La vida es triste y solemne.
Nos depositan en un mundo maravilloso,
donde nos conocemos unos a otros,
nos saludamos y vagabundeamos
juntos durante un breve instante.
Entonces perdemos al otro y
desaparecemos tan repentinamente
como hemos venido

OoO

Capítulo 20

Kate estaba de pie sobre las escaleras frente a la casa de su abuelo. Hacía tres semanas que habían vuelto a Escocia. Suponía que el viaje de vuelta había sido peligroso. Su mente había estado tan nublada por el dolor que apenas lo recordaba. Era una mezcolanza de fragmentos: susurros en la oscuridad, un viaje lleno de baches en camión, haber corrido frenéticamente por un terreno rocoso, seguido de un interminable número de transbordos hasta que habían llegado a Escocia.

Recordaba a Legolas sentado junto a su cama. Y Elrond hablando en élfico sobre ella mientras dormía. Pero lo que Kate recordaba con más claridad era el interminable dolor que pensó que iba a consumirla. Y aunque en tres semanas apenas había tenido tiempo de empezar a lidiar con la muerte de su hermano, era tiempo suficiente para darse cuenta de que el mundo continuaba sin él. Por mucho que le sorprendiera, el sol continuaba saliendo cada mañana.

Kate recorrió con la mirada el terreno. Elladan y Elrond estaban sentados bajo el árbol de Arwen. Llevaban allí toda la mañana y parte de la tarde. Kate se preguntó si era alguna clase de ceremonia élfica. La noche pasada, Kate se había sentido por fin lo suficientemente bien para hablarles sobre Elrohir. No había sido fácil, ni escuchar ni contar lo que había sucedido. Pero se las había apañado para darles un retrato claro de los últimos días de Elrohir.

Gandalf estaba ocupado haciendo preparativos para su retorno a Valinor. La falta de puertos le estaba causando más problemas de los que había esperado y se habían visto forzados a permanecer en Escocia algunas semanas más. Sin embargo, finalmente había conseguido un bote e iban a marcharse al día siguiente al amanecer.

Legolas se iba con ellos.

Como si supiera en que estaba pensando, Legolas se puso de pie.

—No tengo por qué marcharme.

—Sí, tienes que hacerlo— dijo Kate con firmeza. No habían hecho nada salvo hablar de ello durante los tres últimos días y nada había conseguido que ella cambiase de opinión. —Háblame otra vez de Valinor.

Legolas suspiró.

—Hay interminables tramos de playas de arena blanca como el cristal. Suaves y lisas bajo los pies. Más allá de la orilla hay campos de densa hierba. Y los árboles Mallorn se vuelven dorados en otoño. Ojalá pudieras verlos.

—Suena hermoso.

—No es nada comparado contigo— dijo Legolas.

—Tú no perteneces a este mundo— dijo Kate. —No permitiré que seas mi niñera cuando me vuelva vieja y muera.

—No me importan tu edad o tu apariencia— dijo Legolas. —Llenas un espacio en mí que no sabía que estuviera vacío.

Los ojos de Kate se llenaron de lágrimas y cogió las manos de Legolas entre las suyas.

—Por eso no puedes quedarte. Sé lo difícil que fue para ti ver morir a Gimli. No voy a cargarte con mi mortalidad. No si puedo evitarlo.

—No quiero tu protección. Quiero…

— ¿Qué? ¿Que sea inmortal? Eso no va a ocurrir. — Las lágrimas se deslizaron por la cara de Kate. —Y más que eso. Si te quedas tendríamos que escondernos. Si alguien se diese cuenta de que eres diferente...puede que te hagan lo mismo que le hicieron a Elrohir. No puedo vivir constantemente con ese miedo.

—No quiero dejarte aquí sola— dijo Legolas.

—No quiero que me dejes— dijo Kate. —Pero prefiero estar sola y saber que estás a salvo. Si algo te ocurriera mientras estás aquí conmigo...nunca podría perdonármelo. ¿No lo entiendes?

Legolas asintió.

—Lo entiendo.

El la abrazó son suavidad. Kate todavía estaba de pie, abrazada a Legolas, cuando Elladan se acercó.

—Mi padre desea hablar contigo— dijo Elladan.

Kate asintió. Bajo los escalones y cruzó el patio hasta donde Elrond estaba en pie junto a la tumba de Arwen. A pesar de todo lo que había ocurrido, a Kate todavía le intimidaba Elrond. Se acercó a él con cautela. Al sentir su reticencia, Elrond sonrió y le hizo gestos para que se acercase.

—Siéntate— dijo Elrond.

Ella se sentó junto a él bajo el árbol.

—Soy viejo, Kate. Me he acostumbrado a hacer las cosas a mi manera. Te he dicho cosas que quizá hayan sido demasiado duras o insensibles por mi parte. Quiero asegurarte que no soy ninguna de las dos cosas. — dijo Elrond.

—Me merecía tus palabras— dijo Kate.

Elrond sacudió la cabeza.

—No es cierto. No debería haber esperado la perfección. Nunca he esperado que mis hijos sean perfectos y no debería haberla esperado de ti.

Elrond suspiró y miró hacia arriba, hacia las ramas del árbol.

—Piensas en Arwen cuando me ves— dijo Kate.

Elrond asintió.

—Aunque no te pareces físicamente a ella, tu espíritu sí que se parece mucho.

—Yo...espero que mi vida honre su memoria— dijo Kate. —Y la de Aragorn.

—Este ya no es el mismo mundo. Has vivido una vida resguardada. Pero aceptaste el desafío sin dudarlo— dijo Elrond —Solo siento que las cosas no hayan acabado de un modo diferente.

—Yo también— dijo Kate con voz queda.

—Sé que ya has hecho mucho por nosotros, pero tengo que pedirte dos favores.

—Haré lo que pueda— dijo Kate.

—En primer lugar, me gustaría que fueses la guardiana de Anduril. — Elrond dirigió la mano hacía el suelo, cogió la espada que estaba junto a él y se la ofreció.

Kate la tomó entre sus manos.

—Te pertenece por derecho— dijo Elrond. —Y sé que Aragorn querría que estuviese en tu poder.

—Gracias— dijo Kate.

—Y el segundo favor tiene que ver con Elrohir.

—Te lo he contado todo— dijo Kate —Si hubiera más te lo habría hecho saber.

—Lo sé, pero lo que tengo que pedirte es algo distinto. — dijo Elrond. —Hay una oportunidad, aunque sea pequeña, de que todavía esté vivo. Si ese es el caso, sé que él te encontrará. Dile que lo esperamos con los brazos abiertos.

— ¿No lo sabe ya?— Dijo Kate.

Elrond bajó la cabeza.

—Después de todo lo que le ha ocurrido, puede que...sienta...que ya no pertenece a Valinor. Debes convencerlo de lo contrario.

—Haré lo que pueda— dijo Kate.

—Es todo lo que pido— dijo Elrond.

OoO

El rugido de las olas lamiendo la orilla llenaba el aire con la única conversación necesaria, mientras caminaban playa abajo esperando al yate. Aunque no era el tipo de barco con el que se acostumbraba a navegar a Valinor, el yate era lo único que Gandalf había podido encontrar con tan poco tiempo.

Kate siempre había odiado las despedidas. Y esta parecía la más difícil de todas. Se acercó a Elrond primero.

—Lo siento— dijo ella.

Elrond la miró confundido.

— ¿Por qué?

Kate se encogió de hombros.

—No lo sé. Pero lo siento de todas maneras.

Elrond sonrió.

—No hay nada por lo que debas sentirlo. Te has comportado de una manera admirable. Estoy...bastante orgulloso de ti.

Kate lo abrazó con fuerza y el lentamente la envolvió con sus brazos para devolverle el abrazo. Los ojos de Elrond se llenaron de lágrimas, para sorpresa de todo el mundo. Esta era la despedida que siempre había imaginado que debería haber tenido con Arwen la primera vez que había dejado la Tierra Media. Pero Arwen estaba demasiado desconsolada para verle partir. En aquel momento, Elrond no había podido culparla, pero había echado de menos un último abrazo y había envidiado la escolta que había acudido a despedirse de Frodo. A través de Kate, sintió la fuerza y la gracia de Arwen abrazándole a través de las generaciones.

Elladan fue el siguiente en aproximarse.

—Me alegro de que mi hermano estuviese contigo al final.

—Cuando le veas dale esto.

Kate se puso de puntillas y besó a Elladan en la mejilla.

Elladan sonrió.

—Y si tú le ves antes que yo, dile que esperamos con ansia su regreso. No importa que maldades haya tenido que sufrir.

Finalmente, Kate miró a Legolas.

—La última vez que te dejé, mi espíritu casi fue arrancado de mi cuerpo— murmuró Legolas. —No sé cómo voy a ser capaz de hacerlo de nuevo.

— ¿Lamentas haber vuelto a la Tierra Media?— Preguntó Kate.

—Jamás— dijo Legolas.

Kate lo rodeó con sus brazos. Quería que el momento quedase congelado en el tiempo, que la tierra dejase de girar y quedarse para siempre encerrada en su abrazo. Pero no tenía el control. No fue capaz de evitar que Legolas se alejase con suavidad de ella. Fue incapaz de llorar y suplicarle que se quedase. No pudo evitar que las lágrimas se deslizasen de sus ojos y emborronasen la última imagen que tuvo de él mientras el yate salía del muelle y se alejaba navegando.

Despareció rápidamente en la oscuridad, pero ella se quedó allí de pie largo rato. Hasta que lo único que fue capaz de oír fueron las olas y el viento. Estaba sola. Y a pesar de todo, el sol había comenzado a salir.

OoO

Elrond se quedó en pie sobre la cubierta, contemplando cómo la orilla desaparecía lentamente de la vista. Se preguntó porque las agridulces uniones entre elfos y humanos siempre recaían en su familia. Elrond miró de reojo a Legolas, cuya vista estaba fija en la línea de costa que empezaba a desaparecer.

— ¿Ha merecido la pena?— Preguntó Elrond.

Legolas no apartó la vista de las aguas.

—Una eternidad de dolor es un pequeño precio para los momentos de alegría como el aroma de su pelo, un beso de sus labios, un roce de su mano, un...— La voz de Legolas tenía una certidumbre que Elrond no había oído hasta entonces ni volvería a oír de nuevo. Más tarde, Elrond describió su voz como la de alguien que por un breve y glorioso momento ha oído la música de los Ainur.

Legolas no volvió a ver a Kate de nuevo

OoO