El tiempo pasó y nada ocurría, todo era silencio absoluto.

El grupo de cuatro daba vueltas por la pequeña habitación, ya sin ideas con las cuales poder engañar al tiempo.

La transmisión en vivo de Lucemon había sido abruptamente terminada debido a que la batería del teléfono pereció tras un uso indiscriminado y este perdía minuto a minuto un pedazo mas de su casi inexistente cordura a causa de esto.

— ¿Cuánto tiempo más tendremos que estar aquí? — cuestionó, irritado. Pateo el suelo con indignación y sus hombros se tensaron, el pánico de su recién descubierta claustrofobia lo dejaba vulnerable de sus propios sentimientos. No le gustaba sentirse así, por Yggdrasil, el era un Demon Lord, entonces, ¿Por qué era la damisela en peligro? Sobre todo en su propio hogar.

— Todo el que sea necesario — le recordó Xian, pronunciando sus palabras con cautela. Temía que el digimon ángel pudiese malinterpretarlas y se originara una discusión que solo traería drama innecesario. Debían mantener sus objetivos en claro, si es que querían salir vivos de esta bizarra situación.

— ¡No tiene sentido! — una vez más, Lucemon lanzo una patada, en este caso, a un par de cajas olvidadas en un rincón — , ¡soy igual de fuerte que el resto! ¿¡Porque no me dejaron ir!?

— Tal vez sea por cómo te comportas ahora — intervino Datamon, anteponiéndose frente al chico humano — , desgraciadamente, te dejas llevar mucho por tus emociones cuando peleas.

— Y, ¿eso qué quiere decir?

El digimon androide se tomo un momento para vacilar — Tienes problemas de ira, Lucemon.

Lucemon parpadeo, sorprendido por las palabras de Datamon.

— ¡No tengo problemas de ira!

— Que sí.

— ¡Que no!

— Que si, idiota.

— ¡Que no, batería Duracell con patas!

— Ehm, ¿chicos? — llamo Floramon, señalando a una de las paredes de la habitación, y su voz temblaba.

— Todo comenzó luego de que te divorciaras de Lilithmon — continuo Datamon, a pesar de todo.

— ¡Vas a empezar de nuevo con eso! — Lucemon lanzo los brazos al aire, exasperado.

— ¿Qué no paso eso hace como cinco años? — pregunto Xian.

— ¡Exacto! — Le apremio el digimon angel y agrego — , y tu, si pretendes decirme algo sobre mi divorcio, pues te recuerdo que no eres el más indicado para ello.

— ¡Chicos! — volvió a llamar Floramon, esta vez, entre dientes.

— ¿A qué te refieres? — fue el turno de Datamon de verse sorprendido.

— ¡Eres un puto ermitaño, Datamon! Tienes tanta experiencia con las mujeres como una piedra en el desierto del Sahara.

Ignorada una vez más, Floramon suspiro, decidiendo tomar la iniciativa. Tomo la escopeta en su espalda y realizo un tiro al aire, logrando que sus tres acompañantes callaran de inmediato. Grandes ojos se volvieron a ella, llenos de miedo y pánico.

— Ahora que tengo su atención, ¡miren! — señalo con autoridad hacia la pared y de inmediato, chillidos de asombro y disgusto salieron de la boca de esos tres. La sorpresa se debía a que de la pared de piedra, un espeso líquido carmesí se filtraba por entre los espacios de la roca, una fina cortina cubría la misma y ahora, un enorme charco del liquido manchaba el suelo.

— … ¡Que mierda es eso! — Xian fue el primero en reaccionar, soltando un grito.

Lucemon lo siguió e informo, luego de olfatear el aire — Es sangre.

— Cabrón, tu casa es demasiado rara.

Este se encogió de hombros, a modo de disculpas.

El líquido avanzaba por el suelo, directamente hacia ellos, a un ritmo anormal. Era extraño, muy, muy extraño, era casi como si… este tuviese conciencia propia. Por un instante, olvidaron como respirar, esa masa liquida estaba muy cerca de sus pies por lo que retrocedieron unos pasos mas, subía como la marea a media tarde, se arremolinaba y creaba espuma. No…no era solo espuma, se elevaba y retorcía, creaba formas, pequeños tentáculos carmesí se retorcían mientras se alzaban en intrincados espirales, el grupo de humanos y digimons solo podía mirar estupefactos como ese líquido se comportaba de manera anormal.

— ¡Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda…! — escupió con rabia Xian tras chocar con la pared a sus espaldas, en un intento de mantenerse lo más lejos posible de esa criatura. Miro a sus compañeros y todos, tenían expresiones sombrías. No había otra salida además de las escaleras a su izquierda, que, para su desgracia, estaban casi a espaldas de ese líquido. Parecía el fin.

Los brazos que se extendían de la masa no dejaban de moverse hasta que encontraban un compañero y se unían, poco a poco, estas uniones se hacían más fuertes, hasta que una forma más corpórea y masiva se presento. Era de apariencia tosca y desagradable, apenas si podía reconocerse como algo cercano a una anatomía humana.

— Amigo, si que eres feo como una blasfemia — los labios de Lucemon temblaron en una sonrisa. Si estaba por morir, al menos, lo haría aparentando una actitud altanera.

La recién formada criatura, los observo con ese par de cuencas oscuras que parecían ser ojos, se echo hacia atrás y un brutal alarido broto de este, un horripilante chillido resonó por todo el castillo. Los compañeros tuvieron que taparse los oídos o sus tímpanos explotarían.

Entonces, la criatura se abalanzo sobre ellos, con un solo propósito en mente: despedazarlos.

Pero, el tiempo pareció detenerse y avanzar en cámara lenta, pues, mientras este monstruo atacaba, un objeto voló por frente a este, era pequeño y esférico, una mecha encendida estaba conectada en uno de sus lados y antes de que todos reaccionaran al reconocerla, esta exploto.

Sin embargo, en vez de piedra y destrucción, el pequeño grupo, que apenas llego a resguardarse con sus brazos sobre sus rostros, parpadearon sorprendidos al sentir sus cuerpos mojados. Un hedor a desinfectante llego a sus narices. Por otro lado, la misma criatura, ahora chillaba de dolor. Se retorcía en el suelo y humo escapaba de su cuerpo.

— ¿Qué fue eso? — pregunto Lucemon, examinando su cuerpo.

— Es… — comenzó Floramon, pero una voz la irrumpió.

— Es agua oxigenada — sus ojos viajaron hasta la entrada de las escaleras y Nova, estaba de pie allí, con una mano extendida — ¡vamos, no se queden allí y vengan!

No necesitaban decírselo dos veces y corrieron hacia ella, pasando como rayos y corriendo hacia arriba, donde los aguardaba una puerta de brillante luz, era la salida de allí. Mientras, Nova se había quedado para mantener un ojo en la criatura que ahora parecía gelatina puesta en un microondas, espesa y burbujeante. Sin embargo, una fiera mirada de su ya retorcido rostro le fue dada. Hizo aparecer de nuevo a Ouryuken y se preparo para el próximo ataque.

Arriba, el grupo tras traspasar el arco, se desplomo en el suelo, contentos de finalmente estar libres y a salvo.

— Que par de tontos — observo Beelzemon, frente a ellos — , ¿Por qué demonios seguían allí? ¿Pudieron contactar con Renamon?

— …No, no hubo caso — informo Datamon, con voz cansada — , intentamos con Apollomon, pero, nadie sabe dónde está.

— Bueno, eso no me sorprende — el digimon demonio cruzo sus brazos tras su cabeza, poco sorprendido — , Apollomon es conocido por ser, básicamente, ausente en todos los aspectos de su vida; como sacerdote, camarada, esposo, padre…—

— ¡Hey! — de inmediato, Grey exclamo con reproche — ¡No permitirte que hables así de mi señor frente a mí!

— Espera, ¿Cómo hiciste para regresar a la normalidad? — inquirió Lucemon, intentando ponerse de pie.

— Ah, pues... — de repente, el suelo tembló bajo sus pies — , ¡Genial, esto no es bueno!

El temblor duro unos segundos y al detenerse, una figura salió despedida de la entrada al sótano y atravesó uno de los ventanales del pasillo, directo en una caída libre hacia el suelo. Xian corrió de inmediato hacia la ventana, preocupado, e intento buscarla pero, no había señales de ella. Un abismo de oscuridad estaba a sus pies.

— Y allí fue…— silbo Beelzemon al mirar por sobre el borde, un tanto relajado para gusto del chico humano — , le dije que lo de la bomba era mala idea.

— ¡Beelzemon!

— ¿Qué? — Miro al chico con molestia — , no deberías preocuparte, sabes que ni la Muerte misma la soporta, estará aquí de vuelta en un santiamén.

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— ¡Hijo de perraaaaa! — fue lo último que Nova dijo antes de ser golpeada y despedida fuera del castillo. Ahora, caía sin ninguna posibilidad de encontrar un colchón de aire en el suelo, cristal y piedra la rodeaba. Estaba acabada.

Pero, por algún milagro del destino, su caída se vio abruptamente interrumpida y tras sacudir la confusión del momento, se dio cuenta que estaba en los brazos de alguien.

— ¿Nova, estas bien? — la chica vacilo y levanto la mirada. Era Magnamon, y de inmediato, su rostro se torció en un gran susto.

— ¡Yo no robe la espada de Alphamon, solo la tome prestada! — se retorció y disculpo con quien ella pensaba era el Magnamon de la Orden de los Caballeros Reales.

— ¿Qué le robaste que a quien? — Davis se asomo por sobre el hombro de su digimon. Al verlo, Nova se tranquilizo y el color le regreso al rostro.

— ¡Joder, son solo ustedes! — grito indignada, mirando hacia otro lado para ocultar su rostro enrojecido — , ¿Qué hacen aquí?

— Bueno… — balbuceo Magnamon — , Agunimon estaba preocupado luego de la llamada de Datamon, así que decidimos acompañarlo hasta aquí y ver que sucedía.

— Y, ¿Dónde está el cabeza de calabaza?

Por arte de magia, una cálida ráfaga de viento los sacudió en el aire, Magnamon casi dejar caer a ambos humanos que lograron aferrarse a él como pudieron. Davis, con un fuerte agarre al cuello de Magnamon, levanto la vista hacia la ventana por donde había caído la chica pelirroja y por la cual, llamaradas y explosiones se podían ver.

— ¡Vaya fiesta se están mandando! — exclamo, entusiasmado por alguna razón.

— Magnamon — dijo Nova y el digimon la miro, fijo — , debes llevarme de nuevo, aun tengo asuntos que arreglar con ese mendigo espíritu.

— ¡A la orden!

Así, el digimon de armadura dorada emprendió vuelo hacia la ventana, a toda prisa.

— ¡Magnamon, lánzame! — ordeno la chica humana, ya no muy lejos de la ventana.

— ¡Que, estás loca! — cuestiono Davis, prendido del cuello de su digimon.

Magnamon hizo lo pedido, dejo que ella se acomodara en sus brazos y tras tomar impulso, la lanzo con todas sus fuerzas en dirección a la apertura. La joven humana cayo en medio del pasillo tras una intrincada serie de volteras. Instantes después, Magnamon y Davis llegaron por detrás.

Los tres observaron el lugar y todo estaba carbonizado, pero no había ningún responsable de tal desastre. A lo lejos, podían oírse estragos de una batalla entre explosiones y golpes.

— Deben haber ido a la entrada principal — informo Nova, rebuscando a su alrededor.

— La puta madre… — el heredero del emblema del valor silbo estupefacto. Magnamon le lanzo una mirada de reto por sus palabras.

Escaleras y pisos abajo, las cosas eran un completo infierno.

Los empleados invitados a la fiesta, junto a los recién llegados, Burningreymon, Takuya y Coronamon fueron lanzados contra los muros por una fuerza invisible, enviada por ese oscuro ser escarlata.

— Oh, vamos… — jadeo Beelzemon desde el suelo. Echo la cara a un lado y escupió sangre, sin borrar una vil sonrisa — ¡Eso es todo lo que tienes, maldito! ¡Vamos, aun tengo mucha sangre que puedes derramar!

— ¡Pero no en mi alfombra! — salto Lucemon, vigorizado y molesto.

Beelzemon resoplo por lo bajo y giro los ojos.

— Nosotros a punto de morir y tu pensando en tus tontas alfombras persas.

— ¡Y como no hacerlo, las conseguí de rebaja!

Un rugido de furia salió de la criatura.

— Lo ves — señalo Beelzemon — , ni al monstruo que está intentando matarnos les gustan.

Ese, había sido el último insulto que Lucemon soportaría en ese día.

Bajo el rostro y las sombras lo oscurecieron; los hombros del pequeño ángel digimon, temblaban de coraje.

— ...Puedo aceptar que me ignoren cuando hablo, que vengan y se burlen de mi disfraz, que quemen mi casa y me cuestionen sobre pedirle dinero a desconocidos en internet — su voz comenzó en un hilo, sereno y calmo — , incluso puedo tolerar que digan que tengo problemas de ira y que aun no he superado a mi ex esposa — ahora, tras levantar el rostro enrojecido de cólera, llamas brotaron de su cuerpo — , ¡Pero jamás permitiré que se burlen de mis bellas alfombras persas, que conseguí en una rebaja! ¡Tú, abominación de la naturaleza, te voy a partir la madre…!

Sin embargo, un adorno voló desde el otro lado del salón, atravesó al monstruo de liquido y fue a dar justo en la frente a Lucemon en medio de su discurso, logrando que este cayera de espaldas, aturdido por un momento. Todos, en parte, agradecidos y preocupados, voltearon hacia las escaleras.

— Ups, ¡lo siento! — Se disculpo Magnamon con el grupo por su aparente mal tiro, pero se volvió con los pulgares arriba hacia los humanos con él — , justo en la frente.

Ambos le devolvieron el gesto y se concentraron en el momento.

— ¡Oye, pelirroja del demonio! — Rugió Beelzemon, una ardiente sonrisa refulgiendo en su cara — , ¡te tardaste mucho, acaso te fuiste a llorar con mami!

— ¡Necesitas más que un feo monstruo para dejarme fuera de juego, lo sabes! — Respondió Nova, blandiendo a Ouryuken — , además, ¡Agunimon, que esa indecencia de venir sin Apollomon, lo queremos a él, no a tu tonta cabeza de calabaza oxigenada!

— Ignorare que insultas a mi cabello, ¡solo porque estamos en un gran problema! — recalco Burningreymon, desplegando sus alas y cargando sus cañones — . Takuya, por favor, cuida de él.

El joven humano asintió y atrajo a Coronamon hacia el, que ahora, miraba con ojos grandes y asustados toda la situación.

De nuevo, todos estaban listos para arremeter contra ese ser salido de una pesadilla de bajo presupuesto. Y luego de un breve silencio, todos los aptos para la pelea, se abalanzarán a atacar.

~Diez minutos mas tarde...~

— ¡Como pudimos dejar que esto pasara! — contemplo histérica Nova, retorciéndose entre las sogas que amarraban su cuerpo.

— Recuerdan que, cada tanto, digo que no hay cosa más inútil en el mundo que los niños elegidos — pregunto Lucemon, procurando que su voz se oyera, en especial para el par de humanos que ostentaban el titulo, no lejos de él y bajo las mismas condiciones — , bueno, ¡Ahora sería un buen momento para reafirmar mi teoría!

— ¡Y lo dice el digimon que estuvo desmayado todo el tiempo, sin ayudar! — disparo Davis, pataleando en furia.

— ¡Pues puedes agradecérselo al pseudo caballero real que tienes por compañero! — señalo con la barbilla a Veemon, atado junto a Davis, cuya cara demostraba vergüenza.

— ¡Niñas, no importa quién es más linda, ambas se van a morir si no salimos de aquí ahora! — llamo a callar Beelzemon, perdiendo la poca paciencia que llevaba recolectando desde que ese monstruo les había derrotado bochornosamente y acto posterior, llevado a la cima del volcán mas alto ubicado en el centro del Área Oscura, donde ahora, colgaban sobre el cráter, burbujas rompían en la superficie del mortal liquido, la lava parecía gritar por el nombre de sus próximas víctimas.

— Mira, ya lo he dicho, no me importa morir — Lucemon dijo, aun ofendido por como el Demon lord le grito — somos digimons, podemos volver a renacer.

— Eso no significa que debas andar por la vida buscando tu muerte, ¡Dios, que cerebro de gallina eres!

— Sin mencionar, que nosotros, humanos — dijo Nova, enfatizando en la última palabra — , no renacemos, así que me gustaría que aceptaras nuestros deseos de vivir y cerraras el pico por una vez. Tsch, juro que si salimos de esto sin ayuda de Apollomon—

La soga que la sostenía cedió por un instante y se detuvo abruptamente en un segundo, arrancándole un grito a la humana y un grave susto al resto.

— ¡Cuando salga de aquí, puto espíritu del demonio, voy a exorcizarte hasta el infinito y mas allá! — grito Nova, enrojecida del mismo tono que su cabello.

— Esta idiota hara que nos maten — comento Xian por lo bajo.

— ¡Ya cállate de una vez! — reparo Agunimon hacia la muchacha.

— ¡Tu cállate, todo esto es tu culpa! — respondio la humana.

— ¡Como es esto mi culpa! Si vamos a buscar un culpable ¡todo esto es culpa de Grey!

— ¡Deja de decir pendejadas! ¡Tu llevaste a Lucemon a la venta de garaje! — salto a defenderse el humano otaku, retorciendose entre las cuerdas que lo aprisionaban.

— Por todos los devas, hablan mucho.

Una voz irrumpió la discusión y todos se volvieron al origen de este, la figura del monstruo que los ataco antes se sumía por el borde del volcán. Encorvada y tenebrosa, hablo y antes de que reparar en tirarle algún insulto, una luz envolvió al monstruo y al desaparecer una nueva figura la reemplazaba: un pequeño digimon verde, flotante y con ropas extravagantes.

— ¿Tu quien demonios eres? — Beelzemon alzo la voz.

— ¿Yo? — rió el digimon y se saco el ancho sombrero de su cabeza y acomodo una de las aletas antes de regresarlo a su lugar. Llevaba un fuerte acento en su voz — . Soy Ponchomon, y si, llevaba mucho tiempo atrapado en ese estupido espejo. Debo darles la gracias por liberarme, y por eso haré que sus muertes sean rápidas.

Un prolongado silencio se extendió en el lugar. Ponchomon arqueo una ceja, confundido.

— Esta no era la reacción que me esperaba.

Lo que el no contaba es que este no era un grupo normal de humanos y digimons.

— ¡Eres un maldito cactus mexicano parlante! — alzaron todas las voces de los prisioneros, mas que enfadados.

— ¿Me están juzgando por como visto? — pregunto el digimon planta, con cierta frialdad en su voz. Sus pequeños ojos eran sombrios y profundos.

— ¡Te estamos juzgando porque quieres matarnos! — grito Agunimon exasperado. El rostro lo llevaba del mismo tono que su armadura y el agobiante calor de la lava lo estaba calcinando por dentro, el sudor comenzaba a pegarle su traje en la espalda, empeorando su humor.

— Debi tomar mas en serio lo que dijo Renamon — comento por lo bajo Beelzemon entre quejas.

— ¿Cómo que Renamon? ¡No me digas que ella sabia de esto! — Veemon, quien perdió la evolución del Digimental de los Milagros tras ser capturado, oyó lo que dijo el digimon demonio.

— No importa que intentan hacer, ¡es inútil, nadie podrá detenerme! ¡Todos ustedes morirán, y yo bailare, bailare hasta que el alba se tiña de rojo! ¡Ay, ay, ay!

Ponchomon hizo aparecer un par de maracas y las agito con vigor, danzando alegremente y chillando alegórico. Habia algo inquietante y sombrío en su danza, como si todo alrededor se helara a pesar de estar en el tope de un volcán a punto de hacer erupción en cualquier momento.

Las lunas del Digimundo brillaban de forma casi fantasmagórica y las nubes enmarcaban con mayor oscuridad a este brillo. En el frió aire se oían cánticos flotar hasta donde no llegaba la mirada, alzándose en el horizonte como viejos recuerdos de unos amantes trágicos.

— ¿Qué puta se fumo el narrador? — comento Nova.

¡Tu cállate humana, déjenme hacer mi trabajo!

— Pues eres un pésimo narrador.

— ¡Ay, ay, ay, ay! ¡Vamos, bailemos, bailen hasta el amanecer, hasta que sus espíritus...AH!

El digimon verdusco chillo de dolor cuando antes lo hacia de alegría, algo lo impacto desde atrás, unas luces de colores se abalanzaron sobre el en medio de su danza. Cayo de cara al suelo y entre quejidos volvió la mirada hacia el cielo buscando el origen de ese ataque.

— ¡Quien osa a atacarme de forma tan cobarde! ¡Vamos, sal y enfrentame!

— Me temo que esta pelea no durara mucho para ti.

Una voz sonó, fría y sobrante seguido de un chasqueo metálico. Todos elevaron la mirada al cielo y allí vieron una figura casi flotando, un circulo con extraños símbolos se dibujaban a sus pies y la luz le iluminaba el traje oscuro y los detalles dorados de su armadura. El bastón en su mano con los aretes, brillando aun mas en oro, volviendo a chasquear cuando lo golpeo contra el invisible suelo del circulo mágico.

Sakuyamon no estaba contenta en lo mas mínimo.

— ¡Jefa! — gritaron la mayoría de los digimons y humanos atrapados, aliviados de ver la figura autoritaria de Sakuyamon. No era muy común que la suprema gobernante del centro comercial adoptara esa forma pero la ocasión lo ameritaba.

— Me importa un mierda quien eres, te voy a matar — aseguro Ponchomon, enfadado mientras recuperaba la compostura.

La digimon espiritista torció la boca en mueca molesta y de nuevo golpeo el bastón, los anillos sacudiéndose. Por sobre ella, cuatro luces brillaron con diferentes colores y comenzaron a tomar formas caninas, muy similares a unos zorros amenazantes. Con poco tiempo de espera, las formas saltaron hasta Ponchomon, lanzándose con sus fauces abiertas y el pequeño digimon logro esquivar a los primeros dos, a los siguientes los enfrente con puños limpios, usando su famoso Puño Tequila pero no con el efecto deseado.

Al tratarse de manifestaciones de poder y no seres tangibles sus puños atravesaban el cuerpo de estos y antes de que pudiera contraatacar de otra forma, los espíritus de Sakuyamon lo redujeron al suelo y mordisquearon lo mas que pudieron al digimon planta.

Sakuyamon descendió de su posición hasta tocar suelo y tras golpear de nuevo su bastón los zorros se alejaron de Ponchomon que presentaba heridas superficiales.

— ¡Maldita bruja! — exclamo adolorido y molesto apenas la vio de cerca.

— Hablas mucho y haces poco, que desagradable. Me recuerdas a ciertos empleados que tengo.

— ¿En serio es esta la jefa que tanto idolatran? — comento Takuya por lo bajo.

Sakuyamon ignoro el comentario del muchacho humano y prefirió tomar su bastón ahora con ambas manos y lo levanto sobre su cabeza, a su alrededor dos anillos dorados con petalos de lo que parecían ser cerezos la rodearon, un ventaval se levanto en las inmediaciones del volcán. El liquido caliente comenzó a alborotarse mas logrando sacar varios gritos de sorpresa y terror de quienes colgaban sobre el magma.

— ¡Ya haz lo que tengas que hacer, rápido! — grito con urgencia Beelzemon.

— ¡No vengas a decirme como hacer mi trabajo! — respondió ella, concentrando mas poder en los anillos que la rodeaban. Ponchomon observo asustado el cambio de clima e intento salir corriendo pero un zorro salto sobre su espalda, mandándolo de nuevo al suelo.

— ¡Estas siendo lenta! — otro grito salio del demonio de las pistolas.

— ¡Deja de presionarme!

— ¡Podrían dejar su pelea de pareja para otro momento! — ahora grito Lucemon exasperado.

— ¡Tu cállate, esto es tu culpa! — graznaron tanto Beelzemon como Sakuyamon en respuesta.

Antes de que pudiera decirse mas, la digimon del bastón convoco otro circulo con símbolos, solo que esta vez, bajo Ponchomon y este quiso volver a querer escapar, pero solo pudo retorcerse por debajo del zorro espiritual que estaba sobre su cuerpo.

— ¡No, por favor, para!

— Lo lamento, pero has causado ya muchos problemas y no me refiero solo los que causaste esta noche. Tus fechorías ya llevan tiempo, he estado siguiendo tu rastro y finalmente te he atrapado — dijo Sakuyamon.

— Oh, vamos, so- solo son travesuras, todos las cometen.

— Este truco no funcionara conmigo — sentencio ella — , quisiste asesinar a mis empleados y a inocentes que no tienen nada que ver contigo, no voy a perdonártelo.

— ¡No, espera!

Sin mas, Sakuyamon golpeo el suelo con el bastón y los anillos de energía ahora rodearon a Ponchomon, los zorros se desintegraron al instante. Ponchomon no pudo moverse y mientras mas luz emergían de los anillos y del símbolo en el suelo bajo el, solo pudo observar con ojos grandes y temerosos lo que parecían ser sus últimos momentos de vida. El dolor no tardo en aparecer y grito, grito indefenso, no tenia escapatoria, al final su cuerpo termino desintegrándose en datos y solo cuando solo quedaba un simple digi huevo, la luz ceso, quedando todo en completo silencio. El súbito cambio de clima también ceso.

Ya todo había acabado.

— ..bueno, todo muy bonito y eso pero ¿nos sacas de aquí? — dijo alguno de los empleados, Sakuyamon prefirió ignorarlos y simplemente avanzo hasta el diighuevo en el suelo y lo tomo en brazos. Necesitaría un par de llamadas para poder dejarlo en manos competentes, pensó.

Luego de un rato, ya todos los prisioneros fueron liberados por Sakuyamon y estaban sanos y salvos en suelo, junto al borde del volcán.

— Finalmente se acabo — contemplo Beelzemon, observando el burbujeante magma liquido.

— Yo que pensé que seria un halloween aburrido — suspiro agobiado Agunimon, estirando su espalda hasta escuchar el crujir de sus huesos.

— A pesar de todo, fue divertido — dijo Davis y se gano la mirada mas que acusativos de la mayoría de todos. Veemon se interpuso frente a este.

— Oigan, no se metan con el, nosotros vinimos a ayudar, esto a sido culpa de ustedes despues de todo.

— Pues de mucha ayuda no fueron — dijo Nova, cruzándose de brazos.

— Ya, basta. Nadie hizo algo útil, ni siquiera tu, Beelzemon — Sakuyamon dijo, dirigiéndose al digimon que aun mantenía la mirada sobre el volcán — . Te recuerdo que teníamos un trato.

— ¿Trato? — pregunto Datamon.

— Si, nos engaño a todos, sobretodo a mi — comento Grey.

— A ti todo el mundo te engaña, no es novedad — rió Floramon.

— Si, hasta Apollomon te engaña — esta vez, Beelzemon se volvió al grupo.

— No digas eso en frente de el — lo regaño Agunimon, ahora cargando al pequeño Coronamon en brazos. El niño tenia casi cerrado los ojos y cabeceaba sobre el hombro de su tío.

— Creo que es mejor ya irnos, es demasiado tarde. Mis padres van a matarme — se quejo Takuya al ver su celular.

— Si, ya váyanse y déjenme solo, olvídense que dejaron un desastre mi casa — grazno Lucemon.

— Deja de chillar, vendremos mañana a ayudarte a limpiar — respondió mascullando Agunimon.

— ¡Mas les valga!

Fue así como la fatídica noche acabo y todos marcharon de vuelta a casa a descansar. Pero esto no estaba del todo terminado para un par. Las obligaciones jamas se acababan por completo.

Ogremon observo curioso el digihuevo verde musgo depositado sobre la mesa frente a el.

— Tanto alboroto por esto — reflexiono en voz alta.

Renamon, ya de vuelta en su habitual forma, observo también con curiosidad el objeto. Ambos estaban ya en la oficina de la gerente en el centro comercial.

— Entonces, ¿Qué harás con el? — pregunto el cavernicola.

— Tengo un Flamewizardmon conocido que podría interesarle, lo que haga con el ya no es mi asunto.

— Mejor, si vuelve a cagarla, que lo arregle el. Ya hicimos mucho.

— Te recuerdo que tu no hiciste nada.

— Pues no, o acaso tengo que recordarte que me clavaste un cuchillo en la cabeza. ¡Lo tuve por tres días!

— Era un castigo mas que merecido a tu insubordinacion, simple y sencillo — Renamon sentencio.


¿Alguien leera esto? Probablemente no, tenia obligacion de terminar esto despues de... SIETE JODIDOS AÑOS, tuvimos pandemia y todo desde que lo publique hasta ahora...que ganas de morirme, por Dios.

En fin, este es la emocionante conclusion a este desmadre, espero lo disfruten. No me hago responsable de lo horrible que esto acaba, es culpa de los personajes. *Guiño, guiño*