¡Hola a todos! Feliz navidad y feliz año atrasados, porque ya estamos en febrero.
Sí, como notaron, todavía estoy viva y actualizando, otra vez después de meses de ausencia. Y no, casi no escribí en vacaciones. Hubo mala conexión TODO el tiempo y tampoco hubo tiempo, para empezar.
Pero estaré aquí de regreso mientras pueda, con otro capítulo en edición y uno más en proceso (lo que considero un logro después de un mes de regreso a clase), y tal vez algo más *guiño, guiño*.
Capítulo 23 "Amar es de Valientes"
La tarde trajo consigo más horas de entrenamiento para los nuevos reclutas de la Legión Dragón. Pero para gran alivio de Dogsbreath, el comandante era necesario en la reunión del Consejo, por lo que Olaf junto a otros dos de los jinetes con mayor experiencia se encargaron de supervisarlos, con órdenes de que hicieran todo lo posible para lograr que estuvieran en el aire y empezando los ejercicios de vuelo en algunos días.
Aunque a Hiccup y Dogsbreath no les parecía ser el mejor curso de acción, considerando las tendencias explosivas de los gemelos y el carácter difícil de Snotlout, era necesario que pudieran estar listos para volar sus dragones cuando la aldea también los terminara descubriendo. Algo que no estaban listos para que sucediera aún.
Astrid procuró concentrarse y aprender todo lo que pudo durante ese tiempo (ya que no sabía cuánto iba a durar la historia de que habían salido a cazar en grupo). Era casi como cuando entró al entrenamiento de dragones por primera vez. El mismo propósito. Excepto que ahora su mente no estaba cooperando demasiado. No cuando había un pensamiento que se colaba por los bordes de su mente más a menudo de lo que le gustaría.
'Ella está con él ahora… y tú no'.
Cada vez se recordaba a sí misma que Hiccup estaba en una reunión con el Consejo. Que Heather no era la única allí. Que estaba planeando cómo terminar una guerra de hace siglos. Que eso era necesario. Pero había algo en el fondo que la hacía desear estar allí también.
Para el atardecer, los jinetes novatos ya habían progresado con sus dragones, aunque cada uno en diferente medida. Astrid, como la más disciplinada del grupo, ya se encontraba casi lista para empezar a volar. Snotlout había conseguido deshacerse de su actitud arrogante, o al menos solo el tiempo suficiente, para lograr un poco más de cercanía con su dragón, aunque consiguió llamas en sus pantalones más de un par de veces antes de lograrlo. Y los gemelos de alguna manera habían descubierto que trabajar juntos al igual que durante sus travesuras era la mejor manera de entrenar con el Zippleback, lo que probablemente ya les había dado algunas ideas nuevas para intentar ahora con el dragón en ellas.
Cuando Olaf finalmente decidió que había sido suficiente entrenamiento por el día, regresó a los dragones al establo y los dejó ir. Justo antes de que pudieran salir de la arena, también agregó que los esperaría en la zona de aterrizaje después de la cena para llevarlos de regreso y que la salida de la cala al día siguiente sería a la misma hora. Lo que provocó que se desatara una ola de protestas mientras caminaban al Gran Salón para la cena.
—¿Cómo espera que estemos en la cala a la misma hora que hoy?— resopló Ruffnut. —Ni siquiera cuando Gobber nos entrenaba debíamos despertar tan temprano.
—Sí. Y teníamos todas las tardes libres— la siguió Tuffnut.
—Esto es estúpido. No puedo creer que Hiccup lo ordenara. ¿Quién se creé que es? ¿El jefe?—gruñó Snotlout. —Me gustaría decirle un par de cosas que pienso sobre eso. ¡No puedo creer que alguien aquí estuviera de acuerdo con entrenamientos tan estúpidamente largos!
—En realidad, no se planearon así— respondió una voz. Astrid giró en dirección a donde vino la respuesta para ver a Heather y a Fishlegs acercándose a ellos, y no pudo evitar apretar los dientes cuando la pelinegra llegó a su lado. —De hecho, en el entrenamiento normal los nuevos jinetes tienen más tiempo para trabajar con sus dragones, así que el tiempo en la arena se limita a cuatro horas por mañanas, para dejar la tarde a sus tareas normales en el cuartel. A excepción de dos días a la semana en los que hay práctica de lucha durante dos horas en la tarde. Este horario especial está diseñado para acelerar en un 45% el desempeño…
—Sí, sí, como digas 'Fish-face'— Snotlout agitó una mano frente a su cara y centró su atención en la pelinegra. —Seguramente, preciosa, tú no crees que el gran Snotlout necesite más entrenamiento— sonrió arrogante.
—Al contrario—, contestó Heather con los brazos cruzados, manejando bien la atención indeseada, —este caso especial lo necesita. Al estar de nuestro lado, su posición en Berk se ha vuelto una bomba de tiempo y solo es cuestión de tiempo para que explote. Cuando llegue ese momento, necesitaremos que tengan todas las posibilidades que puedan para escapar.
La doncella escudo notó el hecho de que ella había señalado un 'cuándo' y no un 'si', lo que sugería que lo más seguro es que se verían obligados a abandonar su hogar durante un tiempo indefinido hasta que el odio a los dragones se desvaneciera lo suficiente.
O tal vez incluso hasta que Hiccup tomara el manto de jefe. Lo que considerando su expulsión, sólo podría pasar hasta que decidieran invadir Berk o Stoick falleciera. Sinceramente no le gustaba imaginar ninguno de los dos escenarios, aunque fueran posibilidades de un futuro lejano.
El joven Jorgenson palideció ligeramente, a su edad ya no era tan ingenuo para no saber qué implicaban sus palabras. Pero su pequeño momento de inteligencia pasó por lanzar un comentario idiota para cubrirse sobre cómo no debía preocuparse por él, qué estaría bien y podía arreglarselas, bla, bla bla.
Una irritada Ruffnut decidió intervenir cuando no lo soportó más, sugiriendo que fueran al Gran Salón a cenar y Fishlegs la apoyó diciendo que a estas alturas ya habrían comenzado. El resto había aceptado y empezaron a dirigirse hacia allá. Y después de eso todo sucedió tan rápido y preciso que Astrid podía haber pensado que fue planeado.
Heather estaba caminando junto a ella, recibiendo atención no deseada de Tuffnut y Snotlout y, de alguna manera, Fishlegs de todas las personas había hecho que con un comentario suyo ambos vikingos pasaran de intentar impresionar a la berserker con palabras a hacerlo con una carrera. Y luego, luego, ese hijo de medio troll se había puesto a platicar con Ruffnut, y Ruff como muy buena amiga estaba alejándose con él, dejándola a ella con alguien que apenas podía tolerar. Aún cuando había decidido no hablarle, la rubia intentó no parecer demasiado desagradable, pero cada vez le era más difícil.
Fue cuando ella y Heather se quedaron un poco atrás que la pelinegra habló: —Hace tiempo que quería conocerte, ¿sabes?
—¿En serio?— le fue muy difícil a Astrid no levantar una ceja con escepticismo.
—Sí. Tienes algo de fama por el Archipiélago, y no por ser la prometida del heredero de Berk. Eres la vikinga más joven en haber llegado a un puesto como el que tienes en tu tribu [1], y he escuchado mucho sobre lo hábil que es la nueva General de Defensa de Berk con el hacha— Heather hizo una pausa y se detuvo. —De hecho, ¿qué te parecería un pequeño combate de entrenamiento antes de la cena? Me gustaría ver de primera mano tu estilo de lucha.
La rubia frunció el ceño. Se habían detenido a mitad de camino entre los establos y el cuartel, los demás ya no estaban a la vista. —Ya vamos tarde al Gran Salón.
—Bueno— sonrió ligeramente la berserker, —normalmente la cena empieza a servirse una media hora más tarde. Y con lo agitadas que están las cosas por aquí ahora, podrían tardar un poco más. Tenemos tiempo. Una pequeña competencia no haría daño.
Astrid dudó un momento. Había algo ligeramente sospechoso en todo eso. Era demasiado conveniente que Fishlegs hubiera dicho que la cena ya había comenzado, cuando en realidad tuvieran tiempo de sobra, y los otros se hayan ido (o tal vez él se los había "llevado" a propósito), dejando que Heather la retara de forma privada a un einvigi[2] (de entrenamiento por supuesto, pero seguía siendo uno) sin que alguien estuviera como testigo entrometido.
Si fue planeado, obviamente la hija menor de Oswald quería lograr algo con ella por ese medio. ¿Pero qué? ¿Debía arriesgarse a averiguarlo, aun cuando podría ser un peligro potencial? La curiosidad ya la estaba picando en el fondo. Además estaba el hecho que la estaba desafiando, su orgullo no podía dejarlo pasar tan fácilmente.
—Entonces, ¿qué dice, General Hofferson?
Heather no pudo evitar sonreír cuando llegaron al claro que usaban como campo de entrenamiento. Retar a la rubia había funcionado muy bien para su plan. Ahora solo tenía que hacer que se enojara para poder descubrir lo que quería.
—¿Y tú arma?
Al girarse a mirar detrás de ella, Astrid ya tenía desenfundada la suya. Un hacha de batalla de doble hoja de buen tamaño y mango un poco largo. Dogsbreath una vez le había contado en secreto que Hiccup le había hecho a ella esa arma que casi adoraba y que, si los padres de ella habían cumplido su promesa, ella nunca lo supo.
Sin borrar su media sonrisa, colocó un par de dedos en su boca y sopló. Un poco más de medio minuto después, unos rugidos y fuertes aleteos avisaron la llegada de su Razorwhip. Las escamas plateadas de Windshire reflejaban la luz de las antorchas de la entrada como cientos de pequeños espejos. Heather se acercó a la silla en su espalda (cortesía de Hiccup) y sacó un hacha de apariencia algo extraña. Murmuró un gracias a su dragona antes darle un par de palmadas para que despegara de nuevo.
—¿Eso es un hacha?— bufó la rubia.
La berserker solo hizo más amplia y traviesa su sonrisa. Colocó su mano en un espacio que atravesaba el mango de madera por la mitad, extendió sus brazos hacia el frente y accionó el mecanismo. Al instante la mitad del mango que no estaba sujetando se abrió para alinearse al resto, quedando como un hacha de doble cabeza casi del tamaño de un bastón.
—Sí, a decir verdad, esta es mi hacha.
La doncella escudo solo frunció ligeramente el ceño, sin decir nada más, y si se impresionó con el arma, no lo demostró. La berserker asintió, complacida con su reacción, para que tomaran posiciones e iniciara el combate.
Heather dejó que Astrid diera el primer golpe, lo bloqueó y lanzó el suyo propio, solo para que la doncella escudo hiciera lo mismo. Golpe tras golpe del metal, se notaba que la General de Defensa estaba a la altura de su reputación, lo que le daba puntos para ganarse parte de su admiración. Pero no se lo diría cuando su plan era pincharla hasta poder saber otra cosa.
—Lo admito— comentó la pelinegra después de bloquear otro ataque, —hasta ahora no me has decepcionado—. Esquivó la trayectoria de la hoja inclinándose hacia atrás. —No está mal para alguien que no ha estado antes en un campo de batalla.
—¿Disculpa?— la vió resoplar. Astrid volvió a atacar, giró alrededor de ella y cuando Heather se dió cuenta, estaba tropezando hacia adelante por el golpe que la rubia le había colocado por la espalda con el mango de su hacha. —No está nada mal.
Heather giró rápidamente para evitar otro golpe por detrás y volvió a su posición de lucha con una sonrisa satisfecha. Se suponía que estaba haciendo esto por ayudar a Hiccup, pero el proceso estaba siendo bastante entretenido. Mucho más porque pocas veces encontraba algún oponente que pudiera seguirle el ritmo.
—Tienes razón, tal vez es el hacha. Debe ser demasiado vieja para aguantar un buen golpe.
El cabello rubio de Astrid contrastaba con lo roja que se había puesto su piel. Sus ojos casi parecían lanzar rayos con la ira que lanzaban. —¡No te atrevas a hablar de mi hacha! ¡Nunca!
Vio a Astrid empezar a correr contra ella y se preparó. —¿Por qué?— sonrió cuando esquivó el filo de la hoja. —Te aseguro que estarías mejor con un hacha de acero de Gronckle como la mía. Esta arma podría aguantar hasta la piel de un dragón clase piedra.
Astrid patinó un poco antes de detenerse y girar con expresión de furia. La rubia lanzó otro ataque, que Heather esquivó de nuevo, rematando al regresarle el golpe en la espalda. —Esta fue un regalo— fue la protesta de doncella escudo.
—¿De quién, tus padres?—. Fue el turno de la pelinegra de lanzar una ofensiva con la parte plana en la cabeza de su hacha. Astrid lo bloqueó y la empujó con fuerza. —Esta hacha la diseñé yo y fue hecha por Hiccup, el mejor herrero del archipiélago. ¡No podrás encontrar ninguna mejor que esta!
—¿Oh sí?— gruñó la rubia mientras se lanzaba otra vez hacia ella. —¡Pues esta hacha fue un regalo de él cuando cumplí doce! ¡Y puede aguantar otros seis años más!
—¿Regalo? ¿Acaso te la dio él en persona?— la pelinegra desvió su golpe con un giro de muñeca. —No presumas algo que no pasó, señorita guerrera. Y si en realidad fue así, me pregunto por qué a ti no te ha dado otra mejor.
—¡Ya cierra la boca!
Ambas contrincantes compartieron una mirada antes de enfrentarse al mismo tiempo, con las hachas levantadas y las cuchillas cruzadas. Las cabezas de las hachas se atascaron y ninguna de ellas cedió, convirtiendo la pelea en un tira y afloja demasiado parejo.
—¿Por qué, pequeña Hofferson?— se burló la berserker, tensando las piernas y tirando. La doncella escudo estuvo a punto de perder el equilibrio y caer, pero alcanzó a incorporarse y tirar con fuerza. —¿No te gusta cuando hablo de tu prometido? ¿O debería decir ex-prometido, ya que está libre de ese contrato?
Heather casi pudo escuchar como Astrid rechinaba los dientes mientras la sentía jalar su hacha. —No estés tan segura. Ese trozo de papel aún es legal— replicó con un gruñido.
—¡No me digas!— rió ligeramente para no aflojar su agarre. —Creo que necesitas revisar las viejas leyes otra vez. ¿Y por qué te importaría? El matrimonio fue arreglado— le dijo mientras daba otro tirón. —Hiccup está disponible para cualquier mujer que quiera acercarse. Ya no tiene nada contigo.
—¡Ni siquiera pienses en acercarte a él!
Con la satisfacción burbujeando en su pecho, se preparó para darle el empujón final. —¿O qué? ¡Él ya no te pertenece!
—¡Hiccup… es… MÍO!— gritó mientras jalaba con todas su fuerzas. Con el último tirón, Astrid consiguió arrebatarle el mango de las manos, y la pelinegra terminó cayendo hacia atrás sobre su espalda.
Al incorporarse se topó con que Astrid sostenía el filo de su hacha a escasos centímetros de su cuello, mientras mantenía la suya propia fuera de su alcance. Habría hecho una imagen bastante intimidante, pero a Heather no podía importarle menos ya que había escuchado precisamente lo que deseaba saber. Finalmente, la berserker no pudo evitarlo más y soltó una risotada llena de alegría. —¡No pensé que sería tan fácil hacerte confesar!— le dijo entre carcajadas.
—¿Eh?— la mueca de ira había dado paso a una expresión de genuino desconcierto en el rostro de la rubia.
Aprovechando la pérdida de concentración de Astrid, Heather hizo a un lado el arma y se paró. —Claro que usar tus celos en contra ayudó mucho— comentó mientras se sacudía rápidamente el polvo de encima.
—¿Ce-celos?— tartamudeó. —¿De qué… a qué te refieres?
—Hiccup— Heather dijo simplemente.
A Astrid debió haberle quedado la mente en blanco, porque cuando la berserker tomó su hacha de sus manos, ella ni siquiera se resistió.
Heather estaba terminando de asegurar su arma al arnés en su espalda cuando la rubia por fin habló con un color escarlata trepando sus mejillas. —Yo… yo no sé de qué estás…
—¿Lo amas?— le preguntó con seriedad.
La rubia no dijo una sola palabra, pero no fue necesario cuando Heather vio claramente la respuesta en sus ojos y asintió satisfecha. —¿Sabes Astrid?— comenzó mientras empezaba a caminar hacia la entrada del campo. —Vivir estos últimos años como jinete de dragones te hace ver las cosas en perspectiva. Aprendes a apreciar ciertas cosas y… empiezas a tener el valor para hacer otras, especialmente cuando se trata de quienes te importan.
—Los vikingos pueden decir que amar es para débiles, pero se equivocan— se giró para verla directamente a la cara. —Eso es lo que más valor necesita. Atreverse a amar es de valientes, porque te puede lastimar más que cualquier arma y doler más que cualquier herida, pero siempre valdrá la pena al final— sonrió con nostalgia.
—¡Ah! y la próxima vez que quieras practicar… puedes buscarme— le dijo mientras volvía a caminar. —Disfrutaré derrotarte en la revancha.
Después de que la figura de la berserker desapareciera rápidamente entre las sombras de la noche, la mente de Astrid finalmente salió de su confusión lo suficiente como para formar algo más que ideas poco coherentes. Ya que cuando Heather se dio la vuelta para irse, el primer pensamiento que tuvo fue '¡¿Qué demonios?!'
Esta no era la forma en que pensó que terminaría ese pequeño combate… Bueno, un poco sí ya que planeaba vencer a la comandante de la tribu Berserker, pero de todas formas, la idea que había tenido era un poco diferente. Diferente en que había esperado una aplastante derrota para la pelinegra que la haría no querer volver a luchar contra ella nunca más. Algo parecido a lo que había vivido con sus oponentes en Berk hasta hace poco.
Porque ciertamente no había esperado que empezara a pinchar con una extraña precisión sus puntos de orgullo y que sus comentarios lograran sacarla de sus casillas.
Y repasando mentalmente la pelea que a lo mucho había durado quince minutos, fue que cayó en la cuenta de lo que ella había dicho.
Si antes había estado su cara rojiza por la incomodidad y el desconcierto, ahora podía sentir cómo estallaba en llamas por la vergüenza de no poder controlar lo que decía o la mortificación por lo que esperaba, rezaba a los dioses, que en realidad nunca había dicho. En voz alta. Y a Heather de todas las personas. Ni siquiera había dicho algo como eso enfrente de Ruffnut, quien después de su familia, era la persona en la que más confiaba. Realmente odiaba lo fácil que ella había podido manipular todo. Especialmente porque nunca le había gustado que los demás se entrometieran en sus asuntos personales de ninguna manera.
Además estaba el hecho de que, después de que ésta confesara que trató de enojarla a propósito para que confesara algún sentimiento por Hiccup, ella había titubeado. ¡Por Freya, había titubeado bastante antes de negarlo! ¡Justo cuando tuvo la oportunidad de salvar un poco de su dignidad!
Dejó escapar un gruñido de frustración mientras su agarre al mango del hacha se apretaba inconscientemente.
No sabía que se había propuesto Heather para sacarle una confesión de ese tipo, no la conocía bien y hasta ahora tampoco confiaba en ella. No se sentía cómoda de que ahora ella tuviera esa información de ella en su poder. Y no estaba dispuesta a ver impotente qué quería hacer Heather con ella.
Tomando una decisión, Astrid aseguró el hacha a su espalda y partió en dirección a donde la berserker había desaparecido.
No encontró ningún rastro de ella hasta el Gran Salón, donde no fue difícil encontrarla, ya que la mesa principal en donde comía estaba colocada para poder ser vista desde cualquier ángulo en la habitación. El único problema es que Heather estaba en medio de una habitación atestada de gente y con quienes ella deducía que eran los miembros del Consejo de Guerra. No podía acercarse así nada más y pedirle que hablaran en privado, ya que no se conocían lo suficiente como para que no se viera sospechoso, considerando la actitud que la rubia había intentado disimular todo el día.
Con desgana caminó a la mesa que actualmente ocupaban Snotlout y los gemelos para cenar, pero manteniendo un ojo sobre la mesa principal. Tal vez no podría actuar en ese momento, pero por ahora vigilaría que Heather no hiciera algo con lo que sabía, y estaría lista para tomar una oportunidad en cuanto pudiera.
Tengo una confesión. Originalmente, esto no terminaba aquí. Pero como el capítulo salió con el doble de largo de lo habitual, lo tuve que cortar. otra vez siento que no es lo mejor que podría hacer para el desarrollo de la historia, pero cumple con mi estándar, así que decidí subirlo.
De todas formas, espero sus comentarios, sugerencias y opiniones sobre la trama.
[1]. Como mencioné antes, las mujeres vikingas tenían más ventajas sociales que sus contemporáneas, pero no era tanto como ahora. Y en este pequeño AU cambié un poco eso. Considero que en el canon, Astrid tenía fama en el archipiélago por ser uno de los jinetes originales de dragones y mano derecha de Hiccup. Pero como eso no pasó y la puse como general de defensa, creo que eso podría pasar, especialmente porque aquí tiene mas o menos 18 y eso sería joven para su puesto.
[2]. Los vikingos llamaron al duelo einvigi, literalmente significa "combate único". Esta forma de duelo era sin reglas y no castigaba los juegos sucios a la hora de defender el honor. Pero no quise llevarlo tan lejos, así que supongamos que fue un poco más honesto a su contraparte histórica.
Gracias por leer y hasta pronto. :)
