Capitulo 3

La inminente verdad,
Ares enamorado de la Ninfa de la Lujuria

Las semanas que le siguieron a ese encuentro fueron las peores de mi existencia. Y de verdad que eh vivido mucho.

Caminaba por las calles de la ciudad. Eran casi las 3 de la mañana, el frío arrasaba con todo, mas yo sentía el ambiente tan ardido como una calurosa tarde de verano.

Mis pies caminaban por si solos mientras yo me encontraba sumido en mis recuerdos.

En el recuerdo de una joven de cabellos azabaches, tan sedosos como los bellos cabellos de la mismísima Afrodita, delineando esos delicados labios, tan rojos como las cerezas, pero mas que nada en esa tímida sonrisa y esos brillantes ojos verdes que no podía ni quería olvidar.

Tropecé con un escalón, esto provoco que saliera de mis divagaciones y notara la belleza espectral que frente a mi se levantaba.

Un gran parque con grandes fuentes con un toque mágico. En el borde del estanque se encontraba sentada la misma joven de la otra vez. Esta vez arropada por su propia magia, que en la noche de los enamorados se intensificaba al doble. sus cabellos negros sueltos ocultaban su descubierta espalda. Esta vez portaba un delicado vestido rojo, con un gran escote en el busto y una gran apertura en cada lado de los muslos, dejando ver así la magnificencia de esa piel escondida bajo la tela de seda.

Su mano izquierda jugaba en las aguas del estanque mientras ella sumida en sus pensamientos manteniendo la mirada fija en un lugar ensimismada.

Me acerque a ella guiado por una clase de hipnosis que nunca habМa sentido. Me sentИ tras ella sin que esta se diera cuenta y sostuve su mano, sobresaltandose esta por el contacto. Sus ojos se encontraron con los mМos, eh inmediatamente esta quito su mano de la mМa para luego intentar levantarse y este acto ser evitado por mis manos alrededor de su cintura.

- Mi señor Ares, ¿que hace usted aquí?
- Solo meditaba, llegue aquí y te vi (la miro) ¿en que pensabas?

Esta se puso colorada al momento y dejo de luchar con mis manos. Nego nerviosa, bajo la vista mientras me decia

- Eso que puede interesar a su señoria (me dice con un hilo de voz)
- Me importa y mucho (le sonrío y la abrazo)
- (me mira) En cosas sin importancia

- ¿Alguien intento hacerte daño? (pregunte alarmado)

Esta negó nuevamente, mientras esta vez su cabeza se escondía en mi pecho y sus brazos rodeaban mi cuerpo buscando refugio. Mi corazón comenzo a latir rápidamente, levante su rostro y esos ojos verdes me miraron.

- ¿Que te sucede?
- Soy indigna, soy una escoria del inframundo y usted...

Coloque mis dedos en sus labios callando sus palabras. Le sonreí con ternura y le dije

- Yo soy un simple hombre enamorado mi ninfa y el amor es para todos. Aun para los dioses y las ninfas (la abrazo) su amor es protegido

- Esta usted bajo mi poder

- No, sabes que los dioses somos inmune a tu poder (le sonrío tontamente) esto que siento es real

Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras negaba desesperadamente y estas salían de sus ojos como cristales, caían al suelo convirtiéndose en perlas

Estuvimos abrazados hasta casi las 4 de la mañana, esperando el alba. Un amanecer que nos separaría irremediablemente.

Los primeros rayos solares tocaron su piel y un suave tono rosado la cubrió. Miles de partículas del mismo color comenzaron a emanar de su interior, mientras ella iba desapareciendo.