Del sufrimiento han surgido
las almas más fuertes;
los espíritus más vibrantes están
llenos de heridas cauterizadas.

Cantó un gallo. Los olores de la panadería impregnaron el viento y flotaron por el aire. Se oyó el estruendo del camión de un granjero repiqueteando por la carretera, que estaba desierta a aquellas horas de la mañana. Legolas no prestó atención a ninguna de aquellas cosas mientras entraba en Belfort.

Había un par de tiendas abiertas, pero Legolas no sabía si debía entrar a pedir indicaciones. No hablaba francés y no era sensato dejar que alguien se enterase de que era extranjero. Así que para encontrar la casa de huéspedes se vio obligado a buscar calle por calle.

El sol ya estaba alto en el cielo cuando la encontró. Supo que era la casa correcta desde el minuto en el que puso los ojos en ella porque en el porche delantero, sentados cómodamente como si no tuvieran ninguna preocupación y hablando entre ellos, estaban Elrond y Gandalf. No necesitaron más que una ojeada para saber que algo había salido terriblemente mal. Elrond se puso de pie inmediatamente.

— ¿Dónde está ella?

—Los soldados alemanes nos interceptaron mientras cruzábamos la frontera— dijo Legolas. —Estoy seguro de que se la llevan de vuelta a París.

Gandalf y Elrond se quedaron en silencio durante un largo instante.

—Bernhardi no va a alegrarse de verla— comentó Elrond.

— ¿Habéis oído lo que ocurrió en la mansión?— Preguntó Legolas.

Gandalf asintió.

—Hemos oído hablar mucho de los dos ladrones de joyas que apuñalaron a Bernhardi y lo dieron por muerto.

La puerta principal de la casa de huéspedes se abrió y Colin salió precipitadamente. Miró a Legolas e inmediatamente supo que se trataba de un elfo.

— ¿Dónde está Kate?

Colin buscó a su alrededor expectante. Gandalf puso una mano sobre la espalda de Colin y dijo suavemente:

—Kate ha sido arrestada. Seguramente la habrán llevado con Bernhardi. Simplemente tendremos que rescatarla cuando vayamos a por Elrohir y Elladan.

Las palabras de Gandalf sonaron razonables, pero Colin no estaba dispuesto a serlo.

— ¿Arrestada?— dijo Colin. — ¿Cómo ha ocurrido? Pensaba que habías dicho que tenía protección.

Buscó con la vista a Legolas y clavó en el la mirada.

—Tú. ¿Por qué no estás tú detrás de los barrotes? Deberías ser tú y no ella. Menudo protector que has resultado ser.

La mandíbula de Legolas se tensó y apretó los puños.

—Ella me ordenó que me marchase. Como heredera del trono de Gondor sabía que yo debía obedecerla— dijo Legolas. —Los alemanes estaban esperándonos en la frontera, buscando elfos. Kate se ha sacrificado para salvarme.

— ¿Salvarte?— dijo Colin. — ¡Pero ellos la matarán! Después de lo que le hizo a Bernhardi probablemente ya esté muerta. Y es culpa tuya. ¡Tus manos están manchadas con su sangre!

Ciego de rabia, Colin se precipitó hacia delante e intentó golpear a Legolas que se quedó quieto e impasible y encajó el golpe. Cuando quedó claro que no iba hacer nada para defenderse, Gandalf separó a Colin de Legolas y lo guío hacia la casa.

—Tiene razón. No debería haber permitido que lo hiciera— dijo Legolas—. No debería haberla dejado ir. Yo... — Legolas se tambaleó bajo el peso de la culpa. Elrond lo ayudó a sentarse en una silla y cogió su cabeza entre las manos. —Debería haber escuchado el dictado de mi corazón.

— ¿Y qué te dice el corazón?— preguntó Elrond suavemente.

—Debo salvarla— dijo Legolas. —Protegerla.

—Sé que esto te servirá de poco consuelo, pero Kate tenía razón— dijo Elrond con tono de voz amable. —Si te hubieras quedado, habría sido solo cuestión de tiempo que os rastreasen y os capturasen a ambos. Incluso en tu mejor momento, no eres rival para un ejército si estas solo.

—Podría haberlo intentado— dijo Legolas.

—Y entonces los dos habríais estado perdidos— dijo Elrond.

—Pero no estaría sintiendo este dolor— dijo Legolas.

—Todavía hay esperanza. No sabes con certeza si Kate está muerta. Si está viva la encontraremos. No lo dudes.

Elrond suspiró.

—Ella insistió en que os devolviera el colgante— dijo Legolas quitándoselo del cuello.

Elrond se lo quedó mirando un largo instante pero no lo cogió. La última vez que lo había visto había estado en el cuello de Arwen. No podía soportar tocarlo, no después de todo el tiempo que había pasado.

— ¿Podrías...Podrías guardarlo tú hasta que volvamos a Valinor?

Legolas se sorprendió, pero no dijo nada y se limitó a asentir. Mientras las emociones del momento empezaban a calmarse, Legolas recordó algo más.

—Tengo noticias de los gemelos.

Elrond se lo quedo mirando fijamente.

—Habla.

—No va ser fácil para ti asimilar lo que tengo que decirte y enseñarte — le avisó Legolas.

—Soy varios miles de años más viejo que tú y he visto más cosas de las que imaginas — dijo Elrond.

Legolas asintió.

—Cuando Kate estuvo en la oficina de Bernhardi, este la interrogó acerca de nosotros. Sabe que no somos hombres mortales. Kate encontró esto sobre su escritorio.

Legolas se llevó la mano al bolsillo y sacó el pisapapeles. Lo sostuvo en dirección a Elrond.

Elrond lo miró una vez y giró la cara hacia el cielo. De sus labios escapó un grito de tal angustia que no había hombre mortal que hubiera oído otro igual. Miles y miles de años de experimentar los horrores de la vida quedaron comprimidos en una sola pregunta en élfico que lanzó hacia el cielo.

— ¿Por qué?

Legolas inclinó la cabeza y no dijo nada. No había nada que pudiera decir. La misma pregunta había estado desgarrando su corazón, la misma angustia en su alma desde que había tenido que dejar a Kate en los bosques.

Gandalf apareció en el porche al instante.

— ¿Qué ha ocurrido?

Elrond le entregó el pisapapeles. Dentro se encontraba, perfectamente preservada, una oreja élfica. Gandalf miró el objeto, pero no dijo nada.

—Es de Elrohir— dijo Elrond. Recuperó la compostura inmediatamente y dio la impresión de que el arrebato que había sucedido momentos antes, nunca había ocurrido. —Debemos sacarlos de prisión inmediatamente.

—Nos llevará al menos dos días volver a París— le recordó Gandalf suavemente.

—Entonces debemos marcharnos inmediatamente— dijo Legolas.

Gandalf los miró a ambos pero no dijo nada. No había palabras que pudiesen moderar la ira de los elfos una vez desatada. Y él ni siquiera iba a intentarlo.

OoO

Kate pronto aprendió que el miedo viene en oleadas, como la marea que sube más y más alto, amenazando constantemente con engullirla.

Cuándo los Nazis se acercaron a ella en los bosques, Kate no había estado tan asustada en su vida. Hasta que la tiraron en la parte de atrás de un coche y fue conducida hasta París. Mientras se aproximaban a la prisión, Kate se dio cuenta de que el miedo que había sentido en los bosques no era nada en comparación con el que sentía al ver el edificio frente a ella. Y ese miedo era pequeño con el que sentía en aquel instante. Kate no sabía si estaba siendo conducida a una celda para ser torturada o asesinada.

El guardia la golpeó con el cañón de su rifle en la espalda para que siguiera andando. De una manera desapasionada sintió el sol entrando por la ventana con barrotes y se preguntó si volvería a sentirlo en su cara de nuevo. Y se preguntó cómo había podido dar algo así por supuesto

De repente el guardia se detuvo y abrió la puerta de una celda. Y antes de que pudiera comprender lo que estaba ocurriendo fue empujada dentro de un modo brusco. La puerta se cerró con llave tras ella.

Kate se giró con incertidumbre y se llevó un susto al ver que la celda estaba ya ocupada. Había un hombre sentado en el catre que se giró hacia ella.

Kate contuvo un grito mientras lo contemplaba. Su cabeza había sido afeitada y su pelo oscuro estaba empezando a crecer de nuevo. Ambas orejas habían desaparecido y en su lugar tenía unas heridas con los contornos serrados. Una camisa colgaba holgadamente de sus hombros y Kate pudo ver incisiones recientes recorriendo su pecho. Kate elevó la mirada para encontrarse con la del hombre y no hubo duda de quién era. La luz en sus ojos azules no se había extinguido. Era un elfo.

Él se puso en pie con dificultad. Era alto y la estaba mirando con una curiosidad afable.

—Kate Elessar — dijo. —No deberías estar aquí.

Los eventos de los últimos días finalmente hicieron mella y Kate comenzó a llorar. El elfo la rodeó con sus brazos. La llevó hasta su camastro y abrazó el cuerpo tembloroso de ella contra el suyo. Suavemente comenzó a cantar en élfico. Sobre que cantaba, ella no lo sabía, pero su mente pronto se llenó de una paz y una alegría como no la había sentido en semanas. Cuando su miedo y sus lágrimas estuvieron bajo control, ella levantó la cabeza para mirarle y sonrió.

— ¿Quién eres tú? ¿Elladan o Elrohir?

El levantó una ceja sorprendido.

— ¿Me recuerdas? No estaba seguro de que lo hicieras.

—Tu padre no ha hablado de otra cosa desde que llegó con Legolas— dijo Kate.

—Sabía que Legolas se aburría en Valinor, pero no me había dado cuenta de que mi padre estaba afligido por la misma inquietud— dijo irónicamente —. Supongo que Gandalf os ha tendido a todos correteando por la campiña. — Luego añadió. —Soy Elrohir.

Kate le echó un rápido vistazo.

— ¿Qué te han hecho?

—Atrocidades que habían sido vistas desde los tiempos anteriores a la Primera Edad, cuando los elfos se convirtieron en orcos— dijo Elrohir con toda naturalidad.

—Tú no eres un orco— dijo ella enérgicamente.

— ¿Cuantos orcos has visto, pequeña?— pregunto él con una sonrisa.

—Ninguno— admitió ella. —Pero si tú crees que te pareces a un orco, entonces Legolas me ha dado una descripción bastante errónea de ellos. Me dijo que eran criaturas espantosas y tú no pareces espantoso en absoluto.

—Eres realmente una descendiente de Arwen— dijo Elrohir.

—¿Cómo esta Elladan?

—No lo han tocado— dijo Elrohir. —Lo usan para compararnos. ¿Y el colgante?

—Ya debería estar a salvo en manos de tu padre. — dijo Kate.

— ¿Y tú? ¿Cómo has acabado aquí?— Dijo Elrohir. —No creo que Legolas se haya permitido perder de vista ni un instante a una muchacha hermosa como tú.

—Oh, es una larga historia— dijo Kate.

— ¿Y te preocupa que no tengamos tiempo?— Preguntó Elrohir sonriendo.

— ¿Qué quieres saber?— Preguntó Kate.

—Cuéntamelo todo— dijo Elrohir. Ambos se acomodaron sobre el camastro y Elrohir siguió abrazando a Kate con firmeza. Ella se apoyó contra él y comenzó a contarle la historia.

—Bueno, todo empezó cuando tú y tu hermano aparecisteis en mi azotea con un deslumbrante despliegue de dramatismo. Ropas misteriosas, carta misteriosa, que no pude leer, por cierto. Os llevasteis rápidamente a mi hermano sin decir mucho más que un hola en mi dirección.

Elrohir se echó a reír.

—Elladan tiene un don para el dramatismo. Pero no veo por qué nuestras ropas te resultaron misteriosas. Si nos hubieras visto antes de que Gandalf nos permitiese abandonar Valinor, lo habría entendido. Ambos habíamos elegido larga túnicas y no esos incómodos pantalones que todos los hombres mortales se han empeñado en llevar.

Fue el turno de Kate de reírse a carcajadas. El sonido de su risa le recordó a la de Colin.

— ¿Hay alguna noticia de Colin?

—Estaba bien la última vez que le vi— dijo Kate. —Pero no pude hablar con él. Eso fue...hace varias vidas.

—Me alegro de oírlo. No le deseo a nadie tener que enfrentarse a la ira de Bernhardi— dijo Elrohir, casi para sí mismo. Al oír aquellas palabras, Kate comenzó a temblar en sus brazos.
— ¿Qué sucede?— Preguntó Elrohir.

—No creo que vaya a salir de aquí con vida— dijo Kate suavemente.

Elrohir la abrazó con más fuerza.

—No pienses en esas cosas. No puedes ver todos los futuros. No importa lo desesperada que parezca la situación.

— ¿Tú puedes?— Preguntó Kate. — ¿Puedes decirme si saldré de aquí con vida?

Elrohir sacudió la cabeza.

—No, no poseo ese don. Pero no dejo de tener esperanza, pequeña. ¿Por qué iba a querer matarte Bernhardi?

—Yo le apuñalé.

— ¿Le apuñalaste?

—En el brazo, con la espada de Aragorn. Es así como recuperé el colgante— dijo Kate.

Una mirada de placer se extendió por la cara de Elrohir.

—Habría dado mis orejas por estar presente en esa batalla.

Kate le dio un suave codazo en las costillas a Elrohir por aquel comentario. Elrohir le sonrió.

—Ahora comienza por el principio y cuéntame todo lo que ha ocurrido. No te dejes nada—dijo Elrohir.

OoO