Leí Dioses de Neon, quiero más fluff. Y más política.


Días de la Semana

Capítulo XVII: Intrusa II


—Es Mei. Tienes que irte —susurró histérica.

—Shizuuuune —volvió a susurrar la mujer a través de la puerta—. Contaré hasta tres y entraré. Lista o no, allá estaré.

—Rápido —apremió la morena y corrió hasta su jefe para empujarlo hacia su habitación—. Y cierra con llave.

—Ella no debería entrar —opinó él mientras ella lo empujaba con ambas manos en su pecho.

Su voz denotaba molestia y cansancio.

—Cuándo un kage no ha hecho lo que se le de la gana —replicó con un poco de veneno en la punta de la lengua.

Kakashi supo que Shizune aun no olvidaba lo del Ala del Hokage y estaba aprovechando de recriminarle con un ejemplo.

Anko alguna vez le había dicho que se cuidara de la tierna Shizune en una conversación que carecía de contexto, porque la chica había nacido bajo el signo de escorpio, al igual que ella, así que por mucho que se mostrara atenta y compasiva, no era más que una vengativa chica como la antigua estudiante de Orochimaru. Y lo había reafirmado en la primera reunión que tuvieron luego de que él asumiera el cargo de Hokage y tuvo que celebrar reuniones con los jefes de cada división, la de ella era ANBU. ¿Acaso era eso a lo que se refería?

—Uno… —se oyó detrás de la puerta.

—¿Sigues enojada por que abrí el Ala del Hokage? —le preguntó cuando ella tomó el pomo de la puerta que conectaba sus habitaciones.

—Cierra con llave.

Sonaba enojada, pero su rostro parecía dulce; ya que una sonrisa torcida adornaba sus labios con una mueca que la hacía ver divertida. Quizás hasta coqueta. Quiso morirse inmediatamente, no entendía qué era lo que le pasaba, pero sentía la necesidad de llevarse una mano al pecho, justo sobre sus manos estaban posadas previamente; sentir el calor remanente que dejó su roce, para luego enterrar sus dedos y uñas en su piel y carne, a travesar su tórax y arrancar su corazón para extendérselo como un regalo.

—¡Tres! —oyó un grito amortiguado de la Mizukage.

Se había saltado el número dos.

—¡Mizukage! —exclamó Shizune, como si estuviese sorprendida.

Desde el lugar que salió su voz, Kakashi supo que debía estar saliendo del cuarto de baño para simular haber estado allí preparándose para dormir, seguro se había cubierto con una bata blanca y quitado el cabello de su rostro con un cintillo adorable hecho a partir de retazos de toalla. Se debía ver exquisitamente tierna, por lo que Kakashi se arrimó a la puerta para escucharla y sentirla mejor; imaginándola con su bata y cintillo, caminando hacia él con la misma sonrisa con la que se había despedido de él hace unos instantes. Sin embargo, su mente divagó, y se imaginó a sí mismo delante de ella. Quizás ella estaría frotándose la piel del rostro con una crema humectante, mientras le comentaba algo de Tonbo y su nueva posición como diplomático en la Nube y él se distraería terriblemente con la cinta que mantenía a la bata firmemente sobre su cuerpo. Después de todo, estarían fuera del horario de oficina como para no distraerse teniéndola a ella en frente con una bata y nada más debajo de ella. En su imaginación, volvía a oír la conversación de Anko consigo misma, en la que hablaba del signo zodiacal de la nueva asistente de la aldea y él estaba cerca para escucharla, aunque ella hubiese estado convencida de que sí estaban teniendo una conversación los dos.

Dos de sus dedos se aventurarían a la abertura de la bata, para poder llegar a acariciar la suave piel en la parte interna de los muslos de su asistente.

—¿Mizukage? —la oyó decir con su voz amortiguada por la distancia—. ¿Qué hace?

—¿Es esta la puerta? —respondió curiosa Mei.

Fue entonces que Kakashi se alejó de la madera como si esta estuviese en llamas en vez de él. No debía percibirlo cerca, o asumiría que estaría interesado en ella como ella lo estaba en él. Tener a la Mizukage cerca de él había sido como un balde de agua fría.

—Sí, pero él la cierra todas las noches —dijo Shizune con una voz diplomática—. La puerta existe solo en caso de trabajo y emergencia.

Mierda, no la había cerrado como le había pedido Shizune.

Se preguntó si podía cerrarla ahora, sin que el sonido del cerrojo las alertara. Pero, pensándolo bien, si lo oían, sabrían que estaba enviando un mensaje, uno que claramente diría que no estaba interesado en la Mizukage. Mei debería entenderlo. No había sido capaz de oírlo en la zona de la barra, antes de la cena; ya que había estado ocupada hablando sin parar de lo maravilloso que era el matrimonio entre aldeas y mientras le preguntaba del matrimonio que se había celebrado recientemente entre la Arena y la Hoja. Él solo respondió vagamente, tal cual lo había hecho con Anko cuando hablaba de Shizune y no había nadie más cerca en la barra de la taberna para escucharla hablar de los nuevos chismes de la aldea; en ese tiempo, la mujer que había vuelto junto a Tsunade no le había llamado particularmente la atención.

Él solo recordaba que, en el matrimonio de Temari y Shikamaru, al fin había podido concretar sus fantasías más oscuras con su asistente del signo de escorpio. Solo decía, sí; ese matrimonio en particular había sido favorable. Además de que no imaginaba lo que sucedería cuando la Nube y la Hoja se unieran finalmente. Nada había dicho sobre un supuesto entre la Niebla y la Hoja.

—Seguro la mantendría abierta si esta puerta conectara a otra persona —respondió Mei con un tono que daba a entender que estaba haciendo una broma muy graciosa, pero ni a la asistente ni al Hokage movió ni un solo músculo facial—. Relájate, Shizune, es solo una broma.

—¿Qué necesita, señora? El día terminó para mí hace un rato y realmente me gustaría entrar en la cama.

Finalmente, Shizune había sacado un poco de veneno que tenía guardado en la punta de la lengua. ¿Dónde diablos estaban Raidō y Genma en esos momentos? Se suponía que ellos se encargarían de Mei para que él y su tierna asistente tuviesen tiempo a solas.

—¿Qué te sucede, Shizune? —resolvió Mei, incapaz de creer que la tierna asistente que había enviado Koharu para ayudarla estuviese mostrando señales de ingobernabilidad—. ¿Acaso no quieres que este matrimonio no ocurra? Sabes que será beneficioso para ambas aldeas. Nunca ha habido antes una unión tan poderosa que unirá a dos aldeas poderosas.

Shizune sintió que volvía a estar frente a la vieja Koharu para escuchar estupideces de las que no estaba para nada de acuerdo. Independientemente de que estuviera o no en una relación clandestina con su jefe.

—Si le soy sincera, estoy aquí porque la señora Koharu me envió; pero eso no significa que esté de acuerdo con el arreglo al que ustedes dos llegaron por correo. Además, no creo que el resto del consejo ni el terrateniente lo apruebe —dijo ella.

—¿De qué estás hablando? La Hoja acaba de unirse a la Arena.

—Temari de la Arena renunció a todo en su aldea para irse a la Hoja. ¿Está dispuesta a renunciar a todo para renunciar para hacer lo mismo?

—No, Kakashi tendría que…

—Sé de buena fuente que la Arena está teniendo problemas internos porque Temari muy probablemente tendrá un primogénito que será criado dentro del Clan Nara. ¡Imagínese! Teniendo la sangre de Rasa corriendo por sus venas, se sabe que perfectamente ese Nara podrá ser Kazekage si ninguno de sus hermanos tiene un heredero. ¿No es demasiado poder para la Hoja?

—Entonces, la respuesta es clara, luego del matrimonio, él…

—Y usted debe imaginarse la respuesta del Consejo; seguramente no querrán que el único heredero del Colmillo Blanco se vaya a otra aldea ni que tenga herederos allá. No sé, a mí me parece que este exceso de matrimonios entre aldeas puede generar cierto conflicto en tiempos de paz. Quizás debería consultarlo con el jefe Jōnin del consejo en vez de la señora Koharu, él lo sabe mejor que nadie porque está lidiando con eso en estos momentos, es el mismísimo Nara Shikamaru. Creo que él no lo recomendaría, ya que sabe con lo que sus cuñados están lidiando con su terrateniente en estos momentos. Es más, conozco más que cualquier otra persona al Consejo y al terrateniente, ya sabe, he sido asistente de dos Hokage; así que podría decirle aquí mismo lo que diría Nara Shikamaru, o su padre, Nara Shikaku, él diría: si puede evitarse, que se evite. Refiriéndose a que si el romance no puede evitarse ni dejar de proyectarse.

Kakashi no oyó respuesta por parte de la mujer que fácilmente podría golpear a Shizune, si esta consideraba que la asistente le había faltado el respeto; así que decidió volver a pegar todos sus sentidos en la puerta. El silencio se extendió por tanto tiempo que el Hokage cerró su mano en el pomo de la puerta mientras decidía entrar o no a la habitación y rescatar a su asistente en peligro.

Unos segundos eternos más tarde, oyó a alguien caminar firmemente hacia la puerta que daba hacia el pasillo y la abrió.

—Si no tiene más que decirme, le pediré que se retire. Mañana podemos seguir con lo que Koharu me pidió.

Kakashi quedó sin palabras, al igual que Mei, ya que no la escuchó decir nada durante todo ese rato. Oyó los pasos de la segunda mujer desplazarse hacia la puerta, pero con un andar más estrepitoso y violento. Tal cual una niña pequeña hubiese actuado en medio de un berrinche. El Raikage estaba en lo correcto al querer llevarse a Shizune hacia la Nube ya que, como una asistente experimentada bajo la tutela de la temible Tsunade, ella podía hacerle frente a cualquier kage.

—Hasta mañana, Shizune —dijo la Mizukage.

—Nos vemos en la ceremonia —resopló la mujer con la paciencia deslizándose por entre los dedos.

Al momento en que escuchó la puerta cerrarse, él abrió la que tenía enfrente.

Shizune estaba exactamente como la imaginó: llevaba una bata de baño y el cintillo, pero su expresión molesta y cansada era lo que desentonaba de su fantasía.

—No cerrarse con llave —resopló cansada—. Te dije que lo hicieras. Dos veces.

—A la tercera vez lo habría entendido —dijo, intentando aligerar el ambiente; ella parecía necesitarlo, pero él no podía evitar sentirse inyectado de energía—. ¿Por qué no eres parte del Consejo? Tu opinión es más sensata que la de los viejos y que la mía.

Ella soltó una risita cansada y se dirigió hacia el baño para finalmente empezar con su rutina nocturna. Seguro estaba pensando que él estaba exagerando, ya que ella solo tenía madera de asistente y que, luego de unos años más en la oficina del Hokage, se retiraría para volver a su trabajo en el hospital y la morgue. Quizás también regresaría al laboratorio para probar con nuevos venenos y antídotos.

—No creo que Koharu este de acuerdo con mis credenciales —murmuró—. Solo soy una asistente, después de todo.

—Yo no creo que ella tenga la última palabra del Consejo.

Shizune lo ignoró y pensó que sería mejor dejar el tema.

Kakashi la siguió hasta el cuarto de baño y le dolió lo que vio en el reflejo. Esos podían ser ellos en la Hoja, discutiendo cosas del trabajo en el calor del hogar, discutiendo si era buena idea enviar a Tonbo como diplomático en la Nube.

Vio rápidamente los productos utilizaba en el rostro, pulcramente ordenados en el lavabo por su relevancia en la rutina de la mujer. Era casi como verse a sí mismo ordenando su apartamento minimalista. Su fantasía de ellos dos disfrutando de una terraza en medio de primavera volvió con fuerza a atrapar sus neuronas atormentadas, ya que él la seguiría al cuarto de baño para seguir hablando del día mientras ella se maquillaba, esperándola para poder irse a la cama juntos luego.

—Ven a la cama conmigo —sugirió con una voz oxidada, nunca había intentado sonar dulce por lo que sus cuerdas vocales no pudieron darle un tono mejor.

—Discúlpeme, señor, pero estoy cansada. No estoy de humor para eso —murmuró casi con hastío, por la mirada que le regaló al salir del baño, Kakashi supo que estaba malhumorada.

¿Quién no lo estaría con la invasión de Mei?

—Solo quiero dormir junto a ti —reconoció con las manos en los bolsillos del pantalón y una expresión relajada, parado en el umbral de la puerta del baño—. ¿Es extraño si te pido eso?

Shizune pareció atragantarse con su propia saliva.

—O tengo que añadirlo a las reglas para hacerlo oficial —siguió él—. «Hokage y asistente pueden dormir juntos, cuantas veces quieran.»

—¿Por qué querría dormir conmigo, sin hacer nada?

Ahora él fue el que, casi, se atragantó con su propia saliva. La respuesta era clara, ya que era otra pregunta: ¿por qué no querría hacerlo? Al ser tan reservada y esquiva, no había notado lo endemoniadamente tierna y exquisita que era su asistente hasta que se había transformado en Hokage. Ella era, sin duda, la criatura más tierna que había llamado su atención con tan solo pasar tiempo junto a ella en la oficina. El tono alegre con que lo saludaba cada mañana, todo lo que salía de esos labios le parecía delicioso; sus caricias, aun si fuesen sin querer y que lo dejaban con una sensación de tibieza por mucho tiempo, y el cuidado cariñoso con el que le sugería comer algo además de ramen. No recordaba la última vez que alguien se hubiese preocupado por él de aquella forma tan íntima. Su mente rápidamente gritaba nunca, aunque quizás estaría mintiendo.

Él era solitario y nunca había tenido la necesidad de compartir algo con alguien como en ese preciso momento.

—Es el cintillo —dijo a modo de broma—, es demasiado adorable.

De ella brotó una risa extrañada.

—¿Habla enserio?

—Pensé que te habías visto al espejo…

—No me refiero a eso.

—Sí, quiero dormir contigo, Shizune. Solo dormir, si te parece bien.

—Sí, me parece bien.