Buenas tardes a todos los lectores y lectores. Estuve inspirado, no puedo negarlo y la mente me ha hecho pensar en el siguiente capitulo. Sabemos lo que ha pasado en la tierra, poco o nada pero ¿qué pasa en los muros del castillo de Júpiter? ¡Vamos a averiguarlo! Nuevamente muchas gracias por todo su apoyo en este fanfic, de todo corazón:)

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Y ahora sí, vamos al capitulo de esta noche que esta siendo publicado.

Sailor Moon le pertenece a Naoko Takeuchi y no lo hago para ganar dinero y esas cosas, solo para fines no lucrativos valga la redundancia.

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Relámpago Oscuro

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Capítulo 67: Los muros del castillo hablan I

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En el castillo de Imperia las cosas estaban calladas, demasiado que generaba un ambiente de tensión total, aun cuando habían tomado el control de la tierra estaban en alerta. Imperia Júpiter no dejaba el salón del trono, exceptuando algunas ocasiones que se pueden contar con los dedos del mano.

Pero los generales eran los que más entraban y salían del castillo, Ío el jefe militar del imperio era el que estaba más ansioso de todos los generales, su papel como señor de la guerra era incuestionable. El pelirrojo se encontraba en la entrada del castillo admirando la nueva Tokio, el corazón del imperio y ver como las personas, con miedo, les rendían pleitesía. Si bien la presencia de soldados en las calles era de temer, estos cumplían la voluntad de su emperatriz, castigando al ladrón, al secuestrador, al violador y a quien intentará revelarse contra la nueva gobernante.

Sin embargo, el general estaba aburrido, se limitó a jugar con una pelota de tenis que encontró en los escombros de la batalla en Osaka, donde el ejército fue uno de sus mayores retos para el pelirrojo. Muchos de los ejércitos de la tierra habían caído y eso provocó que Ío se aburriera de esta paz que impusieron, ya no había desafío más que una pequeña célula rebelde. El general suspiró mientras ingresaba al castillo cuando sintió que una piedra golpeó su cabeza, Ío se volteó y vio que era un niño el responsable de eso, no más de nueve años.

-¡Ustedes mataron a mi mamá!- El niño gritó molesto pero con lágrimas en los ojos, los adultos que estaban por ahí temían por la vida del chico cuando Ío le fulminó con la mirada, dos soldados se acercaron para tomar al chico de los brazos ante tal atrevimiento. El general pelirrojo miró al chico pelear por su vida cuando los guardias se lo estaban llevando. Las pocas personas que intentaron detenerlos fueron empujadas por estos soldados hasta que un rayo blanco golpeó el suelo, el general había tenido suficiente de este drama.

-Lleven al chico con Europa, ella se encargará de él y otra cosa...si le hacen daño, se las verán conmigo ¿entendido?- El general hizo que los soldados se les pusiera la piel de gallina. -Eres valiente niño, quizás algún día cuando crezcas te darás cuenta que no existe blanco ni negro.-

El general se retiró al interior del castillo con una cara de molestia, no por el golpe que recibió sino porque ese niño le recordó a él a su edad, el alto mando del ejército del Rayo negro recordó su infancia, una no muy grata.

El general caminaba por los pasillos jugando con la pelota de tenis, inmerso en sus pensamientos y en su aburrimiento de no tener a alguien con quien pelear. Ío entró a la habitación de estrategia militar, donde la mayoría de las veces suele pasar ya sea él solo o con los soldados para dar sus órdenes, el pelirrojo dejó en la mesa su espada y cinturón, sentándose en la gran silla y luego empezó a jugar con la pelota con una cara de aburrimiento.

-Las Sailor Scouts fueron un buen desafío, me hubiera gustado prolongar la pelea un poco más- Dijo Ío pensando en lo que hubiera sido enfrentarse a Sailor Mars o con Sailor Venus. El general continuaba jugando hasta que escuchó la puerta abrirse. -¿Estás aburrida Calisto?-

Ío dejó de jugar mientras miraba a la vidente del imperio entrar con una cara de cansancio, lo único que hizo fue suspirar y se sentó en otra de las sillas.

-Me enteré que un niño te atacó con una piedra, no dejaste que ningún soldado se te acercará y un mocoso logró superarles ¿Estás bien?- Preguntó la azabache con una sonrisa, le gustaba reírse de Ío de vez en cuando.

-Si con bien te refieres a que estoy aburrido, todo está bien. Espero informes de los comandantes en otras partes del planeta, supongo que ya no hay oposición más que unos insignificantes rebeldes- Ío miró el mapa de la tierra y ver las campañas que sus soldados han estado haciendo en nombre del impero.

-Pues escuché que uno de esos rebeldes ya fue capturado, pensé que era algún pobre diablo que no valía la pena pero luego supe que se trataba del príncipe Endimión, el esposo de Sailor Moon y futuro rey, organizando la rebelión, eso lo hace interesante ¿verdad?- Calisto se cruzó de piernas con una mano en la barbilla- Él debe saber muchos secretos del Milenio de Plata y así tener un control total sobre otros sistemas, que el poder de la emperatriz sea más grande.

-¿Un futuro rey? Mmm...Puede ser un gran oponente en combate, no hay duda de eso Calisto- Ío se quedó pensando un buen tiempo, Calisto a pesar de tratar de levantar el ánimo de su amigo, le notó muy distraído cuando vio que Ío no dejaba de mover los dedos de forma nerviosa.

-¿Porque no te relajas? La tierra ya fue conquistada, ya no tienes que preocuparte por los soldados, ellos saben su rol en esta situación...son desechables hasta cierto punto.-

Ío golpeó la mesa con fuerza, tirando algunas decoraciones militares y más objetos, Calisto no se inmutó para nada del acto de su compañero, lo conocía demasiado bien.

-¿Desechables? ¿Tú qué sabes de estar en el campo de batalla Calisto? ¿Acaso estuviste en primera línea aguantando el inclemente clima? ¿Acaso sabes lo que es estar alerta en emboscadas? ¿Tienes idea de lo que es sufrir insomnio después de cada batalla?- Ío se mostró molesto por dicho comentario apretando más fuerte el puño.

-Tal vez yo no puedo comprender eso Ío y sé que no puedo usar mi poder de clarividencia en ti por nuestros pacto pero he notado que algo te molesta. ¿Te has escuchado? ¿Estas aburrido porque no hay con quien pelear? ¿Estás bromeando? Pienso que algo te pasó mucho antes de que fuéramos generales ¿Acaso hay algo que yo no sepa?- Preguntó Calisto de brazos cruzados, Ío no dejó de apretar los dientes y desvió su mirada.

-No...No hay nada Calisto, ahora si ya terminaste de hablar quiero estar solo, necesito concentrarme- El pelirrojo volvió a mirar el mapa donde sus tropas estaban desplegadas, Calisto encogió los hombros y se levantó de su asiento para salir del cuarto.

-No es bueno ocultar cosas Ío, mucho menos mentirnos a nosotros mismos- La general azabache salió cerrando la puerta detrás de ella, dejando a Ío sólo con su alma pensando en el siguiente paso para los soldados del imperio mientras recordaba su pasado ¿Qué secretos tenía el general adicto a la guerra y al combate?

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-Flashback-

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-¡Mamá, Papá!-

En un planeta muy lejano, en otra galaxia se podía ver una ciudad ardiendo, unos invasores de otro mundo atacaron, conocidos por ser unos saqueadores y asesinos de otros mundos sólo por deporte, un pequeño Ío se encontraba protegiendo los cuerpos de sus padres muertos, llorando mientras veía a los invasores llevarse a las mujeres, matando a todos los hombres y niños. Ío no quería separarse de sus padres pero sintió la mano de su papá, quien le regaló una sonrisa.

-Ío…huye, sálvate mi pequeño. Recuerda que siempre vamos a estar contigo y…nunca dejes de pelear.- Fueron las últimas palabras de su padre e Ío al escuchar que algunos invasores se acercaban, él tomo lo poco que tenía y corrió, alejándose de la ciudad, su hogar estaba hecho pedazos. Un niño que estaba siendo privado de su felicidad por culpa de guerreros sedientos de sangre y de riquezas pero esto sólo sería la punta del iceberg en su personalidad, el nacimiento de un guerrero, un general implacable…

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-Fin abrupto-

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-¿Ío?- El general pelirrojo volvió de golpe y miró al Sexto general, Carpo, enfrente de él. Ío se limpió las lágrimas en sus ojos y esperaba que Carpo no le preguntara nada o intentará hacer una suposición.

-¿Qué sucede Carpo? Estaba ocupado…-

-Lo sé, la mujer de Plutón ya despertó y como me dijiste que querías hablar con ella pues vine por ti, andando.-

Los dos generales caminaron en silencio hacía la enfermería, lo que apenas se podía escuchar era el eco de sus pasos, finalmente llegaron a la enfermería pero antes de que el general pelirrojo entrará fue detenido del hombro por Carpo.

-¿Aun recuerdas lo que pasó con tus padres, niño?- Carpo fue contundente y hasta frio en la forma que se expresó pero Ío no le dijo nada, no intentó moverse o responder de forma altanera. –No pongas esa cara, no tiene nada de malo llorar. Tienes suerte de que te encontrará en esa prisión hace mucho tiempo, de otra manera te hubieras suicidado en tu celda.-

-¿Crees que me conoces Carpo?-

-¿Y acaso miento?-

El sexto general miró a Ío con indiferencia pero el pelirrojo estaba más que tenso por la mirada del viejo general, el pelirrojo se tranquilizó en su respiración y Carpo le dejó entrar al cuarto de enfermería donde estaba Setsuna, dejando al sexto general sumido en sus pensamientos.

-Venganza, ira, ambición. Cualidades de un guerrero que vivió la tragedia misma. Es entendible porque la emperatriz lo tiene como el supremo líder del ejército, se fuerte Ío.- Carpo se retiró del lugar en silencio, este general era muy especial, un hombre sabio que no solo vio una alma rota como la de Makoto, sino una llena de venganza por parte de Ío.

Ya en el cuarto de enfermería, Ío veía a Setsuna forcejeando con todas sus fuerzas, atada en la cama de sus muñecas y tobillos, mirando al pelirrojo con desprecio.

-¡¿Qué me hiciste?! ¡Maldito desgraciado!- Setsuna perdió los estribos mientras Ío se acercó para ponerse a lado de la antigua Sailor Scout de Plutón. –No dejaré que Makoto gané, encontraré la forma-

-A pesar de que Adrastea que azotó enfrente de todos y meses en confinamiento solitario, aun sigues de pie. Las otras lloraron para que pararan los latigazos ¿Acaso crees que la situación de la tierra va a cambiar? – Ío estaba sorprendido de la fuerza de voluntad de Setsuna, la ex Sailor Scout apretaba los puños con fuerza, una herida de látigo en su rostro que aún le ardía con toda el alma.

-Mientras quedé una Sailor Scout en pie, jamás daremos una batalla por pérdida-

Mientras tanto, un guardia que estaba custodiando la celda de Darién escuchó un ruido muy extraño en la celda del azabache, al entrar e investigar, esté fue noqueado con una roca. El doble creador por Luna rápidamente desvistió al soldado para poder ponerse la armadura y dejar al soldado adentró, tenía que ser cuidado, aun siendo un doble podría comprometer a toda la resistencia.

El doble de Darién miraba las celdas, algunas vacías y otras con prisioneros de guerra como soldados, policías, gente civil. Asustados, con muestras de tortura tanto física como psicológica, el azabache estaba asqueado pero tenía que seguir con su misión de explorar el castillo, sabiendo que estaba en la boca del lobo.

En la enfermería, Ío tomó una silla para estar alado de Setsuna, el general no dejaba de verla y cuestionarse a las palabras de la hermosa Sailor Scout, tocando su barbilla con mucha delicadeza

-Son palabras más inspiradoras para una situación muy adversa para ti, la emperatriz te tiene con vida por algo y quiero saber ese algo ¿acaso algún secreto? ¿Algún tipo de poder? Dime que escondes- Ío parecía muy interesado no solo en eso, sino en la propia Setsuna que le miró con despreció.

jamas traicionaría a la princesa, tú crees que lo sabes todo, que lo tienes bajo control pero no es así. Puedo verlo en tu rostro, detrás de esa sonrisa y esa seguridad, se encuentra una persona herida en el pasado, al que le arrebataron algo y justifica esta invasión sólo para calmar su dolor, ahora entiendo porque Makoto se puso como su mano ejecutora.-

Las palabras de Setsuna fueran tan afiladas como cuchillos en una voz muy calmada, Ío apretó su otro puño con fuerza pero sería mostrarse débil. El general se separó de la Sailor Scout, buscando calmarse.

-Gracias a la emperatriz, se mi lugar en este mundo. Su palabra es ley y nada de lo que me digas a va a cambiar. Tú historia, la mía, la de este planeta se ha forjado a través de la guerra, el conflicto eterno. No existen buenos ni malos en las historias, existen las visiones de los vencedores y mi vida ha sido marcada por los vencedores, ahora es tiempo de cambiar la historia. Tal vez tú puedas ver mi pasado o suponer cosas pero al final ya hemos ganados. Ese es el arte de la guerra, conocer a tu enemigo y conocerte a ti mismo, así nunca perderás una batalla.- Ío se mantuvo serio, Setsuna confirmaba que el general pelirrojo era un hombre que ocultaba su pasado trágico con su presente lleno de poder.

-En eso te doy la razón, general-

Setsuna e Ío se miraron fijamente, analizándose mutuamente cual ajedrez mental, incluso en la derrota, la Sailor Scout buscaba alguna falla en la defensa del imperio del Rayo negro mientras el general buscaba como quebrar la resistencia de Setsuna.

El doble de Darién continuaba patrullando en el castillo, atento a cualquier soldado que lo logrará identificar, reconociendo cada una de las zonas del palacio con la esperanza de reportárselo a Luna.

-¡Soldado, espere un momento!-

La voz de la más joven de los generales llamó a la copia de Darién y esto estaba comprometiendo la misión pero era hacerle caso o correr, eligió la primera. Se encontró con la mirada de la joven Europa.

-General, una disculpa- El azabache jugaba con fuego al fingir ser un soldado.

-No tiene que hacerlo, necesito que me acompañe a la cámara de interrogatorio.-

Minutos después, Darién se mantenía serio mirando a Europa que tarareaba una canción, llegando a la cámara de interrogatorio y el azabache se sorprendió a Artemis en su forma humana encadenado y con muestras de tortura.

-No me gusta cuando Adrastea usa su látigo pero esperemos que su mente no esté tan maltratada, descubramos más sobre los secretos del Milenio de Plata-