Cada hombre normal debe
sentirse tentado, en ocasiones, de escupir
en sus manos, izar la bandera negra
y comenzar a cortar gargantas
.

OoO

Capítulo 18

Colin, Gandalf, Legolas y Elrond estaban agachados en un callejón que se encontraba frente a la prisión. Legolas estaba preparando su arco. Elrond y Gandalf estaban revisando el plano de la planta baja que Colin les había conseguido. Sabían que Elladan y Elrohir habían sido vistos en el ala hospital de la prisión pero, como de fiables eran aquellas informaciones, no tenían modo de saberlo.

Colin sacudió la cabeza al ver a Legolas preparando su arco.

—No puedo creerme que penséis que eso es rival para los francotiradores que hay en los tejados de la prisión— dijo Colin.

Legolas no dijo nada y continuó trabajando.

— ¿Has visto un arquero elfo en acción?— Preguntó Elrond.

—Por supuesto que no— dijo Colin.

—Entonces no seas tan rápido juzgando— dijo Elrond.

Desde la seguridad del callejón, Legolas tensó su arco y se preparó para disparar.

Cuando Gandalf dio la señal, Legolas soltó una flecha y vieron como el francotirador se desplomaba silenciosamente en su puesto. Los cuatro francotiradores cayeron en rápida sucesión, hasta que el tejado que daba a su lado de la calle estuvo despejado.

Elrond vio la expresión de incredulidad de Colin y sonrió.

—Nuestras armas pueden parecer reliquias para el ojo desentrenado, pero son tan mortales como cualquier bala.

Elrond ofreció los cuchillos y dagas élficas de varios tamaños. Por primera vez, Colin comenzó a creer que su hermana tenía oportunidad de escaparse.

Legolas reunió sus dagas y las envainó bajo su abrigo. Luego se colgó el arco sobre el hombro. Colin se lo quedó mirando y sus ojos se encontraron.

—Trae de vuelta a mi hermana— dijo Colin.

—Lo haré— dijo Legolas con tanta seguridad que Colin le creyó.

—Escucha...umm...Kate no se habría dejado capturar si no pensase que valía la pena. No es el tipo de persona que confía automáticamente en todo el que conoce. Debes significar mucho para ella. Debería haber sido más respetuoso. — Divagó Colin. —Yo... Creo que todo lo que intento decir es que siento lo que he dicho antes. Espero que aceptes mis disculpas.

—No hay nada que perdonar— dijo Legolas. —Dejarla atrás ha sido la cosa más difícil que he hecho en mi vida.

— ¿De verdad te recordó que era una reina?— Preguntó Colin.

—Sí que lo hizo— dijo Legolas. —Y escuchando la fuerza de sus palabras tú tampoco lo habrías dudado.

—Te creo —dijo Colin echándose a reír.

— ¿Estamos preparados?— Preguntó Elrond.

Todos asintieron en silencio.

Legolas y Elrond se aproximaron a las puertas de la entrada de servicio custodiadas por dos guardias. Legolas disparó su arco y los dos soldados que estaban apostados allí murieron sin llegar a darse cuenta de lo que les había sucedido. Legolas, Gandalf y Colin se quedaron en pie frente a la entrada mientras Elrond se deslizaba dentro. Se oyó el ruido de una pequeña escaramuza y luego todo quedó en silencio. La puerta se abrió y Elrond les hizo señas para indicarles que el terreno estaba despejado.

Dentro, otros dos soldados estaban tirados en el suelo con la garganta rajada. La sangre manaba de las heridas creando un charco alrededor de sus cabezas. Colin y Gandalf pasaron sobre ellos.

—La unidad en la que se encuentra el hospital está en el lado más alejado— dijo Colin.

—Esta escalera parece tan buena como cualquier otra para llegar hasta allí— le dijo Gandalf.

—Guía tú— le pidió Colin.

Gandalf y Colin les hicieron una señal con la cabeza a Elrond y Legolas antes de desaparecer corriendo por las escaleras.

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Kate y Elrohir estaban acurrucados juntos en el catre. En los dos días que ella llevaba allí Elrohir apenas había dejado de abrazarla como si pensase que podía mantener los horrores de la prisión lejos de ella con aquel simple gesto. Y para sorpresa de Kate, funcionaba la mayor parte del tiempo. No sabía si eran las palabras en élfico que cantaba casi continuamente o la fuerza de sus brazos alrededor de ella, pero se sentía más fuerte de lo que lo había hecho desde que había llegado a Francia. Se preguntó si era alguna forma de poder élfico que Legolas había olvidado mencionar.

Pero la seguridad del día se vio hecha añicos cuando se abrió la puerta de la celda. Elrohir se puso en pie de un salto, colocándose delante de Kate. Bernhardi y dos guardias Nazis entraron en la habitación. El brazo de Bernhardi estaba en un cabestrillo. Les sonrió a ambos.

—Es bueno ver que os habéis acomodado tan bien juntos— dijo Bernhardi.

— Tómeme a mí y deje a Kate fuera de esto— dijo Elrohir.

Bernhardi sonrió.

—Sabes que es imposible. Kate me robó algo de gran valor y necesito preguntarle dónde está. Solo le llevará un segundo responderme.

—Yo no le he robado nada— dijo Kate. —Teníamos un acuerdo.

—Sí, pero yo no era consciente del valor del colgante hasta después de nuestro encuentro. Se marchó de una manera bastante… abrupta— dijo Bernhardi.

Les hizo señas a los guardias y ambos avanzaron hacia delante y clavaron la culata de sus rifles en el estómago de Elrohir, dejándolo sin respiración. Elrohir cayó hacia atrás sobre el camastro. Estaba luchando por ponerse en pie, cuando Bernhardi dijo:

—Un movimiento más y le disparo a ella.

Bernhardi tenía un arma apuntando a la cabeza de Kate. Elrohir clavó los ojos en los de Kate, pero no se movió. Bernhardi se giró hacia Kate:

—Dime donde está el colgante y te dejaré ir. Es tan fácil como eso.

—Yo...Yo no lo tengo. Por lo que yo sé puede que a estas horas ya esté en Inglaterra— dijo Kate.

Bernhardi la empujó de un modo brusco contra la pared, presionando su garganta con el brazo.

—No estoy particularmente interesado en hacerte daño.

—Puede hacerme todo el daño que quiera. Le estoy diciendo la verdad— dijo Kate, luchando por liberarse.

Bernhardi le sostuvo la mirada pero no aflojó su presa. Una sonrisa se extendió por su cara mientras se inclinaba sobre su oído y murmuraba:

—Hay otras formas menos violentas para conseguir que hables. — Su mano libre recorrió las curvas de su cuerpo y se apretó contra el de ella, separándole las piernas bruscamente con una rodilla. — ¿Quizá esto sea más de tu agrado?

Kate cerró los ojos. En su mente podía oír la voz de Elrohir cantando suavemente para ella.

Al otro lado de la habitación, el cuerpo de Elrohir estaba tenso como la cuerda de un arco, preparado para golpear. Estudió la situación. Estaba a punto de lanzarse a la acción y que le dieran a las consecuencias, cuando la alarma comenzó a sonar.

Bernhardi soltó inmediatamente a Kate. Se giró hacia sus guardias y les dio unas órdenes rápidas. Antes de cerrar la puerta de la celda, dijo:

—No hemos terminado por aquí.

Elrohir dijo una o dos palabras escogidas en élfico a la puerta cerrada y se acercó a Kate. Examinó su cuello, masajeándolo con los dedos suavemente.

—Eres más dura de lo que pareces, pequeña— dijo Elrohir.

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Bernhardi recorrió corriendo el pasillo. Uno de sus oficiales se reunió con él.

—Señor, estamos siendo atacados. Los guardias que estaban apostados en el tejado están muertos y también los que guardaban la entrada lateral.

—Comiencen la evacuación— dijo Bernhardi. —Nadie debe escapar.

—No podremos reunir suficientes camiones para transportar a todos los prisioneros— dijo el guardia.

—Entonces maten al resto— dijo Bernhardi.

El guardia asintió.

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Gandalf y Colin estaban a medio camino del ala del hospital cuando sonó la alarma.

—Será mejor que hagamos esto rápido— dijo Colin.

Gandalf asintió.

—Yo me haré cargo de los guardias. Tú busca a los gemelos.

Colin estuvo de acuerdo. A la cuenta de tres, Gandalf abrió la puerta del ala del hospital con una ráfaga de humo. Los guardias cayeron uno tras otro. Gandalf le arrancó las llaves a uno de ellos y se las lanzó a Colin, que las cogió a la carrera y se apresuró a recorrer el pasillo corriendo y comprobando las celdas.

Al final del pasillo, Colin encontró a Elladan, que estaba intacto. Su largo pelo oscuro enmarcaba su cara y sus ojos estaban llenos de furia.

— ¡Colin! Ya era hora de que aparecieras. Sácame de esta celda. — dijo mientras Colin manejaba con torpeza las llaves.

— ¿Dónde está Elrohir?— Preguntó Colin.

—Lo tienen abajo en las celdas comunes. Está débil y es más fácil moverlo sin que dé problemas— dijo Elladan. —Yo no me tomo a bien que me obliguen a moverme por la fuerza.

Gandalf se unió a ellos en el pasillo.

—Si Elrohir está en las celdas comunes, Legolas lo encontrará. Debemos llegar al tejado y mantener la ruta de escape despejada.

Gandalf buscó dentro de su abrigo y le entregó a Elladan una daga. La cogió ansiosamente entre sus manos, disfrutando claramente de la sensación de estar armado. Juntos subieron corriendo las escaleras.

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El patio de la prisión era un hervidero de actividad. Parecía que estuvieran ocurriendo un millar de cosas a la vez. Kate y Elrohir habían sido sacados de su celda y colocados en una fila creciente de prisioneros. Los guardias estaban metiendo docenas de prisioneros en la parte de atrás de camiones, mientras a su alrededor otros prisioneros estaban siendo ejecutados. El suelo estaba lleno de cadáveres y los disparos de las armas venían de todas partes.

Kate fue empujada hacia una fila de prisioneros que estaba siendo conducida a la parte de atrás de un camión. Miró hacia los tejados buscando una razón para lo que estaba ocurriendo, pero no vio nada fuera de lo común. Tropezó mientras era empujada hacia el camión. El guardia que estaba detrás de ella dio un pequeño grito y cayó al suelo. Aprovechando el momento de confusión que siguió, fue sacada de la fila y llevada hacia el hueco de una escalera cercana.

—Escúchame con mucha atención— dijo Elrohir. —Vuelve a la celda.

— ¿Qué? Preguntó Kate.

—Hazlo— dijo Elrohir. —Mi padre y los otros estarán buscándote en las celdas. Será peligroso si tienen que registrar la prisión entera.

Kate asintió.

— ¿Y qué pasa contigo?— preguntó ella.

—Haré todo lo que pueda para ayudarles. Dile a mi padre...— Elrohir sonrió. —Dile a mi padre que las Estancias de Mandos no son lo suficientemente grandes para retenerme por mucho tiempo.

Elrohir se agachó y le dio un beso rápido en la mejilla.

— ¡Ve!

Kate no tuvo oportunidad de protestar antes de que Elrohir saliese a toda velocidad por la puerta y se uniese a la locura.

Bernhardi corrió hasta su oficina y abrió de un tirón el armario donde guardaba las armas, detrás de su escritorio. Cogió un rifle y lo cargó con las manos temblorosas. Con un estruendo metálico una espada cayó sobre el escritorio a milímetros de sus dedos. Bernhardi se quedó congelado. Despacio alzó la mirada y sus ojos se encontraron con los de Elrond. La espada de Aragorn estaba en sus manos.

— ¿Qué les has hecho a mis hijos?— Preguntó Elrond, con una voz tan calmada que resultaba inquietante.

Bernhardi se quedó mirando aterrorizado a Elrond. Dio un vacilante paso hacia atrás, pero no tenía a donde ir.

— ¿Dónde están mis hijos?— Preguntó Elrond de nuevo.

— ¿Qué eres tú?

—Alguien que hace mucho tiempo que dejó de sentir compasión por basura como tú— dijo Elrond.

Elrond levanto la espada y con un rápido movimiento segó la oreja derecha de Bernhardi. Bernhardi gritó y cayó al suelo, agarrándose aquel lado de la cabeza. La sangre corría por su cara y sus dedos.

—Dónde están mis hijos— preguntó Elrond de nuevo.

—Vete al infierno— dijo Bernhardi apretando los dientes por el dolor. Elrond levantó la espada. Bernhardi no se estremeció.

—Recuerda el nombre de Aragorn— dijo Elrond.

—¿Por qué?—

—No sé a dónde irá tu espíritu cuando te mate— dijo Elrond. —Pero a donde quiera que vayas, no dudo de que Aragorn se encargará de hacer de tu eternidad una tortura.

Con un golpe precisamente ejecutado, la espada conectó con el cuello de Bernhardi.

Kate corrió por el pasillo y se detuvo en la puerta de la celda. Cada gramo de sentido común le decía que corriese en la dirección opuesta y que hiciera todo lo posible por evitar entrar de nuevo, pero confiaba en Elrohir con su vida. Abrió la puerta de la celda con aire reacio y entró dentro. De pie en medio de la habitación estaba Legolas. Tenía desenvainadas ambas dagas. Cuando la vio el alivio se extendió por su cara.

—Al no encontrarte aquí...me temía lo peor— dijo Legolas.

—Estoy bien— dijo Kate.

—Salgamos de aquí— dijo Legolas.

Ambos se deslizaron fuera de la celda y corrieron por el pasillo.

Al girar una esquina se encontraron de frente con tres soldados alemanes. Legolas se colocó entre ellos y Kate y les hizo frente, con las dagas en sus manos. Kate contempló asombrada y aturdida cómo Legolas atacaba hábilmente a los tres soldados. Las cuchillas parecían una extensión de su cuerpo. Sus movimientos eran tan rápidos que apenas podía ver el destello de luz en las hojas de los cuchillos antes de que se hundieran en la carne de los tres soldados.

—Rápido— dijo Legolas.

Kate pasó por encima de los cuerpos y siguió a Legolas escaleras abajo hasta la entrada de servicio.

En el tejado, Colin, Gandalf y Elladan se dividieron y tomaron caminos separados. Colin se arrastró por el lado occidental del tejado, pasando por encima de varios francotiradores muertos con flechas sobresaliendo de sus pechos. Todavía encontraba difícil de creer lo certeros que habían sido los disparos de Legolas.

Mientras giraba una esquina y se abría paso hacia el lado norte, vio un francotirador. El francotirador estaba de rodillas, apuntando a alguien en la calle. En silencio, Colin se alzó lo suficiente para poder mirar hacia abajo.

Horrorizado, vio a Kate y a Legolas apresurándose a esconderse en el callejón. Colin no estaba lo suficientemente cerca para atacar al francotirador, así que dejó de agacharse para atraer su atención.

— ¿Siempre disparas a niñas inocentes desde los tejados o es solo un extra por ser Nazi? — Preguntó Colin.

Al instante, el francotirador giró el rifle y apretó el gatillo. La bala golpeó a Colin en el pecho con toda su fuerza, derribándolo.

El francotirador volvió su atención de nuevo hacia la calle. Desde el otro lado del tejado, Elladan lanzó su daga, que atravesó el tejado con una velocidad sorprendente se clavó en su espalda y lo derribó del tejado.

Gandalf se arrodilló junto a Colin. La sangre manchaba la parte de delante de su camisa. Sus ojos miraban desenfocados a un cielo que ya no era capaz de ver. Estaba muerto.

Mientras Gandalf lloraba sobre el cuerpo de Colin, Elladan miró abajo desde el tejado. En la distancia pudo ver cómo Legolas y Kate se apresuraban a alejarse por las calles. La puerta del tejado se abrió y Elladan se giró en posición de ataque. Pero era Elrond.

La reunión fue agridulce. Gandalf no daba señales de alejarse de Colin. Elrond se acercó a él.

—Sabes que no podemos llevarlo con nosotros.

Gandalf extendió una mano y cerró los ojos de Colin. Le vino a la memoria las palabras de un poema de Bilbo. En voz baja recitó la estrofa.

Aunque yazco aquí al final del viaje

Enterrado en la profunda oscuridad,

Más allá de las fuertes y altas torres,

Más allá de las escarpadas montañas

Sobre todas las sombras que cabalgan el sol

Y los luceros que perduran por siempre:

No diré que el día se ha acabado

Ni me despediré de las estrellas.

Aunque todavía seguían en guerra, la vida continuaba y fue fácil para Legolas y Kate desaparecer entre las multitudes que caminaban por las callejuelas. El sol brillaba sobre la gente. Se oía el sonido de las risas y se olía la comida. Kate no podía creer que se tratase del mismo mundo que solo minutos antes había resultado tan aterrador.

Legolas la condujo hasta una fuente. Ambos se sentaron en el borde. Legolas se lavó discretamente la sangre que llevaba en las manos. Luego colocó una mano, húmeda y fría por el agua en la parte de atrás de su cuello, mientras ella recuperaba la respiración.

Se inclinó sobre su oreja y preguntó:

—¿Te encuentras bien para caminar?

Ella asintió y él la cogió del brazo y la alejó de la fuente. Kate vio como la gente se la quedaba mirando y ambos se apresuraron a marcharse de allí. Llamar la atención sobre sí mismos era algo que no querían hacer. Caminaron por las calles que dieron paso a barrios residenciales.

—Nos he encontrado un lugar donde pasar la noche— dijo Legolas. —Mañana nos reuniremos con Gandalf y Elrond. Ellos nos sacarán a salvo de Francia y volveremos a Inglaterra.

— ¿Has hablado con Colin? preguntó Kate, apretándole el brazo.

Legolas le sonrió.

—Está bastante bien. Me ha hecho un millón de preguntas sobre ti. Y no estuvo muy contento cuando tuve que dejarte atrás.

Lágrimas de alegría inundaron sus ojos y el color volvió a sus mejillas. No podía recordar un día más feliz en toda su vida.

—Fue duro convencerle de que se quedase atrás mientras te rescatábamos— dijo Legolas.

Subieron las escaleras de un hotel barato. Y de repente todo pareció cobrar vida y volverse hermoso y perfecto.

Legolas abrió la puerta de la pequeña habitación y la cerró tras ellos. Legolas abrió la ventana dejando que la brisa fresca del atardecer se colase dentro. Mientras se daba la vuelta, Kate recorrió el espacio entre ellos y lo envolvió con sus brazos en un abrazo cálido. Sorprendido, Legolas tropezó y dio un par de pasos hacia atrás antes de cogerla entre sus brazos. Podía sentir el corazón de Kate latiendo contra su pecho.

—No puedo creer que hayas venido a por mí. —dijo Kate.

— ¿Cómo puedes dudarlo?— preguntó él acariciándole la espalda con suavidad.

—No esperaba vivir lo suficiente para sentir de nuevo el sol en mi cara— dijo Kate y tembló al recordar la húmeda y fría celda.

—Habría ido a rescatarte aunque hubieses estado en las profundidades de Mordor, cautiva del propio Sauron— dijo Legolas.

Ella se aferró a él. Legolas la envolvió con sus brazos, apretándola con más fuerza en la calidez de su abrazo. Disfrutó de la sensación de tener el cuerpo de Kate apretado contra él, sabiendo que ella estaba segura en sus brazos. Sus manos vagaron libres hasta que se encontró retirando las lágrimas que caían de los ojos de ella.

—Dejarte atrás casi me arranca el espíritu del cuerpo— dijo Legolas.

Kate elevó la mirada para encontrarse con la de Legolas.

Mientras el bajaba los labios para posarse sobre los de ella por su mente corrieron miles de protestas nacidas de cientos de años de tradiciones élficas, pero el roce de su labios las acalló todas. Y ambos disfrutaron del momento con tal intensidad que la guerra, el colgante y los horrores del día fueron olvidados hasta que lo único cierto fue el cuerpo de Legolas sobre el de Kate, las manos de ella bailando sobre su piel y sus suaves gemidos de pasión llenando la habitación.