Karmas X Plumas X Traición
Lo que era llevar un yeso ya lo había sentido, pero tener un yeso en todo el cuerpo era extraño; es más, lo tenía y podía correr por ahí. Estaba obligado, una chica enojada (la que le había puesto la goma de mascar encima) estaba tras suyo y lo obligaba a correr en dirección de un chico desquiciado.
Si, era Killua el condenado. La única razón que le empujaba a hacer caso a Ai era que le había dicho que mientras estuviese cubierto de su goma de mascar cosas malas podían pasar... lo había dicho tan convincentemente (con placer contenido al imaginarse lo que pasaría si no hacía caso) que no tuvo otra opción. Sin contar que Clef se mantenía muy pegado a él, y que lo hacía ir más lento, hacía su condena un tanto peor.
-y por que tengo que detenerlo yo?
-por que si hay que matarlo, tu eres el único asesino idiota aquí - juzgó Ai despectivamente.
-Reese esta cerca del límite, puedo escuchar el resonar de los brazaletes. - notó Ishii.
-Reese? - preguntó Clef extrañada - de él viene este nen tan "que da miedo"?
-si, él es una persona amable... mientras no lo provoques - explicó Morvern.
-ciertamente tiene un aura de matar impresionante... pero hay peores. - comentó Killua poniendole atención al aura de Reese.
-y ese peores eres tú, así que vas a detenerlo. - Ai apuró el paso, Killua uso el nen para aumentar la velocidad a causa del sobrepeso (Clef).
Naz estaba desesperada, las muñecas de Clennad no hacían nada, miraban en dirección de la torre y le esperaban si no avanzaba, pero no le ayudaban. El chico había adquirido una mirada muy intimidante y nada de lo que pintase parecía poder contra su monstruosa cantidad de aura contenida. Había llegado al punto en que pintaba cualquier garabato y lo lanzaba como un montón de tinta de color cambiante.
-quien las controla? - preguntó cortante Reese, apartando un chorro de tinta roja-verde-lila.
-...un profesor... - tragó saliva preocupada de la mirada que tenía Reese en ese instante; era idéntica a la de una bestia.
-eso no me ayuda mucho... señorita.
-Clennad. Está tras la general 74; DarkMoon.
Reese camino hacía ella sin decir una palabra; Naz estaba preocupada... acabaría con ella?. Pero no vió que le hiciese algo cuando paso a su lado. Caminaba hacía las muñecas... se paró del piso aliviada, pues se había caído del miedo.
-crees que estas impune? -susurró Reese.
Poco a poco todo se volvía muy borroso, y cayó al piso. No había notado la aguja en su frente, puesta con tal maestría, que no la había sentido; empezaba a manar sangre de todos los orificios de su cuerpo, se desangraba rápidamente... y se retorcía hacía atrás. Había otra aguja, en un punto de su cuerpo donde se activaban todas las terminales de dolor del cuerpo, hacía que la victima se retorciese tanto a causa del dolor que se partía a si misma la espalda. Y Naz terminó así; con la espalda rota, convertida en un bulto de sangre con la cara deformada de sufrimiento.
Reese miró a Laine directamente a los ojos. Estaban vacíos, ni una gota de conciencia dentro de ella. No había nada que hacer, todas las demás también estaban en el mismo estado.
...Clennad... el hombre de las llamas negras... ya quedaba tan poca gente en el campo de batalla que encontrar el aura de DarkMoon sería simple. El tipo buscaba a Kidara, entonces ella era la carnada.
Dobló las rodillas para dar un gran salto...
-Reese!!
Miró hacía atrás... tenía en mente otra cosa... no tenía tiempo para que le retuviesen; el limite Detro estaba cerca de cerrarse.
-A donde vas?
Las agujas de pronto le demasiado pequeñas; las volvió del tamaño de una flecha, la lanzó y después miró; la figura dejo de ser figura... era demasiado claro.
-...Ann...!!
Kurapika apiló los cuerpos y se preparo para quemarlos... un carnaval de brazos y piernas se lanzó contra él desde el montón de cadáveres, lo tomaron por los miembros de manera que lo suspendieron en el aire, casi como si le estuviesen crucificando. Kurapika dejó a la cadena treparse por los miembros, los presiono, quebrando los huesos y cayendo limpiamente de nuevo en el piso, miró la pila de cuerpos y con toda tranquilidad les prendió fuego usando nen y haciendo chispas con una espada y una piedra. Tras hacer una pequeña inclinación frente a la pila, tomó la misma espada con la que había hecho chispas, y apuntó a Clennad, quien estaba justo a sus espaldas.
-...eres mucho más sutil de lo que lo era DarkMoon - comentó mirando fascinado como se encendían los cuerpos. No obtuvo respuesta, Kurapika se mantuvo mirando alrededor de sí mismo y a Clennad. - ...que poco hablas... que diferente eres de ella. - Clennad quería escuchar a Kurapika, pero él no decía una palabra. Trato otro tipo de provocación; varios brazos se cruzaron frente a Kurapika, quien no hizo nada, sin irritarse, Clennad continuo - DarkMoon los habrían cortado apenas pasasen... y hablas muy poco. Así echare más de menos a DarkMoon.
Y... Kurapika se mantuvo alerta mirando como se movían los brazos y piernas alrededor, sin decir una palabra.
-...deberías buscar otras manera de irritarme; no todos los enemigos son igual, por consecuente se que me estas subestimando y que de alguna manera deseas que yo de el primer paso para atacar. Hablas en pasado sobre Kidara, por lo que puedo suponer que algo le hiciste.
Los cuerpos empezaron a girar vertiginosamente al rededor de ambos.
-estás atrapado.
-ante semejante movimiento por supuesto que lo sé; pero no me voy a mover por eso, estás con intenciones de matarme, tengo que estar atento a tus movimientos; quien sabe si los estas moviendo para alguna estrategia. No tengo tiempo para estarte respondiendo a palabras inútiles.
Clennad por fin se irrito y lo que se podía llamar un cardumen de carne humana se lanzó contra Kurapika. Eran innumerables, sólo por un instante, Kurapika apreció la cantidad de personas que debería de haber matado para tener semejante cantidad de miembros. Clennad dirigió de una manera que se podría de hacer llamado casi "serena" de no haber sido por sus ojos; pupilas brillantes y una sonrisa que acreditaba el hecho de que no podía creer lo que veía... sus brazos escondidos tras él tiraban rápidamente un hilo...
El viento nunca le había parecido tan pesado, sus alas costaban una inmensidad moverse, miraba desesperada de un lado a otro, no sabía exactamente la capacidad de Kurapika, pero estaba segura que la única manera de poder terminar de manera segura con Clennad era matandolo... cosa imposible para Kurapika. De todas maneras no sabia de que era capaz Clennad... la verdad no sabia nada, lo único que tenia en mente era Kurapika, una preocupación sobrenatural que le cegaba de todo razonamiento lógico posible de tomar como para tranquilizarse. Sintiendo de manera frenética a su alrededor no sintió como algo se tensaba en su tobillo, y de un instante a otro estaba siendo arrastrada entre los cuerpos y restos del campo de batalla. De alguna manera estaba entre un estado de éxtasis y de pánico... alguien la tiraba, y obviamente debía de ser Clennad... algo había ocurrido. Por su mente pasaron muchos escenarios posibles... pero ninguno encajaba con Kurapika..
Zera introdujo su batuta en un tubo de tela, y tocó levemente a Haku, la reacción fue inmediata, haku sintió un hormigueo por todo el brazo que se extendía precipitadamente. Haku tocó con tres dedos el estomago de Zera en el ataque... ambos cayeron, y solo Haku se levanto.
Kurama, Hiei, y Yusuke acaban de morir... Leann, hermana de Clennad, quien llevaba una infinidad de pulseras de hospital en sus brazos arrastraba a Hyo de una pierna y la llevaba hasta Kein.
-ellos eran muy buenos guardianes... no tenías por que haberlos matado - comento Rei tomandole el pulso a Kurama.
-están enfermos de muertos... pero no muertos. - Shun miró a Rei impresionado; los tres no tenían pulso, pero si respiraban y tenían aura. - podríamos terminar el trato... - Leann mantenía una distancia prudente de Kein.
-trato? Todo lo que pedimos es que nos den paso libre al libro. - aclaró Ross.
-es demasiado por tan poca cosa - levanto a Hyo del cabello. Ella estaba aparentemente dormida. - entró en coma inmediatamente después de que la infecte. Eso es ser poca cosa.
-nunca hable sobre sus capacidades y habilidades, hablábamos de su aura. Tu sabes... hay pocas personas que puedan escribir en el libro y ella es una. - habló suavemente Kein acercandose a Leann. - te pediría que no la maltrates tanto, le queda mucho por hacer y me agrada bastante.
-lo pensare... mientras, creo que me la llevo. - volvió a tomar a Hyo de la pierna, un tanto más amablemente que la primera vez y se dirigió hacia donde estaba su campamento.
-espera un momento - dijo Rei bloqueandole el paso. Las piernas, las manos y la mirada temblaban.
-si comprendes el peligro que significa intentar detenerme... por que lo haces? - Leann clavó su mirada en las pupilas temblorosas de Rei.
-por que no haz concretado nada y te llevas todo - respondió Ross.
-me la llevo para ver si vale la pena el intercambio, nosotros les dejaremos a alguien como garantía, les parecería bien nuestro propio jefe?
-...estás en capacidad de decidir eso? - preguntó Haku preparandose para arrebatarle a la niña.
-lo estoy, soy la hermana del hombre que quema a la gente en llamas negras... - Ross, Rei y Shun la miraron fijamente. - entenderán que mi hermano tiene una gran opinión en mi bando. Y Kouichi es capaz de irse cuando él lo desee.
Haku dobló lentamente las rodillas, Kein puso su mano en su hombro y sonrió.
-donde me puedo encontrar con ese Kouichi?
Leann hizo un gesto principesco y a punto hacia el otro extremo de la isla; donde estaba el coliseo.
Killua cayó al piso nuevamente, le sangraba la boca y tenía rota una costilla; Ai lo estaba apaleando. Killua no lo entendía bien, no sabía por que era su culpa lo que había ocurrido, simplemente no se defendía a causa de lo que había ocurrido. Por primera vez había sentido la frustración ajena sobre si mismo.
-si hubieras llegado antes!!! - le gritó Ai junto a una patada.
-Ai.. Detente - susurró Morvern - miralo.
Killua estaba tirado, con los brazos abiertos a ser golpeado, miraba hacia donde quedara su cabeza. No hacía ningún esfuerzo por defenderse, ni había dicho algo.
-por que no dices nada? - Ai lo pateo en el estomago por ultima vez y se retiró.
-sabes.. No es tu culpa... por lo que he visto en ti, no es tu estilo que te pasen a llevar. - le dijo Morvern a Killua extendiendole la mano para ayudarle a levantarse. Killua no se movió.
-...creí que necesitaría hacer algo así...
-te dejo aquí?
-tu amiga no necesita atención? Tengo una costilla rota, ya me levantare solo.
En cuanto Morvern lo dejo solo, se ovilló a causa del dolor. No era sólo una costilla, tenía el codo dislocado, y el labio roto. De tantas veces que le había causado mal a las personas, esta era la primera vez que se responsabilizaba, y es más, incluso de algo que no era su culpa... de todas formas se sentía aliviado, aunque la golpiza no hubiese sido todo lo larga que él hubiese deseado tuvo la tonta idea de que parte de sus errores pasados estaban enmendados.
-que idiota...
Reese tenía a Ann en sus brazos y no la soltaba. Ishii había salido tras las muñecas... sus amigas.
Ninguno se había atrevido a hablar o tocar a Reese hasta el momento. Al momento en que llegó Morvern al lugar le dio un puñetazo.
-despierta... si te quedas lamentandote no lograras ayudarla! Se está muriendo.
Reese de quedo boquiabierto un instante.
-yo la llevaré... les encargo a las demás... creo que las mataré si sigo buscandolas de esta manera...
-me parece bien... Ai - llamó Morvern. Ai se acercó desde muy lejos.
-...entonces vamos por Laine? ...el inútil de Killua...
-él está relacionado con esto, no es su culpa. De hecho te dejo golpearle... hablemos de eso en otro caso. - Morvern cargó a Ann en la espalda de Reese y le dio un pequeño empujón. - apurate idiota.
Un sonido delicado, chispeante y alegre, como dos copas de cristal al chocar inundaron los oídos de Gon. Desde hacía rato que escuchaba esos sonidos, bellas notas sin formar melodia alguna. A cada nota sentía algo distinto, y perdía algo distinto... era tan confuso, de un momento a otro amaba y a otro odiaba, admiraba y despreciaba... a quien? A nada, simplemente le inundaban esos sentimientos. De un instante a otro creía estar sentado, si pestañeaba una vez, después, estaba tirado en el piso, al otro estaba en medio del aire...
Desde que aquel personaje había aparecido tras él, no se había movido ni una sola vez por cuenta propia. Había estado siendo cambiado de posición, de mentalidad continuamente.
Pero pasado un tiempo, una voz que encajaba perfectamente con las elegantes manos que inicialmente jugaron con la esfera de la caña de Gon, habló:
-por que? Que tratas de probar? Que piensas hacer? Por que no te haz defendido hasta ahora?
Las copas dejaron de sonar, y Gon se dio cuenta de que siempre había estado en el mismo lugar, con las mismas manos en el mismo lugar sosteniendo la esfera carmesí.
-por que... metes tantas cosas en mi cabeza que no puedo pensar... ni si quiera tuve instante para asustarme por que no podía defenderme. - respondió Gon sin avergonzarse, y se dio la vuelta para ver, por fin, quien era aquella interesante persona.
Se impresiono del color de sus ojos; eran opacos, de un alegre color ámbar, pero opacos. Su expresión era de una persona impresionada de estar impresionada. Era un poco más alta que él, y por alguna razón... no determinó si era hombre un mujer, no es que fuera difícil de darse cuenta, si no que no importaba, no producía ese interés.
-...supongo que perdí... no es cierto? - preguntó Gon mirandole levemente hacia arriba.
La persona se rió hasta llegar a una carcajada.
-no, no perdiste. Si te hubieras movido te hubiera pasado algo muy malo. Pero no puedo digerir que te hayas quedado quieto sólo por que no podías pensar.
-si no es mucha molestia... pero podríamos luchar a mi manera?...
-me parece justo, ya lo haz hecho ya dos veces a mi gusto.
-pues entonces hagamos esto..!!
Reese mientras corría puso una aguja de tal manera que la sangre dejo de correr, pero estaba preocupado, había reaccionado así por que creía que en el momento de haberla atacado la había matado. Pero había resistido... quizás... había hecho eso a proposito?
A lo lejos, ironizado, vió con alivio la silueta que se expandía del coliseo.
Ishii no se apuró mucho tras sus compañeras; aún si las alcanzaba estaba seguro de que no podría hacer mucho, ni si quiera habían podido reconocer a Reese, entonces menos a él.
Sintió moverse las presencias de Ai y Morvern hacia él, la de Killua se mantenía en el mismo lugar. También notó una gran cantidad de auras mayores en un sólo lugar... tenía una extraña sensación de que estaban sobrepuestas unas sobre otras...
Se alertó un poco, ellas se dirigían al bosque de arena... a donde pensaban llegar?
Kurapika resolvió encender los miembros de los cuales estaba seguro que el verdadero dueño estaba muerto realmente. Como saberlo? En los miembros de las personas vivas quedaba nen como si estuviese unido al cuerpo, los realmente muertos estaban vacíos. Clennad no lo atacaba, cada vez que Kurapika estaba a punto de poder encadenarlo, los miembros se interponían. Clennad continuaba tirando del hilo minuciosamente, preguntandose que tan lejos podría estar en ese momento su futura muñeca.
Kidara no estaba lejos, pero había usado gyou y con hatsu había estado alargando el hilo para no llegar. De manera que Clennad no podía estar muy seguro de donde estaba. Dejó un tanto de aura concentrada en un lugar, para que por un tiempo siguiese reproduciendo el hilo, a su vez corto el que tenía atado y se acercó a Clennad y a Kurapika, cambió su cabello, su piel, su ropa, todo a un tono oscuro y manchado de rojo para pasar desapercibida entre el desastre de la batalla. Su camuflaje resultó perfecto... aunque estuviese ciega, conocía perfectamente los colores de un valle de la muerte.
-Kurapika... - un zumbido con su nombre entro por su oído. Era la voz de Kidara... entonces estaba bien. Ese pequeño malestar de que las palabras de Clennad podían ser verdad desapareció. Movió su boca sin emitir sonido en un "terminamos esto?". - no, lo quiero terminar yo.
"Que terca"
-...pero yo..
"primero tu vista"
-al diablo con mi...
"si le matas la recuperaras... ya sabes cuales son sus capacidades... ahora esta distraído con algo... por eso he podido manejarme"
-esa distracción pronto terminara.
Y así fue, como si a ella misma le arracara sutilmente un cabello sintió como se acababa la fuente que había dejado y Clennad sentía el final del hilo sin ella en él.
Los miembros dejaron de moverse, cayeron como lo harían piedras al piso. Kidara retomó sus colores naturales, invitando a Clennad a atacar. El rojo de la sangre le llamaba en el vestido de Kidara.
-muy interesante Darkmoon... - balanceaba su guadaña como si fuese un péndulo, tajando cosas como si todas fuesen de jamón.
Aunque no se haya relatado, Kidara y Kurapika continuaron discutiendo. Cuando Clennad notó lo del hilo, inmediatamente se dio cuenta de la situación real a la que se estaba enfrentando; era poco probable que los dos solos le pudiesen vencer, y menos si uno no estaba en capacidad de matar y usar sus capacidades al máximo.
Ambos se movieron rápido y atacaron por flancos totalmente distintos a Clennad, pero se defendía con sorprendente facilidad; con una mano podía mantener a racha a cualquiera que le atacase.
Finalmente Kurapika pudo atrapar la guadaña, Kidara levanto el báculo para golpearle con todo lo que pudiese...pero una flama negra, delgadísima le cortó.
El báculo cayó pesadamente al piso cubierto de sangre.
Cuando Kein se acerco al coliseo sintió varias presencias más acercandose. Algo se estaba armando, más allá de lo que cualquiera de ellos podría prever.
Alejandose, si es que uno volase, y llegase al punto en que la isla de Kyobi no fuera más que una sombra que podría cubrirse con sus propias manos se daría cuenta de que esta se estaba "moviendo". Sin pensar en un barco; giraba, las cosas sobre ella estaban cambiando de lugar; el bosque de arena se había girado sobre sí mismo, quien estuviese corriendo dentro el creería que estaría en dirección del lado donde estaba el árbol de apoyo, en vez de ello estaría yendo hacia el coliseo. Otros lugares se movían de manera que todos se dirigían hacia la torre. Si alguna vez la isla tuvo el aspecto de un racimo de uvas, ahora era perfectamente rectangular.
Kein reconoció al joven que estaba sentado sobre uno de los pilares que sostenían las pareces del jardín donde estaban los pupilos. Silbaba, o eso intentaba, por que no producía otro sonido que el del aire al salir de su boca con velocidad.
-que niño aprendió a silbar?
-...al que le enseñaron.
Kein no pudo fijar sus ojos sobre los de Kouichi, si lo hacía tenía una sensación muy parecida a ser absorbido por ellos.
-a muchos les enseñaron, y no pudieron, otros quisieron y no les enseñaron, mas hubo uno al que le enseñaron y practico hasta poder silbar y después...
-que paso? - preguntó pensando que había dejado ese espacio, sabiamente, para que él opinase.
-mi padre me quitó el libro y no supe que pasaba después - Kein trató de no parecer tan ridiculizado.
-...hablando de otra cosa; estás de acuerdo con ser el intercambio por la escritora?
-cuando se supone que es eso? - preguntó totalmente ignorante y sin molestarse.
-no es que ocurra en algún momento... una mujer llamada Leann me dijo que tu serias el intercambio por la escritora... si no tienes ningún inconveniente...
-con razón me llamo Maya... ya estoy aquí y el tiempo ya se acabó. Ojala que sea bueno... por que perderé algunas sesiones de entrenamiento con algunos alumnos... - Kouichi bajó del pilar y se dirigió al coliseo, entro en el como si fuese su casa, y tomó posesión de una de las habitaciones... extrañamente, de una de la cual su dueño había muerto, y cuyo dueño no había matado él... como podía saberlo?
Kurapika soltó la guadaña para amarrar a su dueño, asustado lo sostuvo con todas sus fuerzas, Clennad se resistía, giraban, se elevaban, y Kurapika vagamente pudo ver el estado de Kidara. Todo lo que veía eran plumas grises cayendo lentamente, indiferentes a la velocidad de la resistencia de Clennad ... como podían estar conscientes de eso unas simples plumas?
De un sólo golpe Kidara había perdido mucha sangre, del dolor se había dejado caer al piso... apenas veía, todo se desenfocaba, su cuerpo no pesaba nada, pero sus parpados eran de un peso descomunal. Poco a poco fue capaz de mover sus dedos, y su sensibilidad fue creciendo a través de sus brazos hasta que se dio cuenta de que no había perdido ni una pierna, ni un brazo; había perdido un ala. Finalmente su mente despertó, y vió como caía lentamente algo similar a la nieve, de lo cual poco quedaba. Miró a un lado, y vió la silueta de Kurapika forcejeando con Clennad... se veía increíblemente distante, más distante que verlo por televisión; como una ilusión donde tu sabes que todo es mentira. Levantó su báculo, resbaloso a causa de su sangre, se deshizo del ala que le quedaba para dejar de sentir dolor. Extrañamente, al desaparecer aparecieron más plumas... eso no pasaba antes; antes se deshacían en aura; ahora mantenían un rastro de que alguna vez habían existido... era imposible materializar algo que fuese real...
Kidara dejó de cuestionarse todo eso, y corrió contra Clennad, pero en vez de usar el báculo lo atacó con un limpio golpe de sus uñas. Hizo un rasguño profundo en la parte superior del pecho de Clennad, Kurapika se alejó sin dejar la cadena dificultandole el moverse a su enemigo.
Ahora habían más plumas... era extraño, seguía siendo extraño desde el momento en que empezaron a caer...
Al horizonte sólo era posible ver una cantidad de cuerpos, cuerpos de una persona que intentó disparar una flecha y fue matado por una. Ojos abiertos y vacíos, ojos cerrados de una muerte limpia y sin dolor. Era muy distinto a lo que sería el campo de batalla de una guerra entre dos ejércitos convencionales, donde se denotaba quien posiblemente habría ganado por la cantidad de personas difuntas con el mismo uniforme; pero aquí todos vestían distintos, como si fuesen todos de un solo bando... y era así. Peleaban por lo mismo con las misma intenciones, con los mismo oficiales, y en el mismo lugar... habían acabado ellos mismo con personas que compartían sus ideales.
Kidara dejó de usar el báculo, lo hizo desaparecer, atacó a Clennad salvajemente, y no se inmutaba a pesar de recibir una cantidad peligrosa de cortes; todos dejaban de sangrar rápidamente.
En ese momento, aunque muchas veces había visto a Kidara en trance, o furiosa, nunca la habían visto como para lo que la habían creado. Un ser sin sentido del dolor, ignorante del sufrimiento... no había ningún detonante para que se pusiese de esa manera. O quizás siempre había sido así; seguía siendo Kidara, la misma persona, sólo que no había notado eso antes. Sólo que preocupado o enfadado nunca se había detenido y se había fijado en ello. Esa insensibilidad era todo lo que la hacia fuerte.
Clennad se deshizo en llamas, era difícil decir de sabes quien había ganado aquel encuentro; los tres estaban equitativamente heridos. Kurapika sostenía con muchísimo esfuerzo a Clennad, se podría considerar que Clennad estaba en desventaja; pero Kurapika contaba on varias heridas por el simple hecho de estarle reteniendo, sin hablar de Kidara, quien estaba llena de rasguños por todas partes. Clennad a su vez estaba prefiriendo atacar a defenderse del ataque de Kidara, se estaba volviendo peligrosamente poco previsible. No le servía de nada intentar detenerla, por que después recibía un golpe peor que el que se esperaba.
Era una situación complicada... pero no podía continuar, el tiempo se acababa.
La isla era un perfecto rectángulo, y tan perfecta como su forma, una línea se extendió desde su arista, desde la exacta mitad de la figura. Un brillante línea blanca. De esa manera se vería desde la lejanía que le daría a uno la altura.
Desde el suelo sería una visión terrible; cortaba la tierra y todo lo que estuviese en su tramo era cortado y desaparecía junto con la luz.
Kurapika perdió a Clennad, su cadena cayó como una serpiente muerta al piso. Kidara se arrodilló exhausta, no le reprocho nada... Clennad había recibido incontable cantidad de lesiones, y seguía en pie, con igual vitalidad que cuando estaba ileso. En otras palabras, Clennad estaba muchos pasos arriba de lo que ellos estaban... tan lejos que ni si quiera volando podrían alcanzarle.
-es imposible... viendo los factores, lo que acaba de ocurrir, es imposible ganarle...
-entonces por que escapo?
-por que el límite Detro se está cerrando.
-te aseguro que la próxima vez le matare.
-si no hubiese sido por ese extraño reflejo tuyo, te aseguro que ahora no tendrías oportunidad alguna. Tienes suerte de haber perdido nada.
-si lo perdí... esa ala era real.
-estás equivocada, que hubiesen aparecido unas cuantas plumas no quiere decir que sean reales.
-tu no las siente en tu espalda.
-...pues cree lo que quieras, ahora no tenemos tiempo para discutir. - Ambos vieron la línea de luz que se acercaba a una vertiginosa velocidad.
Era imposible que alguien en la isla no pudiese ver el límite Detro cerrarse.
Todos corrieron, muchos de los que estaban en la Torre se encontraron repentinamente con las otras personas que estaban junto a ellos, pero en diferentes planos.
Pero se habían dado cuenta demasiado tarde... muchos quedaron en "el lado equivocado de la isla"...
La línea, al llegar al otro extremo, se extendió hacia los lados, ensanchandose.
Unos instantes antes de que la luz iniciase la separación de la isla, antes de que la isla se moviese, May había llegado al oráculo; había escapado de los cuidados del viejo Zen...
-Estabas conciente?- preguntó el anciano sin darse la vuelta para verla arrastrarse por el piso.
-hace un instante... necesito irme...
-te irás muy pronto si te mueves mucho... la hemorragia que tienes la concentre en un lugar donde no te molestara, mientras no te muevas.
-...si me ataco él... es imposible que viva tras eso.
-pensaba que querrías vivir un poco más para decirle algo al resto... como eres la segunda al mando...
-ahora tengo otras cosas que hacer... nos veremos otro día.
-que te vaya bien. - Zen continuó vendando a su paciente, tranquilo.
May había llegado hasta la pared, había sido capaz de levantarse, y caminar a tropezones por las largas escaleras de piedra... casi al final, cayó y rodo por el piso.
El oráculo era una bella estatua de una doncella, lo más similar a ella era un ángel, pero no era eso. Alrededor de ella había un disco repleto de símbolos, que se movían para formar mensajes cuando había algún dato del cual avisar.
Esta vez no visitaba el lugar para averiguar algún dato importante; iba a acelerar un proceso. Las fechas de los ataques eran decididas por ambas partes que estuviesen tras el libro, ella, usando todo lo que le quedaba de vida, y aura, creía tener una última misión que hacer.
"...no me queda mucho, ni tengo mucho...pero te ruego que me escuches; por que tú alma aún reside en está isla, lo que la hace tan especial. No existen las estaciones, por que todo cambia según tu quieras, no se puede usar aura en grandes cantidades por que te irrita, interfiere con la belleza que haz escrito... quiero que cambies algunas cosas, en tu libro debe de estar escrito que ha pasado; ya no existen estas dos fuerzas que lucharían por tu libro. Al final yo sé que todos buscábamos lo mismo, sólo que teníamos grandes diferencias personales, rencores, cosas humanas que nos separaron... por eso te pido; el último ataque, el que nos hará merecedores del libro, quiero que ocurra ahora; por que los que lo tocaran no serán merecedores de él... dejame que el último ataque quede en mis manos, que la ultima flama de mi vida haga la tarea de elegir..."
No obtuvo respuesta por mucho tiempo, hasta que el polvo cayó sobre su cabeza; la estatua le extendía su mano para que se levantase. Se estaba quebrajando para poder moverse y ayudarla a levantarse. Su cara se desfiguró al sonreír, May se abrazó a la estatua y murió. Murió aliviada, y lista para usar todo lo que le quedaba para cumplir lo que le había propuesto al actual dueño del libro.
En una lejana sala, cubierta de una pintura quebrada como un desierto seco y de enredaderas: había un libro; quizás el libro más desgastado y largo del mundo. Estaba abierto, tirado en el piso, con el cuidado de que quedase justo en el centro de la redonda sala. Sus hojas pasaban y pasaban, llenandose rápidamente de palabras, descripciones, tan rápido que ni si quiera podríamos imaginar lo que ha escrito, por que iba tan rápido como la vida misma... todo ocurría en el momento, no había caso en entenderlo, por que lo estábamos viviendo.
Por un instante ínfimo las hojas dejaron de pasar, tras ese instante la letra cambió, no era la bella letra cursiva manuscrita que tendría un príncipe, era una letra imprenta, totalmente común y fácil de entender, sin decoraciones, la letra de una persona practica...
...La descripción de un mundo incontrolable por sus residentes, un mundo en el que estaban destinados y donde no podrían elegir nada era descrito con gran detalle y todos los sentimientos de May. En el momento en que se había escrito "detente un instante" la isla se había empezado a mover.
Nadie escapo a esa luz, no tenían a donde escapar, ya en un segundo había cubierto toda la isla, y nadie era capaz de salir de ella en un sólo segundo...
"...detente un instante... traza una línea que los atrape a todos...quiero que vivan todos sus karmas, que me muestren sus verdaderas intenciones, que se sumerjan en un mundo donde no puedan controlar nada..."
Una niña con un increíble vestido rosa, una piel tostada, cabello identico a lo que sería una maraña de telarañas, y sus ojos eran los mismos que se usaban con las muñecas de porcelana; no es una comparación; sus ojos, plásticos y vidriosos miraban una cuidad perfecta mientras se quemaba en llamas.
...una cuidad perfecta no puede existir...
Pareciera que la cuidad hubiese demorado un segundo en convertirse en llamas, la niña lloraba ante la visión que tenía actualmente de la cuidad. Estaba maravillada ante lo que había pasado, sus ojos vidriosos cayeron y rodaron por el piso, chocando de manera divertida con los escombros. Por fin veía con sus ojos... y todo seguía igual.
El pasto verde de un corte impecable en todas las casas, ninguna estaba rayada, y de colores alegres, tal como una Utopia.
Era un mundo sin errores, todos te saludaban al pasar, y sonreían, eran felices, no parecían ser felices, era simplemente que lo eran.
..."Samara... sonríe... así todos seremos felices."
Y así mato a mamá.
..."Comete eso y serás la más bella de todas las niñas.."
Y así mato a papá.
No tenía hermanos, y eso era bueno, por que también los hubiese matado. Odiaba que le dijeran que hacer para verse como el exacto y perfecto que buscaba la gente. Amaba profundamente lo irreal, el odio que le tenía a sus padres, y a todos quienes alguna vez le sometieron a la perfección.
No buscaba ser única en el planeta, lo que no quería era ser sometida a algo que no le gustase. Simplemente hacer lo que quisiera, ser libre.
Pero esa cuidad... era una bofetada cargada de burlas en su cara. Se vió a si misma, con el vestido que le obligaron a usar para el casamiento de una tía (a la cual también mato), caminaba alegremente, dando saltitos, pareciendo "feliz", y por dentro tenía unas ganas inmensas de vomitar, pero en vez de vomitar, de su boca salía una trillada canción de Barney.
Samara continuó corriendo por las veredas saludando a todos los vecinos acompañada de un adorable y perfecto perrito, bajo un perfecto y real cielo azul...
"...mamá... como te odio, como te amo por hacerme lo que soy... pero creo que hay cosas a las que estoy destinada a ser; una tragedia griega, puedes contra el destino?... no te lo reprocho, esto es mío, todo lo que este relacionado comigo me pertenece; es mío, me moriré cuando yo lo desee, me lamentare de lo que yo desee...yo me..."
"...no pueden controlar nada; está en mis manos, en mi mente. Sus almas serán títeres de sí mismos, patéticos bajo sus propios deseos; la fuerza no les es útil... quien tenga mayor fuerza por sobre sus miedos, deseos, frustraciones y karmas... bienvenidos a la torre de la isla de Kyobi..."
Era un cubo, un cubo blanco, un cubo blanco con un sillón, una cubo blanco con un sillón y un televisor que estaba en el piso... en un cubo blanco.
Una imagen que quizás era siempre la misma, o quizás era siempre diferente hecha de cientos de puntos blancos y negros que hacían "Zhhhhhh"... Aquella imagen se reflejaba repetidamente en los ojos vacíos de Reese, ojos que no estaban observando lo que se reflejaba en ellos. Estaban fijandose en que los puntos negros se parecían a los blancos.
Reese sentando derechamente en el sillón mirando el televisor.
Los puntos negros en un instante se volvían blancos y los blancos negros con facilidad.
...la gente cambiaba de la misma manera...
...los puntos cambiaban...
...él cambiaba también?...
"SI"
Se acomodó en el sillón, con el control en la mano, sin apretar un sólo botón para intentar cambiar aquella monotonía. No lo hacía, temía que el televisor se apagara o se echara a perder. Temía todo lo posible, que el control fuese en realidad el interruptor de una bomba que explotase el cubo donde estaba o el exterior del mismo, o que abriese el cubo... temía paranoicamente de muchas cosas. Él era un entrometido tenía que temer por saber mucho.
Pasados los segundos empezó a quedarse dormido, y acciono el control; miró con terror lo que ocurría... simplemente cambió el canal en la TV.
Era el canal "2".
El canal de dos; el canal de esas dos.
Dos gatitos, pequeñitos, estaban sobre un tejado, uno era castaño de ojos miel, el otro era de coloración en reversa; de pelaje miel y de ojos castaños. Trataban de bajar, mas no podían, para ellos la altura era demasiada. Era un documental; te dedicas a ver que ocurre pero no a interrumpir. No se puede...
Los gatitos cayeron; uno quedó colgando del tejado y el otro cayó y murió.
Medio dormido cambió el canal algo perturbado.
..."Ann... te haz caído..."
El canal mostró una pantalla negra por unos instantes, a continuación se aterró hundiendose en el sillón. Laine vestida como una muñeca tomando de la caja que él usaba un montón de agujas, miraba con sumo placer a la cámara, o en este caso a Reese. Una cara de éxtasis que se acrecentaba cuando se enterraba el manojo de agujas una y otra vez por diferentes partes de su cuerpo, a veces al sacar las agujas no salían todas, y poco a poco su cuerpo terminó cubierto de agujas. No sangraba, pero la visión era extremadamente grotesca, para Reese el terminó del "terror" en una imagen. Tras Laine podía ver que una figura borrosa que acababa de aparecer se hacía cada vez más nítida.
Más nítida...
Más nítida...
Más nítida...
...y era él...
No Clennad, si no él mismo. Se vió a sí mismo acercar su mano a una de las agujas...
"es... no te atrevas a presionarla..."
"...oportunidad? Si tu voluntad es más fuerte que tu destino puede que pase algo... aunque no aseguro que sea bueno. Muestrame, enseñame la oscuridad de tu mundo... eres merecedor si quiera de vivir? Puedes?..."
Le susurraron al oído, podía ver muchas estrellas aún de día. El viento las movía entre las hojas de la copa de un árbol. Una hierba silvestre bajo sí se extendía como una mullida alfombra por sobre las curvas de las colinas que rodeaban la pequeña villa que era su hogar.
Le susurraban al oído. Algo que no podía comprender.
Escucho catorce veces el sonido de una campana de madera, significaba que tenían que volver todos a la villa.
Incorporandose sintió el peso de su cuerpo tras haber dormido por mucho tiempo, fue saltando como cualquier chico por sobre los troncos cortados de los arboles que había servido en antaño a sus ancestros para construir sus hogares, si no fuese por ellos, los milenarios arboles taparían, con todo derecho de haber vivido tanto, la vista.
Recordó de pronto que aquella campana no sonaba a esa hora, debía de ser algo importante. Se apresuró a correr por sobre las rodajas de madera que la hierba apenas dejaba visibles. Se deslizó por la ladera de una colina usando la hierba larga.
Muchos llegaron junto a él, él hombre que llevaba la campana, un conocido para él, ya que la aldea era pequeña, se debía hacer responsable del llamado, como cualquier otro que hiciese sonar aquella campana con forma de prisma.
-que ocurre Lenks? - preguntó una mujer no muy diferente a las otras, de largo y ondulado cabello rubio y limpios ojos azules.
-Terak ha visto algo alarmante que se acerca desde el horizonte. Estamos seguros de que vienen hacia la villa.
-...pues nos defenderemos - dijo alguien.
-...no sabemos si son de alguna de las tribus de los alrededores... no deberíamos... - intentó decir otro.
-somos la tribu kuruta, somos de un linaje antiguo, no tenemos por que temerles, tenemos técnicas de lucha ancestrales, somos fuertes, nuestros antepasados nos han heredado un sin fin de cualidades que harían imposible el que perdiésemos, por ello hemos vivido tantas generaciones en paz, otras gentes nos respetan. No tenemos por que doblegarnos.
Hubo una ovación general, aquellas palabras le habían dado coraje al pueblo.
A él le habían estado instruyendo con aquellas artes de las cuales estaban tan orgullosos desde que él era pequeño; Todos los hombres lo hacían, a las mujeres se les enseñaba todo lo correspondiente a las costumbres. Quienes eran ajenos a esas enseñanzas era la sacerdotisa y quien estuviese bajo su tutela, junto con algunos maestros. Crecían con el orgullo de una larga tradición de una etnia poderosa y única. Que nunca había germinado a más de lo que era, no lo necesitaban, sus ancestros les habían dejado hogares que había durado perfectamente desde su construcción; el tiempo no pasaba sobre la villa, la gente seguía su ciclo y pasaba todos sus conocimientos para que continuase de la misma forma de la que tan orgullosos estaban. También muy confiados de lo veloces que eran para aprender introdujeron la tecnología dentro de la cultura; artefactos como computadores y otros que usaron para perfeccionarse, pero nunca trajeron artefactos que cambiasen sus rutinas diarias, evitaron traer todo lo que eran las lavadoras, aspiradoras, motos entre otros. Permitían cosas que no tenían gran utilidad, simplemente para ampliarse y no estar tan alejados del mundo. Eran capaces de mejorar ellos mismos sus maquinas si les eran insuficientes.
Eran un número reducido, cada persona con capacidades concentradas, tanto hombres como mujeres si hubiesen salido de aquel valle hubiesen sido grandes escritores, inventores, matemáticos o artistas, pero preferían mantener sus capacidades dentro de su gente para honrar su cultura.
y le susurraron otra vez... recordó esos sonidos sin sentido...
No se preocuparon más que hacer que alguien se subiese a lo alto y avisase la cercanía del aquellos invasores. Eran orgullosos pero no ciegos. Desde siempre habían estado listos por si venían a atacarles. Sólo necesitaban que les dijesen la señal para prepararse.
Hacía décadas que no se preparaban para una lucha, pero los mismos de esas épocas de guerras estaban vivos, y confiaban en ellos, eran personas que aceptaban las palabras de los jóvenes como sugerencias y hacían caso a ellas si eran acertadas.
Pero toda esa preparación les fue inútil frente a lo que les atacó.
Eran sólo doce personas, en un principio creyeron que podrían vencerles; los kurutas eran veloces, y aprendían en un segundo. Pero estas personas no se veían afectadas por los ataques que se podían clasificar de casi sobre humanos.
-Son fuertes!!?? - gritó uno tomando por el cuello a un chico. - al diablo con tu orgullo, ni si quiera me puedes vencer; para eso haz entrenado toda tu miserable vida?
Una persona normal no se tomarían tan en cuenta aquello, pero los kurutas no podían permitir aquel insulto.
Para aquellas sorprendentes doce personas fue una batalla un tanto difícil.
Todos los que luchaban de la aldea estaban en un estado de éxtasis, temor, y furia; les estaban masacrando. Sus ojos tomaron un color escarlata, un fulgor puro y profundo, de una transparencia superior a la de un rubí; el reflejo de un alma ardiente. Ese color se mantenía si morían con los ojos de aquel color; aquellos bastardos, tras vencerlos les arrancaban los ojos mientras estaban vivos.
La mullida y fina hierba se pegoteo y aplastó bajo los pies de aquella batalla perdida y la sangre de las cuencas vacías de las cabezas de los kurutas. La belleza de sus cabellos rubios, y sus pieles claras eran arrastradas hacía la crudeza y lo macabro con sus caras desprovistas de mirada.
Aquellos doce robaron sus caballos y persiguieron montados a quienes escapaban hacia el bosque. Prendieron fuego a las casas para que saliesen quienes se escondiesen dentro y les enseñaban las cabezas sin ojos de sus familiares y conocidos para que en los ojos de quienes encontrasen se volviese más intenso aquel maravilloso color rojo, sólo comparable con la sangre de sus dueños.
Logró escapar, corrió patéticamente hacía la dirección de donde había venido aquellos doce, no vió arder su hogar en ese momento. Sólo quería correr, estaba desesperado, no veía nada, sólo sabía que más adelante se podría esconder.
Vió el rostro de su padre sin ojos y se desplomó en el piso.
Escucho pasos... lo habían encontrado!
No...sus ojos... los entre abrió, la luz del sol le cegaba, vió como unas personas arrancaban las corneas de las caras de sus camaradas. Sus caras sin expresión, acompañadas de muñones de carne en vez de ojos le observaban culpandole.
"Traidor!"
"Nos decepcionaste!"
"...fue a caso todo ese entrenamiento en vano?"
"Que cobarde!"
"Donde esta tu honor?"
Y ahí la vió; en la espalda, en el brazo, en la cintura; todas esas personas llevaban arañas, arañas de doce patas, doce como ellos, enumerados. Las llevaban con orgullo.
Y no le encontraron, estupefacto del terror se quedó allí. Se suponía que en esa zona ya habían arrancado ya todos los ojos, y él estaba allí tirado boca abajo como muerto, cubierto de la sangre de su padre, que le proveo del camuflaje para que le creyesen ya faenado. Empezaron a caer cuerpos en su dirección, los apilaban como si fuesen simples bultos. Entre cuerpo y cuerpo pudo ver a su madre, destrozada; llevando en sus brazos un pequeño bebé, su hermano que había nacido hacía unos días... no lloraba, su madre tenía un corte que partía desde su espalda seguía por su brazo hasta el cuello del bebé.
El sol hacía que los cuerpos empezasen a apestar, el peso de sus camaradas lo ahogo tanto como la impresión de su madre mirandole sin sus ojos y el bebé también, sabía que se los habían quitado... los parpados no estaban cerrados sobre "algo"...eran bolsas vacías...
Un último cuerpo lo hizo llegar a su límite... escucho delirante, el sonido de los cascos de los caballos y una sería de gritos y chillidos...
Le susurraban...
Refrescaba, cuando abrió los ojos estaba sumido en la oscuridad, y aún escuchaba las voces, aquellas personas todavía estaban allí. Sentía el olor a humo, y sentía su cuerpo empapado de un liquido que se secaba rápido; gasolina.
-...ya quemalos, no queda ninguno - dijo la voz de un hombre.
-es respetuoso dejarles así, me parece la manera más rápida de hacer un funeral.
-Pakunoda, tu que opinas?
-no deberían hacerse tanto problema por unos simples cuerpos... para mi no es de relevancia.
No obtuvo respuesta, quizás su compañero le había respondido con un gesto.
Estaba asustado, iba a arder... fuera como fuera iba a morir. Su padre ya no le podía ayudar más. Y por fin lo escucho, el sonido similar a un abanicazo y la subida inmediata de la temperatura. El olor a carne chamuscada le lleno las fosas nasales, y los ojos le lloraron con el humo. Ya no escuchaba las voces... Empezó a mover los brazos desesperado, solo sentía la tela, piel, un ardor insoportable, mientras se sofocaba, y su terror aumentaba cuando sentía el cabello de alguien, tenía que salir!!!
Perdió la fuerza de un instante a otro, se había mareado. Movió sus brazos por ultima vez y sintió algo distinto a todo lo que había palpado, estaba inesperadamente frío. Lo agarró, su mente un tanto infantil creyó que eso estaba cerca de la salida y que por estaba helado, tiró; era una figura metálica, difícilmente podía decir que forma tenía. Con una falsa esperanza se encogió, mientras los cuerpos se movían sobre él recordandole ese tacto que le producía pánico.
Las llamas lo alcanzaron.
le susurraban...
Sus manos frías seguían aferrandose a aquella figura de metal. Tosió, estaba ahora enterrado bajo un montón de cenizas, huesos, y accesorios que no se habían visto afectados por las llamas. Se sacudió, y sin llorar, separó los accesorios; los aretes de par en par junto con los collares y pulseras que les hacían juego, allí todos tenían accesorios exclusivos de cada uno, por que cada uno los hacía. La mañana estaba despejada, hubiera sido un día normal si el bosque aún estuviese en esa zona y las casas estuviesen ahí. Estaba desolado; las casas estaban reducidas a los fuertes pilares que habían construido sus ancestros, quedaban algunos utensilios que no se habían perdido en las llamas.
No lloraba a causa de la vergüenza que sentía, no podía llorar.
Hizo todo el trabajo de separar los accesorios, y buscar por todas partes, para enterrarles. El cementerio de la tribu estaba al otro lado de los bosques que rodeaban el valle, pero ahora no estaban ni los arboles ni la tribu. Convirtió la primera y ultima morada de los kurutas en su eterna tumba.
La luna estaba en alto, por fin soltó la figura metálica, que no había visto ni soltado desde que salió de las cenizas. Había sostenido las tablas, sin dejar la figura, que había usado durante tres días como pala para cavar las tumbas, no más grandes que una caja de zapatos, rellenadas con un set de accesorios, y dos puñados de cenizas. Con la luna en alto vió con los ojos tornados en escarlata el amuleto que tenía en sus manos; un pendiente hecho de oro con la forma de una salamandra con incrustaciones de una piedra roja, su padre tenía uno de esos talismanes que prevenían desastres referidos con el fuego... y se dio cuenta de que no había avanzado nada bajo el peso de sus camaradas, que se había quedado todo el tiempo en el mismo lugar donde había caído... aún muertos, le cuidaban, aún cuando les había decepcionado a todos, pero sabía que le habían dejado vivir sólo para que se vengase... sabía muy bien que para ellos morir luchando era una muerte digna, pero él que había vivido sin si quiera haber hecho algo por evitar la destrucción de la tribu y tampoco la faena de sus habitantes como si fuesen simples animales, era una total deshonra y vergüenza.
Y volvió a llorar...
...que vergüenza...
Era sólo un niño... que podía hacer contra unas personas tan poderosas que habían destruido a su gente de grandes guerreros en solo un día y una noche?? Era imposible... cargaría con la vergüenza y seguiría viviendo... siempre temiendo de que le descubriesen y le matasen... pero viviría más... eso era...
...no puede ser así
-no puedo aceptar algo así... - susurró. Sus ojos se abrieron tan levemente como un susurro... Vió un cielo de color violeta oscuro con unas estrellas que se movían desenfrenadamente formando figuras que dejaban una estela tras ellas. Le dolió, llevaba demasiado tiempo con los ojos cerrados... Juzgando que la luna ya había pasado su punto máximo en el cielo estaba seguro que era la madrugada del día siguiente.
Apenas sentía su cuerpo, lentamente fue dandole vida con leves movimientos a sus manos, hasta ser capaz de cerrar sus puños con tal fuerza que sus manos sangraron, con el dolor todo su cuerpo reaccionó.
Se incorporó mirando vagamente a su alrededor, las imágenes se movían unas sobre otras, se había mareado. Sintió el tacto helado de su arete y se sintió seguro por alguna razón... no sabía de donde venía ese sentimiento, pero el metal frío le daba seguridad. Apenas recordaba haber dicho algo al despertar.
Miró a su alrededor una vez que dejó de sentirse mareado. Era como estar dentro de un túnel, era tan largo que parecía conectado con el cielo, se perdía detalle de los pisos que tenía, y era tan amplio que no se perdía la vista del cielo. Estaba construido de una piedra de color cobrizo que había perdido su brillo y había tomado un color similar al de la arena. Había anillos dentro de la construcción que tenía un estilo arquitectónico similar al romano, pero más sencillo, casi sin decorativos, lo normal sería un caracol en una estructura de esa índole, pero en vez de eso eran discos, cientos de discos, donde cada piso tenía una puerta, los discos dejaban un amplio espacio en el centro, por donde se podía ver la extensión del edificio. Donde él estaba era la base, y estaba aparentemente solo.
Vió nuevamente hacia arriba, y el cielo se estaban tornando celeste; amanecía. Escuchó unos pasos.
-waaa!! Que grande!! - esa voz la conocía demasiado bien... - esta es la torre?
-...Gon! - se atrevió a gritar.
Muchos pisos más arriba, donde la cabeza de Gon al asomarse para mirar parecía una mota no mas grande que una moneda, le gritó de vuelta.
-Kurapika!!! hola!!! - gritó nuevamente, no había un sólo eco. Extendió el brazo para saludar, Kurapika también lo hizo, confiado de la aguda vista de Gon. - no hay escaleras? - preguntó con un tono de pena.
-no, hay pisos y pisos, pero no hay por donde subirlos. Trata de bajar usando tu caña.
Gon lanzó el anzuelo varios pisos más abajo e intento descolgarse, pero cuando dejó el piso de un salto no pasó del límite que le daba el anillo del piso en que estaba. Su pie quedó apoyado sobre algo. Recuperó el hilo muy extrañado.
-no había probado eso! - gritó.
-...veo que no nos deja saltarnos los pisos.
-Kurapika, allí abajo hay alguna puerta??
- pues sí...- dijo fijandose de una ordinaria puerta de madera que tendría cualquier casa.
-ya entraste?
-pues no... no me parece seguro.
-yo si! Entre hace unas 6 horas y me encontré con unas cosas muy extrañas!
-y por que saliste recién ahora?
-por que me pareció interesante, cuando desperté aquí no había nadie.
-...Gon ese mundo extraño debe ser la escalera a otro piso!!! - le indicó... el chico había legado antes que él, y había comprobado que ni si quiera Kidara tendría alguna ventaja allí. Esas puertas eran la manera de subir... o de bajar... no había nada más; solo puertas y pisos, no tenían otra opción.
Extendió su mano, las nubes parecían tan cerca que creía que las podría agarrar. Pero no lo hizo, su mano se cerró en un puño. El cielo azul allí arriba... Se incorporó sobre la piedra de color arena, se sacudió un poco la ropa y miró hacia abajo... al parecer ese sistema de pisos y simples puertas tenía un fin que estaba muy abajo, pero al menos no terminaba en un abismo negro.
Kein sin hacerse mucho problema entró hacia la puerta de su piso.
..."no deberías estar aquí, no eres bienvenido por mí... no puedes cambiar lo que ya está hecho..."
A la media hora ya había salido por otra puerta, en un piso diferente, al parecer mucho más abajo. Al parecer le llevaban de manera aleatoria, detrás de esas puertas habían lugares muy extraños, pero nada que él no pudiese pasar.
Pasó varias puertas, una y otra vez durante varias horas, pasó por salones repletos de zanahorias y pequeños leones que les atacaban como si fuesen termitas, otra hecha de esculturas hechas de papel higiénico y cola de pegar, otro era todo hecho de tela gruesa y almidonada, y así sucesivamente por lo que parecía la mente de un niño. A veces aparecía unos pisos más arriba, otros más abajo, pero nunca en el mismo lugar.
Mientras el cielo en la cima de la torre cambiaba, eran cada vez más los sonidos de las puertas al abrirse y cerrarse, los pasos. Todos sabían que habían otras personas allí, pero no les servía de nada llamarles; había demasiado trabajo pasando de un salón a otro, algunos llegaban a tener temas tan extraños que era dificilísimo salir de ellos, otros no era un cuento para niños, si no que una pesadilla.
Una y otra vez las puertas...
Albah cerró violentamente la puerta tras de si, y se encontró con que había coincidido en el piso con alguien.
-que mal educada al cerrar una puerta así. - comentó la joven.
Albah pensó que alguna vez la había visto... pero no estaba segura.
-no tengo tiempo para cerrar delicadamente una puerta, ahora tengo que volver a entrar para ir al siguiente piso.
-no tiene sentido, subes y bajas, eres la quinta persona que va a entrar, y he estado mirando - estaba sentada al borde del anillo con las piernas colgando - esto tiene el mero fin de perdernos, no nos llevará al libro.
-quien eres tú? No tengo por que escuchar los pensamientos pesimistas de una cría.
-...pero si estamos en el mismo bando. Me llamo Britney Spears.
-perdón? - reiteró Albah muy molesta lista para volver a abrir la puerta.
-que más da, no creo que salga de aquí. Así que no sería malo ser esa.
-no le veo nada de bueno a ser esa. Si nos conocemos, y como veo no eres un general, y eres una mocosa, debes ser un pupilo, como general te ordeno que me des tu nombre.
-Ai Landstar - contesto metiendo una goma de mascar en su boca.
-tengo que ser responsable de los pupilos, así que te ordeno que vayas conmigo.
-que pesada... - susurró, pero asegurandose de que fuese escuchada. Se deslizó hacia adelante y camino sobre piso invisible. - esta cosa es una porquería... tengo que seguir su juego, ni si quiera me deja morir. Bien señorita general de mi bando; nos vamos?
Y Ai tomó la iniciativa como si la idea de ir juntas a través de las puertas hubiese sido de ella, Albah cerró la puerta tras ellas observando un valle donde todas las plantas eran la versión de las mismas pero con tomates (árboles de tomates, hierba, flores, semillas, todo era tomate), la cerró tan fuerte que se astilló.
-que ruidosa... por que tenía que tener a un general tan infantil... - comento aun nivel bajo oíble.
Albah agitó su brazo haciendo reventar todos los tomates de un árbol con su aura...
-...si muy infantil...
El sabor dulce de las fresas le inundó la boca, la canasta antes llena de ellas, ahora estaba llena de verdes hojitas. Al darse cuenta de que se las había acabado todas, botó las hojas, limpio la canasta, la guardó y se fue a pintar.
Entró a la cocina, y después mamá... y después salió llorando.
-que te pasó? - preguntó botando los crayones al piso.
-...eres una inconsciente... te las comiste todas...
-las fresas? - no podía procesar que hubiesen regañado de tal manera para que esta empezase a llorar sólo por unas fresas. - no pueden haberte castigado por eso.
-si lo hicieron, ya que la canasta estaba limpia creyeron que fuí yo... no recuerdas lo que dijo papá de esas fresas?
-dijo algo papá de esas fresas?
-si!! Son para el duque de Kruz, eran unas silvestres traídas de otra parte del mundo.
-...el duque de Kruz... - y recordó a su padre alardeando de la bella canaste y de lo mucho que le había costado dejarlas entrar al país.
-necesitabamos un regalo!! Nuestro feudo lo necesitaba... tonta!!!
-lo siento... lo olvide...
-ya no sirve, aunque me hayan regañado y tu digas perdón las cosas no se arreglan... papá ya le había comentado al duque del regalo.
-pero si son sólo fresas!! No puede negar ayuda al feudo sólo por unas estúpidas fresas!
-ya da igual... tendremos que seguir igual... en serio no recuerdas al duque de Kruz?
-no, tú sabes como es mi memoria.
-que seamos hermanas realmente no ayuda... ni si quiera nos parecemos...
-a tí se te ocurrió teñirte el cabello de esa forma. Por no habla de las lentillas, sólo para no parecernos.
-no te parece mejor... así la gente no nos compara.
Un espacio en blanco en su mente, y estaba tocando el arpa. Y escucho un golpe fuerte, subió, supuso que algo había caído... se asomó por el pasillo, y vió como unos hombres habían botado la ventana y se disponían a entrar. Entró en pánico, le habían narrado unas amigas de como era cuando alguien entraba de esa manera a un castillo.
Y escapó. Tenía que avisarle a alguien... no, mejor escapar.
A la mitad de la escalera escucho un grito de su madre. No se detuvo, y siguió, al final de la escalera su hermana subía con una espada en la mano. Ni si quiera la miró. Después subió su padre llevando un rifle y un revolver en el cinturón.
Su pánico continuó, temía a muchas cosas, y lo que estaba ocurriendo era una de esas cosas. Escuchó varios disparos y el sonido del metal al chocar con otro metal... y después un silencio...
"NO!!!!!!!! PAPÁ!!!!!!!!!!!"
Continuó esperando a pesar de aquel grito, un grito de terror absoluto, como si se le fuera el alma en ello.
Escuchó más golpes metálicos, un par de golpes secos... Finalmente, unos pasos. Alguien bajaba la escalera... Observó bajo la cortina que le escondía unos pies manchados de rojo, se tapó esperando el final... y su hermana abrió la cortina.
-...a mamá le queda poco... así que ve a decirle algo... y no mires bajo mi chaqueta... que papá duerme allí.
...yo de alguna manera sabía que eso iba a pasar, pero no hice nada por evitarlo... sabía que si subía sufriría mucho, pero de todas formas lo hice, mi madre murió sosteniendome, aunque creo que debió de ser al revés... y que ella me estaría esperando abajo limpiando el filo de su espada con su vestido...
Bajo las escaleras sin esperar a dejar de llorar, esperando ver a su hermana tal como se lo esperaba, pero en vez de eso... la sangre que llevaba era la propia, no de los agresores, y también había muerto... dejandola sola.
-no... Ann!! Esto no era así!! Tu tendrías que haberte quedado aquí conmigo... Ann... tu tendrías que haberte quedado aquí, conmigo!!!
Movía las manos frenéticamente sin hacer nada con ellas... estaba segura de que eso no ocurría.
"...que patética, señorita Eluria, sólo por que sabía que su hermana iba a sobrevivir no se molesto en ayudar a sus padres, por que sabía que de todas formas morirían, y no hizo nada por ayudar a nadie... es una cobarde que sólo espera que los demás hagan las cosas por usted... y no dude que de esa forma va a quedarse sola..."
La televisión estaba rota, de su pantalla quebrada emanaba humo, y el cubo se había quebrado. Fuera de aquel blanco cubo todo era negro... la paredes ya habían caído hacia los lados, no había manera de repararlo, la única luz era del televisor que echaba aún algunas chispas. El sillón se perdía en la oscuridad.
Pero no se sentía mal, ya no temía a lo que hubiese fuera del cubo, por que había nada. Nada a que temerle, sólo a la oscuridad. Después de esperar lo peor cuando las pareces cayeron cuando intentó detenerse a sí mismo de clavarle una aguja en un punto de muerte absoluta en el cuerpo de una persona muy importante para él.
Estaba vacío... no le temía ya a eso... lo peor ya había pasado.
"Antes temía que mi mundo fuera derrumbado, que tuviese que dejar la seguridad de lo que yo creía de las cosas... pero... ellas lo han quebrado silenciosamente. Han perturbado mi mundo, y me han dejado entrar en el de ellas... estaba obsesionado con mi propia visión del miedo, que olvide que ya no tenía ese temor... donde están?..."
El cielo se había tornado de un profundo color rosa con algunas nubes teñidas levemente de naranja. Se apoyó en el piso... miró en el para ver más o menos en que tipo de lugar se encontraba... pero estaba sobre un cubierta transparente, aparentemente sobre el aire. Se levanto lentamente, temiendo que se quebrase como cuando se camina sobre hielo fino. Vio a su alrededor cientos de anillos alrededor de el formando un túnel vertical. Pronto sintió uno que otro portazo o el sonido de los pasos de alguien. Vió el nivel donde él se encontraba, y vió su puerta, supuso que debía ir hacía ella, y pasar a través de ella... puso la mano sobre el pomo de la puerta, pero antes de tocarlo empezó a girar, muy lentamente, produciendo un eterno chirrido.
-...quién está ahí? - era una pregunta tonta, pero necesitaba hacerla.
Vió una mano pequeña, diminuta. Rígida que empujaba la puerta, y no era sólo una, eran seis.
Logró vislumbrar por un instante unos brillantes ojos en la oscuridad de la habitación. Las muñecas, que poseían una sola expresión en sus rostros lo arrastraron dentro de la penumbra. Al acostumbrarse a la oscuridad logró darse cuenta de que tenía un cielo sobre su cabeza, y que estaba nublado, a punto de llover. Las muñecas lo detuvieron... por los gestos que hacían entre ellas notó que se habían perdido y estaban discutiendo. Una de las muñecas se había perdido.
Un trueno anunció la llegada de la lluvia...
La sangre de pronto parecía mucha más de la que era, las gotas al caer sobre sus labios le hicieron recobrar parte del sentido, y una canción... no sabía por que, pero de pronto tenía añoraba enormemente cantarla.
Muy hondo en un bosque, se escucha un leve susurro...
Olvidas de pronto quien eres realmente,
y te dejas llevar por la briza
si la vida fuese así de simple, nadie tendría por que vivir...
Necesito del dolor,
necesito de la tristeza,
necesito la maldad,
necesito sufrir...
Cae una hoja, y recuerdas que te haz perdido
de tu boca no salen más que mariposas,
estás vacía... vacía no dices nada...
No necesitas hablar, vacía...
Necesito del dolor,
necesito de la tristeza,
necesita la maldad,
necesito sufrir...
Vas más alla de aquel bosque,
y aparece el desierto...
No te preocupa por que no tienes nada de que preocuparte,
es tan simple la vida realmente?
Necesito que te azote el viento de otra manera...
Y abres los ojos,
caes sobre la arena lamentandote,
por que pasate tu vida ciega con los ojos abiertos,
y tu vida ya ha terminado sin que realmente la vivieras...
Su voz se ahogo, le faltaba un coro... pero la sangre brotaba de su boca en vez de la canción, se ahogaba con el agua, no podía abrir los ojos, veía lo único que era un poco más claro que lo demás... un par de truenos brillando entre unas opacas nubes...
Pasaban los minutos, y no podía moverse, se había empapado completamente... No le gustaba estar de esa forma... quizás a nadie le gustaría; estar sin sensación alguna de tu cuerpo, con un sabor metálico en la boca, ahogandote en tu propia sangre.
Vió un enano vestido, le dio alegría, y fue capaz de levantar su mano, y poner su dedo para que su querida muñeca se posase allí.
-te divertiste? - la muñeca la continuo mirando sin otra expresión que la vacía que tenía. Samara sonrió... de la comisura de sus labios cayó una ultima gota carmesí que se perdió en el charco rojo que se había formado con la lluvia.
Su mano cayó, la pequeña muñeca sostuvo la mano el tiempo que pudo, hasta caer bajo la misma.
Si... el mundo no era perfecto... que bien era morir sabiendo aquello... era una conformista, pero para ella de esa manera estaba bien.
De pronto las muñecas cayeron al piso, ahora, completamente inertes. Reese se asustó... aquello significaba que algo le había ocurrido a Samara... siendo tan poderosa como era, la posibilidad que hubiese sido aniquilada le perturbaba.
-si... la maté... me pareció que seria un gran alivio para ella... aunque cuando la ataque se defendió de todas formas, no tuve otra opción.
-Kein...! - exclamó alarmado.
-...no te preocupes, no pienso matarte Reese. Eres necesario. - se acercó hasta que casi se rozaba con el rostro de Reese, para que le pudiese ver, y le susurraba al oído. - no quiero hablar muy alto, porque quiero que le pongas más atención al sonido de la lluvia.
-por que hiciste eso? Ella era una buena persona aunque tuviese esa manera tan extraña de ser. - no estaba asustado... no, no lo estaba.
-no lo hice por que no fuese útil, lo hice por que tenía una pesadilla terrible, y si no la mataba no se liberaría nunca.
-...deberías haberla dejado que luchara por su cuenta. La gente debe ser capaz de afrontar sus propias cosas por si mismas.
Kein se mantuvo en silencio, levantó su mano y le apretó el hombro a Reese, con ira.
-perdona.. Me equivoque... no entiendo por que todo el mundo me critica, siempre escojo lo que creo mejor... pero siempre me lo reprochan.
-por que siempre preguntas a tí mismo, nunca a los demás. Significa que no les conoces, ya que no eres capaz de elegir lo que ellos harían...
-ellos no me escuchan...
-nunca hiciste que te escucharan...
-...tu crees que lo puedo cambiar? - Reese estaba muy tenso... Kein actuaba de manera muy extraña, y su aura asesina estaba por los cielos.
-si quieres puedes... pero toma tiempo.
-yo no hablo de cambiar yo, yo estoy bien. Yo hablo de cambiar las cosas en las que me equivoque.
-no puedes, tienes que asumirlas. - dijo seguro.
-si, si puedo... el libro lo hará.
-...eso... es...
-si? -pregunto casi contento.
-eso es muy irresponsable... es como olvidar un pedazo de tu vida, olvidar todos tus errores y seguir? Es ridículo!!
Kein no le respondió... Reese salió despedido por los aires, cortando la lluvia a su paso.
-lo voy a cambiar... si no ocurrió, entonces no tendré que cargar con ello.
Kidara soltó el pomo de la puerta... estaba extrañada... nunca había sentido un aura así... realmente Haku era poderoso... se alivio por un instante de que viniese de muy lejos, y entro a una sala llena de burbujas brillantes.
Autor al habla: pues... le mando muchos saludos a muren que me me dio los animos y la obligacion de ir terminando este fic. Para las personas que son capaces de aguantar la longitud de este fic les dire que no quedan mas de dos capitulos. Perdonen las faltas ortograficas o los errores... he tenido tiempo de escribir, pero no de revisar. He tenido muchoooo trabajo, pero aun asi este es uno de los mejores capitulos de la saga, estoy bastante satisfecha con el... y nos vemos para el proximo.
aprovecho de auto promocionarme:
