Llegará un tiempo en el que creerás
que todo se ha acabado.
Ese será el comienzo
- Louis Lamour
OoO
Epílogo
Era junio de 1946. La guerra en Europa se había acabado. Kate estaba en el patio trasero, mirando hacia la copa del gran árbol que se mantenía en pie sobre la tumba de Arwen. Entre las ramas se encontraba un niño, cuyo pelo rubio le caía sobre la cara mientras trepaba más y más alto.
— ¡Mírame!— gritó. — ¡Nunca había llegado tan alto, mamá!
—Ya te veo. Ahora baja de ahí— le gritó Kate.
Kate había llevado a menudo a Colin a dormir bajo el árbol cuando era un bebé. Después de dominar la habilidad de andar, pronto había comenzado a escalar. Su velocidad y destreza eran increíbles, y Kate tenía problemas para seguirle el ritmo.
—Una caída desde esa altura no le hará daño, ¿sabes?— dijo una voz detrás de ella. Ella se giró rápidamente y vio a Elrohir.
—Lo sé, pero me preocupa de todas formas.
—Eres una buena madre.
—Lo intento— Kate le dio a Elrohir un gigantesco abrazo. El la rodeó con sus brazos. —No esperaba verte de nuevo— dijo Kate.
—No pretendía ser visto.
Elrohir y Kate se sentaron bajo el árbol. Sobre sus cabezas podían oír a Colin haciendo crujir las ramas.
Cuando habían estado en la prisión, Kate no se había dado cuenta de lo débil que estaba Elrohir. En aquel momento su cuerpo irradiaba fortaleza. Aunque nunca había dudado de las habilidades de combate de Legolas o Elrond, nunca había sido capaz de imaginárselos luchando. En cambio, con solo mirar a Elrohir, Kate supo que también era un guerrero. La precisión elegante de sus movimientos, incluso mientras permanecía tumbado bajo el árbol, dejaba poco espacio para la duda.
El pelo moreno le había crecido y ahora colgaba por su espalda más allá de los hombros, escondiendo las orejas de la vista. Los botones de su camisa estaban abrochados hasta el cuello. Todas las cicatrices estaban escondidas. Pero fueron sus ojos los que llamaron su atención. En sus profundidades, vio una tristeza tan profunda que no había palabras que pudieran expresarla.
—Cuándo me dejaste tenías toda la intención de morir— dijo Kate.
—Prefería que mi padre no me viese tal y como estaba. Se habría culpado— dijo Elrohir suavemente.
— ¿Y te prefería muerto?
—Te olvidas, pequeña, de que soy un elfo. Bueno, mayormente un elfo. Mi espíritu habría morado en las Estancias de Mandos durante un tiempo y luego habría vuelto... En un cuerpo nuevo.
Kate le cogió de la mano.
—A tu cuerpo no le pasa nada.
Una sonrisa se extendió por la cara de Elrohir.
—Es bueno saberlo. — Levantó la vista hacia la copa del árbol para mirar al muchacho rubio que estaba a bastante altura sobre ellos. — ¿Se ha quedado Legolas?
—No quise permitírselo.
—Sabe que tiene...
— ¿Colin? No, yo misma no lo supe hasta que Legolas se hubo marchado— dijo Kate.
— ¿Y eso no te ha hecho cambiar de idea?
—No— dijo Kate. — Aunque intentó convencerme, los dos sabíamos que esta no era la Tierra Media que él había conocido. No pertenecía a este lugar...no más que tú.
Elrohir sonrió.
—Sí, pero yo soy bastante más testarudo que él.
— ¿No te marchas?—
—Ese camino ya está cerrado para mí— dijo Elrohir.
Los ojos de Kate se abrieron por la sorpresa. Sabía que, como hijo de Elrond, Elrohir tenía la elección de viajar al Oeste y permanecer inmortal o elegir una vida mortal y vivir el resto de sus días en la Tierra Media.
—No puedes hablar en serio— dijo Kate. —Le prometí a Elrond de que te convencería para que volvieses. A ellos no les importan tus heridas.
—Algunas heridas son más profundas que otras— dijo Elrohir suavemente. —Si hubiera regresado, habría muerto de pena. Cien años, Mil años, no habrían supuesto mucha diferencia. Mi padre todavía me habría perdido. Y se habría visto forzado a contemplar cómo me debilitaba. De esta manera le he ahorrado el dolor. Como mortal no puedes entender la profundidad de la pena de un elfo.
—Puede que tus suposiciones sean erróneas.
— ¿A quién has perdido?
—A quien no he perdido. — dijo Kate. —He enviado lejos a Legolas. Colin y mi madre han muerto. Mi padre está vivo, pero se ha encerrado a sí mismo en su trabajo y casi no habla.
Elrohir le apretó la mano con suavidad.
—No sabía lo de Colin. Lo siento. Era un buen hombre.
Un par de lágrimas silenciosas se deslizaron por la cara de Kate. Se sintió sorprendida de que, después de casi cinco años, todavía pudiera llorar con tanta facilidad.
— ¿Supongo que estoy atrapada contigo, entonces?— Se rió Kate, limpiándose las lágrimas.
—Supongo que lo estás.
—Bueno, pues no esperes que te coja el dobladillo de ningún pantalón— dijo Kate. —He tenido suficientes elfos altos para cubrir el cupo de toda una vida. Si quieres ropa que te quede como es debido, tendrás que aprender a hacerlo tú mismo.
—No tengo intención de ponerme pantalones. — Elrohir se acostó sobre la hierba y colocó las manos detrás de la cabeza.
—Por mucho que Colin me lo suplica, no le dejo correr por el patio desnudo y puedes estar seguro de que tampoco te dejaré a ti.
Elrohir fingió sentirse herido.
—Pensé que habías dicho que no había nada de malo con mi cuerpo.
Kate se echó a reír y sus mejillas enrojecieron.
—Sí, pero un cuerpo tan especial como el tuyo solo debería mostrarse en ocasiones especiales.
Elrohir se echó a reír.
—No te preocupes. Aunque suena fantástico, no voy a correr por los campos desnudo. Estaba pensando en algo más parecido a un kilt. Esto es Escocia después de todo.
— ¡Un kilt!— Gruñó Kate. —No te atreverás.
—Por supuesto que sí. Lo haré. Claro que lo haré— dijo Elrohir dramáticamente. —Los escoceses son los únicos hombres de la Tierra Media con algo de sentido común. Saben lo que es la comodidad.
La risa de Kate hizo eco por los campos. Elrohir comenzó a cantar con su voz dulce y suave. Dentro de la inolvidable melodía había tristeza y el asombro de una esperanza sin nombre.
Al oír el sonido de la música, Colin bajó del árbol y se acomodó junto a Elrohir, mirándole fijamente mientras cantaba. La luz de sol se filtraba a través de las ramas de los árboles. Kate cerró los ojos y sintió la calidez del sol en sus mejillas. Por primera vez en mucho tiempo se sentía en paz.
Aunque aquello no era el final de la historia, sí se trataba quizá de nuevo comienzo.
Y a veces, las historias más hermosas son las que quedan por contar.
