FIC
Historias de Albert y Candy
El Beso del Highlander
Por Mayra Exitosa
La noche llegaba, las habitaciones principales eran para los nuevos Duques de Saint Andrew y De Argyll, quienes yacían ahora en su castillo. Las atenciones recibidas de forma inmediata, hacía a William enviar mensajeros a su castillo, donde aseguraba haber encontrado a su esposa, estar a salvo junto a él y quienes eran los culpables de todo, mencionando claramente que todos los hombres habían sido obligados a ir por un túnel en el que su tía Elroy Andrew informó evidenciando el secuestro de su Lady. Así mismo, el jefe de la familia Mc Millán en su intención de quitar la vida solicitó que se asesinara a Lady Candy, Duquesa de Saint Andrew y de Argyll, con la fiel intención de que su hija ocupara su lugar. Siendo los únicos culpables, su Tía Elroy Andrew y Robert Mc Millán, quienes dieron orden de secuestrar y asesinar a la esposa del Laird William Albert Andrew, Duque de Saint Andrew y de Argyll, quien firma la misiva para que enteren a los jefes d ellos clanes, así como a su suegro el coronel Stamford y su familia.
William tomaba a su mujer, asegurando tener cuidado de no tocar sus brazos, cuando ella aseguraba que habían cicatrizado sus heridas, solo que aun se notaban impresionantes ante la vista. William yacía desnudo en sus nuevas habitaciones ahora en el castillo de Argyll, siendo este su tercer castillo, puesto que contaba con el de Glasgow y el de Saint Andrew.
- ¡oh querida! Deberemos tener muchos hijos, entre los ducados y propiedades, podremos darles a nuestras descendientes una buena vida. - Contigo me gustaría ser muy feliz. El beso hechicero de sus labios tomo la boca de su mujer, habiéndola desnudado yaciendo con ella encerrados en las habitaciones que los protegían seguros de tener la custodia adecuada, continuaban el placer de su entrega, sin importar un festejo o una celebración pendiente, el rubio se daba tiempo para amarla con todos los cuidados, exagerando su intrusión, y cada detalle para con ella. Besaba sus pechos y confirmaba que a pesar de sentirse violentada y asustada, siempre tuvo la fe de que el la encontraría, porque su amor de aquella noche le hizo sentirse más fuerte y soportarlo todo. William se posesionaba en su cuerpo, esta vez nada lo alejaría de estar con su mujer, la bella y valiente dama que no le importaba haber sido mal tratada, solo volver a estar a su lado y en sus brazos, donde había pasado la mejor noche de su vida, y él asegurando que la revivirían de nuevo, se introdujo delicado, y a la vez ansioso por asegurarse que ella le amara como lo había hecho aquella noche en la que estuvieron juntos. - ¡si! ¡si! - ¡mi vida! Con un vaivén agitado, sus corazones unidos al ritmo de la pasión, sus ojos mirando el pequeño rostro entre los almohadones blancos, ya no portaba su cabello largo y rubio, más era ella quien lucía ardiente, agitada y ansiosa por su placer junto a él.
William no midió ni el tiempo, ni las horas mientras ella anhelaba su amor, le confirmaba que solo era suya y sería por siempre suya, ahí supo entonces que los hombres no le violentaron en su ausencia, temerosos al ser obligados, nunca intentaron tocarla ni tomarla, fue así que ella no estaba asustada ni mostraba dolor en la pasión, por el contrario, lo besaba devolviendo cada caricia suya, multiplicada en su piel. El estremecimiento dio paso a un grito inesperado que no alcanzó a cubrir con su boca, y el temblor de su clímax se develó dentro del cuerpo de su amada, dejándolo exhausto luego e tantos días de buscarla y pensarla desaparecida para siempre, confirmaba que su mujer gozaba de su relación, como si fueran un matrimonio de mucho tiempo, siendo ella quien ahora sonreía satisfecha y cuestionando que tal vez pudiera quedar en cinta lo antes posible, si seguían a ese ritmo frenético en el que él hacía sus labores con tal de tener descendencia, logrando robarle sonrisas y brindarle besos al escucharla feliz por estar yaciendo con su marido en ese lugar desconocido para ambos y a la vez tan suyo. - Mi querida Lady Andrew, la amo como nunca he amado a nadie en la vida, es usted la mujer más bella y considerada, me hace sentir un príncipe cuando ante su mirada apenas me siento un plebeyo. - ¡oh por Dios, es usted un mentiroso adorable, no quiere descansar esta noche, con todas esas palabras tan insinuantes, me hace usted sentir mejor que la reina de Inglaterra. - Para mi usted vale mucho más que todas las reinas del mundo, es mía y eso es más que suficiente. Un beso arduo, un deseo por continuar juntos antes de regresar para encontrarse con su familia de nuevo, se tomaban el tiempo para que ambos descansaran y se recuperaran de lo que habían pasado.
Lejos de ahí, agotado y con una furia desmedida, el coronel, trajo a los culpables, sometiendo a la cabeza de Mc Millán a su espada y dejando claro que, si su hija no aparecía, moriría el resto de su familia. Los encargados del castillo, al saber que todo había sido provocado por la Tía Elroy, sin decirle a nadie tomaron justicia de propia mano y cortaron su cabeza al saber que los cabellos de la Lady Andrew esposa real de su Laird William Andrew, habían sido parte de su mutilación y sufrimiento, por lo que, enardecidos por el dolor de su Laird, torturaron por días a la tía Elroy, hasta que perdía la cabeza supuestamente de manera accidental.
- Se atoró su cabello y se quebró su cuello, dijo un hombre al saber que entre las confesiones que escucharon de los hombres obligados a secuestrar a su Lady, la tía del Laird fue quien dio camino para que siguieran y robaran a la esposa del Duque para luego asesinarla, se pasaron en secreto de voces, por lo que a la Tía Elroy le hicieron la peor de sus suertes. Uno de los jefes de los clanes, enviaba a matar a la tía, para que su Laird no tuviera que ensuciarse las manos al ser parte de su familia, más esto era sin orden aparente, todo por el sufrimiento que le hicieron a la esposa del Duque de Saint Andrew la cual por fin había logrado tener, y por orden de esa maldita mujer, fue robada, al no ser ella quien eligiera a la doncella.
En el castillo de Argyll, ya semanas de haber enviado a un mensajero con la seguridad de que Lady Candy Andrew estaba con el Duque de Saint Andrew y Argyll, regresarían pronto para celebrar su boda, la pareja se consentía uno al otro al amarse delicadamente, cuidando de ver que desaparecían completamente las heridas y que sanara para poderla trasladarla a su celebración.
Para Annie Cornwall, saber que su marido la eligió a ella por encima de su hermana, le hizo ser todavía más filial y amorosa a este, quien, a su regreso, ocultando todas las atrocidades que habían pasado, esperando noticias de su hermana, se quedaban en el castillo Andrew, pagando viejas deudas de apuestas a cómo iba apareciendo su hermano Stear y el chalan de su tío William. Más los primos se burlaban de él, al confiar en que la tía Elroy seguiría haciendo de las suyas, y no tener el gusto de haber apostado por su cuñada.
Continuará...
Gracias por sus amables comentarios en esta historia, que hoy se une al Especial Amor Ardiente en este capitulo, deseando sea de su agrado.
Les Agradezco por no tomar mis escritos, ni adaptar ni utilizar por ningún medio auditivo o plataforma alterna, en parte o completa ninguno de estos.
Con sincero aprecio,
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
