Muren

X Ultima salida

X Tinta.

Estaba segura... se le había cortado la circulación en los brazos, juraba que tenia las manos moradas. Las cuerdas eran fuertes... Si tuviese algo con que escribir no tendría tantos problemas. Estaba sola en esa habitación tan fúnebre. Era redonda de un material blanco percudido por el tiempo, en los bordes tenía marcas de un ataque de hongos y crecían hiedras por las paredes. No había puerta, ni ventana, solo esa sala con un viejo libro en el centro en el que sé auto-escribía algo. Si estuviese lo suficientemente cerca como para leerlo no se quejaría.

Las hojas pasaban de manera abrumadora, pero nunca se acababa, era muy grueso, pero no había avance, como si las hojas fueran extremadamente finas.

Llevaba horas intentado moverse como un gusano para acercarse al libro, pero la persona que la había atado había tenido la consideración de doblar sus piernas de tal manera que era imposible moverse. Había avanzado un pequeño tramo, pero se rindió, había tardado por lo menos cinco horas en avanzar veinte... centímetros.

Estaba harta de estar en ese lugar... estaba bien que estuviese todo el día en una biblioteca, pero en la biblioteca se movía continuamente, escalaba las estanterías, se daba paseos por el techo, y cargaba pilas de libros todos los días... no era tan sedentaria. Le bastaba con poder mover aunque fuese los brazos... sólo un poquito!!


No podía tener peor suerte ese día... primero lo de la niña gato, después que lo pateasen dentro de una cosa pegajosa que había comido alguien antes, y después andar con esa misma porquería encima, después le echaban la culpa de todo, luego caía una luz y soñaba que volvía a casa... Pero sabía que nunca lo haría. Al despertar el sol que llegaba desde el techo, le llegaba en la cara y había quedado muy tostado... (negro.) Y ahora... eso. Que ironía; una sala de torturas.

Aprovecho la ocasión y busco un tanque de ácido para sacarse la piel quemada de la cara.

Un fracaso, el ácido era del bueno... así que su cara quedó como una vaca.

Estaba frito, salado, como quieran decirle, pero de manera muy fea. Y era una vaca.

Lo único bueno de todo eso, era que en el sueño había matado a ciertas personitas que no le

agradaban, aunque él había muerto en el acto. No era tan malo, sólo en ese sentido, por lo demás todo era negativo.


Aquella era la sexta puerta que visitaba, y la mejor de todas. La primera había sido una parodia de una película que había visto una vez... Totoro le cayó encima unas cuatro veces; después se encontró frente a una sala donde se coleccionaba polvo de muchas partes del mundo, y cometió el error de estornudar. Después un lugar lleno de pimentones... no le paso nada, pero el sólo hecho de que fuesen PIMENTONES era perturbante. Después le tocó correr una carrera de esponjas... a continuación jugó al té durante media hora con el sombrerero loco para que le dijera donde estaba la siguiente puerta, entonces se encontró con la sala de torturas. De alguna manera era la más extraña y cómoda para él.

ISHIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!!!!!!!!!!

El joven logró escuchar la voz de Morvern. Dejó la puerta antes de entrar, y miró por la ventana. Allí estaba su querido Morvern. Abrió la ventana feliz, aunque notó algo extraño en sus manos, eran muy distintas, más final y llenas de argollas doradas, vio por un instante su reflejo en la ventana y se puso las manos en la cara impresionado; era una chica. Tenía el mismo color cabello y todo, la misma piel, sólo que era una chica (muy guapa según él), usaba vestido (que raro no usar pantalones) y ropa interior de mujer (más raro todavía.

Unos segundos después Morvern apareció en la habitación llevando un ramo de flores (no sabía por que le sonaba a parodia de lo que alguna vez le había dicho Reese), e iba vestido de negro, como siempre, pero al estilo de caballero antiguo.

-mi querida Ishii... que pasó con tu kimono?

-ah ocurre que me pareció que haría mejor pareja con usted si vestía de esta forma. - se asustó, no lo podía expresar, su cuerpo se movía por cuenta propia y de hecho sabía todos los datos, como si fuera un residente en ese cuerpo, un mero espectador. No podía estarle diciendo esas cosas a Morvern.

-que detalle. Entonces vamos. - Morvern le dio la mano y le siguió.

Subieron a un carruaje, y bajaron frente a un cementerio. Morvern le llevo galantemente hasta un mausoleo, ambos entraron allí. Morvern dejó las flores frente a una tumba que decía: "Sir Ai Landstar". Se quedó atónito... Sir??? esa chica que no ayudaba a nadie como se debía?

Pero en vez de reírse, su cuerpo empezó a llorar.

-No llore dama, que al caballero Ai le dolería verla así. A mí también me duele verla así.

-OH! Mi estimado Morvern, no se que haría sin usted en este mundo... desde que Sir Ai se marchó de este mundo...

-sabiendo el amor que sentía por Sir... - y se vio interrumpido con Ishii, que se abalanzó contra él desconsoladamente.

-ya no hablemos de eso... dime otra vez ese poema... no hablemos de eso frente a Sir Ai... que cínicos somos!!

Ishii le dieron ganas de morirse en ese instante... era algo que podría sentir en el fondo pero no tan intensamente... y muy, muy en el fondo. Esas cursiladas y esos cumplidos... como si el/ella hubiese estado con Ai (cosa que le asustaba) y después de su muerte fuese el/la amante de Morvern ("Pánico" [colectivo)... Donde rayos estaba metido?? Por que era mujer? Por qué?!!!

Las escenas melosas continuaban... llenas de palabras poéticas y frases apasionadas, como en un viejo romance medieval. Y cada vez iba perdiendo su opinión... como si esas frases le transformaran... poco a poco reemplazaron las palabras que el tenía... todas las palabras falsas, las verdaderas, las olvidadas, las deseadas... fueron reemplazadas por esas frases... y eran verdad al final... como si se hubiese quedado desnudo en un campo de batalla, no había nada que le protegiese o le engañase de lo que realmente pensaba...


Recordaba que siempre le habían gustado esas flores lilas, las veía atravesarse muy cerca de ella... el cielo de un intenso celeste y las flores parecían apuntar hacia el. La hierva abundante se movía como olas bajo el viento con una estela brillante avanzando... Escuchaba aquella campana... le llamaban.

Llegó a la aldea, que no le llamaba para nada la atención con sus antiguas construcciones y sus grandes troncos. Pero todos le llamaban la atención por que hacían cosas que ella no podía hacer, e iban distintos a ella... todos vestían sus típicos trajes azules con detalles en amarillo ocre, y sus claras cabelleras. Ese día había algo distinto a otros: se fijaban en ella. Cosa que nunca hacían a pesar de sus trajes negros, su cabello de un rubio casi castaño, y su aire de andrajosa.

Apareció su tutora, que vestía de rojo a comparación de todos y tenía la cara llena de tatuajes de motivos lineales rectos en azul. Ese día llevaba el báculo; entró en pánico, a ese articulo le temía más que a nada; el dolor que podía impartir era... opopónaco. Pero ese día debía defenderse.

-...Kidara!! - bramó tirándola del brazo para ponerla justo en el centro del circulo que se formaba. - que has estado haciendo con esos extranjeros?

-extranjeros?? - preguntó mirando a todos lados, rogando por ayuda. Pero esos ojos azules la miraban acusándole, y parecían más negros que azules.

-aquellos que llegaron hace unas semanas? Unos niños te vieron salir de allí.

-y por que no le pregunta a esos niños por que estaban allí?? - se molesto.

-no tiene nada de malo que paseen por los alrededores; no sabían que los extranjeros estaban allí. Que hacías tu allí?

-nunca se ha preocupado por mi... yo creo que le da igual lo que haga... y a todos también. Si nunca lo hicieron, no tiene derecho a decirme eso ahora.

-que insensata! -gritó una madre.

-tu sabes las costumbres de la aldea, sabes que puedes hacer y que no...

-..."honrar a la tribu kuruta..." - susurró. - tiene eso algo que ver con que me encuentre con los extranjeros?

-mucho: algo estás dejando que hagan... No puedes dejar que conozcan cosas de la tribu ni nada.

-ni si quiera me parezco a ustedes!! Nunca me han tratado como a una de la tribu!!

-eso es problema tuyo!

-tu nunca me dejaste acercarme a nadie, y todos se alejaban de mi! Debe de hacer una orden detrás de eso.

-...ya sabes como llegaste aquí, es normal que eso ocurra.

-no se que clase de orgullo tienen... me da igual la tribu!! Sólo por orgullo, sólo por que mis ojos se volvían rojos me dejaron quedarme!! Debieron dejar que me perdiese en el bosque!! Al diablo con este estilo de vida; no me lo han otorgado y mi vida es miserable!!

-se volvió miserable por hacías cosas que no debías.

-nunca supe por que estaban mal! Por la manera en que llegue era natural que no conociera...

-que niña más desagradecida! Eres una nacida sin padres, dios sabrá quien te engendro, te enseñamos muchas cosas y estás viva.

-desprecio todas esas cosas. Ojala que la bendición de Dios se vaya de esta tribu!!

La tutora la tomó por el largo cabello que tenía, y la arrastro al templo. Sujetada como la tenía tomó el báculo y talló una serie de inscripciones en sus brazos, tobillos y cuello.

-si te encuentras alguna vez con un kuruta; tu vida se drenara como quieres; desde este instante estás desterrada de la tribu. Debes irte mañana. Ojala comprendas...

-no hay nada que comprender! Me iré hoy! Nunca los comprendí, ni ustedes a mí.

La mujer, cansada suspiro y no se fue sin antes darle un golpe con el báculo, y...

Abrió los ojos, estaba aún oscuro para ser la hora que era... cierto; el cambio horario... podía dormir una hora más...

Escuchó un rato más tarde el sonido de las cacerolas de su madre por toda la casa... los despertadores no servían, solo tenían relojes de pared, los otros siempre eran lanzados o maltratados por la gente de la casa. Y las cacerolas significaban una mayor amenaza, ya que en cualquier instante les podía caer una encima.

Siempre se quedaba media hora más... nadie se preocupaba por ella en casa por que de todas formas tenía buenas calificaciones, y nunca daba problemas... al menos dentro del colegio.

Al rato prendió el equipo y se vistió con los ojos apenas abiertos. Con poca puntería logró ponerse bien las medias y olvido abotonarse algunos botones de la camisa, pero bajo el bolero poco se notaba.

Fue con las manos vacías al instituto y entró como toda persona a la clase, sólo que ya había empezado. Los profesores simplemente la ignoraban...

Al recreo le llegó uno que otro reto a la salida. Lanzó el papel por la ventana y fue al lugar indicado; era la decimoquinta vez que le llamaban a ese solitario parque. La esperaban cuatro chicas de cabello decolorado y mucho maquillaje. Una de ellas sacó una navaja... de inmediato supo que las demás tenían pedazos de filo de cuchillo cartonero en la boca, listos para ser lanzados. La insultaron como solían hacerlo, por el cabello claro, las ligas (que ella misma decía que eran medias), los bototos y por que estaba saliendo con tal chico.

"Invenciones de la gente" pensó. Y puso en practica las patadas que había aprendido en taekwondo. La navaja voló lejos, mientras que las otras chicas botaban algo de sangre de sus bocas.

-que yo recuerde desde primaria que nunca he salido con un chico. Y si les molesta que me vea mejor que ustedes me cambiare las medias. Contentas?

Si, otro día normal.

Sólo que...

-Kuratsuki!!

Y recordaba por que le gustaban aquellas flores lilas...

¿cómo era posible no haberlo recordado? Era él la causa de la mitad de sus problemas.

Él con su cabello y sus ojos azulados.

Y recordaba algo... como la punta de algo grande... pero no podía ver el resto.

-¿otra vez? – preguntó soltándose la, antes, perfecta corbata. – si quieres lo dejamos si te hace mucho problema.

-es igual que siempre. No hace mucha diferencia. – contesto sonriendo dulcemente. Cosa que nunca hacía.

-bueno eres esa clase de persona a la que la gente molesta.

-es por que parezco integrante de una banda.

-ciertamente... no me había detenido a pensar que pareces yankee.

Ella lo miró con odio.

-me teñiré el cabello negro.

-...la gente que teme a lo que le digan los demás trata de cambiarse para no ser fuente de burlas o de miradas... – Ella le dio un manotazo, le costó un poco... los dos iban al mismo dojo y tenían reflejos parecidos, pero él siempre evitaba sus golpes. Sólo que él se dejo golpear. - me parece impresionante que una chica más baja que yo me golpee en la cabeza.

Esta vez ella intento patearle entre las piernas, pero, convenientemente él esquivó esta vez. Tomó la pierna de su acompañante, la hizo caer hacía atrás; a sus brazos. Infantilmente ella le peñiscó la mejilla.

-bien señor Akaitsuki... podríamos dejar de hablar y llegar de una vez al dojo...

No alcanzaron a llegar al metro a tiempo. Y empezaron a pelearse nuevamente, bueno, Kidara era la única que peleaba.

Llegaron quince minutos tarde al dojo.

-ten cuidado con Zaoldyeck... – susurró Kurapika.

-yo te dije eso cuando llegaste!! – reclamó en un susurro casi gritado.

-silencio! – gritó el Maestro.

Las clases solían ser extenuantes... normalmente por que todos los alumnos allí estaban a allí a razón de los otros alumnos, es decir; siempre compitiendo con los otros. Todos eran de nivel alto, como Ingram, Kurama, Hiei, Yususke, Zera, Gon, Killua, Ren Tao... etc. etc... eran un grupo grande y nunca participaban en torneos, sólo entre ellos.

El cuidado que se debía tener con Killua era por que siempre ponían alguna travesura para los que eran castigados... siempre impensables... raras; originales.

Un ejemplo seria los baldes de agua para limpiar el piso del dojo... algunas veces daban descargas eléctricas acompañadas de pústulas verdes y era imposible encontrar el mecanismo para detenerlo. Después si a la victima se le ocurría ir a buscar otro se encontraba con que los baldes estuviesen llenos de concreto o algún liquido tan denso que era imposible limpiarlo... el chico tenía mucho dinero y mucho ingenio... mal empleado.

No tuvieron suerte... para cuando salieron del dojo tenían el pelo erizado y quebradizo; casi unas escobas y olían a anís de manera tan fuerte que era casi vomitivo. Kidara caminaba tapándose la nariz. Kurapika se mantenía en silencio.

-si no llegásemos tarde no tendríamos estos problemas. – meditó.

-eso es lógico – exclamó Kidara con una voz nasal.

-lo es... no deberías hablarme cuando vamos de camino al metro, deberías dejar de estar en peleas... deberías...

-...me exasperas!! Si!! Sabes mucho, premeditas todo, eres mucho más ingenioso... yo soy bruta, no pienso mucho... lamento no ser como tú... o como tu quieres. – le reprochó tercamente. – pero a mí me gusta arreglar las cosas a mí manera, es así como vivo, si no te gusta lárgate.

Y empezó a caminar a una velocidad que se equiparaba con la de una estampida.

Kurapika le lanzó el maletín del instituto.

Después la ayudo a pararse, ella intentó darle un puñetazo. Él lo desvió y Kidara se fue hacía adelante... hacía su rostro.

Y era extraño... era muy parecido a todo lo que conocía pero no...

Y ahora... sabiendo que aquel extrañó sueño había terminado estaba frente a una de las puertas.

Aquel extraño sueño que mostraba todo lo que no tenía, todo lo que tenía... Fuese lo que fuese, vio el total, desde aquella pequeña punta.

La puerta le abrió a un mundo lleno de agujas.


Leorio sintió un escalofrío que le recorría desde la punta de cada cabello hasta las puntas de las uñas de los pies. Alguien había escrito con un líquido espeso y lleno de grumos en todos los lugares visibles de la sala una sola palabra; Kris.

Sabía perfectamente quién había pasado por allí anteriormente y lo aterrorizaba el poder encontrarse con ella. Lo peor es que el líquido con el que había escrito parecía ser parte de algún órgano interno...

Agitó la cabeza, no podía acobardarse por el eso. Si quería hacer algo útil, ese era el momento; entre más tratasen de llegar al libro, de su bando más heridos habrían.

La sala en que estaba parecía hecha de plástico medio derretido, todo estaba deformado; a medida que caminaba las palabras se hacían cada vez menos marcadas.

"debe de habérsele acabado la sangre" pensó. Y de hecho era de esa manera; al final había una puerta, también deforme, y a su lado unos jirones de carne... identifico inmediatamente que partes del cuerpo eran; salió lo más rápido posible antes de vomitar.

Fue un cambio de ambiente chocante, el volver a ver los discos y discos con sus puertas, y el cielo algo más oscuro que antes. Ese orden, era cuerdo, era normal... no estaba seguro de poder seguir aguantando aquello. Ahora debía volver a abrir la puerta y ver a donde le llevaría...


Era el sonido irritante de una sola cuerda. Y a pesar de todo era maravilloso. Era vibrante, tenía energía, elegante... era triste y a la vez alegre; como una melancolía.

Kurama sintió el profundo y cítrico aroma de una rosa azul que llevaba. No tenía en sus planes encontrarse con alguien como Clennad... no podía escoger, siempre tendría altas posibilidades de encontrarse con cualquier persona cada vez que abriese una puerta.

Aquel hombre tocaba un cello usando una única cuerda, pues todas las demás estaban cortadas.

Se había encontrado con él justo al final de la sala, era un lugar lleno de cortinas, sujetas en el aire, sin ventana alguna que tapar en un salón que reflejaba el cielo en todas direcciones. Supuso que Clennad había materializado la silla metálica en que estaba sentado interpretando. Era una sala de conciertos espléndida; las nubes avanzaban lentamente sobre un cielo verdaderamente azul.

-te gusta como suena? – le preguntó en medio de una larga y profunda nota.

-me agradan la música en general, y es increíble como haces sonar el instrumento con sólo una cuerda.

-no te irrita que no puedas salir?

-no veo intenciones de que quieras atacarme... ya encontrare otra manera de salir, no tengo ninguna prisa. No estoy aquí por el libro.

-pues yo si, pero hay que esperar...

¿esperar qué? Se preguntaba Kurama, mas no se molesto, sólo estaba en aquella lejana isla sólo para salir pronto de prisión. La sala era bellísima, la mejor representación de la libertad... aunque con algunas esquinas.


Había contado y estipulado la cantidad de pisos y puertas, cuanto demoraría aproximadamente en recorrerlas todas, mas, tras algunos cálculos y algunos experimentos prácticos, descubrió que una puerta no siempre daba al mismo lugar, y era posible que diera aleatoriamente a cada una de las habitaciones que habían en aquella torre. Cerró la puerta lentamente antes de dejarse caer sobre el piso invisible, y calculo.

Era imposible estipular, quizás las puertas eran sólo entradas a mil mundos; las puertas no representaban la cantidad de habitaciones que debían de haber. Eran sólo la entrada a un laberinto que estaba aún en construcción.

Y era lo más probable, si en esa torre, in-estudiable por los informáticos, que contenía el libro que podía volver cualquier cosa realidad era imposible usar un método matemático, como él siempre lo hacía.

Las salas tampoco estaban ligadas a los pensamientos de las personas, había estado analizando eso. Aún entrando a la sala en un estado de shock no había algún factor que mostrase relación con la condición de la persona que ingresaba.

-Killua!!

Kurapika buscó con la mirada el lugar de donde provenía el grito.

-Gon!! Pensé que te habías perdido.

-no creo que haya mucha diferencia en estar perdido si todos están perdidos.

-tiene algo de lógica – dijo la voz de Killua con poca sinceridad.

Kurapika sonrió... podría hacer una prueba más.

-Gon!, Killua! - llamó.

Vio la cabeza de Gon asomarse unos diez pisos más arriba. Y la de Killua dos más abajo.

-no creí que llegases hasta aquí. – comentó Killua saludándole apenas.

-...está bien que hayan estado entrenando... pero no me subestimes. El cerebro esta por sobre todo. – notó como Killua se irritaba. Aclaró la garganta y les dio indicaciones.

Gon entró a una sala llena de figuras de origami nadando en un mar de color lila. Fue muy al fondo, sin tratar de atravesar la sala, si quería podía nadar, si quería podía caminar. Pronto quiso encontrar un castillo, y lo hizo.

Era de varios eslabones de papel doblado, y las piezas flotaban levemente unas muy cerca de otras, pensó que si las soplaba se irían junto con la corriente.

Entró, buscó y buscó y encontró una puerta. Una idéntica a las que había en los discos de la torre.

La abrió muy curioso, y se asombró al ver que había dentro.

Killua corrió seguido de una grupo de amazonas de dudosa sexualidad... de todas las salas a las que había ido, era aquella, sin duda, la más irritante. Subió a un árbol gigante, con ramas tan gruesas que podrían haber sostenido fácilmente unas tres casas mas o menos grandes. Se introdujo entre el follaje, de hojas gigantescas, tan grandes como él. Y encontró una puerta muy mal ubicada, chocó con ella sin verla, sólo pensando en salir de aquel extraño lugar. Otras salas normalmente tenía algún límite, pero esa no lo tenía... quizás eso ocurría por que seguía las indicaciones de Kurapika. A final de cuentas, como no la vio, la pateó con todas sus fuerzas, y cayó dentro de otra sala... simplemente no entendía mucho de lo que vio dentro.

Le chocó un poco al ver como era la sala... se parecía demasiado a aquel lugar. Con aquel césped largo y fino, lleno de espigas que en vez de tener trigo tenían pequeñas flores lilas. Caminaba sobre una infinidad de troncos cortados...

Era demasiada la coincidencia.

Camino para ver el otro lado de la colina, y su corazón dejó de palpitar rápido. No había ninguna aldea allí. Sólo un claro en el bosque, y un cubo de piedra del tamaño de una choza.

Al bajar se encontró con que frente al cubo había un báculo que conocía muy bien, escondido por la larga hierba, incrustado en el piso.

Sabía exactamente como funcionaba.

Lo giró con fuerza, y la cara del cubo que tenía frente a él se empezó a cortar a gran velocidad, cayendo finalmente un disco de piedra. Salió mucho polvo del interior del cubo...

Antes de entrar por la puerta que no debería estar allí, admiró un instante las piedras rojas que sostenía un lagarto de piedra. Brillaron en sus ojos sin que estos dejasen de ser azules.

Gon, Killua y Kurapika se encontraron juntos en una sala.

Kurapika suspiró; había vencido a las a estadísticas...

La sala era hexagonal, y de techo muy alto, era como la torre abandonada de un castillo. Del centro, de entre las piedras crecía una frondosa hidra, rodeaba todas las paredes y las ramas seguían creciendo atravesando el techo.

-parece mucho más antiguo que el resto de la torre - comentó Killua.

-debe ser por que la otra parte de la torre se creó en el mismo momento en que entramos en la torre. - respondió Kurapika.

-que planta más grande... crece entre las piedras... - las ramas eran gruesas y las hojas de un verde profundo.

-debe de haber otro piso arriba...

-como podremos subir? - susurró Killua.

-...escribiendo la escalera. - susurró una voz de mujer.

Se alarmaron, no habían notado ninguna aura y nadie más estaba en la sala. Las ramas en un lado de la sala se movieron, como una cortina. Al principio sólo vieron una mancha de tinta en la piedra mohosa, la mancha se empezó a escurrir por la pared dibujando una elegante curva, pronto notaron que era un rizo, después la forma de un rostro. Al final notaron un dibujo, casi una fotografía de una mujer. Eran sólo líneas negras, pero no dejaba ser casi real.

Gon y Killua se atrevieron a verlo de cerca. la piel de la joven se pintaba de blanco, su cabello negro y en el flequillo escarlata... pronto estuvo totalmente coloreada. Estaba tan bien hecha que parecía que se hubiese quedado allí, parada; estática. Kurapika también se acercó.

La imagen pestañeó, y los observó tal como ellos lo hacían; perplejos. La joven se amarró mejor la cinta que unía las dos partes de su corsè, y quitó el cabello escarlata de sus ojos. Posó un instante, los tres la observaron cohibidos... era extravagante, y muy seductora.

Su mano salió del plano junto con su cuerpo. Se estiró durante unos segundos, dio un par de vueltas y se quedó mirando a Kurapika con sus ojos violetas, se inclinó, y antes de que cualquiera se pudiese poner en guardia se abrazó a él y le besó.

Kurapika se liberó, se tocó los labios... los sentía abrasados.

-eres maravilloso - dijo con una sonrisa malévola. - nunca pensé que un matemático encontrase la manera de llegar aquí.

-que rayos le pasa? - preguntó Killua mirándola con desconfianza.

-acaso soy muy mal educada? incluso les ayudé a saber como llegar arriba - dijo anudando sus zapatos. Su corsè era muy escotado, la falda muy corta... la inclinación que hacía provocaba un extraño sonrojo en Kurapika y Killua, a excepción de Gon. - ...no les basta con que muestre algo de piel? - Kurapika miró el piso, Killua se puso muy serio, y Gon... pues no entendía mucho.

-y como escribo una escalera? - musitó Kurapika.

-con tinta... y una pluma. Por supuesto que la tinta la tenemos todos... -hizo una pausa - y la pluma la tiene una persona llamada Kouichi. Y ustedes como están aquí, volverán a la base de la torre y la conseguirán.

-...de que rayos está hablando? - susurró Killua.

-si están ya a este nivel de la torre debe ser por que quieren escribir en el libro. Así que háganme caso y vayan a buscar la pluma. – insistió.

-pero si puedes salir de las pareces por que no haces eso en algún lado de la torre y buscas la pluma? – preguntó Gon.

La joven se acercó a Gon fugazmente, Killua tomó a Gon y lo movió de la trayectoria. En menos de un segundo los brazos de la joven rodeaban el cuello de Killua.

-no me agradas... – susurró - ...así que aremos esto... – elevó la voz – les diré un par de cosas, nada más, si las cumplen les devolveré a Killua.

Killua sintió que se iba de su cuerpo, la hidra iba creciendo sobre él... hasta que finalmente ya no quedo nada de él en la sala. Desapareció en la pared.

-..qué hiciste con Killua!!?? – gritó Gon.

-ahora seguirán mis indicaciones; mi nombre es Muren Rage, su significado no tiene importancia para ustedes. Les puedo asegurar que se cada paso y pensamiento que hizo toda persona dentro de la isla desde que fue creada, si son inteligentes podrán averiguar que clase de entidad soy. De momento exijo la pluma a cambio del chico. Desde aquí pueden llegar a cualquier punto de la torre. Y como sé que no conocen a Kouichi pueden ir preguntando por ahí.

Muren se cruzó de brazos y los observó durante unos instantes.

-...que les pasa? Son sordos?

-...deliberadamente haces explicaciones simples... para ti; en otras palabras, estamos preocupados por Killua, pero no podemos hacer lo que dices. – aclaró Kurapika.

-si es eso, pues; hagan lo mismo que hicieron al entrar a las habitaciones; busquen una puerta. Si siguen como se deben las indicaciones les aseguro que poco a poco Killua podrá salir.

Kurapika no dijo una palabra y Gon lo siguió, fue hacía una pared, movió las ramas y encontró una vieja puerta.


El piso había sido cubierto de brillantes perlas azules, Anna Kyouyama sostenía el hilo que había sido su collar y en una de sus manos un descomunal abanico de papel.

Se había encontrado con una par de personas en la sala y estaba resuelta a acabar con todos; las malas costumbres no estaban permitidas en su presencia.

El caso era el siguiente; existen muertes honorables, si se mata a un adversario debe otorgársele un final digno... si es que lo merece. Aquellos idiotas habían hecho todo lo contrario a ese código, de manera que ellos no lo merecían.

El hilo brillaba como un haz de luz deformado, desde las manos de Anna, hasta el piso.

Eran tres alumnos, no tenía idea si eran de su bando o no, y le daba lo mismo. El piso, en diseño de tabla de ajedrez, se abrió.

Tres jóvenes con un collar morado en el cuello cada uno, yacían en el piso. Un destello rojo, quizás el pañuelo de Anna, atravesaba una pesada puerta de hierro entre pilares negros. Las perlas habían desaparecido.

Al salir estaba segura de encontrarse con cierta personita que conocía, estaba conciente de que no pondría atención a ella, ya que escuchaba un leve ritmo manar de unos grandes y naranjos audífonos. Le golpeó con el blanco abanico.

Yoh estiró los brazos en reflejo de perder los audífonos, que cayeron suavemente sobre una plataforma invisible.

¿-por qué no lo esquivas? – Yoh rió tratando de alcanzar los audífonos. –cuando salgamos de aquí y lleguemos a las termas de Funbari limpiarás solo todo el lugar.

Yoh simplemente exclamó un "no" largo y ahogado.

-Anna... ya estoy bastante cansado. – comentó finalmente a recibir otro golpe.

-tenemos que salir de aquí... no tengo porque seguir aguantando la escoria.

-...déjame descansar unos instantes y después nos vamos. Por favor... que la persona que está al otro lado de la puerta está un poco alterada.

Anna fijo su mirada asesina en él mientras abría la puerta nuevamente. Observó un castillo y amplios jardines... en ellos unos bultos; personas. Detrás de un roble apareció un joven de aspecto adormecido, con la cara y las mangas, sólo las mangas salpicadas de rojo. Llevaba unas cuchillas, también salpicadas que no hacían pareja, quizás se las había quitado a los bultos de más atrás.

Cerró la puerta.

Volvió a golpear a Yoh.

-...eso no es un poco alterado idiota. Si no vas tú voy yo. Toda persona que entre en esa sala será asesinada.

-quieres detenerlo?

-no, sólo digo que entres tú primero. – le dedicó una sonrisa que se traducía en que él tendría que ir si o si... a morir primero. – como mi prometido se supone que haces esas cosas, tienes que proteger a tu prometida.

- ...las damas primero.

Ahora sentía comezón en la cabeza a causa de la cantidad de golpes recibidos. Yoh se preguntaba como no se rompía el abanico si era de papel...

Allí estaba el chico.

Había contado la cantidad de personas que había tratado de pasar, y sabía que todas habían muerto. Ocho en total. Se los había advertido... quizás había que terminar.

-Dónde está Morvern? – susurró.

En las piernas de Ishii se arrastraban los restos de lo que había sido un bello vestido. Su cara tenía maquillaje corrido; lo que le daba un aspecto bastante desquiciado.

-si no mataras a la gente cuando le preguntas, podrías haberlo encontrado hace mucho.

-dónde está Morvern?

Ishii continuaba acercándose balanceando peligrosamente las cuchillas, que aún goteaban. El péndulo cada vez más amplio, Ishii tomó impulso a la medida que él mismo giraba. Intentos de cortar ligeros y rápidos. Sin premeditación, y poco predecibles.

Yoh aún no desenvainaba, ni tampoco había apagado la música, una música rítmica tipo Soul. Notaba como los labios de Ishii se movían una y otra vez repitiendo una y otra vez su pregunta. Esquivaba continuamente aquellos golpes vacíos.

Llegó a un puntó en que la respiración de Ishii empezó a fallar. Era como un caballo; si se soltaban las riendas correría hasta morir.

-Amidamaru... – susurró. Desenvaino la katana, de un sólo golpe, Ishii cayó al piso, una vez tirado entre cada desesperada bocanada de aire trataba de repetir "Morvern".

Se echó a Ishii en la espalda y salió de la habitación para buscar a Anna.

-...creo que ya podemos pasar. – dijo algo confiado ya que había completado el mandato. Anna le dio un golpe a pesar de todo, Ishii casi cae de su espalda.

-que lento...

Atravesaron el línea recta los jardines, regalando un saludo a los insensatos que habían entrado en aquella sala a pesar de la advertencia de Yoh. Anna atravesaba indiferente cada jardín, cada laberinto de pinos, arcos de rosas, parrones, pastizales y arboledas, casi con desprecio.

-podríamos parar... - sugirió Yoh.

-si tanto quieres descansar quédate aquí para siempre. Si llegas a alguna sala con la intención de quedarte lo lograrás.. aunque dudo que a ti te ocurra... pero de todas formas es un buen entrenamiento mental. Puedes tirar al chico si prefieres descansar.

-... que cruel... – Ishii dormía placidamente en su espalda. Aquellas personas por sobreestimación habían terminado muertas, y eran malas personas... no lamentaba la muerte de ellas, pero Ishii era distinto... añoraba mucho a alguien, la sala lo había provocado... aunque de mala manera. – aunque sea un asesino... no sabía lo que hacía.

-...tú dejaste a esas personas entrar, si sabías que había un chico peligroso dentro no debiste dejar entrar a esas personas, aunque fuesen indignas.

Yoh calló. Siguió a Anna, quién de repente dio la media vuelta y tomó ruta por una colina hasta volver a una casona que habían visto varios jardines antes, casi al principio. Entró segura dentro, atravesó pasillos, puertas-trampa hasta llegar un olvidado pasillo donde su única posesión era un gran armario. Al abrirlo y revolver entre trajes perfumados a naftalina encontraron una puerta que apenas se notaba debajo de una gruesa capa de polvo.

-pasa tú primero. – indicó Anna.

Yoh tomó nuevamente a Ishii, y al abrir la puerta se cubrió de una gruesa capa color marrón. Tosió durante largo rato, aún después de haber cerrado la puerta. Anna se sacudía una mínima cantidad de polvo, esperaba impaciente que Yoh dejase de toser.

Ishii despertó asustado. Y también empezó a toser.

-..estoy bien. – dijo. Antes de que Yoh dijese algo.

-...no había preguntado. – dijo Anna.

-supuse que el general Asakura iba a preguntar eso.

-que bien que estés bien. – balbuceó Yoh sacudiéndose los últimos kilos de polvo.

Juntos, los tres atravesaron una docena de salas más, en alguna de ellas tropezaron con Kurapika y Gon, quienes preguntaban por un general llamado Kouichi, como no tenían idea siguieron su camino. Como Ishii era más cercano a Kurapika se fue con ellos. Yoh y Anna continuaron...

Anna cada vez estaba más irritada...

Yoh cada vez más preocupado de las medida que podía tomar Anna para desquitarse.

Al abrir la puerta "2X x 7Y/23Z", ya tan acostumbrados a atravesar puertas sin admirarlas antes, dieron un paso al vacío.


Y decidió matarla. Albah sacó de la caja su nanigata y dio un golpe rápido a Ai. Ai se tomó del mango, se balanceo un par de veces en posición invertida sobre el y dio una patada con ambos pies en el rostro de Albah, continuó mascando goma de mascar y haciendo globos.

Esperó unos instantes a que Albah saliese del jarrón donde había caído.

Transitaban por una pasarela donde los espectadores eran una infinidad de jarrones de cientos de diseños.

-que lastima que las jarras no aplaudan. Que extraño que un golpe tan complicado salga justo con usted, no era mi intención golpearle tan fuerte. – comentó finalmente, de cuclillas sin emoción alguna, más bien aburrida.

-de todas maneras querías golpearme. – le reclamó con varias heridas. – mira como he quedado!

-...usted quería matarme... estamos a mano. Si no quiere que vaya con usted, pues mi modo. Nunca he dependido de un general y tampoco pienso empezar a hacerlo.

Ai revisó unos cuantos jarrones y se introdujo dentro de uno.

-es que realmente me extraña que no se haya dado cuenta de que estábamos caminando en círculos, de hecho, hasta tuve tiempo de escoger el jarrón donde la lanzaría si intentaba matarme. Realmente todo esto de lo generales estaba muy manipulado... ni si quiera se dio cuenta de que aquí estaba la puerta... bueno, eso, cuando no se sienta ya tan humillada y herida en su orgullo venga por esta puerta que yo, un miserable pupilo encontró.

Y Ai desapareció.

Albah agitó la nanigata tratando de quebrar todo lo cercano a ella. Cuando quedo nada de los jarrones, a parte de la puerta, se lanzó sobre la pasarela con una extraña mezcla entre frustración y rabia.


Quizás hubiese sido el sueño de Samara morir en un lugar como ese... recordaba que aquella dama gótica y existencialista amaba la lluvia. Quizás si era lo mejor como lo había hecho Kein... no lo sabía... pero después de todo lo que conocía, después de todos los errores cometidos y de lo que había aprendido de ellos... sabía que tenía que salir de allí y recuperar a aquellas personas que hacían parte de su mundo sin temer que él los matase, las personas que realmente importaban. Kein era un mero conocido, a quien había visto en antaño de blanco, pero que en ese momento estaba todo manchado de negro. Aquel personaje despreocupado, afable y poco ambicioso estaba totalmente desquiciado frente a él. Había llegado a lo que él mas temía...

-Reese, no tienes por que preocuparte, no te voy a matar.

-si, claro...

-...acepte entrenarte, cumplir tu deseo de liberarte a pesar de ese pequeño defecto tuyo... al menos apóyame en esto.

-son tus propios errores, arréglalos tu solo. Necesito irme

-La puerta está detrás de mí. Por ahí entre. Y por que no quieres colaborar conmigo Reese?

-no me interesan tus problemas, tengo los míos.

No podía creer estar diciendo esas cosas, percibía claramente las ganas de matar que tenía Kein. No comprendía como él podía hablar tan pacíficamente en ese estado... la verdad, no sabía si buscaba luchar con él o buscar una apertura para poder escapar.

Kein se hecho a llorar... sólo lo sabía por los lamentos, los lamentos de un niño.

La lluvia aumentaba su intensidad, parecía que el agua cayese/subiese desde abajo.

Debía darle un descanso como el que Kein él dio a Samara? No podía comprender de donde nacían esos deseos de callar sus insensateces, de que dejase de mover su boca, de estar fuera de esa presión asesina... Corrió... no sabía en que dirección, todo lo que veía era oscuridad y algo de luz que manaba de él, sentía las gotas caer sobre su empapado cuerpo, escuchaba cada vez más lejanos los gritos de Kein llamándole... ambos se estaban perdiendo en esa sala... quizás la puerta no estaba tras Kein, quizás él la había perdido, pero creía tenerla cerca... llegado un punto se topó con una vieja y astillada puerta. Tan vieja que ya casi no quedaban restos del barniz, la manilla chirriaba destemplada y oxidada... la abrió sin pensarlo mucho.

No apareció en donde esperaba... los ojos le dolían, demasiada luz. Parpadeo repetidas veces, era muy distinto a los discos de la torre. Inmediatamente recordó aquel calabozo en el que lo encerraron repetidas veces por miedo... naturalmente no era lo mismo... había pasado de una sala a otra sin tener que volver a la torre...

Unas manos sedosas recorrieron desde su cintura hasta su rostro, abruptamente le hicieron mirar a unos ojos violetas de largas pestañas... Se echó atrás perturbado...

La ropa de la joven que tenía enfrente llegada a sonar de lo apretada que estaba, vestida totalmente de cuero, donde lo único de color eran sus ojos y parte de su cabello.

-eres el segundo... felicidades. Que joven... no tendrás más de 14 años, supongo... – Reese se tranquilizo... de momento ella no parecía tener malas intenciones. Se sacó la chaqueta, tomó del borde su polera y la estrujó mientras escuchaba a Muren. Su pánico casi se había disipado, la puerta había desaparecido... ahora sólo tenía que preocuparse de esa joven.

-...si estás en busca del libro, está arriba. Para llegar tienes que escribir la escalera – Reese la miró interrogante – hay una pluma, la tiene un general llamado Kouichi, con ella puedes escribir la escalera...

-la verdad es que no quiero el libro.

-pero tu quieres esto, no? – Muren movió un montón de ramas, tras ellas vio más ramas. Enredada entre todas las hojas y raíces de la hidra vislumbro la cara de Laine ahogada de verde. Reese palideció, Muren se acercó y le tapó la boca – podría ayudarte a recuperarlas... sólo necesito la pluma. – y lo soltó al ver que ya no quería gritar.

-pero si la tienes allí ya, no creo que necesites la pluma para traerla.

-no deja de ser la muñeca que viste en el campo de batalla. Puedo arreglar eso sin que tengas que matar a Clennad.

-no necesito tu ayuda... como salgo de aquí? – dijo exasperado al ver nuevamente el rostro de Laine, el verla más cerca mientras Muren dejaba que colgara uno de sus brazos de la prisión de ramas.

-es que no es sólo ella... Reese – susurró sedosamente apareciendo frente a Reese. El pobre chico observó nuevamente la maraña de ramas mientas aparecían el rostro de Katt, Sefora, y una joven más. – bueno, a ella no creo que la conozcas... pero yo sé que desde hace mucho está enamorada de ti...

Reese tragó saliva... quizás eran una ilusión... quizás otra pesadilla. Pero allí estaban.. tan cerca... aunque no fuese verdad necesitaba salir de allí y matar a ese bastardo.

-como salgo...? – Muren movió su cabeza para que viera una puerta corrediza de madera.

Al moverla se encontró nuevamente en la torre. Ni un solo rastro de una puerta tras de él, ni de la hidra, ni de las chicas.

Se volvió hacia aquellas puertas más familiares y entró a un salón de fotografía.


Muren se arregló un poco el cabello al sentir como llegaba alguien a la sala. Se sonrió a si misma, las chicas que llegaban a algún lugar con los ojos brillantes y temerosas eran fáciles de manipular.

-que se te ofrece? – su ropa era una camisa simple, negra y un pantalón sencillo también negro.

-busco a alguien.

-todos buscamos a alguien, sólo que yo ya me rendí. Pero he visto mucha gente pasar por esta sala... – claro, había visto pasar a cuatro, sólo que uno estaba con ella en la habitación.

-en serio! Haz visto a un chico un poco más alto que yo con cabello negro peinado hacia atrás??

-que tiene pinta de maleante?

-si! Lo haz visto?

-pasó por aquí hace unas horas... pero por como funcionan estas puertas puede que te encuentres con él... allí está – movió a Keiko para que viese una roñosa puerta entre la hidra.

.gracias!! no te rindas, ya encontraras a tus amigos!! – dijo alegremente Keiko pasando por la puerta.

-...no te preocupes Keiko – dijo sonriendo aún después de cerrada la puerta – mi amigo es una pluma y ya hay gente buscándola por mí. Tu no me sirves...


Zera abrió la puerta sin muchas esperanzas, simplemente esperaba encontrarse con alguien. Y así lo hizo. No se extraño de que durmiese, aún en aquella extraña sala, donde caminaban sobre el aire dejando ver bajo sus pies un enredado sistema de tuercas, en la parte superior de la sala una cúpula donde había una gran cantidad de aves tropicales volando de un lado a otro. Cada cierto tiempo de los tubos que formaban la cúpula caían granos.

Zera se sacudió los granos, y al acercarse a Movern lo vio cubierto de cientos de pajaritos. Aunque le picasen, él no parecía querer despertar. Espantó a las aves para confirmar si estaba herido. Al espantarse las aves, entre plumas, patas, alas y granos logró observar los ojos verdes de Morvern.

-general – musitó levantándose mientras sacudía su largo abrigo. – estaba descansando.

-no hay nada que justificar. Y tus compañeros? – preguntó serenamente.

-los estaba buscando.

Esa fue toda la conversación, ambos eran tremendamente lacónicos. Zera le hizo un gesto con la cabeza y continuó su camino. Morvern desorientado encontró la puerta de la cúpula y llegó a una sala muy vieja cubierta de plantas. Dentro encontró a una joven vestida de manera muy peculiar; usaba un delantal gris semi-transparente que dejaba ver la elegante ropa que llevaba abajo. Era extraño.

-alguien más que ha llegado... – susurró Muren llevando una rosa blanca. – escuché que buscabas a alguien...

Morvern continuó en silencio.

-pues, él te buscó, y ocurrió algo terrible. Entro en esos trances que conoces, y si no le respondían los mataba... él es todo un caso.

-...Cómo puede ser que lo sepas? Si lo viste debió de haberte matado también.

-es por que ya estoy muerta. Esta torre puede hacer esas cosas. Si de verdad te importa tanto como tú a él; ayúdalo!! – suplicó - unas personas le dijeron que te habían encontrado y lo están usando para pasar de sala en sala!! Ayúdalo!! – la voz de Muren se quebró y desapareció dejando una puerta.

Morvern la atravesó. Se rió de la actuación de Muren. Ishii no era tan idiota, conociéndole, ya debería de estar tirado por ahí llorando, como cuando le conoció.

Abrió la puerta nuevamente, prefería moverse a estar por ahí. Se impresión de la tranquilidad del lugar. El camino estaba acompañado por una hilera de árboles otoñales. Se extrañó al encontrar unas armas abandonadas llorando sangre en medio del camino. Vio huellas y supuso que alguien había luchado por allí; nada fuera de lo común. Al seguir caminando se encontró con la mansión que había visto a lo lejos, frente a ella, en los extensos jardines encontró unos bultos. Y reconoció esa manera de matar tan ingeniosa. A aquel hombre le habían destrozado el cuello utilizando unas simples pinzas de las que se usan para avivar el fuego en las chimeneas. Cuando encontró a otro para constatar si era o no Ishii el responsable se encontró con un clon de si mismo, también muerto, el cuerpo no tenía marca alguna, simplemente estaba muerto. Lo único que notó fue un escaso rastro de sangre en los labios del cuerpo. Otros tres cuerpos habían sido mutilados con algún tipo de espada.

Entró a la casona dio vueltas por habitaciones que intentaban ser como las del palacio de Versalles... se entretuvo dando vueltas por los pasadizos secretos hasta llegar un pasillo que distaba mucho de los otros del lugar. Era un roñoso lugar con un roñoso armario. Abrió las puertas y se encontró una pequeña colonia de ratas. Se intereso en el interior; estaba vacío. En el fondo, observó unos dedos marcados sobre el polvo. Empujó un poco y cayó precipitadamente hacía otro lugar; la torre de las puertas una vez más.

Una mano se acercó a ayudarle.

-estás cubierto de polvo – comentó Gon.

-parece que estabas en un lugar muy desértico – trató de deducir Kurapika.

-estaba sucio. – dijo sacudiéndose el abrigo una vez más... estaba empezando a molestarle el vestir de esa manera, si tenía que limpiar tenía mucho que limpiar.

-creo que a mí me pasó lo mismo – dijo Ishii detrás de Morvern.

Morvern se dio vuelta lentamente. Era bastante más alto que Ishii.

-te buscaba – dijo.

-ya lo sabía. Yo también.

Ishii sonrió cerrando los ojos. Morvern estuvo mudo... vaciló durante unos instantes mientras Kurapika, Gon e Ishii se acercaban a la puerta. Rápidamente, dando enormes zancadas llegó antes que ellos a la puerta y la atravesó.

Ishii desesperado abrió la puerta nuevamente... pero no era el mismo lugar al que había ido Morvern.

La abrió reiteradas veces pero seguía siendo el mismo lugar. Kurapika lo intentó también, dando una habitación distinta a la de Ishii pero mientras fuese él quien la abriese no cambiaba. Al final tenían tres opciones a las que ir, pero ninguna les servía para perseguir a Morvern.

-sólo tenemos que escribir en el libro. – dijo Gon intentando reconfortar a un depresivo Ishii.

-no es ese el problema... Morvern estaba enojado...


-si, creo haber visto a alguien así por aquí. – respondió Muren pensativa. – aunque no dijo mucho, me vio y no me tomó muy en cuenta...

-Ren es así. – dijo riendo levemente Horo-horo... cohibido frente a la tímida chica.

-no te quiero decir a donde fue! – dijo encogiéndose y agitando la cabeza.

Horo-horo la encontró adorable...

-no me hará nada... no es una mala persona a pesar de todo. –

Kororo tiraba la manga de Horo-horo... no le agradaba aquella chica,

-no seas celoso Kororo... – y le extendió la mano a la chica. – ven conmigo, yo te cuidare. – dijo con una voz de macho que normalmente no tenía.

Muren se negó como si le hubiesen hecho una propuesta indecente, Horo-horo desconcertado trato de corregir... algo que no entendía muy bien.

Al final Muren le indicó una puerta mientras se encogía, paranoica, en un sector (por que la habitación era redonda, no tenía rincones).

Horo-horo cruzó y cayó al vacío.


La lluvia dejó de caer en cuanto Reese se perdió en la oscuridad. Era todo una sensación, las gotas que caían más allá. Pero ya no quería más lluvia, corrió hacia donde se suponía estaba la puerta, pasó pisando sobre el cuerpo de Samara, una muñeca salió despedida por el aire. Un pequeño haz de luz la cortó a la mitad. Y de alguna manera parecía sufrir, aún con su cara inexpresiva.

Una vez en la torre recorrió puerta tras puerta. Una le llamó mucho la atención, era casi sarcástico, la peor broma que le podrían haber hecho.

Conocía esa abandonada colina, con su calva hierba, su cielo siniestro con algunos leves tintes naranjas en las nubes... una luz del infierno, quizás. Puso sus manos en los bolsillos y camino con perezosas zancadas hasta el otro lado de la colina, pateando piedras de vez en vez... finalmente la diviso.

Era una casucha de perdida elegancia, las rejas que la protegían dobladas de manera tétrica, las ventanas manchadas con el polvo de los años y ceniza de una chimenea, las tablas mohosas y porosas, ya grises. La clásica casa de una vieja película de terror con las hierbas y malezas creciendo desmedidamente alrededor y una que otra planta más fina. Siendo otoño todo tenía un color amarillento, castaño o rojizo, claro a excepción de la casa.

Un crujido sonaba con eco. Algunas altas hierbas se movían de manera regular, camino aplastándolo todo y vio una mujer joven vestida de negro con una cruz de madera colgado de su cuello.

Era una monja con el velo caído.

Se balanceaba sobre una silla muy vieja que crujía muchísimo, rodeada también de una gran cantidad de botellas verdes vacías. Abrazaba una de ellas. Había un hedor...

-...es un enviado del demonio... he terminado tomándome el vino de consagrar.

-quién?

-ese niño... – su voz era gutural y seca. Aún no veía el rostro de la mujer.

Nada de todo aquello le asustaba, pues él ya conocía todo eso. Sabía que tenía que hacer exactamente, ya había estado allí unas tres veces. Y era ese niño el que tanto le interesaba.

Movió la cortina de hierba y entró a la casa, que milagrosamente se sostenía, parecía balancearse continuamente. A cada pasó una pequeña nube de polvo se levantaba. Y no era ninguna idea errada; la casa de balanceaba crujiendo.

Subió, y se encontró con un gran dormitorio, habían algunos niños durmiendo... había uno ovillado observando por la ventana. Le llamó la atención la coloración del cabello del niño, una mitad era blanca y la otra era rojiza... le encantaba, esa coloración era a causa de una fuerte emisión de nen.

Todos los que dormían lo harían para siempre...

Vio al niño observarlo ciego; sus ojos opacos.

-tus amigos ya no pueden jugar contigo... no a lo que tu juegas. ¿no quieres tener más amigos? Unos con los que puedas jugar? Ellos te extrañaran... pero ahora debes irte. Por que ya no pueden jugar contigo.

El niño se paró y se tomó de la mano de Kein.

"cuando llegó era por que su madre había muerto contagiada de una enfermedad atendiendo a enfermos de guerra. Su padre había vuelto a casa con una pierna menos. Hizo lo que pudo para cuidar al niño, pero el niño no parecía necesitar ser cuidado... Su padre murió de inanición por no poder trabajar; su herida fue mal tratada, había adquirido gangrena y se había agusanado. Los vecinos lo trajeron aquí. Al principio era un chico muy bueno, algo tímido pero valiente. Siempre estuvo de parte de sus amigos... pero con el tiempo, entre más feliz era, la casa más se tambaleaba. Algunos niños empezaron a temerle, hasta que finalmente se quedó casi sólo; ellos le culpaban de todas las cosas que ocurriesen. Cuando se vio frente a esa deslealtad un día tuve que salir de la casa... todos escaparon, algunos se deshicieron!!, se deshicieron!!... no me puedo ir... quiero entrar... pero sigue esa bestia allí..."

Esa mujer tomó aire sonoramente al ver al niño allí... Kein pudo ver finalmente su cara, había un agujero negro en su cara, estaba llena de pequeñas moscas... si no trataba ese ojo que le faltaba con algo más que vino, su vida se terminaría tan pronto como lo que duraría la casa...

Ya cruzando la reja, la casa se derrumbo.

El niño le tiró llevándolo hacia la cima de la colina, allí arriba observó una puerta caída en el piso. Kein abrió la puerta y se lanzó dentro.

Cayó sobre una joven... una posición comprometedora si alguien les viese. La joven lo miró durante un instante con sus largas pestañas... y finalmente chilló.

Kein se quitó bastante desilusionado.

-si no te gustaba debiste quitarte cuando caí.

-no es normal que la gente caiga del techo. – Kein observó el techo, estaba bastante cerca de sus cabezas... algo de lógica tenía. - ...ERES TÚ!! TU FUISTE!!

-perdón?

-QUE MAQUIAVÉLICO!! PRIMERO MI HERMANA Y DESPUÉS YO... QUIEN TE CREES?

-de qué rayos hablas?

-TÚ PERRO!! – Kein continuaba observándole desconcertado... – VE A BUSCARLO!! QUE POR LA MALDITA PLUMA!!

-de que rayos hablas? Es la primera vez que te veo en mi vida.

-NO, AHORA SOY SORDA... TE VAS... TODO ES TU CULPA!! TODO ES TU CULPA, TODO ES TU CULPA, TODO ES TU CULPA, TODO ES TU TODO ES TU CULPA, CULPA, TODO ES TU CULPA, TODO ES TU CULPA, TODO ES TU CULPA, TODOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOoooooooooo!!!! – la joven se tiró al piso pataleando en un gritó que duro unos dos minutos... sólo el final.

-qué? De que hablas?

Muren se lanzó sobre él, se pegó con el a la pared y lo empezó a estrangular con las hiedras.

-como todo es tu culpa... vas a buscar la desgraciada pluma con Kouichi y te daré el libro... – dijo suavemente. Kein no respondió, Muren lo azotó contra otra pared, al caer al piso las piedras se movieron a un lado y cayó en la torre.


La noche... todo era sólo tejados, techos, cornisas y torres. Una cuidad azulada cubierta por la noche estrellada. Y una impactante luna. Ni una sola luz en las ventanas, y no habían calles entre los techos. La cuidad se extendía hasta el horizonte.

Cloud iba de la mano de un niño, un chico vestido con una camisa que le quedaba muy grande.

Él saltaba, el niño también lo hacía.

Ambos tenían un fulgor fantasmal en sus rostros, el abrigo de Cloud ondeaba como una pasiva bandera.

-...es una linda noche... – se atrevió a decir el chico.

-si quieres podemos quedarnos aquí... quizás venga tu hermana.

-no, ella nunca podrá llegar hasta aquí.

-como desees, como estas tan asustado creí que si encontraba una sala que te gustase... pues todo estaría bien... yo quiero que...

En un campanario vio la silueta de alguien admirando la luna.

-espérame aquí.

Cloud dio un gran salto, se colgó de la punta del campanario, tomó impulsó y entró limpiamente por los arcones. Allí escuchaba alguien música, podía oír claramente un cello, un bajo, y una batería.

El joven resplandecía igual que él, blanquecinamente. Vestía de manera muy común, nada en él era peculiar, sólo el hecho de que pudiese dormir allí... siendo supuestamente normal.

El joven sin dejar de mirar la luna, le dirigió unas palabras:

-el niño está muy asustado?

-creo que ya no tanto, ya no repite a cada instante el nombre de su hermana y puede hablar cuerdamente.

-y estás tú cansado?

Cloud tomó asiento a su lado. Miró de reojo a donde había dejado a Kris, el niño estaba acostado sobre unas tejas mirando las constelaciones.

-llegué en el último grupo a la isla... y ya estoy cansado. Cualquiera de nosotros podría ser un gran estratega, pero nunca usamos nuestras habilidades en beneficio de todos como es debido... me han hecho trabajar demasiado. Creo que hoy he matado demasiada gente...

-eres un asesino justificado?

Cloud rió, y miró tristemente a Kris.

-logré ver algo de tu bando, jefe de los rebeldes. Y lamente mucho tener que matar a tantos de tus alumnos. Aunque ya no tengo ningún remordimiento, sólo quiero irme. Matar a más de 2 personas en una sola batalla; para mi es demasiado.

-eres bastante haragán.

-me dedico a dejar trampas, las trampas matan a la gente, no yo.

La música que escuchaban ahora era un jazz cantado por una voz de mujer muy profunda y alegre.

-yo también estoy cansado. Siempre he sido así, aprendo todo a medias, y quizás como nunca aprendí lo que seguía no puedo continuar desde el punto que desconozco. Pero por primera vez en mi vida aprendí completo algo; el sistema de esta isla y el libro. Pero ya no quiero perder a mis amigos... y no se que hacer; si dejo la pluma alguien la encontrará y la usará y desde entonces todo lo que ocurra después será muy incierto.

-y si escribes que nadie sea capaz de encontrar la pluma?

-pensé en eso. Pero no se escribir bien. Por eso era seguro que yo tuviese la pluma.

-y que? Piensas que yo lo escriba?

-o si no, no me hubiese dejado visible. Confió en un asesino que es capaz de llevar a un niño pequeño.

-bien... dame la pluma. – contestó dudoso.

Kouichi la hizo aparecer; era una pluma larguísima (unos 3 metros) de color blanco, el centro con un brillo perlado y nada fuera de lo común a parte de eso.

-dicen que sólo los espíritus y la pluma pueden escribir en el libro. El problema es que si quieres escribir más de una frase necesitas a alguien especial. Pero tú sólo escribirás "que nadie pueda encontrar alguna vez la pluma para este libro".

-y esa persona es la escritora...

-no es que haya nacido con la capacidad, es simplemente que tiene la capacidad. Ella no piensa en otra cosa que no sea escribir y leer. Una persona que sólo desea escribir, que no lleva ninguna intención a parte de lo que expresa al poner tinta en papel... pero, tú no la necesitas.

-perfecto. – Cloud tomó la pluma y la hizo desaparecer.

-entonces yo me iré a buscar a los míos. Un gusto, ojala nos volvamos a ver, para devolverte el favor.

Kouichi se fue con un country de fondo, Cloud fue a buscar a Kris. Invitó al chico a que se marchasen. Más el insistía en ir hacia la luna. Para demostrarle que era técnicamente imposible, lo tomó del brazo y saltaron. De pronto la luna se aceleraba y estaba en frente de ellos, al punto en que pudieron pisar sobre ella. Una vez allí, notaron que no era tan grande, y su luz era más interesante; no era sólo blanca, si no también de cientos de colores. Caminaron sobre ella, sin caer, sin sentir que todo quedaba al revez. De pronto Kris se inclinó y tiró de algo. La luna se apagó y saltó dentro de la puerta que había abierto. Cloud extrañado le siguió.

La puerta tras ellos se encogió en un circulo. Y la luna se volvió a encender de la misma manera en que lo haría un tubo halógeno viejo; dando cortos periodos de luz en frecuencias cada vez más rápidas. Hasta recuperar su brillo nacarado.

Kris se puso detrás de Cloud. Se dio la vuelta y se asustó al ver una mujer... suspiro al sentirse ridiculizado... era sólo un dibujo en la pared. Muy real... pero no dejaba de ser un mero dibujo.

Bueno, al menos habían llegado a un lugar distinto. El único inconveniente era que no había una sola puerta. Buscaron entre las hiedra sin resultados.

-perdón... – se disculpó Kris.

Cloud lo ignoró... tenía que haber algo. La hiedra atravesaba el techo por las orillas, tenía que haber algo para salir, si habían entrado...

Kris gritó. Un espejo dorado comenzó a flotar entre el dibujo de la mujer y él.

-guarda eso por favor. – Cloud lo tomó, teniendo cuidado del pequeño demonio que había en el espejo... quería morderle.

La mujer cuando la había visto por primera vez estaba parada y miraba de manera neutra. Ahora estaba pegada hacia el frente, como si hubiese un vidrio.

-sal de ahí. Puedo sentir tu aura.

El dibujo tomó volumen y cayó de rodillas.

-quiero salir de aquí. Que hago?

-escribe una escalera... – eso fue todo, y perdió su volumen y pasó a ser el dibujo de la espalda de una mujer inclinada en el piso, sobre el piso.

Cloud sacó la pluma, la miró extrañado. Con cada cosa que aparecía no le extrañaba aquella indicación. Movió algo de hiedra, soplo el polvo y escribió.

Kris y él observaron como de la pluma salía tinta de color negro. Se alejaron, la tinta empezó a escurrirse formando un rectángulo que llegaba hasta el piso en su largo, otro mucho más pequeño se dibujaba a un lado, llenándose de dos circulo ubicados en línea. Después otra línea atravesó el centro, de manera doble, del rectángulo mayor. Poco a poco se fue coloreando, tomó un color plateado de metal algo destemplado, un marco más brillante, el rectángulo más pequeño también y sus círculos se pintaron de un blanco lechoso, cada uno se pinto con un triangulo negro, uno indicaba el techo y el otro al piso.

-un ascensor. – lanzó Kris.

-las escaleras están pasadas.

Apretó el botón para subir, la puerta se abrió, dentro era todo de piedras.

-no hay botones.

Cloud escribió, "botones para subir al libro", "alfombra", "espejos".

El suelo se alfombro y se vieron reflejados cientos de veces en los cristales. Varios botones aparecieron, uno tenia una "L". Lo presionó, el ascensor subió. Sonó una campanita y se abrieron las puertas.

La sala era tan antigua como la anterior, cubierta de hiedra y moho, pero mucho más sofisticada. Las baldosas del piso hacían un bello diseño que daba énfasis a un gordo libro, que pasaba y pasaba paginas, en el centro de la sala. Estaba bastante oscuro. Caminaron dudosos, Cloud sosteniendo la pluma, listo para escribir.

Kris cayó al piso. Una voz femenina se quejó.

Cloud provocó luz con nen. Vio a la escritora retorciéndose apenas por la manera en que la habían amarrado. Kris la miraba desconcertado.

La desataron y la ayudaron a moverse. Pues, alrededor de 20 horas de esa manera entumece a cualquiera, y más si esta conciente.

La chica se pasó las manos por donde estaban marcadas de morado las ataduras.

-como llegaste aquí?

-me ataron y después aparecí aquí. No se encontraron con Yusuke, Zera o Kurama?

-para nada. Estamos demasiado dispersos y muy perdidos. Sólo me encontré con él... que estés aquí cambia las cosas.

Kris miraba como pasaban las hojas del libro, se le notaba en la cara las ganas de tomarlo en sus manos.

-tengo la pluma – Cloud le presentó la blanca pluma. – con esto puedes escribir en el libro...

Hyo no le dejó terminar, le quitó la pluma de las manos, detuvo el pasar las hojas y dejó que se acumularan sobre su mano. Escribió antes de que Cloud pudiese decir algo.

"maldita esta hidra que me ata".


Mitarai Sumire levantaba con cuidado su vestido. El piso era peligroso para su traje; las rosas le amenazaban con sus largas espinas. Rojas como un rubí le despedían, agradecidas por el brillante fulgor otorgado... ya que antes eran níveas.

Al abrir la siguiente habitación se encontró con un desierto extenso, en el horizonte podía notar el mar. Sobre la blanca arena habían una gran cantidad de tinas. Caminó revisando las tinas, quizás dentro de ellas estaba la siguiente puerta. Escuchó un gemido muy resonante. Dio un saltó y diviso una bañera que tenía un ocupante dentro. Cayó cerca, apenas levantando polvo.

Era Noa, parecía estar seriamente herida. Su rostro era atravesado por un hilillo carmesí, sus labios florecidos de heridas, y uno de sus brazos parecía dislocado. La tina estaba rota en algún lugar, y goteaba mucho. La levantó y observó que corría sangre por todo su brazo, y a juzgar por la herida de la cabeza llevaba no mucho tiempo de esa forma. Era una herida muy grande, le había atravesado todo el hombro. No sabía mucho pero quemó la herida para que dejase de sangrar al menos...

La tierra vibraba aún, y una onda leve de aura llegaba hasta ella.

Desapareció un instante, para reaparecer muy lejos de donde estaba Noa. Había una gran piscina. El agua se agitaba por algo que no se reflejaba en ella.

Mitarai dio un pequeño paso y vio suspendidos en el aire a Sorento, y frente a él a un joven delgadísimo que parecía ileso. A diferencia de Sorento, quién parecía no poder utilizar un brazo y un ojo. Sorento con un brazo menos no podía usar su arco y flechas. Sumire observó no muy convencida al joven que atacaba a Sorento, le dio un violento golpe con las palmas de las manos. Después, antes de ver el resultado descendió lentamente sobre el agua, se sacó los guantes. Al instante, Sorento cayó en el agua, y el joven salió despedido muy lejos.

-Señorita Sumire... – musitó Sorento al asomar su cabeza, realmente impresionado.

-permites algo de ayuda, Rune? – consultó quitándose la capucha.

Una gran ola se produjo desde la dirección del joven. Sorento salió del agua apresurado, en el momento en que su cara de impresión observó la ola, Sumire ya estaba frente al joven, quien tenía una de sus manos apuntando hacia abajo, un largo collar de cuencas sumergido se dirigía hacia, donde ella estaba unas milésimas de segundo antes. En ese momento notó la tenida del joven. Usaba una sotana, no era religioso, pero parecía uno. Quizás el collar era una imitación de rosario. Sumire simplemente juntó sus manos en un único puño y lo golpeó hacía abajo. El joven se mantuvo en la posición que tendría al recibir el golpe, pero sin moverse. A continuación tomó del brazo a Sorento, la ola fue redirigida con algo de ren, y El joven se hundió juntó con una gran explosión que produjo una efímera lluvia.

-...ni si quiera te detienes a ver cuales son sus habilidades... – Sorento se limpió el ojo.

-la vi atrás, supongo que estará bien. Para mi no es importante la habilidad de otra persona si es más lenta que yo.

-no aceptaré tu ayuda. Llévate a Noa por favor.

-Supongo que saldrás con vida.

-no está a tu nivel. Parece no percatarse de la manera en que luchas.

Sumire no discutió, le vendó el ojo con un pañuelo y quemó la herida de su brazo. Después desapareció.

El joven salió del agua bastante molesto. Se quitó la pesada sotana.

Sorento empuño una de sus flechas como si se tratase de una espada.

El joven materializó una cruz de gran tamaño y se defendió, mas la cruz empezó a derretirse.

-déjame saber tu nombre antes de que te mate.

-nunca tuve la intención de hacer eso. Sólo quiero lo pluma.

-...qué pluma?

-Bardiel... – el hierro fundido desapareció. Una gran cantidad de hojas de Biblia pasó entre ellos separándoles. – entonces no la tienen.

-...aunque no la tenga... la heriste.

El arco de plata apareció, seis flechas en su otra mano se dispusieron a ser disparadas.


Le divertía cada una de las habitaciones, ahora atravesaba un libro gigante. Las letras eran unas cinco veces más grandes que ella. Voló un poco, por curiosidad de saber sobre que estaba caminando.

"...opopónaco se dice... con sus opopónacas garras..."

"Casa Negra".

Un libro de terror, quizás.

Una vez abajo...

TÚ!!! DONDE ESTÁ ÉL??? TIENES QUE SABERLO!!!

Era Rei. Era difícil saber por quien preguntaba. No sabía si era por Shun o por Haku. Era bastante fácil esquivarla en ese estado.

-no sé a quién buscas, Rei.

-...el líder de los rebeldes... donde? Donde? – preguntaba dando golpes muy lentos. Kidara los detuvo uno a uno hasta detener sus brazos.

-no seas ridícula. Yo prefiero salir de aquí antes.

-ella los tiene... ella lo tiene... tengo que tenerla... tengo que tenerla...

Kidara se aburrió de su palabrería y le dejo inconsciente.

-ojala cuando despiertes pienses mejor... estas hunters de hoy...

Era muy agradable la sensación al pisar el papel, y más por que ella iba descalza. De pronto una sombra inmensa la cubrió, dando vuelta a la pagina. Logró divisar un ojo inmenso, al ser lanzada observó que una "O" estaba pintada por dentro. Se aventuró dentro de ella.

Rei salió despedida por los aires.

Chocó contra una pared de piedra, y se quedó pegada a ella. Una hiedra que crecía por toda la habitación la amarraba. Se soltó de las ramas como si fuesen de hilo, y se dirigió a un ascensor que había en el fondo... ni si quiera alcanzó a presionar el botón cuando algo le tiró la túnica. Molesta pisó lo que creyó que era hiedra, en vez de eso, resultó ser una mano humana. Una mujer estaba allí, no había sentido su presencia. Agonizante se colgó de Kidara para que no llegase al ascensor, Kidara le ignoró y la arrastró para llegar al botón. Si no quería que fuese a otro piso era por que, quizás, algo interesante ocurría. Las puertas del ascensor fueron cubiertas por la hiedra, Kidara se dispuso a cortarlas, mas se detuvo. Tenía que ser una ilusión; allí estaba Killua.

Tiró a la mujer que colgaba de sus ropas y exigió una explicación.

-...si me traes la pluma lo liberare...

-no, pregunto por que no lo sueltas. Si no lo haces ahora mismo no mediré las consecuencias.

-por qué no aceptas el trato? Kurapika y Gon lo siguieron.

-no tengo por que seguir un trato teniéndolo en frente mío... – Muren hizo un gesto disimulado, Kidara ató a Killua con un lazo azul. – no te lo llevarás de nuevo a la planta.

-si no lo sueltas, quizás se destroce... la hiedra sujeta tan fuerte como tú, imitara la misma cantidad de fuerza que tu uses.

-...no me interesa que Gon o, incluso, Kurapika hayan seguido tu trato... no creas que hago esto por que sea mi amigo, lo hago por que no me deja entrar al maldito ascensor... pero entre los dos prefiero destrozarte a ti.

-por qué tan apurada...? en la Torre de Kyobi nunca pasa el tiempo.

-en relación al exterior. Eso ya lo sabían los de informática... mi problema es que se acerca alguien que no me agrada que venga. Quiero llegar antes que él a terminar este tonto asunto del libro.

-y como sabes que allí está el libro?

-por que es la última puerta.

Muren presionó el brazo de Kidara con fuerza. Kidara la soltó, su condición física no era la mejor, las heridas de la batalla con Clennad aún ardían.

-si sabes lo de la puerta, entonces eres peligrosa... entonces también conoces lo de la regla del nen...

-más o menos.

-la última persona que tenía conocimiento sobre todo eso... esas personas murieron hace más de veinte años. Dudo mucho que tengas esa edad.

-tengo algunos recuerdos de esta sala, por que parte de mi alma estuvo aquí hace tiempo. Sólo se claramente lo de la última puerta.

Las hiedras rodearon a Muren, se entrelazaron por su cuerpo y la ayudaron a moverse.

-después de terminar contigo... mataré a la escritora... – susurró.

Killua soñaba con Clef, ella le abrazaba de manera terrible... se estaba ahogando... era una terrible pesadilla...

La presión aumentaba y aumentaba, se le rompían las costillas, un sabor metálico le llenó la boca... finalmente gritó...

El grito se tradujo en un leve parpadeo. Observó las verdes hojas sin comprender inmediatamente...

-me voy a morir...

De momento sólo sabía que tenía que respirar.

Si, esa planta era un estorbo... había que eliminarla.

"maldita esta hiedra que me ata.."

Muren dejó salir un lamento mientras caía. La hiedra estaba seca...

Kidara observó entre impresionada y asustada como las zarpas de Killua destruían todo a su paso. Esperó que terminase con la mujer, pero cuando la volvió a observar era un dibujo en el piso...

-esto no me agrada... – Killua se acercaba peligrosamente. Aunque... tratándose de Killua no tenía de que preocuparse; no había razón para contenerse.

Era inesperadamente rápido, ni presentaba emoción alguna al atacarle. Era difícil...

Al final se vio algo desesperada; no sentía una pierna tras una descarga eléctrica... tenía que concentrarse, sólo tenía que evitar darle un golpe de muerte. Por instantes perdía a Killua...

No.

El ascensor estaba abierto... se lanzó dentro antes de que su instinto también la dominara. Pobre del que entrase a esa sala posteriormente...

Había un único botón... la maquina subió lentamente. Sonó la campanilla y al abrir estaba de nuevo en la sala; Killua la esperaba en el centro.

Ella era la pobre que había entrado a la sala posteriormente.

Las piedras en las paredes se corrieron, una puerta se abrió.

Vio el reflejo de unos anteojos; Takashi. Pero al ver la situación cerró inmediatamente la puerta.


Sakura estaba nerviosa. A pesar de que siempre se habían entendido muy bien, al punto de ser capaces de encontrarse dentro de la torre; no era capaz de hacerle salir de esa sala... De primera estaba preocupada, por que no estaban cumpliendo lo que deberían hacer una vez dentro de la torre y segundo... el lugar.

Era una enorme sala a estilo de Versalles, ellas eran las únicas mujeres dentro. A pesar de que habían personas con vestido... Garnet estaba fascinada.

Todos eran jóvenes, algunos un poco más maduros que otros. Los que vestían de dama tenían rasgos delicados y exuberantes cabelleras. Era difícil pensar que no eran mujeres, si se omitía el detalle de que ninguna tenía busto. Bailaban, conversaban aquí y allá, algunos parecían ser serios en los asuntos de pareja...

-es demasiado genial, Sakura...

-Garnet, por favor vamos nos...

-olvídalo. Todo deben de estar perdidos a nadie le extrañará que no lleguemos al libro. Y el que hubiésemos llegado a esta sala es demasiada suerte.

Sakura siguió rogando... pero a pesar de todo permaneció a su lado.


Maya miraba dudosa a Leann. Ambas dominaban un arte similar... si llegaban a luchar seria muy complicado.

Leann no paraba de hablar respecto a Kouichi y una pluma. Y Maya sólo quería estar en una sala donde no estuviese Leann. Lo sabía desde siempre... que Clennad y Leann no pertenecían a ningún bando.

-cuidado con las ventiscas... podría darte pulmonitis...

El ambiente era propicio para que las habilidades de Leann tuviesen mayor velocidad... estaban dentro de un castillo de hielo lleno de puzzles que se armaban y desarmaban solos. Tenía mucho frío... Leann estaba técnicamente muerta, no debía de afectarle mucho...

-claro... aunque te quite un par de órganos de todas formas no te pasaría nada... –Maya sacó su bisturí – entonces tendré que diseccionarte para saber como falleciste... – declaró amablemente.

-te convertiré en un lindo cadáver...

-Será mejor que te pongas algo de anestesia...

Leann se quitó todas las pulseras de un brazo para dar a conocer una intravenosa encarnada en palpitantes venas. De su bolsa saco una barra de metal extensible y una bolsa de sangre, se conectó la intravenosa y por debajo de sus uñas empezó a manar lentamente sangre...

-creo que con una bolsa será suficiente. Siendo Maya, deberías poder comunicarte con casi todos... donde está Kouichi?

-podrías haber preguntado eso primero. – Sacó una botella de su bata. – por tu descortesía y por que nunca me agradaste te haré el procedimiento adecuado.

-es una llamada superflua...

-aún estoy bajo su mando, así que... creo que le defenderé un poco.

La barra que llevaba Leann estaba cortada al final, parecía más bien una estaca a un pedestal para sachets de suero o sangre. Ambas se salpicaron de la sangre que derramaba Leann, quien hacía todo lo posible por mancharla. Leann parecía muy contenta, sus ojos se abrían a más no poder a medida que Maya se teñía más y más de rojo.

Maya tomó la botella que había sacado antes de empezar la batalla y se la roseó encima. La sonrisa de Leann se borró inmediatamente al captar el aroma del liquido; alcohol.

-me desesperas... siempre tan pulcra, tan profesional – Leann Cambió de mano el pedestal, ahora intentaba atravesar a Maya con su chorreante mano, para que la sangre entrase dentro, donde no podía entrar el desinfectante.

-...los médicos deberíamos ser así. Y los enfermos deberían de hacernos caso.

Con un rápido movimiento le inyectó en el pecho, justo en el corazón: aire.

Leann se tocó en el lugar donde había entrado la aguja, despreocupadamente volvió a la carga, su arma en ese instante era una tijera. Maya sufrió una serie de rasguños, Se curó rápido después de un nuevo baño en alcohol. Entre el dolor de los cortes no notó una herida en la pierna; una pequeña sutura. Al pasar los golpes, los saltos, la pierna empezó a gangrenarse.

Leann empezaba a tener ventaja...

Maya le lanzó el teléfono en la cara.

-no comprendo...

-quiero que sepas que esta pelea no tiene sentido. Kouichi nunca se dejará atrapar, y las comunicaciones no funcionan.

De hecho la pantalla del celular estaba como un televisor sin antena.

Leann le interesó muy poco. Maya repartía tiempo entre intentar quitarse la gangrena de la pierna y atacar a Leann, defenderse no tenía mucho sentido.

Llegado un instante, Leann sufrió el infarto.

Maya tocó su pierna y sintió algo largo y fino bajo su piel, abrió con el bisturí y vio que era una aguja... la extrajo y se acercó a darle el golpe final a Leann.

-me preguntó que pasara si te curo de todos tus males... el aire que metí tenía aura condensada, era difícil que tu cuerpo lo ignorase. De hecho ahora tienes todas las válvulas de tu corazón tapadas, muerta a o no, si no circula sangre es difícil que te muevas después de un rato y es posible que tengas un derramamiento...

Amarró a Leann e inició la autopsia.


Horo-horo trató de abrir bien sus ojos.

Estaba vacío. Estaba todo totalmente en blanco a excepción de alguna personas que estaban allí.

A lo lejos notó a Ren Tao, un poco más cerca; a Shun. A su lado a Ann.

-qué rayos pasa aquí? Y la torre?

-esto es una puerta. – respondió Ann.

Gen-Kay se acercó a ellos.

-veo que ha llegado otro más... somos muchos los que no teníamos nada que hacer en la torre. – ella hizo esto a modo de saludo y luego se alejo.

-yo ni si quiera pasé por la torre. – agregó Ann.

A lo lejos divisó como algunos jugaban naipes, o pelota. No estaban interesados en lo respectivo al libro.

-yo la verdad sólo buscaba la manera de salir de la torre... entonces a casi nadie le interesaba el libro... – jugó un instante con Kororo lanzándolo un poco.

-...con todo lo que paso creo que todos simplemente deseábamos que se terminase... aprendimos vivir con lo que teníamos, no por comodidad ni conformidad, si no que no deseábamos otra realidad.

-...como llegaste??... – dijo Horo-horo seriamente.

-llegué aquí antes de morir, yo sólo deseaba encontrar a mí hermana antes de que todo terminase... ya no me interesaba el libro... deseaba continuar como lo hacía antes de que me asignaran como doncella de Noa... pasar juntos los entrenamientos... con Reese, con Ishii, Morvern... hasta con Ai...

-no veo a tu hermana.

-... debe de estar en la torre aún.

Entre toda esa nada, había una puerta suspendida a unos diez metros, tan blanca como el resto, tan blanca que era difícil de ver. Cayó una joven, su ropa estaba hecha jirones en varias partes y al parecer estaba inconsciente.

Varios corrieron al verla. Muchos reconocieron ese exuberante cabello oscuro y la piel tostada, la ropa ajustada y de colores, los brazaletes tintineantes...

Al principió, cuando vieron que era Ross nadie hizo mucho. Simplemente la observaron... no les interesaba que pasase con ella. Incluso Shun no hizo nada. Al principio el ambiente era tenso... pero poco a poco olvidaron el cuerpo.

-que cruel... cuando llegué la relación con esa mujer no era buena... – Horo-horo se levantó, sacando unos vendajes de su bolsillo. Ann apresó a Kororo en su mano y lo presionó. –que te ocurre?! Puede morir.

-pues que muera. Ella es culpable de muchas cosas... la muerte es demasiado poco para ella. – Ann soltó a Kororo, que corrió hacia Horo-Horo.

-aún así... no pueden dejar que alguien muera de esa manera frente a ustedes...

Ann no respondió. La respuesta Horo-horo la tenia frente a sus ojos. Todos continuaban con sus juegos y conversaciones; Ross no estaba allí.

Se preparó para llamar la atención de todos antes de ir él mismo a ayudarla... más Yusuke apareció entre la gente, con una vena palpitante en la sien, tomando a cualquiera y ordenándole que algo hiciese.

-hagan algo!! No la van a dejar morir así!!

-...no la conozco, por que no haces tú algo en ese caso? – contestó un joven de extraño aspecto, ojos celestes claro casi blanco y su cabello parecía congelado, su nombre era Tooya.

-maldición... tú la conocías!! – gritó apuntando a Shun.

Se levantó una joven.

-...ya cállense... idiotas... para que dejen de molestar. – era Ivonne, tiró de la mano de Yukina y la llevó donde estaba Ross.

Yukina cerró todas las heridas visibles, Horo-horo le ayudo con algunas vendas a las heridas demasiado profundas. Al parecer la niña había tenido muchísimo trabajo, su aura estaba muy menguada.

-...son unos desgraciados... – comentó Horo al volver con Ann, quería cerrar el tema respecto a lo humanos que eran todos...

-somos unos desgraciados... todos llegamos aquí por conveniencia... y ahora lo hemos perdido casi todo... no cero de haber ganado algo aquí...

-como que no? Por conveniencia a ayudar a otros espíritus como Kororo fui a Tokio, una cuidad del este, me robaron todo... pero encontré a Yoh, a Anna, a Ren... conocí a muchas personas... – A lo lejos observaba con una sonrisa como Anna golpeaba a Yoh.

-...yo conocía a Laine... Reese debe estar desesperado buscándola... yo abandone a ambos... me buscaron y me alejé más aún...

-no creo que una amistad se vaya tan fácilmente por eso... si yo fuera Reese estaría buscando a Laine para que se volviese a encontrar contigo.

La puerta en el aire se volvió a abrir, de allí cayó Katt como un saco. Se levantó como siempre lo hacía; avergonzada y torpemente. No era ninguna muñeca. Ann corrió hacia ella.

-Katt!! – Katt la miró asustada. Ambas cayeron al piso en un abrazo.

-tenía tantas paranoias...que ese tipo podía ser un pervertido a parte de psicópata... o que eras un cadáver que se movía...

-...no entiendo mucho... pero estoy bien... aunque las otras...

-qué pasa con las otras? Está Laine allí?

-...ocurre que estaba luchando con alguien... no recuerdo quien. Me atacaron antes de pasar por una puerta y recordé que quería volver al Coliseo... cuando pasé a la siguiente habitación caí aquí.

-como era la sala? – preguntó frenética.

-era una fabrica... creo que era de ampolletas...

-gracias... quédate aquí, ve con Yukina a que te revise... –

-irás?

-mi hermana mayor necesita ayuda.

Katt le puso sus manos para saltar, Ann pisó, saltó y se colgó de la manilla de la puerta. Al abrir y pasar miró un poco impresionada la torre... antes de cerrar Horo-horo estaba en el umbral.

-..emmm... no pienses mal.. yo solamente... – Horo-horo trató de excusarse...

-gracias – Horo-horo suspiró aliviado y empezaron a recorrer las habitaciones...

Kurama, dejó su asiento frente a Clennad. Caminó entre las cortinas, había divisado una puerta muy lejos, bajo sus pies. Dio un paso, y cayó entre las nubes, entre el cielo. Destrozó la puerta y apareció en una sala de piedra, de forma redonda, tenía una planta de hiedra seca que en algún momento había crecido atravesando el techo... tuvo una leve idea de lo que había ocurrido allí por un gran charco de sangre...

Unos segundos después; puerta a la sala de conciertos de Clennad... entró Reese.

Una sombra tomó a Hyo junto al libro y la pluma; escapó al escribir una puerta, dejando noqueado a Cloud y a Kris. A los quince minutos llegó Alaniz, quién pasó por la puerta escrita por la sombra buscando un culpable al respecto.

Kurapika y Gon encuentran a Kouichi en un castillo abandonado junto a una gran cantidad de sus camaradas. Tras una conversación, comprenden que la pluma está en buenas manos. Salen, entran por otra habitación, y vuelven a la sala redonda de piedra. Ven el charco de sangre. Suben al ascensor sin comprender exactamente que ocurre. Ven la puerta...

Kidara agonizaba junto a un Killua inconsciente un piso que utilizaba el diseño de un tablero de ajedrez...

Blanco, negro, Blanco, negro, Blanco, negro, Blanco, negro; rojo...