Antes de comenzar me gustaría recomendar la canción de Falling In Reverse: The Drug In Me Reimagined. Escribí este capitulo con esa canción de fondo y le dio el toque justo que se necesita para leerlo. Recomiendo primero leer la letra, luego escuchar la música leyendo el capitulo y seguir repitiendola hasta que acabe, sin más que decir, ¡disfruten el final!


36. "Hoy es un día soleado."

Craig tomó la mano de Kyle, acoplándola para que quedara encima y así poder medir el tamaño de esta con la propia. No era demasiado grande ni demasiado pequeña, encajaba perfectamente con sus dedos, dejando una pequeña diferencia al sobresalir un poco más los de Kyle que los suyos; un traqueteo en aquel camión de mala muerte provocó que sus dedos se hundieran entre los contrarios, cosa que Craig aprovechó para dar un apretón fuerte, los dedos de Kyle estaban muy delgados, se sentía como si lo fuera a quebrar si aplicaba más fuerza. A él no pareció importarle, contemplaba el asiento del frente en un desgarrador silencio, las ojeras que tenía debajo de sus ojos le decían a Craig que la siesta que fingió tomar por la noche fue mentira y que solo la utilizó de excusa para que el dejara de hablarle.

Estaba agotado, después de dejar inconsciente a Kyle lo llevó sobre sus hombros hasta llegar a su casa, en la cual solo juntó dos mochilas llenas de ropa, comida y dinero que robó de su padre, madre e incluso Trisha. Lo que siguió después fue un viaje que no tenía un camino marcado, no podían quedarse porque Kyle podría ser vinculado a todo eso, no quería que lo enviaran a un sitio peor para que al final su destino fuera igual que al de Stan y Eric. A Craig no le importaba, amaba a ese chico con toda su alma, lo protegería y cuidaría hasta que estuviera mejor, hasta que ambos pudieran comenzar de nuevo.

Llegaron a un conjunto de departamentos rentados por una anciana de mala cara, ella no parecía aprobar que ambos estuvieran tomados de las manos, sin embargo, cuando Craig mostró los billetes, cerró la boca y los dejó establecerse en el más barato. No contaba con muchos inquilinos, solo dos que parecían irse de ahí pronto, así que Craig se alivió de que la gente que pasara por ahí no se quedara permanentemente, así no podrían reconocer a Kyle.

Después de seis meses Craig hubiera querido decir que todo era más fácil. No lo era. Kyle tenía pesadillas al dormir, permanecía despierto todo el tiempo, salvo cuando su cuerpo colapsaba y se desmayaba, solo para despertar con respiración agitada y lágrimas al borde de los ojos. Sus temblores se volvieron peores cuando una noticia de Wendy apareció en las noticias, al parecer la chica después de matar a Cartman se quedó en una esquina de la habitación, llorando mientras seguía maldiciendo a Eric Cartman; ahora se encontraba a punto de ser sentenciada.

Craig tuvo que conseguir empleo después del segundo mes, pues el dinero no era suficiente para dos personas por más que economizaran. Así que temiendo lo peor, tuvo que alejarse unos kilómetros de ahí, haciéndole prometer a Kyle cada día antes de marcharse que lo encontraría ahí, con vida. Él nunca contestaba, pero siempre le pedía traer algunas donas de su trabajo para disfrutarlas juntos por la noche, eso era el seguro de Craig.

Si bien sabía que quizás ambos necesitaban más ayuda que él uno al otro, el salario de un joven que trabajaba de cajero en una tienda de donas era insuficiente para poder pagar algo más que la comida diaria, los servicios y el arriendo. Además de que no deseaba arriesgarse a que pudieran identificar a Kyle, sobre todo porque tenían la ligera sospecha de que Wendy no trabajó sola en la muerte de Cartman. Así que lo único que podía hacer era intentar mantener esa sonrisa absurda delante de él, para que aquello tan superficial que tenían no terminará por derrumbarse.

— ¿Estás enamorado de alguien, Craig? —preguntó alguna vez una chica de su trabajo. —Siempre te llevas las donas sobrantes, especialmente las que has hecho tú.

—Sí.

— ¿Y esa persona está enamorada de ti?

Se quedó callado un rato antes de que el gerente interrumpiera y volviera a ponerlos a trabajar. Esa respuesta no deseaba escucharla salir de sus labios ni de los de Kyle, porque en el momento que lo hicieran, culminaría toda su travesía. Después de todo lo vivido, lo último en lo que Kyle deseaba pensar es que si le quedaban sentimientos por alguien. Y Craig estaba satisfecho con eso, que no lo pensara, que siguiera así, rogaba a Dios que jamás llegara aquella contestación, que ambos pudieran mantener sus bocas cerradas toda la vida juntos que tenían por delante.

—Llegué, Kyle.

Al entrar notó como Kyle escondió algo detrás de él, aturdido por su repentina entrada. Craig alzó una ceja, dejando su cargamento en la mesa, se acercó a él, pensando que podría ser algo para lastimarse. Cuando Kyle notó su mirada, frunció la boca, en modo de reproche.

—No es nada malo. —dijo, cohibido. Craig se acercó un poco más, escuchando el quejido contrario al tenerlo a unos centímetros de él.

—Si no fuera nada malo me lo mostrarías, Kyle. —su aliento pegó a los labios del contrario, quien se estremeció un momento.

—Mierda, Craig. Eres un pesado incluso en tu cumpleaños. —rezongó él, aventándole a la cara la pequeña caja de chocolates que compró a escondidas de él.

— ¿Cumpleaños? —murmuró Craig. — ¿De dónde sacaste esto?

—He estado ayudando a la vieja bruja de abajo con pequeños quehaceres, a cambio me da unas cuantas monedas. —Kyle se encogió de hombros. —No pensé que fueras tan idiota para olvidar tu cumpleaños.

— ¿De repente me insultas? —preguntó sarcástico. —Incluso estás hablando más de lo usual, ¿es por mi cumpleaños?

—Puedo callarme. —se quejó.

Craig apretó con cuidado la caja en sus manos, atesorándola. —No, me encanta escucharte.

Después de eso el ambiente se volvió mucho menos depresivo, Kyle ahora le contestaba cuando se marchaba, diciéndole que estaría ahí, aunque sin voltear a verlo. Craig entonces comenzó a fantasear que todo podría llegar a ser mucho mejor que antes, que su nueva vida recién comenzaba.

No obstante, una vez que él se marchaba, Kyle contemplaba la puerta por varios minutos, esperando a que no volviera a entrar. Una vez que se aseguraba de que así fuera, caminaba por toda la pequeña habitación, hasta llegar a los utensilios de limpieza, donde tomaba un trapo y comenzaba a limpiar toda la sangre de la habitación. Porque una vez que Craig se marchaba, ésta se llenaba de sangre, charcos que a veces parecían lagos, las paredes blancas se ensuciaban con los nombres de todo su pasado, uno tras otro hasta dejarla como una mancha roja imborrable. Había intentado escapar los primeros días que aquello comenzó a ocurrir, pero afuera no era diferente, incluso era mucho peor. Y se dio cuenta que todo se quitaba cuando Craig aparecía, en cuanto abría la puerta y le sonreía, la normalidad volvía.

Así que incluso en el baño de sangre se permitió crear un regalo para él.

Kyle miró a Craig, tenía una diminuta sonrisa en el rostro, tarareando una vieja canción que llegó a ser conocida hace mucho tiempo. El aroma delicioso que inundó la habitación hizo que Tucker volteara a él con un aire de satisfacción, esperando alguna reacción mucho más alegre, obtuvo algo mejor, Kyle lo rodeó con sus brazos por la parte de atrás, justo por la altura del estómago y le pegó a él, aspirando la fragancia a jabón barato y sudor. Craig tomó sus manos, complacido.

—Gracias, Craig.

Él sintió un pequeño malestar por aquel agradecimiento, no obstante, dejó de prestarle atención a aquella alarma cuando Kyle lo besó. Las chispas de electricidad no volvieron a aparecer, solo un viento frío que se colaba por la ventana, que estremeció el corazón de ambos chicos. Durmieron abrazados luego de mucho tiempo de no hacerlo, Craig se aferró a Kyle lo mejor que pudo, intentando consolarlo incluso en sus pesadillas.

No funcionó.

"Hoy es un bello día soleado."

Esas palabras siempre despertaban a Kyle después de una pesadilla, acto seguido Craig abriría los ojos preguntando si se encontraba bien y él mentiría diciendo que sí, que solo era el ruido por la mañana. Al principio Craig intentó apagar el radio, Kyle no se lo permitió, porque tenía miedo de que sin esas palabras se quedaría por siempre atrapado en esos infinitos sueños de agonía.

Desde lo ocurrido con la noticia de Wendy la sangre por fin logró desaparecer de todo lugar a donde iba, solo que fue sustituida por algo mucho peor. Por ellos; su madre, Stan y Eric lo rodeaban todo el tiempo, culpándolo en silencio. Hubiera querido que dijeran algo, que gritaran todo el tiempo incluso si eso significaba no dormir nunca, pero solo se quedaban ahí, parados, esperando algo. Kyle sabía lo que deseaban dos de ellos, pero no se lo permitió, sobre todo porque cuando intentó hacerlo, acercándose una navaja de cortar a la muñeca, la expresión de Stan cambió a una mucho más terrorífica.

"No perdonaré tus pecados incluso aunque entregues tu patética vida." Fue lo que leyó en su rostro.

—Kyle. —Craig lo llamó, preocupado. Él reaccionó segundos más tarde, volteando a ambos lados para asegurarse de que no siguieran en la habitación. — ¿Estás bien?

—Sí. —titubeó. —Solo me preguntaba cuando tendríamos una verdadera cita.

Las mejillas de Craig se colorearon ante el comentario espontáneo.

—Bueno, el dinero y las cosas… además…

—Arruinas el momento, Fucker. —se burló, haciendo un gesto de desagrado. —Lo único que tienes que decir es: "en mi próximo descanso."

—Eso es mañana. —bufó él.

—Exacto.

Fue una cita demasiado ordinaria, pero feliz. Ambos decidieron caminar por un parque cercano, comprar un par de helados y platicar acerca de una película que vieron el fin de semana por el televisor. Hubo un par de comentarios sarcásticos, algunas risas e incluso Craig se permitió besarlo por un par de minutos. Kyle entonces pegó su helado a su rostro, haciendo que la nariz del otro se hundiera en él; se veía gracioso y adorable con una mancha blanca en la punta que pronto se resbaló al suelo. Cuando Craig intentó hacer lo mismo, Kyle le robó un pequeño beso que causó molestia fingida en el contrario al no obtener su pequeña venganza. Así que cuando sus intenciones de que eso no terminaría ahí salieron a relucir, Kyle emprendió la corrida, no dejando que lo alcanzara; Craig en cualquier momento pudo acelerar, tomarlo entre sus brazos y darle un nuevo beso, sin embargo, dejó que se le adelantara unos metros más, queriendo contemplar esa risa genuina un poco más de tiempo.

—Terminé apestando a sudor. —se quejó Kyle luego de volver al departamento.

—Te dije que no corrieras más, pero seguiste sin escucharme. ¿Estás compitiendo para un maratón, Broflovski? —reprendió.

—Dices eso porque te gané, imbécil.

— ¡Te deje ganar!

—Los perdedores siempre dicen eso. —se burló.

—Vamos a bañarnos. —Craig lo empujó a la pequeña ducha del lugar, un sitio donde apenas cabía una persona ahora pasaba a ser de dos. Kyle formó una sonrisa irónica cuando Craig comenzó a desvestirlos, sintió su mano recorrer su pecho, notando las cicatrices que tenía, fue donde lo detuvo, no queriendo pensar en el pasado en ese instante, llevó su mano a su rostro, reposándolo en ella. El corazón de Craig se partió con esa diminuta acción.

Así que una vez más, Kyle se dejó envolver por el cuerpo contrario, y así mismo, lo envolvió con el suyo.

Despertó mucho más temprano de lo usual, Kyle a esa hora incluso ya se encontraba levantado, contemplando por la ventana la fría madrugada. Craig ni siquiera sintió el momento en el que se despegó de su lado. Al mirar el reloj, notó que faltaban veinte minutos para el amanecer.

— ¿Qué quieres de desayunar hoy? —después de ir al baño, faltaban quince minutos para el amanecer.

—Humm…—él pareció meditarlo un poco, antes de sonreírle. —Wafles.

— ¿Ehh? —Craig frunció la boca. — ¿Tan de repente?

—Bueno, no hay huevos ni nada que podamos cocinar. —Kyle se encogió de hombros, sin borrar aquella bonita expresión de su rostro. —Wafles suena la mejor opción. Wafles y café.

Al imaginarlos a Craig le rugió el estómago.

—Bien. Iré a la tienda, Kyle. —dijo Craig, ahora convencido. —Volveré.

Después de esa conversación quedaban diez minutos antes del amanecer. Kyle observó su espalda hasta el momento en que la puerta hizo un ruido sordo al cerrarse; de inmediato los tres volvieron a abordarlo, ahora mucho más cerca de lo usual. Había llegado el momento, porque Craig olvidó decir las palabras mágicas: "¿estarás aquí cuando vuelva?".

Nada duraba para siempre.

Al ver el rostro perturbado de Stanley de nuevo, emitió una pequeña risa. —Lo siento, Stanley. —comentó, tomando la silla, después de asegurarse de atar bien la cuerda. —Puedes maldecirme lo que quieras en el infierno, después de todo, te veré ahí.

Sintió la cuerda áspera en sus manos, y una imagen de Craig vino a su mente, miró a la puerta por un momento, como esperando el instante donde el entrara y lo detuviera de nuevo. Al colocar la cuerda alrededor de su cuello, miró al frente, Stan, Cartman y su madre ya no se encontraban ahí. Perdió la cabeza al estar ahogado en la miseria, tanto que incluso esos monstruos del pasado aprovecharon esa abertura para colarse en ella. Sus pies le fallaron al correr, así que ahora se entregaba a ellos.

Estaba cansado. La oscuridad lo embriagó por completo, hundiéndolo hasta tocar lo más profundo. No había forma de volver a llegar a la superficie, por más que Craig tratara de tirar, solo conseguiría llevárselo consigo. Lo lamentaba, porque no pudo decirle que de verdad se había imaginado una vida junto a él. Hubiera sido un futuro precioso a su lado. Le deseaba cualquier felicidad que pudiera encontrar, porque él era una luz brillante que no merecía ser contaminada por nadie.

—No estás destinado a estar aquí atrapado conmigo, Craig. —murmuró, sintiendo unas cuantas lágrimas escurrirle por las mejillas.

"Incluso si pudiera regresar, todo solo se derrumbaría otra vez."

—He vuelto, Kyle. —anunció, abriendo la puerta. —La vieja bruja me ha dado una tremenda regañada porque hemos hecho mucho ruido… anoche.

Al contemplarlo ahí, balanceándose de un lado a otro, faltaban cinco minutos para el amanecer.

— ¿Kyle…?

Craig tomó su mano, temblando, la besó con gentileza y no la soltó incluso cuando subió a la silla, una vez ahí, amarró su mano a la de Kyle, para no soltarlo nunca, incluso en la eternidad. Lo acompañaría a donde fuera, estaría ahí para protegerlo de nuevo, incluso si eso significaba ir al infierno.

—Estoy aquí, Kyle, para ti, para siempre.

Mientras la cuerda se contraía sobre su cuello y su cuerpo buscaba aire desesperadamente, Craig lo último que escuchó antes de que sus ojos se cerraran para siempre, fue:

"Queridos amigos, hoy también será un precioso día soleado."

La voz del presentador era cantarina, contento de su pronóstico que despertaba a todos con una sonrisa, sin embargo, está vez ninguno de los dos despertaría.

Fin.


No sé si sea porque estoy un poquito más sensible de lo usual, pero lloré tantito con el final. Ciertamente había más opciones para ellos, pero ninguna condujo a un final bueno, al menos aquí, es poético.

Kyle ya había sufrido suficiente, incluso perdió la cordura. Craig en cambio, solo fue el mártir de está historia, alguien que se involucró demasiado en donde no debía y ahora está junto a él en la eternidad.

En fin, ¡muchas gracias por leer y por la paciencia que le tuvieron a ésta historia! Me hace feliz ponerle un puntito de terminada. Ojalá les haya gustado tanto como a mí. Al principio era como "coger, cogida, coger", después evolucionó a algo mucho más profundo. Gracias por sus comentarios de ánimo, gracias por brindarme un poco de su tiempo al leerme. Los quiero mucho. Espero poder traerles una nueva historia, mucho más feliz y bonita como acostumbro a hacerlas.

Y antes de despedirme, recuerden que cualquier sentimiento representado aquí es ficción y que si se sienten en algún momento así, recurran a la ayuda especializada. La vida es preciosa, dura, pero preciosa por las personas que encontramos en el camino.

¡Que tengas una muy feliz vida!

Srta. Diethel.