Tenemos que vivir, sin importar
Cuantos cielos hayan caído
- D.H. Lawrence
Capítulo 19
Los primeros rayos de sol que entraron por la ventana del dormitorio enmarcaron la cara Kate. Fue como si le hubieran colocado una corona de luz alrededor de la cabeza y Legolas pudo apreciar la nobleza de sus rasgos. En sus ojos anidaba la férrea voluntad de Aragorn y en sus movimientos la gracia de Arwen. Podía ver parte de los dos en ella y aun así era completamente única. Era realmente heredera de Gondor.
—Que reina habrías sido— dijo Legolas en voz baja.
— ¿Tengo que ser una reina para llamar tu atención?
Legolas sonrió. —Ya habías llamado mi atención ante de saber que tenías sangre noble.
—A los... que... ¿diez minutos?— Preguntó Kate risueña.
—Hizo falta aún menos tiempo para que tu espíritu cautivase al mío— dijo Legolas.
—El Libro Rojo no mencionaba que los elfos fuesen unos románticos incurables— dijo Kate.
Legolas volvió a recostarse sobre su almohada y se echó a reir.
—Eso espero. Lo escribieron los Hobbits. Si hubieses tenido la oportunidad de leer detenidamente los libros de las bibliotecas de Rivendell o Lothlorien, estoy seguro de que habrías encontrado libros sobre las cuestiones más sutiles acerca del amor.
Ella se giró para mirarle y dijo:
—Como las bibliotecas de Rivendell han desaparecido vas a tener que contarme lo que había en esos libros.
—No puedo contartelo— dijo él. Sus ojos tenían un brillo travieso. —Pero puedes convencerme para que te lo muestre.
Una sonrisa se extendió por la cara de Kate.
— ¿A qué hora tenemos que encontrarnos con Gandalf?—preguntó ella.
—No hasta bien pasada la media tarde— dijo Legolas. —Ese tiempo debería ser más que suficiente para repasar al menos el volumen uno.
— ¿Cuantos volúmenes hay?— Preguntó Kate.
—Cientos— murmuró Legolas mientras sus besos seguían un camino ascendente por su cuello hasta llegar a sus labios.
OoO
Legolas y Kate estaban sentados en silencio en el autobús público mientras recorrían la ciudad para encontrarse con los otros. La mano de Kate estaba entrelazada con la de Legolas.
La costumbre de caminar cogidos de la mano no era tan frecuente entre los elfos como entre los mortales. Durante el tiempo que había pasado entre ellos, Legolas había visto a menudo a enamorados caminando de la mano y a menudo se había preguntado porque le daban tanta importancia a un gesto tan simple.
Ya no se lo preguntaba. Incluso un roce tan inocente como el de sus dedos entrelazados era capaz de hacer que llamas de fuego recorrieran su cuerpo. No era extraño que la costumbre de darse la mano fuese tan corriente, si a todos los bombardeaban sensaciones que sentía Legolas con solo sostener la mano de Kate.
El autobús se detuvo y ambos bajaron. Kate sonrió.
—No puedo esperar para ver a Colin.
—Sé que él está deseando verte también— dijo Legolas.
— ¿Ha dicho Gandalf cuando nos marcharemos hacia la frontera?
Legolas sacudió la cabeza.
—No tenía todos los detalles, pero estoy seguro de que será pronto. No me sorprendería que nos marchásemos inmediatamente.
— ¿Esta tarde?
—Cuánto más nos quedemos en Francia más peligro correremos—dijo Legolas.
—Estoy preparada para irme a casa— respondió Kate.
—También yo.
Kate levanto la cabeza para mirarle.
— ¿A Valinor?
—A dónde quiera que tú estés segura— dijo Legolas suavemente.
Kate apretó la mano de Legolas y ambos subieron los escalones de la casa donde los otros les estaban esperando.
OoO
Elrond y Elladan se sorprendieron cuando Legolas entró en la casa. Inmediatamente se dieron cuenta de que se había unido a Kate. Elrond abrió la boca para hablar pero se lo pensó mejor. Había preocupaciones más importantes en la mente de todo el mundo.
— ¿Dónde está Elrohir?— Preguntó Elladan.
—Me ha pedido que os diga que las Salas de Mandos son demasiado pequeñas para retenerlo por mucho tiempo— dijo Kate alegremente, sin darse cuenta del significado de sus palabras. Creía que había querido decir que se reunirían después en Valinor.
Elladan tragó aire. Elrond se tambaleó al oír la noticia y sentó abruptamente en una silla.
— ¿Qué significa?— Pregunto Kate viendo su reacción.
Legolas murmuró:
—Es dónde van los espíritus de los elfos después de morir.
Los ojos de Kate se llenaron de lágrimas.
—No lo sabía. Cuándo me lo dijo... Sonaba tan feliz...como si fuese una broma entre vosotros. No tenía ni idea.
—Probablemente no pretendía asustarte— dijo Legolas.
Las lágrimas aguijoneaban los ojos de Kate.
—Debería habérmelo dicho— dijo Kate enfadada. —Si hubiera sabido lo que significaba, nunca le habría dejado marcharse.
—Elrohir es bastante...testarudo— dijo Elladan. —Dudo que hubieras conseguido que cambiase de idea.
—Oh, sí que le habría hecho cambiar de idea.
El enfado de Kate se transformó en tristeza y las lágrimas fluyeron libremente por su cara. Recorrió la habitación con la mirada.
— ¿Dónde está Colin?
Gandalf se arrodilló frente a ella.
—Colin no va a volver.
— ¿Qué quieres decir?— Preguntó Kate.
—Murió en la prisión.
El dolor la golpeó como si hubiera sido un golpe físico y cayó de rodillas. Estaba tan consumida por la pérdida que ni siquiera oyó los gritos que salieron de sus labios. Legolas la sostuvo suavemente entre sus brazos. Los sollozos sacudían su cuerpo con tanta fuerza que Legolas temió que su espíritu se separase de su cuerpo.
Al otro lado de la habitación, Elrond y Elladan estaban lidiando con su propia tristeza. Por desgracia había poco tiempo para lamentar su pérdida. Gandalf les dio todo el tiempo que pudo pero finalmente dijo con voz suave:
—Tenemos que irnos. Tenemos la eternidad para llorarlos, pero no tenemos el lujo de hacerlo aquí y ahora.
— ¿Qué quieres que hagamos? Preguntó Elladan.
—Cruzaremos la frontera Suiza al anochecer— dijo Gandalf. —Voy a recoger un camión con el que podamos conducir hasta la frontera. Está a una manzana de aquí.
Gandalf miró a Legolas que todavía llevaba las ropas de la granja que había robado hacía varias noches.
—Necesito que me acompañes. Eres el único que lleva ropa adecuada.
Legolas no dio indicios de ir a moverse mientras Kate se aferraba a él.
Elrond se puso de pie. Había una expresión de profundo cansancio en su cara.
—Yo cuidaré de ella.
De mala gana, Legolas se puso de pie con Kate todavía apretada contra su pecho y dejo que Elrond ocupase su lugar.
OoO
El camión llegó un par de minutos más tarde. Era un camión de reparto con una amplia parte de atrás, así que pudieron colocarse en posiciones relativamente cómodas.
Elrond subió al camión llevando a Kate en brazos. Elladan se sentó frente a ellos. Gandalf y Legolas iban en el asiento delantero. El camión arrancó con un movimiento brusco que los sacudió a todos con violencia.
—,¿Gandalf sabe conducir?— Preguntó Elladan.
—No— dijo Elrond.
Mientras el camión comenzaba su errático viaje por la carretera, Elladan suspiró.
—Este va a ser un viaje muy largo.
—Lo será— dijo Elrond bajando la mirada para contemplar a Kate. Tenía la cabeza apoyada sobre su regazo. Sus sollozos se habían convertido en resoplidos y no hizo ningún gesto que indicase que fuera a moverse. Elrond alisó el pelo de Kate y comenzó a cantarle suavemente.
—Por favor. No cantes — le rogó ella.
— ¿Por qué?—
—Suenas como Elrohir. — Kate comenzó a llorar de nuevo.
Elrond se quedó petrificado. No podía pensar, no podía moverse. Lo único que podía hacer era permanecer sentado y dejar que el dolor lo atravesase. Por primera vez desde que Celebrían había dejado la Tierra Media, Elrond deseó poder aislarse del mundo, hacer que el dolor cesase y recordar los días brillantes en los que la Tierra Media era nueva, sus hijos jóvenes y el mundo estaba en paz. Y haciendo algo que rara vez hacía, cerró los ojos.
