Hazme un sitio entre tu piel.
Si tocas en mi honor
Saldré de este infierno…
Dame tu alma.
No quiero morir…
Diabulus in Música – Mago de Oz.
Hay veces en que siento miedo de mi mismo.
Un miedo que luego es reemplazado con risas de bufón.
Para después trasformarse en un inmenso sentimiento de asco y vacío.
Siempre me ahorro la molestia de explicar lo que simplemente no tiene explicación lógica o razonable, mi único rol en este imperio de sombras y revolución es el de quien se sienta en el puesto de atrás donde puede estirar las piernas cómodamente y disfrutar del espectáculo del que los demás personajes disponen en la gran actuación de la vida.
Yo también dispongo de un papel importante en esta obra, quiero decir, ya esta el personaje que es el perro fiel y leal, que cree comprender a su amo en todos los aspectos, aunque no necesariamente tenga que ser verdad, si ese es Kaname Tousen, el perro ciego y leal de Aizen.
Aizen Sousuke, el típico hombre malo que quiere cambiarlo todo y ascender a los cielos sin importar quien se meta en su camino, un rol muy importante, sin el no hubiese diversión para mi y para el resto de los niños buenos que se limitan a hacer lo que esta bien para todos.
¿Qué papel desempeño?
Yo soy el que se ríe de todo y de todos.
De todos menos de mi, aunque e de admitir que si me he reído bastante de mi mismo.
De la única persona que nunca me reí, fue de ti.
Ran-chan.
oOo
El día estaba por acabarse, sin ninguna anomalía a excepción de que ahora teníamos invitados de la Sociedad de Almas, y gran parte de los Hollows y Arrancars estaban bastantes alertas con la visita tan inesperada.
Aizen y Szayel ya habían terminado de jugar con el pequeño Hitsugaya, intuía el propósito de ese juego, pero no me interesaba, no era mi problema, no veía mi provecho en el.
Al menos no por el momento.
Hinamori-chan nos servia un poco de té, había sido después de todo un día de trabajo y por así decirlo la presencia de los Shinigamis en el Hueco Mundo (apartándonos a Aizen, Tousen y yo), daba un aire de intranquilidad a todos, menos a Aizen, que parecía muy cómodo con la situación, y yo que estaba mas que complacido; ahora el palacio de Las Noches no me parecía el mismo, eso se debía a que ahora Rangiku habitaba en el.
Como en los viejos tiempos, éramos ella y yo solamente.
- ¿Qué te causa tanta gracia Ichimaru? – la voz de Tousen nuevamente, sacándome de mi hermosa realidad ¿Qué tenia en mi contra? – ¿A que se debe esa sonrisa?
- ¿Gracia Tousen? – no me había dado cuenta de que estaba sonriendo, al parecer la idea de que Rangiku estuviese en mi poder, por egoísta que sonase así era, me hacia enormemente feliz – A ver… eso dependería de cómo lo viese…
- Responde a la pregunta que te he hecho Ichimaru – ese Tousen siempre tan molesto¿Por qué no me dejaba ser feliz en mi mundo fantástico?
- Ne ne Tousen¿Te inquieta tanto que sonría por nada?
- No parecías sonreír por nada.
- Baja la guardia Tousen… - me incorpore de mi asiento, ya la obstinación del ciego perro fiel de Aizen me estaba irritando con sus ladridos – podría creer que piensas mal de mi.
- Déjalo ya, Tousen… - intervino mi buen amigo Aizen justo a tiempo antes de que las irritaciones saliesen a flor de piel, el acariciaba la cabeza de Hinamori como agradeciendo por sus útiles servicios en el té de la tarde – ¿que no vez que se esta divirtiendo tanto como yo con todo esto? Deja que se divierta como quiera.
Siempre agradecí el que Aizen me entendiese tan bien, al menos en ese aspecto.
El cayo y yo sonreí triunfal nuevamente, otra partida que le ganaba ese buen pero a veces testarudo camarada, si me estaba divirtiendo ahora era a causa de la obstinación de Tousen para conmigo.
La noche estaba cayendo, casi no podía esperar a regresar a mi 'guarida de los sueños'.
Que infantil soy a veces.
Kaname lo sabía bien, yo estaba jugando con fuego.
Pero nadie puede entender mi juego.
Mi pequeño juego peligroso.
Aquel que siempre jugaba con ella.
Con mi compañera de juegos.
Mi amiga.
Mi amante.
Mi amor.
Cuando se trataba de Rangiku, siempre era peligroso, aunque sabía resistirlo bien, al final, en los adentros mas podridos de mí ser, siempre terminaba quemado.
Calcinado con ese fuego que me revivía.
Y en el que pretendía morirme algún día.
Pero es muy temprano para pensar en la muerte, aun soy joven, sexy, y con una interesante vida por delante.
oOo
Ya era tarde, faltaba poco para la media noche; la había dejado todo el día en compañía de unos sirvientes de confianza, tardaría en recuperarse aunque una de sus cualidades era la de recuperarse con rapidez.
Entre en la habitación, todo estaba en un hermoso silencio.
La encontré durmiendo.
Seguramente se había pasado todo el día tratando de salir, sin lograrlo ya que esos sirvientes podían ser torpes pero efectivos, estaba agotada, pero ese rostro relajado y libre de tensiones me mostraba que estaba descansando.
Como fuese, me agradaba verla dormir tranquilamente.
Me acerque hasta sentarme a su lado, como de costumbre su aroma me recibió con los brazos abiertos y abrazo mi ser, un abrazo al cual no pude negarme en corresponder.
Mi mano no resistió el pasearse por su larga y sedosa cabellera rubia, su tacto no había cambiado en lo absoluto, suave y fresca.
Pero no eso lo que mas amaba en ella.
Necesitaba verla a los ojos, necesitaba que me mirara con esos ojos.
Era demasiado tiempo sin ellos y yo estaba sediento.
- Rangiku… Rangiku… - susurre con ansias, casi implorándole que despertase.
Lentamente reacciono a mi llamado, sus parpados fueron dándome acceso a su mirar azulado, sentía haberla despertado de su sueño donde se veía tan llena de paz, pero yo la necesitaba.
En un susurro soñoliento escuche mi nombre en sus labiales.
- Gin…
Esa escena me trajo recuerdos.
oOo
Acabábamos de conocernos, me sorprendía la rapidez con la que ambos nos habíamos encariñado el uno con el otro, yo no lo entendía y al parecer tú tampoco, pero como niños al fin eso no nos importaba, solo tenia sentido estar feliz.
Tenías fiebre, al parecer tu mala condición de vida te cobraba con creces lo que no te merecías, no tenias la culpa de haber sido abandonada, ni mucho menos de haber terminado como la compañera de un bastardo que sabia hacer las cosas bien.
No iba a dejar que te fueras de mi lado así como así Ran-chan, yo no iba a dejar que eso pasara, aunque sabia muy bien que lo mejor era que me abandonaras, ya que podrías convertirte en algo importante para mi, y quizás de mas valor que yo.
Y toda mi vida había luchado contra eso.
Yo debía ser el único.
Pero mi voluntad de niño y de hombre ya se estaba quebrantando con tan solo verla, postrada en esa cama improvisada por mí, debatiéndose entre la vida y la muerte, sufriendo un castigo que no se merecía, sufriendo la pena que yo me merecía.
Era yo quien debía estar allí, no ella.
Al día siguiente, ya estaba mejor, estaba reaccionando, lo primero que hizo fue mirarme directamente a los ojos, sonreírme y decir nuevamente mi nombre en un susurro.
- Gin… gracias por quedarte… Gin…
Eso era lo que yo debí haberte dicho
Gracias por seguirme todo este tiempo… Rangiku.
oOo
No lo pensé más y mi mano tomo la decisión de tomarla delicadamente por la nuca, no opuso resistencia alguna, en cambio esos dedos gráciles de su mano se posaron en mi mejilla como un acto piadoso, como un perdón concedido.
Nuevamente insistes en lavar mis pecados Rangiku.
Y yo nuevamente insisto en buscar un sitio entre tu piel.
Mis labios fueron acercándose peligrosamente a los suyos, ella no temía, esta vez yo era el niño miedoso.
Pero yo soy amante del peligro.
Mucho más si se trata de mi Ran-chan.
Nuestros labiales rozaron cuidadosamente al inicio, se dio ese dulce danza donde habitaba esa armonía tan propia de nuestros actos prohibidos, de nuestras travesuras infantiles y juegos del amor.
La vida estaba tomando su sentido, ese beso era el sentido; el teatro había caído y solo quedaban las escenas ocultas que no todo el público puede presenciar, ella se inclino un poco mas hacia mi quedando sentada por fin, el Kimono le holgaba de los hombros hermosamente, y con el contraste que hacían sus hombros descubiertos con sus cabellos dorados cayéndole en cascada a contraluz de la luz nocturna, era suficiente para caer en su tentación.
En su tentadora invitación.
Sus ojos se cerraron.
Aceptaba mi proposición.
Rangiku.
Esta vez no podrás escapar de mí.
Esta vez no podré escapar de ti.
O quam sancta, quam serena…
Quam benigma…
Quam amoena, o castitatis Lilium…
Lilium – Elfen lied Opening.
Et in Arcadia Ego
Ne ne nwn cuando me referia a bajar los capitulos de forma constante no bromeaba, aqui empezara la accion pero ahora ¿A quien le toca narrar la historia? papapapannn
Lo sabran en el siguiente capitulo nwn.
Matta ne un saludo a todos.
