X Ego
X Perdidos
A él le gustaba la caída de la noche por que no tenía que hacer otra cosa que estar tendido sin hacer algo.
A ella le gustaba la caída de la noche por que no tenía otra que hacer a parte de mirar el cielo.
Él dormía, ella miraba hasta no dar más.
Él soñaba con poder irse.
Ella pensaba en cosas que le pasaban durante el día.
Él y ella dormían sobre una rama enorme en un único árbol que crecía en medio de una extensa laguna; sus maestro llegaron a esta resolución, ya que él siempre quería escaparse, y ella simplemente no se interesaba mucho donde estuviese mientras pudiese mirar el cielo.
Cierto día la rama cayó con ella al agua, y él ya no estaba. Indignada camino sobre las leves olas hasta la orilla. Un frío filo la detuvo. Ella le pregunto "porque". Él respondió que estaba aburrido. La conversación se extendió hasta que el frío filo se apaciguó enterrado en la tierra.
-...no puedo estar más aquí. Sus reglas, sus dogmas, ellos... no los soporto. Como puedes estar tan campante siempre? Tú también me irritas; no pareces ser una persona obediente...
-no lo soy.
-entonces que? Por que haces lo que dicen?
-por que quiero. Seguir una sugerencia por que me parece adecuada no quiere decir necesariamente que soy obediente, como dices.
-pero todo? Todo te parece adecuado?
Ella lo pensó un instante.
-son cosas que no sé. Por eso creo que lo que me dicen es adecuado.
-...ya veo... en mi caso yo se casi todo lo que dicen.
-pues... será. Entonces si crees eso, no hay nada que hacer. – sin pensar en decir "adiós", ella cruzó las aguas de vuelta al árbol, recolocó la rama caída (la tomó, agujeró el árbol y la introdujo a presión) y no pudo dormir hasta el amanecer, cuando ellos aparecían.
Ese día había algo distinto, parecían más prepotentes de lo normal. Ross estaba muy cerca del agua.
-...a este mocoso le encanta que lo castiguen – dijo introduciendo su brazo en las olas para alcanzar la cabeza de él.
-...no te asusta de alguna manera? – preguntó Haku. Él tenía incontables cortes por todo el cuerpo, todos muy pequeños, pudo ver muchas partes hundidas en su carne a medida que lo sacaban del agua. Chorreaba agua rojiza de manchas de sangre seca.
-la verdad no. – dejó pasar un instante la imagen de un animal al que ella acababa de abrir. – no creo que a mí me ocurra.
-...le interesas poco... – dijo Ross en un tono penoso hacía él, agitándolo.
-yo creo que al él tampoco le va a interesar mucho. – Ross dejó de agitarlo y lo lanzó contra la copa del árbol.
-yo soy la maestra, lo que yo diga...
-es casi sagrado – completo mecánicamente.
-...te he dicho varias veces que ese lema tiene que decir "sagrado", no "casi". – Haku dio un golpe contra el árbol, este astillándose dejó un orificio suficiente para que alguien se sentase.
-nosotros les estamos enseñando, y esto ha ido perdiendo el sentido mientras tratamos de que este niño no se vaya. Ahora esto es "Evita que Kein se vaya" – reclamó Ross.
-...por qué no lo dejas irse? – preguntó ella.
-por que es bueno, tiene talento. – golpeó suavemente el árbol con el pie y Kein cayó al agua. Lo pescó y los sostuvo apretando sus mejillas con los dedos. –tienes talento, y sigo sin entender por que te quieres ir, antes de que intentaras fugarte todo era mucho más ameno; dormías en una hamaca, te daba comida, y habían descansos durante el día... etc, etc. – pensó un instante – y ahora todo privilegio que tienes es dormir al menos llegaba la noche. Y la haz arrastrado a ella.
-a mi no me molesta. – respondió ella.
-...blah, blah! – soltó Ross. – el asunto es que no puedes ir por ahí probando tus habilidades aunque creas que eres bueno.
-...Ross!
-que?
-no se trata de eso... mujer ridícula... – susurró. – se trata de... tú debes saber de que se trata Kein. No?
-...simplemente... los odio.
-si... – respondió en un tono comprensivo – muchos alumnos terminan odiando a sus maestros por x + y razones... pero...
-...yo no entiendo por que no lo dejan en paz. Por que no lo dejan? – reclamó ella.
-quieres decir que tú harás lo que nosotros queremos que él haga? – preguntó Ross.
-... que... quieren que haga? – preguntó por fin Kein.
-...queremos que sean los mejores cazadores... – respondió Haku con una dulce sonrisa.
-...que dulce... – respondió ella sin bajar de su rama.
-claro que esto no esta funcionando, hemos tratado de ser buenos con ustedes, pero no nos dejan otra opción que mantenerlos atados.
-...dale la maldita oportunidad a otra persona entonces... – musitó Kidara.
-que dijiste? – Ross saltó a la rama.
-...no voy a ser anillo o un collar por el que te alaben. No me interesa por que hayan aceptado enseñarnos, pero va por sobre mi orgullo. – Ross se había echado atrás, a la niña le habían crecido garras en las manos y pies, sus ojos se habían vuelto escarlatas.
-tienes un sentido de orgullo muy extraño, te diré. – Haku se levantó muy divertido, la miró fijamente y Kidara cayó al agua.
-...que le hiciste? – preguntó Ross alarmada.
-...nada... interesante niña.
Kidara se había lanzado a propósito y había tomado a Kein. Nadó al fondo de la laguna sólo para poder saltar. Los diez metros que logró saltar por sobre el nivel de la laguna fueron devueltos en un golpe de Ross.
-...deberías reconocer la oportunidad que se te da; ser entrenada por una Shadowmanager!! Una noble!! – berreó.
Kidara lanzó a Kein a la orilla, lanzó aura y se detuvo sobre el agua produciendo un gran torbellino en la laguna.
-...si hubieses puesto un poco más de atención... – Kidara volvió a saltar – no estarías tan herido Kein...
En el rechazo Ross se preparó, bastante divertida por la situación, y golpeo sólo un montón de ropa. Kidara apareció por detrás y le dio un corte en la espalda. Inmediatamente apareció Haku y le dobló el brazo hasta rompérselo. Kidara logró caer sobre tierra.
-...Kidara tiene razón Kein... si hubieses puesto algo más de atención... –.
Ross amarró su cabello al cuello de Kidara.
-No necesitamos llegar a matarlos Ross... por favor, sólo hay que hacer algunos arreglos...
Y Ross tiró su cabello. Sentía como pasaba cada cabello y quemaba su cuello a medida que perdía aire, a medida que se desesperaba...
-...lo siento Haku, no lo pude evitar... – escuchó finalmente...
Después de eso no recordaba mucho, sólo que sus días volvían a ser los del principio; cuando no tenía que dormir en el árbol y cazar su propia comida. Todo ese periodo era confuso, quizás por la monotonía. Hasta el día en que hizo una promesa con Kein... ahora se daba cuenta de que había olvidado ciertos detalles... casi había olvidado ese Kein que simplemente quería dejar de estar bajo las ordenes de Haku, ese simple Kein que ansiaba poder irse de ese tedioso entrenamiento. Ese Kein mordaz, terco... a él.
Era su imaginación... o todo era blanco? Quizás Killua si la había matado después de todo y se estaba cumpliendo lo de la promesa nen. Su cuerpo se levantaría solo mientras ella simplemente se dedicaba a ser testigo de lo que haría a continuación... sí, al parecer si, se levantaba sola. Sentía unas manos por sus caderas, su estomago... llegaron a su rostro y frente a ella aparecieron dos luces rojas.
-demonios... – susurró Cloud. Se sacudió la cabeza, cayó una gran cantidad de polvo, y pronto sintió su cabeza mucho más liviana. Se acercó a Kris, y le extrajo el polvo de los pulmones. El chico empezó a toser hasta que despertó.
-que pasó?
-nada de otro mundo...
-...y el libro?
Cloud observó alrededor, partiendo por la puerta que antes no estaba.
-la escritora, el libro, la pluma... genial, falta todo.
Cloud se arregló el cabello y se encamino a cruzar la puerta.
-...será mejor que no cruces... – musitó Kris.
-por que? Todo esto afecta a mi orgullo– respondió alterado.
-Alaniz esta al otro lado...
-supondré que eso no es tan malo... – pensó un instante – si vienes tu, no será tan malo...
Kris le acompañó, cuando iban a cruzar la puerta, tenía un inexplicable miedo, cargaba su cuerpo hacia atrás sin dejar de caminar. Cloud lo observó y sonrió levemente.
Tintineó la campanilla del ascensor. Kurama descendió de él, parecía preocupado.
-y la escritora? – preguntó mirando el centro de la sala, como si supiese que debiese de estar allí el libro.
-eso vamos a averiguar ahora. – Cloud continuó caminando llevando a Kris, y Kurama los siguió taciturno.
Era un paraje extraño, si es que se podía llamar paraje. No existía algo como arriba, todo lo que había era un piso baldosado con placas blancas y negras. La imagen del horizonte se deformada hundiéndose en el centro y elevándose por los lados.
Caminado un rato, había perdido la puerta, y no había dirección hacía ningún lado. No sabía si se habían desviado... como si pudiesen desviarse en un lugar así.
Cloud junto sus manos, entrelazo sus dedos, al separarlos parecía que sostuviese una especie de masa invisible, que moldeo con ahínco. Finalmente dejó el objeto en el piso, al principio se notaba su sombra, después la figura de un jarrón con extrañas protuberancias. Adquirió un color dorado; era un jarrón que poseía garras de dragón formando un anillo en ella, cada garra tenía una esfera.
-...un detector de temblores... no es una mala idea. – inquirió Kurama. – ... en caso de que no hubiese confrontación en ninguna parte... que harás?
-con que haya un paso sobre la tierra, esta jarra me lo indicara... sentimos auras, pero pareciera que estuviesen por todos lados.
-...esta parece que va a caer... – agachado junto a la jarra, una cayó por fin a un lado. No sabían si era norte, sur, este u oeste... de todas maneras daba igual.
Volvía a sentir su cuerpo. Algo de escozor, algo de dolor.
Allí estaba Kurapika, preocupado, pendiente de cómo recobrara la conciencia. Gon ayudaba a Killua con unas heridas a unos metros de ellos.
-tus ojos... que te paso? – Kidara parecía muy extrañada.
-...se un poco lógica. – se alejó un tanto mientras sus ojos perdían el tono rojizo. Con la actitud de una madre cansada de cuidar a su hijo de algo que siempre le advierte, y le curó con una de sus cadenas. – la herida es profunda, así que tendrás que esperar un instante.
-...luchaste? no parece... que te paso? – reitero Kidara.
-que les pasó a ustedes? ... que ocurrió con Killua?
-supongo que no pude ganarle.
-ya me esperaba algo así. – rompió su ropa y limpió la sangre que había derramado de las marcas de destierro.
-...no es propio de ti que olvidaras lo de las marcas.
Kurapika, irritado, la ayudó a pararse y empezó a caminar mientras dejaba que colgara la cadena con la punta redonda.
-...no lo entiendo... – musitó Kidara.
Gon caminaba junto a ella, y parecía muy extrañado. Killua permanecía callado y distante, aun estaba algo rojiza su mano y su ropa permanecía manchada.
-...tu cabello...
-...cierto – estaba corto, ni si quiera alcanzaba a ser una melena, y era blanco. Respecto a su ropa era una especie de túnica blanca muy manchada que había sido ajustada en la cintura con vendas.– supongo que me quede sin reservas de aura... ¿así que de esta manera me veo cuando no tengo reservas de aura..?
-...esas cicatrices, se ven mucho peor ahora que antes.
-hay cosas que no quiero recordar, por eso hice ciertos cambios. – materializó el báculo, y camino ayudada de el, pero antes pasando el dedo por una de las gemas azules del objeto para pintarse nuevamente las marcas de su rostro.
-...Kurapika estaba preocupado.
-para mi más bien parece un tipo que esta molesto por que le estorbo hiriéndome por ahí.
-...tú no lo entiendes Kidara. – masculló Killua. – yo fui quien te hirió. Y si paré de atacarte fue por que asumí que te había matado, y te prometo que no soy ligero constatando esas cosas... Kurapika sabe eso.
-pero no estoy muerta.
-mírate bien, de otras peleas que haz tenido, nunca hemos tenido que verte como estas ahora. No puedes caminar bien, y es dudoso cual será tu potencial si es que somos atacados.
-tengo mis maneras. – respondió tercamente.
Killua ser adelantó molesto y Gon también.
Era una sala extraña, cada paso que daba le daba la impresión de que caería al vacío. Pero allí estaba él; Clennad. Estaba sentado en una maciza silla metálica y se miraba los dedos como si se le fuese la vida en ello. Junto a él había un cello con todas las cuerdas cortadas y un arcón también roto.
Las cortinas se elevaban. Reese lo perdió de vista un instante. La silla ya no estaba, para cuando volvió a observar. Clennad tenía un cuchillo y parecía que quería cortarse los dedos.
Un sonido de vidrio al romperse.
Clennad había entrado en ren repentinamente, el aire que los sostenía parecía romperse. Reese colgaba de algo que no veía, algo que no sentía del todo; incluso podía que no hubiese cosa que lo sostuviese, lo único que percibía era el calor de su propia mano.
Clennad caía mirando con una expresión curiosa como las gotas rojas de sus dedos se mantenían flotando antes que él en su caída.
-maldición! – Reese se soltó y empezó a caer a gran velocidad, arremetió contra el cuerpo de Clennad, cosa que no creo mucho impacto, sólo logró igualar la velocidad de descenso de ambos.
-...la niña, una niña murió en combate por tu culpa... y realmente hace una pieza hermosa dentro de mi colección. – recitó inconscientemente... le parecía aún más curioso como casi ya no veía las gotas de sangre a lo lejos.
Clennad observaba hacía arriba, Reese hacia abajo, y se asustó al ver una superficie de contacto con la que chocar: una puerta de madera unida a base de barras metálicas, metros antes de chocar contra sintieron el piso bajo sus pies, y observaron como se abría con un chirrido horrible.
-...esto es el infierno... – Clennad parecía sereno ante los brazos huesudos y anhelantes que lo tironeaban dentro de la puerta.
Reese temeroso, tomó con firmeza uno de los brazos a su vez que tomaba a Clennad y se adentraron.
Horo-horo se sentía algo frustrado a causa de la facilidad con la que habían encontrado la fabrica de ampolletas entre las puertas. El calvario que había pasado antes de llegar al vacío donde todos estaban, pasando por mundos ridículos, más que extraños... Ann parecía excitada, su bola metálica había cambiado ya unas ocho veces de forma. Cada vez que doblaban una esquina que tenía punto ciego parecía esperar encontrarse con su hermana...
Kororo indico hacía el otro lado de una gran maquina que fundía vidrio. Con la maquinaria no habían sentido el crujiente sonido de las ampolletas al ser quebradas. Saltaron por sobre un caldero de vidrio fundido y vieron a Sefora sentada como una niña al jugar con sus muñecas, sus manos tenían jirones de lo que era un guante, se había instalado al lado de la banda que transportaba los vidrios de las ampolletas, en ella había puesto un obstáculo, por consiguiente las semi-bolas de vidrio caían automáticamente en su frondoso vestido, y ella se dedicaba con una incoherente alegría a presionar los globos de vidrio con sus manos.
-Horo-Horo... Ann debe estar cerca... te encargo a que entres en razón a Sefora. – Horo no se negó y trato de razonar con Sefora con amenazas: "te cortaras tu vestido", "llegara el monstruo de las ampolletas y se enojara por que mataste a sus... hijos (gruñido)"... etc, etc...
Las maquinas y cajas creaban una única ruta. Vio a una chica de cabello claro y largo con un vestido victoriano. Creyó que sería una muñeca o algo de así, cortesía de Clennad, mas al sostenerla por los hombros para saludarla se encontró con una chica que quizás habría visto sólo una vez en el coliseo.
-..tu... emmm... – no sabía que hacer, probablemente ella no estaría en sus cabales. En vez de intentar razonar con ella, le dio un leve golpe de aura... quizás algo lograba con ello (mientras Horo-horo sobornaba con un dulce viejo a Sefora). La chica se tambaleó, puso sus manos suavemente en los hombros de Ann para equilibrarse. El rostro de ángel de ella se deformó e inició un intento de ahorcar a Ann.
-...tú... por qué tú? Él siempre estaba contigo y con ella... – su tono de voz aumentaba junto con la presión entre sus manos.
-...qui-quién? – odiaba que la gente enojada ahorcara y después hiciese las preguntas... de que manera esperaban respuesta?
-...Reeeeeseeeee!!!!!!!!!!! – gritó el nombre como si fuera la nota más bella de la tierra.
Ann cerró los ojos molesta, le dio un golpe con la rodilla en la pera dando una vuelta en el aire. La chica no la soltó y quedaron en una incomoda posición. A Ann le hubiese sido fácil asesinarla, pero era alguien que le era "conocido" y que estaba totalmente fuera de sus cabales. La bola metálica se transformó en un filamento, se enrolló entre los dedos de la joven y soltó sus manos del cuello de Ann. A continuación la bola se convirtió en alas, Ann apresó a la chica, "algo de asfixia no la matara", antes de que la apresase Horo-horo la había puesto a congelar.
-Sefora no me hace caso, pero no creo que le pase algo con esas ampolletas... – Ann lo miró seria - ...no la dejes sola! – pensando que se había molestado – la dejaré con Kororo.
-...no estoy preocupada por eso... habías visto a esa chica antes?
-no... siendo tan guapa como es me extraña no haberlo hecho antes...
-...yo la vi una vez entregándole un papel a Reese... y creo que me odia. Así que a ella también te la dejo, si no te molesta.
-...no... – Ann había ya partido - ...admirando a una chica así no tengo ningún problema...
Ann se encontró con unas columnas de cajas que bifurcaban el camino. Lanzó su bola, que se extendió y destruyó todas las cajas. Entre los cristales que se elevaban divisó a su hermana correr... como lo había hecho en casa hacía unos años. La siguió, no se atrevió a atraparla con su hatsu... ¿por qué corría?
-Laine!!... Laine!! Laine!!– ella no se detenía... estaba empezando a asustarse. – El conde de Kruz no necesita esas fresas ya... así que por favor deja de correr... – por alguna razón su manera de correr era muy parecida a la de ese día...
Laine se detuvo, empujó a Ann al piso. Su querido zorro dorado envolvió a Ann en su cola, y Laine continuó escapando.
-suéltame!! Te lo ruego!!! – Ann debatió y gritó, hasta que finalmente atravesó al zorro con garras de metal. ¿qué era lo que andaba mal?
Cuando volvió a la carrera, observó a Laine petrificada frente a un chico, que hace poco había dejado de ser niño, no tenía nada fuera de lo común, todo lo que parecía un poco fuera de lugar era un arco de madera sin hilo... el niño ni si quiera tenía flechas, pero en el mundo del nen, era difícil saber.
El vestido que Horo-horo admiraba era rojo, pero el hielo poco a poco se tiñó de rojo también... asustado rompió el hielo y en ese instante, horrorizado notó que el vestido estaba rotó a un lado y ella tenía una herida muy profunda. Resolvió volver a congelarla...
El niño tenía una de sus manos escondidas tras él, cuando la reveló Laine empezaba a correr en dirección de Ann. Lo que el niño tenía en la mano era una costilla, lustrosa, quizás recién sacada...
-Corre!!! Idiota!! – chilló Laine.
La costilla salió disparada entre las piernas de Laine agujerando el vestido... Ann desvió el hueso, que volvió a manos del chico.
-...cual es la idea de atacarnos? – preguntó Ann envolviéndose en metal. Laine se había resguardado detrás de su zorro.
-...ella tiene algo que es mío...
-entonces no seas ridículo y pídele bien que te lo devuelva - ...aunque sabía que eso nunca lo hacía nadie.
-...es algo que no me puede entregar sin morir. Como la chica anterior, me devolvió mi costilla.
-...tú costilla? – preguntó Laine.
-...Dios creo a la mujer de barro y una costilla de Adán... – susurró Ann. – que chico más ridículo.
-...entonces no tienes por que atacarlo a él. – Ann fijó su mirada en Laine... "él"?? – no te dejaré tocar a Reese.
-...que rayos estás viendo Laine? - ...entonces se había equivocado, era demasiado perfecto encontrarla totalmente cuerda. Todo se ponía frustrante y ridículo...
El chico al arco no pudo disparar nuevamente, por que Ann le había partido la cara en unos segundos. Después se volvió a su hermana, la noqueó y cargo hacía donde estaba Horo-Horo.
-...Ann, ella...
-morirá!... los hombres... complican siempre todo – musitó rudamente – tómala, si el tipo que las controla se muere, quiero estar cerca para cuando recobren sus cerebros...
Horo-horo obedeció como si estuviese amenazado de muerte. De camino congelo la maquina de vidrio, tomó un globo de vidrio intacto y lo uso de carnada para que Sefora le siguiese. Ann se hizo un camino directo hacía la puerta de salida destruyéndolo todo a su paso... monstruosas maquinas salían despedidas, cajas hechas pedazos...
-Señor Leorio!! – Yukina estaba muy alegre.
Leorio había caído penosamente desde la puerta. La niña parecía muy contenta... Y Leorio estaba muy desconcertado al encontrarse con casi todos...
-y este lugar?... pensé que sería muy difícil encontrarse con alguien en esta torre... – Yukina lo tiró.
-necesito su ayuda... – Leorio suspiró, no tendría descanso alguno en bastante tiempo. Había una gran cantidad de personas tendidas con restos de hielo sobre sus heridas... con razón Yukina estaba tan contenta de que él llegase. – no tengo medicamentos ni herramientas... estaba muy preocupada por no poder hacer algo por todos ellos...
Pues, si hacía feliz a la niña con eso... que le iba a hacer?
Mientras consideraba que tipo de calmante tendría que usar con aquel paciente pregunto a Yukina por Gon, Killua y cualquier otro que conociese.
-no los he visto llegar, ni tampoco los he visto cerca. No han llegado aquí... – parecía dolida de no poder darle una respuesta dentro de lo que se consideraba "bueno".
-no te preocupes... no se por que pregunte; esos tres, junto a Kidara siempre terminan tomando medios complicados para todo... emmm, podrías congelar esa herida? Por que si no tendré que amputarle el brazo... – bueno... ellos siempre se metían y salían de cosas así... no había de que preocuparse.
De alguna manera u otra, el Ryodan parecía siempre lograr reunirse. Karuto los había localizado y reunido. Después de pasar algunas personas que no se detenían a pensar y simplemente luchaban, habían resuelto quedarse en una de las puertas que era muy parecida a la Cuidad de las Estrellas hasta que todo terminase.
-esto se ha puesto inesperadamente aburrido... – se quejó Feitan.
-...puesto que son cazadores los que nos contrataron era de esperarse – despreció Nobunaga.
-...a mi no me molesta – Shalnark, naturalmente estaba divertido jugando con su teléfono.
-eso es por que tu tienes esa cosa... préstamela! – Nobunaga le quito el teléfono, y le dio un pase a Shizuku.
-deberíamos empezar a pensar en como salir de aquí... – sugirió Machi recibiendo del teléfono.
-por favor... dejen de hacer eso... si están aburridos deberían entrenar o algo así... lo romperán!! – Shalnark corría, pero el aparato iba veloz de mano en mano.
-eso también podría ser... con quien de ustedes no he luchado desde hace tiempo? – preguntó Phinx. – Korutopi, te gustaría probar?
-...no gracias... elije a alguien de tu propio tipo. No tengo tanta fuerza física como tú.
-mocosa, no quieres tratar? – preguntó a Karuto.
-no, ahora debo irme.
-y por que? – preguntó Shizuku.
-voy a buscar a mi hermano.
-...antes no lo habías decidido tan firmemente – Machi le entregó el teléfono a Shalnark.
-...es que hoy está de lo más familiar para mí... quería ir cuando estábamos en el campo de batalla, pero al parecer no me lo permitirían.
-...pues ve... no me interesa ir a por tu hermano ahora... no es lo suficientemente interesante aún. – cedió Feitan.
-...eso es lo que tu crees. Mi hermano en estados normales es débil... pero cuando digo que está en una fase familiar, quiere decir que es muy fuerte...
-...maldita niña, trata de manipularte – exclamó Nobunaga.
-...ve sola, supongo que serás capaz de volver o encontrarnos. – dijo finalmente Machi.
-fue esta la razón por la que entraste a la araña. – Korutopi se dirigió a continuación a Phinx – parece que te niegas... jugaré contigo. – ofreció.
-...vete pronto mocosa! – exclamó Phinx contento.
-entonces, voy saliendo. – Karuto dio una pequeña reverencia y se dio la media vuelta.
-que te tengas un buen viaje – la despidió Shizuku, quien empezaba a limpiar un lugar para que Phinx y Korutopi se pudiesen enfrentar.
Karuto abrazó delicadamente un muñeco de papel que tenía inscrito: "Onii sama".
Sólo por molestar a Bardiel, Sorento gritó una gran cantidad de blasfemias mientras luchaban, junto con algunas bromas sarcásticas respecto a algunos pasajes bíblicos. Y a causa de ello, Bardiel quedó en "situación de mártir inevitable". Mas, como mal cristiano, escapó.
Sorento muy poco satisfecho fue en busca de Noa. Tardo en encontrarla en aquella infinidad de tinas. Su hermana dormía placidamente, tal como había dicho Mitarai Sumire, estaba fuera de peligro pero de todas maneras necesitaría atención. Cuando la tomó en sus brazos, ella se levantó muy sobresaltada.
-Sorento...
-mmm?
-necesito encontrar a Ann.
-para? No creo que esa cría necesite ayuda.
-...esto no se trata de habilidad en pelea.
-de acuerdo.
Sorento se disparó entre las puertas, esperando con algo de suerte encontrarse con la joven. Era ridículo preguntar donde encontrarla.
Era un viaje apacible, lo único que la perturbaba era el hecho de que ya no veía dirección a la que volver. De alguna manera siempre había confiado en Kein, quizás algo malo había ocurrido y por eso estaba tan apresurado por escribir... aunque no había necesidad de dejar fuera de combate a Kris y a Cloud... Estaba tranquila solo por que estaba planteándose de que había algo extraño.
-No estás nerviosa?
-y eso por que? Simplemente voy a escribir.
-es que todo se va a terminar... todo lo que ha ocurrido va a terminar – dijo con una de sus serenas sonrisas.
-...yo vine aquí sólo a escribir... emmm... que bien que estés tan feliz de ello... – la sonrisa en el rostro de Kein no se borraba.
-entonces tu me apoyas.
-pero si siempre lo he hecho.
La sonrisa en el rostro de Kein no se marchitaba. Eso inquieto más a Hyo... pero no tuvo mucho más tiempo para pensar en ello, a lo lejos diviso un árbol de follaje muy amplio pero no muy alto. Una vez bajo él habían sombras de las hojas formadas por un sol inexistente... las sombras eran intensamente negras y las zonas de luces intensamente blancas. Kein se rió al dejarla en el piso.
-parece una vaca. –refiriéndose al piso.
-...Kein, el libro.
-cierto... – apresurado le entrego el libro.
-y la pluma...?
Kein continuó con su expresión y le entrego la pluma, que en sus manos era roja y angosta con algunas líneas doradas. Al pasar a las pequeñas manos de Hyo se volvió blanca con la punta nacarada.
Pasados unos segundos ella no sabía que escribir.
-...escribe como tu quieras que nada de esto es mi culpa.
-perdón?
Kein la tomó por el cuello de la ropa, sus ojos estaban desorbitados y había pedido toda amabilidad en sus gestos, estaba totalmente trastornado.
-si estás de mi parte??? – preguntó ironizado.
-lo estoy, y tu de la mía – estaba a punto de llorar, estaba asustada y no había mucho que hacer en contra de él. –sólo pregunto!!! Es una orden muy amplia.
-..todos creen que todo lo que ha pasado en este lugar es mi culpa. – soltó a Hyo, el libro cayó al piso y las hojas empezaron a pasar rápidamente.
-pero no puede ser tu culpa... sólo eres culpable de lo que tu haces y de lo que tu provocas...
-exacto, todo lo provoque yo.
-no es cierto... los otros no supieron seguir tus instrucciones.
Kein, esta vez, tomó directamente por el cuello a Hyo.
-no trates de hacerme sentir mejor con eso, yo no estuve todos estos meses en una biblioteca. – los ojos de Hyo estaba brillantes. – sólo me hará feliz que escribas "y a fin de cuentas, nada era culpa de Kein, eran cosas del destino, ya nadie creía que fuera culpa de Kein."
Hyo se deslizó por entre las manos de Kein, la pluma maltrecha y estrujada en sus manos se deslizó por el fino y blanco papel, escribiendo al pie de la letra lo que Kein había dictado. Pero ocurrió algo extraño, al terminar la frase, empezó a llorar sangre de sus ojos, gota a gota se escurría por sobre el papel y formaba nuevas palabras.
"Y Kein, al ver aquello escrito, creyó que sería real que nadie le culparía. Sólo que no sabía que no se pueden modificar cosas ya ocurridas, si no que sólo cosas que se pueden o van a ocurrir."
Las gotas volvieron a escurrirse, desapareciendo el mensaje y quedando nuevamente la frase original. Las hojas volvieron a pasar fugaces.
-listo Kein.
Kein rompió en un extraño llanto y euforia.
Hyo hizo aparecer su pincel... lo que podía hacer en ese mismo instante era más seguro que lo que el destino podría depararle, como al parecer trabaja el libro. Desde el árbol marcó una serie de líneas y finalmente pintó a Kein antes de que este se lanzara sobre ella. La abrazaba de una fuerza ridícula, sus brazos se rompieron y sentía como sus costillas se hundían.
El piso se trizó, y las raíces del árbol apresaron Kein, utilizando las marcas de tinta como guías.
-me vas a matar si sigues así. Y en ese caso serías irremediablemente culpable.
El piso se levantó bajo Hyo y las raíces crecieron copiando la misma imagen que había sobre Kein.
Y como suele pasar en momentos complicados, llega la ayuda. Aunque en este caso era difícil determinar si realmente era ayuda. Hyo observó consternada un exuberante cabello de varios colores; el cabello de su hermana. Alguien muy cercano a una amenaza.
-Albah... – las raíces se hundieron en las manchas de tinta.
-gente débil como tu deberían usar más el cerebro a métodos violentos.- Albah ya había hecho correr sangre a Kein. – o ser un menos benevolente y escribirle "muerte" encima.
-eso sería tomarme su asesinato muy a la ligera.
La conversación no duró mucho, de pronto del cuello de Albah brotó un abundante chorro carmesí.
-Albah! Albah... ALBAH!!!!!!!!!!!!!!
-escuche un gritó... – exclamó Gon.
Todos lo habían escuchado. Corriendo en la dirección del grito divisaron un árbol fuera de lugar.
Clennad estaba en su elemento, cortaba con tranquilidad brazos y piernas por todo aquel infierno. Reese se quitó las argollas que estaba en sus muñecas. Como una serpiente cientos de brazos navegaron contra él, Reese con sólo tocar el montón de carne se derritió.
-vamos a probar quien es realmente el demonio. – susurró Reese.
Pisando cabezas y cuerpos, yendo en alguna dirección hacia Clennad, pues no había ni arriba ni abajo, chocó contra él con una fuerza descomunal, Clennad perdió un brazo en el asalto, que fue rápidamente reemplazado con brazos infernales.
Como sinónimo a las marejadas de miembros de Clennad, Reese tenía tras de si una bandada de cuervos. Estos devoraron todo lo que viniese.
Caía a través del vacío, a lo lejos veía la puerta cerrarse con gran estruendo.
Clennad en ningún momento pareció echarse hacía atrás. Nada de poderes extraordinarios, ni cartas bajo la manga.
-No lo mate- se repitió tratando de tranquilizarse.
No existía ninguna expresión en su rostro... quizás realmente él no sentía nada. Por qué? Por qué luchar? Al parecer aquel hombre no tenía nada, no apreciaba nada... o quizás no quedaba nada que apreciar...
Probablemente caería eternamente. No había abajo, ni al lado, ni arriba... quizás moriría antes de llegar al fondo... si es que había fondo. Los brazaletes relucían en sus muñecas, chocando de vez en cuando sus brazos sueltos se movían a voluntad del viento. Aquel hombre no parecía ni triste ni feliz al quedarse tras las puertas...
Horo-horo le había dejado muy claro su punto de vista; consideraba que Ann estaba loca.
Estoy justo donde deseo estar...
Horo-horo se preparó tras ella, antes de que se disparara contra el cielo.
...Justo en el instante en el que debo estar.
Ann se precipitó contra la superficie transparente que hacía de piso. Una montaña de nieve hizo el intento de amortiguar su caída. Horo-horo removió la nieve, rió consolado, de real alegría... sólo una terca como ella podía recibir un chico en semejante caída.
-tú hermana es una tonta... – le dijo a una Laine dormida.
Todo lo que quería era algo de paz, algo de justicia... pero todo había resultado extraño. Todo se había dado vuelta para él. Apreciaba poca gente en el mundo, creía en pocas personas, y soñaba muy poco. Pero si había tenido muchísimas pesadillas. Y ahora estaba en una de ellas, una de las pocas personas que quizás no merecía ninguno de los tratos humanitarios comunes estaba ahí, entre él y la muerte.
-es mía! Entrégamela!! No soy culpable de lo que le ocurrió o ocurrirá. Esto no es nada malo...
No habían palabras que decir, Kein estaba totalmente fuera de sí. No había razonamiento posible con él.
-Albah...
-tranquila... estará... - no podía decir "estará bien". Albah yacía bajo la sombra del árbol y un rojo riachuelo nacía de ella. Estaban lejos de allí... Hyo apretaba, sin intención de soltar en algún instante la pluma y Kein había dejado abandonado el libro. – estoy aquí una vez más... como prometí...
-...tú... no... Minamino... – Hyo debatía entre sus brazos.
La deposito en el piso suavemente, y sosteniendo una intensa rosa roja, se detuvo entre ella y Kein.
-De aquí en adelante no pasarás. – la belleza de la rosa pasó a ser un agresivo látigo.
Hyo se limpió la cara de manera inútil, su ropa estaba demasiado empapada... recordaba una escena similar. El mismo chico; Minamino parado frente a ella, desde la cobertura de su sombra divisaba a su hermana, quien parecía querer golpearlo con su maletín de la escuela.
Minamino era muy inteligente, siempre había sido el mejor alumno, y también era el mejor en deportes; simplemente el mejor en todo. Era amable, era atento... De alguna manera ella había terminado siendo su amiga, a ambos les gustaban los mismo libros. Solían discutir que habría ocurrido con los protagonistas de sus novelas de terror si hubiesen cambiado sus acciones en los clímax, o discutían que había pasado en un escalofriante final implícito. Él la había convencido de que podía escribir, él la había convencido que no tenía por que seguir lo determinado por su familia; ella no era como otra de la familia.
Su familia, su abuela en especial, algún tipo de capacidad especial tenían todos sus familiares; todos con cabellos extraños y exuberantes pasaban poco tiempo en casa. Ella era la única que aún estudiaba "convencionalmente". Su hermana solía intentar pelear con ella de vez en cuando sin muchos resultados, por lo que siempre estaba herida y lo único que tenía que destacar como habilidad física era una velocidad algo fuera de lo común.
Cierto día tuvo una discusión violenta con su abuela; la anciana había tirado agua sobre ella mientras escribía, la tinta de todos los manuscritos se corrió... las hojas de papel derramaron negras lágrimas por el trabajo de meses, totalmente perdido. Le gritó a su abuela. Su hermana le rompió una mano por revelarse de tal manera contra un mayor. Logró correr a la escuela. Albah la persiguió. Minamino solía tener actividades de club a esas horas de la tarde; no tenía a quien más correr. Y Minamino la defendió, Minamino fue a casa de ella para discutir lo que ella no podía, y estuvo bien durante un tiempo quedándose en su casa junto con la madre de él...
Pero al año siguiente, él desapareció...
Kein era muy amable, muy suave, muy sutil... y a él le gustaba que ella escribiese.
Albah era dura, pero había sido siempre cooperativa en lo que le era permitido...
Con los años se dio cuenta de que Albah estaba ahogada en reglas por ser mayor que ella. Pero no se compadecía, ella misma había decidido lo que podía escoger...
-Hyo!!
-si!
-...buscaras como escribir que Albah no termine muerta?
Hyo se quedo en silencio. Recodaba noches en vela de su hermana postrada contra la pared por haber olvidado una regla, a su hermana vendándose a la luz de la luna heridas que no debería de tener, escondida para que no aumentaran las heridas en su cuerpo, a Albah escondiéndole sus manuscritos en su habitación para que se los quemasen.
-...no. – A Albah siendo castigada por algo que no había hecho, a su hermana mayor sufriendo por ella, a sus parientes desquitándose con su hermana... - Minamino... si lo escribo, serán sólo palabras. – Kurama la observó con un semblante de orgullo, Hyo empuño su pincel y escribió "gravedad de muerte", Kein se golpeó violentamente contra el piso. –Mi hermana está mejor así...
Hyo se le adelantó... Recodaba que ella siempre pensaba en como vengarse de compañeras aborrecibles y chicos despreciables; vio lagrimas correr por su contaminada cara... se iba a vengar.
Cloud se detuvo, era curioso lo que Kris le indicaba. Una hiedra crecía entre una baldosa blanca y una negra, pero no es que se hubiese desarrollado allí; estaba creciendo en ese mismo instante. Sus hojas se volvían mas vivas, las ramas se ensanchaban, hasta que finalmente flores nacieron; pequeños racimillos de esferas negras. Y como un cuchillo una pared de bloques de piedra cayó tras la hiedra. Pocos instantes antes Kurama se había adelantado al escuchar un grito.
Kris se congeló al ver a Muren salir de la pared. Clennad activo su brazo; un brazo como el que tendría un demonio.
-No te alejes mucho, si te pierdes me será muy difícil volver a encontrarte – le advirtió. Y de un golpe la pared se desarmó, los bloques cayeron ordenadamente formando una línea. Muren se mantenía por sobre los bloques en todo momento, y en esta ocasión cargaba una daga.
-...naciste en un mercado y fuiste olvidado por tu madre en tiempo record. Te recogió un hombre, cuyas artes nadie quería aprender – Muren había apuñalado en una pierna a Cloud. – una vez aprendidas sus artes, las adaptaste, tu maestro te reprimió y siguiendo parte de sus enseñanzas lo asesinaste.
-y eso de que va? –Cloud no parecía muy interesado en lo que ella decía, por lo que en un descuido la tomó por el cuello y estrujó.
Kris cerró los ojos y se ovilló en el piso al escuchar los huesos romperse.
-...tiene mucho que ver, querido experto en trampas... – El piso bajo Kris empezó a girar haciendo la figura de las ruletas de hipnosis. Kris desespero, sentía como la succión intentaba tirarle la piel y los huesos, de hacerlo entrar por un pequeño agujero de la manera que fuera. Clennad trato de acercarse, pero si era cierta trampa que el conocía, si lo tiraba sus piernas serían desgarradas. Había hecho esa trampa de tal manera que era imposible salvarse o rescatar a alguien de ella, era más bien una de sus maquinas asesinas.
Kris gritaba a romper su garganta, lágrimas caían de sus ojos.
Y su desesperación aumento, Muren había atravesado el corazón de Cloud.
Su espejo se levantó sobre él, se tragó varios bloques de piedra.
-her...HERMANAAAAAAAAAA!!! – chilló. El espejo resonó con las sufridas notas del niño.
Cloud tomó una vez más a Muren y esta vez al desmembró. Los bloques de piedra formaron una torre al rededor del los restos, y Muren volvió a aparecer de su retrato con su sangriento cuchillo.
Kris ya no podía proferir llamada alguna, sólo una nota aguda de desesperación. Sentía como se despedazaban sus zapatos y como pronto lo harían sus pies.
La tierra se partió, y Kris salió despedido junto con cientos de escombros, sus pies sangraban copiosamente, ya blancos...
Cloud se abalanzó sobre el espejo de Kris y lo apuntó contra Muren, sólo volvieron a ser consumidos bloques de piedra. Al caer al piso, queriendo poder volver a levantarse diviso a "hermana".
Un nuevo bulto cayó desde la puerta. Yukina tiró a Leorio a ver quien era, la joven de la nieve levantó a Keiko, con el rostro lloroso. Leorio miró desafiando a Hiei... pero no tuvo tiempo de molestarle; Keiko estaba en estado de Shock.
-Yusuke...! – profería con una voz seca.
-...que pasó con él?
Keiko soltó un largo chillido y empezó a retorcerse, lagrimas y mocos escurriéndole, parecía que quería quitarse los ojos de la manera en que se rasguñaba la cara. Pronto llegó un aliado y la amarró.
Hiei se había acercado.
-que le ha pasado a la mujer de Urameshi?
-...algo traumático debió de ocurrirle.
Ambos instintivamente protegieron a Yukina, Keiko llevaba una aguja y por alguna razón había tratado de enterrársela a Yukina, el pinchazo le llego al aliado; no se esperaba que la joven corriese de espaldas a enterrarle. El aliado cayó al piso y empezó a entrar también en shock.
-que demonios...
Muchos se levantaron asustados. El aliado fue suprimido al igual que ha Keiko dentro de bloques de hielo. Tooya, ninja del hielo había actuado.
-...al parecer Urameshi tiene problemas para tener a una mujer en un estado así.
-es claro... – Leorio miró compadecido a Yukina. –creo que deberíamos ir... – dijo casi en un susurro... esperaba que alguien más lo dijera; tenía todos los deseos de ir pero él no ayudaría mucho por sus capacidades físicas.
-...ese tonto de horo-horo esta haciendo algo útil, así que déjenme ir con ustedes - diviso a Ren Tao levantarse ayudado de su lanza.
-...tendré que ayudar al jovenzuelo – Genkay también se había incorporado al mismo momento en que pateaba a Kuwabara para que dejase de flirtear. – pero creo que somos demasiados.
-anciana confío plenamente en sus capacidades para traer de vuelta a Urameshi – dijo Tooya con un ademán de inclinarse.
-...ese chico dudo que este muerto, el problema dos estos dos – dijo apuntando a Keiko y al aliado. – me preocupan más ellos. No necesita tanto de mí, pero creo que usted, señor Leorio debería ir a verificar por que Keiko esta así, y llevarse a Hiei que de seguro matara hasta lo más ínfimo que pase por sus caminos. Y si lleva a este joven idiota le aseguro que Urameshi reaccionara inmediatamente con ustedes – y empujó a Kuwabara.
-no me ignoren!!!! – gritó Ren Tao junto con su punzante cabello levantándose.
-...yo no tengo problemas de llevar a un niño, de todas maneras no podrá hacer mucho. – dijo Hiei moviendo su cuello y tronando sus dedos.
De esta manera, todos se aferraron a la espada de Kuwabara y subieron a la puerta. Leorio estaba desfalleciendo de miedo.
-nosotros te cuidaremos viejo, tienes a un heredero de la familia Tao contigo – le dijo Ren como si dictaminase una ley muy noble. Kuwabara rió por debajo, Hiei ya estaba muy lejos.
Mientras ellos se alejaban llegó alguien más a la puerta... Genkay vio caer al piso a alguien peligroso; Haku.
-huele a sangre... – susurró Killua.
-...Kein... – susurró Kidara, moría por constatar lo que había recordado. Pero Kurapika la tenía agarrada por la ropa; ella ya tenía las piernas flectadas, lista para dejar el piso. – no te preocupes... estaré bien. –Kurapika implacablemente la encadenó.
-la última vez que dijiste eso...
-allí está un viejo compañero! – A Kidara parecía costarle mucho decir aquellas palabras. – necesito saber si lo he perdido!!
-para eso no tienes por que ir sola! Nosotros también somos tus compañeros – replicó Gon, parecía enormemente molesto. – tienes muchas más experiencia que yo en ciertas cosas, pero me molesta que a pesar de todo eso no quieras comprendernos.
-Gon... – musitó Killua.
-...comprenderlos? – susurró Kidara... parecía confundida – yo...
-tú solamente nos dices lo que queremos escuchar en ciertos casos.
-pero no quiere decir que los comprendo? Cumplo lo que digo, si no lo cumplo me muero.
-...entonces muere!! No quiero tener por amiga a una persona que cumple las cosas sólo por que teme por su vida. – estalló Killua.
-nosotros nos preocupamos.
Kidara no dejaba se hacer presión con sus brazos para zafarse y escapar hacia el árbol.
-...ustedes no me entienden... si es Kein el que está allí, de verdad que estaré bien...
-nadie entiende nada Kidara... – Kurapika parecía un tanto abatido. – en especial tú, comprendo que le quieras ver, entrenaste con él, serían casi hermanos. Pero en tu condición actual... no...
Kurapika dudó un instante, Gon fijo su mirada en ella.
-qué es lo que crees que pasa? Déjanos ayudarte.
-...no seas vieja, terca y amargada. – denunció Killua, y junto a Gon sonrieron.
-ustedes no me comprenden en este instante... – Kidara no parecía para nada tocada. – si, en otras ocasiones no lo he hecho, quizás. Pero ahora es algo donde necesito ir sola. Prometo llamarlos sin empezar a luchar. – su semblante demostraba como trataba de mantenerse serena, sus ojos se volvían intensos de segundo a segundo.
Los tres también mantenían su postura.
Un instante de silencio propició el escape de Kidara. Como ella era capaz de volar llegaría muy rápido al árbol.
Ann llamó suavemente a Reese mientras sentía su cuerpo tibio. La nieve derretida se derramaba por el superficie invisible; y de alguna manera esa misma agua cayó sobre ellos.
-no pude matarlo Ann... – se inculpo Reese mezclando sus lágrimas con las gotas.
-...Clennad?... – sonrió con pena. – Laine está allí, con Horo-horo, también está Sefora y Katt estaba muy bien cuando la vi.
-...pero no dejan de ser...
-siguen siendo ellas... pero de otra manera. – Ann parecía estarse percatando de ese hecho a medida que iba diciendo las cosas. Que su hermana nunca dejaría de ser su hermana, pero que no sería lo mismo más adelante.
-...entonces, el hatsu de ese hombre no se ha ido...
-no sabría decirlo, Katt estaba conciente, era la Katt que tu conoces... Pero Sefora...
-...lo siento... lo siento!! – gritó ahogándose en un sollozo.
-...perdonado... – susurró dejando caer unas lágrimas.
Siendo las cosas como eran, entonces nunca podrían alcanzar a Clennad y su hatsu nunca desaparecería, quizás inicialmente nunca lo haría. Y tenía miedo al instante en que Laine abriese sus ojos nuevamente, quizás había sido un instante de falsa lucidez, y la de Katt también...
Horo-horo los observó, sintiéndose afligido por sus llantos. Aunque no tuviese nada que hacer en todo aquello, entendía lo que les pasaba. Observaba a las tres chicas y no podía evitar una abatida mirada.
Era el edificio que se llamaba "casa". Todo era familiar, algo infantil. Y sabía que él estaba allí. Corrió a su habitación y miró por la ventana, justo bajo ella estaba alguien durmiendo, estaba algo perdido entre las plantas; como solía hacerlo Movern, escoger lugares extraños para dormir.
Ahora todo su alivio pasó a ser miedo. ¿qué decir?
Salió de su habitación por la ventana simplemente alargando las piernas. Con cuidado de no romper ramas para no hacer ruido y se abrazó a él sin saber bien nada.
Allí estaba el libro, no se parecía en nada a lo que ella tenía en mente. Cerca de allí observó figuras. Reconoció a Kein, a Kurama y a la escritora.
Cometió la fortuna de detenerse en el aire un instante. Gon y Killua la habían alcanzado y se habían colgado de ella, a su vez se habían atado a Kurapika, quien los tiró había abajo.
-maldición.
Muchos entraron en tensión, Haku miraba a su alrededor serenamente, sin mucha preocupación, además de que no parecía tener intención de luchar. Ivonne fue la única que no se movió de manera cautelosa. Atrevida miró a los ojos a Haku.
-...todos podemos contra ti – su voz vacilaba.
Haku rió suavemente. No existía una intención tras esa carcajada, era natural.
-...tenemos que llegar a un acuerdo. – estableció sin dejar de estar tranquilo.
Genkay, Anna arrastrando a Yoh, y Shun se acercaron. Haku se asombró de que Shun se atreviese a mostrarle la cara.
-dada la siguiente situación tengo que rebelar algo antes de que me dominen. – era el resultado que esperaba; el rostro interrogante de todos los presentes. – me veo como Haku, pero no soy Haku. Pero no dejo de serlo.
-...esas explicaciones no sirven. Entendemos tu situación, pero no explica lo que deseas.
-Soy maestro y pupilo, hace años entre en proyecto con Shadowmanager de dejar nuestros nombres en la historia; ella con sus habilidades familiares y yo con una de mis capacidades secretas... a la larga era mera ambición; al tener grandes alumnos se enaltecen los maestros.
-...y quienes resultaron ser los pupilos? – preguntó Anna. Alrededor de ellos todo se conglomeraban tímidamente.
-en total fueron cuatro proyectos, un pupilo por cada uno. Los primeros dos murieron por que no pudieron soportar el entrenamiento...
-y por las propias sobre-expectativas de los maestros.
-...los dos segundos fueron dos hunters que actualmente se consideran perdidos... por una serie de hechos los dejamos ir...
-...no será escaparon? – Haku miró a Ivonne y contuvo un insulto en su garganta.
-el cuarto grupo lo conocen; Reese y las gemelas Eluria. – miró a cada uno, esperando la siguiente pregunta...:
-y quienes eran los terceros? – preguntó Yoh – sé que DarkMoon era una y el otro...
-...era Kein. – no parecían impresionados – cosa que muchos saben... pero Kein está aquí.
-...donde? – preguntó Shun tratando de evitar el impulso de mirar a su alrededor.
-...yo soy Kein – espero la expresión de estupefacción de todos – y también soy Haku.
-y a que se debe eso? – preguntó Genkay intrigada.
-Kein resultó ser un pupilo de lo más rebelde, atrevido, entre otras cualidades... así que junto a Ross le hicimos un pequeño lavado. Es increíble el potencial que tiene... – susurró mirándose las manos – se resistió al proceso y para no perder a ninguno de los dos hubo algo muy parecido a una fusión... Ninguno de los dos se dio cuenta hasta después, claro que a DarkMoon también le hicimos un lavado para que no notara lo que le habíamos hecho a su compañero.
-y a que viene toda esta confesión?
-pronto moriré... por que lo que queda de mí en Kein está muriendo. Lo siento, está obsesionado, como suelo ser una persona serena, quizás eso lo dominó inicialmente al ser mi aura más potente, pero con el tiempo, lo que quedó de él no aceptaba lo que lo mío hacía... es posible el suicidio si nada de lo que está intentado resulte.
-que está intentado? – preguntó Shun.
-algo infantil. Durante todo el proceso de estas batallas él ha sido responsable inmediato de todo lo que ocurre, posiblemente por mi propia negligencia... aún no comprendo todo, pero se que está relacionado con ambas cosas.
-...y al final que quieres de nosotros al venir aquí?
-que me permitan llevarme a Ross, cosa que no creo que les moleste. Tampoco creo que mi muerte o mi desaparición les importe.
-veo que lo tienes muy claro – Anna se levantó, sin tocar a Yoh y se retiró hacía Keiko y el hunter que había tratado de ayudarles.
-...que dura... – susurró Yoh. – eso es todo?
-me gustaría que antes de que todo termine quedase claro que ninguno de los dos no tenía cosa concreta en sí... quizás ahora estoy más conciente por que la presión de Kein aumento en su cuerpo y me devolvió parte de mí.
-eso explica tu actitud extraña en uno de los consejos. – notó Shun.
-no... eso fue culpa de Ross... pero que más da?... de momento quiero estar con ella mientras soy algo más Haku que Kein.
-...entonces sólo tenemos que esperar que Kein se suicide?
-si... lamento que serán necesarias demasiadas perdidas humanas para poder matarlo.
-y por que matarlo?
-por que está totalmente trastornado... es una persona que para mi no vale la pena viva.
-hay mucha gente así Haku – dijo Genkay mientras Ivonne se iba; ya no parecía interesada. – pero por que en especial él?
-deseo que muera por que no es un ser completo, si él muere yo podré morir también como yo mismo. Creo que si le tienen consideración deberían hacer eso.
-...te llevaré con esa mujer llamada Ross – le dijo Ivonne a lo lejos.
-entonces, adiós general. – le saludo Shun para después irse.
-...creo que él estaba muy decepcionado de ti... – susurró Genkay sacudiendo su ropa dirigiéndose tras Ivonne.
-...tú no te irás? – le preguntó a Yoh.
-...y por que no pueden seguir viviendo?
-...de que sirve que una persona viva si ya no tiene nada que hacer aquí, si ya no tiene nada por lo que vivir? Simplemente ya no tiene sentido nada, creo que ya culminé mi vida, la culminé en el momento en que me di cuenta de que yo no era yo. Y no tengo más resentimientos, ya me he dado cuenta de todo lo que fallé... ya soy fuerte, no necesito más, tengo mi renombre sea de manera mala o buena... sólo quiero terminar la equivocación que queda en mi vida... cosa que también lo aliviará a él...
-...como alguien puede haber disfrutado ya todo en la vida? Descansaste, reíste, lloraste, paseaste, disfrutaste, amaste, observaste lo suficiente?
-ya no hay más que desee, estoy satisfecho.
Yoh no dijo nada, derrotado se acercó a Anna.
-...no puedes darle vida a todos Yoh... – susurró Anna mientras observaba el semblante de Keiko, tan sufrido, tan preocupado... una expresión de una desconsolación y miedo increíble... podía alguien contener sentimientos de tal magnitud?
Miradas frías, algunas frías por el miedo, otras por la tensión, el odio y otras simplemente por que conocían a ambos, se posaron en ellos mientras los brazos y piernas heridos de Ross colgaban sin vida. Haku miraba a un punto lejano respirando hondo y tranquilamente, y tras un suave salto; desapareció para siempre.
Genkay fue apresada por las preguntas, no respondió nada, sólo eran personas llenas de sentimientos superficiales... creían entender a Haku habiendo visto su cubierta.
Una de las chicas gritó; Katt se desplomó en el piso. Dormía placidamente.
Solía mantenerse ocupada en entrenar, y muy en el fondo odiando a toda esa gente por haberla tratado como lo hicieron. Pero los maestros que tuvo tampoco fueron justos, no por que ella fuese inmadura en su juicio; realmente lo eran. Kein parecía poder sopórtalo bien. Y nunca sintió culpa por haberle dejado sólo... confiaba en que él estaría bien.
Después apareció alguien a quien no pudo vencer... de peor calaña que la de sus maestros. Llena de desdichas y sentimientos junto a decisiones sólidas escapó nuevamente... No era una persona con algún tipo de honor que proteger, por lo que no se sentía, de nuevo, culpable de no enfrentar la situación... era mejor luchar otro día.
Pero no hubo recompensa, a lo lejos ya no podía ver los campos de hierba verde ni las flores lilas, los esqueletos de los árboles le contaban cosas terribles, le advertían no seguir más adelante... pero había alguien, y algo, una gran esperanza... una tonta esperanza de que él aún estuviese vivo.
Pero todo lo que encontró fue a todos...
No quedaba nadie a quien odiar, no quedaba nadie que les esperase. Alguien le había ganado en terminar su batalla, su venganza... y ese alguien le había quitado a la única persona que tenía.
Le impresiono que sí existiese alguien que le esperase... en su melancolía no notó que algo había cambiado en él, de todas maneras no recordaba que fuera de otra manera. Él y May, que siempre insistían en que tenía compañeros en su vida. No existía tal gente...
De alguna manera entendió que significaban ese tipo de personas... pero, de que servía? Su vida estaba vacía. No había nada por lo que existir, nada por lo que seguir sobreviviendo. Pero con pasar días con ellos dos, surgían cosas que no podía comprender... quizás por llegar a comprenderlas aceptó lo que le propusieron; su vida por sus promesas. Lo ignoraba en primera instancia, buscaba cosas interesantes, gente que fuese como era ella; sin motivo para vivir. Y de alguna manera se aferró a la vida, a pesar de todo... de alguna manera habían aún demasiadas cosas que podía hacer, cosas que ver, tener antes de echarse a morir. Y aún quedaba vengarse...
Aquella noche, la luna se volvió roja, y la luna lloró por ella. Había obtenido algunas respuestas, y otras preguntas... un personaje que no conocía yacía en el piso, todo lo que sabía es que gente con aquella imagen de una araña de doce patas eran sus blancos... Pero cuando mató a una de esas personas se dio cuenta; "tú no puede ser una de ellos, me impresiona que uno hubiese sobrevivido a todo aquello... no tienes los mismos ojos que ellos." Todo aquello, sí, ella no lo había vivido. Era una mujer exiliada... que estaba haciendo?
Mucho tiempo después recibió un pedido, no era muy interesante, pero al ver los blancos se le hizo un nudo en el estomago... él estaba vivo.
Quizás así volvió a estar viva y no comprendía por qué esa necesidad de mantenerse allí, ni la de ellos por estar junto a ella. Al igual que Kein y May.
No lo entendía del todo... había leído o le habían contado de eventos en que la gente lo sacrifica todo por esas personas que están cerca... y pensándolo bien, ella era capaz de esas cosas...
Era extraño el ser humano al hacer esas cosas solo por pensamientos y sentimientos.
Y ella quería eso.
-por qué Hyo? Por qué? Ya no soy culpable.
-de qué? Si borras lo del pasado, lo del futuro está delante, no detrás. – Kurama la miraba impresionado de la cantidad de aura que emanaba de ella, y del color de su cabello; era como el de Albah.
-pero cada segundo que pasa hace parte del pasado, y siempre será pasado, no existe el futuro.
-...depende del punto de vista de cada lector... – musitó. Empuño su pincel en una pose de batalla. Iba a utilizar lo poco que recordaba... Su cualidad, siendo los saltos y la velocidad, tomó altura y le lanzó tinta a Kein. Él se manchaba; ella también.
Kein se reía mientras se limpiaba. Ella empezaba a captar como funcionaba su hatsu.
Kurama confiaba en que Kein sólo jugaría con ella; la necesitaba. Y Hyo era bastante buena esquivando, imprudente pero aprendía rápido. Se dedicaría a tratar de comprender el secreto de esos ataques reflejados. De momento había notado que cualquier ataque que entrase en contacto físico se reflejaba.
Hyo se abalanzó contra el piso y escribió: "Infierno aguijoneado".
Cientos de agujas salieron de las letras, lo que lograron atravesar fue una la chaqueta blanca.
-...creo que no es buena idea luchar contigo – dijo tranquilamente – tus habilidades me complican un poco – sus ojos cambiaron, parecían concentrados sólo en Hyo.
-...Kurama, no entiendo por que estoy luchando con él... no soy capaz de matarlo.
-...cuando llegue el momento, yo lo haré por ti... aguanta un momento – y fugaz fue hacía el cuerpo de Albah. Tomó la nanigata que yacía en el piso, empapo su cabellos en la sangre de su dueña, y tras interponerse entre Hyo y Kein le entrego la lanza a Hyo -...vamos.
Pasados unos instantes Kurama se alejo un poco para no estorbar, y cuando se dio la vuelta, el mundo se detuvo; Kein tenía la nanigata enterrada en el pecho y caía de espaldas.
Hyo caía de espaldas dejando un chorro rojo frente a ella como pétalos rojos...
Kurama corrió a tomarla antes de que cayese al piso, pero no llegó a tiempo, se desplomó pesadamente, su mano lentamente escribió con grana tinta letras desconocidas para Kurama...
Le envió una mirada a Kurama que gritaba; "no vengas!"
Los cuadrados blancos y negros empezaron a deformarse, la superficie se quebrantó como agua y emergió una gran bestia semejante a una gran serpiente y se tragó a ambos.
Kurama, estupefacto observó a la serpiente alejarse en el limite superior del lugar, hasta perderla de vista.
Lentamente vio la Pluma caer hacía él.
Observó una figura blanca, e inmaculada acercarse.
-Kurama! – susurró Gon.
-como lo sabes? – preguntó Killua. La verdad es que era semejante, pero no estaba seguro si era la misma persona. Todo en él era blanco, a excepción de una pluma azul metalizado en su mano, curiosamente tenía orejas y cola.
-Youko-Kurama – musitó Kidara.
-...realmente es Kurama? – Kurapika estaba bastante impresionado - ...como es posible?
-no tengo ninguna explicación a dar de porque le pasa eso. – Kidara se adelantó. – que ocurrió? Donde está Kein?
-...donde está Hyo? – preguntó Youko-Kurama.
-...la escritora?
Los ignoró, se acercó al cuerpo de Albah, untó la pluma en aquella abundante tinta y escribió.
El destino y la suerte la trajeron de vuelta, por que sus propias palabras la salvaran, aunque no las escriba. Todo lo que ha pasado resulta en ello.
De la sombra del árbol se extendió
una ola oscura por todo el lugar.
Una extraña noche clara
donde nos podemos ver el uno al otro
Y por eso temo...
Temo que me puedas ver en esta noche,
Una noche que temo con demencia...
Temo que realmente puedas atravesarme,
Que realmente puedas matarme sin tocarme...
