Kay no decía nada respecto al comportamiento de su hermana, Takashi rogaba por enésima vez que se la quitase de encima

En vez de un garaje, estaban en el hall de un castillo. Y no era para grabar ningún video clip. Una batería segura y estruendosa, contra una guitarra que fallaba acordes a cada instante, y los gritos.

"...es bemol, Ai vas MUY rápido... Reese, por dios, cuantas veces hemos hablado el punto de cuando debes aplicarle al pedal?... no me vengas con esa cara, ya no estás en el orfanato!!... mañana llega Ishii, y si él llega, de seguro que llega pronto Morvern, y no tenemos nada."

"Como si fuera tan importante mostrárselo a esos dos. Ambos no estarán muy pendientes de nosotros si no les hablamos... a veces me pregunto si son... bueno, recordemos viejos tiempos, y tráeme ese termo. Si, Reese, es té de pasto... sé más hombre, hombre. No te puedes quedar ahí sonriendo siempre y conformadote, te estoy hinchando las bolas para que reacciones como dios manda..."

Era una alegre cacofonía.

Solía llorar mucho cuando estábamos juntos,

Por que era cobarde.

Y juntaba todas mis lágrimas para poder canjear tú sonrisa.

Pero cada día el pago era menos...

Hasta que cuando se apagó tu sonrisa, tu también lo hiciste.

Que tonto de mi parte,

Sin tu sonrisa, es como si no fueras nadie para mí...

Las personas no están echas solamente de lo que te puedan dar.

Un día, llegó el titiritero,

Y te llevó para su show.

Para mí fue el peor de mí vida,

Y el final más trágico de la historia.

Y ahí noté que eras mucho más de lo que creía.

Eras la línea que mantenía mi cordura y mi felicidad,

Y lloré aún más cuando te fuiste.

Pero hoy ya no más...

Aunque me queden lágrimas,

Por que como siempre competí contra ti,

Hice una apuesta contra ti.

Veamos quien llora más después de esta canción.


-por supuesto que mi madre estaba enojada, casi apuñala a Karuto. Y eso me molestó... Y aunque Irumi se pusiera en la puerta me fui...- Killua rió orgulloso. Mito san soltó el tenedor y la abuela tosió. – quién sabe que pasaba? Nunca me había costado tan poco mover las puertas. Incluso después de la sala de torturas. Pero de todas formas, tengo que volver el fin de semana a un trabajo familiar... así que le dije a papá que...

Gon escuchaba atento a cada palabra, casi un mes que no hablaba con Killua. Y hacía una semana que Leorio pasaba sus vacaciones de la universidad por isla ballena. Dormía mucho, confiaba en poder reponerse de tantas noches en vela.


Al avión continuaba allí, y el cielo se veía extraño. Tal como recordaba. Recorrió el mismo camino, del desierto a una carretera, donde al final de ella no había ya ningún coliseo. Siguió un poco más, según le decía su memoria, y encontró una cuidad llena de luces, con maquinas siempre trabajando, esperando a que llegase la gente. Las máquinas empolvadas, los pasteles resquebrajados en las vitrinas, y las ropas descoloridas al sol.

Esta vez recorrió sin rumbo, sin esperar encontrar nada. Tampoco sentía cosa alguna.

Vio algo que no creyó nunca que se mantuviese allí, las altas rejas, y las paredes de concreto cubiertas de hiedra. Abrió las rejas chirriantes, la hiedra había crecido bastante por sobre. Entre las lápidas, y las esculturas esperó encontrar un halito de rojo. Pero todo era demasiado gris. Siguió recorriendo con algo de esperanza. Entre sus pasos rápidos, de pronto se devolvió unos pasos. No la había notado.