Kay no decía nada respecto al comportamiento de su hermana, Takashi rogaba por enésima vez que se la quitase de encima
Kay no decía nada respecto al comportamiento de su hermana, Takashi rogaba por enésima vez que se la quitase de encima. Era algo inevitable para Chi, ella también como informática y curiosa quería ver aquello.
Takashi tenía la manía de ir a todas partes con su laptop, entendible; una herramienta cara, sofisticada, necesaria. Ese aparato era Takashi. Quizás la mayor habilidad que él poseía era el hecho de poder hacer funcionar el laptop bajo cualquier circunstancia, faltasen piezas o destrozado.
La pantalla tenía un gráfico, que no vale la pena explicar ya que no entenderían lo que allí se expresa; sólo se podía saber por quienes veían y entendían, como lo hacía Kay, sabía que era algo fascinante.
Hacía unos pocos instantes la confusión y el temor los invadió con la aparición de Haku, y posteriormente como actuaba Keiko, una de las enfermeras. Estaba congelada, pero despertaba una gran incertidumbre, una persona como ella, dentro de lo normal, simple y buena había entrado en un alarmante estado de shock y delirio.
Genkay debatía muchísimo al respecto, y quizás era la única que lo hacía, la gran mayoría volvía indiferente a lo suyo.
Anna se acercó y se vieron obligados a explicar que significaba la pantalla. "Es que eres tan inepto que no puedes explicar nada?" les había insultado.
-resulta que cuando hacíamos estudios de la torre en diferentes espectros siempre salía lo mismo, una línea que mostraba... nada – dijo tras pensarlo.
-pero que todos los estudios arrojaran el mismo resultado era intrigante... hicimos hasta los estudios dentro de lo ridículo, creamos programas dentro de lo ridículo... y todos daban lo mismo. – trató de arreglar Chii.
-...quizás simplemente no enviaba datos, no? – agregó Yoh.
Takashi y Chii se miraron y apretaron sus puños.
-yo te lo había dicho!! – estalló Takashi.
-es que no puedes dar un veredicto así!!
Anna les dio un golpe a ambos.
-y ahora que hay datos enviados... que muestran? – preguntó Anna aburrida.
Takashi se preguntaba por que rayos no se iba si le aburría tanto todo aquello.
-muestran datos ridículos, muestran lecturas de distancia negativas, temperaturas que no podríamos soportar, y otras cosas.
-y eso supongo que se puede traducir en algo... – Anna movía amenazante su abanico de papel.
-que hay cambios en toda esta quimera. – espetó Kay. – no se si han mirado hacía arriba...
Apuntó hacia arriba, cansado de que no notaran lo que él sí.
Poco a poco al grupo que miraba absorto hacia arriba se le unían otros...
Nevaba...
El cielo se resquebrajaba, silencioso, pausado y violento. Se tomaba su tiempo, descansaba y continuaba. Crecía como un árbol poco sabio; rápido.
Y nevaba...
No quedaba rastro en el piso de nieve, se hundía como si volviese el agua al agua.
Esperaban que pronto cayese un gran escombro... pero no ocurrió...
Continuó nevando...
Kidara y Youko-Kurama relucían en la sombra. Youko dejó caer el libro y la pluma levitó hasta el piso en un lento zigzag... que era lo único que se movía.
Youko regresó a ser Kurama... se dejó caer hacia atrás desconcertado.
-...y tus palabras se volverán verbo? – preguntó Kurapika tomando el libro.
-a que te refieres? – preguntó Gon.
-a algo que Kurama entiende muy bien. Escribió algo que le dio libertad a esto – dijo hojeando el libro que había dejado de escribir. – de alguna manera le haz quitado autoridad al libro de lo que ocurre dentro de su mundo. – vagamente escucho susurrar la palabra "vacío". – no está vacío por que nosotros estamos dentro. Si mi teoría es correcta esto no se desmoronara ni nada parecido, pero no podemos salir... tenemos que insertarlo en la realidad.
-y como rayos hacemos eso?
-tenemos dos opciones; algo bastante irreal de sincronizar nuestras visiones de lo que es el mundo, o matarnos entre todos y dejar a uno que inserte y pueda escapar. Pero eso también es improbable por que quizás su visión no sea la que corresponde y nunca se inserte y se quede perdido en sus fantasmas. – dijo Kurama.
Gon parecía algo confundido... Killua estaba alterado.
-no puedo concebir un plan así... estamos atrapados, en otras palabras.
-debes concebir un plan pronto en tal caso – dijo Kidara. – creo que esta es sólo una habitación... si entramos en otra podría ser que el libro vuelva a funcionar. Este es un mundo en el que el destino lo armamos independientemente cada uno y nos llevara a diferentes lugares... quizás...
-no, es demasiado impreciso. Tampoco es seguro de que el libro se recuperará si sale de aquí. – refutó Kurapika.
-...lo que dice Kidara... a la larga nos perderemos... – susurró Gon. – Y si nosotros escribimos?
-por favor Gon, acabamos de decir que el libro no tiene ya... – Killua se detuvo, la pluma cambiaba de forma en manos de Gon... pero no había tinta. – ves? Quizás la pluma funcione... pero no tienes tinta.
-la sangre funciona como tinta... si no estoy mal... Albah... – Kurama miró a sus lados, pero no estaba Albah ya. – es cierto... yo sí estoy vivo...
-...no es alentador saber que si mueres aquí desaparecerás – dijo Kurapika, puso una mano bajo la otra, se mordió el dedo y dejó caer gota a gota en su mano. – yo seré tu tintero...
Gon tomó el libro un tanto aprensivo, y escribió pensativo... pero no ocurrió nada...
-ves? Te lo dije – constato Killua.
-déjame ver... – dijo Kurapika tomando el libro. Observó unos instantes y sonrió – la idea era buena, pero está mal escrito.
Accidentalmente había manchado el libro con su dedo herido... escribió con el; "Que crezca una planta". Nada... la tinta se escurría por sobre las hojas sin resultado.
-Kurapika... la pluma – le recordó Gon.
Lo intentó de nuevo, pero ocurrió lo mismo. El libro no funcionaria.
-Killua, guárdalo en tu bolsillo – dijo Kidara. – vale la pena probar después... no es la idea perder el premio.
-que piensas hacer, DarkMoon? – preguntó Kurama.
-...insisto en que debe de haber una puerta.
-la debe haber, pero muy lejos...
-podríamos caminar...
Pero caminar... durante media hora no hubo cambio... Killua se adelantó... y apareció por sus espaldas.
Todo lo que quedaba de aquella mujer; Muren, eran sus relucientes ropas, donde el rojo resplandecía en la oscuridad. Alaniz cargaba a su hermano. Cloud observaba las ropas... había algo que no encajaba...
-Alaniz... la mujer? Dónde está? – preguntó Cloud.
-Cómo quieres que lo sepa?... no estaba pendiente de ella... – Alaniz reprimió un grito de ira... no podía culpar a Cloud por lo que le había ocurrido a Kris.
-...es que no es tan simple Alaniz, esa mujer tiene algo que me inquieta; sus ropas están aquí como si hubiese escapado.
-y eso que tiene?
-...es cierto, tu no sabes de donde salió.
-entonces dímelo.
-ella salió de las paredes de la torre.
-...intrigante. – dijo sin estar realmente intrigada.
Gen-Kay vio volver a Hiei junto al grupo que había ido por Yusuke. Por unos instantes trato de olvidar la fisura en el cielo.
-qué paso? Como lo encontraron? – pregunto. Cuando le mostraron a Yusuke no pudo evitar quedarse sin aire. – que significa esto?...
-debió ser la droga que trajo Keiko – dijo Leorio secándose el sudor de la frente con un pañuelo.
-tenías razón Gen-Kay, éramos demasiados – dijo Hiei sentándose para hablar. – fue un grupo demasiado grande...
-a pesar de eso no pareces decepcionado.
-En el camino nos encontramos con algunos personajes del otro bando. – Dijo Ren, que parecía estar en una opinión similar a la de Hiei.
-...Genkay, cuando encontramos a Urameshi... – Kuwabara tragó saliva y miró a Leorio.
-de una manera que aún no puedo comprender, estaba mucho más herido de lo que lo has visto. Fueron complicadas las primeras suturas... creo que deberíamos congelarlo.
-él sobrevivirá a algo así... pero Leorio, siento que hay algo más que quieres decir. – Genkay miró fijamente a los ojos de Leorio; mostraban temor.
-la droga de Keiko lo hizo auto flagelarse, todo eso que vez se lo hizo el mismo. Probablemente con sus propias uñas, quizás disparó su hatsu y se puso como blanco... realmente puedo imaginar muchas maneras en que se hizo todo eso...
Yusuke Urameshi estaba irreconocible, tenía la textura de carne chamuscada. Faltaba cabello en su cabeza en muchos lugares, una de sus orejas estaba desgarrada, casi colgaba de su cabeza. Su cara desfigurada, como si se hubiese tirado la piel desde los párpados con un gancho, no había boca bajo su rota nariz, lo que había era un encendido conjunto de pétalos de brillante carne... para que hablar de su cuerpo...
-a pesar de todo lo que hice aún está así... pude reconocer la aguja entre todo... así que debemos cuidar de Keiko y el otro paciente... y creo que sería prudente estar atentos a si alguien también fue inyectado y aún no muestra síntomas.
-...que es eso Genkay? – preguntó Ren mirando el cielo.
-eso me gustaría saber...
Miraron unos instantes el cielo, y lo ignoraron. Leorio suturó algunas otras partes que se podrían perder para cuando congelasen a Yusuke.
Las nubes en la habitación empezaron a desaparecer, al final estaban dentro de una habitación muy azul.
-no recuerdo haber visto un cielo así en mucho tiempo – Horo-horo observó hacia abajo y pudo ver a los lejos una nebulosa mancha blanca.
-yo nunca había visto uno así – susurró Reese.
-no? En Eluria... donde vivíamos el cielo era casi siempre de este color. Pero el que nosotras teníamos era mucho más intenso...
-así ustedes entonces son algo así como realeza... – dijo Horo-horo dejándose caer en el piso como los otros.
-una realeza sin reino. – Ann suspiro.
-..yo no podría soportar llevarlas así. Yo no puedo soportar verlas así, mientras recuerde como eran antes... – Reese fijo su mirada en un punto distante - ...Ann... las quiero matar... no, volver a matarlas... por que yo...
Ann soltó nuevamente un sollozo, estaba de acuerdo.
Horo-horo, impotente observó a las tres que había rescatado. Durante todo ese tiempo habían tenido el ilusión de que si mataban al controlador ellas quedarían libres, pero habían olvidado que marionetas sin titiritero son inertes.
-no sé que paso cuando las perdiste, pero tu no las mataste en ese instante. – dijo Horo-horo seguro.
-tú no sabes – replicó Reese.
Ann no decía cosa alguna. Horo-horo esperaba su cooperación.
-Conoces a Haku? – Horo-horo asintió – es un tipo que quería marcar su nombre en la historia con grandes hunters, entrenándolos él mismo, ser el orgulloso maestro, quería ser el orgullos maestro de un niño peligroso, un niño tan débil que para no quedarse solo acabo reteniendo eternamente a sus "amigos". Un niño tan débil que aún debe usar ayuda para poder retener sus capacidades, esas capacidades que si el niño no hubiese temido de usar no hubiese perdido a sus nuevas amigas.
Reese se incorporó y le mostró brazaletes en sus muñecas y cuello.
-nunca he dejado de sentirme culpable. Nunca he dejado de ser entrometido, nunca crecí.
Ann también se incorporó, pero no aporto palabra alguna a la conversación. Con hatsu se llevó a sus tres amigas, cruzó la puerta, dejándola abierta para que ellos pudiesen seguirla. Reese lo hizo inmediatamente, lo mismo que Horo-horo.
Y la puerta hacia el cielo desapareció en el azul.
Ann abrió y cerró puertas, cruzaron muchísimas salas. Lo que llamó la atención a Horo-horo era que todas parecían en decadencia. Hasta que finalmente, Ann se detuvo en las calles de una extraña cuidad. Todo parecía hecho de un líquido nacarado; ventanas, paredes, calles, sillas, mesas, puertas... Pero llovía hacía arriba, el líquido se elevaba hacia el cielo. Al pisar las calles se producían ondas que reverberaban en conjunto con todo.
Ann puso sus manos en el trayecto de las gotas, y atravesaban sus manos dejando por instantes una leve luz en ellas.
Su hatsu abrió sus laminas, tomó a Laine, la paró equilibrándola sobre si, tomó sus manos y la dejó caer; Laine se elevó junto a las gotas. Subía lentamente, su vestido de muñeca empezó a deshacerse en brillantes gotas, abrió los ojos, la luz del lugar se reflejaba en ellos y parecía casi viva. Ann le dio una sonrisa y estiró sus brazos hacía ella, Laine hizo lo mismo: imitándola... Y esbozo con dificultad una sonrisa.
Los tres observaron hasta que desapareció a lo lejos.
Reese tomó a Sefora en sus brazos, y al estirarlos para dejarla caer se volvió parte de la corriente. Su vestido también se volvía gotas, Reese tuvo sus manos hasta que ya no podía alcanzarlas, Sefora se alejo como si durmiese, serena... Reese sonrió y ella también.
Finalmente Horo-horo decidió encargarse de la hermosa joven, su rojo vestido resplandecía en el lugar y ondeaba a medida que subía. Ninguno de ellos la conocía. Cuando ella desapareció, Reese creyó que la corriente había cambiado... una lágrima había caído en su mejilla.
Cloud insistía en su teoría, si todo había desaparecido de golpe, los ladrillos, la hidra, las manchas de sangre, y las trampas... ¿por qué seguían aquellas ropas allí? Se atrevió a tomarlas, resplandecían en las oscuridad, cuando no debería ser capaz de verlas.
-cual es el punto en eso? Alégrate de que esa desgraciada halla desaparecido. – dijo Alaniz.
-...estoy intrigado en como pudiste llegar hasta aquí y encontrarnos... – dijo Cloud sin soltar las ropas.
-fue el espejo. Durante mucho tiempo me pregunte por que Kris había creado algo así, y tiene la mera función de protegerlo, algo que quizás yo no estoy haciendo bien. No sabría explicarte bien como fue, por que no recuerdo mucho de lo que hice en este enrevesado lugar hasta antes de encontrar a Kris.
-y el espejo desapareció? – preguntó muy interesado.
-no... aún sigue en shock después de lo de sus pies – Alaniz había cubierto los pies de su hermano con retazos de su ropa. – está detrás de mí. – Alaniz se movió a un lado, Y Cloud diviso al espejo inmóvil en la oscuridad. Se acercó y dejó que se reflejaran las ropas de la mujer, vio en el reflejo sus manos vacías, y al mirarlas en la realidad, las ropas se estaban escurriendo en lo negro. Al final no quedo nada.
-...tienes alguna idea como salir de aquí? – preguntó Cloud.
-supongo que el espejo puede ayudar.
Cloud tomó el espejo entre sus manos al ver que Alaniz no tenía intención alguna de soltar a Kris. El espejo no reflejaba la oscuridad, detrás de él podía ver reflejado otro espejo. Alaniz al ver la cara de consternación de Cloud se acercó a mirar, y también vio un espejo. Ambos se miraron... quizás... cientos de túneles formados de cristal eran abiertos por ese pequeño espejo que tenían frente a ellos. Cloud introdujo la manos dentro de la imagen, y a pesar de que fuese tan pequeño pudo pasar, Alaniz hizo lo mismo. Y el espejo quedo solo en la oscuridad flotando en medio de todo lo negro.
De la grieta se escurrió algo negro, como sangre seca.
A una chica le cayó encima, a una introspección un tanto más profunda, para que este "pequeño" detonante lleve nombre, la chica se llama Lia, parte de lo que eran los rebeldes, una luchadora regular, chismosa pero poco dañina. Lia siente algo pesado caer sobre su cabeza, todos a su alrededor dan un paso atrás, y ve en ellos sonrisas malévolas; sería que ellos planeaban aquello? Entre este proceso mental y las visiones que conlleva, la oscura sustancia toma forma y se ha vuelto un cuchillo en manos de Lia.
Unos segundos después Lia ataca a aquellas personas que le rodeaban, delira, se corta a sí misma en el proceso, no se defiende, no piensa.
Gen-Kay corrió en dirección del caos, muchos estaban en el piso, y una chica que nunca había visto y en un estado deplorable atacaba a todos a su alrededor. Por como estaba, sabía que la habían atacado con la intención de reducirla... logró notar cortes en su costado y la cantidad de sangre que había esparcida. ¿matarla o no hacerlo?
Antes de pensarlo demasiado, Hiei decidió por ella. Fue una ejecución rápida, sin agregar más rojo a la escena.
-no iba a sobrevivir aunque la congelasen. – dijo dejando caer el cuerpo como cualquier trasto.
-podríamos haber pensado en un opción ingeniosa para ayudarla. – dijo sin intención de reproche.
Yukina estaba muy asustada, Hiei la observó sigilosamente. Yukina trataba de llegar hasta los heridos esquivando los charcos. Muchos estaban muertos, otros no vivirían... y los que no estaban graves se levantaron y dispararon miradas paranoicas. Hiei recogió a su hermana en cuanto los heridos empezaron a luchar a manos limpia entre ellos.
Kuwabara los golpeo a un lado con su espada, Tooya los congeló.
Un joven tomó el cuchillo con el que había estado atacando Lia, había visto como se transformaba aquella sustancia negra en ese cuchillo. Cuando lo tomó, todo parecía mejor; ahora tenía un arma interesante... y de pronto todos parecían querer quitársela.
Genkay miró hacía sus espaldas, un joven tenía el cuchillo que había empuñado la chica. Lo interceptó en el aire cuando este intentó lanzarse contra alguien. Le dio un golpe limpio en la nuca, se lo lanzó a Tooya y antes de que el cuchillo cayese al piso le disparó con su hatsu para que volase muy lejos. En medio del trayecto el cuchillo volvió a tomar una forma indefinida, y se precipito como mercurio contra el piso. Genkay estaba demasiado lejos para llegar de inmediato allí.
Aparecieron ropas en el suelo, ordenadas en el piso como para ser admiradas. Los que estaba cerca notaron como el color pastelado de la figura de una mujer aparecía. Un dibujo perfecto, la mujer abrió los ojos y se deslizó a través de su extenso lienzo hasta donde se había derramado sangre.
Y Muren se levanto de su lienzo bebiendo con deleite.
Permanecieron sentados un largo tiempo. Confundidos de cómo caminar los llevaría a ninguna parte.
-estoy empezando a preocuparme. Si mueres desapareces, caminar nos hace pasar una y otra vez el mismo tramo... – susurró Kurapika.
Todos lo habían notado, sólo había que decirlo.
Kidara se incorporó y empezó a correr, al inicio temieron que quizás se perdiese, mas pasaba una y otra vez frente a ellos.
-...Kidara, detente, estas exhausta. – pidió Gon.
Kidara continuó.
-que no sirve!! – gritó Killua.
Kidara continuó, pudieron ver una expresión de dolor que no estaba anteriormente. Su respiración se volvía aún más agitada... Su espalda estaba marcada por venas, Y tras un instante notaron como empezaban a emerger alas. Una vez que nacieron, Kidara dejó salir un grito extasiado, sin dejar de correr... su velocidad aumentaba. De pronto se elevó.
-...claro, necesitaba impulso... – susurró Kurapika dejando de presionar las cadenas.
-Kurapika! La cadena! – le indicó Kurama al ver el gesto que le hacía Kidara una vez en el aire.
-no me extrañaría que se perdiese en esta negrura – dijo Killua observando como subía...
-...me pregunto si habrá techo... – Gon miraba a Kidara como su fuese la primera vez que la viese elevarse.
Kidara con la cadena en mano empezó a subir. Nunca la habían visto batir con tanto esfuerzo, ni que saliesen sus alas con tanto dolor. Llegado cierto punto, Kidara era un punto blanco, de pronto la cadena dejó de tirar. Kurapika estaba exhausto; no podría producir la cadena eternamente.
La cadena se estrelló contra el piso, caía rápidamente en el piso negro.
-que demonios va a hacer? – preguntó Killua.
-...el báculo!! – escucharon un grito ahogado. Gon lanzó el báculo con fuerza hacia arriba.
Kidara lo sostuvo, iba en caía libre, y aumentaba la velocidad constantemente... Rogaba por que el báculo aguantase el impacto... por que no quedaba mucha energía en su cuerpo.
Chocó contra el piso que no veían, pero que si sentían. Y lo atravesó...
Kurama, Killua y Gon miraron como no quedaba nada de la grieta que ella había hecho, de como había abierto un paso hacia un lugar blanco que no brillaba...
-...y Kurapika? – preguntó Kurama tras un instante.
Morvern no decía palabra alguna mientras caminaban por los caminos de una antigua cuidad. Ishii iba tímidamente tras él.
-...nunca me dijiste la verdadera razón por la que me seguiste ese día. – susurró Morvern deteniéndose frente a una dulcería. – no tienes nada que admirar de mí, nada bueno que copiar de mí, ni tampoco poseo algo que debiese de haberte hecho seguirme. Ahora estamos atrapados en una de las puertas... y se parece demasiado a tu cuidad.
-no es algo material... – dijo recordando como gustaba de unos chocolates rellenos de menta que habían en aquella tienda. – era el hecho de conocerte... por qué te inquieta tanto?
-por qué después de eso ya no eres el mismo chico burgués que conocí.
-aquel y el de ahora son la misma persona, por mi educación el de ahora es algo que tenía escondido.
-la gente cambia sin darse cuenta, conmigo yo sé que mostrabas aquello que no podía con otros... y ese ya no es el de ahora... tuve una mala experiencia a través de estas puertas, y me di cuenta.
Ishii parecía pasmado, rompió el vidrio y saco un caramelo de la vitrina. El sonido del papel al desenrollarse era sonoro tras el ruido del vidrio.
-...y que pasó?
-...me inquieta algo... sobre lo que ves y deseas de mí. De cómo me buscas, de cómo buscas que te perdone... no confundas mi amistad con otras cosas.
El dulce saltó de sus dedos... había una opción que tenía en la punta de la lengua pero que se había rehusado a usar como interpretación.
-haz vivido muy poco... así que por favor déjame en paz. Hay diferentes maneras de querer, y tú te estás obsesionando.
Hubo un largo silencio, viento sopló y los carteles de madera que colgaban de fierro chirriaron.
-piénsalo bien... para que cuando nos volvamos a encontrar en esta confitería estés claro. No quiero tener a otra persona a mi lado que no sea Ishii Funou, el hijo de comerciante.
Ishii abrió la boca lentamente, y se dejó caer de rodillas al piso. Un par de lagrimas manaron de sus ojos.
-...por qué a la gente le pasa eso Morvern? Cambia y no se da cuenta. – preguntó con su voz serena, sin la impresión de que fuese a quebrarse.
-...puedes cambiar, tu cabello, tu cuerpo, su manera de hablar, la ropa... pero no el alma. Es algo que no debes de cambiar. Y estoy confuso, por que no sé que ha sido de tu alma.
-puede, acaso, alguien darse cuenta de ello? No soy capaz de ver mis espaldas. Los lugares cambian a la gente... la gente cambia a la gente.
-...yo también me moví contigo, pero sigo siendo el mismo... o dime tu lo contrario.
-no, no haz cambiado. Pero por que no puedo cambiar?
-puedes cambiar, hay defectos que puedes y deberías cambiar, como tu obsesión por adivinar lo que va a decir la otra persona. Pero hay cosas que no debes cambiar... a mí parecer.
-...crees que aún esté esta confitería allí? – preguntó levantándose.
-...no ha pasado tanto tiempo Ishii. Desde que te fuiste de casa ha pasado no más de un año.
-claro, si es que salimos de aquí.
Morvern sonrió. Un sonrisa sólo por que aquella persona estaba allí, y por lo que hacía.
Ishii se abalanzó en un abrazo. Era bastante más bajo, por lo que Morvern no podía ver su rostro, que estaba hundido en su abrigo.
Cierto día caminé por el pueblo, a disfrutar de la mesada que no podía gastar, ya que no tenía oportunidad de salir a causa de las tantas instrucciones que recibía todos los días. Un día, mi criada me dejó salir, un día en el que mi profesor de álgebra había enfermado – eso significaban como tres horas libres – así que me di una vuelta por ahí, por aquellas calles que sólo conocía por haberlas visto a través del vidrio del auto.
Estaba parado absorto frente a la confitería, tratando de no derramar baba a causa del empalagoso aroma del azúcar fundido, el chocolate y el biscocho al horno. Era una tienda grande, la vitrina estaba llena de frascos llenos de cosas de colores con sus precios. Entré, estaba una mujer limpiando el mostrador, con pocos ánimos; era temprano. Me trató como a un niño pequeño, y por ello salí con una gran bolsa llena de un surtido de caramelos que quizás nunca comería por admirar sus formas. Afuera un hombre, vestido con un blanco delantal y gorro, empuñaba un uslero blanco por la harina. Gritaba a alguien que dormía a un lado de la confitería, no parecía un hombre con resaca, no olía, y dormía con tranquilidad. Despertó, se disculpó con un leve reverencia. Se fijó levemente en mí con sus ojos adormilados... y se fue caminando en medio del camino vacío. Su abrigo ondeaba con la brisa marina, un abrigo muy maltratado y embarrado.
Ahora que lo abrazo... temo que se vaya de nuevo por ese camino y yo tenga que volver nuevamente a mi rutina. Pero por alguna razón él quiere a aquel chico que conocía demasiadas cosas importantes y poco de lo trivial.. no el que soy ahora..
Cloud observó a su alrededor. El lugar era simplemente un casa bonita. A un lado en un mullido sillón dormía un hombre de edad. Al observar por la ventana se veía muchísima gente caminando por las calles.
-salimos?
-no lo creo...
Alaniz abrió la puerta, se apresuró a salir. El anciano despertó.
-...no des un paso afuera.
Alaniz lo miró molesta. Dio un portazo y fijo su atención en el viejo.
Cloud había estado observando la casa, tenía cosas bastante inusuales; colecciones de fragmentos de cartón, que quizás no eran sólo eso, y un montón de pedazos de cosas que se habían roto. Todo tan bien dispuesto que no parecía basura bajo ningún motivo. En medio de las estanterías notó un escritorio muy desgastado, el centro sin barniz y bastante hundido, los cajones estaban rebosantes de hojas de papel y tres botellas de colores distintos de tinta junto a un frasco lleno de pluma y lapiceras.
El anciano se puso pantuflas, tomó la silla del escritorio, al tomar asiento busco en un cajón del que no sobresalían papeles, para sacar un cigarro. Extrañamente, el cigarro se encendió sin fuego alguno, y el humo ondeaba como un a transparente cinta por la habitación dando elegantes formas, sin disolverse y sin volverse un molesto aroma para quienes no fumaban.
-todos los cigarros deberían ser así, todos podrían fumar sin molestar a otros. En los setenta crearon unos que no echaban humo, pero no era lo mismo. – fijo su mirada en sus visitantes mientras enredaba un listón de humo en su dedo.
Alaniz lo miraba con desdén, Cloud seguía en sus procesos mentales respecto a todo lo que veía. Kris miraba fascinado como el humo hacía formas.
-usted... quien es dentro del libro? Usted es alguien como la mujer de ropa roja? – preguntó Cloud tratando de constatar lo que debatía.
-Muren? – rió un poco con su voz raspada - ...puede ser – dijo de manera ambigua. – estoy impresionado de que alguien que tuviese el hatsu para llegar aquí. Para llegar aquí no hay puerta. El niño me perturba un poco. – Kris bajo la mirada – no quiere decir que te tenga algún tipo de rencor, es sólo que me esperaba que otro tipo de persona fuese la que llegase aquí.
-se refiere a la escritora? – preguntó Alaniz observando a su alrededor por una silla. – no tiene otra silla? Necesito sentarlo, quiero revisar sus pies.
-detrás de ti – dijo el anciano dándole una larga y profunda chupada al cigarro.
Cloud, quien había estado observando toda la habitación no había visto esa silla antes, después observó el escritorio, donde ahora, al centro, había un papel con algo escrito. El anciano guardó el papel descuidadamente en uno de los cajones.
-...la silla no estaba allí antes por que no la deseaban. – dijo fijándose en como Alaniz intentaba infructuosamente quitar los estropajos que le había puesto a Kris en los pies.
-...todos esos papeles son pedidos? ...yo deseaba salir de ese lugar...
-no – le interrumpió – en el caso de la habitación de donde salieron... esa ya no estaba atada a los pedidos a causa del que hizo una persona anteriormente, esa habitación esta desligada del sistema. Ustedes lo lograron por cuenta propia. No se como funciona el espejo del niño, pero ese articulo los sacó.
-...habían otras personas allí, como saldrán entonces?
-no pueden, por que no hay puerta. Pero hace unos instantes hicieron una, aunque no me responsabilizo de a donde les lleve... ahora entiendes por que algunos lugares son tan fortuitos... – dijo con una sonrisa suspicaz.
-...quiero saber...
Kris cayó hacia delante tratando de alcanzar la ventana. Cloud y Alaniz miraron a través del vidrio y vieron pasar a Katt.
-esa chica... no decía que... – Cloud no acertaba todavía comprender totalmente, el anciano les respondería, sólo tenía que preguntar.
-ahí afuera es a donde van los que han muerto o se perdieron para siempre en la torre. Si ustedes salen de aquí harán parte de esa cuenta. –
Cloud estaba un tanto perturbado, a lo lejos pudo ver a algunas personas que el mismo había acabado... pero las había acabado fuera de la torre.
-...hay algunas personas a las que maté fuera de la torre... por que están allí? – preguntó viendo pasar lentamente a un chico.
-"...los que han muerto o se perdieron en la torre..." – reitero. Tomó la cinta de humo, la corto, enrolló y tiró a la basura, pues se estaba enredando con algunos de los adornos de la casa. – desde el momento que pasan el domo pasan a estar bajo el mundo del libro. Sólo que fuera de la torre ustedes tienen la facilidad de salir o entrar. Aquí tienen que encontrarla... si es que el libro lo permite. – la cinta que quedaba ligada al cigarro empezó a crecer sin dejar de hacer vueltas caprichosas.
-...terminé lo que pregunte hace un instante; usted estaba esperando a la escritora? – interrumpió Alaniz al ver que Cloud había entrado nuevamente en sus procesos mentales.
-no necesariamente, pero alguien que entendiese correctamente como está funcionando todo esto. Muren es sólo una pista dentro de todo esto, alguien que piense en la torre como una alegoría. Yo también soy una pista, represento algo dentro de un todo... – miró fijamente a Alaniz – la persona que es llamada escritora, es alguien que al llegar se saltara todas las preguntas que ustedes están haciendo y llegaría directamente al grano.
-y cual sería ese punto? – preguntó Alaniz irritada, notaba desprecio en la manera en que hablaba el anciano.
-esa no es la idea.
-...usted como personaje dentro de todo esto... como se llama? – preguntó Cloud.
-no me interrumpas!! – exclamó Alaniz.
-si no lo digo se me olvida. – se volvió a fijar en el anciano, que estaba estático esperando a responderle.
-Togashi. – dijo casi sonriendo.
-...escuché que ese hombre era un gran hunter de herencias y de informática, uno de los pocos que pudo tener una vida bastante común; una casa, familia, pasa tiempos... no tan extrema como la que tenemos otros. Por que tenía una habilidad que se podía pagar muy bien. Que requería una pluma y un libro, decían que podía cumplir deseos y arreglar la vida de las personas, pero no podía hacerlo con todas las personas... un día un hombre desesperado lo atacó... y entre que moría se encargo de que aquella habilidad no fuera fácil de conseguir... Dicen que su hija se quedó con la pluma, y el libro se escondió.
El anciano sonreía.
-era un rumor poco común de escuchar. Estaba en boca de pocos. Como puedes ver, el libro tiene el poder de crear cosas muy poco comunes, pero son cosas que al estar fuera o dentro de la torre no hacen influencia en el trascurso de la historia. Que exista un mundo lleno de jarrones no influye en el trascurso del mundo. Pero acciones son algo distinto... muy distinto.
-..que pasa si le digo que quiero regenerar los pies de mi hermano? – dijo Alaniz desafiante.
-no es algo tan difícil de cumplir, sólo que no ocurrirá a corto plazo; el libro acondiciona de a poco el mundo para que los eventos que puedan cumplir tu deseo de cumplan. Hace que el deseo o lo escrito tenga un cien por ciento de posibilidades de ocurrir. Ya dentro de este lugar el poder tiene otras dimensiones pero tiene el mismo efecto.
-...entonces usted es quien ve si son posibles o no, el que aprueba las solicitudes. – Togashi asintió con la cabeza - ... entonces que es Muren?
-Muren... The Bloody Knife Muren… por eso viste de rojo… - dijo intentado fingir una sonrisa – es una alegoría de un deseo... el deseo de que no halla final, de que el correr de las hojas del libro no se detenga. Es algo que el propio libro creó... con el tiempo, tanto que ha grabado en sus hojas, tantos deseos que ha aguantado le han dado cierta conciencia de su existencia. No quiere llegar al punto final. – después de un instante de silencio, Togashi dio un largo suspiro – ahora que las hojas no están corriendo, Muren debe estar desesperada por acabar con los elementos; si el libro queda en blanco no quiere decir que se haya terminado... yo no tengo autoridad sobre ella como ella no la tiene sobre mí, pero de todas formas que mate a todos los que hacen pedidos me complica un poco las cosas.
-...matarlos a todos? – reiteró Kris aguantando el dolor, Alaniz ya casi terminaba de quitarle los jirones de tela.
-si, la nada es un persona bastante inútil. Parecía bastante contenta cuando llegaron los "Rebeldes" y mataron a los residentes. Te diré que ella sabe cada paso del libro, mejor que yo. Pero tiene el mismo nivel de conciencia que el libro, sólo es conciente de lo que se anota y no puede pensar más allá. Así que la sala blanca debe estar en un caos.
-..y cual es el siguiente paso? – pregunto Cloud.
-yo voy a esperar a la escritora o escritor, ese es mi deber aquí. Si esa persona llega aquí quizás podrán salir de aquí.
-o sea que no hay relevancia alguna si estamos aquí.
-esto simplemente se convirtió en un hecho curioso. Sólo les puedo decir que por la cocina esta la puerta trasera, si es que desean irse en este instante. Si no, puedo seguir respondiendo a sus preguntas.
-...usted sabe quien es la persona que ha de esperar? – preguntó finalmente Cloud.
-si. No se como es físicamente, pero en cuanto entre aquí sabré que es esa persona.
-entonces... espero que aparezca pronto.
Alaniz parecía tener varias palabras que decir en su garganta, pero Cloud la empujó a la cocina, la puerta trasera de la casa era una puerta como las de la torre.
-...pueden salir, pero no entrar. Si te preguntas por que es como una puerta de la torre. – dijo Togashi, un listón de humo se escapaba de la sala.
Al cruzar se encontraron en la puerta que daba a la cara del reloj de una torre. Cientos de autos giraban alrededor de la torre. Cloud y Alaniz se quedaron colgados de una de las manecillas, era peligroso caer sobre el vertiginoso transito. A lo lejos se veían más torres, y autos girando en su orbita. Entre sistema y sistema se formaba un diamante vació. Cloud y Alaniz se pegaron a la superficie del reloj, y con una flexión de piernas en cámara lenta llegaron a uno de los diamantes. El viento hecho por el transito era terrible, Cloud de pronto tiró del brazo de Alaniz y se metió dentro de un auto.
Kidara sangraba copiosamente. Kurapika se había despertado por la sensación tibia de la sangre, se apartó rápido. Temía haber empeorado el estado de su compañera. No había notado la humedad de su sangre por que el lugar en el que se encontraban se encontraba bañado por la lluvia. Constaba de una pradera de plantas de altura mediana, las puntas de las plantas eran blancas y parecían algodón, eran muy similares a las plantas con las que se obsesionan los gatos. El cielo tenía los tonos de un atardecer y podía ver claramente la luna sobre los tonos rojizos. No había cosa alguna aparte de aquel extenso campo.
Kurapika se paso la mano por la cara sin poder hallar solución a su situación; todo había sido demasiado de improviso, en el momento en que Kidara se había precipitado hacia abajo habría estado seguro de que hubiese impactado sin lograr nada, y en vez de eso había roto el piso como si fuese un cascaron, arrastrándolos a ambos. Observó a Kidara sin saber que pensar, como siempre lo llevaba a cosas que nunca hubiese considerado, no imagino en ningún momento que el piso se rompería, y no estaba seguro de donde estaban; no sabía si era una puerta o parte de la habitación de donde habían salido, incluso podría considerar que hubiesen salido de la torre. De momento llegó a la conclusión de esperar a que Kidara despertara para saber que había estado pensando en cuanto se lanzó de aquella manera.
Nunca imagino verla de la manera en que lo estaba haciendo en ese momento; frágil, volátil y débil. Muchas veces se había asustado por que sabía que ella nunca pensaba con límites, pero siempre le daba la impresión de que se volvería a levantar a pesar de todo. Ella siempre le decía que todo iría bien... nunca confiaba en sus promesas, aunque ella estaba obligada de cualquier manera a vivir y cumplirlas... siempre temía por ella, era una persona a la que podía querer sin tener que esperar algo a cambio por que ella no sabía como... si fuese una relación de otra manera no podría aceptarla. Y no creía poder encontrar alguien así nuevamente, podía usar la excusa de que era por que pertenecía a la tribu... pero en esos momentos, desde el instante en que la había vuelto a conocer no era la niña que había conocido en su infancia, era alguien completamente distinto. Y cayó en la cuenta de que antes de muchas cosas, él era un hombre y ella era una mujer. Antes de que fuesen de la tribu, de que ella fuese lo que fuese, que él estuviese cubierto de pecados, era eso lo que eran; personas.
Volviendo a la realidad, no podía tocarla. Se quitó el abrigo, envolvió su mano izquierda y la tomó, quería intentar poder quitar aquellas marcas... era cierto, la tribu Kuruta ya no existía, y Kidara había aceptado el hecho de que no era una integrante; no tenía por que seguir sufriendo aquella marca. También era por el hecho de que él era el único que no podía tocarla directamente... naturalmente no funcionaba, y se burlo de sí mismo al pensar en lo que estaba maquinando... ¿en qué estaba pensando? ¿qué ganaba con poder tocarla?
...a fin de cuentas enrollo su abrigo haciendo un cojín, cerró los ojos y dejó que la lluvia le refrescara el rostro. Se mordió el labio confuso.
Pasaban los minutos, hasta que de alguna forma se quedó dormido, la lluvia tenía un sonido tranquilizante.
Pasaban las horas, y Kidara abrió los ojos junto con un gemido. Los brazos le dolían intensamente, y entre la hierba en la que estaba recostada se había perdido el báculo. Kurapika dormía medio sentado a su lado, se alarmó al oler la sangre, pero no la veía ya que se había diluido con el agua. Ahora recordaba que lo había arrastrado en su pequeño experimento, vio el abrigo que había hecho de cojín y sonrió, esperaba que él estuviese despierto mirándola fijamente y muy molesto. En vez de ello había sido muy amable...
Su atención se distrajo unos instantes, la camisa blanca que él llevaba se le ajustaba al cuerpo con el agua y la hacía un tanto transparente; todo el cuerpo de Kurapika bajo los efectos del agua le hacían verle distinto. Y no podía comprender bien por que dentro de ella algo palpitaba intensamente a su vez que empezaba a sentirse acalorada. Llegó a la conclusión de que si no quería tener dilemas respecto a ello era mejor ocultar la fuente de tan extraña sensación; lo tapo nuevamente con el abrigo. Miró a su alrededor, intentó materializar las alas, pero su espalda resentida no le permitió volver a hacerlo. Dio el mejor salto que pudo, elevándose unos siete metros... y cayó al piso casi sin poder absorber como era debido el impacto. No lo sentía, pero podía notar que estaba exhausta. Una figura negra se había levantado a su lado, Kurapika la miraba bajo la sombra del abrigo.
-será mejor que no hagas esfuerzo – le dijo ayudándola a incorporarse. Con sus brazos y sus ropas hizo un pequeño refugio para ambos.
-...que haremos...? tenemos que encontrar otra puerta... tenemos que sacar a los otros... pero Killua tiene el libro...
-no te preocupes, Gon está con ellos... confío en que lograran atravesar el piso como tu lo hiciste... – Kurapika lo pensó un instante... ya se imaginaba a Gon, Killua y Kurama saltando, donde los dos últimos lanzaban a Gon como una bala para que usase su hatsu contra el piso (que de hecho eso era lo que estaban haciendo). – aunque no se si los llevaran aquí... – debió desviar la mirada, la túnica se le había pegado a la piel a Kidara. No era momento para pensar en las curvas que tomaban su cuerpo, tenían que fijar su atención en como poder salir, tenían el libro y la pluma ...y...- podrías ponerte el abrigo, imagino que tendrás.. frío... – dijo tragando saliva mientras sostenía la ropa para que se lo pusiera.
-la verdad no... no te preocupes... tengo calor. – dijo con tranquilidad. – aún así me gustaría poder secarme... pero no hay nada más aquí...
Se miraron el uno al otro unos instantes, les costaba actuar de manera natural. A pesar de que quisieran concentrarse en otras cosas... la química entre ambos al parecer era impermeable.
-...tengo problemas... – dijo Kidara intentado desviar el incomodo ambiente - ...creo que no podré luchar si algo aparece.
-ya lo había notado... no es tan grave... a estas alturas no deben quedar muchos enemigos que vencer. Sólo tenemos que volver, confiar en que ellos podrán salir de la habitación negra... y saber como salir de aquí...
El silencio es incomodo... en especial cuando estás vestido de blanco y cae lluvia.
Cuando solías maravillarte en la biblioteca me hacía bastante feliz... no creí que existiera alguien que pudiese ser tan feliz con sólo eso. Son nada más que letras, papel y cartón. Pero después me di cuenta de que para ti eran más que mi mirada objetiva, me diste a leer algunos de tus libros favoritos... existen otros como yo, eso fue lo que pensé después de leer el primero. Y me maravillaba que pudieses volver tangibles todas tus fantasías... envidiaba mucho de ti aquello.
Ahora si estaba sumida en verdadera oscuridad, sentía alrededor suyo los brazos de alguien.
-Minamino? – preguntó escuchando varias veces el eco de su voz.
-...no. – escucho en su oreja, ahora sentía una respiración cerca de su rostro.
-...es usted Kein? – preguntó con un escalofrío, sintiendo todo el cuerpo de Kein aferrado al de ella.
Y había sido por ella que había leído por primera vez un libro completo que no fuera un manual de alguna maquinaria.
...pero ella no había creído en él...
-soy yo, Hyo. – dijo con una voz que moría.
-...pensé que ya estaba muerta, no creí que los efectos dentro de la torre terminaran así. – no podía ver nada... pero se dio cuenta de que simplemente tenía los ojos cerrados.
-si ni si quiera creíste en mí... como vas a poder creer en lo que tu haces?
Hyo abrió grande los ojos, Kein estaba frente a ella, y ella estaba atrapada entre sus brazos. No sabía que hacer, no había libro que leyera que la preparase para aquella situación. Miró con una leve desesperación a los lados, veía mucha gente caminando, ambos estaban tendidos en el piso.
-...qué relación..? – era una mala idea contradecirle - ...a veces en quienes más cuesta creer es en uno mismo. Sin importar cuanto te lo repiten y te lo comprueban los demás. Tú no crees en los demás, y sabes que ellos tampoco creen en ti, por eso sufres tanto.
-no es cierto – sus brazos cerraron en un tirante y ahogante abrazo, Hyo liberó un grito ahogado al perder aire y escuchar como crujían sus huesos. – yo creo en ellos, ellos son los que no creen en mí. – hablaba, siempre, susurrándole al oído.
"que alguien me ayude" pensaba Hyo, estaba segura de que funcionaria, todo lo que pensaban, todo lo que deseaban aparecía en el libro... era posible que alguien estuviese leyendo y la ayudase.
Con cada respiración en espacio en su caja torácica disminuía, la presión de Kein nunca terminaría.
Vio de pronto algo extraño entre todas las piernas que pasaban, los zapatos brillantes de cuero negro de un hombre estaban detenidos frente a ellos, trato de levantar la mirada suplicante, y vio un impecable frac negro con líneas blancas, una inmaculada camisa blanca adornada con un elegante rosetón de raso negro. Era un hombre de edad, y fumaba algo que dejaba un cinta fantasma de elegantes formas.
-usted debería saber, señorita, que en esta zona nada la puede ayudar. – el caballero golpeó a Kein levemente, el piso se abrió llevándoselo mientras continuaba el abrazo sobre sí mismo. -...si pregunta por que no lo dejó aquí, es por que no murió. Acompáñeme. – el hombre la ayudo, y entre la cuidad que parecía una acuarela sin terminar, donde todo era claro y sin definirse y de un color sepia, caminaba gente, como por la vereda de la cuidad. Pero ninguno hacía lo normal, faltaban los detalles de aquel que espera mirando la hora, la mujer que lee por ahí, las personas apuradas, los que discuten, incluso el ladrón. Todos caminaban bajo el mismo ritmo, lento, como si no tuviesen muchas fuerzas... sus brazos colgaban firmes a los lados, en un leve balanceo...
-Albah... – allí estaba su hermana caminando a lo lejos, llevando la caja a su espalda con la nanigata de la familia. El hombre la detuvo.
-...lamentablemente ella si está muerta. Y creo que lo sabe muy bien. Mmm... – miró a su alrededor – lamentablemente, no puede ilusionarse con nadie que esté aquí, todos ya pasaron al otro lado, los que ve son solo los archivos... a usted le dicen "La escritora"...
-...eso me han dicho.
-puede descansar – le dijo el caballero con una sonrisa sincera. – yo le aseguro que usted no es la escritora.
-...pero que al principio de todo estuviese en la habitación del libro no significa nada?
-la escritora o escritor tiene que llegar... no aparecer. – dijo riendo.
-...eso... me hace sentir un tanto vacía. – miró el piso... buscando cada pequeño detalle sin hacerlo realmente.
-yo creo que también debe de sentirse decepcionada, su papel de importancia en todo esto ya no es como antes. Pero le puedo asegurar, que si la persona que sea el personaje que estoy esperando es despreciable, haré algo de papeleo... – hizo una pausa, y abrió una puerta cercana; daba a la torre – usted podría haber sido la escritora, pero ya era una escritora antes de venir, escriba lo que usted quiera, no lo que debe escribir... debe tener un montón de ideas empolvadas – le extendió la mano a Hyo, y se estrecharon un momento – que tengas un buen día Hyo.
-que tenga un buen día señor.
Y la puerta se cerró a sus espaldas.
Noa de pronto se había dejado caer en el llanto, Sorento seguía caminando entre las puertas cargando, sin flaquear, a su hermana. En ese momento habían vuelto a la torre.
-...déjame respirar un poco, y podré caminar. – dijo Noa apretando el brazo de su hermano.
Sin palabras, Sorento obedeció sin soltar la mano de Noa.
-Laine.
-...lo lamento por ella. – susurró Sorento.
-salgamos pronto de aquí, por favor. Así será menos lo que tendrán que esperar los demás.
-...parece que nunca dejaremos de tener este estilo de vida.
Noa hizo un gesto muy similar a una sonrisa; era una sonrisa movida por el dolor.
Al avanzar, llegaron a una sala nueva, al pisar empezaron a seguir una curva; el piso era negro brillante, acrílico, surcado por surcos. Esperaron que los llevara a alguna parte, pero al parecer no había ningún tipo de desplazamiento en ello.
Estaban sobre un vinilo gigante. Un vinilo gigante sin aguja alguna que le hiciese cantar. De pronto la aguja respondió a este llamado, y en el enorme brazo negro entre un par de cables lograron ver una puerta. Frente a esta oportunidad, obviamente aprovecharon.
A la siguiente puerta se encontraron con la creme de la creme; aquella grieta en el cielo ya había avanzado más allá del horizonte.
Era una persona normalmente taciturna, desabrida sería la palabra exacta. No había mucho en él que llamase la atención, quizás era una más de las personas que no parecían encajar bien dentro de un campo de batalla, pero sí con una biblioteca o cyber café, sin muchos temas de conversación triviales, si no más bien cerrados como la caja de un disco duro defectuoso. Su conocimiento estaba lleno de papel, y no existía otra cosa en su mente a parte de una lista infinita de textos de cientos de temas y el teclado de memoria en cinco formatos distintos... conocimiento, conocimiento y más conocimiento.
Era una persona práctica.
...claro, refiriéndose al tipo de persona que sabe cuando escapar, quizás la palabra adecuada sea inteligente.
Cuando encontró una puerta que parecía ser segura, y calculando las posibilidades, decidió que no tendría que preocuparse mientras se mantuviese escondido, y se moviese como tenía planeado. Tampoco había que pensar que nadie lograría llegar a la misma puerta que él; incluso después de una tiempo la cantidad de frecuencia en la que entraban a la habitación aumentaba junto con las veces que él tenía que esconder su posición moviéndose. Llegado cierto momento se perdió.
La sala, extensa y muy negra, estaba llena de estos carteles publicitarios que la gente pone afuera de sus locales con la forma de una mujer o un hombre en tamaño natural, todos se deslizaban en series lógicas sobre rieles de formas cambiantes hasta muy lejos.
Como racional que era, no entró en pánico cuando dejó de reconocer la posición de los rieles en el piso... recorrió siguiendo un solo riel, esperando que quizás le llevase a algún tipo de terminal; no puede ser infinito, pensaba.
De pronto vio un cartel, entre toda esa gente hermosa, seductora y estereotípica, un hombre de lo más común sosteniendo un libro. De elegante tuxedo, brillantes zapatos y pose impecable... no había lógica en utilizar a una persona así para un spot publicitario. Cada vez que lo perdía de vista y lo volvía a ver su pose cambiaba, perturbante, guardaba el libro, se arreglaba el gorro, revisaba el lustre de sus zapatos, y de pronto empezaba a hacer gestos;
"tú puedes..
botarme...
e irte...
lejos..."
Era increíblemente interesante, y la figura de pronto levantó los brazos, para después apuntar su riel.
Él corrió casi sin aire, pues su condición física era pésima, y botó la figura... pero el riel salió disparado, se lanzó hacía el piso y se tomó con las manos del pequeño carril... su velocidad era vertiginosa, y hacía que se despidiesen volando las figuras en su camino, las rueditas de los carteles atropellados salían volando un par de metros, para después caer y desparramar brillantes tornillos en el negro piso. Los carteles con sus caras sonrientes creaban una ola que se elevaba sin peso, como cartas lanzadas hacia el techo...
Las manos dolían mucho, pero él creía que dolería más soltarse y salir despedido como toda esa "gente".
Sonó la larga bocina de un tren; ya llegaban a la estación, una estación hecha de papel doblado. Pero pasó tan rápido que la estación voló ligera por sobre los carteles, el camino siguió por la dirección en la que iba la estación sin dejar de hacer volar las imágenes, hasta que de pronto se detuvo y él salió despedido en la misma dirección. Valoraba mucho su propia integridad física, y entre todo ese papel al que se aproximaba logró ver una puerta, junto los brazos a su cuerpo para ganar velocidad, y justo cuando todo parecía caer se tomó de una bolita de papel que hacía de manilla... la puerta se estrelló contra el piso y se abrió, quedando escondida entre toda aquella contaminación publicitaria, chirriando abierta a un cielo naranja.
Era como si la puerta de la que había venido antes se hubiese transformado a sí misma en cuarta dimensión, y con personajes no estereotípicos... pero pronto cayó en cuenta de lo que eran todas esas personas, a muchas las conocía. Dio un uso exhaustivo a su imaginación para más o menos atenerse a la idea de que significaban esas personas allí.
Examinó las calles de colores acuarelados y difusos, Pronto notó una casa diferente, una casa que se veía firme y bien enfocada entre todo aquella imagen. Sin dudar un instante se dirigió a ella, y sin si quiera tocar a la puerta entró para encontrarse con Togashi.
Togashi estaba envuelto en una cinta brumosa de humo, y lo observaba examinándolo detalle a detalle.
-no vas a preguntar nada? –consultó botando parte de la ceniza del puro.
-...estoy pensando por que empezar... para estar seguro. – dijo con una voz muy suave.
-lastimosamente no tengo el libro...
-...- el joven observó el escritorio y la pila de papeles que se salían de los cajones – creo que no lo necesitare.
-tu mente funciona rápido. Y bien, señor Christian, que hará primero?
-deja de interrumpirme con tus preguntas... estoy pensando.
Christian se arregló su camisa lentamente, arremangó las mangas, se echó el cabello hacía atrás, y sacó con sutileza un estuche de lentes de su bolsillo, del que saco su contenido lógico y les dio el uso debido.
-...listo? tiene una manera de pensar extraña. Sabe?
-silencio por favor... – le indicó mientras tomaba asiento, como si fuese una especie de ritual.
Togashi se echó a reír un instante, Christian le lanzó una bola de papel para que callase. Pero Togashi continuó entre dientes.
En cuanto Sorento se vio inmerso en una terrible escena, digna de llamar apocalíptica. Se vio en la obligación de empezar a disparar sin son ni ton. Siempre Noa tras él.
-no es necesario que te muevas, tampoco hay mucho que salvar... – susurró después de unos instantes en que ella parecía debatir entre dejar de resguardarse. – por favor... permítemelo, tu los cuidaste por mucho tiempo. No les debes nada.
Quizás estas palabras crearon el efecto contrario. Entre defender su propia vida y defender a su hermana. Sorento debió de quedarse donde estaba mientras Noa corría atravesando ríos humanos.
A la segunda vez que intento buscarla, ni si quiera trato de mirar a un lado.
Había una gran cantidad de témpanos de hielo con gente dentro. Y ninguno de los que corrían cerca atinaba a sacarlos de allí...
Mientras estuviera la gota de sangre corriendo de su cuerpo, también lo haría la locura.
Poco a poco empezó a calmarse todo...
Un silencio terrible y mortuorio...
Pero no mucho tenía que ver con la muerte aquel silencio. Simplemente todos caían, cerraban los ojos como si de pronto hubiesen decidido que dormirían.
El carmín que pintaba el piso empezó a fluir junto con la nieve derretida... y poco a poco, sin el calor humano, el escena se limpió... como si alguien se hubiese dedicado a darles unas pinceladas blancas.
Pero, así nadie notaba que la mitad del cielo se estaba deslizando. Y la sombra que proyectaba parecía ser demasiado negra.
A veces suele ocurrir que se terminan los temas para conversar, y muchas veces atinamos lanzar algo para continuar, para terminar con el incomodo silencio que se forma. Pero... parecía que ellos intentaban dejarle eso a la lluvia.
No sabía que sentimientos dejar pasar respecto a los extraños ojos de Kidara. Uno ojos afilados, llenos de unos irises negros con un sutil fulgor rojo.
La conexión se rompió, ella miró al piso e indecisa se puso los dedos en los labios. Estaba terriblemente confundida.
De esta manera no tenía que ver el color que había tomado Kurapika y confundirse aún más...
"...no es momento para esto..." se repetía, luchando contra un acelerado latido, la imprecisión de sus manos temblorosas y alguna que otra hormona. Le avergonzaba aún el hecho de que en el fondo, quizás, reaccionaba así por que era algo que deseaba. Sabía que en aquella situación... fluiría...
...sacudió la cabeza frente a esa idea.
Kidara volvió a poner atención sobre él. Como conociendo algo nuevo, Kurapika no pudo esquivar sus dedos que iban a sus labios. Como si doliese, permitió esto, cerrando los ojos. Pero finalmente sintiéndolo.
La ropa se empezaba a teñir.
Pero lo ignoró. Por primera vez lo olvido, y no lo notó. Había algo que quería repetir, algo que era un hecho que había pasado, un hecho que ambos al parecer habían olvidado. Y era cierto, ya no recordaba aquella sensación.
Sin darse cuenta delineó los pequeños labios de Kidara con sus dedos, y lentamente, siguiendo el susurro de la lluvia hizo que ella lograba comprender aquella sensación en sus labios.
Sabía esa reacción, sabía que ella no reaccionaria. No sabía si odiaba o gustaba de esa extraña cualidad que había adquirido (o perdido) Kidara con el tiempo, era una extraña fantasía que ella se quedase así, abierta a lo que él quisiese hacer.
Era demasiado perverso para Kurapika hacer algo así.
Pasó sus manos lentamente, en ese beso simple, desde los hombros, los brazos a la cintura. Dudo unos instantes, y sus manos se cerraron en un abrazo que rompió el beso.
Disfrutó ese instante, ese instante de tenerla, de sentirla, prácticamente piel y piel. Sus curvas, su tibieza...
Sintió algo más denso que el agua, e increíblemente caliente.
Y se dejó caer de rodillas. Kidara lo miró desde arriba.
-perdona... – susurró. La sangre fluyó rápido y sólo quedaron algunas manchas en la túnica de Kidara, nada más.
-...no... no pasa nada... – dudosa se acercó y lo estrecho contra sí. Con una sonrisa poco común en ella.
Kurapika lo encontró irónico... el que comprendía sus sentimientos y no supiera que hacer. Y ella que los desconocía, y se dejaba llevar por algo distinto... entre incomprensión y comprensión algo debe haber, más allá del desentendimiento.
...Y en ese momento, realmente le pareció un ángel.
Horo-horo hacía más de un rato se había ido de vuelta al cuarto en blanco. Se fue con una sonrisa inmensa, como para darle algo a Reese y a Ann... y de alguna manera lo logró.
Ambos decidieron quedarse en la torre, se sentaron en las divisiones invisibles entre piso y piso. El cielo en la cumbre... era difícil saber si amanecía o atardecía.
En unos momentos sintieron un gran golpe, algunos ladrillos de piedra se movieron sin soltar polvo. Ambos ni se inmutaron.
-si se terminara aquí, no me importaría – dijo Ann.
-a mí si. – dijo con una cara, sinceramente, triste.
-no hay nada que me debas.
-no me refería a eso. Aún me quedan Ai, Morvern e Ishii. Tú también me quedas.
-serán un grupo divertido, conozco mucho menos de lo que Laine hizo a cualquiera de ellos... no me mires así, realmente no se que hacer.
-hagamos una apuesta. Te quiero en mi banda a cualquier costo.
-no me gusta como suena banda.
-hablo en serio, banda, banda de música. – Ann lo miró sin entender.
-no lo sé. De pronto se me ocurrió. Con descargar un poco de tus emociones en papel, y con algo de imaginación podríamos hacer buenas canciones.
-me parece una idea cursi y fuera de lugar. - y después de un instante rió. – no es mala idea. Tener una existencia un poco más normal... – vio algo en dirección a la cúspide. Algo caía... un cuerpo, de un hombre caía rompiendo la barrera invisible que se formaba entre los pisos. Se quitaron del camino, mas cuando el cuerpo se acercó la fuerza con la que caía los arrastro con ellos. En el trayecto cayeron una par más de personas.
Al llegar al final por medios propios de cada uno evitaron una fea caída. A Reese se le iluminaron los ojos al encontrarse con Ai.
-por favor... – susurraba ella mientras lo mantenía alejado con sus brazos extendidos. – no soy tan tonta para arriesgarme a morir aquí. Hola, chica.
Ann le sonrió. Junto a ellos también había caído una chica de cabello de color extraño. La chica se miró primero la ropa, y después sus zapatos destrozados.
-rayos... quién fue la lumbrera que cayó? – preguntó, los tres no esperaban encontrarse con Clef.
No hubo momento para comentarle nada, otra persona allí era Kein.
Ai hizo reventar un globo de goma de mascar.
-...que alegría verlos – exclamó Kein.
Reese estaba muy tenso. Era imposible negar el miedo que inspiraba el aura de Kein. El color del cabello de Clef se volvió gris.
Kein hizo un único movimiento, quizás nada peligroso. Pero Reese se lanzó a atacarlo... Kein salió despedido varios metros hasta quedar incrustado en la pared.
Otro temblor.. Kein cayó al piso.
-que te pasa?? – le preguntó Ann alterada. Reese la sujeto bien para que no fuese en ayuda de Kein.
-él... debemos escapar de él.
-...Ann, digamos que él es responsable de muchas cosas - aclaró Ai.
-ya me lo imaginaba – dijo Clef. – no tengo intenciones de enfrentarme con nadie. Hasta que lo encuentre a él. – los mitones de Clef crecieron hasta amarrarse de varios pisos de arriba, y desapareció al otro lado del disco de piedra.
-ella es inteligente... creo que yo también... – infló un globo muy grande, y se preparó para saltar sobre él. Ann desinfló el globo son sus miembros metálicos. – que te pasa? Si querías venir también te hubieras subido y ya.
-no es eso. Recuerdas la clausuras del trato? – Ai se apresuró a observar Reese.
-claro que sí.
Ocurría de nuevo aquello, para otras ocasiones habían contado con ayuda de más amigos, pero ahora estaban sólo ellas.
-...me pone nerviosa... – susurró Ai sacándose la boina y guardándola en su bolsillo.
-...de las que cosas de las que te preocupas...
-la verdad es que no me preocuparía que matara a Kein. – Ann no respondió, ambas se alistaron por lo lados de Reese y Kein.
A veces me siento frustrado... y simplemente me siento mal, decepcionado.
Otras veces me siento nervioso,
Otras tengo miedo...
Pero no siempre entro en furia, quizás cuando se mezclan demasiadas cosas, y no las puedo controlar me dan ganas de cerrar los ojos, y detenerme un momento, por que ya no puedo más. No otra vez.
Con movimientos bruscos Reese se quitó las argollas como si fuesen de papel. Tintinearon un par de veces en el piso.
No había nada de artístico en la manera de luchar de ambos, golpes iban y venían, de manera precisa y práctica. El ambiente era muy tenso, ambos tenían una sensación escondida dentro de sus auras, algo profundo, e intimo.
Solía quejarme mucho cuando era más joven. Cuando me fui de ese lugar me di cuenta de todo lo que había perdido. Y todo lo que quería era irme de sus manos. Pero de alguna manera siempre se empeñaron y lograron mantenerme con ellos. No era para ellos alguna complicación el lograr aquello.
Me perdí a mí mismo con Haku.
No sabía si odiar o amar a Ross.
Y no sabía hasta que punto era lo que yo quería... quizás no quería nada de aquello, y me arrepiento.
Es divertido cuando te influyen mucho los gustos de los demás al comprar algo y una vez que haz adquirido este nuevo articulo, ya no te gusta. Una vez que estas sólo, te das cuenta de que simplemente le gustaba a los demás, no a ti.
Ann y Ai no tenían ocasión de acercarse.
Hacía más de un año. Les habían encargado a todos que no se acercasen demasiado a Reese, pero ellas ya estaban demasiado cerca. E hicieron un trato, si Reese entraba en cierto estado, en que su aura estallara de manera anormal había que detenerlo.
Ocurrió unas veces, y siempre estuvieron juntos, muchos amigos. Ahora no quería decir que ya no lo fueran... pero así, juntos no tenían miedo.
Era una promesa, había que detenerlo; siempre.
Llegado un momento, Reese logró tomar por la cabeza a Kein, estrellarlo contra el piso y tomarlo por la garganta. Pero en ningún momento presionó.
Empezó a susurrar, no se comprendía nada. Después de unos momentos, habló con esfuerzo.
-me preguntó que te habrá pasado. Que clase de infancia tuviste. Y por qué eres tan débil... yo pensaba que yo era débil. Pero creo que no es así, yo al menos puedo confiar, y creo conocer a mis amigos.
Si, y una vez que estás sólo deseas no estarlo más. Y muchas veces no importan tanto las autenticidades, mientras puedas estar rodeado... rodeado de quienes?
Son personas que a la larga se irán. No serán nunca permanentes.
Es como si te estuvieras en un parque con semillas, las aves vienen, y cuando se acaban las semillas se van. A veces alguna esperan por más y se quedan. Pero es por las semillas. No por ti.
Kein reía con la cara llena de lágrimas. Y le había roto una mano a Reese.
Reese salió despedido y fue agarrado por Ann y Ai.
Kein se tiraba el cabello, y gritaba muy fuerte, como con intención de romper su garganta.
Siempre estaba preocupado. Siempre de la gente a mi alrededor, y confiaba en ellos. A pesar de todo... todo. El humano es maligno, mas bien el adulto puede ser maligno, el desalmado y el tonto también. No puedes confiar ciegamente, las personas suelen traicionar...
Pero yo confiaba en promesas nunca hechas.
Y siempre estaba pendiente, siempre trataba de escuchar más allá.
En realidad no confiaba en nadie.
-Haku! Ya... no... por favor Ross... – decía ya con la garganta destrozada y una voz gutural.
Y habían aves que me encantaban. Sabes? Me arrepiento de haberlas acercado de esa manera. Pero ya lo había echado a perder.
Y nunca habrá una igual a la otra...
Tampoco estaba la opción de volver atrás y llamarlas a de otra manera. De una manera más autentica.
-estoy bien... – musitó Reese. – es sólo que él me enferma. No lo pude evitar. Tampoco le puedo ganar.
-...yo creo que no será ningún problema. Claro mientras lo dejemos y él se quede aquí.
-...después de todo es su culpa... – culminó Ann. Trató de tomar el brazo de Reese para ayudarlo... pero Reese la miraba con algo muy parecido a la ira.
-que dijiste? – le interrogó.
Los ruidos de Kein se habían detenido.
-...sabes? yo no sé si quería. No sabía si quería que yo quisiera. Pero hay honores de paso... no, no me estás entendiendo... por que no te mueres y ya? Si me dejas a la mitad todo sería mejor... iba en lo de que me estás culpando, señorita Eluria.
-por favor... escapen – rogó Reese. – creo que está en su límite.- explicó.
-que alguien me explique que le pasa. – dijo Ai sin soltarlo.
-...Reese no hay a donde escapar. No sientes el piso?.
El piso se movía, insistentemente. No lo estaban notando claramente por la presión del aura de Kein y la de Reese.
Kein se acercaba.
-...no importa, ustedes podrán sobrevivir aunque esta cosa se destruya. Pero a él no sobrevivirán. – le dijo y con sonrisa, una autentica esta vez -...por favor.
-y tu?? – le gritó Ann – entonces acaso tu vas a sobrevivir?!
-...pues claro. Ustedes viven yo vivo, así de simple.
Otro temblor.
Reese se abalanzó contra Kein.
Ai se tomó de la mano con Ann, se puso la boina y la mantuvo apretada a su cabeza con la mano. Infló un globo de goma de mascar, y al reventar se llevó a Ann con ella.
-REESEEEEE!!
Un impulso invisible empujó a Reese.
Kein simplemente lo miró fijo. De pronto aparecieron varias heridas.
-siempre me dio curiosidad saber cual era tu hatsu. – dijo Reese limpiándose la sangre de la cara.
-...yo te entrené... no, tú lo entrenaste. Quítate! - a pesar de que Kein estuviese en constante debate, luchaba perfectamente. -...debo dejarle claro a la señorita Eluria de que esta hablando.
-quieras o no es tú culpa. Si lo miras de manera objetiva es así.
-yo nunca quise... yo sí quise.
Y de pronto era tan confuso, compraba cosas que no me gustaba. Me acostaba con una mujer que aborrecía... sentía cosas que me abrumaban y mareaban por que no las quería sentir. Simplemente no estaban dentro de la lógica de mi cuerpo. A veces escogía cosas que yo quería, decía cosas que yo quería, hacía lo que YO quería, y algo punzaba en mi interior...
-sabes? Ya me canse – dijo de pronto Kein. – hazme un favor, córtame la cabeza, me esta molestando mucho.
Reese se impresionó en un principio. Extendió los brazos y una masa de plumas negras se levantó tras él.
-espera... mejor lo hago yo.
Estoy ya tan cansado.
-ah... mi hatsu... te mostraré como es mi hatsu. Se supone que te daba curiosidad, no? Yo imagino, y se hace. – paso sus dedos por su garganta... y su cabeza rodó por el piso.
Y por todas esas cosas que ocurrieron, creo que por que fui muy débil y ciego, no los quise ver más. Quise que no se levantaran nunca más de sus camas, ni iniciaran sus días nuevamente. Por que dormidos de alguna manera eran otros seres, todos se veían muy parecidos y mágicamente ninguno se veía malvado. Era algo más placentero para todos, incluso para la hermana que nos cuidaba.
...naturalmente era muy niño como para comprender lo que había hecho.
Esta persona vino, y me sacó de mi llanto. Y todo lo que decía lo cumplía, era una persona extraña que gustaba de mis extraños poderes.
Un día notó que no podía controlarlos ya, que había sobrepasado un límite. Y me ayudo con ello, me ayudo a encontrar amigos... por que él nunca fue mi amigo.
Ya las hecho de menos...
"Hay un agujero en una isla. Y si lo miras desde arriba, desde hace varias horas que gente en su interior, recorriendo las puerta que hay al interior de sus pisos.
Pero desde hace un rato ya casi no hay movimiento.
Detuve momentos importantes, detuve momentos decisivos, detuve el culmino de una larga historia. Detuve el amor, el odio, el miedo, la desesperación, la avaricia, el deseo... pero sólo lo detuve, en unos instantes, y tan fácil como apretar el botón de "play" en un control remoto, todo continuará.
Como verán detuve a Muren, allí donde el cielo se parte.
Como el autor, de momento siento que debo de paralizar un momento el caos. Quizás no sólo paralizarlo, si no que terminarlo.
Pero el orden natural de las cosas, y las convicciones de cada persona me lo impide. Estoy echando a la basura mucho esfuerzo.
...¿qué hacer?... es tentador todo lo que puede ocurrir para la pluma de un escritor. En esta torre los factores agregables son muchísimos.
Pero...
Pero. Estoy tratando con personas reales, no puedo hacer las cosas a mi sentido estético. Debo decir que me tienta mucho saber que pasaría si Haku tuviera un vuelco en este instante que Kein ha muerto. O si Reese de pronto perdiera el control y se liberara ese extraño poder del que hasta Haku teme. Si despierto a Muren y dejo a todos los demás seguir dormitando, estoy seguro de lo que ella hará.
Tragedia, tragedia, tragedia…
La belleza de la desesperación humana. ¿Porqué me es bella? Por que va más allá de lo cotidiano, el proceso de cómo alguien se vuelve loco... esa mente que se va muy lejos de nuestra ética.
...así, estoy sonando también como loco.
También podría escribir que se cumplan todos sus deseos y que se termine todo esto. Por algo se supone que estoy aquí.
Ah! Claro, el libro. Por algunos medios que conseguí a sentarme en este escritorio tengo el libro en mis manos, y tengo la pluma también. Recuerden que todo esta detenido, bueno todos están en OFF. Hasta que yo dé la siguiente orden no habrá cinética alguna. Me tomó mi tiempo en escribir esto, por que quiero que mi huella quede, aunque sea ínfima, en este extenso libro. Para que cuando lo desempolven alguien aprecie mis letras, aunque bajo estas circunstancia no son muy sutiles.
Pues claro, este libro es la causa y la solución a todos los problemas, así como el alcohol. Y como con esas va y viene, y hace tanto problema entre la gente, haremos algo interesante, que yo sé que puede hacer...
No, no voy a hacer que pierdan la memoria. Eso no me agrada, es como lo que Kein deseaba. El vacío que causa ese tipo de final no me gusta, la pena que causa.
Haremos algo más interesante.
Déjame reír un instante, claro que esto no lo vas a ver de mi mano.
Por que a partir de aquí, mis instrucciones serán borradas."
Ann y Ai seguían subiendo. De pronto Ann vio la goma de mascar de Ai caer. Al mirarla notó su cara de impresión y un cielo nublado.
-qué demonios...? – sin poder resistirse, y con suma delicadeza ambas separándose se perdieron entre las nubes.
Mientras, Reese se lanzaba a un lado para evitar un escombro, rodó por el pasto nuevo colina abajo.
Gritaban "un, dos, tres" y cuando soltaron a Gon, no lo vieron más. Ni Kurama vio más a Killua, horrorizado, Killua se vio en frente de las siete puertas de su casa.
Kurama iba camino al instituto, por la calle veía a Hyo salir asustada corriendo de se casa, y la llamó.
Gon parpadeó varias veces al ver las flores de la tumba de la madre de Konta.
Cloud trató de buscar a algún enemigo, pero su tensión murió al ver a una niña mirarlo desde la ventana de la Iglesia.
Alaniz iba por Venecia cargando a Kris en su espalda.
Se quejó a gritos, Clef otra vez se había perdido en el bosque.
Leorio escuchaba campanadas y el sonido de las olas.
Yukina dejó caer perlas de sus ojos al ver un paisaje con nieve nueva y azulada.
Keiko cayó escalera abajo.
Yusuke se quemó con una tetera en medio de su sala de estar. Su madre se había ido sin apagarla.
Hiei dormía en el único árbol del parque.
Zera observó que había olvidado cerrar la jaula de sus serpientes en el laboratorio, los frascos llenos de polvo y justo cuando el invernadero se estaba regando. Las plantas habían crecido mucho.
Ishii observaba el pavimento, el camino, esperando que volviese a aparecer con su abrigo gastado.
Morvern despertó con los rayos de sol entre las puertas del vagón. Iba de polizón.
Horo-horo dejó que el verde llenara sus ojos.
Anna veía televisión, Yoh cocinaba. Y alguien llegaba a casa.
Ren observó que las cadenas de la celda estaban demasiado oxidadas, tendría que pedir que las cambiaran.
Kan recordó algo de dinero escondido en un baño público.
Ivonne esperaba su turno para que la peinasen para el show.
Kouichi caminaba la larga escalera hasta la biblioteca.
Kenzo acababa de ordenar un ramen.
Bardiel contestaba el teléfono de la empresa telefónica.
Maya tropezaba con un paciente al doblar hacía tratamiento intensivo...
Garnet tropezaba con la maqueta que había dejado a medio hacer en su departamento.
Sakura subía el ascensor.
Takashi lanzaba por la ventana su laptop.
Chii se caía al agua.
Kay pone blancos los ojos.
Feitan se preguntaba por que demoraban tanto los otros.
Noa en medio de una clara laguna. Sorento sonrió.
De manera brumosa, todo el mundo. Son muchos para verlos a todos, a todos donde están en este instante. Me pregunto que harán... me da muchísima curiosidad...
Christian cerró el libro, y lanzó la pluma sobre la mesa.
-conforme?
-claro, ahora sólo falta que yo me vaya.
-puedo arreglar eso. Cerraste el libro, estás seguro de que escribiste todo lo necesario?
-conozco las clausuras, después de un uso tal, el libro vence. Me parece una buena idea que sea desechable.
-piensa que algo escrito por ti está ahí.
-es un decir. Puedo irme por la puerta de atrás? – Togashi se quedó mirándolo – sí, sí escribí fin.
Togashi disfrutó lo que quedaba de su cigarro, antes de que se apagase la luz...
Fin.
