NOTA: La imagen de portada no es mía.


Capítulo 15

La vuelta a Konoha supuso volver a la normalidad como si la misión de rango C convertida en rango A no hubiera pasado. Kakashi-sensei, nada más volver, les dio un par de días de descanso en los cuales aprovechó para interrogarla en la privacidad de su propia casa. Naruto y Sasuke, que no fueron invitados a la casa de Kakashi-sensei, seguramente por paranoia del ninja, se dedicaron a holgazanear en la piscina mientras a ella la avasallaban a preguntas.

—¿Quieres algo de beber? —le había dicho el jonin y ella aceptó un té y unas galletas—. Ahora que estamos a punto, empecemos. Dime, ¿me…curaste tú mi ojo izquierdo?

—Sí. Siento no haberte dicho nada al día siguiente. Cuando te vi usarlo con Zabuza supe que había sido un error que podría haberte costado la vida. Lo siento —se disculpó ella, afligida.

—No voy a decir que no fue un error de tu parte no informarme de ello, pero veo que has comprendido tu fallo y sé que no volverás a hacerlo —aceptó el jonin. Seina asintió—. En cuanto me desperté supe que algo había cambiado. Como no sentí el gasto de chakra habitual procedente del sharingan activado supe que debía ser mi ojo.

—Así que lo supiste desde el principio…

—Sí. Fuera lo que fuera que hicieras logró conectar de forma natural el sharingan a mi cerebro. Solo fue cuestión de practicar como activarlo. Por ello te doy las gracias. Quizás algún día tendré una excusa para no tener que taparme ese ojo, cosa que será una gran ventaja para mí.

—De nada, Kakashi-sensei.

—Dejando eso de lado. Me gustaría que me hablaras de las medicinas que has creado. ¿Qué puedes hacer con ellas?

Le estuvo explicando las pociones que podía fabricar: la poción vigorizante, antídotos, antiparálisis, bálsamos contra el dolor, removedor de golpes, poción calmante, para dormir, enjuague bucal, poción envejecedora, fertilizante, fungicida, solución fortificante, gas sofocante, laxante, solución limpiadora, esencia de locura, poción oculus, del olvido, pasta de dientes blanqueadora, filtro de la paz, pasta para quemaduras, poción reabastecedora de sangre, sueño sin sueños, para la tos y venenos, etc.

—Podría hacer un libro, con las recetas y los usos —se encogió ella, ante la mirada atónita del ninja.

—Me parece bien. ¿Y qué hay del jutsu que esconde vuestra casa?

—Podría ponerlo en esta casa, si quieres —le ofreció para que viera cómo era—. Básicamente, tu casa entraría en una especie de dimensión de bolsillo donde solamente yo tengo la "llave", siendo la guardadora del secreto, para abrir la puerta a otra gente. Es decir, que mientras yo no le diga a nadie dónde está tu casa, salvo a ti, nadie sabrá donde vives ni podrá localizarte. Ni siquiera tú, que eres el propietario, serías capaz de desvelar el secreto a otra persona. Solo yo podría. Eso es lo malo, que cada vez que quieras invitar alguien a tu casa necesitarías pedírmelo, o mostrarles un papel con la dirección. Aunque eso sería más peligroso…

—Ya veo… Imagino que yo no puedo ser el guardador del secreto, como tú dices, porque no tengo tu poder —ella asintió—. Igualmente, me parece un jutsu increíble. Además, yo no traigo a gente a mi casa.

Seina alzó una ceja ante tal confesión. ¿Le estaba diciendo que no se acostaba con nadie en su casa? En realidad, no le extrañaba del todo porque la casa de un ninja era su santuario pero, aun así, le costaba de creer. Después de todo, ella estaba allí. El jonin debió comprender su incredulidad porque sus labios se estiraron en una sonrisa tras su máscara.

—Sé lo que estás pensando, pero es cierto. Nunca he tenido una relación seria en mi vida y las relaciones físicas que he tenido son más bien esporádicas. Muy esporádicas. No valen tanto la pena como para poner en peligro mi hogar. Por no hablar de que no tengo familia de sangre. Tú misma deberías saberlo. Pusiste tu casa bajo semejante jutsu.

—Lo sé, pero ni siquiera pensé en ese punto. Mi mayor motivación era la seguridad de Naruto y la mía, una vez no tuviéramos vigilancia de los anbu. Y, por cierto, nosotros somos tu familia. No todas las familias comparten genética.

—Lo sé, por eso he dicho "de sangre" —Kakashi-sensei suspiró al escuchar los motivos siniestros por los que tenía su casa bajo el fidelus.

Le estuvo preguntando sobre las limitaciones. Si alguien podría buscarlo con insectos, con animales invocados, con el olor, mapeando la zona, si podrían atacar la casa físicamente, etc. Las preguntas de su maestro incluso le dieron que pensar a ella, que estaba acostumbrada a usar el hechizo.

—¿Por qué no vienes a ver nuestra casa? —le preguntó al final—. Sasuke y Naruto están de acuerdo con decirte el secreto. Así verías qué sucede cuando te lo cuento y luego decides si quieres o no que te lo ponga aquí.

—Me parece bien.

Estuvieron hablando durante horas sobre las runas y hechizos, o jutsus, que podía hacer con la magia. Kakashi-sensei era el primero, desde que murió Hermione, que le hacía preguntarse el cómo de las cosas y pensar más allá de sus limitaciones. Cuando no tuvo más que preguntarle salieron en dirección a su casa que, curiosamente, no estaba muy lejos. Cuando llegaron a la puerta de entrada, Seina le dio el papel con la dirección anotada. El único ojo de Kakashi-sensei se agrandó al ver cómo, de la nada, aparecía una casa grande de 3 plantas rodeada por un muro de metro y medio de piedra gris. Seina hizo desaparecer el papel y le indicó que podía pasar.

—¡Naruto, Sasuke! ¡Estoy en casa! —llamó ella, entrando por la puerta que siempre se mantenía abierta.

—¡Seina-nee! ¡Se lo has contado a Kakashi-sensei! Sabía que pasaría —exclamó Naruto desde el sofá.

—Hn. Kakashi-sensei —saludó Sasuke, leyendo uno de los pergaminos copiados de la biblioteca.

Naruto se levantó y los acompañó por el tour de la casa, explicándole lo que habían hecho para repararla. Kakashi-sensei, mientras tanto, parecía algo estupefacto tanto por el hechizo como por la supuesta renovación. Le enseñaron todos los espacios hasta acabar en la segunda habitación de invitados.

—Es impresionante, chicos. Habéis hecho un gran trabajo —felicitó él, con una sonrisa orgullosa.

Seina observó como miraba las paredes color verde oscuro de la gran habitación. Las grandes ventanas con marcos blancos, la enorme cama de matrimonio con cabecero de la misma madera, el baúl con mantas dobladas a los pies de la cama, el escritorio bajo una ventana hechizada a un lado de la habitación, la puerta que llevaba al vestidor y armario, las cortinas color crema a juego con las sábanas, la ventana con asiento para leer en el otro lado y el gran mueble mitad estantería mitad almacenamiento.

—Esta habitación es tuya —le dijo Naruto, sonriendo de oreja a oreja.

—¿Qué? ¿E-en serio? —preguntó sorprendido Kakashi-sensei, girándose a observarlos—. ¿Por qué?

—Pensábamos tener cuartos de invitados para nuestros compañeros de equipo. Sasuke iba a usar un cuarto de invitados cada vez que nos visitar. Luego se mudó y ahora es su habitación definitiva —le explicó ella.

Su maestro no dijo nada, pero asintió. Naruto, que ya había visto la expresión del jonin, se marchó a retar a Sasuke a un partido de piscina. Seina evitó sacudir la cabeza ante el poco aguante de Naruto en algunas situaciones serias. Vio como Kakashi-sensei se sentaba en la ventana de lectura, mirando al jardín y viendo como Sasuke y Naruto se peleaban por la pelota.

—Esos dos… Al principio creí que su rivalidad podría acabar muy mal —le confesó. Seina se sentó al otro lado del asiento, mirando a sus compañeros de equipo—. Naruto tiene suerte de tener alguien de total confianza en su equipo y Sasuke de que no seas una de sus fans.

Seina se carcajeó. Era cierto.

—…Creo que… si Sasuke hubiera seguido en esa casa, las cosas hubieran sido muy diferentes —susurró Kakashi-sensei—. Así que gracias por ayudarle.

—Es de mi equipo, como tú. No iba a dejarle allí. Si lo hubiera necesitado, le habría arrastrado hasta su cuarto tirándole de los pelos —le aseguró y Kakashi rio al imaginarlo.

—No creo que le hubiera hecho mucha gracia.

—Quizás no al principio —se encogió de hombros—, pero luego habría visto que allí no estaba bien. Si tenerlo aquí no le hubiera ayudado después de un tiempo… Entonces lo habría dejado ir. No se puede ayudar a alguien que no quiere ser ayudado.

Durante unos minutos no dijeron nada. Kakashi-sensei parecía digerir que tanto Naruto como Sasuke o ella estaban bien. Se dio cuenta de que, a lo mejor, se habría preocupado por ellos todo este tiempo sin saber dónde estaban viviendo por si pasaba algo. A su vez, después de comprender esa pizca de información, se volvió a dar cuenta de otra cosa. Kakashi-sensei era nefasto para hablar de sus sentimientos. Si les hubiera dicho que estaba preocupado ellos no lo habrían dejado en las sombras de la misma forma.

—Sabes, a veces pienso que os he fallado —le dijo Kakashi-sensei, cerrando los ojos—. Sois mi equipo y ninguno de los tres teníais la situación más estable, ni la más saludable. Debería haber insistido al Hokage para que sacara a Sasuke de allí, o que me permitiera contactar con vosotros.

—Tú… pues claro. Eras anbu —pensó ella, sorprendida—. ¿Estuviste vigilándonos?

—No. No me lo permitió por un conflicto de intereses —le informó su maestro. Vio como apretaba la mandíbula del enfado—. El Hokage sabe que habría matado a esas matronas y a los ninjas que intentaron secuestraros… y a la mayoría de niños que os hacían la vida imposible. Para qué mentir.

—Te mantuvo lejos —suspiró ella.

Se dio cuenta de lo difícil que debió ser para Kakashi-sensei. No solamente perdió a su maestro, su padre, sino que le impidieron proteger a su descendencia a pesar de que, seguramente, se sentía obligado a velar por ellos. Sabiendo esto, algo le decía que Naruto y ella no estaban solo en su equipo por Kurama, sino también porque él lo quiso. Tenía mucho más sentido, ahora que lo pensaba. Volvió a suspirar cuando se dio cuenta de la preocupación que debió haber sentido cuando desaparecieron del mapa, justo después de quedar a su cargo.

—Lo siento. Si hubiéramos sabido todo esto… creo que te habríamos dicho algo para no preocuparte.

—No pasa nada, Seina. Lo entiendo.

Seina se inclinó a abrazarlo porque, aunque lo entendiera, podía imaginarse cómo se había sentido. En parte, por su culpa. Kakashi-sensei no se quedó helado como la otra vez. La abrazó al instante, recostándola sobre su pecho. Se quedó allí un buen rato, tumbada sobre Kakashi-sensei, entre sus piernas, la cabeza recostada sobre su hombro y la nariz pegada a su cuello, tapado por su jersey. Al poco rato, sintió la mandíbula del jonin apoyarse sobre su cabello. Supo, por los brazos que la rodeaban fuertemente, que, aunque quisiera, no podría zafarse. Cerrando los ojos, escuchando a Naruto reír de fondo, se dio cuenta de que tampoco le importaba demasiado no poder escapar.

Cuando se despertó supo que había pasado bastante tiempo por el color del cielo a través de la ventana. Se dio cuenta al instante de que seguía en la misma posición en la que se había dormido de improvisto pero, sorprendentemente, no era la única que había dado una cabezada. Alzó un poco la mirada, pero el peso de la cabeza de Kakashi-sensei le impidió moverse a menos que quisiera despertarlo. En ese momento se dio cuenta de otra cosa más. Nunca se había sentido tan bien en los brazos de alguien desde la muerte de su antiguo marido, George, hacía ya unos 47 años.

Como si la hubieran abofeteado, tuvo una enorme epifanía. Le gustaba Kakashi-sensei. Allí, entre sus brazos, con una mano escondida entre sus estómagos y la otra posada su pecho, se dio cuenta de que sentía que había conectado con él. No era una joven insípida ni insegura. Estaba bastante segura de que la conexión que sentía era mutua porque, ahora que lo pensaba, Kakashi-sensei la trataba diferente respecto a Naruto y a Sasuke. No solamente eso, la trataba diferente a todos los demás. Él mismo había confesado que nunca llevaba a nadie a su casa y, sin embargo, la había invitado a ella cuando podrían haber hablado en cualquier otro sitio.

De repente, todos esos roces le vinieron a la cabeza. La vez que le tocó el hombro en señal de apoyo, cuando le acarició el cabello, cuando la abrazó, cuando la cogió de los hombros para caminar con ella, cómo se había apostado a su lado ante el Hokage como si quisiera cogerla y huir, ese apretón en su mano como si no quisiera dejarla, las miradas cómplices, las sonrisas que no suprimía ante ella, los silencios reconfortantes y llenos de entendimiento, cómo le había buscado el pie para recostar su pierna a su lado sin que nadie lo viera, la confianza que le tenía… Demonios. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?

Pensó en qué hacer durante unos minutos, sin prisas, y al final decidió no hacer nada. Este año cumpliría 12 años y Kakashi-sensei celebraría sus 25 años. Tenía exactamente 13 años más que ella y, encima, era su maestro. Aun así, Seina no tendría eternamente 12 años ni sería su subordinada de la misma forma durante mucho tiempo. Además, tampoco se conocían de hacía demasiado tiempo, a pesar de la conexión casi instantánea que sintió con él. Cerró los ojos y se dijo a sí misma que si tenía que suceder, sucedería.

—Estás despierta… —susurró una voz profunda cerca de su oído. Hizo un sonido de confirmación, incapaz de abrir la boca—. Deberíamos bajar a cenar.

—Mhmm…

Ninguno de los dos se movió. Una mano en su espalda se movió hasta acariciarle el cabello. Suspiró de placer. Posó su mano libre en su brazo, mucho más accesible que su pecho cubierto por el chaleco, y sintió el calor de Kakashi-sensei bajo la palma de su mano. Enterró más aun su rostro en su cuello, incapaz de dejarle ir, y sintió como el brazo restante que la rodeaba la apretaba más si cabe contra él.

—¡La cena está lista! —escuchó el grito de Naruto y evitó derramar lágrimas al sentir como se quebraba el momento.

Kakashi-sensei dio un pequeño suspiro y, durante un breve instante antes de deshacer esa burbuja, le cogió la mano en su brazo y la entrelazó con sus dedos. Sintió unos labios besarle la cabeza y supo que debía moverse. Se levantó y la mano de Kakashi-sensei dejó la suya.

—Espero que no haya cocinado Sasuke —dijo ella con un tono divertido—. ¿Al final querrás que use este jutsu para esconder tu casa?

Se giró a mirarlo por primera vez en varias horas y Kakashi-sensei asintió.

—Hoy es demasiado tarde. Mañana si te parece bien —se estiró él, haciendo crujir algún que otro hueso—. ¿De verdad os parece bien darme esta habitación en vuestra casa?

—Claro que sí —le dijo firmemente ella, para evitar cualquier duda—. Puedes entrar por la ventana o por la puerta cuando quieras. No hace falta que llames al timbre ni nada.

Después de eso, no volvió a preguntar. Cenaron en equipo, como habían estado haciendo durante días en la última misión, y hablaron de lo que les esperaba en su entrenamiento ahora que todos estaban al tanto de sus habilidades.

—Sabéis, quiero hacer una tienda de campaña ninja como las riñoneras —les dijo ella, comiéndose el postre.

—¿A qué te refieres? —preguntó el jonin—. ¿Más grandes por dentro?

—Quiero meter una casa dentro de la tienda —sonrió ella de oreja a oreja.

—¿En serio? —preguntó casi excitado Sasuke—. ¿Cuándo crees que la tendrás hecha?

—¡Un momento! ¿En serio puedes hacer algo así? —preguntó Kakashi-sensei algo incrédulo—. Sería una gran herramienta para cualquier ninja.

—De hecho, ya tengo la tienda de campaña comprada y he empezado a hacer una lista de lo que quiero que tenga. Puedo meter una ciudad ahí adentro si quiero.

—Espera un momento… —dijo algo exasperado Kakashi-sensei—. ¿Me estás diciendo que para ti las limitaciones de espacio no significan nada?

—Eso mismo. Si quieres que tenga algo especial puedes decírmelo, lo haré.

Kakashi-sensei sacudió la cabeza con una risa algo histérica. Pronto Kakashi-sensei dejaría de preguntarse si cualquier cosa que hacía o podía hacer era remotamente normal y aceptaría sus poderes. Había aceptado su vínculo mental, su riñonera, su invisibilidad, el fidelus y aceptaría la tienda de campaña mágica. Era un ninja de élite, no un hombre cualquiera.

Durante las siguientes semanas de abril, Kakashi-sensei pareció enloquecer con su régimen de entrenamiento. Siguieron haciendo misiones de rango D después de la desagradable sorpresa que tuvieron con Tazuna, y entrenando cada día una media de 10 horas. Gracias a los clones, incluidos los clones de Sasuke quien había aumentado drásticamente sus reservas de chakra con el entrenamiento, aprendían a un ritmo exponencial. Ni siquiera Mina-senpai estaba sorprendida de su progreso, es más, se dedicó a inundarla de información y cada día practicaba un jutsu médico nuevo.

Sasuke, con su nuevo sharingan, empezó a entrenar con Kakashi-sensei para dominar su dojutsu. Su magia, o mahō, como la llamaban ahora el equipo 7 a falta de un nombre para su "nueva" kekkei genkai, fue entrenada también en combate. Aunque sabía que apenas estaba rozando la superficie. Solo la usaba para transformar material en animales, en escudos, en armas, deshacía kunais en aire cuando intentaban atacarla, usaba hechizos paralizantes, elementales, trampas, invisibilidad. Nunca antes se había sentido tan poderosa y fuerte como se sentía ahora.

Por desgracia, su apretado horario de entrenamientos, los habían convertido en unos parias sociales. El único grupo que no se relacionaba con ningún otro salvo para intercambiar unas pocas palabras si se encontraban en la calle. Aunque, tampoco es que los otros grupos tuvieran mucha más relación entre ellos…

Mayo pasó rápido, con la misma rutina, hasta que llegó finales de junio. Para ese entonces, Kakashi-sensei pasaba más tiempo en su nueva habitación y en casa con ellos que en su propia casa. A penas usaba su casa para dormir al principio y, cuando se dio cuenta de que no tenía por qué dormir solo, pasó a hacerlo en su nuevo dormitorio. Cada día que pasaba, Kakashi-sensei estaba menos distante con el equipo, sonreía y reía más y parecía menos apático con la vida, en general.

—Otra misión más realizada —dijo Kakashi-sensei, con el libro porno en mano—. Estáis hechos unos expertos.

Seina bufó una risa. Cualquiera podría ser ninja si las misiones fueran pintar casas y cuidar a mocosos de 5 años. Escucharon el sonido de un halcón y vio como Kakashi-sensei miraba de reojo al pájaro, cerrando el libro de golpe.

—Creo que entregaré yo mismo el informe, si no os importa —Sasuke le dio el pergamino—. Nos vemos pronto chicos, tenéis la tarde libre.

Desapareció con un shunshin. Los 3 se quedaron allí parados intentando comprender qué acababa de pasar.

—Quizás es una misión para Kaka-sensei —bostezó Naruto.

—No lo creo. A lo mejor es algo importante.

Seina escuchó el sonido de unos pasos detrás. Se giró y vio una roca cuadrada con un par agujeros para los ojos que parecía seguirlos. Supo por lo que escuchó que había 3 niños pequeños allí adentro. Naruto y Sasuke, viendo que no les estaba haciendo caso, siguieron su mirada. Sasuke alzó una ceja, con el rostro en blanco.

—¿Eh? ¿Una piedra cuadrada?

La caja salió volando y un niño pequeño que se parecía a Asuma Sarutobi apareció de dentro. Iba acompañado de un niño al que se le caía un moco y una niña que parecía que la habían peinado con los ojos cerrados. Pobrecillos.

—¡Ajá! ¡Te he pillado jefe!

—Oy, dobe, ¿quiénes son estos?

—¿No será el niño del que me hablaste? ¿Konohamaru? —preguntó ella y Naruto asintió.

—¿¡Te hemos sorprendido, jefe!?

—¿Por qué te llama jefe? —le preguntó con tono de burla Sasuke.

Seina vio con el rostro en blanco como el niño procedía a gritar y a retar a Sasuke antes de pisar su larguísima bufanda verde y caerse de cara contra el suelo. Miró de reojo a Naruto. Vio su cara de exasperación a la vez que se inclinaba para ayudar a levantarse a Konohamaru. De golpe, vio aparecer por una esquina a un chico algo mayor que ellos acompañado de una chica rubia. Vestía de pies a cabeza de negro y tenía el rostro maquillado y el cabello escondido con una capucha que le recordó a la figura de un gato. La chica con 4 coletas, por el contrario, vestía una especie de vestido tipo kimono, corto y de color lila, con un obi rojo. Afiló los ojos y vio que tenían protectores ninja de Sunagakure.

—¡Hey, vosotros! ¿Qué hacéis aquí? —llamó Naruto al darse cuenta de lo mismo que ella.

—Ugh. No soporto a los mocosos —dijo el de negro, lanzándoles una mirada—. Veo que tienes ganas de molestar.

—Respóndele —ordenó Sasuke cuando vio como no habían contestado.

—¡Tampoco soporto a los niños fanfarrones como tú!

Seina vio cómo se quitaba de la espalda un gran bulto cubierto por vendas y lo dejaba en el suelo. La chica, nerviosa, llamó al tal Kankurou para que no usara lo que supuestamente tenía ahí guardado.

Está aquí —la voz de Kurama la sobresaltó—. Uno de los míos.

—¿¡Un bijuu!? No, debes hablar de otro jinchuriki. ¿Es uno de ellos?

No, pero se acerca.

Escuchó el sonido de unas sandalias posarse contra un árbol y alzó la vista para examinar la nueva presencia. Era un niño de su edad, vestía de negro y rojo y llevaba una gran calabaza en la espalda que, por el sonido y teniendo en cuenta la banda ninja, debía ser arena o algo similar. Era pelirrojo y tenía los ojos verdes azulados, con un kanji que rezaba "amor" grabado en su frente. Además, estaba pálido como la leche y tenía unas ojeras profundas, como si llevara muchísimo tiempo sin dormir.

Todas las miradas se giraron hacia él y el tal Kankurou y la chica palidecieron. Seina se sorprendió al ver el miedo desnudo en sus rostros. Era tan visible que ni siquiera necesitaba percibir sus emociones.

—¿De dónde ha salido? ¡No lo he percibido! —dijo Sasuke, alerta.

Es él. El jinchuriki de mi hermano Shukaku. El bijuu de una cola.

—¡Seina-nee, Sasuke! ¡Dice Kurama que ese de rojo es el jinchuriki del Ichibi!

—¿¡Qué!? —preguntó Sasuke y ella asintió mentalmente.

Escucharon como el recién llegado mandaba a callar a Kankurou bajo amenaza de muerte. Luego, se transportó con lo que parecía ser arena hasta el suelo y les dio la espalda, dejando claro que no creía que fueran una amenaza para él. Sintió la chispa de irritación y enfado de su hermano y Sasuke al darse cuenta de ello.

—¡Un momento! ¿Por qué motivo estáis aquí? —les preguntó de nuevo Sasuke.

—¿De verdad no os habéis enterado? —les preguntó la chica y les enseñó una identificación.

Seina usó un hechizo para poder leer lo que decía desde tan lejos y vio que la susodicha se llamaba Temari de la Arena y era una genin de Sunagakure cuya identificación era necesaria para los exámenes de chunin. Mientras Temari les hablaba del examen, Seina escuchó 3 pares de pies posarse sobre otra rama.

—¿Qué os parecen? —dijo una voz masculina en voz baja.

—Hum… no son gran cosa… Será mejor que nos fijemos bien en el del pelo negro de Konoha y en el pelirrojo de Suna.

La confrontación se deshizo por sí sola, pero algo de todo aquello le puso los pelos de punta. Quizás era el jinchuriki de Sunagakure o quizás los otros tipos que los espiaban y planeaban algo con Sasuke. Fuera como fuera, se dijo que iba a estar muy atenta.

—Vamos, será mejor que regresemos a casa —les dijo—. He escuchado algo interesante.

Les mostró lo que había escuchado mientras caminaban. Sasuke frunció el ceño al ver el interés de esos desconocidos para con él. Naruto, preocupado y enfadado, se mordió la lengua para no decir nada mientras pudieran ser oídos. Cuando llegaron a la casa vieron que los esperaba Kakashi-sensei sentado en la mesa del comedor.

—¿Qué era eso tan importante que tenías que hacer? —le preguntó impaciente Naruto y Sasuke le dio una colleja—. ¡Hey! ¡Cómo si a ti no te picara la curiosidad!

—Os he propuesto para los exámenes de chunin —les comunicó sin más Kakashi-sensei.

Pararon en seco al escucharlo. Le dio los formularios a cada uno, les explicó dónde sería y cuándo tendrían que presentarse. Mientras los clones hacían la comida, se sentaron a hablar de sus posibilidades de ascender y ganar.

—Creo firmemente que podéis pasar sin mucho esfuerzo. He estado investigando el nivel de los otros equipos y vosotros sois los mejores sin duda.

—Mmm… Así que no mentía esa chica —pensó en voz alta Sasuke.

—¿Qué chica?

—Nos hemos encontrado con un equipo genin de Suna —le dijo Seina—. Según Kurama, uno de ellos es el jinchuriki del Ichibi. Es un chico pelirrojo de ojos verdes, lleva una calabaza que parece contener arena y un kanji grabado en la frente con la palabra "amor". Sus compañeros genin son Temari de la Arena y un tal Kankurou.

—¿Estás segura de eso? —preguntó con el rostro serio el jonin, poniéndose recto—. Si es así debo informar al Hokage.

Ella asintió. Vio cómo se levantaba para marcharse y ella le cogió del brazo antes de que desapareciera.

—Una cosa más. Había otro equipo espiándonos. Parecían tener interés por este chico y por Sasuke.

Su maestro entrecerró los ojos al escucharlo y asintió. Los dejó solos mientras iba de nuevo a la torre para reportar lo que acaba de escuchar. Miraron los formularios con algo de reticencia y excitación.

—¿Qué os parece lo de los exámenes?

—Creo que deberíamos hacerlo. Estamos preparados.

—¡Muy preparados, dattebayo!

—Creo que leeré los pergaminos en busca de alguna mención de exámenes de chunin. Quizás nos dé algo de ventaja.

—Te ayudaremos —cortó Sasuke—. Con los clones será tarea fácil, y cualquier cosa que sepamos es una ventaja.

Así es como los encontró Kakashi-sensei, media hora después, en la biblioteca/armería rodeados de pergaminos y libros.

—¿Qué es todo esto?

—Estamos leyendo sobre los exámenes de chunin —le dijo Naruto—. ¡Cuánta más información posible, mejor!

—Huh. Bien pensado Seina.

—¡Hey! —exclamó Naruto indignado—. ¡Podríamos haberlo pensado Sasuke o yo!

—No creo. Tú eres demasiado impulsivo y Sasuke muchas veces no tiene en cuenta los pequeños detalles. No. Esto es cosa de Seina, claramente.

—Hn —le lanzó una mirada asesina Sasuke sin muchas ganas.

Comieron y discutieron lo que habían leído. Por suerte, había algunos relatos sobre pruebas de chunin en otros países. Parecía haber varios denominadores comunes.

—Es decir, que van a examinarnos de las bases ninja: conocimiento, hacer trampas, proteger alguna cosa, robar alguna cosa, hacerlo en un periodo x de tiempo… Sinceramente, este examen puede estar chupado —dijo ella, que veía mil formas de salir totalmente ilesos y acabar el examen en menos de un día.

—¿Por qué lo crees? —le preguntó Kakashi-sensei—. Hay gente muy fuerte en estos exámenes. Si os confiáis puede que os llevéis alguna sorpresa.

—Lo sé, pero yo tengo una kekkei genkai que básicamente es la mayor carta trampa de la historia y, no solo eso, estoy conectada a Naruto y a Sasuke. Si tuviera que interrogar a alguien en el examen simplemente tendría que leerle la mente u obligarle a contarme sus secretos. Puedo hacer que nos volvamos invisibles, dejar inconsciente a alguien desde lejos, robarles cosas sin que se den cuenta y reemplazarlas por copias exactas… Incluso podemos llevar nuestro equipamiento habitual. Así que puedo llevar comida de sobras en mi riñonera y no tener que exponerme a cazar ni pescar. Por no hablar de que puedo volver a varios de mis competidores en contra de mis rivales, usándolos para allanar el camino.

Naruto y Sasuke la miraron con el rostro en blanco. Luego intercambiaron miradas.

—Está chupado —declaró decidido Naruto y Sasuke asintió—. Con Seina nadie puede ganarnos.

—Eso significa que tendremos que protegerla sea como sea.

—Tengo que hacerte un brazalete de invisibilidad, Sasuke. Hasta ahora no lo has necesitado, pero creo que va a ser muy útil en el examen.

Kakashi-sensei suspiró mientras los escuchaba planear el examen una semana antes de tiempo. Para ella estaba claro el desenlace de los exámenes. No pensaba perder así que tenía que ganar a toda costa. Con la magia y su chakra era como quitarle una piruleta a un niño, siempre y cuando usara la cabeza. No podía negar que había campos en los que todavía era más débil en comparación con alguna gente pero, a medida que se hacía más fuerte, empezaría a tener pocos rivales. Al final no sería cuestión de poder, sino de inteligencia. Por suerte, la experiencia que tenía la ayudaba de forma tremenda. De lo contrario, sería carne de cañón como otros genin a pesar de sus poderes.

Esa semana no hicieron misiones. Como solo iban a ser 7 días de examen, prepararon el triple de comida por si acaso y guardaron porciones idénticas en cada una de sus riñoneras. A Sasuke le hizo el brazalete y le enseñó a usarlo. Como estaba modificado, podían verse entre ellos como si fueran medio transparentes así que con un par de días de entrenamiento se acostumbró sin problemas a él. Toda la ropa y las armas tenían ya runas y hechizos así que no tuvieron que hacer gran cosa salvo comprobar que tenían todas las armas necesarias en sus fundas y en la riñonera, y hacer el inventario de pociones. Estuvieron practicando iryo ninjutsu por si fuera necesario e incluso consiguieron un mapa bastante detallado del bosque de la muerte, donde se hacía el examen práctico cada año que tocaba en su aldea, en uno de los pergaminos antiguos de la biblioteca de Konoha.

—Creo que no podemos prepararnos más —dijo ella .

—¡Yosh! ¡Estamos listos para el examen, equipo 7!