Los personajes de Ranma no me pertenecen, escribo esta historia sin ánimo de lucro y por el mero hecho de entretener

Lost in my memories

Capítulo 11


Akane se asustó al escuchar una voz junto a ella, ese hombre apareció de la nada y la miraba con una extraña sonrisa.

—Ah, g-gracias señor ―Comenzó a sentirse extrañamente nerviosa, intentaba moverse pero sentía los músculos totalmente paralizados.

Ryoga enarcó una ceja —¿Señor? ¿Te estás haciendo la tonta conmigo? —La sonrisa desapareció y la expresión del hombre se volvió austera.

Esa voz, ese tono autoritario, sin saber por qué comenzó a temblar. Lo único que quería era salir despavorida de aquel supermercado y llegar a casa, allí se sentía a salvo —N-no le entiendo… ¿le he ofendido de alguna manera? Sí es así me disculpo… —No se había dado cuenta hasta ese momento de que Ryoga era militar, el uniforme era distinto al de Ranma pero suponía que debía ser porque Ranma era japonés, aunque ese hombre también, eso la descolocó un poco, pero su chino era excelente, al igual que el del azabache.

Ryoga frunció el ceño, ¿a qué estaba jugando Akane?, ¿estaba fingiendo no conocerlo?, ¿por qué? —Deja ya este juego, ¿sabe alguien más que estás aquí?

La chica por fin consiguió que sus extremidades obedecieran las órdenes de su cerebro y consiguió dar un paso atrás —N-no sé de qué me está hablando… —Entonces un pensamiento fugaz cruzó su mente—. ¿U-usted me conoce?, ¿sabe quién soy?

Ryoga se quedó unos segundos meditando qué cojones estaba pasando allí hasta que sin entender muy bien el motivo decidió algo —Por favor señorita, le pido mil disculpas, la he confundido con otra persona. Es que es usted idéntica —El moreno hizo una reverencia ante Akane. Averiguaría qué estaba ocurriendo allí. Ahora que la había localizado no la perdería de vista, se la llevaría con él.

—Oh… —Por un instante se sintió decepcionada, al menos le habría contado quién era ella y algo de su vida anterior, pero al momento volvió a tener esa horrible sensación de angustia—. Vale pues… debo irme...

—¡Espere! —Ryoga la agarró del brazo y Akane sintió erizarse su piel — ¿Le apetece tomar algo? Será sólo un momento, es que siento como si ya la conociera —El hombre de ojos miel abrió ligeramente la boca al sonreír y Akane pudo distinguir un prominente colmillo que le sobresalía, su pulso comenzó a acelerarse, sintió que el aire no le llegaba a los pulmones, no lo comprendía pero ese hombre la asustaba demasiado, quería huir de allí pero tampoco quería resultar descortés.

—Y-yo… lo siento pero no puedo… yo…

—¡Akane, Akane! —Uno de los hijos de la señora Liu, el más pequeño, Taiki, corrió a las faldas de la joven. La morena jamás se había alegrado tanto de ver al chiquitín.

—¡Hola, Taiki! ¿Dónde está tu mamá?

—En el pasillo de las conservas, te he visto y me ha dado permiso para venir a buscarte.

Una mujer regordeta y morena saludaba a Akane desde el pasillo mencionado por el niño.

—En fin, me llevo un disgusto pero supongo que en otra ocasión —Ryoga decidió retirarse, no era prudente llamar la atención, la esperaría fuera a que estuviera sola.

—Ah, sí… que tenga un buen día… —respondió con Taiki de la mano, haciendo una ligera reverencia con la cabeza y yendo en dirección a la señora Liu.

Ryoga entró en el coche y Kirin hizo amago de arrancar —Has tardado capitán, ¿había mucha gente?

—Espera, no arranques aún —Ryoga no perdía detalle de la puerta del supermercado. Kirin lo observó extrañado.

—¿Ocurre algo?

—No, sólo haz lo que te ordeno.

Akane salió del supermercado con la mujer regordeta que había saludado y el niño entrometido sujetándole la mano. Las vio doblar la esquina.

—Mierda, arranca y ve despacio por esa calle, no llames la atención.

Kirin no entendía lo que estaba pasando pero jamás cuestionaba las órdenes de un superior, así que hizo lo que Ryoga le ordenó, pero al avanzar unos metros se percató de que estaban siguiendo a una señora regordeta y a una joven con un trasero de escándalo llevando de la mano a un mocoso, ―Qué cabrón ―pensó y sonrió maliciosamente al darse cuenta de por qué su capitán le pedía que fueran a ese ritmo. Cuando giraron en la siguiente calle Hibiki le dijo que se detuviera.

Vio cómo Akane entraba a un edificio y no era uno cualquiera, era el mismo en el que vivía el coronel Saotome —Esto sí que se pone interesante y curioso, vaya casualidad… —murmuró.

—¿Decías algo? —contestó Kirin.

—No, nada, podemos ir al cuartel ahora —¿Así que era posible que Akane hubiera estado viviendo allí todo este tiempo? El día había empezado fatal pero se acababa de poner tremendamente interesante.

.

.

.

Akane cerró con llave la puerta de su casa y apoyó la espalda en ella. Aún sentía su pulso acelerado, se observó las manos y notó que no podía dejar de temblar, ¿qué diablos le pasaba? Ella no solía ser miedosa, salvo si veía alguna película de miedo. Se llevó un sobresalto al escuchar el ring del teléfono y se apresuró a contestar.

—¿Sí?

—Akane, soy yo.

La voz de Ranma al otro lado hizo que poco a poco fuera tranquilizándose —Hola ―dijo suspirando―, ¿mucho trabajo?

Se hizo una pausa interrumpida por el hombre de la trenza —¿Pasa algo?, ¿estás bien?

¿Cómo lo hacía? Siempre que ella estaba rara por algún motivo él inmediatamente lo sabía, Akane sonrió, a pesar de no estar con ella se sentía a salvo con el solo hecho de escuchar su voz —No es nada… me ha pasado algo extraño hoy pero luego te lo cuento.

—¿Extraño? ¿Pero estás bien? —la chica le notó la preocupación en la voz—. Te llamaba para decirte que llegaré un poco más tarde, pero mejor voy para allá.

Akane se sintió culpable, no tenía que haberle dicho nada en ese momento, seguramente estaba enfrascado en el caso del prometido de Ukyo —No, de verdad, estoy bien. Continúa con lo que estabas haciendo. ¿Te espero para comer? La señora Liu me ha dado estofado para los dos y huele muy bien.

―Se me hace la boca agua sólo de escucharte pero me temo que no voy a llegar a tiempo.

―Oh… vale, no te preocupes, también me ha dicho que si no venías que comiera con ellos, necesita que después me quede un hora con los niños porque tiene que salir a hacer un recado.

Ranma notó la decepción en la voz de Akane, él también estaba deseando llegar a casa para estar con ella, pero lo que se traía entre manos era demasiado importante ―Me parece genial que comas con ellos, pero, ¿seguro que estás bien?

―Que síííí ―aunque puso los ojos en blanco por lo excesivamente protector que era con ella también sonrió justo por eso. Se moría de ganas de que llegara a casa pero no quería interferir en su trabajo.

―Recibido, pues continúo con esto, si necesitas cualquier cosa llámame, ¿de acuerdo? Cambio y corto.

Akane rio al otro lado de la línea ―Eres un bobo.

―Pero aún así me adoras.

―En tus sueños, Saotome.

―Ummm si te dijera lo que sueño… quizá esta noche lo haga realidad…

Akane no podía estar más colorada, esa nueva faceta de Ranma le gustaba mucho pero también la hacía sentirse muy nerviosa ―Tú… tú… eres un…

―Dale las gracias a la señora Liu de mi parte por el estofado, te veo luego.

Ranma colgó sin darle lugar a replicar, Akane hizo lo mismo más fuerte de lo habitual ―Te odio, Ranma Saotome ―Pero la sonrisa que lucía al pronunciar esas palabras no engañaba a nadie.

Colocó el estofado en el frigorífico, decidió estudiar un poco antes de ir a la casa de la señora Liu, debido a la visita de Ukyo le había resultado imposible. Así intentaría distraerse un poco porque la imagen del hombre del supermercado le vino de nuevo a la mente y un escalofrío le recorrió de arriba a abajo.

.

.

.

Ryoga llegó al cuartel y cuando iba hacia su despacho la oficial y secretaria, Jia Li, le llamó la atención: ―Disculpe, capitán ―el susodicho se giró indignado, lo único que quería era llegar a su despacho para llamar a Mousse y contarle lo de Akane, aunque quizá no era el lugar indicado para hablar de ese tema, esa noche iría al Black Ahiru, hacía tiempo que no se pasaba por allí y se lo contaría mejor en persona.

―El coronel Saotome le reclama en su despacho.

Ryoga frunció el ceño, no le apetecía verle el careto ahora mismo pero supuso que querría información de la reunión nada más llegar. Así que prefirió pasar directamente al despacho de Ranma antes que por el suyo, cuanto antes acabara con esto mejor. Dio un par de toques anunciando su llegada, escuchó la voz de Saotome al otro lado dando su consentimiento.

―Con permiso, mi coronel, me han dicho que quería verme.

Ranma asintió sin despegar la vista de los papeles que tenía esparcidos por todo el escritorio, siempre lo recibía igual, ¿dónde estaban los modales de ese hombre?, ¿es que los japoneses se sentían superiores a ellos?

Al cabo de unos segundos Ranma alzó la vista para encontrarse a Hibiki recto y con la mirada al frente ―Descanse, capitán y tome asiento ―Ryoga obedeció y se sentó frente a Ranma, éste apoyó los codos en la mesa, entrelazó las manos y dejó reposar su mentón en ellas.

―Quería de usted dos cosas, la primera supongo que ya la sabe, quiero que me ponga al corriente de lo hablado en la reunión ―Ryoga asintió, esa petición era más que obvia― y lo segundo es decirle que ha habido un cambio de planes, será usted quien dirija las maniobras que comienzan mañana.

La expresión de Ryoga cambió y se tornó hosca, esas maniobras eran de supervivencia, en pleno bosque, durante una semana, ahora que sabía el paradero de Akane no le hacía ni puta gracia estar aislado durante tanto tiempo.

―¿Algún problema? ―dijo Ranma al no haber respuesta de parte de Ryoga.

El hombre del colmillo prominente tuvo que respirar hondo para no mandarlo a la mierda en ese momento ―Pero coronel… tenía entendido que el teniente Saffron iba a ser el encargado de dirigirlas.

―Saffron no tiene experiencia en combate, usted sí y eso es lo que necesito, a alguien que haya luchado en el frente. La situación no parece que mejore y necesito que estén preparados por si nos llaman a filas en cualquier momento.

―Como ordene… ―Ryoga apretó los dientes y volvió a tomar aire.

―Perfecto, solucionado pues, ahora cuénteme sobre la reunión.

.

.

.

Ranma sacó las llaves para abrir su apartamento, había sido un día intenso pero parecía haber avanzado en su investigación, lo único que lo perturbaba era esa llamada a Akane, su voz sonaba distinta, tensa, a pesar de haber intentando disimular. En cuanto abrió la puerta un menudo cuerpo se le agarró a la cintura.

―Bienvenido a casa.

Ranma soltó las llaves y la abrazó, era extremadamente reconfortante tenerla entre sus brazos. Cerró la puerta con el pie y acarició la mejilla de Akane ―¿Todo bien?

La joven en respuesta alzó la cabeza, se puso de puntillas y le besó, Ranma se quedó un momento paralizado, no esperaba en absoluto ese recibimiento, por supuesto no le disgustaba pero necesitaba hablar con ella de lo que le había pasado.

―A-Akane… cuéntame eso que…

―Luego… ahora te necesito… ―dijo entre beso y beso. Cuando la joven rozó con la punta de su lengua los labios de Ranma él no pudo resistirse, la tomó de la cintura, ella enredó sus piernas alrededor de su cuerpo y la llevó al dormitorio mientras se devoraban mutuamente.

.

.

.

Ranma acariciaba la espalda desnuda de Akane, ella se abrazaba a él después de haber hecho el amor intensamente. La chica por fin respiraba tranquila, junto a él se sentía segura, había tenido todo el día un nudo en el estómago incomprensible para ella pero en cuanto lo vio el nudo se disipó.

―¿Me vas a contar ahora qué es lo que te ha pasado? ―dijo Ranma rompiendo el cómodo silencio entre ambos.

―Es una tontería… ―respondió la chica escondiendo la cabeza entre los pectorales del hombre de la trenza.

Él le sujetó el mentón y la obligó a mirarlo, el intenso y brillante azul en los ojos de Ranma hizo que el corazón de Akane latiera desbocado, ¿se acostumbraría alguna vez a su mirada?

―Pues cuéntame esa tontería.

―Está bien… Fui al supermercado a buscar unos ingredientes que me hacían falta, Ukyo me enseñó a preparar tu okonomiyaki preferido… y bueno… quería darte una sorpresa…

Ranma no pudo evitar sonreír, seguramente después de comerlo tendría dolor de estómago pero valdría la pena, ya que quiso cocinar algo que sabía que era de su agrado.

―Ya me ha entrado hambre ―dijo en un intento de animarla, pues la notaba bastante nerviosa. Consiguió una dulce sonrisa de su parte y el corazón le dio un vuelco. Tragó en seco y la instó para que continuara su historia.

―Pues estaba en la sección de congelados y se me cayó un paquete de anillas de calamar, antes de darme tiempo de agacharme a recogerlo, un hombre estaba a mi lado ofreciéndomelo…

Ranma frunció el ceño, molesto ―¿Un hombre? ―dijo serio.

Akane notó el tono de Ranma y se puso aún más nerviosa ―Sí… el caso es que fue todo muy raro, me hablaba de una forma muy familiar, incluso llegó a alterarse diciéndome que a qué estaba jugando… yo no entendía qué pasaba…

El azabache se incorporó, estaba empezando a alterarse, ¿la habría encontrado Taro? No podía ser él porque no hubiera consentido que ella regresara de nuevo a casa ―¿Qué más te dijo?, ¿qué quería de ti? Descríbemelo.

La morena se dio cuenta de que Ranma estaba apretando el puño fuertemente, se incorporó también cubriéndose con la manta ―Cu-cuando le pregunté si me conocía él pareció meditarlo pero luego me pidió disculpas, dijo que me había confundido con otra persona… Era más o menos igual de alto que tú, moreno con el pelo corto… ah… vestía de militar pero su uniforme era distinto al tuyo.

Ranma apretó los dientes, tendría que confirmarlo pero pondría la mano en el fuego a que se trataba de Hibiki. Sus pensamientos fueron interrumpidos de nuevo por la voz entrecortada de Akane.

―Ranma… ―El hombre de la trenza la miró―. Lo que realmente quería decirte es que me sentí muy rara cuando vi a ese hombre…

El pulso del azabache cada vez era más acelerado ―¿A qué te refieres?

―Pu-pues no sé cómo explicarlo pero sentí mucho miedo y angustia… lo único que quería era salir corriendo y llegar a casa, he estado todo el día con un nudo en el estómago pero no sé por qué, sólo se me ha quitado cuando has entrado por la puerta… ¿Qué me pasa?

Ranma la vio tan frágil en ese momento que no pudo hacer otra cosa que atraerla hacia

él y abrazarla con fuerza, que sintiera que estando a su lado no dejaría que nada malo le ocurriese ―Tenías que haberme contado esto cuando te llamé, habría venido a casa inmediatamente.

―Pero sé que lo de tu amigo es muy importante… no quería molestarte…

Ranma suspiró ―Pero tú lo eres más… ―sintió cómo Akane se acurrucaba junto a él. Intentó calmarse por ella, si realmente y como sospechaba, era Hibiki el militar que se le acercó en el supermercado, sería la segunda vez que sufría un episodio de pánico relacionado con él. Más le valía que ese hijo de puta no le hubiera hecho daño a Akane de alguna manera porque sería lo último que hiciera en esta vida― Mañana tenemos que ir al hospital, ¿verdad?

―Sí, creo que esta vez toca consulta con el neurólogo, pero parece que no avanzo en mis recuerdos…

Ranma le besó la coronilla ―Poco a poco ―En ese momento se sintió el ser más despreciable del mundo porque muy en el fondo, una pequeña parte de él deseaba que jamás recuperara la memoria. Tenía miedo de que al hacerlo lo que fuera que sintiera por él desapareciera. Era lo más preciado que tenía en su vida y no quería perderla.

―¿Has comido algo?, ¿quieres que te prepare el okonomiyaki? ―Una gota de sudor frío recorrió la espalda de Ranma pero sólo por la carita de ilusión de Akane merecería la pena un lavado de estómago, total, mañana tenían visita al hospital, podría aprovechar mientras ella estaba en la consulta.

.

.

.

El azabache miró el reloj una vez más, llevaba toda la noche sin poder pegar ojo, dándole vueltas a lo que Akane le había contado. Miró a su lado y la vio enroscada en él durmiendo tranquilamente, le apartó con suavidad un mechón de su flequillo y la observó dormir unos instantes. Decidió levantarse a tomar un vaso de leche caliente a ver si conseguía relajarse y dormir unas horas. Con mucho cuidado salió de la cama intentando no despertarla, ella hizo un ruidito pero continuó durmiendo.

Echó la leche en un cazo y lo puso en el fuego, se sentó mientras esperaba a que se calentara, pasándose las manos por el cabello en un gesto nervioso. Se le estaban acumulando demasiadas cosas, estaba a punto de llegar a su límite pero no perdería el control, lo haría por ella. Pasados unos minutos Ranma retiró el cazo y se sirvió la leche en una taza, iba a sentarse en el sofá cuando le pareció escuchar a Akane. Dejó la taza en la barra de la cocina y se dirigió al dormitorio.

Cuando entró observó que la joven se movía nerviosa, su expresión era de auténtico terror y murmuraba algo que Ranma no acababa de entender. Se acercó y se sentó en la cama, puso toda su atención en las palabras de la chica.

—No… no me toques… —Esta vez Ranma escuchó a la perfección lo que Akane murmuraba, ¿estaría teniendo una pesadilla o sería un recuerdo? La idea de que lo que acababa de decir fuera un recuerdo hizo que el azabache sintiera como si le estuvieran retorciendo las tripas por dentro—. NOOOO —El grito de la morena hizo que Ranma quisiera despertarla.

—Akane, Akane despierta —dijo poniéndole la mano en el hombro.

De pronto Akane comenzó a llorar a lágrima viva —¿Por qué…? Tú no… ¿Por qué me haces esto? Dijiste que me protegerías siempre…

El azabache apretó los dientes con rabia contenida, ¿con quién demonios estaba soñando? ¿Sería Taro? Según Hibiki él la había forzado, ¿estaría reviviendo todo aquello? Tenía que despertarla, sacarla de su pesadilla pero de pronto ocurrió algo que no se esperaba.

—¡Ranma! ¡Ranma! —Akane gritó su nombre y él se quedó congelado— ¡Ayúdame Ranma! ¡No dejes que me haga daño!

El hombre de la trenza la zarandeó con algo más de fuerza, ansioso por sacarla de ese mal sueño —¡Akane, despierta! ¡Akane, estoy aquí!

La chica se incorporó con la cara totalmente desencajada y mirando a todos lados. Cuando por fin se enfocó en Ranma se lanzó a sus brazos y lloró, esta vez de alivio.

—He tenido una pesadilla horrible… —dijo hipando.

Ranma le besó la frente mientras respiraba en un sobre esfuerzo por no perder la calma y salir en busca de Hibiki y pedirle "amablemente" que le dijera si era culpable de las pesadillas del amor de su vida.

—Estoy contigo, no te preocupes. ¿Quieres que te prepare un vaso de leche caliente o un té?

—No… solo no te vayas, quédate aquí conmigo.

—Puedes estar tranquila, no me voy a ir a ninguna parte.

La escuchó suspirar aliviada y poco a poco notó cómo su respiración se iba normalizando.

—¿Tienes ganas de contarme lo que has soñado? —preguntó el azabache intentando controlar su tono de voz, porque lo que realmente necesitaba en ese momento era pegarle golpes a la pared hasta dejar de sentir ese hormigueo que tenía en los nudillos.

Akane se acurrucó más y susurró: —Me da vergüenza…

El azabache frunció el ceño —¿Vergüenza por qué? ¿Prefieres contarle el sueño al psicólogo? Puedo decirle a la doctora que pida una cita mañana también con él.

—Es que… —La chica comenzó a jugar con sus dedos. Finalmente suspiró—. No sé muy bien cómo explicarlo… Bueno sí que lo sé pero me da mucho apuro contártelo a ti…

—Sabes que puedes confiar en mí —le dijo en el tono más tranquilizador que pudo.

—Lo sé… De acuerdo, te lo contaré —Tomó aire y comenzó a relatar lo que acababa de soñar—. Estaba en una especie de sala, parecía una oficina y allí había un hombre, no le he distinguido la cara, lo veía todo algo borroso, pero después de hablar un rato con él… intentó tocarme… ―Ranma cerró los ojos apretándolos con fuerza e inspiró aire. Akane sabía que el hombre de la trenza estaba totalmente tenso, no sabía si continuar o no con su historia, lo que seguía sin duda le haría enfurecer.

Ranma se dio cuenta de que Akane había dejado de hablar, no era tan buen actor como él imaginaba —¿T-te hizo algo?

―Creo que no… yo sólo sentía muchísimo miedo y una gran angustia. Recuerdo un forcejeo y de pronto ya no estaba en esa sala, era otro lugar donde yo me sentía cómoda. Apareció otro hombre… Recuerdo que al verle sentí un gran alivio pero luego… ―Otro silencio. Akane seguía jugando con sus dedos―. Luego comenzó a besarme y yo me sentí totalmente descolocada porque la sensación que me daba en el sueño esa persona era de ser muy cercana, algo así como familiar, aunque irónicamente no recuerde si tengo o no familia. Pero… no sé… fue horrible, me sentí decepcionada, traicionada y humillada… Y luego te vi a ti…

―¿Me viste? ―Ranma tenía los músculos totalmente tensionados. Todo lo que le estaba describiendo Akane… Si eso era un recuerdo… Tenía que tratarse de Taro pero, ¿y el primer hombre del que había hablado? Sospechaba de Hibiki, si no por qué esa reacción de Akane al escuchar su voz cuando estaban en la cabina. Y lo que le contó antes del supermercado, todas las flechas apuntaban a él.

―Sí… Recuerdo llamarte para que me ayudaras y ha sido cuando me he despertado. Y ahora me da miedo volver a dormir, no quiero soñar lo mismo.

Ranma la estrechó fuertemente entre sus brazos, una furia como hacía tiempo no había sentido comenzó a recorrer su cuerpo de pies a cabeza, le faltaba el aire, sus extremidades le hormigueaban, quería seguir abrazándola pero el corazón le latía tan fuerte por la ansiedad que tenía que irse de allí. Quería salir a buscar a Taro, seguramente lo encontraría en ese antro de mala muerte, lo retaría a un combate y allí mismo lo mataría. Le dio un beso en la cabeza y se levantó de la cama.

―¿A dónde vas? ―preguntó sumamente preocupada, lo conocía lo suficiente para saber que estaba a punto de sufrir una crisis.

―Tengo que salir, volveré pronto.

―¡No! ¡No, por favor no te vayas! ¡No me dejes sola! ¡Me lo prometiste!

Akane se abrazó a él y la sintió temblar, apretó los dientes y le correspondió el abrazo ―Akane yo…

―No tenía que haberte contado nada, ahora te he hecho sentir mal.

Ranma le sujetó el rostro entre sus manos ―Esto no es culpa tuya, tú me has hecho avanzar para bien, ni te imaginas lo que me estás ayudando pero es que… solo pensar que eso pueda ser un recuerdo…

―No tiene que ser un recuerdo, quizá sólo haya sido una pesadilla sin más. Ranma, quédate conmigo.

Los ojos suplicantes de Akane hicieron que Ranma tomara la decisión de quedarse con ella, la otra vez se marchó al terminar de leer la carta de Ryu dejándola muy preocupada, no le volvería a hacer lo mismo. Akane lograba alejar sus demonios pero cuando se trataba de ella la bestia que llevaba dentro luchaba por salir para protegerla del mundo.

―Está bien, déjame un segundo que vaya al baño, te prometo que no me marcharé.

―Vale…

El hombre de la trenza salió airoso de la habitación y entró en el baño, con manos temblorosas buscó el bote de tranquilizantes. Desde que Akane estaba con él no había vuelto a tomarlos pero si no intentaba calmarse no sabría lo que era capaz de hacer. Lo encontró en su neceser, lo abrió y cogió una pastilla, abrió el grifo y se la tragó.

El reflejo que le devolvía el espejo no era nada alentador. Intentó respirar profundo, pensó que estaba avanzando y en parte así era, pero supuso que todo se iba al traste cuando de la seguridad de Akane se trataba.

—¿Qué te hicieron Akane? —Su cabeza daba vueltas reviviendo la conversación que tuvo con Hibiki hacia unos meses sobre la supuesta violación de Akane por parte de Taro, y luego rememoraba las palabras de la morena contándole su pesadilla que él estaba 100% convencido de que era el recuerdo de esa situación—. ¡Maldita sea! —Ranma lanzó un puñetazo al espejo haciéndolo añicos. Miró su puño y observó la sangre caer desde sus nudillos, no sentía dolor, solo rabia, rabia por no haber podido proteger a Akane de todo lo que había pasado desde que era niña.

—¡Ranma! ¡Ranma, ¿qué ocurre?! ¡Ábreme! —Akane corrió en cuanto escuchó el golpe y aporreó la puerta esperando que el azabache se encontrara bien. Si no le abría encontraría la manera de echar la puerta abajo pero no hizo falta. Ranma la abrió, Akane vio su puño ensangrentado y se puso las manos cubriendo su boca—. ¿Qué has hecho?... —Después fijó su mirada en Ranma y descubrió que la del azabache miraba al vacío, como si sólo su cuerpo estuviera allí.

—Siento haberte asustado —pronunció de pronto.

Akane lo tomó de la mano sana e hizo que se sentara en una silla de la salita —No te muevas —Su voz era seria, su preocupación, su culpa y su enfado se entrelazaban en sus sentimientos sin saber cual de ellos era más fuerte. Al cabo de unos instantes regresó con el botiquín de primeros auxilios.

Lo curó en silencio, ¿qué decir en esos casos? Le sacó con unas pinzas pequeños trocitos de cristal que se le habían quedado incrustados en la piel, desinfectó la zona a conciencia y le vendó con mucho cuidado.

—Sabes que no dejaré que nadie te haga daño, ¿verdad? —El silencio fue roto por Ranma que no perdió detalle de la cura de Akane. Era la segunda vez que le vendaba el puño.

La joven suspiró —¿Y tú?

A Ranma le descolocó la pregunta —¿Yo?

—Haciéndote esto me haces daño… Contigo me siento a salvo pero tampoco puedes vigilarme las 24h del día para que no me pase nada.

—Akane…

—Sé que te cuesta mucho controlarte, que sigues en proceso de recuperación, lo que viviste no se sana en pocos días como tu puño, y me has dicho muchas veces que yo te ayudo a sentirte en paz contigo mismo pero viendo esto… Soy la culpable de que te sientas así, de que te hagas daño y no puedo… Yo también lo paso mal si tú no estás bien…

Ranma la cogió de la cintura y la abrazó, apoyando la cabeza en su pecho —Tienes razón, perdóname por favor…

Al cabo de unos instantes Akane le devolvió el abrazo, en realidad ambos se necesitaban mutuamente para alejar a los demonios del otro —Solo te pido que tú también hables conmigo si lo necesitas, quiero ayudarte como lo haces conmigo.

Ranma levantó la cabeza y sus miradas se encontraron, la chica le acarició la frente recolocándole en flequillo. El azabache iba a atraerla para besarla pero algo cambió en la expresión de Akane. Su rostro tranquilo se tornó pensativo, la chica frunció el ceño y ladeó la cabeza comenzando a pasar sus manos por la cara de Ranma.

—¿Ocurre algo?

—No lo sé… Tus ojos… Tu cara… De pronto me ha venido una sensación extraña, como si te hubiera visto antes del hospital.

Ranma dejó de respirar durante unos segundos, ¿era posible que Akane lo hubiera recordado de antes de lo del centro comercial? Tragó en seco —¿A-antes del hospital? Qui-quizá nos hemos cruzado por la calle, sabes que esta cara es difícil de olvidar —Sonrió de medio lado restándole importancia. ¿Sería el momento de confesarle que sabía quién era ella desde primera hora? Al menos la Akane de China porque tenía que continuar con su investigación del caso del embajador Tendo. Si confesara ahora la perdería, debería haber sido sincero desde el principio.

Akane enarcó una ceja —Hablo en serio.

—Y yo también.

—Eres insufrible.

—Me has hecho daño —dijo muy serio a lo que Akane no pudo evitar sonreír, prefería millones de veces a ese Ranma.

—Eres un tonto.

El hombre de la trenza suspiró, parecía que Akane cada vez tenía más flashes de su vida anterior a su pérdida de memoria, se lo confesaría todo pero antes tenía que solucionar muchas otras cosas.

—Aún quedan unas 3 horas para que suene el despertador, ¿quieres intentar dormir un poco? —preguntó cambiando de tema.

El bostezo de Akane solo hizo confirmar lo que Ranma había propuesto. La tomó en brazos y la llevó a la cama. Velaría por sus sueños hasta que ella despertase.

.

.

.

—Mei-lin, ponme otra copa igual —Mousse giró la cabeza para encontrarse sentado a su lado en la barra a Ryoga con cara de pocos amigos.

—¿Qué haces aquí a estas horas? Si dentro de poco cerramos, pensé que hoy no vendrías —dijo Mousse dando un trago a su licor.

—En media hora tengo que estar en el cuartel para dirigir unas maniobras de supervivencia, una semana perdido en un bosque con la unidad a mi cargo.

—¿Y? Eso lo hacen los militares a menudo, a ti te encanta el bosque, aunque si las diriges tú igual en lugar de una semana tardéis dos en salir de allí —El moreno de gafas gruesas se rio de su propio chiste y Ryoga hizo una mueca de desagrado.

—Ja Ja —respondió con desdén—. He mejorado mucho en mi orientación pero ese no es el caso. Por supuesto que no me disgusta el bosque, de joven acampaba muchísimo con mis padres.

—¿Qué problema tienes entonces?

Ryoga miró hacia ambos lados y se acercó a Mousse —He encontrado a Akane —susurró.

El hombre de larga melena enarcó una ceja —¿Aún sigues con eso? Creía que se te había pasado el encelo con esa chica. A ver… tiene un polvazo pero ya está, tenemos muchas chicas más bonitas que ella y que estarán encantadas de hacerte olvidarla.

Ryoga frunció el ceño —¿Comparas a las putas con ella? Akane tiene algo especial, algo que las chicas de aquí no lograrían aunque se reencarnaran diez veces. Yo no la quiero para un polvo, quiero que sea mi compañera de vida.

Esta vez Mousse subió las dos cejas —No sabía que fueras un romántico.

—No lo soy capullo, me pasa solo con ella.

—¿Estás seguro? Si quieres te nombro a todas por las que alguna vez has sentido que eran "especiales" —No pudo evitar reírse.

—¡Ella es distinta, ¿vale?! —El hombre del colmillo prominente comenzaba a alterarse.

—No se te ocurra volver a alzarme la voz… —Ryoga tragó en seco ante las palabras amenazantes de Mousse.

—Joder, Mousse…

—¿Dónde la has visto y cómo es que no la has traído contigo? —El moreno de larga melena dio un trago a su licor como si nada hubiera pasado.

—Es que pasó algo muy extraño, cuando le hablé actuó de forma rara… parecía no saber quién era yo. Lo curioso es que al principio pensé que me estaba tomando el pelo pero su expresión… No sé bien qué pensar, quiero averiguar qué coño está pasando, si se estaba haciendo la tonta conmigo, pero entonces el cabrón de Saotome me mandó a dirigir las maniobras. Y claro que iba a hacer que viniera conmigo pero un mocoso y su madre se metieron en medio, no podía formar un escándalo

—¿Qué hizo como si no te reconociera? Muy normal no es esa forma de actuar, pero sabes que no guardará muy buen recuerdo tuyo.

—¿Qué? Seguro que si me llega a conocer un poco más cae rendida a mis pies.

Mousse se rio para sí, a veces Ryoga vivía en su propio mundo —¿Y dónde la viste?

—La vi entrar en el mismo edificio del coronel Saotome, en el barrio de Minhang, no me digas que el mundo no es un pañuelo.

Mousse entornó ligeramente los ojos —¿Y qué tienes pensado?

—Cuando regrese intentaré contactar de nuevo con ella —Ryoga miró su reloj—. Maldita sea tengo que irme. No tengo que decirte que no quiero que salga una palabra de aquí.

—¿Es que crees que voy a ir corriendo a contárselo a Ling? —se carcajeó.

—Ya sé que no lo vas a hacer pero no quiero que llegue a sus oídos y vuelva a perderla.

—Si se ha hecho la tonta da por seguro que ya no está en ese edificio. Se fue hará unos 3 meses y no ha dado señales de vida, eso significa que no quiere que la encuentren. Ni siquiera Taro.

—La volveré a encontrar aunque tenga que tocar todas las malditas puertas de ese edificio.

Mousse movió la mano restándole importancia —Haz lo que quieras. Que te vayan bien las maniobras.

Ryoga terminó de un trago su vaso de licor y salió del Black Ahiru.

—Mei, haz la caja ya. Vamos a cerrar, estaré en mi despacho —dijo Mousse levantándose del taburete y caminando hacia su oficina. La chica asintió obediente.

Después de hacer la caja y entregársela a Mousse, la camarera subió las escaleras buscando a una mujer en concreto. Respiró profundo y tocó su puerta.

Al cabo de unos instantes una chica de larga melena violeta abrió la puerta envuelta en un kimono de seda.

—¿Qué haces aquí? ¿Ha habido algún problema?

—Necesito hablar contigo, Shampoo —susurró Mei-lin.

—¿Por qué susurras?

—Es que… es sobre la chica Ling, Akane se llamaba, ¿no?

Shampoo la sujetó del brazo y la hizo entrar a su habitación, cerró la puerta, no sin antes asegurarse que no hubiera nadie por los alrededores. Se giró y le habló en voz baja.

—¿Qué sabes de Akane? —preguntó nerviosa.

—He oído cómo Ryoga le contaba a Mousse que se la había encontrado en un supermercado por Minhang, que entró en el mismo edificio que un tal coronel Sa… So…

—Saotome —terminó Shampoo la frase.

Mei-lin la miró asombrada —¿Cómo lo sabes?

Shampoo se encogió de hombros —Los hombres hablan de más en la cama y Ryoga se queja mucho de ese coronel suyo, es japonés, creo recordar que vino con él hace tiempo… Lo que no ha mencionado nunca es cuál es su edificio. ¿Qué más oíste?

—Pues esto sí que es raro, Ryoga le dijo a Mousse que Akane se hizo la tonta, como si no le hubiera reconocido.

—¿Que no le reconoció? Supongo que al verse sorprendida por ese encuentro inesperado no supo reaccionar y fue lo primero que se le ocurrió.

—Parece que al principio eso fue lo que pensó Ryoga pero luego le comentó a Mousse que no estaba tan seguro, parecía que en serio no sabía quién era él.

—Eso es imposible.

—Es lo que he oído.

Shampoo se quedó pensativa unos instantes, había oído que tras una experiencia muy traumática la mente, en ocasiones, hacía olvidar a las personas lo ocurrido para protegerlas pero Akane seguía recordando lo ocurrido después, lo habían hablado en una ocasión antes de desaparecer, ¿entonces?, ¿por qué hacer como si no lo conociera?, ¿cómo podría averiguar qué estaba pasando? Aunque lo primero de todo era localizar a Akane antes que Ryoga.

—Gracias por la información, Mei-lin. Por favor, no hables con nadie sobre esto y si escuchas algo más dímelo enseguida, ¿de acuerdo?

La chica asintió y salió de la habitación de Shampoo dejando a ésta en un mar de preguntas sin resolver.

.

.

.

La tranquilidad en el cuartel era pura gloria para Ranma, sí que se le estaba acumulando el trabajo al no estar la mitad de la unidad allí por encontrarse de maniobras, pero lo prefería al bullicio habitual.

Antes de que se le olvidara una vez más, tomó la fotografía de la familia Tendo y la guardó en un portafolios para mostrársela a Akane. Hacía tiempo que no se ocupaba de ese asunto así que decidió que ya era hora de hacer una llamada a la única persona que sabía que podría ayudarle.

—Oficina de Happosai Chen —contestó una voz sensual al otro lado de la línea.

—Buenos días, necesito hablar con su jefe, dígale que soy su alumno predilecto.

Cuando Ranma regresó a Japón tras la muerte de su padre, Happosai se acercó a él en un parque al observarlo entrenar, él era un militar retirado maestro en artes marciales. Vio en Ranma potencial y se ofreció a ser su sensei. Tras una demostración de lo que podía enseñarle Ranma aceptó sin dudarlo, era el mejor artista marcial que había conocido en todos sus años viajando con su padre. Ahora Happosai era investigador privado y le había hecho más de un favor a Ranma. ¿Cómo no se le había ocurrido contactar antes con él?, ¿tan saturado estaba que ni siquiera pensó lo más obvio? Bien era cierto que desde que regresó de Corea no había hablado con él pero sabía que si le pedía ayuda la obtendría.

—Esto… un segundo por favor… —dudó la secretaria. Ranma escuchó sus tacones alejarse, seguramente para preguntarle a su jefe si le pasaba esa llamada, al poco volvió a escuchar los mismos tacones acercarse—. Le paso, no cuelgue por favor.

—Seguro que me llamas para pedirme un favor cuando no te has dignado siquiera en decirme que llevas meses en China —La voz huraña de Happosai hizo que Ranma levantara la comisura de los labios.

—No sabía que te preocupabas tanto por mí, ¿se me ha olvidado tu cumpleaños o algo parecido?, ¿te mando unos bombones? Aunque conociéndote tendrás a uno sentado cogiendo tus llamadas.

Ranma escuchó una risita traviesa al otro lado —¿No pensarías que iba a contratar a un callo de secretaria? Además Midori es muy eficiente.

—Me lo puedo imaginar. En fin… sí que necesito algo de ti maestro.

—Cuando me llamas así es para hacerme la pelota y que te preste más atención, tengo clientes que son los que pagan a esa preciosa secretaria, ¿sabes? No puedo ponerlos por delante de ti.

—Lo comprendo, no creo que te lleve mucho tiempo, al menos esto, tengo otro asunto entre manos del que voy a necesitar de tus contactos en el ejército… pero eso te lo explico en otro momento, aún tengo que concretar algo.

—Con que el ejército, ¿eh? ¿En qué nuevo lío te habrás metido? No puedo seguir resolviendo tus problemas pero no puedo evitar que mi sangre bulla de emoción. Esto está bastante aburrido, ¿sabes?

—Voy a mandarte por fax una documentación, ¿tú recuerdas el asesinato hace unos 14 años aproximadamente del embajador de Japón, Soun Tendo aquí en Shanghai?

—Por supuesto, hubo mucho revuelo en Japón con ese asunto, estuvimos a punto de entrar en guerra con China pero al final quedó en nada. Tú tendrías 15 años, ¿no te acuerdas? No se hablaba de otra cosa.

—Yo estaba en esa época aislado del mundo, unos acreedores buscaban a mi padre y nos la pasábamos escondidos en aldeas donde no llegaban ni las noticias.

—¿Por qué te interesa el caso justo ahora?

—Aquí dice que la mujer y la hija de ambos desaparecieron, creo tener una pista bastante sólida de qué le pasó a la niña. Necesito que me busques información sobre ella y si hay familiares del señor Tendo que quizá las estén buscando, hacerles alguna prueba de adn, lo que sea…

—En serio que cada día me sorprendes más.

—Pero lo vas a hacer, ¿verdad? —preguntó nervioso.

Ranma oyó a Happosai resoplar —Ya sabes que sí y también sabes que…

—Te enviaré una caja de 10 botellas de sake a tu oficina.

—Ahora nos vamos entendiendo… Ju ju ju… ¿Y lo del ejército? Eso sí que me tiene intrigado.

—Te llamo en otro momento y fuera del cuartel.

—Mmm suena muy turbio… me gusta…

—Tengo que colgar, me cuentas en cuanto averigües algo.

—Sí, sí, tú ve encargando ya el sake. Cuídate mocoso.

Ranma negó con la cabeza —¿Cuándo vas a dejar de llamarme as… —Pero Happosai ya había colgado. Hizo lo mismo y miró el reloj de pared, le había prometido a Akane que saldría antes, después de su pesadilla hacía cinco noches procuraba no quedarse de más en el cuartel, en más de una ocasión se había llevado el papeleo a casa y en otras habían pasado la tarde haciendo cosas juntos.

Antes de irse abrió una última carpeta, el problema de avanzar tan despacio era el desorden que había en el cuartel, Ranma había ordenado que organizaran los archivos pero no era algo que se pudiera hacer de la noche a la mañana. Se quedó un instante paralizado al leer el nombre de Ryu, se acercó la carpeta y leyó desde el principio. Por fin había dado con uno de los dossier que estaba buscando, el nombre de Ryu salía junto con el de otras personas, seguramente de los miembros de su unidad. Al mando de esa unidad estaba el coronel Guo, había oído hablar de él, desertó dejando a sus hombres en una situación complicada —Cobarde… —murmuró entre dientes—. Entonces pasó al mando el mayor Mousse Tzu, Ranma rebuscó y encontró fotos de sus expedientes. El mayor Tzu era un hombre de cabello negro y corto y ojos color esmeralda. Tenía algo en su mirada que a Ranma le hizo desconfiar enseguida —Así que este es el hombre al que denunciaste, Ryu… —Ranma entrecerró los ojos, ¿por qué le resultaba vagamente conocido? Era obvio que no habían coincidido en Corea pero la sensación de haberlo visto era demasiado fuerte, acabaría acordándose, intentaría despejar la mente porque cuantas más vueltas le diera sería peor.

—Espera, qué demonios… —Ranma frunció el ceño. El nombre de Ryoga Hibiki también aparecía en la lista. Así que ese cabrón había conocido a su mejor amigo. Era extraño que jamás mencionara que en su unidad había habido un japonés, ¿por qué ocultarlo? Aunque Ranma no daba mucho pie a mantener una conversación fuera del trabajo, era algo que debería de haber salido casi cuando él llegó. Empezaba a odiar seriamente a ese hombre, no solo parecía estar en medio de algo turbio con Akane si no que ahora descubría que estaba involucrado también con Ryu. Se frotó los ojos, cansado y con mil ideas rondándole por la cabeza. Lo mejor sería dejarlo por hoy, Akane lo esperaba, sabía que desde que tuvo ese encuentro y esa pesadilla lo pasaba regular cuando estaba sola, así que le daría prioridad a ella. Recogió el dossier y lo metió en un cajón del escritorio que cerró con llave. Mañana sería otro día.

.

.

.

—¡Estoy en cas… —Cada vez que llegaba era el mismo ritual, Akane se lanzaba hacia él y Ranma se veía obligado a ser rápido y sostenerla para evitar que cayera al suelo.

—Bienvenido a casa —Era siempre su respuesta enmarcada en una gran sonrisa y con un gran brillo en los ojos. Ranma sentía que no podía haber mejor sensación que esa. Bueno sí que la había, cuando la acercaba a él y la besaba a continuación.

—Te he traído una cosa —dijo entre beso y beso.

Akane abrió los ojos y sonrió ampliamente —¿A mí?

Ranma la depositó con suavidad de nuevo en el suelo —¿No querías ver la foto de la familia Tendo?

—¿La has traído? —Akane dio un saltito de alegría—. ¿Puedo verla ya?

Esa carita de chica buena e inocente le ganaba, sabía que sería capaz de hacer cualquier cosa que ella le pidiera solo con esa mirada —Toma.

Ranma le entregó el portafolios y ambos se dirigieron al sofá. Akane suspiró y cerró los ojos antes de abrirlo. Solo contenía una foto de un periódico, la tomó con mucho cuidado y la observó detenidamente.

—¿Crees de verdad que yo soy esta niña? —dijo acariciando la imagen de la pequeña.

—Si mi intuición y mis sospechas no me fallan, sí, creo que eres una Tendo. Esta mañana he hablado con una persona que nos puede ayudar a descubrirlo —. Akane asintió, a continuación pasó el dedo por la mujer que sostenía a la niña —Se parece muchísimo a ti, sois casi como dos gotas de agua —habló Ranma refiriéndose a la señora Tendo.

—¿Qué sería de ella?, ¿dónde estará?

—No sé si eso llegaremos a saberlo.

—Parece un hombre afable, el señor Tendo.

—Sí, lo parece —Ranma le acarició la mejilla—. ¿Estás bien?

Akane se tocó la cara al sentir cómo una lágrima escapaba de sus ojos. ¿Por qué estaba llorando? —Vaya… sí, estoy bien de verdad.

Ranma la abrazó y ella se dejó consolar —¿Quieres que prepare ramen?

La chica asintió enérgicamente, Ranma se levantó y Akane lo siguió a la cocina dispuesta a ser la mejor ayudante.

.

.

.

Ryoga y su unidad regresaron a la civilización pasada una semana, el entrenamiento de supervivencia había ido como la seda pero el capitán Hibiki se pasó la semana ansioso, distante y huraño, algo que sorprendió a sus compañeros porque sabían cuánto le gustaba estar en el bosque.

—¿Te dejo en casa? —preguntó Kirin a un distraído Ryoga.

—No, llévame al edificio del coronel, tengo que tratar un asunto urgente con él —Los nervios por averiguar si Akane realmente seguía allí eran mayores que cualquier cansancio acumulado de la semana de supervivencia.

—¿Ahora? Si tenemos dos días de descanso después de las maniobras, ¿no te apetece llegar a casa y darte un baño relajante? Es en lo único que pienso yo.

—Un suboficial no tiene capacidad de entender que algunos asuntos no pueden esperar —contestó con desdén—. Así que haz lo que te he dicho.

Kirin apretó los dientes e inspiró profundo —Sí, mi capitán.

Antes de llegar al edificio de Ranma, Ryoga le pidió a Kirin que se detuviera.

—Capitán, ¿me espero a que termine de hablar con el coronel?

—No, puedes irte a darte ese ansiado baño, pediré un taxi cuando acabe.

—De acuerdo, pues hasta el jueves.

—Sí, sí… —Ryoga se bajó del vehículo y Kirin se fue. ¿Cuál era su plan exactamente? ¿Esperar en una esquina a que ella saliera? Decidió que hasta que no tuviera una idea mejor eso sería lo que iba a hacer.

Cruzó la calle y pidió un té bien caliente y un youtiao relleno de carne. Afortunadamente, desde la tetería se veía perfectamente el portal del edificio de Saotome y del de Akane, en teoría. Devoró el bollo en un santiamén, no les había faltado comida en las maniobras pero ese tipo de manjares sólo podían encontrarse en la ciudad.

Ya llevaba una hora allí, estaba empezando a impacientarse y además había comenzado a llover. Los cristales mojados dificultaban su visión, decidió que era momento de salir y llamar a todos los pisos pero cuando se disponía a levantarse la puerta del edificio se abrió y su corazón dejó de latir al ver a Akane aparecer de nuevo ante él. Estaba realmente preciosa, con esa chaqueta y esas botas. No la dejaría escapar esta vez, sacó de su bolsillo un billete y lo dejó encima de la mesa. Cuando salió de la tetería la puerta del edificio volvió a abrirse. Se quedó escondido observando —Mierda —Saotome tenía que salir justo en ese instante también. Lo vio abrir un paraguas y Akane rápidamente se volvió hacia él y… —¿Qué cojones está pasando aquí? —Vio cómo su chica corría a los brazos del coronel, éste la sujetó de la cintura y se inclinó para besarla viendo con asco cómo ella le devolvía el beso.

Se dio cuenta de que tenía el puño apretado a más no poder —Hijo de puta… ahora entiendo tú interés al preguntar por ella… me las vas a pagar, Saotome…

Continuará…


Hola, hola! Feliz sábado a todos! qué tal habéis estado? Espero que súper bien.

Qué os ha parecido el capítulo? Estoy deseando leer vuestros reviews para que me contéis jeje. PD: muchísimas gracias a todos los que os tomáis un ratito para hacerlo, sois lo más.

Por mi parte contaros que estoy muy AGOBIADA, ya hemos empezado la obra en el piso con todo lo que eso conlleva… ainssss, y qué quiero deciros con esto? Que lo mismo no voy a poder actualizar pronto :( Lo intentaré pero no aseguro nada, llevo el capítulo 12 empezado pero parado desde hace un mes, la vida de adulto es un rollo, ya veis que ni dibujos subo, me ha costado mil sentarme a hacer la portada del capítulo. Espero retomar mi vida normal cuando termine todo este caos.

No me voy a entretener mucho más, voy a ver si me preparo la cena y elijo peli para ver, que como está mi chico pasando el finde con sus padres puedo escoger una romanticona que a él no le gustan jijiji.

Muchos besos a todos! Nos leemos!

Sakura Saotome :)