Primera entrega del Shizuneweek. Esta historia es solo el primer cap de un fic autoconclusivo del KakaShizu (¡7 días!)
Día I: Borracha
El Raikage no dejaba de mirarla y Shizune pensó que era una idea suya. Una simple tontería. Ese hombre parecía estar enfadado con la vida, por lo que no debería ser algo en contra suya. Su imaginación empezó a volar cuando él se sobresaltó cuando llegó a la oficina del Hokage y la vio. Sin embargo, y luego de que Shikamaru aclarara la garganta, incómodo, cuando nuevamente los ojos del imponente kage de piel rojiza se posaron en ella, supo que ella no exageraba.
Llevó su concentración al cronograma de la reunión que tenía entre manos y con su lápiz trazó una nueva línea, tenía que llevar la cuenta de su extraña atención.
—Creo que el resto podemos discutirlo otro día —dijo el Raikage, apoyando su peso sobre el respaldo de la silla, haciendo que esta crujiera a causa de todo el peso de su musculoso cuerpo—. Seguramente vuelva para la boda de Karui en un par de meses y podemos seguir con las sandeces.
Su visita oficial solo había sido una excusa para verificar que la chica estaba segura de lo que estaba haciendo, ya que para todos fue una sorpresa que Karui se distrajera en uno de sus viajes diplomáticos en la Hoja y mediante una carta avisara que se quedaría permanentemente allí con alguien que nadie conocía en la Nube.
El Hokage estuvo de acuerdo con un gesto silencioso.
—Las bodas son la mejor forma de hacer diplomacia y asegurar las alianzas, mejor que estas reuniones, al menos —dijo entonces el Raikage y le dio una mirada severa a Shikamaru—. ¿Cómo lo hacen?
Shikamaru no estaba listo como consejero, pensó Shizune, ya que el chico no consiguió morderse la lengua.
—¿A qué se refiere? —el tono molesto lo delató.
—A convencer a Karui y Temari en venir para acá —resopló como un padre celoso—. Veo que el Kazekage perderá a su hermana y una de sus consejeras y guardaespaldas.
Shizune supo que el hombre venía con ganas de discutir o descargar su ira de alguna forma.
—Señor Raikage, si usted estima que terminó la reunión, podría ofrecerle unos refrescos en la terraza. Karui, junto Akimichi Chōji e Yamanaka Ino, lo esperan a usted y a sus guardaespaldas para que puedan relajarse y terminar el día.
—Kakashi —dijo él luego de mirarla a los ojos por unos ínfimos segundos y volverse bruscamente a su colega—, ¿cuánto le pagas a tu asistente?
Shizune se ruborizó y su jefe se encogió de hombros, lo que menos le gustaba era tratar con otros kages y sus peculiaridades. Él y Mei eran los más difíciles de tratar cuando visitaban la aldea, la única que imaginaba que podría manejarlos era precisamente su asistente, por lo que, si ella se iba con el Raikage, ni él ni Shikamaru podrían evitar una inminente guerra entre la Hoja y sus aliados.
—¿Cuánto te paga? —le preguntó finalmente a la morena con una sonrisa torcida—. Triplicaré la paga.
Kakashi suspiró y se volteó a ver a la morena con un poco de curiosidad. Shizune juntó sus labios hasta que su boca se transformó en una delgada línea, un poco ofendida que su jefe pensara que ella aceptaría. No podía dejar la aldea ahora que había heredado la vieja casa de su difunto tío y era capaz de poder finalmente empezar a construir una vida tranquila en su país natal.
—Es una oferta generosa —reconoció el Hokage.
—Quizás debería subirme el sueldo —replicó enfadada, causando la risa del Raikage.
—Vayamos por esos refrescos —dijo más relajado, pero en el resto de la velada no dejó de mirarla.
En la terraza exquisitamente decorada por las flores Yamanaka, ella buscó un asiento apartado para hacer unas notas antes de que su reloj de pulsera le indicara que era tiempo de escapar. Izumo y Kotetsu se encargarían relevarla luego en la pequeña fiesta oficiada por la heredera Yamanaka.
Shizune sintió los ojos del Raikage sobre ella y marcó otra línea sobre el cronograma, pero decidió no mirarlo de vuelta. En cambio, enfocó su atención a las risas de los guardaespaldas extranjeros mezcladas con la de la rubia risueña. Si el intercambio de nupcias afianzaba las alianzas, el carisma de la Yamanaka le daba algo con qué fantasear a los solteros que pasaban por la aldea. Quizás el Raikage estaba empecinado en volver con una novia a la Nube, y como Ino era una niña para él, había decidido que sería la primera mujer mayor que viera en aquella reunión, todavía enervado con el casamiento de Karui.
—Shizune —dijo finalmente el Raikage—. Ven aquí.
Le indicó los asientos libres que habían dejado sus guardaespaldas y sus anfitriones de la Hoja, para acomodarse cerca en un lugar más íntimo cerca de la barandilla. Cuando Shizune buscó a su jefe, no lo encontró, Kakashi había robado y ejecutado su idea sin ella poder darse cuenta a tiempo.
La morena obedeció tímida. Al sentarse frente a él, este le sirvió un vaso de sake. Shizune entendió que no aceptaría un no por respuesta, así que le agradeció el gesto.
—¿Por qué no te fuiste con Tsunade? —preguntó.
—Heredé una casa —dijo antes de mojar sus labios con un poco de sake, no quería beber esa noche, pero al parecer no tenía opción—. Nunca me quedé en un sitio mucho tiempo, quise probar cómo se sentía.
—Puedo darte una casa en la Nube, si quieres. Eso no sería un problema.
—¿Por qué quiere llevarme con usted? —preguntó ella sin poder morderse la lengua—. ¿Es por Karui?
—Podría decirse que sí, es por Karui —le dijo—, pero también extraño a Mabui —murmuró melancólico—, era mi asistente, ¿la recuerdas?
—Sí… —le dijo con un hilo de voz, según había entendido, ella había perdido la vida en el mismo lugar que Shikaku e Inoichi—. Lo siento mucho.
No pudo evitar alargar la vista para ver a Shikamaru e Ino más allá, agasajando a los guardaespaldas del kage que tenía enfrente. Ella no tenía a sus padres vivos, ni siquiera su tío, por lo que podría decirse que podía entenderlos un poco. Se sentía como la última mujer de un clan en extinción, aunque ni siquiera llevaba el apellido de su tío al ser el hermano de su madre, por lo que eso no la hacía tan importante como él, menos Shikaku o Inoichi.
—Ella era tranquila y hermosa como tú —dijo observando el vaso de sake con cariño antes de beberlo.
Shizune se movió incómoda. Ese último adjetivo era normalmente utilizado para describir a las mujeres a su alrededor. A Tsunade, Sakura, Kurenai y Anko, por nombrar algunas. Ni hablar de Ino y de Yuugao, si es que eras capaz de verle la cara sin esa mascara ANBU puesta. Si Shizune tuviese que describirse a sí misma, usaría tranquila, sí; y también eficiente y trabajadora.
Suspiró y bebió del vaso hasta que cayó la última gota, como si quisiera darse los ánimos para contestar.
—Perdone, Raikage, pero no soy hermosa como lo fue ella.
El kage se rió a carcajadas y le sirvió más sake, mientras negaba duramente con la cabeza. Él no estaba de acuerdo, pero ¿qué iba a saber ese viejo prepotente? Se dijo la morena, y siguió bebiendo con él, como si quisiera borrar la amargura que sentía en esos momentos.
—Eres hermosa, Shizune, cualquier hombre sería feliz de estar a tu lado —le dijo una vez que le llenó el vaso por tercera vez—. Incluso alguien poderoso, ¡un kage, tal vez!
—¿Esta… coqueteando conmigo?
—Claro que no —le dijo él—. Estoy muy viejo para ti.
Ella no quiso seguir preguntando, ni él siguió con el tema. El Raikage se quedó reflexionando unos segundos en silencio, momento en el cual los ojos de la morena la traicionaron y se posaron sobre la roca recientemente tallada con el rostro enmascarado de su actual jefe. Kakashi era la única opción viable, era atractivo aún si no podía verle la cara. No podía ser el viejo Ōnoki de la Roca ni el joven Gaara de la Arena, tampoco podía ser la hermosa Mei de la Niebla por su conocido amor por los hombres. Shizune se relamió los labios, no podía negar lo distinto y lo extraño que se le había hecho trabajar con un hombre como el Hokage. ¿Excitante quizás? Ella nunca había albergado sentimientos románticos hacia alguien, por lo que no podía describir esa pequeña emoción que se agolpaba en su pecho cuando él le agradecía por algo.
No, el Raikage debía estar bromeando. El Hokage jamás se fijaría en ella, no era hermosa como Mei ni poderosa como Tsunade o Sakura. Shizune solo era su asistente.
A la mañana siguiente despertó con la sensación de que alguien le hubiese asestado un hacha en medio del cráneo. Se incorporó sobre su cama para poner los pies sobre el piso frío y de alguna forma pudo llegar a tiempo a despedir al Raikage y su escolta en las puertas de la aldea como si la resaca no estuviese matándola.
Ella se ubicó detrás de su jefe y sintió que se sonrojaría si recordaba todas las tonterías románticas que había pensado la noche anterior.
El Raikage tomó la mano del Hokage con tanta fuerza que las falanges de este tronaron, su cara era dura como la roca.
—No la lastimes o me la llevaré a la Nube.
—Nada le pasará a Karui —replicó Kakashi—. Lo prometo.
Shizune sintió que su corazón dio un vuelco.
Siguiente capítulo: Tonton.
