaba en final del pasillo, camino a duras penas tapándose los ojos; la luz le molestaba. La luz se debilitó y al salir se dio cuenta de que era el extraño exterior... pasaban unos pupilos bromeando entre ellos, el cielo era de un azul desteñido y estaba cubierto de una ligera capa de nubes entre blancas, grises y celestes... había olvidado lo feo que era el cielo y los seco que era el pasto en el mundo exterior a causa de haber estado tanto tiempo soñando en una biblioteca.

- que no me escucharon! – gritó la voz de alguien que ella sabía que era Mench, quién siempre le dejaba una bandeja con café, jugo y bocadillos todas las mañanas como a las 12, cuando recién estaba despertando de haberse desvelado la noche anterior después de una noche de inspiración. Por primera vez la veía bien, con su cabello rosa amarrado en varias trenzas que de alguna manera había quedado verticales y su frente cubierta por una cinta, vestida con un sujetador negro y una polera de rejillas, usaba unas pantaletas de jeans que llevaban un cinturón con dos descomunales cuchillos de cocina. – tú no me escuchaste!... – y su voz se fue apagando. – Así que tu eres la niña de los pergaminos – dijo caminando hacía ella seriamente. – te ha gustado lo que te e ido dejando?

- si... – dijo en un tono poco convincente. Mench se molesto.

- ...si no te ha gustado deberías decirlo – Hyo le sonrió mostrándole los dientes.

- parece que sueno muy sarcástica... nunca había comido unos bocadillos tan esponjosos y suaves – dijo esbozando una sonrisa.

- obviamente! – dijo con su ego en alto – soy la hunter gourmet número uno! – y se rió chillona un rato.

La risa de Mench le produjo una carcajada... ya ni si quiera sabía por que había salido de la biblioteca...

El día se terminaba, el ajetreo se fue volviendo más somero, y como el día, las fuerzas se les iba yendo.

Keiko se despidió con una sonrisa de extrema vergüenza a Leorio ( la verdad era que Keiko siempre estaba avergonzada que alguien que no tenía nada que ver con nada estuviera cuidando de vidas que no le correspondían) mientras tomaba de la mano a Yukina para irse a sus habitaciones.

Leorio subió ligeramente las escaleras; lo único que quería era una ducha.

Al llegar a su piso, escucho un leve susurro... tentado se acercó a la habitación de Gon y Killua... pero no fue capaz de abrir la puerta.

- ...la última vez que comí esto me recupere muy rápido – dijo la voz estusiasta y alegre de Gon.

- anchoas secas?... – Leorio logró escuchar como Killua le daba un golpe a Gon – tonto!

Y Gon simplemente se reía apenado.

Gon había llegado en mal estado, quizás lo habían atacado varias personas a la vez... o quizás sólo una... el hecho era que su orgullo estaba severamente dañado... se había negado a decir que le había pasado ni quién había sido. Ni si quiera a Killua le había comentado algo... y por ello Killua estaba bastante frustrado, era la persona que estaba más preocupada... e idiotamente se sentía culpable.

Leorio se apartó de la puerta, notaba el tono fingido en la voz de Killua, y se dirigió a su propia habitación.


Sorento tiro del brazo a Noa, quien miraba tristemente a Kidara... Sorento la tomó por los dos brazos y la arrancó del umbral de la puerta... finalmente entre forcejeo y forcejeo... la puerta se cerró lentamente.

Kurapika mantenía a Kidara entre sus brazos, y miraba desconcertado hacia la ventana... como si hubiese un fantasma allí... pero simplemente estaba, allí, un ventanal abierto de par en par con un viento entrando delicadamente empujando una cortina blanca casi transparente.

- pero esta ahí, no? – preguntó Kidara con la mirada perdida, como si no estuviera segura de si Kurapika estaba allí o no.

- allí esta... no la ves? – preguntó levantándole de su pecho.

Esa tarde Kidara se había levantado al fin... y en cuanto se paró... ni si quiera dio un paso, giro media vuelta, y se lanzó contra Kurapika, susurrando"No está allí... no está".

Kurapika acababa de darse cuenta de que era la luna lo que para Kidara no estaba allí...

Pero la Luna si estaba allí...

La tomó de la cara y la acercó a la suya.

- me ves? – preguntó suavemente.

- no...

Así era, Kidara estaba ciega.

Lentamente pasando los días Kurapika se dio cuenta de que Kidara seguía siendo otra persona, y que esa persona se llamaba Kaman.

Kidara había recibido heridas internas en cantidades monstruosas, pero el sistema de regeneración seguía vigente y se había salvado por ello, si no hubiese tenido un hemorragia interna y hubiera sido el fin.

Kurapika parecía realmente su hermano, cuidando de todos los detalles respecto a ella. Pasaba tiempo con ella en la habitación, aunque él ya estaba recuperado y no necesitaba más cuidados, y por ello debía estar en todas las juntas que se hacían día por medio... poco a poco se sacaban a luz muchos datos.

En la junto anterior habían dado a conocer las habilidades de todos los muertos; el oráculo había soltado toda esa información. Según los del grupo de informática eso reforzaba la idea de que el oráculo estuviese conectado directamente con el libro que estaba en la torre. Y si todo se distaba así, entonces debía de poder sobrevivir hasta el último ataque, donde la torre permitiría que fuera profanada.. todo según como ellos creían.

La inseguridad había aumentado desde el primer ataque, pues todos creían que esa guerra sería pan comido, y que los del otro lado tendrían el cerebro de un cavernícola. Ya l saber que eran e un nivel parecido o superior al de ellos resultaba aplastante. Sin contar las terribles habilidades que tenían que afrontar en el siguiente ataque.

Unos días más adelante, Kurapika debió acompañar a Zera y a Bisuke a la cuidad.

A los tres les impresiono de que la cuidad continuara con su ritmo normal.

Ya la gente, los pupilos que estaban en la cuidad estaban acostumbrados a acercarse a una especie de oficina que había en el centro de la cuidad cuando escuchaban el rugido del motor de un auto. Pues allí no había autos, las calles eran solo una decoración para que tuviese la estructura de una cuidad.

- bien, tengo que hacer algunas compras antes de empezar a seleccionar pupilos nuevos. – aviso Zera saltando del auto cogiendo una bolsa de tela y dirigiéndose a la zona de centros comerciales.

- que irresponsable – se quejó Bisuke, pero a su vez también se fue a otra parte en vez de entrar al edificio.

Kurapika quedó sólo y desconcertado, la cantidad de jóvenes que habían en la cuidad era grande, así era como prosperaba una cuidad rica en medio de la nada. Se quedó un rato en el auto viendo pasar a lo chicos... si, eran muchísimos.

Unas chicas pasaron y lo apuntaron, junto con ello empezaron a reírse.. Kurapika se sonrojo, se miró a si mismo... la verdad estaba bastante desaliñado, su ropa estaba rasgada, después de tantas batallas y entrenamientos no había traje que hubiera sobrevivido al maltrato, y tenía el cabello largo. Con el ajetreo de tener, literalmente, una hermana y ya que a nadie le importaba realmente dentro del coliseo, su imagen era muy diferente a la que tenía cuando llegó al coliseo... ahí estaba la razón por la que ambas mujeres que le habían acompañado se iban de compras y otras cosas.

Se apeó del auto, dudando si dejarlo solo o no... no creía encontrarlo en llamas o sin las ruedas al llegar... no era Nueva York. Revisó sus bolsillo y encontró una cinta; una cinta azul de tela suave y lustrosa... la misma que usaba Kidara para cerrar su túnica... Kaman debía de habérsela dejado allí, de vez en cuando se ponía la ropa de Kurapika.

Con la cinta se amarró su, ahora., largo cabello y se encamino en la misma dirección que Zera, apretando la licencia de cazador en su mano.


- no Kidara, tu boca esta aquí – dijo Noa por décima segunda vez, tomando la mano de Kidara y moviéndola para que se tocara sus propios labios.

- si se donde está... pero no puedo apuntar – replicó con un tono de cierta culpa.

- en serio no quieres que te de yo? – preguntó cariñosamente Noa.

Kidara se quedó en silencio aprensando de tal manera la cuchara , que esta se deformó.

- deacuerdo – se disculpo. – es que así te vez tan pequeña – indicó Noa encantada.

Kidara estaba usando la ropa roja de Kurapika, y le quedaba muy larga de mangas, tanto como hacía abajo; haciendo que pareciese un vestido, sin contar que estaba usando una falsa plisada que le habían prestado.

- no soy tan pequeña – dijo manchándose levemente la mejilla con sopa al tomar con la deforme cuchara.

Pues Kidara, aunque hubiese cambiado, no dejaba de ser terca.

La habitación donde le habían dejado era la ex habitación de Haku (que compartía con Ross), era tan grande que cuando se ponía a caminar por ahí era poco probable que chocara con algo. Por que casi no había nada, todo estaba contra los muros, dejando un enorme espacio al centro.

Los pasados días, Kidara se estaba acostumbrando a andar sin tener que depender de su vista, podía percibir quien entraba en la habitación, donde estaba según cuanto se demoraba en llegar a los lugares o la cantidad de pasos que oía, también podía saber más o menos que hora era usando algunos datos biológicos, y podía caminar por la habitación sin perderse. Por ahora uno de sus mayores problemas era llegar al baño, y comer.

Deacuerdo al diagnostico que le habían echo entre todos (Takashi, Garnet, Sakura, Chii, May, Leorio, Keiko, etc., etc.) llegaron a la conclusión de que quien quiera que fuese que la hubiera dejado no vidente había puesto una especie de placa en el nervio óptico que no la dejaba ver, la cosa era deshacerse de esa placa. Por el momento no había mucho que hacer, por que no sabían como funcionaba y todavía nadie encontraba la manera de hacer funcionar su nen como para arreglar eso.


El siguiente ataque era dentro de un mes aproximadamente, así que tenían tiempo suficiente para poder recuperarse y entrenar lo suficiente a los nuevos.

Leorio pronto destaco de entre sus compañeras, quizás no tenía el titulo de médico, pero era mejor que uno; con simples corazonadas y premeditaciones lograba evitar que las cosas se pusieran peor hasta que alguien averiguara exactamente que tenían los pacientes. De alguna manera acertaba... Aunque de todas maneras no había afectado a su ego y se mantenía igual que siempre.

May acompañada de Machi, Sorento y Samara planto el pergamino de Hyo... lo injertaron a medio día, y al atardecer ocurrió algo increíble:

La hierva del prado recibió una violenta ráfaga de viento y se movió como si fuera agua con leves ondas, pero en vez de continuar, con el reflejo de los últimos rayos del sol reflejados sobre la larga hierba se formó una ola dorada y de un instante a otro después de que esta pasara habían frente a ellos unas enormes rejas negras seguidas de una pared de piedra altísima, el lugar pronto empezó a llenarse de un ligero roció y crecieron rápidamente hiedras sobre la estructura. Sobre la reja había un letrero escrito con "El descanso de las lágrimas". May abrió la reja, la niebla ondeaba elegantemente cerca del piso dejándole ver bien; varios árboles, enormes, crecían precipitadamente llenando sus ramas de flores blancas semejantes a las magnolias, y otros árboles más altos y robustos como robles, crecieron formando un bosque con los árboles muy separados. Y así aumentaba la cantidad de diversos árboles de hojas y flores increíbles; todos ellos no muy altos, y los árboles altos se mantenían como cobijándolos.

Nada de estatuas ni cruces, ni mausoleos; como lo haría tú mejor amigo, te entierra en algún lugar donde puedas ver, cuando quieras volver, como era donde vivías. O al menos lo bello de este.

- Me parece muy poco convencional – musitó Sorento al entrar.

- Me parece bueno para humanos que vivieron tan poco... tantas cosas que no pudieron ver – si Samara hubiese dicho eso en un tono más noble no hubiera molestado a May y a Sorento, mas lo dijo con sarcasmo y un tono burlesco.

- como los vamos a traer? – preguntó Machi, quien estaba más interesada en terminar rápido el trabajo.

- Rei nos hará ese último favor. – advirtió May.

A los quince minutos una cantidad enorme de huevos de los que Garnet y Sakura habían usado con los heridos apareció frente a ellos repartido entre los árboles.

- Machi, hay que reparar algunos cuerpos... – pidió May sin mucho convencimiento.

- vale. – Machi se acercó a los cuerpos con una etiqueta azul, que quería decir que no estaban enteros. La cubierta del huevo dejaba pasar sus brazos y dejaba una pequeña abertura para que pudiera ver que tenía que hacer.

Samara ese instante no llevaba ninguna muñeca, llevaba una espada, del estilo para caballero medieval. Se alejo considerablemente de uno de los árboles bajos, enterró la espada en la tierra y presionó su empuñadura y giró sus manos; dos ases de luz formaron un rectángulo y la tierra dentro de él, explotó dejando la tierra en un montón totalmente disgregado al lado de la tumba, y creando un agujero prácticamente perfecto.

Varios huevos estaban listos, y también varios agujeros...

Sorento aparentemente no hacía nada, de vez en cuando miraba un huevo y este se dirigía lentamente sobre la hierva y se dejaba caer en un agujero.

- que penoso que las cosas terminen así – susurró Sorento a tiempo de que por fin iban terminando.

- es lo único que podemos hacer por ellos... todos ellos vinieron solos y se fueron solos. – dijo Machi terminando los últimos tres huevos. – no se que intentan los hunters, pero esto es un desastre.

May llevaba varios días escuchando continuamente reproches involuntarios, indirectos y todos le decían que nada había funcionado. Nada se acercaba a la idea que tenían de la batalla; siempre habían estado convencidos de que serían batallas espectacular, que ganarían de manera gloriosa... estaba resultando todo de manera contraria... si, era reiterativo, nada era como creía no quería que fuera como estaba ocurriendo... Se lo repetía una y otra vez...

Se podía cambiar...


Esa fue la tarde más larga que pasó Bisuke en su vida; nunca había visto un show semejante; partiendo desde habilidades de lo más extrañas que se descontrolaban (por ejemplo: una niña formaba bolas negras, las moldeaba y formaba figuras... pero las figuras no la obedecían y se comieron a un par de aspirantes), o explotaban destruyendo el despacho, o algún otro tipo de desastre que lo único que lograba era una gran vergüenza ajena.

Sin contar que muchos jóvenes eran extraños; con algunas tendencias extrañas, ropas extrañas y más que nada para la hora del almuerzo; comida extraña.

Al final de entre la enorme cantidad de personas que se presento sólo eligieron unos 20, que al menos no se confundían con sus propias habilidades entre otras especificaciones.

Kurapika estaba bastante desconcertado, había visto cosas malas, pero estos chicos eran más malos que una pieza de sushi cocinada por el mismo. Y respetaba a Zera por mantenerse siempre seria y sin burlarse de los pupilos cuando fallaban vergonzosamente a diferencia de Bisuke que se burlaba y les reprochaba...

Al fin, avanzada la noche pudieron volver; con los ánimos bastante subidos, el maletero lleno de cosas y 20 chicos ayudándoles a empujar el auto, que a fin de cuentas no había sido saboteado pero había tenido, por alguna razón, una fuga de combustible.

- no es muy abusivo esto? – preguntó Kurapika bajándose del auto después de haber avanzado medio camino.

- para nada – le informó Bisuke desde la ventanilla del auto – considéralo un entrenamiento prematuro.

Zera se había acostado en el techo del auto.

Los jóvenes simplemente empujaban todos juntos enérgicamente, bromeando y riendo...

"Que pena por ellos", pensó Zera tras escuchar unas palabras optimistas... todos ellos eran parte de un plan del cual ellos no verían el resultado...


Sakura abrió el armario de limpieza; Chi en un ataque de sueño había derramado un termo con café en el piso de la pequeña habitación de Takashi. Pero en vez de encontrarse con escobas, se encontró con Kris Brances dentro.

AAAHHHHHHHHHHHH!

- perdón, perdón, perdón... – susurraba Kris mientras Sakura gritaba.

El tono de Sakura fue bajando lentamente mientras veía a Kris acurrucado entre los cubos de cloro y las cabezas de las escobas.

- ...me perdonas?...

- siii! – dijo abrazándolo (estrangulándolo), con una euforia ahogante.

Kris empezó a "sonar" como si no pudiera respirar, y Sakura lo soltó.

- por que estabas allí? – preguntó suavemente, nada comparado con lo anterior.

- ...por que a Alaniz le toca buscar... – dijo suavemente, como temiendo que por alguna cosa que dijera Sakura volvería al ataque.

- estás jugando a las escondidas?

- si... pero... ya no se donde esconderme... ya he perdido 45 veces... y ella no quiere jugar a otra cosa.

- que pena – dijo volviendo a la misma felicidad anterior abrazándolo. – te esconderé – y antes de que Kris pudiera decir "no gracias... espero que no me encuentre aquí" Sakura lo arrastro junto a un trapero hacia la habitación de Takashi.

Al principio no entendía mucho, hablaban de códigos y cosas que un chico de 12 años con conocimientos normales de 12 años no podría entender.

- Pero si moviéramos el vector que deje aquí, 12 grados más al sur tendríamos casi los 300 grados de circunferencia. – insistía Takashi.

- no podemos volver a arriesgar otro grupo para que vayas a arreglar ese detalle – desaprobó Chi con un tono demasiado serio para ella.

- yo digo que esta vez investiguemos al enemigo, dejemos limpio y después investiguemos tranquilamente – opinó Garnet.

- no – se negó Takashi tercamente – necesito más información de esa torre.

- sólo estas frustrado por que no haz podido analizarla como es debido – replicó Garnet.

- yo digo que... – Sakura se dio la media vuelta, Kris le tiraba la manga - ...espera que ya terminamos. – dijo con una bella sonrisa, esas para revista.

- es sólo que no he tenido suficiente ayuda.

- nada de eso, sacrificaron un grupo para que pudieras poner esas maquinitas por ahí, es más, ni si quiera sirven.

- si sirven! – dijo indignada Chi, quien había sido la programadora y diseñadora de los artefactos.

Pronto empezaron a discutir acaloradamente, no sobre lo que tuviese que ver con los análisis, si no que con las limitaciones de las habilidades entre cada uno.

- ...miren; no creo que nos sirva seguir intentando un razonamiento de la torre; si ni si quiera podemos llegar hasta ella. – dijo Sakura intentado hablar más fuerte de lo que ellos gritaban.

- eso no es nuestra responsabilidad – espetó Takashi arreglándose los lentes.

- somos igual es a todos, solo que estamos en otro grupo – insistió Chi.

Y volvieron a insultarse entre ellos.

Kris se acurruco contra la puerta y se tapó los oídos desesperado... esos gritos le recordaban al lugar donde vivía antes... su hermana siempre discutía así... ¿era su culpa de nuevo?

Hizo un leve golpe con sus manos y nació de entre ellas un magnifico espejo de plata con diseños de ángeles en el marco. Lo dio vuelta, y leyó la inscripción grabada en la plata; "Kirie Eleison". Su madre siempre había sido una fanática religiosa, aunque ella era atea. Ella solía poner en la puerta de su habitación un crucifijo de madera que ponía eso... pero vagamente recordaba lo que significaba. Tomó tembloroso el espejo entre sus puños, y se tapó con el; como si el espejo fuera un pequeñísimo escudo.

El silencio fue abrupto.

Cerró los ojos con fuerza, apretando su rostro para evitar cualquier filtración de lo que hubiese ocurrido.

El espejo se deslizó lentamente por sus pantalones hasta caer al piso, Kris mantuvo sus ojos cerrados... hasta que se quedó dormido.

Los goznes de la puerta dio un desagradable chirrido, y May entró con una bandeja llena de panecillos, dulces y café.

Todo se derramó en el piso estrepitosamente; había tropezado con Kris. Y la habitación estaba vacía si no se contaba Kris.

May levantó a Kris, y lo llevó a la habitación de Alaniz... era extraño... ¿a dónde habrían ido?

Kris descubrió con horror al despertar que estaba en la habitación de Alaniz. Se lanzó de la cama, y llegó como pudo a la puerta (no era posible ver el suelo de la habitación; la cantidad de cosas desparramadas y el desorden eran caóticos). Y buscó donde esconderse nuevamente.

May preguntó por todas partes por sus compañeros.

Desde hacía un par de días que Anna, Yoh, Horo-Horo, Ren Tao, Kurama, Hiei, Yusuke y Kuwabara ( quien ahora rondaba por el coliseo), usaban lentes de vidrio color ámbar. Caminaban tensos, siempre arreglándose los lentes para que no se les deslizaran muy por debajo de los ojos.

Horo-Horo caminaba hacía la habitación de Takashi, sólo por curiosidad, siempre hablaban de cosas interesantes (aunque entendía un cuarto de lo que decían), siempre que Ren y los otros lo miraran de manera asesina cuando decía algún comentario ( comentarios optimistas, increíblemente sarcásticos e indirectos) que según él, no eran de importancia. Entró sigilosamente, hasta que dio un movimiento de abanico abrupto con la puerta; no, no le había dado a nadie, la habitación estaba vacía.

Inconscientemente se sacó los lentes y se abrazó, al ahora visible, Kororo.

- no puede ser! Ustedes también! – gritó con un chorro de lagrimas de cocodrilo fluyendo por su rostro mientras Kororo escapaba de sus brazos.

Allí, en el mismo lugar donde estaban y seguían estando desde que habían empezado a discutir, seguían Takashi, Garnet, Sakura, y Chi. Miraron a Horo-horo un instante y después volvieron a hablar entre ellos.

Horo-horo se paró y absorbió sus mocos limpiándose la cara con su manga; los 4 estaban allí, semitransparentes flotando a unos centímetros del piso con sus pies cubiertos de unas pequeñas llamas azules, como de una hoguera que se apaga.

- quien los mato? – preguntó caminando entre ellos Horo-horo agitándolos.

- matarnos? – preguntó Chi divertida – pero si estamos aquí, vivos.

- no, no lo están – dijo volviendo a sus exageradas lagrimas, como hablando para sí mismo.

- ves? – Takashi continuó hablando con Garnet sobre lo de vencer primero, etc., etc. – hasta nos puedes tocar – dijo hostigándose rápidamente; Horo-horo se había lanzado al piso y le abrazaba las piernas.

- eso-es-por que- soy- soy... un shaman – replicó Horo con un hipido.

- shaman? – preguntó Sakura interesada – y que hacen?

- pues son un médium entre los vivos y los muertos – respondió Horo recuperando la compostura y explicándole galantemente - podemos conectarnos con almas de personas muertas, y usar sus habilidades insertándoles en nuestros cuerpos o en algún objeto.

- si claro – dijo Garnet, sin darle mucha importancia – sólo es nen.

- es algo aparte del nen, se utiliza como medio el nen, pero esto... como lo explico... – se sentó en el piso y comenzó a pensar.

Pasaron 15 minutos y Horo se levanto y salió corriendo; venía con Anna Kyouyama, le quitó los lentes, y ella continuó mirando al grupo de informática normalmente.

- esto a que va? – preguntó mirando con odio a Horo-horo.

- ves? No estamos muertos – dijo con cariño Sakura.

- están muertos, mírense bien los pies – corrigió Anna.

- AAAAHHHHHH! – chilló Chi – me quemo! ... – pensó un instante – pero no! Pero...

Anna le dio un manotazo cerrándole la boca y haciendo que se mordiese la lengua.

- extraño – susurró Takashi mirándose con curiosidad sus pies.

- Hey! Tenemos pies en llamas! - dijeron al unísono Sakura y Garnet dando un rítmico paso de Tap.

- si creen que es tan divertido esperen a la caída del sol, y en ese momento si que será divertido; no se como perdieron sus cuerpos, pero pronto se irán al cielo – advirtió Anna dándose la media vuelta para irse. Horo-horo la siguió agitando un pañuelo blanco despidiéndose con lágrimas en los ojos y ambos se pusieron los lentes.

Todos se quedaron mirando un instante, y continuaron con lo suyo...


El sonido de la televisión simplemente encendida, sin proyectar nada inquietaba a Gon. Fuera como fuera no iba a contar lo que le había pasado en el ataque¡De ninguna manera!... Pero ya el hecho de que Killua pasara el 80 de su tiempo con Gon sólo para que este soltara le estaba empezando a dar sus frutos sobre el terco de Gon.

- Killua... no te aburres? – preguntó comiendo crujientes sardinas.

- no... – musitó mientras buscaba un juego dentro de su porta cd's.

- seguro?

- si

- seguro?

- si

-seguro? – (siguen crujiendo las sardinas, y los bolsillo de la carpeta seguía sonando)

- si

- seguro?

- ... ss-si... – Gon se calló... por alguna razón, como nunca antes había ocurrido; Killua le había dado miedo. El simple tono forzado y el crujir de sus nudillos... Se dio la media vuelta, y se tapo con la frazada hasta la cabeza e intentó quedarse dormido.

Pasó un rato y escucho el leve sonido de "Mario BROS."

- Gon, aún no me quieres decir que te paso? – preguntó Killua seriamente.

- no.

- demonios – Gon escuchó como el control chocaba contra la pared – NO PUEDES ANDAR POR AHÍ HACIENDO ESTUPIDECES, Y SI TE PASARÁ DE NUEVO EN EL SIGUIENTE ATAQUE?

(Game Over)

La frazada voló, Gon indignado se sentó como pudo con su yeso sobre la cama.

- después de todo lo que entrenamos... no pude vencer a alguien – dijo en un balbuceo que Killua entendió de todas formas – quiero devolverle el favor!

- QUE MALDITO FAVOR?

Gon se quedó en silencio.

Killua perdió la paciencia. Tomó a Gon el cuello de la ropa y lo levantó.

- que fue? – preguntó en un tono un poco más bajo.

- UN FAVOR! – exclamó Gon cerrando los ojos con fuerza y dejando escapar unas lagrimas.

Los ojos de Killua, no se atrevía a mirarlos directamente. Sus ojos eran oscuros... por más que se enfadara no podía decirle nada a nadie... o esas personas desaparecerían...

Killua lo dejó caer. Se metió las manos en los bolsillos, calmado...

- eres un idiota – le reprochó dando un portazo.

Killua no se altero de que Samara estuviese afuera sentada en el sillón jugando con sus muñecas, sonreía a medida que las sentaba sobre pequeños taburetes. Ella ni si quiera le tomó en cuenta. Killua la observó y simplemente siguió. (El ojo derecho de Samara estaba totalmente negro, se podía ver a través de su cabello... la sonrisa le deformaba el rostro).

Kurama se sentó en su parte de pared para proteger junto a Hiei, un Koda les servía té.

- me gustan los días así – susurro Kurama mirando el blanquecino cielo.

- de que es esto? – preguntó Hiei dando una mueca de asco al tomar el té.

- es sólo té – dijo Kurama con una sonrisa maliciosa tomándose un sorbo.

- mas te vale que no sea otra vez esa supuesta sacarina tuya – reclamó tomándose otro sorbo sin evitar una mueca de extremo desagrado.

. KURAMAAAA! – Kurama tiró la taza y miró a su derecha (Hiei continuo tomando sin dejar de quejarse).

Vió a un Killua furioso armado con su yoyo listo para atacarle.

Kurama esquivo con ligereza un pesado golpe.

- que te ocurre? – preguntó desconcertado fijándose como el Koda levantaba enojado (si enojado, tenían un único par de ojos por los que se podía ver junto con sus gestos si estaba enojado o no) los trozos de la taza.

- entrenamiento; hemos perdido mucho tiempo – Killua no lo miraba al rostro como solía; no estaba siendo franco.

Kurama se limitó a seguirle el juego hasta poder alejarse lo suficiente del coliseo.

- tranquilízate – pidió Kurama poniendo las manos en alto en señal de que no atacaría.

- Gon es un idiota – dijo entre dientes.

- ya veo – dijo dándose una voltereta en el aire serenamente.

- ya vez que? No quiero que me escuches, lo que quiero es que me ayudes – Killua finalmente guardó el yoyo.

- y por que te ayudaría con Gon?

- no, con Zera.

- por que no le dices tu mismo, no me quiero meter en riñas entre amigos.

- por que... – Killua miro la arena y empezó a recordar la brutalidad de los golpes de Zera, sus venenos, velocidad... ( y un montón de factores que te hacen pensar: "Rayos, que aún me falta mucho, soy patético")

- estás pálido... – Kurama sonrió – no me digas que le tomaste miedo a Zera.

- para nada! – mintió. Kurama lo miró expectativamente. – no creo que me de lo que quiero...

- ve al grano.

- necesito algo que noquee a Gon, pero que lo deje lo suficientemente lucido como para hablarme, sin darse cuenta de lo que yo quiera, y que después no se acuerde.

- olvídalo – Kurama ya se iba.

- espera!


Kaito saltó sobre un árbol, una montonera de chicas (medio momias; venían de la enfermería) corrían en dirección de Ren Tao, quién sobresaltado (su mechón creció considerablemente) intentó correr.

- no deberían estar dentro? – preguntó Kuwabara, quien lo acompañaba llevando unos carritos con material médico.

- no me importa; quitamelas de encima! – grito antes de ser ahogado por un montón de brazos, bustos, cabezas y piernas.

- que no daría por ser el... – susurró Kuwabara sin mover un dedo si quiera.

- yo diría que necesitan otro chico lindo – recomendó Ai apareciendo al lado de Kuwabara.

- por--- vor! – rogó Ren. (la ola formo un mini tsunami. Entre medio se veía Ren).

Kuwabara hizo caso omiso. Le daba cierta depresión...

- miren! Es Sorento! – el mar se calmó, y en pequeñas ondas fue tranquilamente hacia Sorento, sin atacarlo.

Kuwabara cargó a Ren sobre su carrito, y tomó el medio destrozado carro de Ren con el pie y continuaron.

Ai vió algo extraño entre los arbustos...

Hizo una bola con su goma de mascar, la tomó con los dedos, y la lanzó como una bola de boliche contra los raquíticos arbustos. Escucho un quejido, y al revisar encontró a Kris con un pie pegado a la hierba con chicle.

- sigues todavía jugando? – preguntó con cara de aburrida.

- si – dijo casi llorando.

- que pena me das... – y se dio la media vuelta.

- espera!

- olvídate, no estoy para esconder niños de sus hermanas mayores.

Y Kris se quedó allí pegado a la hierba, asustado.

- KEIN! – gritó Bisuke al llegar con la tropa de chicos y un auto al coliseo.

Una ventana del coliseo se abrió; May se asomó: "AHORA NO! MANDALO POR ESCRITO!"

- VETE AL DEMONIO! – devolvió Bisuke.

- por que esta tan alterada? – preguntó un chico a Zera.

- quieres que le pregunte? – contestó apuntando a Bisuke, quien despedía un aura maligna. El chico se negó asustado.

- Bisuke... relájese – pidió Kurapika tomando distancia.

- un hunter no puede tener cosas tan mediocres – dijo mordazmente.

- no creo que sea para tanto... – Bisuke se calló, pero su enojo no disminuía.

- creo que su orgullo se vió manchado – respondió Zera bajándose del auto. – bien hecho perros – felicito a los nuevos pupilos.

Los chicos se quedaron mirándola un instante, y se largaron a reír... eran extraños.


Kurapika, cansado, se dirigió lentamente hacía el comedor, que en ese instante era enfermería.

- como te va Leorio? – saludo al verle inspeccionando a una niña.

- mejor que ayer... estos niños... encontré otros dos con gangrena... que te hiciste? – preguntó mirando por sobre sus lentes.

- nada en especial – dijo sin darle importancia.

- por algo eres tu – dijo suspirando.

- a que va esa indirecta? – preguntó irritado.

- sólo que te ves... extraño. – el gemido de un paciente cortó la conversación.

Kurapika subió hasta su habitación, y descubrió que las cosas que había dejado en el auto estaban allí. Sacó una caja de entre los paquetes, y extrajo unos guantes. Y volvió a subir.

Antes de llegar se encontró con que la puerta de la habitación de Takashi estaba abierta, e irradiaba luz de fuego. Al asomarse vió a Yoh Asakura, Anna Kyouyama, Horo-horo y a Gen-Kay.

Era una especie de ritual; donde al centro habían dejado un circulo pelado y desprovisto de alfombra o tablas; estaba el simple y vulgar concreto. Habían rodeado todo con velas, y entre ellas resaltaba un enorme collar de perlas azules

Prefirió no hacer comentario e irse antes de que lo notaran... pero le era imposible resistirse a ver que era, la curiosidad lo carcomía.

- que es esto? – preguntó fascinado antes de poder pensar en ello.

- ah? – Gen-Kay se dio la media vuelta, lo empujo fuera de la habitación y cerró la puerta tras ella – Anna esta buscando algo; rutina – le dijo tratando de ser simpática.

- es extraño que hayan retirado todo en todo ese perímetro y no haber marcado nada en el...

- veo que conoces algo sobre rituales... necesitamos saber que pasó allí dentro; faltan unos cuerpos – Kurapika abrió grandes los ojos, aún más intrigado. – simplemente te pediré que te retires...

- pero científicamente... osea; ustedes están haciendo algo espiritual...

- no crees en los espíritus acaso?

- científicamente no.

Gen-Kay rió por la indiferencia de Kurapika.

- me ofendes chico. Existen, sólo que no todos los pueden ver; al igual que el nen, algunos están dotados y otros no.

- quiero una prueba concreta.

- hasta que no sepamos lo que buscamos... no podemos probar nada. Y tampoco podrás ver nada. El nen es la energía de los vivos; esto no pertenece a los vivos.

Antes de que Kurapika dijera algo más; un estruendo y un montón de llamas azules echaron la puerta abajo; Gen-Kay entró rápidamente, Kurapika se cubrió un instante... pero no había nada... simplemente la puerta había perdido sus goznes... todo parecía una ilusión. Pero gen-Kay y los otros hacían una extraña mímica de estar frente a una pared y que la misma los empujara hacia atrás.

- Anna! Déjalo! – ordenó Gen-Kay.

- no! Falta un poco! – se negó.

Kurapika lo veía como una obra sobre actuada. Anna tenía una mirada de congoja, y sus acompañantes en el extraño rito que por algún tipo de presión no podían cambiar su pose defensiva frente a esta.

La presión continuó, y finalizó con Anna dejándose caer hacia el piso apretando con fuerza el collar de cuencas azules.

- un niño... el hermano de Brances... el tiene los cuerpos en un espejo. – musitó Anna dándole un puñetazo a Yoh en cuanto este trato tímidamente de ayudarla a pararse.

- El chiquito ese? Que no mata ni una mosca? – preguntó Horo-horo incrédulo.

- exacto, no ha matado a nadie; simplemente se llevó los cuerpos de esos que... donde están? - dejo inconcluso Gen-Kay.

- se fueron mientras Anna terminaba la mediación – respondió Yoh recogiendo las velas y tomando una espátula para quitar la cera del piso. Todos pasaron sobre él en busca de los espíritus (Anna pasó dos veces) y de Kris. Yoh tras ello se levantó con unas lagrimas en los ojos y guardó los instrumentos utilizados.

- Amidamaru... – llamó con la voz medio quebrada. Hubo un momento de silencio – sii, ojala pudieras sostener cosas y ayudarme... – Kurapika lo miró intrigado. – y Anna pasó dos veces...

Kurapika extrañado salió lentamente de la habitación y cerró la puerta con cuidado.

- y ojala todo el mundo te pudiera ver... así no pensarían que estoy loco – escuchó junto con un par de risas antes de empezar a subir la escalera de caracol.

Aún le faltaba mucho por ver, si... todo era tan interesante; tantas personas, tantas estilos, tantos gustos y costumbres...

Caminó balanceando las bolsas de las compras hacia la habitación de Kidara.

Dejó caer las bolsas... un continuo goteo le helo la sangre.

La cama estaba teñida de rojo oscuro, uno de los brazos de Kaman colgaban de la cama.

Armado con sus guantes quitó las sabanas y evitó mirarle la cara, la tomó y corrió escaleras abajo empujando sus compras en la misma dirección. Al detenerse frente a la enfermería provisoria y mirar desesperado que no había nadie que le pudiese ayudar; dentro el goteo se acrecentó. Levantó su mano balanceando contra su cuerpo a Kaman y con la otra treparon por su mano sus cadenas y dejó caer una cruz de puntas iguales que pendía de la misma; como una serpiente, la cadena se extendió sobre el cuerpo de Kaman. Kurapika no había mirado que era ni que pasaba... simplemente deseo desesperadamente envolviéndose junto a ella en la cadena, que dejara de sangrar...

- Kurapika...

May abrió nuevamente la ventana, exasperada por los gritos. Pero en cuanto vió que era, se lanzó desde la ventana, incrédula, para ver que era todo lo que pasaba y si era lo que ella creía.

Lo que creía que creía era lo que (valga la redundancia) creía; era un caos total a causa de lo que según ella, era el producto de estar jugando con sus tarjetas; por todas partes doncellas envolviendo en vendas a la gente, y una muñeca cosiendo de la ropa a varias personas para unirlas...

- que rayos es todo eso? – preguntó a Shun que pasaba por allí escapando de una doncella.

- No es tú culpa?

- para nada... – fuera de ella no había alguien que pudiera hacer cambios sobre sus cartas... aunque sí sobre su mundo. Sacó una de las tarjetas que contenían datos sobre los cazadores y busco a Hyo dentro del edificio. – ya se las vera esta niña... Bridge to Hyo! – y desapareció en un haz de luz.

- esto es patético, si todos corren nunca voy a encontrar al mocoso – advirtió Anna empuñando un abanico de papel gigante acompañada de una mirada asesina. Todos los que estaban cerca de ella en un rango de 40 metros se detuvieron dejando que los bichos los atraparan... preferían morir bajo una adorable doncella o una linda muñeca que en manos de una chica que parecía llevar un par de demonios con ella.

Camino lentamente hasta unos arbustos.

- Por aquí no está! – gritó Horo-horo desde la enfermería volando sobre su snowboard.

- niño... si no apareces en los siguientes 15 segundos te juro que llamare a tu hermana – algo se movió entre los arbustos. Anna sacó de la nada un cronometro, y antes de que pasaran 10 segundos dijo – Tiempo! – y escucho un quejido de terror entre las hojas. – creo que llamare a tu hermana – y se dio la media vuelta.

- es-es-espera! – balbuceo una retraída voz.

Anna sonrió.

Kurapika se dió la media vuelta cabizbajo sin saber si la sangre se había detenido, por que estaba empapado en ella y no sabía si continuaba fluyendo. Una niña que conocía, de cabello todavía más desteñido lo miraba interrogante. Ella miró con cierto horror la escena y las condiciones en que estaban ambas personas frente a ella. Y en vez de hacer algo; corrió.

Hyo se encamino tropezándose en las escaleras hacía la biblioteca; su pequeña travesura se había pasado. Y se lanzó sobre una montaña de libros a buscar algún pergamino de esos que le servían para revertir algunas cosas. Un flash le ahogo dentro de ellos...

- quédate en un solo lugar aunque sea un instante... me mareo si te busco por distintas partes doblando el espacio. – dijo la voz irritada – ahora ve y arregla ese pequeño desastre que hiciste abajo.

- mmh – dijo buceando en la sección de historia universal

- por que hiciste eso?

- quería que los curaran a todos de una... – masculló. – rayos... esos pergaminos...

- que...

- no me digas nada más que me siento ya bastante mal; abajo Kidara esta desangrándose y no se puede hacer nada por que se me ocurrió jugar un poco al hospital. – May escucho como fuera transmitido por una vitrola vieja.

- las marcas de los exiliados... – May empezó a hurgar entre los papeles también – que buscamos?

- un pergamino gris con tinta púrpura... que es eso de las marcas de los exiliados?

- ellos son de una extinta tribu llamada Kuruta, y ella fue exiliada y marcada con unos sellos que le impiden acercarse a un hombre de la misma tribu; osea que el contacto de sus pieles provoca que ella sangre... él la estaba tocando directamente?

- no, estaba con guantes y... no creo que sea eso; sangraba por los ojos, la boca... y quizás por donde más – indicó hundiendo el brazo entre un montón de hojas.

- entonces es el otro cambio...

- ...que rayos es ella?

- buena pregunta. A parte de ser de la tribu, es también un arma biológica, clonada, antes era medio bestia entre otras cosas... pero no es necesario que lo sepas.

- si ya me lo dijiste todo y tengo Internet.

- creó que lo halle!

Hyo le quitó el pergamino de las manos y se tiro por la ventana agarrándose de la cortina, que era muy larga. May la siguió; la niña tenía cero condición física y se estaba tirando del último piso del coliseo ( como el piso 25).

La cortina se fue soltando, hasta que quedó agarrada de la lámpara del salón, dejando a Hyo a unos 10 u 8 metros del piso.

May llegó antes, y entró en pánico al ver que la niña cerraba los ojos y se preparaba para soltarse.

Y empezó a caer...

(Hyo era de esas personas empeñosas... pero para las cosas que se hacían pasivamente... osea que para una caída así... ni si quiera podía correr 5 minutos sin que le diera un pre-ataque de asma.)

Durante el descenso, se fue desviando, hasta caer sobre unos árboles, se agarró de una rama, está se rompió y la dejó caer un tanto brusca en el piso, sin mayor lesión que un rasguño en el brazo.

Esquivó un puñetazo destinado a su cabeza de parte de May, le quitó un encendedor a alguien que pasaba y le prendió fuego al pergamino, materializó un pincel gigante y una caja de tinta (enorme), frotó el pincel sobre la tinta y después la llenó con las cenizas medio encendidas del pergamino y empezó a correr fijando una línea en el piso y alrededor del coliseo; cuando avanzó unos 15 metros se devolvió a buscar la caja de tinta (la arrastró apenas) y continuó, seguida de la mirada de "que rayos hace" de May.

En un rato (corto) la vió llegar por el otro lado embetunada en tinta, corrió a untar el resto de cenizas en el pincel y cerró el circulo. Finalmente, con una respiración acelerada y forzada, puso sus manos sobre la tinta fresca, y susurró un par de cosas (intentó)... y al instante, cuando May pensaba que había fallado; las doncellas volvieron elegantemente a la enfermería junto a la muñeca, dejando tras ellas un montón de personas llenas de vendas, y/o cosidas entre ellas...

Después de este ridículo hecho, Kris ente lágrimas, hipidos y balbuceos, y sin entender por que le decían que les mostrara el espejo a unas personas que parecían muy enojadas con él, hizo caso a base de una "bellas" amenazas llegaron a la conclusión de que el niño no tenía la más mínima idea de lo que había hecho.

Horo-horo el arrebató el espejo y lo empezó a agitar con la esperanza de que así cayeran los cuerpos de él.

Por otra parte, Anna había encadenado con su collar de cuencas azules a los espíritus de Takashi, Chi, Sakura y Garnet (quienes había vuelto asustados a donde todo había comenzado, asustados, ya que sus cuerpos estaban desapareciendo).

- mira, si no nos ayudas te juró que llamaré al espíritu del abuelo a castigarte – bueno, no sonaba como gran amenaza, pero si lo dices con el tono de Anna... cualquier cosa da miedo; sin contar de que de verdad quería maldecir al niño.

Kris realmente no sabía que había hecho, así que a bases de las lógicas ideas de Horo-horo, le pidieron que se pusiera nuevamente en la misma posición en que estaba desde el momento en que dejó de escuchar a los habitantes de la habitación.

Pronto empezaron a discutir Anna y Horo-horo, Yoh conversaba con Amidamaru por detrás y gen-Kay se agregaba a la conversación apoyando a Horo-horo.

Ahora, si fueran relativamente pequeños, temerosos del mundo, y odiaran las disputas, obviamente buscarían como callar esa peleas... pero si a una disputa le sumas; un chico que habla solo, y que en la discusión este alguien que parece, parece, que lo único que quiere es hacer mucho mal... ¿preferirían que sólo discutieran las personas que habían antes... y que de todas formas; eran menos raras y no te daban tanto miedo?

Bueno, producto de todos esos factores... Kris de volvió a tapar con el espejo y los cuerpos de los incrédulos fueron lanzados al piso de la pequeña habitación.

- Takashi bajate de encima mío! – gritó Chi al ver su cuerpo bajo el de Takashi.

- como si pudiera...

Sakura alegre, y más relajada flotó hacia su cuerpo; que dio una gran bocanada de aire y se reincorporo.

Y así, todos volvieron a sus cuerpos. Al final del proceso, Anna les dio un pequeño sermón.

- contando los gastos humanos, los problemas que ocasionan, su poca confianza y obstinación y dificultades que significaron encontrar al niño ese; ojala se mueran la próxima vez. – Y Anna tomó a Yoh por el collar, y se fue seguida por Horo-horo, y finalmente Gen-Kay cerró la puerta dándoles una pequeña reverencia con la cabeza.

Takashi sin tomar mucha importancia a la euforia de las tres mujeres al contar su experiencia como seres flotantes se dirigió a comprobar como estaba el café.

- esta helado... que desperdicio...


Kein apagó el MP3, y se acercó a escuchar a Leorio, quién se limpiaba las manos ensangrentadas.

Kurapika estaba sentado en un sillón dormido apoyado en su brazo. De su, ahora, embarrado abrigo se escurrían todavía algunas gotas.

- tiene un serio problema de coagulación, pero ya lo controlamos... – susurró Leorio, tomando un pañuelo de su maleta, que estaba dispuesta en una mesa y se limpio el sudor de la cara. – literalmente suda por los poros, con algo de nen por parte de Noa se pudo hacer algo... pero la perdida de sangre... ese idiota no se cuanta le dio. – se quejó mirando de reojo a Kurapika.- pero aún así, no creo que necesite atención, sólo algo de reposo.

- ...bueno, parece que la quiere mucho. – dijo Kein con una sonrisa.

- supongo. – Suspiró - Es tan irónico... ni si quiera soy médico.

- ...no te hagas el importante; lo haces mejor que uno. – Keiko pasó cargando una bolsa de basura.

- bueno – Kein rió – el ser médico, es solo un nombre; es aquel que cura a las personas...mmmh – Kein se inclino hacía el lado mirando de reojo una puerta a espaldas de Leorio. – se puede entrar?

- supongo. – se arregló la corbata y tomó su maleta, se acercó un poco a Kurapika para comprobar si estaba totalmente dormido...

- si te vas quiere decir que esta bien... – musitó el joven. Leorio le dio una palmada en el hombro.

Cuando encontraron a Kurapika y a Kidara encadenados no sabían exactamente que hacer.

Todo estaba lleno de sangre, pero lo más relevante era que un hilillo corría por una cadena que estaba agarrada al cuello de Kidara, sin gotear...

Cuando Leorio los separó, notó que la cadena, cuando esta se soltó, que Kurapika de alguna manera la había convertido en una especie de manguera y le había estado dando sangre a Kidara.

Kurapika, con sus cadenas colgando y empapado, la llevó hacía la sala de operaciones improvisada... tras eso se desplomó en aquel sillón.

Kein esperó a que Kurapika dejase la habitación; lo vió salir con una leve y triste sonrisa, algo desmoronado, pero aliviado.

Kein entró; Kidara estaba conectada a una máquina que le bombeaba sangre. Sacó de su bolsillo una pequeña caja, y de la misma extrajo una semilla que introdujo en la boca de Kidara... envuelta en una extraña aura.


Alaniz atrapó a Kris; pero no resulto tan malo...

Las cosas malas hacen que la gente mala cambie, y que puedan ver un poco mejor las cosas, quizás tenía efecto en ella/él, o simplemente quería hacer un último intento de ganarse a su hermano.

- bien Gon, esta es tu última oportunidad; si pierdes tendrás que decirme que te paso – indicó sosteniendo un papel.

- no

- no seas idiota – Killua le dio un leve golpe en la cabeza y empuñó su brazo como para golpearle, pero en vez de eso... – Jan-Ken-Pon! ...

Pasados quince minutos, Killua iba muy a la par con Gon; pero de seguro aunque Killua ganase Gon no le diría nada.

Posteriormente pasaron a otras competencias (quien contenía más la respiración, quien evitaba pestañear por más tiempo, etc.).

- Me rindo! – gritó finalmente Killua. – pero... cuando sea el tercer ataque; vamos juntos.

- pero...

- no hay pero que valga. – y antes de que Gon pudiera decirle algo para echar abajo la idea, escapo de la habitación.


Kurapika se despertó con una corriente de aire helada; había dormido con la puerta y la ventana abierta.

Creía que todo estaría más o menos manchado en la mañana, pero todo estaba impecable, y su abrigo había sido lavado.

"ya conocí a dos... cuando volverás Kidara?... esa insensata..."

Reese camino arrastrando los pies por el pasillo y se detuvo dejando caer la taza con café que llevaba en las manos; alguien que conocía bastante bien estaba sentada en el fondo del pasillo aplicándose unas vendas en la cabeza.

Esos ojos serenos y a la vez con cierta altivez lo miraron un instante con algo de cariño.

- si te quedas allí todo el día, quizás tus pies queden marcados en la alfombra – le indico con un tono burlón.

Reese camino hasta ella, le quitó las vendas de las manos y le tiro la mano para ayudarla a pararse.

- usted es una irresponsable – le dijo con un tono de odio.

Ella lo miró desconcertada, no entendía por que él le decía eso.

Subió las escaleras hasta llegar a un lugar que bien conocía, se dirigió a la última puerta hacia el fondo y abrió dando un fuerte abanicazo con la puerta, y al notar que básicamente no había nadie la volvió a cerrar igual de fuerte.

Kurapika se sobresaltó salió de la cama desordenamente vestido y reabrió la puerta para ver quién había sido, con una leve esperanza...

Vió la espalda descubierta que tanto censuraba cubierta de vendas levemente manchadas, el color trigo opaco en el cabello largo y descuidado de quién él sabía que era Kidara.

Kidara se dio la media vuelta y esbozó una leve sonrisa.

- sé qué estás ahí Kurapika.

-... aún estás...ciega?

-supongo.