Yo-Yo: El bucle de Ishigami Senku

Nota: Cuando dijeron "Posesivos" en el tema de la SenHaku Week 2023 del grupo Senku & Kohaku, yo sólo pensé: "OMG!" y definitivamente decidí que necesitaba hacer la primera vuelta del bucle de Yo-Yo. Era inevitable, porque definitivamente la historia lo merece.

Nota 2:

Día 3 de la SenHaku Week 2023 del grupo Senku & Kohaku

Tema: Posesivos.

Nota 3: Quiero hacer una dedicatoria especial a Panelada96 (síganla en Twitter) porque realmente se la comió con el dibujo que ahora será la portada del fanfic. Chillé como fangirl cuando lo vi jeje.

Sin más preámbulo, la primera vuelta…

Primera vuelta: Ella me pertenece

Para Senku todo era muy borroso, juraba que había estado hace un momento a punto de caer por un precipicio… ¿cómo era posible que estuviera en ese justo lugar, en ese justo momento en el que Kohaku lo había rescatado un año atrás? ¿Cómo era científicamente posible eso?

Ella lo bajó de sus brazos y lo miró con la misma dulzura que lo miraba antes de morir y Senku no pudo evitar quedar boquiabierto en ese momento.

—¿Qué te pasa? ¿Te comieron la lengua los ratones? —cuestionó ella con diversión, pero él sólo la miraba, miraba con amor infinito a la mujer que se había convertido en la razón para él entregarse en los brazos de la muerte.

—¡Senku-chan! ~ —Una conocida voz lo sacó de su ensimismamiento y poco después un chico con cabello bicolor apareció frente a él—. ¿Estás bien, Senku-chan? ~

Él asintió, aun sin dejar de mirar a Kohaku, que parecía completamente extrañada con la actitud del chico. En ese momento las personas empezaron a mirarlo y él supo que realmente estaba haciendo el tonto, por lo que decidió moverse de una vez.

—Gracias por salvarme, leona —le dijo a la rubia y se dispuso a irse con sus amigos, pensando en recuperarse del impacto de lo que había pasado. Una parte de él sentía que probablemente estaba muerto o en coma, porque eso que estaba pasando era improbable.

—¡Ey! ¡No me llames leona! —se quejó ella, como siempre hacía cuando él le decía de esa forma, y él no pudo evitar sonreír.

En ese momento sus amigas también se acercaron y pudo notar que parecían extrañadas de ver a Kohaku con cara de enojo después del increíble salto que había dado para salvar a Senku. Una de ellas, Minami, era la chica con la que Tsukasa había estado hablando, por lo que también llegó su enorme amigo, el antes llamado el estudiante primate más fuerte, y, con ellos también apareció Taiju.

La situación era muy similar a lo primero que sucedió y que había llevado a Senku a conocer a Kohaku, la única mujer por la que se había interesado en toda su vida. Y no pudo evitar repetir las mismas palabras que había dicho y que estaban vivas en su memoria, aún cuando no se explicaba cómo era posible que estuviera viviendo nuevamente lo mismo.

—Mi nombre es Ishigami Senku… gracias por salvarme. —Siguió caminando sin voltear hacia ella nuevamente, no quería parecer el imbécil que había sido momentos atrás cuando no dejaba de verla, perplejo.

—¡Ja! Yo soy Yamada Kohaku… y creo que es lo que cualquiera hubiera hecho.

Y sí, evidentemente Gen y Ryusui se habían emocionado de que una chica tan fuerte estuviera con ellos y la habían invitado a subir al balcón con sus amigas. Además, como Minami estaba ya hablando amenamente con Tsukasa, habían podido congeniar de inmediato ambos grupos. Tal como la vez anterior, pero Senku estaba indeciso de si debía o no hablar con Kohaku.

"¡Me importa una mierda! ¡Soy un científico y si tengo que enfrentarme a cualquier deidad o lo que sea que haya pasado que me devolvió a este punto, lo haré sin retractarme ni un milímetro! ¡La leona es mía y no permitiré que nadie la dañe!" —pensó enojado consigo mismo por el tiempo perdido.

Sus pensamientos irracionales lo superaron y minutos después estaba enfrascado en la conversación más apasionante de su vida, la cual repetía casi de forma idéntica por segunda vez… con la diferencia de que esta vez su objetivo era volver a tener a esa leona a su lado.

La amaba y no haría lo que fuese para protegerla… lo haría paso a paso, sin detenerse, hasta enmendar en lo que había fallado.

Les buscó una secuencia lógica a los hechos y delimitó los siete importantes eventos que habían marcado su relación, estableciendo esa secuencia como el esquema más "lógico" para actuar y modificar. A sabiendas de que Kohaku era una persona impulsiva y probablemente no podría actuar de forma tan directa y mucho menos decirle cómo sabía que ocurrirían algunas cosas. Su mente tenía que salvar cada paso y decidió darle una nomenclatura al extraño evento, y como jugaba con un yo-yo mientras planificaba, decidió llamarlo: Efecto Yo-Yo. Pues había regresado a ella, al punto exacto en que la había conocido.

Además, decidió ir a control con una psicóloga: Hiragizawa Erina, la cual por un momento lo ayudó, pero no podía contarle demasiado porque pensaría que estaba demente.

Kohaku no dejaba de ser lo más maravilloso que había ocurrido en su vida y cambiaría lo que fuese necesario. ¿Y cuál era la mayor ventaja? Que conocía todas las fallas en sus futuros experimentos y podría solucionar rápidamente los errores en cualquier suceso del laboratorio, dándole tiempo para resguardar mucho más a Kohaku.

Por otro lado, aunque su suerte siempre había sido mala, decidió hacer una apuesta sobre la victoria de un equipo de fútbol que recordaba. Si acertaba, tendría un dinero extra y podría quizás apostar a próximos eventos deportivos que recordara los ganadores. Además, una parte de él sintió la necesidad de recabar otros tipos de informaciones para entender cómo era que el Efecto Yo-Yo había aparecido en su vida.

Sorpresivamente, ese mismo día, al salir del trabajo, finalmente obtuvo su premio de 50.000 yenes por la apuesta: por primera vez había ganado algo en la vida y era la prueba de que el yo-yo seguía repitiendo los mismos eventos, sin cambios importantes, salvo los que él conseguía hacer.

Pero nada… todo eran inferencias que podía realizar, no había nada que pudiera sustentar la situación.

Y así fue como volvió al segundo punto en lo que ocurrió con Kohaku, y eso fue la semana siguiente a haberse conocido. La invitó nuevamente al cine y al observatorio y dejó que la cita siguiera su cauce, como la primera vez, con la diferencia de que se encargó de contactar a Ryusui para que hiciera que la cita fuese privada, prometiéndole, a cambio, una participación importante en su proyecto lunar. Kohaku estaba fascinada, como la primera vez. Nuevamente, y a pesar de las diferencias entre ellos, las conversaciones transcurrían con la misma naturalidad, haciéndolo sentir en ese lugar seguro.

—No era necesario que cerraras todo el observatorio para nosotros… ¿no crees que fue algo muy exagerado para alguien que acabas de conocer? —cuestionó ella mirándolo a los ojos con una sonrisa casi felina que lo provocaba demasiado.

—Para nada, leona. Mi interés en ti es genuino y quiero con esto demostrarlo y así podremos ver todas las estrellas que y yo quiera mostrarte —expresó él, acercándose a ella y sonriendo con una sonrisa ladina.

—N-no me llames leona… —mencionó Kohaku casi en un susurro, sin apartar esos ojos aguamarina de él.

Y así había sido que Senku había pasado a besar los labios de Kohaku, incluso antes de que realmente les correspondiera según "lo que ya había pasado", pero, como si su conexión fuese totalmente mágica, ella había correspondido al beso.

El resto de la cita habían intentado mantenerse "tranquilos" y nuevamente él había aprovechado para mostrarle nuevamente la constelación Leo, reafirmándole que ella era una leona y ganándose unos cuantos regaños de su parte, los cuales él recibió sin dejar de molestarla, porque definitivamente disfrutaba cada cosa que ella hacía o decía, incluso cuando se enojaba por el apodo.

Él la amaba y ella le pertenecía… no había ninguna otra verdad en su vida.

Los siguientes meses, para Senku fue inevitable volverse sobreprotector con Kohaku, llegando al punto de utilizar las apuestas en las que había ganado para contratar "guardaespaldas" que siguieran a Kohaku y así ella no tuviera que enfrentar ningún peligro. ¡Y vaya que Senku no tenía idea de la cantidad de peligros en los que se metía! Al ser estudiante de Criminología, Kohaku siempre terminaba enfrentándose a personas en entrenamientos policiales, incluso había perseguido a un hombre que había robado la cartera a una señora en la calle, por suerte uno de los guardaespaldas se había anticipado.

También decidió dejar el control psicológico, no había tiempo para atender cualquier trastorno que su cerebro estuviera desarrollando. No importaba… ¡debía centrarse en su leona!

Estaba paranoico, podría decirse que enfermo, quizás digno de ser llevado a una clínica psiquiátrica, pero no permitiría en ella ni un rasguño…

"Kohaku es mía…" —pensaba constantemente. Hasta cuando llegó al punto de instalar cámaras en su casa para observarla todas las noches, grababa sus conversaciones y todo lo que fuese necesario para asegurarse de conocer exactamente sus rutinas y que no se le escapara nada.

Y eso había llevado a que lo tercero que había pasado no ocurriera. El miedo de Senku había llegado al borde de lo irracional y no quería que sus padres pudieran entorpecer sus planes. Trabajaba más rápido que nunca, salía a toda velocidad de casa para dedicarse durante los horarios más ocupados de Kohaku a sacar todo el trabajo posible, había logrado anticipar incluso proyectos que se supone que terminaría en agosto y hasta había podido captar nuevos proyectos.

"Kohaku es mía…" —se repetía mientras veía las cámaras de seguridad, noche tras noche. Los guardaespaldas incluso se aseguraban de que cualquier admirador que intentase siquiera dejar una carta a Kohaku se alejara.

Pero un día sucedió lo inevitable…

—Senku… pienso que nuestra relación es cada vez más seria… ¿no crees que deberíamos presentarnos a nuestros padres? —Con esa pregunta Kohaku había cambiado total y rotundamente todos los planes de Senku, quien sólo quería asegurarse de no perderla, de que ella no muriera, porque ella era todo para él. La amaba y no permitiría que nadie le hiciera daño, evitaría que Kohaku muriera a toda costa.

—Llevamos sólo cinco meses, leona, no seas tonta —respondió rascándose el oído con el meñique, con una fingida indiferencia, mientras ponía su mente a trabajar en otra excusa para no llevarla aún, cada vez faltaba menos para que las cosas empezaran a tornarse difíciles entre ellos y él no podía arriesgarse, necesitaba que Kohaku esperara.

—Pero… es que mi hermana ya te conoce y pues… quisiera que también te conociera mi padre. —Ella parecía estar algo nerviosa—. Y quizás, bueno… tal vez… podría yo también conocer a tus padres.

Kohaku estaba completamente roja, y no pudo evitar mirar a Senku con temor.

—Está bien… —concedió finalmente.

Pero a partir de eso buscó darle largas lo mejor posible, para preparar todo y asegurarse de que Byakuya y Lillian no entorpecieran los planes que tenía.

Ganó el tiempo suficiente, pero nuevamente Kohaku se convirtió en "la nuera perfecta" casi inmediatamente. Byakuya y Lillian la amaban, y Kohaku nuevamente había pasado a ser la adoración del pequeño Loyd. Sí, las cosas iban, como la primera vez, demasiado en serio. Pero esta vez Senku no sería un imbécil.

Y creyó que las cosas iban a ser perfectas, y consiguió darle todo el amor posible a Kohaku. La amaba, daría todo por ella. ¿Qué podía salir mal? Era un as de las apuestas gracias a que sabía quién ganaría cada cosa, mantenía en secreto los pagos a los guardaespaldas y contaba con las mejores cámaras de seguridad que alguien pudiera tener, era perfecto para proteger a su leona.

—¿Qué haces aquí, leona? —cuestionó cuando un día ella entró en su laboratorio repentinamente, sin mirar, pero conociendo sus pasos. Él estaba trabajando con una máquina muy delicada y debía tener cuidado de no romper ningún circuito.

—¿Explícame, Ishigami Senku, qué mierdas es esto? —lo interrogó una muy enojada Kohaku, sacando de su mochila uno de los monitores que él tenía en su laboratorio subterráneo en su casa, completamente destruido, pero que él reconocía perfectamente por la etiqueta: "Kohaku 04", que era la cámara que Senku tenía en el cuarto de Kohaku.

Se horrorizó, la miró con terror y despegó sus manos de la máquina en la que trabajaba, eso podía esperar. Pero la cara de decepción de Kohaku no era para nada normal… su mirada reflejaba enojo, indignación, odio, decepción, todo en una.

—Leona… déjame…

Pero no terminó lo que iba a decir, pues en ese momento ella le estampó una cachetada, que lo arrojó sobre la delicada máquina, dejándola totalmente inservible. Y acto seguido salió como una furia del lugar.

Y así fue como Senku no supo más de ella. Ni siquiera los guardaespaldas tenían idea de a dónde había ido, pues había conseguido evadirlos.

Así que la cuarta cosa que había sucedido era en donde había ocurrido el mayor cambio en esa "versión de la historia", y así era como Senku había perdido a Kohaku, y la relación había durado nuevamente los mismos diez meses. Y esta vez Senku era quien estaba devastado y había ido a refugiarse en la bebida, porque ella ni siquiera intentó ser su amiga, sino que simplemente se había desaparecido, y Senku no supo más de ella… sin mensajes, sin llamadas, sin ningún contacto… Kohaku había desaparecido por completo.

Y luego finalmente ocurrió el quinto evento, cuando desvió la mirada y vio a Kohaku en esa fiesta de la científica loca de Gen, cuando se dio cuenta de que era la misma Kohaku demacrada y que no había sido el hecho de que él diera paso a la ruptura lo que la había llevado a demacrarse. Ella estaba mal… y su felicidad se encontraba apagada.

El problema había sido intentar acercarse, sus golpes seguían siendo igual de fuertes y nuevamente se había dado a la fuga; sin embargo, él había conseguido alcanzarla persiguiéndola en el auto. No permitiría que Kohaku escapara otra vez… ella le pertenecía.

—Leona… yo te amo, por favor, ven conmigo, te protegeré siempre —expresó él con preocupación, manteniéndose en el carro junto a ella, que corría por la calle.

—¡Ja! ¡En tus sueños! ¡Eres un enfermo mental! ¿Qué clase de persona instala cámaras en secreto en la casa de su pareja?

Ella no dejaba de andar, seguía a paso firme y rápido por el camino y buscaba desviarlo en todos los lugares que se encontraba de camino. Senku no podía bajarse del auto, su condición física era un asco y la de ella demasiado buena, jamás podría alcanzarla, aunque lo intentara diez billones de veces. Pero la ciencia seguía siendo su mejor arma, así que esperó un poco a que ella se desmayara en medio de la calle.

"Esto es ilegal, pero no me quedó de otra que alterar su bebida antes de intentar hablar con ella" —pensó mientras la cargaba y la colocaba en el interior del vehículo con dificultad. La amaba y necesitaba protegerla para que ella no se hiciera daño como la última vez.

Estaba decidido a tenerla a su lado.

Senku quería protegerla y ahora la tenía en su casa, encerrada en una burbuja de cristal que literalmente había construido sólo para protegerla. Después de que pasara el día de su muerte la liberaría y se aseguraría de protegerla para siempre. El 7 de enero no volvería a ser el día más terrible de su vida. Senku se aseguraría de eso, aunque pareciera una completa locura.

Pero lo que no pensó es que el sexto error cambiaría por uno igual de catastrófico, cuando dos días después Senku entró a casa y se encontró con que Kohaku había escapado del cristal donde la tenía como su "bella durmiente". El líquido con el que preservaba sus funciones vitales estaba desperdigado por el lugar, y ella estaba ahí, con un enorme vidrio en la mano, dispuesta a atacarlo. En su mirada había odio, odio real, ella no quería estar con él más… ya Kohaku no le pertenecía como él tanto se había repetido ese año.

—Leona… Kohaku… entiende… esto lo he hecho por ti, por nosotros, no quiero perderte —expresó mirándola aterrado correr como animal sediento de sangre hacia él.

Ella no estaba en sus cabales y quería acabar con Senku, destruirlo y clavarle ese enorme vidrio… y la verdad era que él se lo merecía. Había sido un imbécil al comportarse tan sobreprotector, tan posesivo, demostrar el miedo que tenía de perderla tan insistentemente.

Senku no quería hacerla sufrir… y había hecho algo peor.

En un intento desesperado, la besó por última vez, si ella lo mataba, no importaba, él quería sentir sus labios por última vez.

Y lo que pasó fue totalmente inesperado, pues terminaron sucumbiendo ante el deseo y entregándose el uno al otro, con desesperación. Senku quedó exhausto… pero al despertar ella no estaba ahí y supo que había cometido el mismo error: y si Kohaku quedaba embarazada, la perdería de nuevo.

"Por favor, leona, no desaparezcas" —pensó corriendo hacia el teléfono para buscar alguna forma de contactarla.

Y eso llevó al séptimo evento, que nuevamente fue el mismo: Kohaku, en medio de su depresión no supo cuidar su embarazo, nuevamente fue hospitalizada en las mismas fechas y otra vez perdió a su bebé. Y fue ese día en el que Senku la vio nuevamente, era el 4 de enero del 2025, el día de su cumpleaños y ella estaba saliendo del hospital luego de haber perdido a su bebé.

—Desearía no haberte conocido nunca… —escupió Kohaku con total odio, rompiendo nuevamente el corazón de Senku, quien sólo se dejó caer frente al hospital, mientras veía a Kohaku irse, y sabía qué era lo que seguía: sabía perfectamente la fecha y la hora en que ella se lanzaría por el puente.

La buscó, intentó detenerla, contrató detectives, pero sus conocimientos de Criminalística la hicieron saber cómo esconderse. Evadió todo y Senku sintió terror mientras corría el día del salto. Ese 7 de enero él quería salvarla, a como diera lugar. Pero cuando llegó, sólo pudo ver a Kohaku llorando, sobre el puente y lista para saltar.

Ese día más que nunca Senku se odió a sí mismo. Porque pudo percibir todo el dolor de ella que la primera vez no había vivido… Kohaku estaba devastada por todo lo que él había hecho.

La sobreprotección no era la respuesta y Senku lo entendió esa noche, cuando perdió por segunda vez a su leona.

Y sí, nuevamente se refugió en el alcohol, hasta el mismo día en que decidió enloquecer en su automóvil, repitiendo cada uno de los eventos de la vez anterior, esperaba esta vez morir realmente.

Las lágrimas escapaban de sus ojos y terminó llorando como nunca antes, la mirada de Kohaku antes de lanzarse al vacío lo había destrozado, pero no paró en ningún momento de conducir. Encontró nuevamente el lugar en el bosque justo tras acabar su botella de vino y compró un vino, mientras él vendedor simplemente le decía, de forma muy extraña:

—A veces es mejor pensar las cosas. —Y esa voz que le habló parecía familiar, pero no le dio importancia en ese momento.

Tomó la botella de vino y siguió bebiendo como un desquiciado. ¡Necesitaba lanzarse al vacío! ¡Necesitaba morir finalmente!

Dio un trago a la bebida y aceleró cuando se aceró al mismo lugar donde se había lanzado la primera vez.

—¡Hoy es un gran día para morir! —exclamó, emulando la misma frase que la última vez, la frase de Pirates of the Caribbean dicha por Barbosa.

Dio otro trago y sintió cómo su cabeza daba vueltas, al tiempo que el bosque parecía volverse borroso. Siguió tomando y pisó el acelerador al máximo, era la misma sensación, era el mismo día, todo exactamente igual. Vio que en el reloj del auto y daban las 00:00 horas.

La fecha: 25 de enero de 2025.

Ese día se cumplía un año de haber conocido a Kohaku en esa fiesta, por segunda vez, se repetía todo por segunda vez.

"Perdóname, leona, no supe arreglar las cosas en esta segunda oportunidad" —pensó con pesar.

Su acelerador falló nuevamente, su auto se desbocó nuevamente, el tiempo parecía más lento de lo normal. Otra vez su corazón latió acelerado y se sintió girar con la fuerza del desvío, supo que había chocado con algo, pero otra vez no sabía con qué. Cerró los ojos ante la inminente muerte, pues era lo que tanto esperaba, lo que anhelaba, quería morir con su leona y su hijo.

Pero nada pasó y otra vez sintió cómo si la caída fuese diferente, empezó a oír el mismo bullicio y una música fuerte en el fondo y por alguna razón sintió que el deja vu era el mismo.

Sintió cómo alguien lo atrapaba de repente en el aire, pero mantuvo sus ojos cerrados, no quería ni imaginarse lo que estaba a punto de ocurrir, no estaba preparado para ello.

—¡JA! ¡Casi te matas, chico cebollín! —exclamó esa conocida voz, con la misma frase que él ya conocía perfectamente, ya ese evento lo había vivido dos veces.

No quería abrir los ojos, no, no era posible, no quería pasar por todo eso de nuevo, estaba aterrado del sólo hecho de abrir los ojos, pero finalmente lo hizo, sacó valor de donde no había cómo.

Y definitivamente estaba cara a cara con Kohaku, quien lo estaba cargando como "princesa" y lo miraba con una sonrisa altiva.

Estaba en la misma fiesta, en el mismo lugar que aquella vez. Y definitivamente su cerebro de científico no entendía que estaba pasando, pero cuando observó el reloj de pared del antro, vio la misma información que lo había horrorizado hacía 1 año:

Fecha: 25/01/2024.

Hora: 00:01 horas.

Por algún motivo, ahora tenía una tercera oportunidad para enmendar las cosas… y realmente su corazón se agitó de sólo pensar que tendría que enfrentarse a situaciones complicadas con su leona nuevamente… ¿qué debía hacer en esta nueva oportunidad?

¡Y eso es todo! Me quedó bien curiosa esta primera vuelta… ¿cómo creen que actúe Senku en la segunda vuelta? ¿Enmendará sus errores o cometerá otros peores? ¡No se pierdan de la continuación de esta historia! Y pido perdón a los sensibles que esperaban que Senku hiciera mejor las cosas, especialmente a Celeste Kaomy que siento que me querrá dar un golpecito por cómo evolucionaron los hechos. Perdón, te dije que sería peor que el dibujo.

Como saben, Dr. Stone y sus personajes no me pertenecen, pertenecen a Inagaki y Boichi, yo sólo los utilizo para crear estas historias tan dementes que muchas veces me salen de un lugar en donde no me pega el sol, los únicos personajes míos son mis OC, que en este apenas se nombró mi Elise y Erina (tan bella Erina, confieso que amo mucho a esa psicóloga pelirroja).

Agradezco a Panelada96 (síganla en Twitter), por hacer este maravilloso dibujo que ahora servirá como portada para Yo-Yo. Y agradezco a todos los que me leen, no saben lo valioso que es para mí saber que tengo personas tan bonitas que siguen mis historias y me dejan comentarios alentándome. A veces me paso los días muy atareada y no consigo tener tiempo para escribir, pero cuando veo sus comentarios, mi corazón se llena de felicidad y me incitan a seguir adelante. ¡Los amo mucho!