Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
*Éste fic está inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. También está basado en la película del libro, que tiene el mismo nombre.
Notas de la autora:
¡Hello!
Siento que llevo años sin actualizar, lo que es raro porque este fic ya está terminado en mi cabeza 😂 Pero el trabajo y la vida en general me están drenando poco a poco y casi no tengo tiempo de sentarme a escribir 😭
Sé que a muchas les desesperada lo confuso que parece ser todo, y espero que este capítulo ñes haya aclarado algunas dudas. Además, solamente quedan dos capítulos para concluir esta historia, y todas las incógnitas que queden serán aclaradas de una vez y para siempre.
Cariños y abrazos de oso,
Lady S.
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Capítulo Veinte
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El secreto
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"Tres podrían guardar un secreto si dos de ellos están muertos."
Benjamin Franklin
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El sonido que hace el cuerpo de Rin al estrellarse contra el concreto me hace eco en los oídos, tan claramente como de verdad hubiera estado ahí. Es un sonido tan espantoso, tan aterrador que me subyuga. Me siento enferma, y en algún punto abrí tanto los ojos que se siento que podrían salírseme de las cuencas, sin poder creer lo que acabo de presenciar. Toda la escena es tan espeluznante, tan ridícula que parece ser solo un mal chiste. No puedo creerlo, pienso de inmediato. No puedo creer que alguien haya muerto por algo tan estúpido, en una escena tan dantesca y tonta.
Entonces me doy cuenta de algo muy importante: mi padre no asesinó a Rin, ni estuvo involucrado de ninguna forma con su muerte, al menos no directamente. Y todas esas cosas que se dicen, lo del libro de Sasuke, nada de eso es cierto. Supongo que ahora entiendo a lo que mamá se refería con mentiras. Papá no es un monstruo; las madres de mis amigos, en cambio, sí.
En ese instante levanto la mirada hacia las tres chicas. Nadie reacciona por un momento. Mikoto está de rodillas sobre el suelo, con su bufanda caída a sus pies mientras se sostiene el cuello e intenta volver a respirar con normalidad. Mebuki está a su lado, pero sus ojos verdes están fijos en el lugar por donde Rin acaba de caer, igual que los de la señora Hyūga, que es la primera en volver en sí, soltando un horrendo grito de terror que parece hacer reaccionar a sus amigas, ya que de inmediato corren hacia la cornisa, observando el cuerpo sangrante de Nohara Rin desparramado en la acera.
—¡Mikoto, ¿qué hiciste?! —grita la madre de Sakura, haciendo que Mikoto abra los ojos con terror mientras sus labios tiemblan ligeramente.
—¡Ella-Ella intentó matarme! ¡Ustedes la vieron! —exclama, señalando las marcas rojas que el roce de la tela dejó en la piel de su cuello. En ese instante, sin darme cuenta, me llevo una mano a mi propio cuello, recordando haber tenido las mismas marcas hace solo unas semanas, el día que Sasuke y yo estuvimos en la azotea por última vez, y la bufanda que me prestó fue jalada por una fuerza invisible mientras estaba en mi cuello, casi asfixiándome también.
—La empujaste —acusa Mebuki, aterrada y en pánico. Eso hace estallar a la madre de Sasuke.
—¡¿Yo?! ¡Todas estábamos aquí! ¡No fue solo mi culpa! ¡Ustedes la dejaron caer!
—¡No! ¡No es verdad! —exclama la joven señora Hyūga, tan alterada que parece incapaz de dejar de gritar con histeria —¡Tratamos de ayudarla! ¡Tenemos que llamar a un maestro! ¡Debemos ayudarla!
Ella intenta correr hacia la salida, pero Mebuki la detiene.
—¡No! ¡Mírala! ¡Rin está muerta! ¡No podemos ayudarla! —le dice, forcejeando con ella, que intenta soltarse para salir de la azotea, sin dejar de gritar que deben ayudar a su amiga hasta que Mikoto se acerca a ella y la empuja a un lado, haciendo que caiga al suelo, donde se queda, recargada sobre sus rodillas.
—¡Ya cállate! —le ordena. La mamá de Hinata parece histérica, acurrucada en un rincón, llorando incontrolablemente mientras se cubre los oídos con las manos, como si fuera presa de un ataque de pánico —¡Deja de gritar! ¡Tenemos que irnos de aquí! ¡Nadie puede saber que Rin estaba con nosotras o estaremos en problemas!
—¡La mataste! ¡La mataste! —exclama la muchacha una y otra vez, en estado de shock. La mamá de Sakura no parece estar mejor.
—¡Shhh! ¡Escucha! ¡Escucha! ¡Yo no maté a nadie! ¡Nunca estuvimos aquí! —dice Mikoto, alterada, pero intentando mantener la calma. Sin embargo, sus palabras solamente alteran más a la señora Hyūga, que vuelve a gritar sin control.
—¡La empujaste! ¡Mataste a Rin! ¡La asesinaste!
—¡Deja de repetir eso! —Mikoto la sujeta por los hombros con brusquedad —¡Tú la trajiste aquí y estabas sosteniéndola! ¡Es tu culpa también! ¡De las tres!
—¡Yo no hice nada! —exclama la señora Haruno de inmediato, reaccionando otra vez. Mikoto se gira hacia ella de inmediato, furiosa.
—¿Entonces quién te hizo esas marcas en el brazo? —señala, tirando de su brazo para enseñar las marcas que los dedos de Rin dejaron en su piel al sujetarla para no caerse. Yo me quedo sin aliento al darme cuenta de que también son las mismas marcas que tuve en mi propio brazo hace unos meses, después de uno de mis sueños. Es como si de pronto todo se conectara.
—Nosotras no queríamos... ¡No sabíamos que la empujarías! —se defiende, intentando ocultar su brazo.
—¿Creen que la policía creerá que ustedes no tuvieron nada que ver? —les dice Mikoto, con una frialdad que me congela la sangre.
—¡Fue un accidente! ¡No queríamos hacerle daño! —exclama la señora Hyūga, sin dejar de llorar.
—Fue...Fue un accidente —secunda Mebuki —. Si les explicamos todo a la policía...
—¡¿Estás loca?! ¡La matamos! ¡Iremos a prisión! —Mikoto grita, apenas atreviéndose a mirar por la cornisa de nuevo —¡No puedo dejar que Inoichi y mi familia lo sepan! ¡¿Crees que alguna universidad te aceptará después de esto?! —le grita a Mebuki; después se gira hacia la señora Hyūga —¡Y tú, ¿crees que Hiashi querrá casarse con una asesina?!
La mamá de Hinata llora con más fuerza, sin poder dejar de mirar hacia el vacío. Mebuki parece razonar la situación y calmarse un poco. Parece que pasan largos minutos, pero creo que en realidad son solo un par de segundos en los que ninguna reacciona.
—¿Qué haremos? —pregunta con voz temblorosa. Mikoto levanta la cabeza, se masajea el puente de la nariz y parece pensar por un momento. Después de unos segundos, se saca el abrigo y se lo da a la mamá de Sakura.
—Cúbrete ese brazo —ordena, con analítica frialdad mientras se inclina hacia la joven señora Hyūga —¡Y tú ya deja de llorar y límpiate la cara! ¡Nunca estuvimos aquí, ¿entienden?!
—No...No podemos irnos —ella se resiste, pero Mikoto la sujeta por el antebrazo y tira de ella. Abajo, puedo escuchar un pequeño alboroto y gritos, por lo que las tres reaccionan con sobresalto.
—Tenemos que salir de aquí antes de que alguien nos vea —dice la mamá de Sasuke —Nosotras no sabemos nada, ¿me oyen? No vimos a Rin en toda la mañana. Solo sabemos que estaba muy triste, ¿entendido?
—¿Quieres que crean que ella saltó? —pregunta Mebuki, atónita. Mikoto Uchiha solamente la mira.
—Su novio acaba de dejarla. Eso le rompió el corazón.
—¿Novio? ¿Estás loca? —la acusa la madre de Hinata —¡No podemos mentir! ¡Si nos descubren...!
—¡Nadie lo hará si no abres la boca! —exclama Mikoto. La señora Hyūga, horrorizada, mira a la madre de Sakura en busca de ayuda, pero ella solo desvía la mirada.
—Fue un accidente —responde con frialdad —No voy a arruinar mi vida por un accidente.
—¡Yo no voy a mentir!
—Si dices lo contrario, entonces diremos que la empujaste —advierte Mikoto, intercambiando miradas con Mebuki, que, aunque sorprendida, asiente. La madre de Hinata la mira, aún más horrorizada.
—No-No pueden hacer eso.
—¡Tú no puedes dejar que nuestras vidas se arruinen por un estúpido error! —grita Mikoto Uchiha —¡Debes jurar que mantendrás el secreto o nos arruinarás a todas!
—Rin ya está muerta. No podemos hacer nada por ella —añade Mebuki Haruno, intentando terminar de convencerla —Piensa en tu familia y en Hiashi. Mikoto tiene razón, si esto se sabe, iremos a la cárcel. ¡No importa que haya sido un accidente! ¡Seremos parias! ¡¿Lo entiendes?!
Ella tarda un momento en reaccionar, pero al final solo asiente, aunque dudosa y todavía aterrada. Mikoto asiente también y la toma de la muñeca para huir de la azotea. Mebuki es la última en salir, deteniéndose un momento, para mirar hacia el lugar por donde Rin cayó; es la primera vez que veo lágrimas en sus ojos, pero solo se las limpiar antes de seguir a sus amigas.
Y mientras veo su espalda alejarse, siento un ligero tirón en el aire que me lleva de regreso a mi habitación en el hospital, a la semioscuridad donde Mebuki Haruno sigue a mi lado, su mano ahora alejada de la mía.
—Ella no se suicidó. Ustedes la empujaron y lo encubrieron para que no hubiera consecuencias. Ustedes tres la mataron —murmuro, solamente entonces dándome cuenta de lo que acaba de pasar.
Mi padre no mató a Rin, sino que fueron sus amigas. Sus propias amigas le arrebataron la vida por celos, y, aunque matarla no fue su intención, lo encubrieron e inventaron un montón de mentiras para salir impunes, guardando el terrible secreto durante años.
De repente me siento enferma, así que tengo que sentarme sobre mí cama, porque las rodillas se me aflojan. Rin era una chica amable y feliz, culpable solo de ser amiga de mi padre. Y sus amigas eran solo un grupo de chicas estúpidas que comentieron un crimen sin sentido y fueron demasiado cobardes para enfrentar las consecuencias. Es tan triste y desgarrador saber que la vida de una persona puede terminar por algo tan estúpido, pero sobre todo como aún después de muerta fue víctima de una mentira tan vil por parte de las personas que ella creía que eran sus amigas.
No me sorprende que su alma siga penando en este mundo, tampoco por qué me eligió a mí de entre todas las personas. Supongo que Rin se apegó a mí en mi estado de vulnerabilidad después de la muerte de Sai, tal vez porque le recordé a mi padre. Tal vez por eso intentó advertirme apareciéndose en mis sueños, no lo sé. Todo es demasiado confuso ahora. Todo lo que entiendo es que no intentaba vengarse de mí, sino de sus amigas. Yo la ayudé a venir a este mundo para que se llevara a la señora Haruno. La sola idea me acelera el pulso y hace que se me corte el aire. Si esto inició conmigo, entonces supongo que debo ser yo quién lo termine antes de que sucedan más cosas malas.
Pero el espíritu de Rin se ha ido, me recuerdo. Sasuke exorcisó su alma, enviándola a donde sea que debe estar, ¿no? ¿Qué es lo que esperan de mí ahora?
Entonces vuelvo a mirar a la madre de Sakura, que sigue allí, de pie junto a mi ventana, con más dudas de las que he tenido antes de que me enseñara sus recuerdos.
—¿Por qué me está mostrando esto? —pregunto, a pesar de que parece inútil, ya que ella parece no poder dar una respuesta más que con su inexpresiva mirada. Sin embargo, no necesito que diga nada para entenderlo; supongo que ahora muchas cosas tienen sentido, como el que Rin, o su fantasma, estuviera involucrada en la muerte de la madre de Sakura. Es decir, la señora Haruno pudo ayudarla, pero solo encubrió su muerte, igual que las demás. El espíritu de Rin debió querer venganza por su traición, venganza contra las personas involucradas en su muerte y posterior encubrimiento. Eso tiene mucho sentido, al menos para mí.
Pero entonces, si fueron sus amigas quienes la lastimaron, Rin no puede querer vengarse de papá; es decir, las madres de Hinata, Sakura y Sasuke fueron responsables de todo lo malo que le pasó a esa chica, aun cuando decían que eran sus mejores amigas. Pero mi padre…él amaba a Rin como a una hermana, mamá me lo dijo, y no tuvo nada que ver con su muerte, ¿por qué ella trató de lastimarme? Quiero decir, los sueños, las visiones, todo por lo que pasé desde el accidente, ¿qué sentido tiene?
Me agarro la cabeza con las dos manos, porque de alguna forma siento que eso puede ser de ayuda, pero no lo es. Y mientras mi cerebro se inunda de pensamientos confusos y dudas una vez más, puedo sentir la mirada de la señora Haruno insistentemente sobre mí, como si quisiera decir algo, pero no puedo imaginar qué. Y en ese instante me asalta una idea que ruge mucho más alto que los pensamientos confusos en el fondo de mi mente.
—¿Fue Rin quién la mató a usted? —pregunto, impulsada por la curiosidad y la sorpresa —¿Y a las demás?
La señora Haruno apenas se inmuta con mi pregunta, y como respuesta solo niega con la cabeza. Parece entenderme, pero no capaz de responderme, como si no tuviera voz para hacerlo. Sin embargo, su respuesta es contundente.
Y ahora sí ya no entiendo nada de nada.
Si Rin, o su espíritu, no tuvo que ver con las muertes de estas chicas, ¿entonces quién lo hizo? Es decir, la muerte de tantas personas relacionadas entre sí, y sobre todo unidas por un secreto tan horrible, no puede ser mera casualidad.
—Entonces, ¿quién fue? —pregunto, casi a los gritos.
La señora Haruno me observa por unos segundos, sin moverse ni expresar nada con sus gestos, pero sus pálidos ojos verdes parecen volverse más sombríos de un momento para otro, y ella parece tener una mirada culpable, como si estuviera escondiendo algo que no quiere o no puede decirme. Pero antes de que pueda descifrar esa expresión se da la vuelta y atraviesa la puerta para desaparecer tras ella.
—¡Espere! —le grito por instinto, abriendo la puerta para seguirla, sin embargo, al abrirla no encuentro el oscuro pasillo del hospital. En su lugar, estoy entrando en una habitación distinta, iluminada por la cálida luz del día, por lo que tengo que parpadear varias veces para acostumbrarme antes de notar que no se trata solo de una habitación, sino que ahora estamos en una cocina pequeña pero muy limpia y luminosa. Me parece conocida casi de inmediato, aunque me lleva varios segundos en darme cuenta de que es la cocina de los Haruno, la misma donde Sakura y yo robábamos paletas del refrigerador con seis años, o dónde pasábamos nuestras tardes después de la escuela, haciendo la tarea o comiendo algún refrigerio. Pero esta vez Sakura no está aquí; sin embargo, su madre lo está, tan atareada como se veía en vida mientras se mueve entre los muebles y las sillas, y no está sola.
—¿Y qué has sabido de Mikoto-chan? —dice mientras abre un anaquel y lo cierra tras sacar algunos utensilios —Lo último que escuché fue que tuvo otro hijo. Otro varón que debe tener la edad de las niñas.
—La vi hace unos días —responde la mujer que está con ella. Tiene una voz tranquila y cansada, y no me suena para nada familiar, así como tampoco su silueta desde atrás, ya que se encuentra de espaldas a mí —Sigue casada con Fugaku Uchiha, por lo que escuché.
—¿Aún? —la señora Haruno suelta un bufido mientras empieza a espolvorear el pastel que tiene sobre la mesa con azúcar blanca —De todos los candidatos, tuvo que casarse con el peor. Aunque al menos tiene dinero, y sus hijos son atractivos.
La otra mujer mueve la cabeza de un lado a otro. Su cabello oscuro le llega un poco más arriba de los hombros, y se mece con el suave movimiento.
—Sabes bien que fue el esposo que sus padres eligieron para ella —responde, haciendo una pausa para darle un pequeño sorbo a su taza de té —. De haber podido elegir, se habría casado con Inoi-kun —añade, y siento que me arden las mejillas al escuchar el nombre de mi padre en la conversación, sobre todo una que se refiere a su relación pasada con la mamá de Sasuke.
—Sí. Jamás lo superó —la señora Haruno frunce los labios, mostrándose de acuerdo —. Me pregunto si aún sigue enamorada de él, aún después de tantos años. Porque es claro que él ya siguió con su vida. ¿Conociste a su esposa extranjera?
—Es mejor no pensar en eso —suspira la otra mujer, con pesar; sin embargo, su estado de ánimo se alegra nuevamente antes de seguir hablando —Conocí a su hijo mayor, ¿sabes? El niño de Mikoto. Es muy parecido a su padre cuando era joven. Aunque se ve como un muchacho muy triste.
—¿Sí? —se sorprende la mamá de Sakura, distraída mientras sigue concentrada en decorar el pastel —¿Dónde lo conociste?
La otra mujer hace una pausa por un momento, como si estuviera dudando sobre si decir lo siguiente. Finalmente, lo hace.
—Estaba en la consulta de Danzō. También toma sesiones con él —levanta los hombros, como restándole importancia al asunto. Sin embargo, lo que dijo parece ser algo importante, porque la señora Haruno deja lo que está haciendo de repente para levantar la mirada hacia ella, con algo de sorpresa y enojo.
—¿Sigues viendo a ese hombre?
—Nunca he dejado de hacerlo —responde la mujer, bajando la cabeza con vergüenza por un momento —Él es… Me ha ayudado mucho. Mi esposo y yo tenemos muchos problemas en nuestro matrimonio, y…
—Dijiste que eso había terminado —la corta la señora Haruno, con una mirada enojada. No entiendo de lo que están hablando, pero la comprensión no tarda en golpearme como un puño en la nuca —¡Y estás embarazada, por todos los cielos! —añade. La otra mujer solo parece hacerse más pequeña en su lugar, pero antes de que pueda decir nada, la madre de Sakura sostiene su brazo con fuerza, forzándola a volver a mirarla, bajando la voz mientras dirige una rápida mirada al patio, como si temiera que alguien las escuchara —Tienes una buena vida, un buen matrimonio, ¿por qué quieres tirarlo todo por la borda otra vez? —recrimina, sosteniendo los brazos de su amiga con reproche, obligándola a girarse lo suficiente para que yo pueda reconocer los rasgos idénticos a los de Hinata en ella, dándome cuenta de que se trata de su madre.
—No haré nada que dañe a mis hijas —dice esta, tirando de sus brazos para soltarse del agarre de Mebuki Haruno, y esta, a pesar de aún verse molesta, se lo permite.
—¿No? Si Hiashi llega a tener la más mínima sospecha de tu relación con ese hombre…
—¿Crees que le importaría? —responde la madre de Hinata, poniéndose desafiante de repente. Es muy extraño ver su rostro, idéntico al de mi amiga, con esa expresión furibunda.
La señora Haruno da un paso hacia atrás por la sorpresa y encuadra los hombros.
—Hiashi es el hombre que elegiste para ser tu esposo, y, como tal, deberías respetarlo a él y a tus hijas —masculla de manera acusadora. La mamá de Hinata, desde su posición, esboza una sonrisa triste.
—Parece que ninguna de nosotras eligió realmente la vida que quería —dice con pena, haciendo que la señora Haruno parpadee por la sorpresa —Mikoto perdió a Inoichi, y desposó a ese hombre horrible. Tú no pudiste ir a la universidad y estás casada con un hombre que no importa que tan bueno sea, jamás será lo suficiente para ti…
—Yo nunca dije que Kizashi…
—Y yo —sigue la madre de Hinata, ignorándola —Creí que lo que más deseaba en la vida era ser una Hyūga, casarme con Hiashi y darle hijos, pero ahora…
—Sí, nuestras vidas son horribles, pero esa no es excusa para romper tus votos. Sí la familia de tu esposo llegara a enterarse…
—¿Qué más daría? A Hiashi no le importo, y además, esto no es lo peor que he hecho, y tú lo sabes, ¿verdad? —dice, haciendo que la taza en las manos de la señora Haruno caiga y se haga añicos en el suelo por la sorpresa. Incluso mi corazón se acelera cuando dice eso.
—Prometimos jamás volver a hablar de eso —gruñe la madre de Sakura mientras corre a cerrar la puerta de vidrio que las separa de las niñas para después agacharse y juntar los trozos de porcelana rota. La señora Hyūga levanta los hombros, como si estuviera muy cansada de lo mismo.
—Sé lo que prometimos, y por qué lo hicimos —murmura, dando una mirada significativa hacia el patio también; por el rabillo de ojo puedo ver a dos niñas pequeñas jugando a lo lejos —Es solo que...No es algo que simplemente podamos ignorar para siempre.
—Podemos y lo haremos. Ya no es solo sobre nosotras. Tenemos familias, ¡somos madres! No podemos permitirnos ir a la cárcel. No arruinaré la vida de mi hija. Ella merece el futuro que yo no pude tener, igual que Hinata, y el bebé que viene en camino.
—¿No te cansas de mentirte a ti misma? —pregunta la madre de Hinata, con expresión cansada —Le hice la misma pregunta a Mikoto, y todo lo que hizo fue darme la espalda y alejarse. Rin no merecía lo que le hicimos, y ahora estamos pagando el precio de nuestros errores.
—¡¿Quieres dejar de hablar de eso?!
La mamá de Sakura golpea la mesada con tal violencia que sobresalta incluso a las niñas en el patio, aunque ellas rápidamente pierden el interés y vuelven a sus juegos.
—No podemos esconder la verdad para siempre, y lo sabes. Danzō cree que…
—¡¿Se lo dijiste a tu doctor?! ¡A él! ¡¿En qué demonios estabas pensando?!
—¡Él no se lo dirá a nadie!
—¡No seas ingenua!
—¡No lo soy! Él nunca diría la verdad. No me haría eso. Él... él me ama —asegura. La señora Haruno hace un sonido irónico con la garganta.
—¿Él te ama? ¿Acaso no escuchas los rumores sobre él? Estoy segura de que eso es lo que le dice a todas. Solo procura que no te embarace también.
—¡N-No! ¡Él no es así! —asegura la señora Hyūga, con lágrimas en los ojos. Eso hace que la señora Haruno solo la mire con una mezcla de empatía y rabia.
—Eres una tonta por confiar en ese hombre. ¡¿Por qué no puedes simplemente mantener la boca cerrada?! —la señora Haruno está gritando, y no parece darse cuenta de que agarra un cuchillo y lo apunta amenazadoramente hacia la mamá de Hinata, que parece mantener la calma a pesar de que sus ojos lucen aterrados mientras observa con mucha cautela a su amiga.
—Mebuki...me estás asustando... —susurra, con la voz estremecida, lo que parece hacer que la señora Haruno se dé cuenta de su error, ya que lentamente baja el cuchillo. Luego cuadra los hombros y sonríe como si nada hubiera pasado.
—Te asustará más ir a prisión cuando tu novio vaya con la policía —responde la madre de Hinata con un suspiro irónico —Suerte para ti que sé qué hacer —anuncia, dejando el cuchillo sobre la mesada con un golpe seco antes de pasar junto a mí y dirigirse hacia la salida, por lo que no dudo en seguirla otra vez, y al atravesar la puerta el escenario vuelve a cambiar. Ya no estamos en la cocina de los Haruno, sino en una especie de oficina, grande y de paredes blancas. La mamá de Hinata no se encuentra por ningún lado. En cambio, en ella puedo distinguir claramente la imagen de la señora Haruno y el doctor Shimura, que parecen estar discutiendo.
Al principio la escena no es muy clara, y no puedo entender lo que dicen, pero conforme me acerco a ellos no solo puedo escucharlos con más claridad, sino que me doy cuenta de varios detalles, como los años que ahora se notan en el rostro de la señora Haruno, que luce mayor que en el anterior recuerdo, exactamente igual a la última vez que la vi.
—Sal de mi oficina —dice el doctor, en tono amenazante, y parece que no es la primera vez que lo exige, aunque sus palabras no parecen hacer mella en la señora Haruno, que se mantiene en su lugar, con una postura petulante.
No sabía que los dos se conocían, pues Sakura nunca mencionó nada más allá de que su madre estaba deprimida antes de morir y al parecer buscó ayuda, pero, a juzgar por la forma en que hablan, sus posturas y sus gestos, no parece que ella sea una paciente del doctor, así como tampoco parece muy cordial la relación que tienen.
—No me iré hasta saber que cumplirás con mis condiciones —me sorprende la ligereza con la que la señora Haruno demanda, como si esa no fuera la primera vez que tienen ese tipo de conversación, pero, a juzgar por la mirada hastiada y poco sorprendida del doctor parece que así es.
—He pagado por la educación de tu hija por años, ¿qué más quieres de mí? —dice el hombre, siendo enérgico, pero controlando el volumen de su voz, como si no quisiera que nadie más lo escuchara fuera de esta oficina. Y sus palabras me dejan sin aliento por unos segundos. ¿Cómo que el doctor ha pagado por la educación de Sakura?
La señora Haruno aprieta los labios, pero no pierde la calma, de nuevo, como si ya estuviera habituada a lidiar con escenas como esa.
—No pagaste por la educación de mi hija. Pagaste por mi silencio. Tienes tu trabajo y una buena vida gracias a que yo no dije nada, ¿verdad? —comenta en tono amenazador, haciendo que el doctor la mire con tanto odio que hasta yo me estremezco. Es casi como si quisiera arrojarse sobre ella en ese momento, pero de alguna forma lograra contenerse.
—Lo que sea. Hicimos un trato, uno que ya cumplí. No tienes derecho a exigir nada más. ¡Nada! —exclama, dando un puñetazo contra la pared que tiene detrás con tal frustración que hace caer uno de los marcos que cuelgan de ella. Parpadeo con asombro al darme cuenta de que es la misma foto que vi tantas veces en su oficina, la foto de su hija. En ese instante me doy cuenta de que es un recuerdo reciente, de hace solo unos meses o semanas.
Cuando el doctor se inclina para recoger los restos de vidrios rotos de suelo la señora Haruno lo mira, apenas frunciendo el ceño, como toda la situación fuera solo una simple transacción de negocios. Entonces separa los labios para hablar, pero una expresión pensativa atraviesa su rostro mientras observa la fotografía de la niña, y, por un momento no dice nada. Hasta que chasquea la lengua, taimada.
—Es una linda niña. Pero supongo que no sabe que tenía una hermanita. Es triste que jamás la vaya a conocer —se lamenta falsamente —Era una chica tan dulce...
—¡Largo! —ladra el doctor Shimura, pero, una vez más, la señora Haruno no se inmuta. Por el contrario, hasta parece divertida con toda la escena.
—Siempre quise ser una doctora, ¿sabe? —dice, ignorando la furia del doctor y perdiendo la mirada en los distintos títulos universitarios que cuelgan de las paredes —Usted es un hombre afortunado al haber nacido en una familia de dinero, pero no todos tuvimos la misma suerte. En mi caso, mi familia no tenía los medios ni el dinero para enviarme a la universidad, así que solicité una beca, pero antes del examen tuve un problema... Bueno, usted sabe lo que pasó —se burla, soltando un suspiro dramático —Un solo error y mi vida se arruina para siempre...
El doctor Shimura parpadea, molesto. No parece sorprendido con ese chantaje, pero su ira solo pare incrementar a cada segundo.
—¿Un error? —se burla el doctor —¿Llamas a encubrir el asesinato de una muchacha inocente un error?
—¿Acaso va a reprocharme eso después de tantos años? —se burla ella —Ni siquiera le importó la muerte de su propia hija, pero eso no debería sorprenderme después de la forma en que la rechazó toda su vida. Así que no venga a darme lecciones de moral ahora.
—Si no te largas ahora mismo... —amenaza. La señora Haruno solo ríe.
—¡Oh, por favor! El dinero no es problema para un doctor tan respetado y autor publicado como usted. Incluso tiene este hospital —extiende sus manos a los lados, señalando alrededor de la habitación —Mi hija, en cambio, irá a la universidad el próximo año, y necesitará apoyo económico más que nunca... Dinero que a ti te sobra.
—No voy a seguir pagando por la educación de tu hija —grazna él, hastiado pero de todas formas siendo cauteloso —. La niña ya no existe. Ella era la única prueba que tenías en mi contra. Ahora es tu palabra contra la mía.
—¡Usted pagará si sabe lo que le conviene! —la señora Haruno pierde la calma de una vez —¡Y no solo eso! ¡Cuando Sakura se gradúe con honores, y lo hará, le conseguirá trabajo aquí en su hospital!
—No haré tal cosa —el tono del doctor Shimura se vuelve aún más amenazante mientras se inclina hacia la mujer, imponiéndose aún más sobre ella —. Si vuelves por aquí, me encargaré de que tu hija ni siquiera pise la peor universidad del país. Voy a destruir cada una de sus oportunidades en la medicina —anuncia, haciéndose hacia atrás para recargarse en su silla —Y si quieres arruinarme, bien, inténtalo y ve las consecuencias.
—No puedes hacerme nada —lo desafía la señora Haruno, sin embargo, parece algo vacilante, aunque no por mucho —. Dejémonos de rodeos, doctor. Aún si no tuviste nada que ver con la muerte de tu hija bastarda, sé que tú mataste a mi amiga. No fue su corazón, sino una combinación muy específica de medicamentos lo que la mató. A Hiashi no le importó lo suficiente para descubrirlo, pero yo soy buena notando los detalles, y noté cómo sus dosis fueron aumentando con los meses, así como la cantidad de medicinas que se le prescribían...
Por primera vez veo que el doctor se ve sorprendido, tanto que parece haberse quedado sin palabras por un momento.
—Yo no... E-Ella no... —balbucea. La señora Haruno ríe con más ganas.
—Oh, ni siquiera intentes ocultarlo, Danzō. Ella te amaba como una idiota, y tú solo la hiciste a un lado como basura para mantener tu reputación —exclama, irónica —Has hecho tanto daño... ¿Cómo duermes por las noches?
El doctor no responde de inmediato. Por unos momentos parece analizar la situación, ensombreciendo su mirada de una forma aterradora. Entonces suspira y se reclina un poco más sobre su asiento, dubitativo.
—Es curioso... —dice —Si crees tan fervientemente que yo fui el responsable de la muerte de tu amiga, la señorita Hyūga, ¿no deberías tener más cuidado con lo que dices? —murmura, y algo en su tono es tan aterrador que me deja sin aliento a mí y a la señora Haruno, que parece vacilar un momento antes de decir lo siguiente:
—Como dije antes, no puedes lastimarme. Si algo llegara a pasarme...
—¿Qué? ¿Crees que tienes las conexiones o el poder necesarios para hacerme algo? —gruñe el doctor como una burla cruel, casi pareciendo otra persona, y para nada el amable profesional que una vez conocí, o creo conocer —Eres solo la esposa de un obrero, Haruno-san. Una simple ama de casa, igual que miles de otras mujeres que mueren todos los días. No eres nadie, y tu vida, así como la de tu familia, no vale nada. Cualquiera podría desaparecer, y a nadie le importaría —anuncia con calma, pero hay tanta agresividad implícita en su tono tranquilo que hace que me suena aún más aterrada de este hombre. Lo mismo parece pensar la señora Haruno.
—No te atreverías... —balbucea.
—¿Estás segura? —el doctor se burla, inclinándose hacia ella como una manera de establecer su dominio sobre la situación.
La mamá de Sakura entonces se levanta de su asiento sin decir una palabra. Ya no queda nada de la mujer chantajista de hace solo unos momentos, y su expresión es como la de una persona que jugó con fuego, y al final acabó quemándose.
—Ponme a prueba, Mebuki Haruno —desafía él antes de que pueda alejarse lo suficiente, haciendo que la señora Haruno se detenga un momento antes de abrir la puerta para escucharlo, tensa como una tabla —. Y no creas ni por un segundo que he olvidado lo que tus amigas y tú le hicieron a Rin Nohara...
—Ella ni siquiera te importaba —murmura la mamá de Hinata, con ojos abiertos de par en par por el miedo —. A ti no te importa nadie. Tu hija...
—Oh, pero la sangre es muy espesa —musita, sombrío —Y jamás olvidaré que una hija mía murió por tu culpa. Porque, al final, ¿quién tiene la conciencia más sucia? —añade, levantándose y poniendo ambas manos en la espalda —Así que vuelve por aquí y me aseguraré de que sea lo último que hagas. No olvides que existe más de una manera de deshacerse de una amenaza sin ensuciarse las manos.
La señora Haruno solo lo ignora y baja la cabeza, saliendo por la puerta sin mirar atrás. Yo la sigo una vez más y al cruzar el umbral el escenario se vuelve a modificar.
Veo a la mamá de Sakura dejar su abrigo junto a la puerta, así como sus llaves. He estado tantas veces en este lugar que lo reconozco de inmediato: es su casa, la casa de Sakura y su familia.
La señora Haruno se quita la bufanda y respira profundamente. Dentro de la casa está algo oscuro; parece que está a punto de caer la noche, pero aun así ella no enciende la luz de inmediato, sino que deja sus zapatos cuidadosamente en el armario y revisa el correo con expresión cansada. Nada parece extraño o fuera de lugar, al menos no hasta que escuchamos un sonido, algo así como el chirriar de un a tabla hundida bajo el peso de una persona. Entonces levanta la mirada y la posa en la escaleras, con expresión curiosa.
—¿Sakura? —le dice a la penumbra —¿Ya estás en casa?
Guarda silencio, haciendo lugar a una respuesta que nunca llega. La señora Haruno entonces deja el correo sobre la mesa del teléfono y se acerca a las escaleras, asomándose sobre ellas y escuchando, atenta a cualquier sonido.
—¿Kizashi? —pregunta ahora, aguardando una vez más por una respuesta. Sin embargo, solo recibe más silencio, y en entonces, de la nada, una mano enguantada aparece de las sombras y le cubre la boca. La señora Haruno intenta gritar y defenderse, pero una segunda mano le inyecta algo en el cuello, y todo el recuerdo desaparece mientras un grito de terror escapa de mi garganta.
—¡No! —exclamo, pero para cuando me doy cuenta, estoy sola, de pie en el pasillo del hospital, gritándole a la nada en mitad de la noche. Y de repente las luces se encienden y escucho que alguien dice mi nombre, pero todo se vuelve repentinamente borroso, y no soy capaz de distinguir nada ni a nadie.
—¡Ino! ¡¿Qué rayos haces fuera de la cama a estas horas?!
—Él la mató, él la mató —Es todo en lo que puedo pensar, y todo lo que puedo decir mientras lucho como la señora Haruno contra las manos que intentan sujetarme —¡Ella no se ahorcó! ¡Él la mató! ¡Debemos avisar a la policía! ¡Llamen a la policía!
En este punto estoy histérica, temblando de pies a cabeza mientras más manos intentan sostenerme y más voces me llaman, pero sigo sin ser capaz navegar en todo este mar de confusión y descubrimientos aterradores.
—Fue él —repito una y otra vez, teniendo la impresión de que ahora todo es muy claro en mi cabeza.
No era un hijo lo que había perdido, sino una hija. El doctor no tuvo que ver con la muerte de Rin, pero estaba relcionado con ella, y también debido a su muerte había conocido a la madre de Hinata, y entablado una relación con ella que hubiera arruinado su carrera. Y la señora Haruno conocía su secreto, e intentó tomar ventaja de eso, sin saber que estaba firmando su propia sentencia de muerte. Pero, ¿qué tiene que ver Hinata con todo esto y por qué está muerta también?
—¡Llamen a la policía! —pido una vez más, apenas siendo consciente de que me están arrastrando a quien sabe donde a pesar de mis esfuerzos por negarme —¡Él la mató! ¡Debemos detenerlo! ¡Suéltenme!
Sigo gritando y pataleando, y soy consciente de que al menos dos personas me están sosteniendo, pero nada más hasta que me llevan hasta una sala médica, donde rápidamente siento un pinchazo en mi cuello, y como sucedió con la señora Haruno, todo a mi alrededor se vuelve oscuro.
•°•°•°•
—¿Qué pudo haberlo provocado?
El sonido de una voz llega hasta mí lejano pero claro. Estoy atrapada en algún lugar oscuro, y no puedo ver nada; tardo unos segundos en darme cuenta de que mis ojos están cerrados, ya que estoy sumergida en un estado de seminconsciencia. Mi cerebro está activo, por lo que puedo percibir la presencia de alguien y sus voces a mi alrededor, pero no mi cuerpo no reacciona, al menos no de inmediato.
—Revisamos su habitación y no hallamos ninguna droga o alucinógeno —responde una segunda voz, la de un hombre, creo, no estoy muy segura, porque mi mente sigue estando muy confundida —. Sin embargo, por sus análisis de sangre sabemos que no ha estado tomando sus medicinas. Es muy probable que haya sido un ataque psicótico.
—¿Ataque psicótico? —esa es una mujer. Su voz es dulce y preocupada; me resulta familiar —Pero ella no es una paciente de riesgo. Sus padres la internaron solo por prevención en caso de que sus ataques depresivos empeoraran, y no ha demostrado síntomas de ningún tipo de psicosis ni…
—Paranoia, comportamiento errático, ataques violentos, desconexión con la realidad… Lamentablemente creo que podríamos estar lidiando con algo más peligroso que una depresión aquí —suspira el hombre. No necesito estar en mis cinco sentidos para saber que hablan de mí, así que me esfuerzo por abrir los ojos y despertar, pero parece ser extremadamente difícil —Por favor, comunícate con sus padres a primera hora de la mañana. Será mejor hablar con ellos antes de que la condición de su hija empeore y debamos lamentar una tragedia…
¿Tragedia?, repite mi cerebro embotado, dándole la orden al resto de mi cuerpo para que se active. Entonces un quejido involuntario se me escapa de los labios, haciendo que las dos personas interrumpan su conversación. Mis ojos se abren lentamente, siendo cegados por la luz de una lámpara que me apunta directamente, pero cuando intento mover mi mano para cubrirme el rostro no puedo hacerlo, porque mis muñecas están atadas con grilletes a la cama. Y esa privación del movimiento en mis extremidades es todo lo que necesito para que mi mente y mi cuerpo se enciendan de una vez, tirando de mis grilletes mientras intento levantarme.
—Shhh… Ino, querida, no te asustes, soy la enfermera Shizune. Estoy aquí con el doctor Shimura —alguien se interpone entre la luz y yo, es el rostro pálido y amable de Shizune, y tras ella, entre las sombras de la habitación, puedo ver la figura alta y amenazante del doctor. Y al reconocerlo intento soltarme y levantarme de la cama con más intensidad, pero no puedo, porque también mis piernas fueron atadas a esta cama, lo que solamente hace que mi estado alterado aumente cuando la comprensión de todas las cosas que vi en los recuerdos de la señora Haruno me golpean.
—Shizune-san, tienes que llamar a la policía —es lo primero que digo. Ella se agita con sorpresa, y sus ojos angustiados se posan rápidamente en el doctor, que me observa tan sorprendido como ella. Yo también lo observo, y no dudo en sostenerle la mirada —Yo sé lo que hizo —le digo, tirando de los grilletes de mis muñecas de forma inconsciente para liberarme —. Sé sobre Rin, la señora Haruno y la señora Hyūga, ¡y se lo diré todo a la policía! —anuncio. La enfermera Shizune me mira, pasmada, y después al doctor, que se acerca a mi cama, sin un ápice de amabilidad o empatía en su cara, como si el hombre amable que conocía y me daba mis terapias ya no existiera.
—Aumenten la dosis al doble —dice él, sin ningún tipo de emoción en la voz —Manténganla sedada hasta que hablemos con sus padres y sepamos cómo proceder.
—¡No, no, por favor! —le ruego a la enfermera Shizune, que se queda detrás cuando él se va, preparando una inyección que sujeta con una de sus manos enguantadas —Por favor, no lo hagas. ¡Tienes que llamar a la policía! ¡Haz que vengan! —le pido una vez más. Ella me mira, con tristeza en sus ojos oscuros mientras me vuelve a inyectar en el cuello. Después mi conciencia se va de nuevo.
•°•°•°•
Hace frío. Mucho frío. Y todo lo que puedo ver a mi alrededor es el blanco de la nieve cae en ráfagas que golpean mi mejillas y entumecen mis sentidos. No sé dónde estoy, ya que no puedo ver nada a través de la ventisca, solamente la nieve que cae y se acumula a mis pies.
—¡Ino! —escucho que alguien grita mi nombre, y mi primera reacción, en lugar de voltear o buscar a la persona, es correr en dirección opuesta mientras mi pulso se acelera. Ni siquiera sé por qué lo hago, solo sé que tengo que correr a pesar de que la nieve me dificulta cada paso. De pronto, algo se quiebra bajo mis pies, y escucho el sonido de un cuerpo cayendo al agua; ya no puedo sentir el frío ni puedo respirar, porque el agua se mete por mi garganta hasta mis pulmones. Me estoy ahogando, y lucho por nadar hacia la superficie, pero algo me hunde hacia la parte profunda. No importa cuánto pataleé para liberarme, me voy hundiendo más y más cada segundo, hasta que dejo de luchar, y solamente me hundo hasta el fondo.
—¡Ino! —vuelven a ayudarme, pero esta vez es una voz diferente, aunque no puedo distinguirla del todo, pero sí tengo el impulso de ir hacia ella, luchando con más fuerzas para liberarme de lo que sea que me sujeta, pero no puedo hacerlo, y la presión en mis pulmones se vuelve insoportable al punto de que siento que mi corazón se detiene, y ya no puedo moverme ni hacer nada. En ese instante despierto, con una horrible sensación de ahogo mientras me llevo las manos a la garganta, buscando aire con desesperación. Por varios horribles segundos me cuesta darme cuenta de que no me estoy ahogando, sino que estoy bien, sobre mi cómoda cama de hospital. Sin embargo, cuando mis latidos se tranquilizan y mi mente se aclara recuerdo todo lo que ha pasado, y mi primer impulso es saltar de la cama y correr apenas soy consciente de que ya no estoy atada a ella, pero el miedo me paraliza.
Entonces, el hecho de que el doctor Shimura, el mismo hombre que conozco casi de toda la vida, el colega y mentor de mi padre, mató no a una, sino a dos mujeres inocentes me golpea como una bofetada en el rostro. Y no puedo evitar reflexionar sobre todo lo que la señora Haruno me mostró en sus recuerdos, y mi cerebro empieza a conectar los puntos, y cada pieza empieza a encajar en mi cabeza, aunque no el panorama completo. Sin embargo, muchas otras cosas tienen sentido ahora. El hijo que Kabuto mencionó... No era un niño, sino una niña. Era Rin. La hija mencionó la señora Haruno, la hermana que la hija del doctor Shimura jamás conocería, la hija que él rechazó. Tiene que ser eso. La madre de Sakura lo sabía, y por eso lo estaba chantajeando. Quién sabe por cuántos años lo hizo, pero, a juzgar por sus recuerdos, creo que fueron muchos. Pero eso no era lo único que sabía. Su relación impropia con la madre de Hinata fue lo que terminó por sentenciarlo.
La señora Hyūga. El doctor asesinó a la mamá de mi amiga, todo para mantener su relación prohibida en secreto. Y Hinata... La pobre Hinata...
Me pregunto si ella lo sabía. Me pregunto si fue por eso que buscó al doctor Shimura, si por eso Shikamaru dijo que se veía tan trastornada después de salir de su oficina. Tal vez Hinata lo averiguó de alguna forma, al menos de la relación que hubo entre ambos; tal vez ella solo quería saber un poco más de su mamá, sin saber que estaba enfrentándose a su asesino. O al menos eso creía la señora Haruno, y él no lo negó.
¿Hasta qué punto es capaz de llegar un hombre solo por mantener su reputación?
Al doctor no pareció importarle tener una hija bastarda, así como tampoco que alguien la asesinara, de hecho, tuvo un romance con una de las perpetradoras, pero cuando esa mujer comenzó a ser una amenaza para su carrera, se deshizo de ella también sin mirar atrás, así como lo hizo con la señora Haruno una vez que supo que sabía demasiado. Todo para salvar las apariencias.
Es terrible darse cuenta de que alguien cercano a ti es capaz de hacer algo tan atroz como dejar a tres niñas inocentes sin madre solo para salvar su carrera. El egoísmo y la frialdad con la que el doctor Shimura ha cometido esas acciones es escalofriante, sobre todo la forma en que ha seguido con su vida y su trabajo, como si nada hubiera pasado. ¿Cómo se puede tener la sangre tan fría?
Tengo que decírselo a alguien, es lo que pienso de inmediato. Las personas tienen que saber quién es realmente ese hombre. Es lo que la señora Haruno y la mamá de Hinata habrían querido. Y mi primer impulso es buscar un teléfono para llamar a la policía, pero rápidamente me doy cuenta de que sería muy estúpido hacerlo. No tengo pruebas en contra del doctor Shimura, nada más que mi palabra y los recuerdos de un espíritu. Diablos, hasta para mí sueno como una desquiciada. No, esa no es opción si no quiero terminar mis días en un hospital psiquiátrico, usando un chaleco de fuerza. Tampoco puedo ir a casa; mis padres nunca me creerían, y, siendo honesta, ¿quién lo haría? Pero aunque por algún milagro ellos creyera en mí, de hacerlo no sería antes de que el doctor me encontrara, o peor aún, les hiciera algo a ellos.
Necesito tiempo para pensar, pero no puedo quedarme en este lugar o alguien me encontrará muy pronto. Necesito ir a algún lugar seguro, conseguir ayuda, y mientras más lo pienso, solamente se me ocurre un lugar al que puedo ir, donde sería escuchada sin objeciones. Solo espero que quieran recibirme.
Pero no es tiempo de pensar en esas nimiedades, me digo, reuniendo el coraje necesario para empezar a actuar. Sasuke puede estar molesto después de nuestro último encuentro, puede que me odie, pero sé que no dudará un momento en ayudarme, o al menos darme el beneficio de la duda. Aunque eso no será necesario, me digo, porque Sasuke y yo somos iguales, dos caras de una misma moneda, entonces sé que puedo confiar en él. Es mi única esperanza.
Miro por la ventana; afuera todavía es de noche, no creo que haya pasado mucho tiempo inconsciente, pero no puedo estar segura. Por un reloj en la pared puedo ver que apenas pasan unos minutos de la medianoche, así que solo debe haber unos pocos miembros del personal del hospital de guardia. Sin embargo, si logro esquivarlos todavía no sé cómo salir del hospital; las ventanas no son una opción porque todas, sin excepción, están enrejadas, por lo que sí o sí necesito las llaves de las puertas exteriores o nunca podré escapar. Ese es otro problema, porque solamente los guardias y las enfermeras tienen esas llaves.
Mientras pienso qué hacer me saco mi pulsera rastreadora y la escondo bien para ganar tiempo antes de que descubran que escapé. Me pongo mis zapatos de calle y todo el abrigo que encuentro. No tengo dinero, pero si mi mente no me engaña no estoy demasiado lejos del templo, tal vez podría caminar, lo importante es salir de este lugar.
Cuando me siento un poco más segura me asomo por la puerta. El pasillo está en silencio y despejado, ya que todos los pacientes están durmiendo, y la enfermera o enfermero de guardia debe estar en su escritorio o haciendo rondas en otra ala del hospital. Lo único que me aterra es encontrarme al doctor Shimura, así que espero por un buen rato, pero no hay sonidos ni movimiento.
Si no me equivoco, estoy en el tercer piso, reconozco el corredor porque la sala de terapia grupal está al final del pasillo; no puedo usar el elevador porque el sonido podría alertar a los guardias, pero las escaleras de están lejos. Tan silenciosamente como puedo me deslizo fuera de mi habitación y bajo los escalones con cuidado. Uno, dos, tres pisos hasta que estoy en la planta baja, frente a la salida.
Mi corazón corre a toda velocidad cuando veo todo el pasillo despejado para mí, y estoy tan cerca del mundo exterior que no puedo creer lo fácil que ha sido; y, de hecho, no lo es, porque apenas intento empujar la pesada puerta de madera y hierro esta no se mueve, y no necesito solo una llave para abrirla, sino también un código. Me había olvidado de los estúpidos códigos de seguridad.
La puerta principal no funcionará, me digo. Podría intentar salir por la puerta trasera, o la de la cocina, pero cuando llegó ahí tengo el mismo problema.
Estoy pensando en qué hacer cuando siento la presencia detrás mío. Al principio es solo como una sombra que veo por el rabillo del ojo pasar por mi costado, sobresaltándome, pensando que es un guardia que acaba de descubrirme, y aterrorizada ante las posibles consecuencias de haber sido atrapada. Sin embargo, todavía por el rabillo del ojo veo que la sombra solamente sigue caminando, así que me trago mi miedo y levanto la mirada, sorprendiéndome al ver a un hombre alto y delgado, completamente vestido de negro, yendo directamente hacia el lado opuesto del hospital, sin siquiera prestarme atención. Tiene que ser un rem, me digo, empezando a seguirlo, como si mis pies estuvieran siguiendo alguna clase de orden silenciosa.
El hombre camina despacio pero con paso firme; tiene una capucha cubriendo la mayor parte de su cabeza, así que desde atrás solo puedo ver si silueta alta y esbelta que se encorva ligeramente hacia adelante mientras mete las manos en sus bolsillos. Por su postura, debe ser solo un chico, me digo, intentando apretar el paso para poder verle la cara, pero desisto en cuanto mis pasos apurados empiezan a hacer eco en las paredes. Así que me detengo por un momento, y él se detiene también, como si nuestros movimientos estuvieran sincronizados. Espera unos segundos y sigue caminando, dándome tiempo de alcanzarlo con mis pasos lentos y medidos para no hacer ruido, pero todavía no puedo verle la cara.
Atravesamos el vestíbulo, y después la cafetería, la sala manualidades y finalmente el salón de suministros médicos sin cruzarnos con nadie, aunque, de repente, me doy cuenta de que el aire se siente mucho más frío en este lado del hospital, como si alguien hubiera dejado una ventana abierta. Eso es extraño teniendo en cuenta que todo el edificio tiene la calefacción muy alta por el invierno. Entonces siento que algo frío me toca la mejilla. Es un copo de nieve, hay nieve dentro del hospital. Y el recuerdo de lo pasado en casa de Sasuke hace que mi corazón se acelere. ¿Acaso estoy soñando? ¿Estoy en peligro de nuevo?
Me quedo congelada en mi lugar con todos estos pensamientos dándome vueltas en la cabeza; el chico solamente sigue caminando hasta perderse en un pasillo contiguo, saliendo de mi vista, por lo que apuro el paso sin pensarlo, pero cuando doblo en la esquina él ya se desvaneció en el aire, y en su lugar veo la puerta de incendios abierta de par en par. Es por ahí por donde entran las ráfagas de nieve helada. Entonces parpadeo y me doy un golpe en la cara; no sé si eso en realidad sirve de algo, pero parece que no estoy soñando. Eso es bueno, pienso, acercándome a la salida con mucha más confianza ahora que sé que los rems están de mi lado, con mucha más convicción de salir de estar lugar y liberar el secreto de Danzō Shimura al mundo.
