En la prisión de la Isla de los Marginados, se oyó un ruido de agua goteando, que hacía enloquecer a cualquiera, sin detenerse nunca. Un marginado pasó por allí y recogió un cubo y miró a su alrededor en la prisión tirando los alimentos en las celdas—. ¡Hora de comer, parásitos! —él exclamó y los prisioneros tomaron la comida con agradecimiento.
Cuando el marginado se acercó a dos ciertas celdas, arrojó una pata de pollo a la de la izquierda y el pan a la de la derecha antes de caminar. El prisionero de la derecha dió un soplido de incredulidad—. ¡Pero eso no es pan! ¿Por qué siempre recibe tratamiento especial? —el hombre demandó y agarró las barras mirando a la figura sombreada con enojo y agregó:— ¡Señor importante, señor jefe Berserker! —el hombre se burló con rabia.
Dagur, el Desquiciado, se puso de pie en su celda agarrando la pierna de pollo de la tierra y camino hacia adelante—. Oye, ¿quieres un poco? Ven aquí, te daré un poco —dijo Dagur. Se estiró a través de los barrotes sosteniendo la pata de pollo y el prisionero marginado lo miró sorprendido antes de que se estirara a través de los barrotes por el pollo.
Dagur toma su brazo y tira de él hacia delante rompiendo la cara del vikingo contra los barrotes mirándolo fijamente.
—He querido decirte algo importante por los últimos tres años —Dagur dijo con su mirada fría—. Tu voz es muy molesta.
Dagur gruñe y tira de las manos del prisionero hacia delante rompiendo la cabeza del hombre contra los barrotes y él cae al suelo inconsciente.
Dagur se estiró haciendo estallar la cabeza de su cuello—. Eso se sintió bien —murmuró y miró el paquete en su mano, sacó la llave que había estado con el pan y se rió. Abrió la puerta de la celda y caminó hacia adelante, luego agarró a un guardia que lo derribó al suelo.
—No comer la larva, ¿dónde has oído eso? —un guardia marginado preguntó a otro a su lado riéndose de la broma antes de que Dagur caminara hacia adelante y golpeó las cabezas de los dos juntos y estos caen al suelo inconsciente.
—¡Se escapó! ¡Dagur se salió! —un marginado gritó y Dagur suspiró profundamente antes de darse la vuelta, recoger un garrote que uno de los marginados sostenía y correr hacia adelante y aplastar al marginado en la cabeza, sus gritos murieron cuando cayó inconsciente.
Los marginados corrieron hacia adelante y Dagur los miró sonriendo maliciosamente, —¡Oh, bien! Un reto —Dagur dijo y corrió hacia adelante golpeando a los marginados en la cabeza con el garrote.
—¡Sí! —exclamaron Berserkers que fueron encarcelados en la isla con él desde la última batalla de Hipo y Chimuelo contra Dagur. Dagur lucha contra algunos marginados más, ganando y caminando hacia ellos.
Dagur caminó hacia la puerta con los garrotes a la espalda y silba. El marginado en la puerta deja caer su garrote y extiende las manos—. ¡No! Dagur no! ¡Yo fui el que te dio la llave! —él dijo y Dagur dejó de dejar los garrotes.
—Lo que te hace un traidor —Dagur dijo, sonriendo. Luego golpeó al hombre en la cara—. Odio a los traidores.
Salió por la puerta y miró hacia el muelle donde estaban atracados varios barcos para después sonreír maliciosamente.
—Es un nuevo día, Hipo —Dagur dijo y se rió suavemente antes de añadir—: Espero que hayas descansado —dijo riendo mientras caminaba hacia adelante.
Chimuelo vuela por el aire zambulléndose más allá de las pilas de mar, Hipo, de dieciocho años, miró hacia las nubes antes de mirar a Chimuelo—. Bien, amigo. Probemos el nuevo movimiento.
Chimuelo asintió y se sumergió antes de salir volando hacia arriba. Hipo rió y el viento azotó su rostro.
—¡Eso, bebé! ¡Eso es, Chimuelo! ¡Sigue! ¡Lo tienes! ¡Sube más alto! —dijo riendo con deleite mientras seguían subiendo. Su dragón enseñó una de sus famosas sonrisas. Entonces, de repente, oyó un clic y sus manos se deslizaron de las manijas al momento que su arnés se desprendió—. ¿Qué?
Hubo un segundo en el que Hipo estaba flotando antes de caer hacia atrás, Chimuelo y el primer vuelo de prueba pasó por su mente.
—¡Oh no, no otra vez! —gritó cayendo hacia el suelo. Levantó la vista hacia Chimuelo, quien todavía estaba batiendo sus alas—. ¡Chimuelo!
Chimuelo se sumergió hacia él. Hipo metió sus brazos cerca de los costados.
—Oye —habló Hipo y Chimuelo gruñó un 'hola' y miró hacia el océano que se acercaba—. Vamos en picada, ah... ¿Alguna idea?
Chimuelo se lanzó hacia abajo e Hipo dio la vuelta aterrizando en su silla sobre su estómago y se puso en una posición sentada y golpeó su pata de palo en el estribo.
—En serio, necesito mis propias alas —dijo volviéndose a colocar su arnés y Chimuelo gruñó con claro enfado—. Oh, silencio. Ni siquiera empieces— Chimuelo se da la vuelta y regresa a Berk.
Hipo miró hacia abajo a la isla observando a la gente mientras caminaba alrededor de la plaza.
«Esto es Berk».
Chimuelo se zambulle sobrevolando a través de los soportes de madera que iban a ser la entrada para el establo de los dragones, el chico se agachó y la viga de madera voló sobre su cabeza.
«Esto también es Berk».
Chimuelo vuela sobre un Nadder Mortífero que estaba comiendo pescado en una torre de antorcha y el jinete ni siquiera se cuestiona. No es la cosa más rara que los Nadder Mortífero hayan hecho.
«Y esto igual».
Chimuelo gira alrededor de un molino de viento.
«Sí, han pasado tres años desde la guerra con los Berserkers y Berk ha cambiado mucho. Pero, de nuevo, nosotros también. Patán ahora trabaja en la Armería, Bocón le dio el título de probador oficial de armas».
Chimuelo se lanza hacia abajo y vieron como Patán se subía en una catapulta. Bocón tira de la palanca y él los mira con los pulgares arriba.
—¡Sí! ¡Funciona! —él gritó felizmente cayendo.
Hipo observó cómo los gemelos hacían rodar un carro de armas lleno hasta el borde con todas las puntas apuntando hacia arriba.
«Los gemelos, sin sorprender a nadie en lo absoluto, han decidido dedicar su vida a Loki, el dios de las bromas. Que afortunados somos».
Patán cayó hacia adelante y vió el carro de armas—. ¡Colmillo! ¡Colmillo! —Patán gritó y Colmillo se lanzó hacia adelante atrapándolo por su camisa azul. Él miró a los gemelos con enojo, mientras Colmillo lo arrojaba sobre su espalda—: ¡Habrá repercusiones por esto! ¡Repercusiones! —Patán gritó mientras los gemelos se rieron y chocaron los cinco.
—¡Sí! —gritó Brutacio.
«Y también está Patapez, quien ya encontró su vocación. Enseñarle a los niños de Berk, la historia de los dragones».
Chimuelo voló sobre las escaleras mientras Estoico y Bocón bajaban las escaleras y Hipo vió cómo el rostro de Patapez se iluminaba—: ¡Oh, miren, niños! ¡Tenemos suerte! ¡Ahí vienen dos héroes famosos de Berk! —Patapez hace gestos hacia adelante.
—¿Héroes? —Estoico preguntó y se rió—: Tengo pendientes que hacer, pero supongo que podrían esperar un momento —Estoico comienza a hablar y Patapez mira a Hipo con su dragón.
—¡Hipo, y su sorprendente Chimuelo! —Patapez gritó y los niños pequeños subidos en Albóndiga comenzaron a saludar y animar.
—¡Y presentar a mi hijo y a su Furia Nocturna! ¡Hurra! —Estoico exclamó y Chimuelo sobrevuela sobre ellos mientras Patapez lo saluda felizmente.
En la Academia de Dragones, se oía el sonido de varias flechas y hachas impactando contra dianas de madera sucesivamente, la responsable de tales sonidos no era nadie más que Hallie Abadejo, la hija de once años, casi doce, de Estoico y hermana pequeña de Hipo.
Hallie respiró profundamente manteniendo el aire en su pecho, puso el dedo índice sobre la flecha, el dedo medio y anular debajo antes de levantar el arco apuntando a hacia una diana que estaba más lejos que las demás, soltó la flecha al mismo tiempo que exhalaba el aire guardado y sonrió suavemente cuando la flecha dio en el centro.
—¡En el blanco! —celebró la niña levantando su arco al cielo de forma victoriosa.
De repente su celebración fue interrumpida y Hallie chillo cuando Chimuelo la derribó al suelo y comenzó a lamer su rostro, cumpliendo con su dosis de afecto del día.
—¡Chimuelo! ¡No! ¡Me haces cosquillas! —exclamó Hallie riendo tratando de apartarlo de ella—. ¡Hipo, detenlo!
Su hermano mayor negó sonriendo con diversión mientras se acercaba, apartó suavemente a Chimuelo de su hermana y le extendió la mano ayudándola a levantarse.
—Buenos días, mi pequeña lady.
Algo más que tenían que saber las personas al conocer a Hallie, era que ella era la niñita de Hipo, la luz de sus ojos, el ser a quien protegía más que a nadie en el mundo.
—Hipo, ¿qué haces aquí? —preguntó Hallie curiosa limpiándose las babas de Chimuelo del rostro.
Chimuelo, quien se había puesto al lado de Hallie, comenzó a reírse usando su peculiar risa de dragón y Hallie le saco la lengua en respuesta antes de volver a mirar a su hermano. Era extraño para ella ver a Hipo por la Academia desde que los otros jinetes habían encontrado sus propios trabajos.
—Bueno… Pensé en ver si mi hermanita quería dar un paseo conmigo, pero veo que estás muy ocupada así que…
—¡No! ¡Claro que quiero dar un paseo contigo! —dijo Hallie emocionada—. ¿Iremos volando, verdad? ¿Puedo guiar a Chimuelo?
—Claro que sí, dragoncita.
Hipo no pudo evitar reírse y observar tiernamente en el segundo en que Hallie comenzó a brincar a su alrededor expresando lo emocionada que se sentía por volar. Algo que ambos hermanos compartían era su amor por los dragones, su curiosidad por descubrir nuevas cosas y la sensación de libertad que les provocaba volar.
El hecho de que Hallie aún no tuviera un dragón era la razón por la que se emocionaba tanto por volar en Chimuelo, a quien le fascinaba esos momentos porque eso significaba más horas de vuelo.
Hallie se subió en el lomo de Chimuelo y ambos miraron impacientemente a que Hipo hiciera lo mismo, él no tardó en subirse en su dragón detrás de su hermana y rodear con un de sus brazos su cintura. Hipo miró a Hallie y asintió con la cabeza.
—¡Andando!
Chimuelo hizo caso a la indicación de la más pequeña, alzó el vuelo y los tres partieron de la Academia.
Más tarde sobre el océano escucharon un graznido y giraron la cabeza, Astrid y Tormenta hasta estar a su lado.
—¡Oh, ahí estás! —dijo Hipo.
—¡Astrid! —Hallie saludó sonriendo.
—Hola, Hallie —respondió Astrid el saludo de la misma forma. Luego miró a Hipo—. Hipo, te he estado persiguiendo desde la Armería —ella dijo y Hipo se volteó mirándola.
—Sabes que no es precisamente fácil seguirle el ritmo —Hallie señaló divertida mirando a su hermano.
—Bueno, pensé que exploraríamos en norte lejano hoy —Hipo dijo mirando hacia delante de nuevo.
—Uh, ¿podemos hablar de algo primero? —Astrid preguntó y los hermanos Abadejo la miraron.
—Sí, claro. Si puedes atraparnos —Hipo dijo en broma y Hallie soltó un pequeño grito cuando Chimuelo aumentó la velocidad, pero fue bastante lenta para Tormenta que pudo ponerse al día con ellos. Hipo estaba mirando alrededor de la zona con el catalejo, con una mirada muy confiada en su rostro—. ¿Saben qué? Lo voy a decir, tengo un muy buen presentimiento sobre esto.
—Dices eso cada vez que vamos a buscar nuevos dragones —Astrid dice con sequedad.
—Y siempre te decepcionas cuando no encuentran uno —añadió Hallie recordando las veces que su hermano llegó a casa con una mueca de tristeza en su rostro por no poder descubrir nuevos dragones.
—¿De qué lado estás, Hallie? —Hipo preguntó bajando el catalejo para observar a su hermana.
—Estaré de tu lado si me das un dragón —Hallie trató de negociar con aire de superioridad.
—Oh, ¿en serio? —Hipo la miró alzando una ceja de manera divertida y movió la otra mano, que usaba para sostener a Hallie de la cintura, hacia su estómago moviendo sus dedos haciéndole cosquillas.
—¡Era broma! ¡Era broma! —gritó Hallie entre risas agarrando su mano deteniendo su ataque—. ¡Estoy de tu lado!
Astrid sonrió moviendo la cabeza, acostumbrada a aquello—. Hipo, ahora que tenemos un segundo, quiero hablarte sobre… —comienza de nuevo pero se hizo hacia atrás antes de que Hipo le lanzara el catalejo ignorando completamente lo que acaba de decir.
—¡Oh, mira, mira, mira! ¿Lo ves? Definitivamente hay movimiento allá. Cuello largo, cabeza grande, detrás de la formación rocosa —señaló Hipo apuntando hacia adelante y enfocándose en la cosa de aspecto verde.
—¡¿Dónde?! —Hallie cuestionó sonriendo.
El corazón de Hallie casi saltó de su pecho de la emoción. Hasta donde sabía, no habían descubierto un nuevo dragón alrededor de Berk en más de un año.
—Sí, como sea, oye quiero hablarte sobre… —Astrid volvió a ser ignorada como Chimuelo voló hacia adelante, notando la emoción de su mejor amigo. Hipo sonrió y lo miró.
—¡Eso es Chimuelo! ¡Una nueva especie de dragón, amigo! —Hipo dijo felizmente y Chimuelo asintió y se detuvo detrás de la roca como Brutacio y Brutilda los miraron riendo.
—Oh, genial —Hallie se entristeció—. Era demasiado fácil y bueno para ser verdad.
—¡Por Loki! —gritaron al mismo tiempo.
Hallie se mordió el labio, nop, no es un nuevo dragón.
—¡Ja! ¡Realmente creíste que Eructo era un nuevo dragón! — Brutacio dijo y se echó a reír. Hipo los miró un poco avergonzada y Hallie los observó frunciendo el ceño.
—¡Oh, por favor! ¡Claro que no! —Hipo gritó. Hallie levantó su arco y los gemelos dieron gritos de sorpresa cuando dos flechas dieron contra sus cascos—. Vamos, amigo —ordenó Hipo y Chimuelo suspiró antes de alejarse de los gemelos.
Mucho más tarde, ese mismo día, los hermanos Abadejo se sentaron en un mar de pila de rocas sin hacer nada.
—Les diré algo, hay veces en las que realmente no soporto a esos dos —Hipo dijo como Chimuelo se frotó en su espalda e Hipo levantó una mano y la puso sobre la cabeza de su dragón quien ronroneo y puso su cabeza hacia abajo al lado de su cara feliz.
Hallie puso un codo en su rodilla y descansó su barbilla en ella suspirando mirando los bordes esmerilados fuera de toda su ropa. Sacó su flequillo lateral que colgaba un poco más del ojo detrás de la oreja y tiró de su cabello por encima del hombro y tiró hacia fuera algunos cabellos sueltos. Ella dio un largo y triste suspiro.
—Oye, ¿qué sucede? —Hipo preguntó mirándola preocupada y le pasó un brazo alrededor de los hombros y la acercó a él. Hallie se acurruco en su pecho.
—Me gustaría poder tener mi propio dragón para unirme a ustedes. Quiero decir, no me malinterpretes, me encanta montar contigo y Chimuelo… —Hallie explicó— Pero sabes que voy a necesitar mi propio dragón pronto.
Hipo suspiró y se frotó la cara luego de escucharla decir aquello. Ya habían tenido esta conversación muchas veces, y Hallie ya sabía la respuesta. ¡Maldecía su sobreprotección!
—Sé que quieres tu propio dragón, pero creo que el lugar más seguro para ti es conmigo. Aun eres muy pequeña para tener un dragón —Hipo explicó.
Hallie puso los ojos en blanco, pero asintió con la cabeza, comprendía las palabras de su hermano, pero aun así no estaba de acuerdo. Así que solo se apoyó en Hipo, recargando su cabeza en su pecho y su hermano le dio un beso en la cabeza.
Un chillido de Tormenta anunció la presencia de Astrid e Hipo no miró hacia atrás. Astrid caminó hacia adelante en su campo de visión y Hipo suspiró pesadamente—. Hipo, esos chicos son cabezas de carnero. Pero tienes que admitir, que visitamos todas las islas, cada pila de mar y todas las rocas del archipiélago dos veces. Y no hemos visto un nuevo dragón en mucho tiempo —Astrid dijo e Hipo dejó salir el aire por la nariz.
—Quinientos seis días —murmuró Hallie levantando un poco su cabeza para poder mirar a su hermano mayor.
—¿Qué? —Astrid preguntó y Hallie la miró.
—Quinientos seis días, he estado contando —ella aclaró y dejó escapar otro suspiro.
—Es que esto no puede ser todo, debe haber mucho más allá —Hipo dijo.
—¿Qué tal si no lo hay Hipo?, ¿qué tal si ya acabamos?, ¿qué tal si la búsqueda terminó? —Astrid preguntó. Hipo giró su cabeza hacia ella.
—No puede ser —él dijo y Astrid suspiró.
—Bueno, pues terminó para mí —Astrid anunció e Hipo la miró—. He intentado decirte. Tormenta y yo, entramos a la Guardia de Berk.
—Oh, eso es genial —él dijo e hizo la sonrisa un poco más grande y se puso más tenso—. Me siento feliz por ustedes.
Astrid se inclinó tratando de llamar su atención—. Mira, tal vez deberías estar pensando qué es lo que sigue para ti y para Chimuelo… Hasta deberías comenzar a entrenar a Hallie como una jinete de dragones —Astrid sugirió y subió a su dragón alzando vuelo.
—Hipo, Astrid tiene algo de razón, no puedes simplemente volar alrededor de Berk por siempre —Hallie dijo con tristeza.
En la academia, Hipo se queda mirando a Chimuelo antes de mirar en el puesto de Tormenta y Astrid. Las puertas se cerraron cuando él las empujo. Miro hacia abajo a sus pies fijos en el suelo antes de mirar hacia atrás a Chimuelo.
Hallie dejó escapar otro suspiro, no quedaba nada. No había nuevos dragones, no había enemigos que combatir, no había nada que aprender a controlar, no había guerras de dragones al extremo, no había romance, sin academia que se ejecute realmente, nada. Su vida de casi trece años se auto deslizaba entre los dedos como agua corriente.
Si hubiera sabido lo que iba a pasar, habría disfrutado cada momento de la academia, pero no lo hizo.
—Ahora solo seremos tú y yo, amigo —suspiró Hipo y caminó hacia él. Chimuelo gruñó cuestionando y caminó junto a él.
Hallie miró sus pies unos segundos antes de correr hacia su hermano mayor, Hipo se dio la vuelta justo a tiempo para atraparla en sus brazos y Hallie lo abrazó fuertemente aferrándose a su cuello.
—No me gusta verte así, hermano. No importa si alguna vez consigo un dragón, yo siempre estaré contigo —Hallie murmuró en su oído haciéndolo sonreír.
Hipo río devolviéndole el abrazo a su hermana pequeña al mismo tiempo que acariciaba su cabello, además de su padre, Estoico, y su mejor amigo, Chimuelo, Hallie era lo más valioso para él. Él siempre la hacía reír y la sostenía cuando lloraba.
Hipo miro a Chimuelo—. Parece que no estaremos solos después de todo, amigo.
Chimuelo canturreo alegremente, Hipo, aun con su brazo alrededor de Hallie, volvió a casa con su hermana seguido de Chimuelo.
A la mañana siguiente, Cubeta y Abono en un barco de pesca en medio del océano tenían problemas para sacar una red. Cubeta tiró de la red con todas sus fuerzas.
—Oh, vamos —gruñó—. ¡Abono, no puedo subirla! —Cubeta gritó y Abono miró la red.
Normalmente, Cubeta no tendría un problema con la red de pesca.
—¿Cuál es el problema, Cubeta? —Abono preguntó confundido.
—No estoy seguro, Abono. No puedo subir la red. Algo tira de ella —Cubeta dijo dándole otro tirón antes de que ambos pescadores se miraran con cara de miedo, —¿Crees que...?
—¡Monstruo marino! —ambos gritaron al mismo tiempo y Eructo y Guacara emergieron del océano disparando un chorro de agua. Brutilda y Brutacio levantaron la cabeza y agitaron las manos lentamente.
—¡Por Loki! —los gemelos gritaron en triunfo.
—Gah, tú… —Cubeta se detuvo y se dio cuenta de que los gemelos llevaban un pasajero extra.
Abono miró hacia arriba con los ojos muy abiertos—. ¿Johann? —preguntó.
Johann estaba acostado en el cuello de Eructo. Estaba húmedo, débil y apenas inconsciente. Los gemelos no lo habían notado en absoluto—. Ayúdame —dijo débilmente.
Brutacio, que era totalmente ajeno al hecho de que Johann estaba justo detrás de él, miró a Cubeta y Abono sonriendo—. Aw, cielos, debiste ver sus caras —dijo Brutacio —. Invaluables —agregó y Brutacio se inclinó junto a Brutilda.
—¡Loki completo! —ambos gritaron juntos.
—Apuesto a que nunca pensaron que era un Loki completo, ¿no es así, Johann? — dijo Brutacio mirando a Johann. Luego se dio cuenta de quién estaba detrás—. ¿Johann? —él preguntó y Johann escupió agua como respuesta.
Hipo abrió la puerta de la casa y ambos miraron a Estoico, que estaba comiendo la cena en la mesa. Él miró sorprendido a su primogénito.
—Hipo, ¿qué haces en casa tan temprano?— él pregunta y los ojos de Hallie se abrieron como platos mientras cerraba la puerta.
—Solo quería pasar tiempo con mi querido viejo y mi adorada hermanita, es todo —Hipo dijo caminando por la habitación y apoyado contra una pared mientras miraba a su padre—. Si, ¿sabes? Ya casi no hablamos…
—Está bien, ¿qué pasa? —él preguntó e Hipo río débilmente forzando una sonrisa en su cara. Hallie miró el suelo de forma incómoda mientras jugaba con sus pies.
Su padre había mejorado su relación con Hipo en los tres años que pasaron, por lo que ahora sabía si algo andaba mal con él. Hallie, a veces envidiaba eso, deseaba que su padre también pudiera presentir cuando algo estuviera mal con ella.
—¿Qué dices? ¿Qué pasa? ¿Un hijo no puede pasar tiempo de calidad con su padre y su hermana? —Hipo preguntó mirándolo y él levantó su vaso.
—No este hijo, al menos no normalmente —Estoico dijo y lo señaló con su copa—. Así que, te escucho —avisó antes de tomar un sorbo de agua.
—Bien —Hipo dijo y caminó hacia adelante y se sentó en la silla frente a él. Hallie ocupó su lugar apoyándose en la pared—. ¿Sabías que Astrid acaba de entrar a la guardia de Berk?
—Lo supe. Bien por ella —Estoico estuvo de acuerdo e Hipo se mordió el labio antes de mirarlo, sin creer que era en realidad estaba a punto de sugerir eso. Hallie lo miró con intriga.
—Y los otros jinetes tienen cosas diferentes que hacer —él continuó y su padre puso la taza en la mesa.
—¿Qué estás diciendo, hijo? —él inquirió.
—Digo que...no lo sé… tal vez es hora de que me… —Hipo habló y la puerta se abrió de golpe lo que le impidió pescar su sentencia de comenzar a asumir sus funciones de jefe. Hipo terminó girando alrededor de la silla mirando a Brutacio y Brutilda de pie en la puerta, Johann entre ellos con un brazo alrededor de los hombros de cada gemelo.
—Johann —Estoico dijo poniéndose de pie para caminar hacia ellos, —¿Qué te sucedió? —le preguntó. Hipo se levantó y caminó detrás de él, Hallie miró de una forma preocupada detrás de su hermano y Johann los miró, su pelo desordenado visible bajo su sombrero de marinero.
—Dagur —Johann dijo y ellos lo miraron.
—¿Dagur? —repitió la más pequeña de todos.
Hallie frunció el ceño confundida, por lo que ella sabía, Dagur estaba pudriéndose en prisión en la Isla de los Marginados por apoderarse de la isla.
—¿Qué pasa con Dagur? —Hipo preguntó y Johann lo miró.
—Salió, es más Berserker que nunca, y por la forma que estaba hablando, Hipo, eres el número uno en su lista de venganza —Johann dijo mirándolo a él y Hallie miró a los gemelos, con expresión preocupada y se mordió el labio, sus palabras se hundieron en su garganta.
—Todo lo que obtuvimos de Johann antes de que se desmayara fue esto, Dagur escapó de la Isla de los Marginados robando su nave —Hipo dijo y miró a los otros jinetes. Los había reunido para ir a buscar a Dagur para ponerlo detrás de las rejas de nuevo. Saludo con una mano adelante y miró el mapa—. Tiro a Johann por la borda, por aquí —él dijo y puso un dedo en el mapa.
—Lo que estás diciendo es que, Dagur podría estar en cualquier parte —Patán adivinó y Hipo se giró a mirarlo.
—Bueno, técnicamente sí —dijo Hipo estando de acuerdo.
—Oh, genial. Si, si ,si. Eso nos deja, no lo sé, déjame pensar, ¡el océano entero para buscarlo! —Patán gritó y puso las manos en sus caderas—. No, gracias.
—Oye, nadie dijo que iba a ser fácil —dijo Hallie cruzando los brazos.
—Maestro Hipo —Johann saludó al entrar en la Academia, Hipo se volvió y lo miró.
—Johann, despertaste —dijo Hipo.
—Y me siento mucho mejor. Gracias por preguntar —dijo Johann—. Lo más importante, es que tengo una fuerte sospecha de hacia dónde se dirige nuestro perverso enemigo —dice agitando una mano sobre el mapa.
Hipo se dio cuenta de que estaba haciendo un gesto hacia el banco de niebla en el norte—. ¿Fuera del archipiélago? —él preguntó.
—No. Justo afuera del banco de niebla en nuestro grupo exterior de islas— Johann respondió.
—Nunca hemos estado tan lejos— Hipo murmuró mirando de nuevo el mapa.
Hallie miró sorprendida el mapa y luego a su hermano, ella jamás había salido de Berk en toda su vida.
—Cuando Dagur se apoderó de mi precioso barco, también entró en posición de un mapa muy importante. Uno que conduce al cementerio de barcos escondidos en ese banco de niebla —dice Johann.
—¡Wow! Ese es el primer lugar al que iría —Patán dice sarcásticamente.
—Bueno, eso suena exactamente a un lugar al que Dagur iría —opinó Hallie encogiéndose de hombros.
—La señorita Hallie tiene razón. Si me permiten terminar… —comenzó Johann.
—Johann la última vez que te dejamos terminar, terminamos en el pantano peligroso. Así que no, no terminarás —interrumpió Patán.
—Yo si quiero que termine —Hallie miró a su primo molesta. Probablemente era una de las únicas personas que disfrutaba de las historias de Johann.
—¿Quién invitó a la enana? —Patán preguntó señalando a Hallie.
—Basta —ordenó Hipo y le dió a Patán una mirada mordaz antes de volver a mirar a Johann—. ¿Qué tiene de especial el cementerio y por qué iría para allá?
Johann se limitó a sonreír—. Bueno, verán...
—La versión corta, por favor —Hipo le extendió una mano..
Johann parecía decepcionado, pero continuó—. Es donde guardo mis tesoros y mercancías —dijo.
Todo el mundo se limitó a mirarlo. Brutacio parpadeó y la mandíbula de Patán cayó.
—Wow, directo al punto, ¿quién diría que podía hacerlo? —Brutacio preguntó.
—Lo que me recuerda la primera vez que me etiquetaron como 'directo' —Johann volvió a relatar de nuevo—. Era un hombre joven, muy feo en realidad...
—Johann —Hipo intervinó y él levantó la cabeza..
—¿Sí?
—Concéntrate. ¿Hay algo más? —Hipo preguntó y él asintió.
—De hecho, hay un barco que deben evitar a toda costa, se llama la ...«Guadaña» —Johann expusó, y el resto de los jinetes tomaron respiraciones agudas al mismo tiempo que Hallie sonreía emocionada—. Lleno de trampas de proa a popa, apenas pude salir con mi vida la única vez que me aventure a subir a bordo, fue terrible —Johann dijo con ojos abiertos mientras recordaba los hechos—. Oh, wow —y añadió.
—Está bien, Chimuelo, vámonos —Hipo dice y hace una pausa antes de volver a mirar a los otros jinetes—. A menos, por supuesto, que alguno de ustedes pueda darse tiempo en su pesado itinerario para atrapar a un maníaco peligroso —Hipo dijo sonriendo ampliamente cuando miro a los otros jinetes.
—¿Puedo…
—No —Hipo interrumpió la pregunta de Hallie mientras se preparaba para la misión.
—¡Ni siquiera me dejaste terminar! —Hallie protestó golpeando con sus puños el colchón de su cama observando a su hermano. Ambos hermanos se encontraban en la habitación que compartían, Hipo hacía todo lo posible para evitar mirar el puchero que se había formado en el rostro de Hallie.
Sabiendo que se arrepentiría luego, Hipo se giró a ver su hermana, quien se encontraba sentada de brazos cruzados en su cama con los pies colgando. Él no sabía si Hallie estaba tratando de verse enojada, pero para Hipo se veía absolutamente adorable.
—¿Ibas a preguntarme si puedes venir, no es así? —Hipo preguntó y Hallie asintió lentamente—. No, no puedes venir. Es muy peligroso.
—¡Siempre dices eso! —gritó Hallie bajándose de la cama—. Nunca me dejas ir contigo a sus aventuras… ¡Y no te atrevas a usar mi edad como excusa, Hipo, porque tú y tus amigos no eran tan grandes cuando iniciaron!
—Esto es diferente, Hallie —Hipo dijo recogiendo su escudo y poniéndolo en su espalda—. Esto es fuera del archipiélago.
—¿Cómo podría saberlo? Jamás puse un pie fuera de Berk —Hallie murmuró esquivando la mirada de su hermano.
—Lo sé, dragoncita, pero no quiero que tu primera vez fuera de Berk sea por esto —Hipo se acercó a su hermana y se arrodilló frente a ella para que Hallie no se sintiera amenazada por la diferencia de altura—. Será la próxima vez, lo prometo.
—Solo quiero apoyarte —Hallie dijo levantando la mirada viéndolo—. ¿De qué me sirve entrenar toda mi vida si ni tú o papá me dejan ayudar?
—Papá solo quiere protegerte —Hipo le explicó—. Al igual que yo.
—Ni siquiera puede mirarme a la cara por más de dos minutos —expresó Hallie volviendo a bajar la mirada—. A puesto que no notaría mi ausencia si me voy contigo.
Hipo suspiró pesadamente. La guerra entre vikingos y dragones había terminado, el trato de su padre hacia él había cambiado, pero la forma en la que Estoico veía a Hallie no.
Hallie nunca tuvo la reputación que tuvo él a su edad, era todo lo contrario, desde muy pequeña Hallie había demostrado ser una prodigio en todo lo que conllevaba ser un vikingo. Bocón había dicho varias veces que la pequeña Abadejo era la perfección de lo que era un guerrero vikingo; era lista, era fuerte, astuta y ágil, más que cualquier niño de su edad, pero los únicos obstáculos que le habían impedido demostrar su valor, era su edad y su género.
Estoico nunca dejó que Hallie entrenara como los demás niños o que estuviera en un campo de batalla, por lo que la niña se volvió autodidacta aprendiendo todo lo que ahora sabía, a través de lo que veía y se aseguraba de hacerlo diez veces mejor; eso la había convertido en la mejor arquera de todo Berk.
Hipo no recordaba a su madre, pero los que sí lo hacían, afirmaban que Hallie era un copia exacta de lo que fue Valka en su juventud y Estoico lo sabía. Su parecido con su madre era una de las razones por la que el jefe de Berk no era capaz de verla, ni mucho menos ponerla en peligro.
—Eso no es cierto, Hallie —dijo Hipo peinando uno de sus mechones castaños detrás de su oreja.
—Claro que sí —susurró Hallie—. Dices eso porque nunca estás en casa.
Entonces ella levantó la cabeza mostrándole un puchero acompañándolo con la mirada de ojos de borrego abandonado. Hipo maldijo para sus adentros, esa niña sabía manipularlo muy bien, ella sabía perfectamente que no podía decirle que no cada vez que hacía ese gesto.
—Bien —Hipo finalmente se rindió así como el gesto triste de Hallie se desvaneció—. Puedes venir con nosotros.
—¡Hurr…
—Pero… —su hermano la interrumpió—. Tendrás que obedecerme en todo lo que te diga y estar a mi lado en cada momento, y si las cosas se ponen peligrosas, le diré a uno de los jinetes que te regrese a casa, ¿trato?
Hallie asintió con entusiasmo—. ¡Trato!
—Ve a prepararte.
La pequeña niña salto del entusiasmo antes de correr a buscar su arco y flechas, pero no sin antes darle un gran abrazo a su hermano y muchos besos en la mejilla.
Hipo la observó con una pequeña sonrisa, pero aun así no podía evitar sentirse preocupado por su decisión
—¡Esto es increíble! —Hallie gritó, con los brazos extendidos a sus costados. Hipo la sostenía con uno de sus brazos mientras que con el otro guiaba a Chimuelo. A pesar de que estaban persiguiendo a un maniático, ambos hermanos se sentían feliz de volar con los otros jinetes.
En el cielo más o menos una hora más tarde, Chimuelo volaba hacia adelante en una inmersión a dirigir el resto de jinetes hacia adelante
—Esto es grandioso. ¿No, amigo? Parece que hace siglos volamos como grupo —Hipo dijo y Chimuelo gruño y él estuvo de acuerdo antes de extender sus alas hacia fuera y volar hacia adelante. Hallie sonrió y frotó su cabeza—. Vamos a ver qué tan oxidados están —él dijo y soltó a su hermana para abrir sus manos—. ¡Formación V!
Los jinetes se separaron al instante en una formación V.
—No está mal —comentó Hipo mirándolos antes de juntar sus manos—. ¡Formación diamante! —gritó y los jinetes partieron haciendo la formación diamante.
—¿Que tan oxidados cree que estamos este chico? —Brutacio demandó detrás de ellos.
Hallie se giró a verlos e hizo una mueca de dolor—. Creo que solo un poco, Brutació.
Resultó que Hallie tenía algo de razón, porque los gemelos habían volado demasiado bajo a Eructo y Guacara y estaban aplastando a Patapez.
—¿Chicos? Demasiado junto al diamante, ¿no creen? —Patapez preguntó.
—Como en los viejos tiempos —Hipo dijo y Chimuelo gruñó estando de acuerdo.
—¡Mira esto, prima! ¡Cinco mil kilos de músculo en llamas van a pasar! —Patán gritó a Hallie y Colmillo se sumergió hacia adelante, le prendió fuego a su cuerpo a excepción de la silla de Patán. Hipo dejó escapar un suspiro. Hallie se rió entre dientes de su primo.
—Siempre un acto clásico —Hipo comentó antes de que Chimuelo volará más hacia adelante.
Horas más tarde llegaron al cementerio de barcos, las velas rotas y deshilachadas, la madera moldeandose y marchitándose, el océano lamiendo los barcos lentamente comiéndoselos hasta la nada. Hallie miró las velas y no reconoció más de la mitad de ellas, pero las que sí, recordó que las había visto por libros.
—Lo sabía. Sabía que había más —Hipo dijo.
—Algunos de estos barcos, nunca había visto algo así antes —Astrid dijo.
—Algunos de los barcos pueden venir de fuera del Archipiélago —dedujo Hallie.
—Está bien, todos dispérsense, ¡si ven ningún rastro de Dagur, envían una señal —Hipo ordenó, y los jinetes se desprendieron de ellos y Chimuelo, todos en diferentes direcciones.
Astrid y Tormenta volaron por los barcos al mismo tiempo que Astrid analizaba en busca de Dagur. Tormenta gruñó con inquietud y Astrid frotó su cuello.
—Todo está bien, Tormenta. No hay nada de qué preocuparse —ella aseguró a su Nadder Mortífero, preguntándose si estaba diciendo la verdad.
Patapez y Albóndiga volaron hacia delante, chillando con cada ruido pero tratando de actuar valientemente.
Albóndiga gruñó y Patapez puso una mano en la cabeza de forma reconfortante—. No te pongas nerviosa, nena, no queremos que a —Patapez empezó a decir antes de Albóndiga arrojara lava—... hagas eso —Patapez término.
La explosión de lava descendió hacia abajo en el agua y una gigante anguila nadó alrededor de ella mirando a Albóndiga ya Patapez con una mirada hambrienta.
Patán se rió—. Colmillo, esos tipos son pésimos marineros.
Él estaba observando alrededor a los barcos antes de que se golpeara en el pecho con un mástil de unos de los barcos hundidos, derribandolo de su silla. Miró a su dragón, que continuaba volando.
—¡Ayúdame! ¡Colmillo! —Patán gritó y Colmillo resopló mirando hacia atrás—. ¡Oye! ¡Vi esa mirada! ¿De qué estábamos hablando? —Patán demandó con rabia.
—Sólo un montón de barcos desmembrados —Hallie dijo mirando hacia abajo en los barcos. Entonces ella señaló el más grande de todos—. Excepto ese.
Chimuelo se elevó junto a un barco que Hallie señaló, que aún estaba intacto y flotaba en el océano. Chimuelo se levantó ligeramente y flotó en su lugar. Hipo y Hallie miraron las jaulas verdes en la cubierta, al igual que el extraño símbolo en la vela.
—Este tiene que ser la Guadaña —informó Hipo y Chimuelo gruñó inquieto.
Cuando volvieron a volar a su lado, Hallie se estiró extendiendo su mano y tocando el barco. Ella se asombró—. Wow, incluso la madera de este barco es diferente a la de los barcos en Berk. Es más resistente.
—¿Y tú cómo sabes eso? —preguntó Hipo mirando a su hermana.
Hallie se giró a verlo—. Usar los árboles del bosque como blanco no solo te ayuda a practicar tu puntería. Además, Gothi me enseñó todo sobre herbolaría.
Unas horas más tarde, aterrizaron en el barco frente a la Guadaña junto a los otros jinetes.
Hipo miro a los demás—. No hay señal de Dagur —él dijo y Astrid negó con la cabeza.
—Parece que llegamos antes. ¿Cuál es el plan? —Astrid preguntó y Hallie se quitó los mechones de los ojos observando a su alrededor.
—Esperaremos —Hipo contestó.
—E-Espera un minuto. ¿Cuánto tiempo? Esta neblina le causa escalofríos a Albóndiga —Patapez dijo señalando a su dragón, cuyos ojos estaban muy abiertos y sus orejas hacia abajo con desagrado. Hallie se contuvo de ir a abrazarla.
—Sí, tiene razón. No podemos esperar por aquí por siempre —estuvo de acuerdo Astrid.
—Estoy más preocupada por el tesoro a bordo —dijo Hallie.
—Hallie tiene razón, no podemos dejar el tesoro de Johann aquí. Dagur lo robaría —Hipo exclamó y Astrid dejó escapar un profundo suspiro.
—Seguro lo usaría para construir una nueva armada —ella terminó.
—Y con la cantidad de tesoro que Johann tiene y la locura de Dagur, estoy dispuesta a apostar que va a ser enorme —dijo Hallie cruzando los brazos.
—No, si nosotros lo probamos primero —Brutilda dijo riendo.
—¡Esa es la peor idea que he escuchado! ¡Por lo tanto te desconozco! —Brutacio exclamó.
—En realidad, ¿saben qué? Como que me agrada —Hipo dijo y Brutacio abrió sus brazos.
—¡Bienvenida de nuevo a la familia! —Brutacio gritó alegremente ante la mirada de muerte de Brutilda.
—Este es el plan, revisaremos los barcos, reuniremos el tesoro de Johann, y lo llevaremos a Berk, mantengan los ojos abiertos por Dagur, podría llegar en cualquier momento —Hipo dijo y un silbido bajo sonó a través del aire.
Hallie levantó su cabeza y el sonido aumentó diez veces. Ese silbido no podía ser de algún dragón.
—¡¿Qué es eso?! —demandó Astrid.
—Uh, ¿la voz de Dagur le cambió?— Brutacio preguntó.
—Un momento —dijo Hallie llamando la atención de todos—. ¿Estamos en aguas profundas, no es así?
—No me digas —habló Patán con sarcasmo—. ¡Gracias por mencionar lo obvio, Hallie!
—No, Patán —Hallie lo miró enojada—. ¿Qué clase de animales viven en aguas profundas, además de los peces y dragones clase Marea?
Hipo, en lugar de responder a la pregunta de su hermana, salió corriendo hacia el lado de la nave y mirando a un lado, sus ojos se abrieron al ver a anguilas gigantes en el agua.
—¡Anguilas! —él gritó y giró hacia los demás —¡Todos suban a su dragones antes de que se asusten y se vayan! —ordenó, y tan pronto como las palabras salieron de su boca los dragones se elevaron al cielo.
—¡No debiste decir eso!—gritó Hallie retrocediendo al ver a las anguilas e inmediatamente se quitó el arco de la espalda.
—¡Colmillo! —Patán gritó.
—¡Tormenta! —Astrid gritó.
Una anguila saltó a la cubierta y Hipo corrió hacia Chimuelo mientras él gruñía—. Tranquilo, amigo —lo tranquilizó—. Sólo son un par de anguilas —dijo y se balanceo sobre su espalda—. Grandes gritonas y malvadas — agregó y Chimuelo gruñó en respuesta.
—Nunca había visto a anguilas de ese tamaño —Hallie se sorprendió—. ¡Son cuatro o cinco veces más grandes que Chimuelo!
Entonces la anguila que se cernía de forma amenazante sobre los demás jinetes, chillo de dolor cuando una flecha se clavó en su cuello y se giró con una mirada furiosa al ver a Hallie con el arco levantado en su dirección.
—¡Busca tu comida en otra parte, serpiente acuática subdesarrollada!
Hallie le disparó otra flecha cuando la anguila se disponía a lanzarse contra ella y el animal se lanzó de vuelta al mar al darse cuenta del daño provocado por una infante de once años.
—¡Si, huye mientras… ¡Oye! —gritó Hallie cuando los brazos de Hipo la tomaron de la cintura cargándola y poniéndola en lomo de Chimuelo, delante de él.
—¿Qué dijimos sobre mantenerse cerca? —Hipo preguntó y su hermana se cruzó de brazos. ¡Odiaba que fuera tan sobreprotector!
Chimuelo saltó en el aire mientras las anguilas comenzaron a enroscarse alrededor de la proa del barco, tirándolo hacia abajo, con los demás jinetes a bordo.
—¡Las anguilas están hundiendo el barco!— Patapaz chilló, su voz ganó varias octavas. Hallie se contuvo de hacer un comentario sobre la inteligencia de las anguilas.
Patán agarró la pieza rota del mástil.
—¡Patapez, sujeta mi pie!— él ordena y Patapaz lo hizo—. ¡Desayunaste mucho! — Patán gimió y Brutacio, Brutilda y finalmente Astrid sujetaron la cuerda humana—. ¡O desayunaste lo de todos!
—¡Vamos a vivir! —Brutacio gritó y Astrid dejó escapar un aullido antes de que su mano se resbalara del pie de Brutacio.
—¡Astrid!— Hallie gritó extendiendo una mano como si pudiera atraparla.
—¡Astrid! ¡No! —Hipo gritó.
—¡La mayoría de nosotros va a vivir! —Brutacio corrigió.
—¡Hipo! —Astrid gritó antes de que su espalda golpeara el agua y desapareciera bajo las olas. Hallie se cubrió la nariz tomando una respiración profunda y Chimuelo se sumergió y aterrizó en el agua con un chapoteo. Lanzó una explosión de plasma hacia las anguilas y Astrid los miró. Hipo le extendió una mano a ella y tiró de ella hacia Chimuelo.
Chimuelo salió del agua y Astrid tomó unas cuantas respiraciones profundas,
—Gracias, Hipo… —agradeció Astrid.
De inmediato, las anguilas se dieron cuenta del barco y se retiraron al agua, Patapaz, Patán y los gemelos se pusieron de pie. Chimuelo aterrizó en la cubierta del barco y Astrid saltó de su espalda, guardando su hacha en su lugar habitual en la espalda.
—Disculpen —Patán dijo—. ¿Alguien más piensa que Johann pudo habernos advertido, no lo sé… ¿¡De las gigantes anguilas gritonas?! —él gritó.
Hallie lo miró mientras trataba de quitarse el flequillo mojado de los ojos, se arrepentía de no haberse recogido el cabello.
—Patán, ¿quieres relajarte? —Hipo pidió y él lo miró—. Los dragones regresaran —le aseguró—. Mientras tanto, sigamos con el plan, busquemos el tesoro de Johann, en silencio —dijo y disparó una mirada mordaz a Patán.
Patán se dio la vuelta pisando fuertemente al otro lado de la embarcación. Hipo suspiro y dio vuelta mirando a la Guadaña y esto no pasó desapercibido por Astrid y Hallie.
—¿Por qué te quedas viendo a ese barco? —Astrid preguntó con curiosidad.
—Porque quiere revisarlo —respondió Hallie ladeando la cabeza mientras miraba a su hermano.
—¿A la Guadaña? ¿Es el barco del que nos advirtió Johann? —Astrid preguntó sin ver claramente su punto.
—Y un barco completo de proa a popa con trampas explosivas —le recordó Hallie.
—Exactamente. Pensaba… ¿qué hay en el que no quieren que se encuentre? —Hipo cuestionó mirando el barco. Astrid suspiró antes de retroceder.
—Muy bien, andando —Hallie comandó y saltó sobre la espalda de Chimuelo.
Hipo miró a Hallie—. Hall, podría ser peligroso…
—Creí que no podía separarme de ti — Hallie dijo con voz burlona e Hipo puso los ojos en blanco.
—No dejes que los maten — Astrid ordenó. Hipo asintió y saltó sobre la espalda de Chimuelo detrás de su hermana.
—Astrid, no tienes de qué preocuparte…
—Se lo decía a Hallie —ella respondió sonriendo antes de girarse a comenzar su propia búsqueda.
Hallie miró a su hermano con una sonrisa socarrona—. ¡Ja!
Chimuelo saltó en el aire y se deslizó sobre el aterrizaje del barco en la cubierta. La madera crujió al aterrizar y Hallie saltó de su espalda tomando su arco y sosteniéndolo en sus manos y empezó a caminar hacia adelante detrás de su hermano.
—Este barco definitivamente no es del archipiélago —Hipo dijo.
—Estos grabados, el diseño en la vela —dijo Hallie haciendo gestos hacia la vela—. Nunca había visto nada igual.
Hipo luego examinó las jaulas en la cubierta. Estaban hechos de un metal desconocido y tenían una escritura extraña.
—Y este metal —dijo Hipo. Chimuelo olfateó la jaula y gruñó—. Por favor, amigo. Sólo es una jaula vacía.
De repente un pájaro saltó de la jaula y tanto Hipo como Chimuelo se sobresaltaron al mismo tiempo que Hallie se abrazó al cuello del Furia Nocturna. Chimuelo lo vió volar antes de resoplar a su jinete.
—Bien, ahora es una jaula vacía.
—Gracias por mencionarlo —dijo Hallie sarcásticamente soltando a Chimuelo.
En un barco diferente, los gemelos observaron que habían encontrado oro, literalmente.
—¡Joyas! ¡Joyas! ¿Sabes que vamos a hacer? Vamos a llevárselas a la familia, mamá estará feliz —Brutacio dijo levantando los rubíes y sonriendo. Se detiene y vuelve a su hermana—. Espera, ¿cómo vamos a llevárnoslas a Berk? —él preguntó.
Brutilda miró a un lado antes de que ella sonriera revelando su boca llena de gemas.
—¡Gran idea hermana! —Brutacio gritó—. No puedo creer que pensaras en esto, toma, también lo haré —Brutacio dijo, pero en lugar de meter gemas en su boca, metió un puñado de joyas en la boca de su hermana sobresaltándola ligeramente—. También te voy a meter joyas en la boca. Sí, mantendré la mía vacía para poder hablar —Brutacio dijo e hizo una pausa dejando de poner joyas en la boca de Brutilda.
—Sigue haciéndolo, sigue haciéndolo —Brutilda murmura con voz apenas audible por las joyas que llenaban su boca. Brutacio sonríe antes de empujar otro puñado en su boca.
Mientras tanto, en otro barco, Patapez encontró algo que le hizo sentir que estaba en Valhalla. Encontró una habitación llena de libros antiguos, mapas y gráficos.
—¡Whoo! Oh, sí! ¡Oh sí! ¡Patapez! —Patapez dijo y se rió. Él recogió diversos artículos rompiendo su cara con una sonrisa más amplia cada vez—. ¡Mapas, libros viejos! ¡Oh cartas náuticas!
Luego comenzó a bailar alrededor.
—¡No hay tesoro más grande que el conocimiento! —Patapez gritó sumergiéndose en la pila de libros.
Patán desgarró la parte superior del barril en la cubierta inferior del barco—. ¡Voy a ser rico! ¡Voy a ser rico!, ¡rico, rico, rico, rico, rico! —Patán cantó y lanzó la tapa a un lado antes de caminar hacia adelante—. Bueno, señor caja decorada, ¿qué tesoros guarda? —Patán dijo y se rió—. ¡Rico! —él grita antes de tirar la tapa abierta.
—¡Cabello! —él gritó recogiendo los grumos rubios y lanzándolos de nuevo en el cuadro de disgusto—. ¡Ew! ¿Quién guarda cabello en una caja? —él se preguntó antes de barajar a través de la caja, encontrando;—¿Más cabello? ¡Uf! ¡Rayos, me timaron! —Patán gruñó y miró hacia adelante y vió una imagen de dos princesas. Él miró hacia abajo hacia el cabello con los ojos muy abiertos—. ¿O será?
Unos segundos más tarde, Patán saltó hacia adelante con mechones de pelo mantenidos hasta su rostro como una barba—. Soy Estoico el Vasto. Hipo, Hallie ¡Son una gran decepción! ¿Por qué no pueden ser como Patán? —Patán dijo imitando al jefe antes de reír.
Él sostuvo el cabello cerca de sus oídos—. ¿Soy Brutilda, o soy Brutacio? —Patán dijo imitando a los gemelos antes de tirar el cabello a un lado—. ¿Quién sabe? —Patán pidió y recogió varios cabellos más uniendolos al suyo—. Soy Hallie, soy una gran vikinga, ¡pero mi hermano me prohíbe tener un dragón! —Patán dijo y se rió tirando el cabello a un lado y acumulando cosas en la parte superior de su casco—. Uh, en realidad, esto me gusta —Patán dijo mirando hacia el cabello enredado en su casco
—Vamos, amigo. ¿No quieres ver lo que hay allá abajo? —Hipo preguntó y Chimuelo gruñó en la puerta de la trampa, respondiendo a su pregunta.
—Eso no es una buena señal —dijo Hallie mirando con recelo la escotilla.
—Bueno, está bien, supongo que iré solo —dijo Hipo y al agarrar la trampilla y abrirla, algo agarró su pierna y lo arrastró hacia el lado de la embarcación. Hipo dejó escapar un grito de sorpresa.
—¡Hipo! —Hallie grito.
Chimuelo sorprendido corrió hacia adelante y disparó un ataque de plasma en la cuerda, Hipo se puso de pie y miró hacia abajo en el océano, donde la cuerda desapareció.
—¿Estás bien, hermano? —preguntó Hallie preocupada acercándose a él.
—Estoy bien —aseguró Hipo y miró por la borda—. Pero nadie se mete en tantos problemas a menos que haya algo en el barco que no quieran que sea descubierto.
—De acuerdo, pero vamos a tener cuidado—, dijo Hallie mirando a Chimuelo, quien dejó escapar un suspiro enojado, mientras caminaban de regreso a la escotilla.
Hipo abrió la trampilla y Hallie levantó su arco, lista para disparar bajo cualquier ataque, pero no hubo ninguno. Hipo cogió una lámpara y Chimuelo la encendió. El jinete se volvió a su hermana y dragón—. Cuidado por donde caminan —advirtió y bajó las escaleras a la cubierta de abajo, Hallie y Chimuelo lo siguieron.
Hipo bajó la escalera primero, lo cual fue bueno, porque en el momento en que colocó su pierna de metal en el piso, saltó una trampa para osos.
—¡Oh, Chimuelo! —grito por la sorpresa.
—Me alegro de que fuiste primero —dijo Hallie aliviada.
—Beneficios de una pierna de metal supongo —él dice secamente abriendo la trampa de osos liberando su pierna de metal antes de seguir adelante.
Caminaron hacia adelante por el pasillo antes de llegar a una habitación grande con jaulas. Las barras estaban hechas del mismo metal verde y Chimuelo metió su cabeza olfateando.
—Está bien, vamos a tomarlo con calma y… —comienza Hipo a decir, pero Chimuelo se aleja de él caminando hacia las jaulas. Ronroneo tristemente y tanto Hipo como Hallie caminaron hacia adelante—. Chimuelo.
Ambos vieron lo que Chimuelo estaba mirando y Hallie se cubrió la boca ahogando un grito. Había huesos de dragón acurrucados en la esquina de la cabina. Hipo levantó la lámpara hacia delante y se iluminó toda la habitación junto con las jaulas, que estaban de huesos de dragón.
Hallie sintió como sus ojos se cristalizaron y Chimuelo gimió, Hipo se acercó a consolarlos
—Lamento que hayan tenido que ver esto — murmuró Hipo frotando la cabeza de Chimuelo con una mano y con la otra abrazando a su hermana—. Quién haya comandado este barco, ciertamente no era amigo de los dragones.
—No entiendo… ¿Por qué capturarlos? —dijo Hallie confundida, su voz se había quebrado por un segundo—. ¿Por qué no simplemente…
Las palabras se quedaron atrapadas en su garganta y luego Hallie soltó un sollozo ocultando su rostro en el cuello de Hipo y él le frotó la espalda suavemente.
—Shh —Hipo susurró en su oído—. Está bien… Todo está bien. Salgamos de aquí.
Hallie se separó de él y asintió con la cabeza. Chimuelo se acercó a la niña y comenzó a lamer su rostro gentilmente limpiando sus lágrimas, Hallie soltó una pequeña risa dándole un abrazo como agradecimiento.
Hipo los observo sonriendo—. ¿Te sientes mejor? —preguntó a su hermana.
—Si —Hallie asintió, poniéndose firme—. Sigamos.
Sin embargo, en el momento que Hallie puso un pie en una de las tablas de piso, pudieron oír el tintineo de metal. Hallie acababa de activar una trampa, miraron hacia arriba y vieron ballestas apuntando hacia ellos y, antes de que se dieran cuenta, estaban disparándoles flechas. Hiccup levantó su escudo de hierro Gronckle, que creó hace tres años, justo antes de la Guerra Berserker, para protegerlos, pero Chimuelo los protegió con su ala. Las flechas simplemente rebotaron, dejando a Chimuelo ileso.
—Muy bien, ¡Chimuelo, Hallie vámonos! —Hipo les gritó y corrieron por sus vidas mientras más flechas se disparaban hacia ellos.
—¡Por aquí! —Hallie tomó a Hipo del brazo guiandolo hacia el lado izquierdo del pasillo. Las flechas no parecían estar apuntadas para ese lado.
Pero una vez que llegaron al otro lado de la habitación, las flechas dejaron de disparar. Hipo usa su escudo para bloquearlas. Luego él miró a su hermana sorprendido.
—¿Cómo sabías que las flechas no nos darían de ese lado? —él preguntó.
Hallie sostuvo su arco con orgullo—. Las ballestas con el tiempo pierden su descalibramiento y normalmente sus flechas se desvían a la derecha.
Entonces notaron una puerta brillante directamente enfrente de ellos.
—Los aposentos del Comandante, quédense cerca —Hipo dijo y camina hacia adelante y siente la mirada de protesta de Hallie y Chimuelo. Los ignoró y se alejó unos metros de la puerta, se giró mirando a Chimuelo y a su hermana —Está bien, este es el plan —comenzó y Chimuelo disparó una ráfaga de plasma en la puerta que la hizo estallar.
—Me gusta más el suyo —Hallie dijo y Chimuelo se rió.
Camino a través del humo hacia la habitación. No era muy grande, notaron más partituras de Dragones decorando la habitación, con un único escritorio y una silla en el medio fijada al suelo, cráneos de dragón cuelgan de las paredes como trofeos, la mirada de Hipo cayó al pequeño cilindro extraño y un libro cuyo invitado era el diario de a bordo. Hallie hizo una mueca cuando ve una mano esquelética que se extendía desde el esqueleto sentado en la silla de la armadura a encima del cuerpo.
—¿Qué es esta cosa? —Hipo preguntó caminando hacia adelante mirando el cilindro.
—Revisare el libro a ver si nos dice algo —dijo Hallie y agarró el libro de registro. Lo abrió y descubrió que estaba escrito en un idioma extraño.
—¿Encontraste algo útil? —Hipo preguntó acercándose.
—No, está escrito en un idioma extraño —dijo Hallie estudiando las letras extrañas—. Pero definitivamente, el comandante no era vikingo.
—Sea lo que sea, si está en este barco, no es bueno para los dragones —él dijo. Se enderezo y miro hacia abajo al objeto extraño—. Lo que significa que no se lo dejaremos aquí a Dagur.
—Está bien —dijo Hallie colocando el libro de registros en el bolso que llevaba Chimuelo colgando.
Hipo agarró el extremo de los huesos de los dedos y empujó la mano del objeto con un gemido de disgusto. Hallie se rió por el gesto de su hermano mayor.
Él la ignoró y extendió sus manos y agarró los extremos del cilindro. Lo levantó hasta escuchar el sonido de una trampa o algo así, comparado con el resto de la nave eso era extraño.
—Eh, bueno eso no fue... ¡Hacha gigante! —él gritó cuando el hacha cayó sobre la mesa casi eliminando las manos de sus muñecas—. ¡Chimuelo, Hallie, corran! —él gritó.
No fue necesario que se lo dijeran dos veces, pero su camino se bloqueó cuando unos picos salieron del suelo delante de ellos. Chimuelo agarró a los dos niños y saltó sobre las púas. De inmediato, las flechas volvieron a dispararse sobre ellos, pero Hipo los protegió con su escudo y lograron llegar a la escalera y volvieron a subir a la cubierta principal. Luego cerraron rápidamente la escotilla.
Hallie miró hacia adelante y sus ojos se agrandaron, rápidamente levantó su arco y Chimuelo se preparó para disparar una ráfaga de plasma, pero Hipo colocó su mano frente a él.
—¡Chimuelo espera! —él mandó, y el dragón se tragó la explosión gruñendo furiosamente—. Hallie, tú también.
—Pero..
—Ahora —él ordenó y Hallie bajo su arco bufando.
—¡Hipo! —Dagur gritó alegremente.
No estaban solos. Dagur estaba en la cubierta con un par de Berserkers, los cuales sostenían ballestas.
Todavía vestía la misma ropa de hace tres años, pero ahora estaba rota y prácticamente hecha trapos. Su rostro tenía más cicatrices de las Hipo recordaba y una barba—. ¿No me extrañaste? —Dagur preguntó con voz juguetona y Hipo lo miró con enojo manteniendo a su hermana detrás—. ¡Porque yo si te extrañe! ¡Todos los días durante tres años, pensé en ti! —Dagur dijo y se hizo a un lado.
Luego se hizo a un lado para revelar a los otros jinetes atrapados en una de las jaulas de la Guadaña.
—¡Astrid!— Hipo jadeó.
—Y en ti también, señor Furia Nocturna— agregó Dagur y Chimuelo gruñó enojado. Dagur miró a Hallie—. Y es un placer volverte a ver, pequeña… Admito que estoy sorprendido de que estés aquí.
—Dagur — ella gruñó apretando su arco en su mano.
—Lo siento, Hipo, nos descubrió cuando estábamos buscando... —Astrid comenzó a decir.
—¡Silencio! —Dagur gritó y Astrid se calló—. ¿No ves que mi hermano, mi hermanita y yo compartimos un momento? —Dagur dijo. Hipo caminó hacia él, con Hallie siguiéndolo y movió lentamente la mano con el cilindro detrás de su espalda indicando a Hallie que lo tomara, quien bajó su arco y lo tomó silenciosamente.
—No soy tu hermano, Hallie no es tu hermanita y definitivamente no compartimos un momento —Hipo dijo con rabia, manteniendo a Hallie aferrada a él al oír su mención.
—Bueno, yo sí —dijo Dagur tristemente. Entonces se dio cuenta del estirón de Hipo—. ¡Mírate! Has crecido, y eres un conquistador. ¿Hmm Hmm? —luego sus ojos se posaron en Hallie—. Oh, Hallie, veo que estás siguiendo los pasos de tu hermano mayor… — miró a Hipo— Hipo, me has sorprendido… Es decir, ¿cómo pudiste traer a una niña de cinco años a este lugar tan peligroso?
—¡Tengo once, bastardo desquiciado! —Hallie gritó separándose de su hermano.
Los ojos de Dagur se ensancharon al igual que de los demás jinetes. Brutacio, Brutilda y Patán trataron de ocultar sus carcajadas, mientras que Astrid tenía una mirada orgullosa en su rostro.
—¡Hallie! —Hipo la regañó.
—¿Qué? ¡Digo la verdad! —Hallie se defendió mirándolo.
Dagur se recompuso para luego mirar a Hipo—. No recordaba que fuera tan insolente.
—Dagur, ¿qué quieres? —Hipo exigió, tratando de desviar la atención de Dagur en Hallie, a quien volvió a arrastrar detrás de él.
—Duh, quiere las joyas —Patán respondió soplando largos mechones de cabello rubio falso de su rostro.
—¡No tendrá mis joyas de la familia! ¡Olvídalo! ¡Las protegeré a toda costa! —Brutacio gritó antes de detenerse y mirar el cabello rubio—. Además, ¿ese cabello, qué?
—Ah ¡Ja! Cabello real, por lo que se —Patán dijo cepillando el cabello de un lado a otro como si él mismo fuera de la realeza y Brutacio resopló.
—Por lo visto, no te has desecho del coro griego —Dagur dijo mirándolos—. Como sea, sí, tomaré las joyas y las suyas también— Dagur dijo.
Un Berserker golpeó a Brutilda en el estómago y sus joyas salieron volando de su boca. Hallie se sorprendió, ese era un... interesante lugar de almacenamiento.
—¡Cuidado, viejo! —Brutilda gritó. El Berserker rió, pero se detuvo cuando Brutilda le escupió una joya directamente en la boca. Ella se rió cuando él se atragantó.
—Ups. Pensé que era un joven. Nunca se sabe con esos dos —dijo Dagur antes de encogerse de hombros.
El Berserker finalmente logró escupir la joya, que golpeó a Dagur. Sin embargo, en lugar de enfadarse, Dagur se volvió hacia Hipo.
—Y también me llevaré lo que sea que nuestra hermanita tenga detrás de su espalda— Dagur dijo y Hallie levantó su barbilla de forma desafiante. Chimuelo le gruñó, pero Dagur no tenía miedo. —Vamos, entregamelo como una linda niñita —los dos Berserkers le apuntaron con sus ballestas y Dagur extendió su mano—. Los hermanos comparten, ¿sabes?
Hallie no se inmutó, ella miró a Hipo y él asintió con la cabeza, Halie suspiró y le entregó a regañadientes el extraño cilindro a Dagur, quien lo arrebató.
—Entiendes que no vas a llegar muy lejos con esa cosa, ¿cierto? —Hipo pregunto.
—Sí, también podrías dejar que nos lo quedemos —sugirió Hallie.
—Oh, rayos, aquí vamos —Dagur dijo—. ¿Siempre tenemos que seguir los mismos pasos, Hipo, tú y yo? —Dagur pidió, pasando cada brazo alrededor de los hermanos pero tuvo que agacharse un poco debido a la baja estatura de Hallie. Ella se estremeció y se mordió los labios de la extrema incomodidad—. No es que no seas un estupendo bailarín —Hipo intercambió su mirada entre él y su hermana—. Y ahora está toda la familia reunida, una hermana pequeña y un hermano mayor conmigo, creo que bailas muy bien, ¿verdad, Hallie? —Chimuelo gruñó y los Berserkers levantaron sus ballestas apuntándolo.
Hipo se alejó de Dagur, corriendo hacia él seguido de su hermana—. Tranquilo amigo. Aun no —él dijo mirando a los otros jinetes. Una de las explosiones con ellos en la jaula sería peligrosa.
—Así es, Señor Furia Nocturna. ¡Hoy no es el día, pero vendrá! Y pronto —Dagur dijo inclinándose hasta el nivel de Chimuelo—. Ahora, si me disculpan, tengo gente que ver, un ejército que reunir, una venganza que planear... ¡Oh, tanto que hacer en tan poco tiempo! ¿No es muy emocionante Hipo? ¡Tú debes haberte aburrido en estos últimos tres años! —Dagur gritó.
Hallie lo miró—. No lo creo… con Brutacio y Brutilda alrededor, nunca te aburres.
Los gemelos parecían estar conmovidos por su comentario.
—Sí, pero tiene algo de razón sobre eso —dijo Brutacio—. Faltaron explosiones —dijo sonriendo. Chimuelo se aleja de ellos y comenzó a caminar enojado detrás de los hermanos.
Dagur no le hizo caso y agarró los hombros de Hipo—. Además, mi tiempo aquí ha llegado a su fin. Adiós por ahora, hermano —dijo acercándose más—. Hasta que nos volvamos a ver, en el campo de batalla.
Hallie chilló cuando Dagur agarra su mano y tira de ella para ponerla de pie y la niña agarró su arco listo para romperlo sobre su cabeza. Hipo apretó los puños al ver a Dagur inclinarse y besar la mano de su hermana.
—Nos veremos pronto, hermanita —Dagur dijo y soltó su mano, moviendo la suya tratando de lucir elegante pero falló miserablemente—. Espero que puedas manejar el peligro en el que Hipo te metió —terminó y comenzó a caminar fuera del bote.
—Espero que las anguilas gigantes se lo coman —Hallie comentó frotando su mano con disgusto y Dagur saltó de la cubierta del barco, los Berserkers lo siguieron.
Hallie corrió hacia el costado del barco considerando dispararle y detenerlo, pero lo pensó mejor y se dio la vuelta corriendo junto a su hermano hacia los otros jinetes.
—¡Era un tiro perfecto! —Hallie se quejó con su Hipo pero él simplemente la ignoró.
Hipo pasó sus dedos por la cerradura, —¡Olvídense de nosotros! ¡Vayan tras él! —Astrid ordenó, apartandó su mano de la jaula.
—¡¿Qué están esperando?! —Patán exigió, soplando el cabello de su rostro. Hipo volvió a mirar a Astrid.
—¿Chicos, seguros que estarán bien? —él preguntó y Astrid asintió.
— ¡Estamos bien! ¡Váyanse! —Astrid ordenó, agitando las manos hacia adelante.
—Tienen razón— dijo Hallie y su hermano la miró—. Ve tras Dagur, yo los sacaré.
Hipo pareció dudar de su pedido, sabiendo que una de sus condiciones de dejarla acompañarlos era que se mantuviera a su lado en todo momento.
—Estaré bien, Hipo —le aseguró Hallie sonriendo—. No te preocupes.
Hipo asintió. Chimuelo corrió hasta él y Hipo montó sobre su espalda, saltando en el aire después de Dagur. Pero los Berserkers en el barco los vio venir.
—Aquí viene, señor, tal como lo dijo —dijo un Berserker mirando a Dagur.
—Siempre predecible, ¿verdad, hermano?—reflexionó Dagur.
De inmediato, los Berserkers armaron una catapulta y apuntaron a Hipo y Chimuelo.
—¡Fuego! —ordenó Dagur.
Los Berserkers dispararon la catapulta, pero Chimuelo esquivó la roca con facilidad.
—¡Fallaste, hermano! —Hipo se burló y Dagur lo miró.
—Hipo, ¡ya deberías saber que jamás fallo! —Dagur gritó y los ojos de Hipo se abrieron con horror, no estaba apuntándoles a ellos, él estaba apuntando a la Guadaña.
—¡No! —Hipo grito e inmediatamente pensó en su hermana—. ¡Hallie!
Se dio la vuelta y vio que la roca se estrelló contra la cubierta de la Guadaña, el barco comenzó a hundirse y los otros jinetes todavía estaban atrapados en él. Podía escuchar sus gritos provenientes de la jaula mientras Hallie intentaba desesperadamente sacarlos.
—¡Esto complica las cosas! —gritó Hallie entrando en pánico.
—¡Nos hundimos por aquí! —Brutilda gritó.
—¡Hipo, sácanos de aquí! —Patapez gritó.
—¡Hipo, ayuda!
Hipo miró hacia atrás con pánico.
—¿Qué vas a hacer, Hipo? ¿Atraparme? ¿Salvar a tus amigos, a tu hermanita? ¡Whoo! ¡Qué difícil! —Dagur gritó y Hipo volvió a mirar el barco de nuevo—. Me alegra no estar en tu zapato —Dagur gritó antes de alejarse.
Chimuelo se mantuvo en el aire y escucharon el sonido de las súplicas de los demás jinetes y el cacareo loco de Dagur.
¿Qué iba a hacer?
