Tercer Ataque

X Títeres

X Polos

El tiempo volvía a acelerarse, esta vez realmente los generales estaban cooperando con interés y aprendían a conocer a los jóvenes que tenía bajo su mando, no sólo eran de bastante talento si no que eran interesantes.

Los nuevos pupilos se adaptaron rápido, eran la gran mayoría unos extrovertidos y bastante carismáticos, bueno, la mayoría.

Ai era bastante dura con ellos, en especial con una chica llamada Isabella; era callada pero cooperaba torpemente en todo lo que podía. Debía ser por su parecido con Katt; cada sonrisa que expresaba al cometer un error perdonable hacía notar a Ishii, Morvern y a Reese como le dolía a Ai.

En general todo los antiguos pupilos, los que quedaban de los primeros ataques eran distantes con estos nuevos personajes; sabían que en cualquier momento les podían perder, ya el sufrimiento había sido mucho como para repetirlo.

- tienen que se más cínicos – les decía Rei con ánimo y franqueza después de un día de ejercicios. – tienen que pensar que el otro es tan cínico que él creerá que ustedes también lo son, de manera que cooperaran; por que si no se van en términos de confianza no podrán trabajar en equipo, y eso es lo que más necesitamos si quieren sobrevivir.

Si, comprendían eso, pero era imposible; todo lo que tenían eran prejuicios.

Ann desde hacía tiempo que no le veían, sólo y con suerte, en las comidas, o en algún sermón al lado del general que les hablaba. Reese había tratado ya varias veces de hablar con ella, pero siempre se le escapaba... ella cada día estaba más distante.

Ai compartía la habitación con Reese y los demás; resultaba divertido, pues ella se cambiaba y hacía sus cosas sin pudor alguno, estuvieran ellos o no presentes y andaba vestida como se le pegaba la gana. De alguna manera había logrado que ellos le hablaran menos; ya estaban llegando al punto que dentro de la habitación no eran capaces de mirarla a la cara. Habían intentado que fuera a otra cabaña donde hubieran sólo chicas, o ellos cambiarse de cabaña... pero no encajaban con otras personas; tenían que ser forzosamente amables y no podían hablar con libertad.

A fin de cuentas habían instalado cortinas en sus literas para que Ai pudiera andar a sus anchas por la habitación en bermudas o lo que rayos estuviera usando.

Los generales idearon turnos para las diferentes sesiones, como deberían haberlo echo al principio, de manera que todos los días les quedaba poco tiempo para congeniar entre ellos.

Kidara aún ciega podía hacer bien su trabajo, los pupilos le tenían simpatía...y eso. De entre todos los generales, era con ella con la que tenían las batallas practicas junto con Bisuke. Todos los demás hacían las prácticas especificas.

Gon y Killua también se había unido; sólo para las batallas prácticas iban hacía Kurama, Hiei, Zera y quién se ofreciera en ese momento.

Ya habían empezado entre pupilos a inventar estrategias de ataque, al inicio no eran muy buenas por la falta de experiencia, pero poco a poco se fueron volviendo menos predecibles.

El simple hecho de que Ren Tao, Sorento o algún joven bien parecido se pasara por algún lado donde hubieran chicas alteraba el orden... de alguna manera las chicas se habían dado cuenta de que en el mundo existían los hombres...

De cierta manera era bueno; las chicas se empeñaban más (querían impresionar). Y lo malo era que se sufría mucho si se era uno de estos jóvenes.

Kurapika siempre buscaba a los "Shamanes", quería respuestas a lo ocurrido unos días antes... le era demasiado irreal como para creerlo. Pero pronto descubrió que ese mundo espiritual lo conocían varias personas dentro del coliseo; era un talento especial, mucho más especial que la capacidad de manejar con arte el nen. Entre ellos estaban todos los que vigilaban las puertas del coliseo, y algunos generales.

- muchos obtienen este talento por un encuentro cercano – le decía Kurama divertido por la enorme curiosidad que mostraba Kurapika. – en mi caso... – sonrió – no lo creerías. Tú a todo le tratas de encontrar la base científica... por ejemplo, Hiei y Yukina tampoco creerías lo que en realidad son.

Todos los relacionados con ello simplemente le sonreían y le decían que no podría entenderlo, o simplemente no lo creería... aún en un mundo con algo tan irreal como el nen, existía aún algo más quimérico...

Noa reía bastante seguido en las mañanas; con parte de la ropa que había comprado Kurapika para él y para Kidara, y algunos vestigios de las tenidas de Ross vestía a Kidara cada mañana; la verdad le encantaba hacerla ver como una niña...

- hoy llevas puesta una falda... así que ten cuidado – debía darle indicaciones (de las que Kidara poco caso hacía) para que supiera que estaba usando.

Causaba la diversión de los pupilos el ver a Kidara con cada estrambótico atuendo todos los días.

Para que hablar de Leorio; quién siempre tenía trabajo, debía perseguir pupilos que por orgullo se resistían a ser atendidos, tambien atender heridas terribles y hacer fichas médicas su tiempo libre. "Y eso que no soy médico" decía de vez en vez recibiendo siempre un golpe de Keiko o de alguna de las enfermeras de turno.

Pero todo debía acabar pronto... ya cada día iba quedando menos...

Kouichi se despertó hostigado por el sonido de la campana que llamaba a desayunar... desayunar? Llevaban 2 semanas comiendo una especie de planta que habían encontrado en cantidades por ahí, que como la cocinaran quedaba bien... pero siempre sabía igual le echaran lo que le echaran.

Era una mañana un tanto oscura; el cielo llevaba varias nubes blancas enormes que proyectaban enormes sombras al prado.

- sabes que no encontraras algo nuevo para desayunar – le dijo Ivonne pasando con la campana al otro lado de la tienda de campaña.

- iré... pero deja de hacer sonar esa cosa... – rogó retorciéndose dentro del saco de dormir.

CLAG-CLAG-CLAG!

Se escucharon varios gritos seguidos...

"Otra vez cosa verde?(con esperanza)... siii!(hostigado)... creo que vomitare con sólo verla... que poco agradecidos, si no fuera por ella tendríamos que comer delicias con pasto!... si (desganado)... maldición; Kan volvió a desaparecer!... mentira (Kan), no me eches al agua..."

No habían podido cambiarse de campamento por el hecho de que si iban a otro lado los atraparía la tormenta que atacaba al lado sur de la isla. Y era más cómodo estar cerca del oráculo. Aunque... todavía no podían admitir que sus vidas dentro de la isla dependiesen de aquella estatua en forma de Sucubus (un demonio con forma de mujer).

Se sentaron con pereza en el césped, y con extrema repulisón, desayunaron.

El ambiente era como siempre; amistoso, agradable y con la impresión de que todos los días es sábado y estás en un campamento de verano. Aunque la rutina era algo dura ( levantarse a las cinco AM, comidas escasas, y volver a acostarse a altar horas de la noche), sólo se quejaban de la comida reiterativa.

Creían en lo que creía Kouichi; sus vidas solitarias podrían cambiar, podrían hacer que el mundo injusto tuviera que retorcerse bajo sus palabras. Tendrían todo lo soñado; amigos, una vida normal y digna... La utopia de cualquier niño huerfano.

Pero otros tenían otras ideas; el mundo había sido imparcial, entonces ellos le devolverían la carta y ellos serían el mundo.

A fin de cuentas, todos eran unos simples idealistas y soñadores.

-Hoy tendremos que empezar a avanzar a la barrera - advirtió Ivonne.

Una chica le pegó con su cuchara a Kenso en la cabeza.

-que? – preguntó sobandose.

-Dijiste que el ataque no era hasta dentro de un mes! – le reclamó con los ojos brillantes.

-sea antes o después no importa... o... – a la niña le temblaron los labios y sus ojos se fueron anegando de lágrimas.

- quería celebrar mi cumpleaños con mis amigos vivos! – y le planto el bowl con plantas verdes en la cara.

Ivonne de pasada le ofreció un pañuelo. Ingram, que estaba sentado a su lado no había prestado atención alguna al pequeño escandalo (del cual todos hjabían estado pendientes).

-por que a mí? – preguntó estrujando cosa verde en su puño.

-por que escuchas mal lo que dice el oráculo, y le das falsas esperanzas a la gente – él, durante todo el desayuno no había tocado su plato y había estado estatico mirando hacía el frente.

- la gente se pone contenta; son simples mentiras blancas.

-son de lo peor. – e Ingram se levantó del césped y desapareció levantando un par de briznas de pasto.

- todo el mundo lo hace – musitó, devorando con rabia su ensalada.

- bueno, todos podemos morir de un día para otro – le consolo Chiharu.

-no lo uso como "ese" tipo de consolación. Sólo se me sale y después no puedo corregir por que la gente se pone contenta.

- ojala se pudiera recoger lo que uno dice – dijo a espalda de ambos Bardiel.

- eso será posible con el libro! – gritó Kenso lanzando el plato al aire.

- y podremos comer otras cosas; que no sean estos fetuccinis vegetales – apoyó Chiharu reciviendo el bowl de Kenso con su cuchara.

- mmmh – expresó Bardiel.

- no digas "mmh"! – reclamó Chiharu dandose la media vuelta para ver cara a cara a Bardiel.

- mmmh – imitó Kenso.

- que no hagan eso... son unos #$#$. – y le plantó nuevamente pasta verde en la cabeza a Kenso.

- esta sencible ultimamente – comentó Bardiel, quien había escapado de una cuchara saca ojos. (que alguien más recivió)

- le deben afectar los resultados del ultimo ataque; en lo que tenga que ver con batalla nos fue bien... pero en lo referente a la torre, fue un desastre.

- perdí a 4 niños.

- suenas como si fueras padre – dijo con ironía.

- pero si uno es como un padre – continuó con un tono meloso, e hizo un gesto como si hubiese derramado una lagrima.

- hmmm.

- QUE NO DIGAS "HMM"! – gritó Chiharu de lejos, Bardiel matuvo su gesto pensativo mientras movía su cabeza para evitar un par de rocas que dieron de lleno a Kenso.

- mis costillas!

- no tienes las costillas en la cara. – le corrigió Bardiel. Y Kenso dejó de finjir.

Eran el trio de mayor cantidad de palabras dentro del grupo. Todos los demás generales eran bastante amargados y siempre estaban obsecionados con hacer que sus "niños" mejoraran. Pero a parte de ello, eran un grupo sin razón de ser amigos; Chiharu se llevaba bien con Kenso a cierto punto, y mal con Bardiel, quien a su vez se llevaba bien con kenso, pero mal con Chiharu. Los tres eran tan distintos a pesar de tener rasgos parecidos; los tres eran de piel tostada y cabllo oscuro, si uno no les conociera podría haber asegurado que eran hermanos. Bardiel era el más alto de los tres y delgado, se podría suponer que en su infancia habría sido muy enfermiso, era una persona sencilla, puedes reir con él con confianza y hacerte su amigo en una tarde. Pero no con Chiharu, quien a diferencia de él era un conversador demasiado directo, demasiado sincero, nunca se daba rodeos para decir si algo no le gustaba y por ello, se clasificaba dentro de "irritable" y apático, reaccionaba automaticamente contra elementos que le desagradasen. Llevaba una única mecha de su cabelo teñida de un fuerte color rojo, siempre vestía colores vistosos, según él; "combinan con mi habilidad". Kenso era algo entre los dos, no eran tan conservador, ni tan extrovertido como Chiharu, mas era un total freak; no había elegido el camino de ninja por que buscaba algún tipo de justicia, o por que se quiesiera vengar, simplemente disfrutaba y admiraba la capacidad de usar el medio y ser como el viento que tenían los ninja, y se le entregaban buenas condiciones para luchar con escepcionales oponentes.

Ahora, la razón por la que estaban allí, era la misma que todos los demás generales; tenian ideales distintos a los de los niños... Eran personas superadas, no tenían el rencor hacía el mundo que poseían los niños, eso no les era rrelevante, aunque suene egoista, muchos estaban allí por venganzas personales contra los hunters.

Los niños, los no tanto y los adultos habían dejado claro entre ellos la diferencia de metas, pero que todas se podían ganar de la misma manera; el libro. Que podía cumplir el ideal de sus jovenes y reconcorosas mentes, y para otros el simple hecho de haberlo obtenido antes significaba el triunfo sobre sus enemigos.

Ya atardecía, en la mañana la camianata había sido ligera y de poco esfuerzo, mas, en la tarde la fátiga los obligo a dejarse caer sobre la hierba seca.

Con tan solo unos kilometros, el paisaje de pradera y valle fértil había sido reemplazado por una sabana que parecía secada bajo el sol del verano.

- cuando llegaremos? – preguntó Ivonne dejandose caer en el suelo, sin importarle que su chaqueta se embarrara con tierra y briznas secas.

- si seguimos caminando llegariamos mañana. – gritó Maya.- en este estado pronto llegaremos a un nivel de resistencia 0.5 veces mayor! Solo hay que llegar bajo esa arboleda seca – indico con entusiasmo contrario a sus acciones; se derrumbo jadeando al piso.

- por hoy esta bien, en casos normales hubiera llegado recien al inicio de la sabana – indicó Kouichi. – duerman; y a los que les toca hoy la comida, olvidenlo, irán algunos generales. –

Los niños empezaron a conversar y a relajarse para dormir. No levantaron tiendas, si no que sacaron unas frazadas y con al de nen les volvieron un tanto rigidas y las unieron para formar una especie de piso acolchado. Como rebotaba mucho, pronto empezaron a saltar y hacer acrobacias. Algunos llegaban, con una gran sonrisa, a los 15 metros girando sobre sus propios ejes poniendo sus siluetas sobre el cielo rosado y celeste. Y pronto pareció una especie de circo colectivo, hasta que el ultimo rayo dorado le dió paso a la luna cubierta por un velo de gaza blanco y nacarado, por su propia luz.

Ivonne, junto a un grupo pequeño de generales que se permitieron dejar de saltar un rato para ir por la comida.

-hoy estás muy benevolente. – dijo Maya amarrandose el cabello con una ramita de pasto.

- si hay algo que me gusta más que verlos entrenando, es verlos divetirse con algo bueno. – dijo Kouichi iniciando una caminata lentisima. Era tan lenta que a los demás les costaba seguirle el paso.

- y que vamos a buscar?... ojala sea rápido. Para que al menos coman antes de dormir – sugirío Ivonne.

- Togashi, el que creo la isla. Quien la escribió, lo describió de tal manera que el lugar es un trozo de otro continente; uno donde las bestias vagan libres y salvajes por praderas secas como estas, y los hombres viven de la mano apretada de la tierra; nosotros vamos a buscar eso.

- y eso es?.. – preguntó Chiharu muy poco convencido.

- no tengo idea. Pero supongo que hay que escarbar. – hubo un quejido general, solía ocurrir; se basaban en algún conocimiento incompleto de Kouichi para sus busquedas, estrategias, y casi todo lo demás. Pero como normalmente su lógica era acertada, y sus conocimiento eran basados en cosas reales, casi siempre encontraban "algo" de lo que él aseguraba.

Muchos se rascaron la cabeza, confiando que como siempre, encontrarían ese algo.

- no entiendo por que nunca sabe todo completo... – se quejó Bardiel. Mientras tomaba una rama del piso y transformaba su forma para poder usarle como pala.

-ocurre que cuando tuvo la oportunidad de estudiar, pasaba en una tienda de libros y siempre lo echaban antes de que pudiera terminar un libro – dijo casi segura Ivonne.

- yo había oído que en su escuela le obligaban a aprenderse todo se memoria, y que nunca se aprendió algo completo y por eso lo sabe todo a medias. – aportó Kenso.

- Puede ser... – dijeron varios que habian escuchado.

-...quieren saber? – preguntó Kouichi saliendo de la tierra que estaba entre sus pies. Muchos se echaron atrás mientras pegaban un grito desafinado.

- si... – dijo Ivonne antes de que Kouichi empezara a aparecer donde uno menos se lo imaginaria.

- mmmm... – dijo mirando el color lavanda que había tomado el cielo. – eran viejos tiempos aquellos... cuando las computadoras empezaron a salir al mercado. Mi papá me compró una; era tan... – suspiro con nostalgia – mala. – algunos rieron. Esperaban otra calificacion – mi papa compro un disco, que en ese tiempo era de esos que costaban una fortna y lo unico que tenían era un panel de control de tres opciones y sólo letras, colores y un par de imagenes.

- pero si tienes 24... hace cuanto tiempo fue eso? – preguntó extrañada una joven de cabello largo, fino y sedoso de un color azulado a la luna. Tenía la mirada brillante y los ojos muy opacos, pero a pesar de todo se le veía muy "viva".

- pues... como te llamabas?

- Leann. – respondió sin ofenderse.

- aaaahhh! La que era hermana de Clennad?

- si – dijo con una debil sonrisa.

- bueno, no me acuerdo de que edad tenía., pero apenas sabía leer bien, así que nunca entendí muy bien lo que decia, asi que las partes más bonitas las aprendí bien. Era una enciclopedia de los viajes de alguien. – todos quedaron en silencio... era "sin comentario".

Kan se dejó caer en picada fuera de la plataforma, nadie notaría si se iba a algún otro lugar. Corrió como le habían enseñado; levantando los pies en vertical del piso, sin arrastrarlos y con el tronco inclinado para ofrecer menos resistencia al viento. Miro el horizonte que hacía la hierba contra el cielo, de pronto vió una figura negra... demasiado cerca para frenar. Echo los pies hacia adelante para frenarse lo más rápido que pudo, se arrastró varios metros antes de detenerse arrastrando una rodilla y un instante su rostro contra la gravilla y las afiladas hierbas secas. La mano le quedó ensangrentada y miró a la figura que acababa de esquivar,

- Clennad! Pensé que te habias quedado atrás por que las... – la sombra le tapo la boca. Y con otra ondeante forma negra le indico que por favor se callara. (si, con por favor y todo).

Kan cerró su boca, y la sombra se quitó de él, se fue condensando hasta tomar el tamaño de una persona, pues como sombra era de un tamaño descomunal. Hasta que vió el rostro fresco y serio de Clennad; ojos totalmente inexpresivos y frios a causa de tantas muertes cruentas que había realizado, la piel blanca a causa de andar siempre después de que el sol se escondiera y delgado, muy delgado para su altura.

Kan se quedó un instante mirando al extraño joven que tenía en frente... aunque lo viera mil veces nunca dejaría de fijarse en los tatuajes que tenía por todo el cuerpo, que le impedian andar de día si no estaba usando su nen, y su cabello blanco, no como el de un anciano, si no con un vivo y leve brillo platinado.

- mañana caminare con ustedes. – miró hacia donde estaba la plataforma. Y vió las varias figuras que saltaban haciendo cientos de acrobacias. – parece que Kouichi les esta dejando disfrutar sus ultimas horas, a algunos. – tomó a Kan del brazó y llevó casi arrastrando hacía una anorme roca negra que no había visto antes, al pasar por ahí. – no te delataré Kan, pero ayudame con ellas... Los otros eran demasiado debiles para poder reanimarlos usando el fantasma de sus auras, y ahora están vacias.

Kan lo miró con los ojos muy abiertos; no entendía que se refería. A lo que se refería Kan cuando vió, era por que cuando Clennad salía, de donde se hubiera escondido del sol debía protegerse con un traje especial o cubrirse con su aura, y Kan se refería al traje especial. Pero al verlo vestido tal cual como estaba, casi normal, le aseguró que algo había en esa roca, algo demasiado urgente para preocuparse de que la luna lo quemase.

La roca era lisa y de una forma asimetrica y sin algún tipo de forma que quisiera tomar; era tan sólo una roca con una forma tomada por que sí. Clennad se acercó a ella y la acaricio con ternura, pasando sus manos suavemente por su superficie y susrrando algo inaudible. Hablaba con un ardiente amor y con la mirada fija en la nada.

La roca de pronto se volvió blanca, y casi liquida. Varias protuberancias se levantaron lentamente por su superficie, tirando. Ahora la capa exterior de la roca era como de hule; si la tiraban demasiado cedería.

Las protuberancias hicieron su trabajo rompiendo. Y finalmente varios dedos blancos atravesaron lo negro de la roca. Entonces Clennad fue capaz de tomar la superficie y quitarla como si fuera una manta.

Kan vió a las cuatro jovenes más blancas que habia visto en su vida; totalmente albinas. Ojos rojos, piel más blanca que la nieve, tanto, que relucía de manera fantasmal frente a la sublime luz de la luna. Y sus cabellos iguales a los de Clennad. Las admiro un instante, hasta que vió como el color iba agarrandose sobre ellas; el color del pelo derramandose lenta y pesadamente desde sus raices, hasta las puntas. Y los ojos se iban oscureciendo y tornandose negros, a la vez que iban reiterando la metamorfosis hasta tomar un tono más claro. Las mejillas se les pusieron un poco más rosadas.

Ahora se veían más vivas, pero parecian simples muñecas.

- quienes son? – preguntó Kan, dudoso. Eran 4, aparentemente de la misma edad que él, más o menos.

- las recogí en el ataque anterior; no son bellísimas? – preguntó tomando a una de aspecto más infantil que las demás por el cuello, y moviendola delicadamente contra su pecho para abrazarla.

- son guapas... pero...

- sin, son del otro lado. Pero son perfectas, tienen auras poderosas y las puedo mantener con las mismas personalidades de antes, sin contar los recuerdos... pero eso lo omitimos – hablaba rápido y sin expresión en la voz, pero sus gestos mostraban una gran dedicación y cariño frente a esas niñas. – tú debes ayudarme a que lo que tengan dentro se libere. Pero recuerda; ellas no deben recordar nada anterior, y si te lo preguntan, simplemente vinieron contigo en un barco y allí se conocieron.

- ellas son de los cazadores... – dijo caminando cerca de ellas. Se metió la mano lentamente en los bolsillos, y se armo con una manopla. Con un movimiento seco se pusó frente a una que tenía los ojos verdes y el cabello castaño, tenía una expresión totalmente perdida y triste, como si se hubiera quedado viendo el climax de una pelicula de drama. Levanto su puño contra ella, mientras Clennad se ponía trás él y le susrraba al oído "Laine". Kan descargó el golpe, y la chica automaticamente se movío a un lado. Kan empezó a atacarla continuamente, con Clennad detrás, como si fuese su sombra. En un inicio, ella esquivaba con moviemientos muy simples y rigidos, poco a poco se fue agilizando y logrando que Kan no le pudiera seguir el ritmo.

- lo hace bien! – exclamó Kan poniendose una manopla en la otra mano. Los ojos de la chica tenían algo más de vida, como si al menos pudiera ver.

- eres más veloz... – susurró nuevamente Clennad. Kan hizo como que no escuchó, pero el mensaje le llegó directo. – con una no sera suficiente? – su voz se estaba volviendo muy seductora... kan agitó la cabeza.

Dió un salto acompañado de un giro en el aire. Esta vez Clennad no le siguió, si no que se quedó junto a Laine, le levantó un mechón de cabello que le tapaba el oído y le susurró: "no será Reese?". Ella despertó algo más. La palabra rebotó varias veces dentró de su abrumada mente, hasta caer en algo tibio... que quizás era su corazón.

Las otras cuatro chicas ya rodeaban amenazantes a Kan, las esquivaba con asombrosa velocidad, pero sin golpearlas; sólo intentos de ello.

La danza de fintas de Reese se fue alargando hasta que se le hizo muy díficil escapar de las chicas. Se habían soltado totalmente y eran tan rápidas como él. Ahora le tocaba a él escapar. Cuando ellas estaban cerca de poder "matarle" el vibrante sonido de un cello atrajó la tensión de todos. Laine se balanceaba lentamente al son de exquisito sonido del instrumento, sus ojos opacos pronto empezaron a recuperar su brillo a medida que derramaba solitarias lágrimas.

- Reese! – quebró su voz.

Las demás se detuvieron; una de ellas, vestida como motorista y de un cabello negro con reflejos esmeralda caminó hacía ella arrastrando los pies, levantó su brazo con delicadeza, como si este fuera muy frágil e intentó abrazarla. Otra, que usaba un parche en uno de sus ojos y se vepia más niña que las otras, se dejó caer en el piso y se miraba las manos desconcertada. La última, semejante a un angel; cabellos dorados, largos y rizados, piel clara y mejillas sonrojadas, se mantuvo estatica.

- que pasa? – preguntó Kan entre molestó y con algo de pena por las chicas.

- esas tres se conocían; murieron juntas. Y la otra, pues... tengo que encontrar algo con que despertarla. – Kan entendía el sentido general de lo que le explicaba Clennad, pero muchas cosas las decía al aire, como si las pudiera entender igual que él. – veo que no me entiendes: todo el mundo tiene hilos que les manipula; aunque uno diga, "voy a hacer lo que YO quiera", siempre se tiene un pequeño punto débil. Estás tres – dijo haciando un largo silencio de 6 tiempos – se cuales son las cosas que las mueven; la otra seguirá siendo vacía. Así que te encargo mucho que la hagas funcionar. – continuó subiendo por una extensa escala, hasta tocar un profundo acorde – este cello lo puedo tocar gracias a que ellas me dieron las cuerdas; ahora ellas te verán distantemente como alguien que conocieron y quisieron mucho.

- por qué yo?

- tú eres el que se escapó; ahí tienes tu castigo. – soltó el arco del instrumento; todas las cuerdas se cortaron y la madera empezó a deshacerce en un fino limo. Pusó sus manos en posición para tocar un violín que no estaba, empezó a mover sus dedos y mover un arco imaginario con real inspiración, con tal pasión, que Kan juró poder escuchar el dulce sonido de una triste melodía. Y en efecto; ahora el violín estaba allí. – lo que mueve a la muñeca de allá son los sueños; realistas, totalmente realistas, pero no dejan de ser sueños.

Kan miró a la joven un instante; se asustó, de un momento a otro estaba con el semblante sereno y de pronto sus ojos se volvieron tan amenazantes como los de una vivora. Se ponía las manos en al rostro, y después pasaba a tirarse el cabello; cada gesto suyo pasba de ser tranquilo y casi elegante a un salvaje arañazo o algún cambio de expresión en su semblante.

- murió de manera horrible – comentó Clennad.

La chica de pronto, liberó su Ren de manera desmedida, pero en vez de seguir fluyendo y dispersarse se condenso en su mano hasta formar una daga.

-NOOO! – gritó Kan alarmado y quitandole el cuchillo de las manos. Sintió el helado metal en sus manos un instante, y de pronto la daga estaba de nuevo en manos de ella.

Clennad tocó rápido, encantado de la escena. Dió un saltó amplio, camino trás la niña.

- no es él? – preguntó con una sensual voz. – de verdad no quieres verlo más?

La chica no se vió afectada por las palabras de Clennad, o eso creyó Kan, pues derrepente la chica empuño su puñal contra él, a último momento lo detuvo con su mano cortandose levemente en el nacimiento de uno de sus dedos.

- haz algo! – rogó Kan sin saber que hacer; las otras como reflejo de entrenamiento luchaban con él. Pero esta, a pesar de sus rasgos angelicales, Kan podía saber que algo llevaba dentro que la hacía todo lo contrario.

Clennad tocó una nota disonante, la cuerda de Mi del violín se cortó; se enrrolló alrededor de todo el instrumento y lo destrozó. El violín se deshizo con una leve briza como polvo.

La chica dejó caer la daga y calló como tronco de espaldas.

- lo dejó a tu cargo. – Clennad susurró nuevamente algo inentendible y las 4 se serenaron como un niño cuando se resigna a que no le den un caramelo. – estás a cargo de uno de los hilos más importantes de cada una. Mañana será como si siempre hubieras estado con ellas.

Alaniz susurró, picarona, al oído de Kris.

- comamos juntos.

Un escalofrío recorrió la espalda de su pequeño hermano, quien asintió con poco entusiasmo.

- mañana es el gran día... debemos pasar el mayor tiempo juntos!

- pero...

- tu vendrás conmigo; arreglé eso. No vas a luchar contra tu voluntad; yo lucharé por tí. – Kris sonrió con melancolía. Recordó por un instante la imagen de su hermana peleando en la calle; cubierta de barro y basura, triunfadora.

- yo quiero que mi hermana lo haga... – susurró.

- que?

- que quiero a mi hermana – dijo a un tono audible.

Alaniz dejó de mirarlo. Lo tomó de la mano y camino con él al comedor, que ahora eran unas mesas en el "patio" del coliseo.

- tendrás a tu hermana Kris... la tendrás – dijo con seguridad Niz.

El coliseo estaba lleno de cambios, y ahora la rivalidad estaba a la primera orden del día. Entre los generales conocían muy bien sus diferencias y por ello elegían según esas diferencias a los que serían sus pupilos. Pero los pupilos a su vez veían cosas en ellos que, obviamente, ellos no notaban. Y al ser elegidos por diferentes preferencias empezaban los problemas.

- prefiero estar mil veces con Takato, que con tu Rei! – se lanzaban de vez en cuando por las noches. Cuando podían "convivir".

- Rei es más hábil que Takato; sin ella no se habrían salvado varios de ustedes!

Los chicos no conocían las diferencias que no se podían hacer a causa de la diferencia de estilos. No estaban relacionados. No se respetaban en absoluto.

Aunque Killua se aprovechaba un poco, sólo un poco de ello.

-son unos totales idiotas – comentó Kilua en voz alta, en el comedor cortando el hilo de una discución.

-no te busques problemas... – susurró Ishii a su lado.

-problemas... no alcanzan eso... son sólo molestias – continuó sin dejar de hablar alto, sacó la lengua con el placer de haber metido la pata, al escuchar como varios se levantaban de sus sillas y se dirigian a él. Killua los ignoró a fin de provocarlos más. Un chico mucho más alto que él, se paró detrás él sosteniendo una silla; la rompió sonoramente como si fueran de galletita y sacó dos patas. – en serio – dijo nuevamente guiñandole un ojo a Gon para pedir algo de complicidad – si viniera uno de esos idiotas y usara unas patas de silla para tratar de golpearme... sería un total idiota – el chico presionó la madera entre sus manos hasta que se astillaron y rompieron, desenfundó una especie de guante que sólo tapaba la palma de sus manos y se amarraba a base de unos anillos de cuero en sus dedos, la parte que tapaba la mano poseía una garra. Con esta arma abrió los brazos para aprisionar a Killua; cuando cerró los brazos...

Killua vió todo en cámara lenta, los brazos del idiota cerrandose alrededor de sus hombros, se dió la vuelta y lo miró un instante, lo suficiente para estar seguro de que se había fijado en que Killua no acabaría pronto. Killua trepó corriendo por sobre el tipo, uso el hombro de este para dar una rueda con un brazo sobre él.

Los brazos del desafortunado chico se cerraron atrapando nada y con la fuerte impresión de la mirada asesina de Killua clavada en la mente. Pero este, era de esos que nunca debian quedar mal, del típico, "chico rudo". De manera que aunque le temblaban las piernas se dió la media vuelta, pues Killua apareció a sus espaldas. El chico se puso en pose de combate tratando de esta vez, él provocar a Killua.

Un bowl lleno de anchoas secas se le quebró en la cabeza antes de que Killua pudiese darle un golpe aprovechandose de su velocidad.

Kidara estaba a espaldas de Gon, quien tenía la mano levantada de tal forma, que Killua pudo deducir que él había intentado, primero, lanzar el bowl. Se asustó un poco, pues Kidara tenía el puño cerrado, y en cada dedo llevaba un tenedor, listos para ser lanzados.

-que aburrido... – dijo Killua para escapar del sermón o de la cuchillada que le daría Kidara.

-es una ridicules enfrentar a alguien más fuerte que tú de frente. – explicó suavemente Kidara, caminando con tranquilidad hacía el otro extremo de la larga mesa. – así que te dejo como tarea encontrar una manera de vencer a alguien superior de una manera inteligente. – Killua ya atravesaba todo el patio del coliseo y se encontraba cerca de la entrada al edificio. – va para los dos. – Kidara sonrió al ver que Killua iba captando la idea del mensaje, pues el chico miró algo asustado en dirección de Kidara, bajó los brazos de su cabeza dudoso.

- no entiendo por que dice esas cosas tan sensatas y después va y hace de mal ejemplo – susurró Kurapika tomando asiento junto a Reese y Gon. (Kidara corrió en la misma dirección de Killua; quien a su vez dió un saltó y empezó a correr por la pared del coliseo.)

- los dos son iguales; están aburridos – comentó Ishii.

- puede ser... la verdad es que solo esta jugando a que puede hacer a pesar de estar ciega – Kurapika soltó un suspiro mientras le daban un plato de entrada de ensalada y algunos mariscos.

El comedor pronto volvió a la normalidad, pero mucho más silencioso de lo común.

La vida seguía una rutina, pero siempre tenía algunas cosas que las hacían interesantes en medio... pero siempre la misma rutina, tratando de recuperar, sin lograrlo, el tiempo perdido y abriendo una brecha más grande entre los pupilos.

El tap, tap, tap, dejó de escucharse a las 5:45 de la madrugada. Kurama se despertó abriendo lentamente los ojos, quitandose una pila de libros de las piernas. La única luz de la habitación venía del monitor de una laptop y un gran ventanal; el cielo mostraba un inmaculado fulgor blanco dejando caer unos delicados y pequeños copos de nieve; parecían una ilusión optica. Los árboles habian tomado colores anaranjados, rojizos y marrones, cubiertos de una fina capa de hielo. Pero a pesar de todo, estaba despejado, podía ver a la lejanía sin un rastro de niebla.

Hyo no estaba durmiendo sobre el teclado como siempre.

Pronto notó que el ventanal estaba entreabierto, salió a la cornisa y supuso que ella había subido. Y así era; si observaba bien, habían unos escalones de hielo clavados al muro. Subió por ellos, pero cuando llegó a la cima no se dejó ver; allí estaba Hyo y frente a ella Albah, llevando su elegante nanigata.

-aún no? – preguntó Albah, no con su típico tono ironico y poco convincente.

-no. Ni si quiera he intentado hacerlo – respondió Hyo en un hilo de voz.

-siempre tan débil cuando hablas en serio... soy tu hermana; habla con confianza.

-no te tengo confianza.

Kurama bajó lentamente, no le correspondía escuchar... pero... él tenía cierta culpa de ello. Así que se mantuvo lo suficienteme lejos como para escuchar y para poder escapar a la habitación de hyo antes de que ella se diera cuenta.

-no se que rayos haces aquí, en primera instancia. Todavía no puedes defenderte sola, aunque conocas teoricamente todas las tecnicas... mira tú cabello! – Albah dió un pasó adelante y le tiro el elastico del cabello a Hyo. El cabello se le estaba destiñendo.

-sabes que si llegas a tener el cabello blanco estás pasando a otra etapa. Nuestra raza es así; no somos escritores ni artistas, somos guerreros. – y golpeo el piso con la nanigata.

-ahora tengo algo de fuerza... si te interesa saber que tan débil soy... esta habilidad no la quiero usar para pelear; prefiero hacer movimientos elegantes, saltar alto y volar un instante.

Kurama escucho el eco de una bofetada.

-al nacer en nuestra familia tienes la obligación de continuar; quedamos pocos con estas capacidades.

-yo no decidí nacer allí. Admito que fui muy ciega al irme así; tus padres tienen el derecho a restringirte y todo eso, por que ellos son los que te mantienen y te dan las cosas... así que algo de trabajo es sólo una pequeña compensación por todo ello...

-tienes 15; eres joven, aún se te puede perdonar.

-no quiero que me perdonen por ser joven. Fui muy conciente de lo que hice.

-...demuestrame que puedo desistir de llevarte a casa.

-por que tú puedes estar donde quieres? Por que yo no puedo? – dijo mientras se le quebraba la voz - llegué hasta aquí sola por algo que es totalmente mío! No por algo que me haya heredado la familia. No es justo.

-no es justo que dejes a quienes te criaron; ellos te dieron la base a todo lo que tienes.

-esto es mío. Y lo que te voy a demostrar ahora es por algo que yo quise admiquir; no soy buena hija, tú si y que se conformen con tener una. Me puedo teñir el cabello y se acabo de lo de la familia!

Albah empuñó con fuerza la nanigata y dió un corte horizontal. Hyo salto abriendo las piernas a los lados. Inmediatamente Albah dió un golpe vertical, Hyo volvió a hacer otra destreza y escapo.

Albah se dedicó a perseguirla por el techo sin reprimir sus habilidades, pero de todas maneras sin poder darle a su agil hermana.

Kurama bajo pensativo... los cortes en el aire no lo inquietaron, habia visto a Hyo practicar a velocidad; era tan rápida como él, aunque su fuerza física era muy baja.

-eso es todo? Por eso debería dejarte aquí? A una niña que sólo sabe escapar?

Hyo la miro desafiante. E intentando que sus ojos expresaran su enojo. Dió un amplio salto y quedó a suficiente distancia de su hermana como para que esta demorara unos segundos en alcanzarla. Escribió "pincel" en el piso y la "L", salió del piso formando un enorme pincel.

Albah por fin estuvo cerca, apoyó la cabeza del pincel contra el piso y lo uso de eje para girar sobre el, fue de un lado a otro sin que hermana la pudiera tocar a pesar de que permanecia en un pequeño espacio. En ningún instante puso los pies en el piso, Albah golpeo el aire muy cerca del brazo de Hyo, apoyó la punta de la nanigata en el piso y el otro extremo lo levanto escondiendo el movieminto con su cuerpo; Hyo salió despedida. Pero a medida que se elevaba en el aire, ella lo pinto. La tinta se secó para mostrar que su hermanita había escrito una frase peligrosa en medio del cielo, como si allí hubiese un vidrio y ella lo hubiese rayado.

"Cuida tu espada; ella te maneja, no tú a ella".

Albah no pudo pensar que esa frase no iba hacia ella, si no a la escritora.

A Hyo le importaba un rábano si lo que había era justo o si se podía hacer en una batalla, pero si le ganaba a su hermana dejarían de molestarla. El efecto que tendrían esas palabras sería el siguiente; su odio se canalizaria en habilidad; y en ese momento perderia la voluntad, pero estaba segura que bajo ese estado podría aprovechar de sus habilidades al máximo.

Unos segundos después, veía las cosas con un fantasma, los movimientos dejaban estelas trás si y todo se perdía en una nube de moviemientos y color.

Albah se asustó; el pincel le rozó el rostro, la melena del instrumento parecia lacia, pero cada cabello era tan fino y afilado como el acero. Dió vuelta la nanigata, que también tenía una melena, y atacó como si fuera una lanza con la intención de que los cabellos se enrederan y se vieran forzadas a luchar cuerpo a cuerpo.

Pero nunca lo logro, el pincel de Hyo derrepente era lacio o muy rigido según le conveniera, sin contar que los movimientos de su hermana eran totalmente guiados por como se moviera el pincel. Una elegante "E" en el aire, y ella se movía en una danza con un giro similar.

Estaba leyendo todo los movimientos de Albah. De manera que Albah pasó a otro plan; lucharia totalmente por su instinto, nada de tecnicas o tacticas.

Respiro ondo, y dió un único peligroso golpe que le costo una puñalada, como si mil agujas se le enterrasen en el estomago; pero logró quitarle el pincel a su hermana.

- ahora viene lo interesante – dijo rodeandose de aura y poniendo sus manos en pose de batalla. Hyo no intentó recuperar el pincel y se puso en pose de batalla también.

May había sugerido que Kidara usara una venda en los ojos. Kurapika se negaba; Kidara no lo necesitaba. Leorio les advirtió que era una buena estrategia, se podría creeer que Kidara tenía cierta desventaja... sin contar que que también tendría algunas ventajas al no ver.

-Las peleas son para disfrutarlas como vengan, no quiero que cambie el nivel de la batalla por que yo no pueda ver. – reclamó molesta; era algo que raspaba levemente su orgullo... sólo levemente.

Todos estaban implementando nuevos accesorios y armas a causa de la poca cantidad de personas con las que contaban. Y esta vez si que habría un enfrentamiento directo; nada de modificaciones de terreno; la escritora tambíen lucharía. Ahora si lucharían una verdadera guerra.

Kouichi diviso el reflejo blancusco del escudo Detro. Y dió la orden de detenerse, todos se dejaron caer en el piso; trás el descanso del otro día, había acelerado la marcha y no los había dejado descanzar en 3 días.

- Laine! Espera! – gritó Kan sin saber que hacer; si seguir a Laine que se aventuraba entre unos árboles o quedarse con las otras...

-chico! Yo te las miro – gritó un compañero sentandose entre las 3 que quedaban.

Las 4 cuatro habían causado revolución, pues eran increíblemente desobedientes y todos sabían que eran parte de los titeres de Clennad. Contando a las nuevas, ya eran alrededor de 15. Pero el hecho era que ellas eran, en habilidad muy buenas y en personalidad; algo poco común entre los rencorosos alumnos. No eran las únicas marionetas que habían adquirido durante las batallas.

Kan era el que más sufría, bueno, de hecho era el único que sufría. Corría de lado a lado controlandolas; a él nada más le hacían caso. Eso causó bastantes celos entre los chicos, pero ninguno se atrevió a sacarselo en cara; las chicas lo llenaban de preguntas, de vez en cuando les daban ataques de amnecia, como no tenían idea de las reglas y Kan no tenía mucho tiempo para decirles todo, siempre pasaban una serie de eventos que provocaban crisis nerviosas en Kan.

-vamos tigre! – le gritó Ivonne, al ver que Kan se metía entre los árboles, trás Laine. Ivonne se dió la media vuelta y vió divertida, los rostros desconcertados de Katt, Sefora y la chica angelical; Aravis.

Reese escapó del coliseo al atardecer... otra batalla... realmente para eso estaba viviendo? Ese era el fin de su vida en esos momentos? Todo era un Sí.

Caminó tambaleandose sobre la arena, ignoró a Phinx que le gritaba algo cuando se acercó al borde del bosque de arena. Continuó caminando...

-Dios! Laine! – gritó al recordar porque había ido a ese lugar en especial. – Katt me perdonara... Sefora, no sé... ojála lo hicieras...

Siguió caminando por el bosque hasta que llegó al limite Detro. Más allá de esa barrera deberían estar el lugar donde las había perdido.

Se dejó caer junto a un árbol. Se arremango las mangas de ambos brazos y revisó sus muñecas; ambas tenían un brazalete de varias hebras de hierro apretadas con mucha presión en su posición. Por ellas estaba en ese lugar; Haku le había prometido control, y esos brazaletes significaban esa palabra. Si se alejaba demasiado de Haku, perdería esos limitadores y tendría que empezar a preocuparse, sus amigos los sabían bien, una fuga de aura era fatal... pero se arrepentía tanto de no haber dejado salir ese descontrol! Podría haberlas salvado con tal poder... Estaba tan mal que creía ver a Laine acercarse entre los árboles, al otro lado de la barrera.

-ojála vinieras y me regañaras... – pidió incorporandose y acercandose a la barrera. Laine seguía acercandose, observándolo con sus ojos claros y curiosos.

Reese aún creía que alucinaba, pero Laine se acercó lo suficiente para poner muy cerca del domo la mano, y lo miró desconcertada.

-eres tan parecido... – susurró. Reese a su vez también se había acercado, puso la mano en el mismo lugar donde Laine la tenía puesta, pero sin tocar la barrera.

-Laine... – la miró directo a los ojos... había algo extraño, tenían brillo, pero estaban vacios. – debo estar alucinando... – musitó.

"Lainee!" gritó una voz a lo lejos. Reese divisó a un joven entre los árboles, Laine se dió la vuelta y se dirgió hacía él.

Ella respondía... tenía que estar... viva.

-espera! – gritó, pero no podía avanzar más, no se atrevía a tocar la barrera.

Laine se dió vuelta.

-no puedes ser él... – Y siguio caminando convenciendose de que vió absolutamente; nada.

Reese la vió desaparecer entre las hojas, dió uos pasos hacía atrás, hasta chocar contra un árbol y se dejó caer apoyado en el. Ella estaba... pero al otro lado.

Keiko vendó con poca delicadeza el brazo de Hyo, mientras Yukina curaba el abdomen de Albah. Ambas separadas por un biombo, continuaban discutiendo.

-eso fue un empate! – gritó Hyo extendiendo el otro brazo y apuntando a su hermana.

-no seas ridicula. No lo podemos saber; las dos estabamos en el piso. – replicó Albah aguantado el dolor del alcohol. Su abdomen había quedado agujerado en una gran extensión, pero no de manera mortal.

-deberiamos haber llevado a alguien... – se lamentó inflando las mejillas.

-pamplinas, esto lo debemos arreglar sólo entre las dos.

Keiko estaba molesta; Hyo era débil, gracias al nen podía hacer algunas proezas saltando que muchos humanos normales no podrían, pero por otra parte era común en capacidades físicas. Era una impulsiva... le molestaba que todos, pero todos en el coliseo se cuidaran tan poco. Yukina simplemente apretaba bien las vendas.

Noa entró a la enfermería seguida de Sorento, quien parecía muy aburrido. Noa en las ultimas semanas estaba dedicada, a lo que llamariamos, un "serivio Social".

-Albah, habiamos quedado en que la gente del árbol de apoyo no se acercara mucho al coliseo, y mucho menos a los pupilos – dijo Noa con un tono poco autoritario.

-te presento a mi hermana – se excuso.

-es una pupila de todas formas – continuó en un tono casi lastimero.

-los pupilos no deben saber que contamos con más gente, por eso se hacenestas medidas; para que no se les subas los humos – agregó Sorento suavemente.

-yo vine por que me dijeron que podría arreglar los asuntos pendientes que tengo con ella, si no fuera por eso no estaría aquí. Muchos tenemos relgas individuales – replicó Albah.

Keiko terminó con el brazo de Hyo, la niña se incorporo y se fue despidiendose sólo de Keiko y Yukina, e ignorando al resto.

-si no logró mi cometido antes de que a ella le pase algo, te juro que te culparé a tí, Noa. Son cosas de familia, no te incumben.

-ella ya no considera su apellido como signo de su familia. Ni si quiera las llamamos por su nombre verdadero.

-lo tuvo y lo sigue teniendo... – Se paró, tomó su nanigata – su verdadero nombre es Yohsuna, recuerdalo para cuando me la lleve.

Ya en el comedor, los kodas de Valentine apilaron unas cuantas mesas, e hicieron un pequeño escenario para Kein. Esa noche todos comieron juntos, eran tan pocos que cabían facilmente en el hall.

-se que ya no meresco el mismo respeto que antes, pero me gustaria que por unos 15 minutos crean que aún tienen algo de ese respeto y me escuchen bien. – dijo lanzando su MP3 dentro de un cuenco de sopa que llevaba un koda. – se que mis ultimas estrategias han llevado a grandes perdidas, e cometido muchos errores, y ahora combatiremos esta batalla como debimos de haberlo echo en un inicio; de frente, con emboscadas, trampas y sin modificaciones de terreno innecesarias. – el comedor estaba silencioso a escepción del sonido de los platos deslizandose de una lado a otro de sus bandejas que se tambaleaban a causa de su diferencia de tamaño con lo kodas – se hará según el modelo original creado por algunos de los hunters presentes; por equipos y por lineas de ataque, apoyo y soporte. Ahora si lucharemos una verdadera batalla.

Ni un solo aplauso, tampoco comentarios, era lo que se esperaba.

Poco a poco el silencioso comedor se fue llenando de bullicio, los pupilos reían simultaneamente en varios grupos. Y los generales conversaban diferentes estrategias a seguir.

- tienes una hermosa cara Reese – comentó Ishii al ver a Reese balanceando su copa de jugo con una cara de enorme preocupación.

- si.

-quizás en que piensa – comentó Ai, le lanzó una arveja en la cara sin resultado alguno.

-está más melancolico de lo normal – dijo Morvern dandole al punto.

Ninguno de los 2 bromeo más, pues sabían que Reese era el que más culpable se sentía, era el único que había sobrevivido de aquel extraño ataque, sin contar a DarkMoon, claro.

Muchos disfrutaron esa noche como una más... sin pensar en el mañana que les esperaba.

El sol se asomo por el horizonte perezosamente, su luz llegó blanca y tenue a los rincones que puediese alcanzar. Pero ya mucho antes de eso Kouichi había despertado a todos, y les explicó los grupos que utilizarían en esa batalla. Los grupos echos anteriormente no había servido de mucho, a causa de la niebla, pero de todas formas había logrado un buen resultado. Las combinaciones que habían utilizado les ayudo a evitar grandes perdidas.

Los que no se habían despertado a la orden de Kouichi, pronto lo hicieron con el sonido de los filos de las espadas chocando, varios tensando arcos y haciendo sonar los hilos; y los infaltables gritos de un lado a otro.

Rei tomó un enorme "Gong", y Shun le dió un golpe, que resultó en un resonante y profundo golpe, que para una persona dormida, era como si le pusieran un ring monofonico en la oreja estando despierta.

El gong se repitió varias veces, y recién al amanecer estaban preparando sus armamentos. Pero trabajaron rápido, estaban despiertos y dinámicos.

Phinx hizó un par de gargaras y lanzó el agua a la fogata, haciendo un cruijiente "chhhssss". Machi lo regaño ya que empezaria a salir humo. Feitan se ponía la capucha negra encima, Shlanark seguía durmiendo, y Shizuku limpiaba los restos de la cena del día anterior, algo angustiada por tener que usar a Meme chan de esa forma. Nobunaga había salido en la madrugada en dirección del lago donde estaba el árbol de apoyo.

Finalmente Shalnark despertó por el sonido de una agonizante flauta.

- quién toca? – preguntó.

Korutopi apuntó entre los árboles, para que viera entre las ramas los pies de Karuto.

- ha mejorado un poco... – dijo sacudiendose el cabello.

-cada vez interpreta mejor esa sonata – apreció Machi.

-que sonata es? – preguntó Shizuku.

-es la melodía para los moribundos. Se toca tan suave y con notas tan extrañas que parece que la toca una persona que esta agonizante. Pero en verdad es una verdadera melodía de alta dificultad. – contestó Feitan.

-piensa tocar eso en el campo de batalla? – dijo Phinx molesto.

-a mi me parece acorde – comentó Korutopi.

-ojalá la maten. – replicó friamente – no estamos para tocarles sinfonias a los muertos o lo que se van a morir. Nosotros somos la muerte.

- es una sonata – corrigió Shalnark.

Cinco minutos después Shalnark corría tras su móvil que estaba en manos de Phinx.

Ya el sol se levantaba verticalmente. El cielo estaba cubierto por esponjosas y grises nubes, creando espacios de luz y sombra sobre la meseta del limite Detro. Un cielo tan azul que en el mar se hubieran visto como una sola franja infinita.

El limite parecía una tela delagada golpeada por el viento, se doblaba y volvía a su forma original para balancearse un poco, como si fuera de hule. Finalmente el viento pasó, y la pared se dejó llevar con el viento, dejando que le desmenuzara y se llevara con él pequeños petalos transparentes y satinados.

A lo lejos, todos pudieron ver una lluvia de diamantes irse hacía el cielo; la barrera estaba abierta.